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Resumen: El productor y director de “La Pasion”, Mel Gibson, expreso que para el fue una sorpresa el entusiasmo con que los evangelicos abrazaron su pelicula a pesar de su marcado sesgo Mariano. A pesar de que muchos evangelicos no estan de acuerdo, me atrevo a decir que para el ojo entrenado no es ningun secreto que el film exalta por demas el rol de Maria, algo que los catolicos no pueden dejar de hacer por traerlo injertado en su teologia y su cosmovision. La persona que conoce la doctrina catolica no puede evitar luego de ver el film, llevarse la impresion de que teologicamente, Maria “se roba la pelicula”. Cristo, por supuesto, se lleva las lagrimas, las emociones, y el “impacto”, al decir de algunos, que por lo general se evaporan con el rocio de la manana siguiente. El
productor y director de “La Pasión”, Mel Gibson, expresó que para él fue
una sorpresa el entusiasmo con que los evangélicos abrazaron su película a
pesar de su marcado sesgo Mariano 1. A pesar de que muchos evangélicos no están
de acuerdo, me atrevo a decir que para el ojo entrenado no es ningún secreto
que el film exalta por demás el rol de María, algo que los católicos no
pueden dejar de hacer por traerlo injertado en su teología y su cosmovisión.
La persona que conoce la doctrina católica no puede evitar luego de ver el
film, llevarse la impresión de que teológicamente, María “se roba la película”.
Cristo, por supuesto, se lleva las lágrimas, las emociones, y el “impacto”,
al decir de algunos, que por lo general se evaporan con el rocío de la mañana
siguiente. El
magnetismo de la “madre de Galilea”, como un soldado le llama durante el
film, se manifiesta en el embelezamiento de otro soldado al ver a María durante
la escena del Via Crucis. La cámara se detiene por varios segundos en el rostro
hipnotizado del soldado mientras observa a María, totalmente absorto, ajeno a
todo lo que ocurre alrededor suyo y desatendiendo sus tareas como parte de la
escolta que acompaña la cruz. Este mismo soldado es el que estando de guardia
frente a la cruz, cuando ve a María y a Juan acercarse, se hace a un lado para
dejarlos pasar. La forma robótica en que lo hace da a entender, desde el punto
de vista artístico, que él no puede resistir la presencia de María, o que al
menos experimenta una devoción por ella en estado embrionario. La
Pasión de María La
película muestra también a María en absoluto conocimiento de lo que estaba
pasando desde el momento del arresto de Jesús, i.e., del plan de Dios para la
redención del hombre. Las palabras de María al comienzo de los sufrimientos de
Cristo, fueron: “It has begun, so be it”; “Ha comenzado, que así sea”,
en español. María, en la película,
tiene la facultad de sentir literalmente los dolores de Cristo, algo que
realmente raya en la dimensión del misticismo ocúltico. Esto, sin embargo,
armoniza perfectamente con la teología católica: “La
Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente
la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por voluntad de Dios, estuvo de pie,
sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su sacrificio con corazón de
madre que, llena de amor, daba consentimiento a la inmolación de su Hijo como víctima.”
2 La
doctrina católica presenta a María no sólo en conocimiento de todo el plan de
salvación y al borde de la muerte durante los sufrimientos de Cristo, sino
también unida con Cristo al punto de ser copartícipe de la salvación: “María
sufrió … y casi murió con su sufriente Hijo; por la salvación de la
humanidad ella renunció a sus derechos de madre y, en cuanto de ella dependió,
ofreció a su Hijo para aplacar la justicia divina. Se puede bien decir que
ella, con Cristo, redimieron a la humanidad.” 3 El
espacio asignado para este artículo no nos permite expandir en la doctrina
mariana de la Iglesia Católica ni en en la correspondiente refutación.
Suficiente es decir que María, según Roma, es co-redentora [494, 963-973], sin
pecado [491], virgen perpetua [499], su cuerpo fue elevado al cielo luego de su
muerte sin sufrir corrupción [966,974], y es Mediatriz de Toda Gracia [968-971,
975, 2673-2682] [Citas del Catecismo de la Iglesia Católica]. Es
de conocimiento público que el Papa Juan Pablo es un ardiente devoto de María.
