| La comunicacion educativa: una alternativa viable para desarrollar el valor responsabilidad en los estudiantes |
Resumen: La comunicacion forma parte de nuestra cotidianidad y como sabemos es, solo, inherente al hombre genericamente hablando. El contexto educacional no escapa de este fenomeno social, de ahi que “echemos” una mirada al mismo y reflexionemos al respecto. Palabras Claves:Comunicacion, Comunicacion Educativa, Valor Responsabilidad.
Publicación enviada por MsC. Margarita Ruiz Blanco y Lic. Aymee Delgado Martinez-PiniIlos
Usando fuentes primarias y secundarias, hacemos
un recorrido por la historia colonial y republicana temprana de Lambayeque, región
ubicada en el nor-septentrional de Perú.
El contexto: El común de indios del pueblo de Lambayeque Colonial
El común de indios fue la institución representativa de la población indígena
a lo largo de la época colonial, ante la cual se plantearían los reclamos por
reivindicaciones de derechos de tierras y aguas ante las entidades dominantes en
la colonia (Cabildo de Españoles. Corregimiento, Audiencia de Lima. Virrey).
Dentro del “Común de Indios” se expresaba también la organización social
de la población indígena, ya que estaban representandas las parcialidades que
al parecer agrupaban a los campesinos con derechos a determinada porción
territorial. Ya hemos señalado algunos nombres parcialidades reducidas en el
pueblo de Lambayeque (Ñan. Corñan, Xacap, Eten, Esquén). La situación se
complica cuando observamos las parcialidades de origen de los feligreses de las
cuatro parroquias de Lambayeque, como vemos a continuación:

Fuente: Libros de Bautismos, Archivo Parroquial
de Lambayeque.
Dejando de lado las parcialidades que se repiten en las cuatro ramadas,
encontramos que el término “parcialidad” se aplica a conocidas toponimias
locales (Yéncala, Huerta, Chalobo, Collocsil) así como apellidos de mandones o
nobles yungas locales (Hebsqen o Esquén, Huicop, el mismo Huerta, p.ej.); y por
último se refiere a algunas especialidades laborales muy concretas (chicheros,
olleros, “ lizeros” (sic). Hasta donde estas connotaciones del término
parcialidad corresponden a contenidos o adaptaciones hispanas es algo que no
podemos responder aquí, pero la evidencia nos sirve para conocer algo de la
organización interna de nuestro común de Indios de Lambayque. Señalemos de
paso que las parcialidades detectadas en pueblos vecinos como Chiclayo Ferreñafe
tienen sentido similar.
En Chiclayo son conocidas las parcialidades se Sinto. Collique y Forasteros,
mientras en Ferreñafe las de Chiclef, Serquén. Falén Chanamé , Siensiec.
Calansec, Senseg, Luchfac. (Vinculadas a apellidos de mandones indígenas y
toponimias locales), así como las especializadas de Pescadores, Carpinteros,
Alcabaleros, al lado de las siempre comunes del Del Cacique, forasteros y
Segunda Persona. Los trabajos que están haciendo César Sevilla, Alfonso Samamé
y Pedro Chimoy en la actualidad, contribuirán a eludicidar la naturaleza y
características de éstas parcialidades y su función dentro del orden colonial
indigena.
La población tributaria indígena se desenvolvía en actividades agrícolas que
eran su fuente principal de ingreso, de donde conseguía recursos para el pago
del tributo.
La población indígena que residía en el pueblo de Lambayeque estaba disponía
de cuatro parcialidades o "suertes de tierras" llamadas Culpón,
Chancay, Cadape y Sialup, que en 1712 tenían un total de 6888 fanegadas,
conforme lo establece una visita de deslinde de tierras hecho por el Visitador
Antonio Sarmiento de Sotomayor ese año. Teniendo en cuenta esta extensión de
tierras este visitador debía asignar la cantidad de tierras adecuadas para la
población indígena, y según sus instrucciones, acordes con la política
vigente entonces, rematar las tierras sobrantes a los vecinos españoles que
ofrezcan las sumas adecuadas de dinero.
Según la información proporcionada por los curas de Lambayeque, la que fuera
confrontada con el padrón de tributarios del pueblo existía una población de
1134 indios originarios, de los cuales 596 eran tributarios por lo que les
correspondía, de acuerdo a las reales ordenanzas dos fanegadas de tierras a
cada uno; 538 eran indios reservados, a los que les correspondía una fanegada a
cada uno. De esta manera, se distribuyó las tierras, en tal forma que se
repartieron 2136 fanegadas de tierras a la población indígena, de las 6888
disponibles en las cuatro parcialidades. Quedaron 4721 tierras “vaças o
realengas”, para las cuales se hizo una composición y remate, en que se
favorecieron vecinos criollos.
