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Sidarta Gautama, El Buda

Resumen: Fuentes historicas senalan que Sidarta Gautama, el Buda, nacio en el ano 563 antes de nuestra era (a.n.e), fecha que coincide aproximadamente con las tradiciones antiguas de la India, que situan su nacimiento entre el 600 y el 543 a.n.e. Nacio en el mes de mayo, o al menos en su equivalente, en el seno de una familia noble de la casta de los chatryas (guerreros, militares), en el actual Nepal, en un palacio real (Kavilavastu), cerca a la ciudad de Benares. Su padre fue un rey (Sudodana) y su madre, una princesa (Maya) de reino vecino. Quedo huerfano de madre muy pronto, siendo criado por su padre, que se caso otra vez. Desde los siete anos de edad, el nino Sidarta fue educado por maestros y el consejo de ancianos sabios del reino. Fueron estos hombres quienes descubririan el caracter introvertido del nino o la sombra precoz que velaba su tierno rostro, no pudiendo nada calmar la inquietud de su corazon, pues, segun sus propios maestros, era de aquellos ninos que no hablan porque piensan demasiado para su edad.

Publicación enviada por Iván Guevara Vásquez




 


Fuentes históricas señalan que Sidarta Gautama, el Buda, nació en el año 563 antes de nuestra era (a.n.e), fecha que coincide aproximadamente con las tradiciones antiguas de la India, que sitúan su nacimiento entre el 600 y el 543 a.n.e. Nació en el mes de mayo, o al menos en su equivalente, en el seno de una familia noble de la casta de los chatryas (guerreros, militares), en el actual Nepal, en un palacio real (Kavilavastu), cerca a la ciudad de Benarés. Su padre fue un rey (Sudodana) y su madre, una princesa (Maya) de reino vecino. Quedó huérfano de madre muy pronto, siendo criado por su padre, que se casó otra vez. Desde los siete años de edad, el niño Sidarta fue educado por maestros y el consejo de ancianos sabios del reino. Fueron estos hombres quienes descubrirían el carácter introvertido del niño o la sombra precoz que velaba su tierno rostro, no pudiendo nada calmar la inquietud de su corazón, pues, según sus propios maestros, era de aquellos niños que no hablan porque piensan demasiado para su edad.  

Las características de su aspecto físico eran las de los habitantes de la región indostánica, con el agregado de una mayor corpulencia y sagacidad, respecto al común de los mortales de su espacio y tiempo. Se casó Sidarta Gautama con la hija de un rey (Yasodara), engendrando a un hijo al que le pusieron el nombre de Rahula (“cadena, amarra”). Desde entonces, Gautama volvió enteramente a su vida ascética, no interviniendo para nada en los asuntos del reino de su padre, que al conocer el carácter particular de su hijo había tomado todas las medidas posibles para hacerle olvidar sus preocupaciones sobre el sentido de la vida. Tal es así que ante las visitas del príncipe al pueblo, el rey ordenaba esconder a todos los enfermos, viejos, pobres y muertos. Pero nada de eso pudo impedir que Gautama abandonara familia, esposa e hijo, para iniciar su peregrinación hacia la respuesta a sus preocupaciones. Descubrió el justo medio entre los extremos de vivir, y formó su propia doctrina que consolidó y propagó, con el rechazo de la religión oficial de los brahamanes, muriendo a los ochentiún años de edad.  

Hasta aquí, brevemente, lo que es racionalmente creíble en el caso de Sidarta Gautama, el Buda, pues a la par de las fuentes históricas están las míticas o religiosas, que coinciden esencialmente con el caso de la taumaturgia del Cristo hebreo, al punto de ser ambos considerados nacidos de vírgenes. Sin embargo, lo que no podemos obviar es el significado etimológico de sus nombres. Por ejemplo, la palabra Sidarta vendría de sus poderes paranormales, y se refiere a los “sidhis” (facultades psíquicas, poderes anormales del hombre). Gautama, o Gotama, tiene el significado literal de “pastor de vacas”. En el hinduismo la vaca Go es sinónimo de universo, significando también “la madre del mundo”, y Buda significa “el iluminado”, siendo un calificativo genérico otorgado a muchos místicos anteriores y posteriores a Gautama, en diversas lenguas de la tierra.  