Cuando fue ordenado Obispo Auxiliar de Krakow en 1958, escogió para su escudo
de armas una cruz con la inicial “M” a los pies, en honor a María. El lema
adoptado por Juan Pablo fue Totus Tuus,
significando con referencia a María, “Totalmente tuyo”.4
Esta
es la evidencia de la completa consagración a María por parte del Papa actual.
En mayo 13 de 1981, mientras su vehículo se dirigía a una ambulancia cercana,
luego de haber sido herido por el sicópata-terrorista Ali Agca, Juan Pablo
repetía el siguiente ruego”: “¡María, mi madre! ¡María, mi madre!” 5 La
doctrina de la maternidad universal de María está presente en “La Pasión”
en las escenas donde los apóstoles le llaman “madre”. No sólo los apóstoles
lo hacen. Cuando Cristo, camino al Calvario, cae bajo el peso de la cruz, María
se le acerca para darle aliento. Cristo, levántandose con gran esfuerzo,
pronuncia estas palabras: “Behold, mother, I make all things new”
(“Contempla, madre, hago nuevas todas las cosas”). Consultando
con Jesucristo Contrariamente
a la exaltación de María por parte de Roma, nuestro Señor Jesucristo restó
importancia a su relación con ella. De acuerdo con el registro escritural, Jesús
nunca se dirigió o refirió a su madre con una de las palabras más tiernas y
hermosas de cualquier lenguaje: “madre”.
Esto es aun más desconcertante si tenemos en cuenta que en la tradición
judía los padres eran exaltados por las obras de los hijos (1 Sam. 17:55-58).
Un ejemplo claro lo encontramos en Lucas 11:27, donde una mujer, reconociendo la
grandeza sublime del Señor, expresa: “Bienaventurado
el vientre que te trajo, y los senos que mamaste.” Contrario a la
costumbre, el Señor reprende a la mujer por enfocar la atención sobre María y
su rol de madre: “Antes bienaventurados
los que oyen la Palabra de Dios, y la guardan.” Al
acabarse el vino durante las bodas en Caná de Galilea (Juan 2:1s), María
recurre a su Hijo esperando de él alguna solución al respecto: “No tienen vino”, fue todo lo que dijo. No hubo ningún pedido,
pero Cristo supo que era una solicitud, y en voz baja, casi seguro,le dijo: “¿Que
tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora.” “Mujer” es un título
de respeto; no es usado por Cristo en forma despreciativa. Prueba de ello es que
Cristo usa la misma palabra para dirigirse a María desde la cruz (Juan
19:26,27) cuando encarga a Juan el cuidado de su madre (Mat. 13: 55,56). Pero el
punto es que Jesucristo con regularidad evitó llamar “madre” a María en público,
aunque es probable que lo haya hecho en privado durante los años de su
crecimiento. En
Marcos 3: 31-35, tenemos la historia donde la madre de Jesús y sus hermanos
vienen a buscarle y aparentemente no podían ni acercársele debido a la
multitud. Cuando alguien le notifica la presencia de su familia, Jesucristo no
vaciló en preguntar delante de la multitud: “¿Quién
es mi madre y mis hermanos?” Acto seguido, a los efectos de dejar el punto
bien claro, mirando a los que estaban a su alrededor, expresó: “He
aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios,
ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.” Este pasaje, por sí solo,
debería ser suficiente para convencer a muchos que depender de María para
obtener salvación no es una opción muy inteligente. Alguien debería leérselo
a Juan Pablo en el Vaticano, un hombre que se encuentra en el umbral de la
eternidad. Pertinente
al concepto equivocado que presenta la película sobre María estando en
conocimiento del plan de redención y los acontecimientos alrededor de ella, la
Palabra de Dios nos muestra que en realidad María poseía un concepto muy
opacado, y fue ignorante en muchos aspectos, acerca de la misión y el
ministerio de su Hijo. El
mismo capítulo 3 de Marcos nos aclara la razón por la cual María y sus otros
hijos vinieron a buscar a Jesús: “Y se
agolpó de nuevo la gente …. Cuando lo oyeron los suyos, vinieron a prenderle;
porque decían: Está fuera de sí.” Marcos 3: 20-21. ¡María pensaba que
Jesús había perdido la razón! ¡Vaya
profundidad espiritual y entendimiento de las cosas de Dios por parte de María!