Esta distribución se ejecutó el 5 de agosto de 1712 ante el cacique principal
Don José Bernardino Temoche Farrochumbi, así como ante el Procurador y
alcaldes, y en presencia del Protector de Naturales, quien al requerírsele por
los sitios en que se les asignaría las 2167 fanegadas para la población indígena,
en nombre del “común de indios” señaló se les asigne en las tierras
Cadape y Sopillent.
En estas mismas tierras de Cadape y Sopillent se realizó la composición y
venta de las tierras realengas, las que fueron adjudicadas a los siguientes
personajes:
Capitán Diego de Soto Mayor 120 fanegadas
Lic. Don Julián Ternero Mingolla 122 fanegadas
Lic. Don José de Vera y Escobar 123 “
Don Sebastián de Azabache 26
Don Tomás Huycop del Risco 64
Colegio de la Compañía de Jesús 20
Don Francisco Antonio Infuc 7
Mujer de Fco. Antonio Infuc 10
Herederos de Don Miguel Huerta 8
Herederos de Miguel de Azabache 66
Quedó como sobrante 19 fanegadas
El sobrante sumado a las otras “suertes de tierras” vacías suman un total
de 4,147 tierras vacas y realengas.
Un detalle interesante es que varios de los rematistas de las tierras realengas
fueron caciques indígenas: Azabache, Huycop, Infuc y su esposa, los herederos
de Huerta, lo cual es sumamente interesante y nos demuestra el estatus especial
que conservaban todavía los herederos de los antiguos caciques lambayecanos,
ahora seguramente más “españolizados”, como anunciaba, en los años
setenta del siglo XVI Fray Reginaldo de Lizárraga.
Como vemos, de haber ocupado antes de la llegada de los conquistadores todo el
espacio agrícola disponible, como lo señalan evidencias histórico demográficas
y arqueológicas, la población indígena de Lambayeque de había visto reducida
a una “suerte de tierras”, a un área geográfica que incluso no llegaban a
ocupar completamente.
Es evidente la caída en estos casi doscientos años de presencia colonial, de
la población cíclicamente, así como la sujeción a los fenómenos ecológicos,
frente a los cuales habían perdido mucho de su capacidad resistencia por la
relativa desarticulación social que implica la presencia colonial, que impedía
o dificultaba, por ejemplo, la limpia y mejora de las acequias existentes,
frente a lo cual la abundancia de aguas rea fatal y generaba quiebras de las
acequias y las consiguientes inundaciones y pérdidas de las cosechas, con lo
que permanentemente se sensibilizaba más la población a las epidemias.
Jorge Zevallos señala para el siglo XVIII epidemias en los años 1758,1760-66 y
1775, 1784 que tuvieron influencia significativa en el estancamiento de la
población (ZEVALLOS 1959). La explicación común a la mortandad era la que
daba José Ignacio de Lequanda en 1793, quien señalaba que la causa era que los
indios no se habían desprendido de la idolatría, lo que los hacía muy
infelices, “... así se han visto unas pestes que los han desolado,
naturalmente permitidas por la providencia para su castigo” (LEQUANDA 1793)
A pesar de esto, hacia el último tercio del s. XVIII la situación tendía a
cambiar, al parecer. Según la “Matrícula de Tributarios de la Provincia de
Lambayeque (Zaña) en 1780” hecha por la Comisión de la Visita General había
habido un significativo aumento de la población.
Frente al evidente incremento de la población indígena de Lambayeque que así
llegaba a igualar al volumen de población de fines del quinientos (muy menor,
sin embargo, del volumen de la población prehispánica), el cacique principal
Eugenio Victorio Temoche Farrochumbi Puiconsoli con fecha 4 de abril de 1781
pide se haga un deslinde de medida y repartición de tierras de Sialupe, que se
hallaban “vacas y realengas”, adjudicándoseles a los tributarios de
Lambayeque. Denunciaba el cacique Temoche la usurpación del cura Villada quien,
sin derecho alguno, ocupaba Sialupe. Fundamentaba el cacique que había habido
un considerable aumento de la población, que llegaba a 4108 entre originales y
forasteros, por lo que se requería ampliar las tierras asignadas.
El pedido fue acogido por el señor Juan Muñoz y Villegas, juez Comisionado
para la Visita General de la Provincia de Zaña, cuyo máximo director era el
hoy famoso José Antonio de Areche.