Su enseñanza se resume en lo que se llama el Noble Octuple sendero constituido por: recto conocimiento, recta intención, recta palabra, recta conducta, recto esfuerzo, rectos medios de vida, recto pensamiento y recta concentración.

Enseñó, asimismo, que hay diez vicios capitales: tres del cuerpo, cuatro de los labios y tres de la mente. Para el cuerpo son matar, robar y fornicar; para los labios, mentir, calumniar, insultar y decir palabras correctas con intención incorrecta; y para la mente son el odio, la envidia y el ateísmo.  

Su doctrina, que se dice que se resume en el llamado Sermón de Benarés, se basa en la autorrealización del hombre; esto es, dicho en otras palabras, ni los demonios pueden rebajarlo realmente, ni los dioses elevarlo, salvo que sea con la complicidad o colaboración del propio ser humano. En el budismo no existe la idea de una salvación divina ni tampoco la de un Dios personal o personalizado. El hombre, al decir del Buda, está atado tan sólo por su ignorancia que lo hace equivocarse y reencarnar miles de veces, buscando la experiencia que le hace falta. Dios no baja, entonces, a los hombres, sino éstos deben elevarse hacia lo divino.  

Por otro lado, Nirvana significa literalmente “salir del bosque”; es decir, salir de la confusión, de las tinieblas y la pluralidad, y es la meta última del hombre como tal, aunque según el budismo esotérico (en mayor iniciación o complejidad) no es el fin de todo, pues más allá hay más y más misteriosos estados por conquistar. Luego para el Buda, la persona, o cuaternario inferior, es mortal por necesidad, pues está en el tiempo; por el contrario, lo inmortal es el espíritu, que está más allá del yo mental, egoísta y egocentrista. Así el verdadero triunfo radicaría no sólo en dominar el cuerpo, sino también el pensamiento y el separatismo del yo, el tú.  

Las enseñanzas del Buda Sidarta se dice que fueron tan particulares que trasmitió a la posteridad la religión que menos sangre ha hecho verter de todas las que se conocen. Con esto finalizamos los breves apuntes sobre la vida y obra de Sidarta Gautama, el Buda, y ahora sólo nos queda la comprensión.  

En la comprensión del caso de Sidarta Buda, la influencia de nuestra cultura occidental es tal que, para comenzar, ante el hecho de ser preguntados sobre el Buda, se le asocia rápidamente con una estatuilla de personaje regordete sentado en la posición del loto. Eso es lo que significa el Buda para los occidentales de término medio o cultura promedio a inferior, y no faltan las ocurrencias que utilizan el nombre para promover ciertos productos, preferentemente de “sabor popular”.  

Superando ese impasse cultural lo que sigue es un rechazo instintivo hacia el budismo por la presencia e influencia, en nuestros lares, de la Iglesia católica romana más los centros de expansión del protestantismo en general. Entre la lucha de católicos contra protestantes, no cabe el budismo, y se le ataca incluso desde ciertos púlpitos, bajo el nombre de la fe.  