Es evidente que la ignorancia de María respecto a las cosas del evangelio antes
de la resurrección de Cristo, estaba a la par con la misma ignorancia de sus
discípulos. Una vez más, la Biblia humilla la posición católica, la cual
enseña que María fue “exaltada por sobre los ángeles y los hombres a un
lugar sólo segundo después de su Hijo como la santa madre de Dios: “[ella]estuvo
involucrada en los misterios de Cristo …” 6 (resaltado nuestro) El
Salmo 69, mesiánico por excelencia, expresa: “El
escarnio ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado. Esperé quien se
compadeciese de mí, y no lo hubo; Y consoladores, y ninguno hallé.” (Sal.
69:20) Aparentemente, ni María
ni ninguno de los otros al pie de la cruz tuvo conciencia de que delante de
ellos se encontraba el Hijo de Dios sufriendo por los pecados del mundo. La
María católica: Una María diferente Contrariamente
a lo que enseña la Biblia, la Iglesia Católica enseña a sus fieles a que oren
a María, porque ella puede persuadir a Dios para conceder peticiones que de
otra forma Dios no daría: “…oraciones
[que de otra forma no serían bien recibidas] ….
serán aceptadas por Dios cuando son recomendadas a él por la Santísima Madre
y oídas favorablemente.”7 La
Iglesia Católica presenta a María como una madre de corazón tierno que nunca
rehúsa ningún pedido, especialmente a los que recurren a ella por medio del
Santo Rosario 8. En contraste con
María, Dios es presentado como un tanto frío y un benefactor vacilante, al
cual debemos acercarnos por medio de María 9. De este modo, en una mueca cruel
de la mentira, la teología católica conlleva
en sí una variante del complejo de Edipo, matando la soberanía del Padre y
revistiendo de deidad a María. La
María del catolicismo Romano no es la María de la Biblia. La Escritura es
totalmente silenciosa respecto a una mujer concebida sin pecado, perfectamente
impecable 10, perpetuamente virgen 11, ascendida a los cielos 12, llamada Madre
de Dios, co-redentora 13, Reina del Universo o Mediatriz de Toda Gracia 14. A
pesar de ello, respetando la Tradición y la razón humana por encima de la
Sagrada Escritura, la Iglesia Católica, infatuada y decidida a exaltar a María,
ha distorsionado la verdad simple y directa de la Biblia, ha ocultado y
pervertido el evangelio, y ha convertido a sus seguidores en seres
supersticiosos, víctimas de la apariciones místicas y tenebrosas de un espíritu
que se identifica con el nombre de María. En estas apariciones, reales
o fraudulentas, este espíritu ha aconsejado a los católicos al
arrepentimiento, a hacer penitencia, y a rezar el Rosario por la conversión de
los pecadores y la paz del mundo. También le ha pedido a los fieles
que practiquen más devoción por María. Estas
apariciones han impedido a los católicos venir a Cristo, y sólo a El, por la
salvación de sus almas. Bien podemos juzgar estas apariciones por sus frutos, y
estos definitivamente no son de Dios. Idolatría
en la doctrina católica “Oh
Virgen santísima, nadie abunda en el conocimiento de Dios excepto por tí;
nadie, Oh madre de Dios, obtiene salvación excepto por tí; nadie recibe un don
del trono de misericordia excepto por tí.”