De acuerdo a las Ordenanzas Reales, a los tributarios de tasa entera se les debía
asignar dos fanegadas de tierras y a los de segunda categoría (media tasa) se
les asignaba una fanegada, mientras que a los otros grupos no se les asignaba
cantidad alguna de tierra,
Para completar los requerimientos de tierras de acuerdo a esta nueva dimensión
de la población eran necesarias 3781 fanegadas (incluidas las tierras del
cacique y según la persona). Las tierras de Sialupe y Cadape sumaban 4,150
fanegadas sobrando 369 fanegadas.
Hay que recordar que la parcialidad de Corñian o Corñán, la que según
algunos testimonios estuvo reducida en la ramada de San Roque, y tenía algunas
peculiaridades por la posesión de algunas salinas en sus tierras, lo que le
daba a esta parcialidad un estatus especial al interior del común de
Lambayeque. Corñán poseía 61 fanegadas en Culpón. Otros indios de Lambayeque
poseían 230 fanegadas en total, lo que significaba que la población indígena
de Lambayeque poseía 4.441 fanegadas.
El reparto de estas tierras en las áreas o “suertes de tierras
solicitadas”, se hizo a cargo del propio cacique Eugenio Victorio Temoche
Farrochumbi Puiconsoli, previa convocatoria del común de indios de las cuatro
ramadas de Lambayeque. Así, el 25 de noviembre de 1.781, Eduardo Uchofan,
secretario del Cabildo de los Naturales del Pueblo de Lambayeque hizo saber al
común de indios del auto de Juan Muñoz y de Villegas en que se asignaba las
tierras mencionadas a la población. Previamente el pregonero público Antonio
Pisfil hizo la convocatoria para esta reunión, en las cuatro ramadas, “donde
estaban juntos en sus respectivas doctrinas” Así se realizó el reparto de
tierras dentro de los linderos indicados por Juan Muñoz de Villegas en 1.781.
En esta provisión se señala claramente los límites de la propiedad de las
tierras asignadas en hitos doblemente interesantes pues se trataba de huacas que
entonces conservaban sus nombres originales. Estas tierras no podían
enajenarse, ni venderse, salvo comunicando a la autoridad del Juez Real y
“solo para los efectos de pagos de tributos ú otras necesidades del común”.
Estas operaciones no menoscababan el derecho de propiedad perteneciente a su
Majestad : sólo se asignaba el derecho de uso y usufructo a los indios.
A manera de balance, podemos decir que el siglo XVIII fue un siglo de expansión
de la población de Lambayeque, expansión poblacional que probablemente sea un
fenómeno colonial en general (SÁNCHEZ-ALBORNOZ 1985, WACHTEL 1980). En el caso
de Lambayeque, este crecimiento fue tan notable que motivó a los caciques hacer
el reclamo que permitió quede documentada una serie de informaciones que hemos
anotado.
Este proceso debe haber sido lento, pero sostenido. Se habría consolidado a
partir de 1720, por razones de ordenamiento urbano-político, al convertirse
Lambayeque en sede regional del poder colonial, por el traslado de éste desde
la arruinada Zaña, que sufrió una catastrófica inundación, que es ilustrada
en un acta que es transcrita por Carlos J. Bachmann en 1921.
1. LAMBAYEQUE, SIGLOS XVIII Y XIX
La actual ciudad de Lambayeque, se inició como simple reducción indígena,
fue organizada a partir del agrupamiento de algunas parcialidades indígenas por
el Oidor de la Audiencia de Lima, Doctor Gregorio González de Cuenca, en su
visita que con intenciones de reordenamiento jurídico y administrativo, hiciera
al norte de la audiencia de Lima, en la segunda mitad de los años sesenta del
siglo XVI.
El Oidor Gregorio González de Cuenca fue el “fundador” de Lambayeque,
aunque estrictamente este adjetivo no es correcto en este caso, ya que la
“fundación de ciudades” es un proceso que tanto ritual como
substancialmente es muy diferente - tal como indicamos más adelante - a la de
creación de una reducción o pueblo indígena, como fueron los casos de
Chiclayo, Lambayeque, Ferreñafe y tantos otros antiguos “comunes de indios”
del actual departamento de Lambayeque .
La población indígena que residía en el pueblo de Lambayeque estaba disponía
de cuatro parcialidades o "suertes de tierras" llamadas Culpón,
Chancay, Cadape y Sialup, que en 1712 tenían un total de 6888 fanegadas,
conforme lo establece una visita de deslinde de tierras hecho por el Visitador
Antonio Sarmiento de Sotomayor ese año.