Ante tal rechazo es prácticamente imposible una asimilación siquiera mínima del budismo, y la comprensión entonces sólo es accesible a quienes voluntariamente indagan e investigan no sólo sobre Sidarta Gautama, sino también sobre otros exponentes del budismo primigenio y posterior al Buda por excelencia. Es así que se hablará de Bodidarma, Kondaña, entre otros; pero Sidarta Gautama es la fuente por excelencia del budismo, algo así como el más popular, conocido o reconocido entre los Budas del tiempo. Estamos hablando de los iluminados del tiempo, espacio y tradición de la raza o pueblo del príncipe, desde luego, pues la denominación Cristo también se utilizó en un sentido sino idéntico, sí parecido al de Buda. Entonces, al entrar en la comprensión del caso de Sidarta Buda, la primera pregunta que se nos ocurre es por qué él fue y es el exponente más reconocido del budismo en general, teniendo en cuenta incluso al lamaísmo tibetano. A esto no contestan expresamente las fuentes, empero podemos intentar una respuesta en el hecho de la condición social del príncipe: un hombre que deja riquezas y placeres por la meditación y austeridad de vivir. Esto es, no se trata, por ejemplo, de un resentido social que elabora su doctrina y conduce un movimiento en aras de la toma del poder para después gozar o no de las riquezas y placeres de los tiranos y déspotas. No se necesita especular sobre la verdadera finalidad del rebelde: el príncipe abandona todo lo material y sólo le queda su cuerpo y lo espiritual. Nada hay que especular. Es todo un hecho concreto que incluso acerca al príncipe más a la muerte por inanición que a la vida luchada o defendida. Eso es para empezar. Luego está el hecho del descubrimiento o redescubrimiento del justo medio como la solución al ascetismo rígido y a la libertad en extremo. Pero no se trata sólo de eso, sino también de un aceptar la ayuda de gente sencilla para aprender y aún subsistir gracias a las manos colaboradoras del pueblo sencillo y humilde, pues el príncipe, próximo a la extinción por inanición, oye a una mujer que toca un instrumento musical parecido al laúd, cantando que la cuerda floja no da sonido, y si está muy tensa, quiebra nuestras esperanzas: en su justo medio es cuando nos da su armonía … Aun cuando lo anterior puede ser meramente un aspecto simbólico, entre tantos otros, del budismo, no podemos evitar destacar la presencia de la mujer en dicha escena, influyendo sobre el Buda, en tiempos donde prácticamente estaba prohibido obedecer a una mujer. Eso por un lado, y por el otro está el hecho de “una pastora” que lo alimenta con arroz y leche para sacarlo de su postración, tras el mensaje del instrumento parecido al laud. Por último, al respecto, tenemos que la escuela místico - filosófica, fundada por el mismo príncipe, aceptó entre sus miembros a  mujeres, aunque se menciona un comentario jocoso del Buda sobre el hecho, al dar su aprobación: “Ahora el Sangha (la escuela o cofradía mística) durará quinientos años menos”.  

Por el hecho de aceptar mujeres en su escuela fue acusado de promover delitos sexuales, pero no pudieron encontrarle culpa alguna, aunque su condición de ex - príncipe pudo ayudar a ello. Al margen de su vida transparente estaba el lazo de su padre y el reino perdido. Mas vayamos al punto central: ¿Cómo podemos medir el aporte del Buda y del budismo al desarrollo y perfeccionamiento de la humanidad?  

El Buda partía de la individualidad, y con esto es idealismo filosófico; pero no con el objeto de destacar o perennizar la parte del todo que es la individualidad, sino la conexión  de esa misma individualidad con el todo. Al proceso triunfante se le conoce como nirvana; esto es, superar la idea de la separatividad del yo universal desprendido en infinidad de conciencias individuales. Dicha separatividad, al ser superada, implica la eliminación del egocentrismo y egoísmo, y con ello, la llave para el desarrollo de la humanidad en cuanto especie, conjunto, raza pensante. Ese es un punto a favor del budismo. Lo criticable puede ser el hecho del abandono de la vida en pareja y de hogar filial en que incurrió Sidarta Buda, como sus discípulos que eligieron el camino de la castidad total. Criticable aquello, en la visión de toda la especie humana dedicada a la contemplación y abstinencia sexual; en suma, criticable lo último por significar el suicidio de la especie. Sin embargo, es comprensible cuando sólo un bloque de la humanidad se dedicó de lleno a la castidad y contemplación. El abrupto abandono de su hogar, dejando esposa e hijo, reino y padre es comprensible en la medida de la necesidad de ello para llevar a cabo su misión.  