15 La
oración del Papa Leo XIII sería de una precisión teológica admirable si él
se hubiera referido a Jesucristo en lugar de María. Sólo por medio de
Jesucristo podemos conocer a Dios (Juan 1:18), obtener salvación (Juan 14:6), y
recibir misericordia ante el trono de la gracia (Hebreos 4: 14-16). Efesios 2:18
establece que “por medio de él
(Jesucristo) los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al
padre.” Esta es la fórmula bíblica para acercarse a Dios: por medio del
Hijo, en el Espíritu, al Padre. Jesucristo mismo enseñó a orar directamente
al Padre, en el nombre del Hijo (Juan 16: 26,27). Por consiguiente, los
cristianos bíblicos oran en el nombre de Jesús, no en el de María (Juan 14:
13,14). La
doctrina católica ha robado de la gloria de Dios, y como consecuencia tenemos
millones de católicos profesando más devoción a María que a Jesucristo. ¿Es
responsable la iglesia de Roma de conducir a sus seguidores a la idolatría y
arriesgar de esa forma el destino eterno de millones? Para poder contestar esta
pregunta, primero tenemos que definir el significado de idolatría. En los diez
mandamientos, Dios dijo: “Yo
soy Jehová tu Dios ….. NO tendrás dioses ajenos delante de mí. NO te harás
imagen, ni ninguna semejanza …. NO te inclinarás a ellas, ni las honrarás,
porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso ….”
Exodo 20: 2-5 (subrayado y mayúsculas nuestros). Si
estos mandamientos se entienden simplemente como prohibiendo la adoración de
otros dioses por encima de Dios, nadie
podría acusar a la Iglesia de Roma de promocionar la idolatría. La Iglesia Católica
enseña que María es en realidad, un ser creado. Al mismo tiempo enseña que el
rol de María en la salvación es secundario al de Cristo. La ruta de escape de
los teólogos católicos consiste en decir que María merece una devoción que
es de un grado inferior al grado de adoración reservado para Dios. La doctrina
católica ha creado su propia escala de veneración o devoción 16.
En
el pasaje de Exodo hemos subrayado “delante
de mí” precisamente para señalar que Dios no deja lugar para la
existencia de una tabla de grados, sino que dice literalmente, “no tendrás
dioses delante de mi rostro”. Dios, como un Dios celoso que es, exige devoción
y lealtad indivisible. Su pueblo no debe tener otros dioses “sumados a El” 17. Es
en este punto donde la devoción de los católicorromanos hacia María cruza la
línea y entra en el territorio de la idolatría. Cuando los desorientados católicos
se arrodillan delante de una estatua de María, le besan los pies, y le ofrecen
la alabanza y la petición desde su corazón, le están dando a la criatura la
devoción que sólo se le debe a Dios, y a nadie más que Dios. No importa en
absoluto que la Iglesia Católica defina esa devoción y honra como algo
secundario o de menor grado que la adoración a Dios. Dios no acepta otros
dioses delante de El, no importa cuán
inferior sean. Sumado
a esto, es imposible que el católico promedio, y aún el informado, pueda
establecer en su corazón qué tipo de adoración está rindiendo. No existen en
el corazón del ser humano diferentes sensores que puedan registrar y provocar
estados de adoración diferente. El católico promedio no tiene la menor idea de
los grados de devoción reconocidos por su iglesia, ni tampoco está en su poder
hacer la distinción cuando se arrodilla frente a María o un santo de los
tantos. En consecuencia, cae en la idolatría debido a su ignorancia. Esta
ignorancia no le podrá servir de excusa delante de Dios. Los maestros de la
Iglesia Católica se encuentran aún en mayor peligro frente a Dios, ya que María,
tal cual es definida por Roma, es virtualmente indistinguible del Hijo de Dios
en excelencia, poder y logros. La tenue diferencia está, según la Iglesia Católica,
en los “grados”. La
respuesta a la pregunta ¿Es responsable la Iglesia Católica de conducir a sus
fieles al terreno de la idolatría?, es definitivamente, sí. La idolatría se practica endémicamente dentro de la iglesia
de Roma. La mayoría de los católicos, al adorar estatuas y reliquias de María
y los santos, son culpables de idolatría. No interesa que un teólogo use
diferentes palabras del idioma latín
para defender la costumbre. El católico promedio no conoce ni le interesan las
distinciones tan sofisticadas. Cuando besan y adoran las estatuas de la virgen
María o los santos, lo hacen tan sincera
y fervientemente como los hindúes con sus dioses y diosas. <> Notas: 1.
Christianity
Today
– Entrevista de David Neff a Mel Gibson, publicada Febrero 20, 2004 ---- www.christianitytoday.com/movies/commentaries/
passion-melmarymothers.html 2.