El Partido de Saña o Lambayeque, era ya en el Siglo XVII una de las poblaciones
de más importancia en la Costa. Según Ricardo Miranda el corregimiento de
Trujillo fue desmembrado para crear el de Saña, al que se le agregó el Partido
de Chiclayo,
El Partido de Lambayeque tenía un activo comercio por mar y tierra, realizándose
el trabajo marítimo por el Puerto de Chérrepe (en la desembocadura del río Zaña),
exportando a Panamá (harina, arroz, maíz); y otros productos a Lima (jabón,
cueros, azúcar). Este apogeo de la provincia estuvo ligado al de la Villa de
Santiago de Miraflores de Saña, el que duró hasta fines del Siglo XVII.
La mayor parte de la población de esta Villa, pasó a vivir a Lambayeque,
antigua capital del corregimiento de Saña, por haber sido saqueada en 1686 por
el pirata flamenco Eduardo Davis, quien desembarcó en la Caleta de Chérrepe,
permaneciendo siete días robando templos y casas. A esta calamidad siguió 34 años
más tarde otra mayor: la inundación del 15 de marzo de 1720, determinando así
su completa ruina (Bachmann 1921: 16).
El pueblo de Lambayeque quedó desde esta época erigido en capital de la
provincia o Partido de Saña. En el año 1753, la Ciudad de Lambayeque, llegó a
contar con más de 10,000 habitantes, contribuyó a este progreso el tener a San
José como Puerto Mayor, pues canalizaba la exportación que partía de la
ciudad de Lambayeque; existían también más de 50 tinas y trapiches con
importantes volúmenes de producción (MENÉNDEZ RÚA: 39 - 40).
La población era conformada por habitantes de diferentes etnias: españoles,
que incluían a los eclesiásticos, aunque en la información estadística
aparecen desagregados; hacendados y comerciantes; mestizos en menor cantidad,
dedicados al arrieraje, algunos vivanderos, artesanos y agricultores. En cuanto
a los pobladores de la etnia negra se veían muy pocos libres: casi todos eran
esclavos de las haciendas, de fábricas de jabón, azúcar y panllevar, como
también de servicio doméstico; los mulatos y zambos se encontraban algunos en
condición de esclavos, y otros se mantenían en diferentes oficios (LEQUANDA
1793: 62).
La agricultura, la manufactura y el comercio eran actividades económicas
importantes, los lambayecanos se dedicaban a cultivar los campos, arroz, caña
de azúcar, etc., a la fabricación de jabones y cordobanes, llegando a
abastecer a Lima, a Cajamarca y otros, incluso se exportaba a Chile, España,
Guayaquil, asimismo se producían vinos, obrajes de tejidos de algodón, hilazas
y contaban con factorías de tabaco y sal etc. (LEQUANDA 1793: 76 - 83).
En la República, la situación cambió. El geógrafo y naturalista Antonio
Raimondi quien pasó por la región en 1868, comentaba que en Lambayeque se
observaban muestras de una antigua opulencia, pero “si actualmente Chiclayo
progresa todos los días Lambayeque va al contrario, decayendo un poco; se diría
que la primera población le absorbe toda su vida; aún su principal industria
la fabricación de jabón, tan floreciente en el siglo pasado, está actualmente
abatida...” (RAIMONDI 1956).
Así, en el período 1628 -1754, la población decreció a una tasa promedio
anual de -0,251, es decir, tendía a reducirse lentamente. Después, más bien
vemos una tendencia marcadamente creciente de la población: en el período
1754-1795 la población de esta provincia creció a un ritmo alto, según estos
datos estadísticos: una tasa promedio anual de 2,35.
Baltazar Jayme Martínez Compañón nos alcanza un cuadro de la población del
obispado de Trujillo en los años ochenta del siglo XVIII, en que se incluyen
los datos correspondientes a la provincia de Saña o Lambayeque, que presentamos
en el siguiente cuadro:
Cuadro 1:Matrícula de la población del pueblo de Lambayeque, 1784

Esta información demográfica nos da ocasión de comparar con los datos de
nuestros censos, y ensayar una interpretación de los cambios ocurridos entre
1784 y 1853. Lamentablemente no contamos con información más detallada, para
el siglo XVIII, que nos diga de la estructura de edades, otros datos como
ocupación, etc.,
La población total en el año de 1784 de Lambayeque fue de 12024 habitantes. En
el censo de 1853 se registraron 8551 habitantes, lo que indica que la población
disminuyó en un 28,88%. Es difícil de explicar las razones de este suceso en
forma definitiva. Podemos afirmar sin embargo que la importancia relativa de la
ciudad de Lambayeque baja mucho en términos regionales por la emergencia de
Chiclayo como nuevo eje regional. Los testimonios de muchos viajeros coinciden
en ese sentido .