Por otro lado, en lo referente a las versiones que sobre el Buda se tejen, señalando que no tuvo más vida que la de esposo o amante de prostituta, es de considerarse; pero en la medida de las fuentes, testamentos y evangelios de la tradición e investigación, como en el caso del Cristo hebreo, por una simple razón: de haber sido cierto la vida disipada y desenfrenada de Sidarta Gautama, no hubiera calado tan hondo su memoria y mensaje convertido de doctrina a escuela y de escuela a culto de religión. Pudo haber vivido o convivido con prostitutas, pero en redención de éstas, en vivencia y convivencia de la más alta moralidad para su tiempo, pues estaba el rechazo de la corrupta casta sacerdotal de los brahamanes, que son sus ritos vacíos, transas con reinos en conflicto y abuso de la creencia védica habían asolado a la región indostánica. De allí surgió la esperanza. Es por eso que el Buda surgió y se erigió en portavoz de los oprimidos de la materia y del espíritu. Los enfermos se fueron con él, los ancianos, los pobres buscaron refugio en la naciente religión. Sólo faltaban los muertos, aunque se habla que el nirvana se abrió también para ellos … Sin embargo, dejando un poco de lado cierta dosis de poesía mística, concretamente lo que pudo suceder es un movimiento de masas humanas que rebasó la barrera de la casta sacerdotal para enfrentarse a los mismos reyes y príncipes. Los discípulos, tras la muerte de Gautama, fueron perseguidos y cazados, pero siglos más tarde, a la manera de Constantino, un emperador (Asoka) impuso las enseñanzas del Buda en la India, que para ese entonces había superado cierta época del feudalismo. Después, tras diversos sucesos históricos, la incipiente unidad imperial de la India se destruyó. El budismo se dividió en mahayana (gran vehículo) y hinayana (pequeño vehículo), penetrando en China y por algunas otras regiones del Lejano Oriente, con proyección a Occidente, al punto que filósofos budistas, llamados gimnosofistas, deambulaban por Europa hasta siglos después del inicio de la era común. Hasta finales del siglo XIX y primer cuarto del XX fue una de las religiones con más adeptos en el mundo, mas la caída de China en la guerra civil y la adhesión a formas asimiladas del marxismo, como la influencia occidental, la relegaron y le hicieron perder influencia. No obstante lo último, el budismo persiste en sus bases de Lejano Oriente y hay cierta propagación en Occidente, particularmente en América. Es así que en Sudamérica, de la mano de movimientos o escuelas filosóficas diversas, el mensaje del Buda nos llega como fresco y nuevo ante el ya conocido mensaje cristiano. El impacto no es tan poco como se puede decir. Ante los viejos rezos católicos y protestantes se encuentra a las oraciones del señor del loto como frescas y recién descubiertas, con el consiguiente poder de atracción o hasta de seducción, a la manera de misticismo. La Iglesia católica oficial reacciona frente a ello, y en ciertos púlpitos se ataca frontalmente al budismo, relacionando a las escuelas filosóficas con los movimientos que propugnan el mensaje del Buda, entre otros, calificándolas de sectas, y con ello, de degeneración del verdadero mensaje eterno, que para los católicos es el catolicismo, y para los protestantes, lo que dijeron sus guías o profetas …  

Los movimientos o escuelas filosóficas que propagan el mensaje budista, entre otros mensajes como el hinduista, por su parte reaccionan invocando la libertad de pensamiento y de opción. Tal es así que se da a elegir entre el budismo, hinduismo, catolicismo, islamismo, judaísmo, etc. ; pero ello no crea más que un ambiente de tensión, en cuanto dilema de elecciones, y los ataques no cesan ni cesarán, pues creemos que así como el Buda no pudo ser un proxeneta, tampoco la “libertad de opción” es lo más indicado, porque no se trata de elegir sino de unir las religiones del mundo en una fraternidad general de creyentes, no de la manera mecánica de formalizar “una única religión mundial”, sino respetando las religiones ya existentes, y velar por ellas, mejorarlas, desarrollarlas, de acuerdo a la geografía y tradición de cada pueblo; esto es, si vivimos en un medio en donde prima la religión católica o mejor dicho el cristianismo, debemos de buscar el desarrollo de dicha religión, en una sincera interpretación e investigación, puesto que sólo se cree lo que nos enseña la mente y el corazón. Si se vive en un ambiente budista, de igual manera, o en el caso de Israel y el judaísmo, etc. De ese modo se eliminará ese ambiente de “elección” para lograr un ambiente de comprensión porque si se quiere fraternidad también tenemos que tratar de comprender a los demás.  

Debemos de saber valorar la imagen del Papa tomándose de la mano con el Dalai Lama o con el monje budista supremo. Más allá de sus sonrisas está el hecho de las nuestras hacia el trabajo y estudio por una verdadera unión entre los seres humanos. Y como dice el mensaje budista: ¡Salve la Joya en el Loto! (¡Salve el Yo Superior en el Hombre!).  

*  Capítulo del libro “El Ocaso de los Maestros” de Iván Guevara Vásquez, publicado en el Perú en Mayo del 2004 (Río Santa Editores, 216 pág.)         

 

Autor:

Iván Guevara Vásquez

D.N.I 18069920

iusfilosofia@yahoo.es

Profesor de derecho y metodología de la investigación científica en la Escuela de Posgrado de la Universidad Nacional de Trujillo – Perú, y en la Escuela de Posgrado de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega de Lima - Perú



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