Concilio Vaticano Segundo, “Constitución Dogmática de la Iglesia”,
no. 58 --- C.I.C. 964 3.
Papa Benedicto XV, Inter Sodalicia.
Ver también Papa Pío XII, Ad Colei
Reginam y Concilio Vaticano Segundo, “Constitución Dogmática de la
Iglesia”, no. 56 --- C.I.C. 973 4.
El lema Totus Tuus viene de una
oración en latín por San Luis de Montfort (1673-1716); Tuus
totus ego sum, et omnia mea tua sunt, O Virgo super omnia benedicta,
significando: “Yo soy enteramente tuyo, y todo lo que poseo es tuyo, Virgen
Bienaventurada sobre todo” (Arthur burton Calkins, Totus Tuus [Libertyville, IL: Academy of the Immaculate, 1992], p.
27) ---------- Cit. The Gospel According
to Rome, James G. MacCarthy, (Harvest House Publishers, Eugene, Oregon,
1995) p. 182 5.
.De una entrevista con Monseñor Stanislaus, conducida por Andre
Frossard, Be Not Afraid! (New York:
St. Martin Press, 1982), p. 226. ------ Cit. The
Gospel According to Rome, James G. MacCarthy, (Harvest House Publishers,
Eugene, Oregon, 1995) p. 183 6.
Concilio Vaticano Segundo, “Constitución Dogmática de la Iglesia”,
no. 66 --- C.I.C. 971, 2676-2679, 2682. 7.
Papa Leo XIII, Octobri Mense. 8.
“Santo Domingo sabía que …..
ella [María] es por naturaleza tan buena y tan misericordiosa que, inclinada a
ayudar espontáneamente a los que sufren, es absolutamente incapaz de rehusar
ayuda a los que la invocan ….. especialmente a los recurren a ella por medio
del Santo Rosario.” --- Papa Benedicto XV, Fausto
Appetente Die. 9.
“Tenemos la esperanza cierta de que Dios, será en ultima instancia,
movido y tendrá piedad sobre el estado de su Iglesia, a prestar oído a las
oraciones que llegan a él a través de ella [María], a la que él a escogido
para ser la dispensadora de todas las gracias celestiales.”
--- Papa Leo, Superiore Anno. 10.
Catecismo de la Iglesia Católica: 411, 490-493, 508 11.
Ibid.: 484-489, 495-511. 12.
Ibid.:
966, 974. 13.
Ibid.:
494, 963 – 973. 14.
Ibid.: 968-971, 975, 2673-2682. 15.
Papa Leo XIII, Adiutricem
Populi. 16.
La Iglesia Católica reconoce tres grados de devoción: 1) Latria, la forma más alta de adoración, reservada para Dios
solamente. 2) Hiperdulia, un escalón
por debajo de Latria. Es la forma más
alta de veneración que se le puede ofrecer a un ser creado. María solamente
merece esta clase de honra. 3)
Dulia, veneración simple. Este grado
de honra se debe dar a los santos y a los ángeles. 17.
Traducción del hebreo “delante de mí” (Exodo 20:3), por C.F. Keil y
F. Delitzsch, Commentary on the Old
Testament (Grand Rapids:
Eerdmans, reimpreso 1985), El pentateuco, tomo 2, p. 114. ------------------------------------------------------------------------
Este
artículo fue publicado por primera vez en iglesiatriunfante.com el 4 de abril
de 2004. Útima revisión: Junio 17, 2005. Si bien la euforia de la película de
Mel Gibson ya ha pasado, el artículo conserva su vigencia en lo relacionado con
la mariología de la iglesia católica y es de gran ayuda para entender el
comportamiento de las bases católicas. Pablo
Santomauro es subdirector del Centro de
Investigaciones Religiosas, con sede en Montebello, California, Estados
Unidos. Es pastor ordenado, autor profuso de artículos relacionados con la
disciplina de la apologética cristiana y conferencista especializado en sectas
y religiones comparadas. Enseña en el presente, apologética de sectas en el
Instituto Bíblico de Calvary Chapel en
Costa Mesa y Montclair, California. por
Pablo Santomauro |
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