Este cambio de importancia entre las ciudades de Lambayeque y Chiclayo, se generó
debido a las graves inundaciones que prácticamente arrasaron la Ciudad entre
1791 y 1828 (VELARDE 1902) otros autores entre ellos Miranda (1727) coinciden en
esta explicación catastrófica-ecológica de la decadencia de Lambayeque (Menéndez
Rúa 1953) en su estudio sobre la Iglesia de Lambayeque señala que en el período
1791-1925 esta ciudad sufrió graves inundaciones en los años
1791-1815-1828-1835-1857-1871- y 1925, que prácticamente arrasaron la Ciudad.
Sin embargo la decadencia de Lambayeque, a pesar de ser evidente a partir de la
Independencia, no fue un fenómeno que repercutió inmediatamente en el
florecimiento de la ciudad de Chiclayo, entre 1820 y 1840 aproximadamente. La
situación se mantendría en un punto muerto por la profunda desarticulación
interna de la economía peruana, en esta etapa especial en el Departamento de
Lambayeque que se crearía recién en el año 1874.
De hecho, hay una nueva estructura urbano regional que se expresa seguramente,
entre otros aspectos en desplazamientos de actividades y de población hacia
Chiclayo. Tiene que ver seguramente en este fenómeno tanto la ubicación de
Chiclayo en la ruta entre los puertos y las haciendas, como las inundaciones
sucesivas que destruyeron Lambayeque en las primeras décadas del siglo XIX.
A inicios del siglo XIX encontramos la siguiente población del partido o
provincia de Lambayeque estaba formado por 20 doctrinas y 7 pueblos, que en
conjunto tenían la siguiente población (ver cuadro 2). Notamos aquí la neta
predominancia de la población indígena, y la importancia de la población
mestiza, que llega al 13% de la pblación del partido. LA correlación va a ser
distinto al interior de cada pueblo, aunque un importante columen de los españoles
van a corresponde, obviamente a la población de Lambayeque, entonces aún sede
del poder colonial en este partido .
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Cuadro
2
Población
del partido de Lambayeque en 1812
|
|
Nº
personasv
|
%
|
|
|
62
|
0,1v
|
|
|
27
|
0,1v
|
|
|
2299
|
5,4v
|
|
|
29513
|
69,7v
|
|
|
5448
|
12,9v
|
|
|
3192
|
7,5v
|
|
|
1831
|
4,3v
|
|
|
42372
|
100,0vv
|
|
|
FUENTE:
Col. Vargas Ugarte, Vol. 18 (10). Doc. 77. “Estado
del Censo del Virreynato del Perú, formado en diciembre de 1812”
|
El geógrafo Carlos J. Bachmann explica el
proceso de cambio en la jerarquía urbano regional tanto por las inundaciones,
como por la emergencia de Chiclayo como eje de una nueva economía regional
(BACHMANN 1921: 26-27).
El ilustrado Padre Ángel Menéndez Rúa complementa lo afirmado por Bachmann,
al desarrollar la explicación catastrófica o ecológica de la decadencia de
Lambayeque:
“...Siete fueron las principales, que señalamos a continuación: En 1791 ha
habido fuertes lluvias en el pueblo... en 1815... las inundaciones no fueron
grandes en intensidad pero sí en duración. Las de 1828, por el contrario,
fueron tan fuertes, que de haber durado mucho tiempo, no hubiera quedado casa en
pie... se perdió la mitad del barrio de la otra banda. En 1835 las lluvias
dejaron arruinada la población; en esta fecha se destruyó totalmente el
hospital de la ciudad...” (MENÉNDEZ RÚA 1935: 85)
En un expediente conservado en el Archivo Arzobispal de Trujillo, referente a un
censo realizado en 1838, los párrocos de Lambayeque informaban que por el año
en que fue levantado el censo ocurrió la salida del río que “... ha
arruinado la población de la Otra Banda, quando ya se había tomado razón de
sus vecinos, de los que unos pocos residen aún en medio de las ruinas, y los
demás se hallaban presentes diseminados en esta población...”
Efectivamente, las continuas inundaciones contribuyeron a la decadencia de
Lambayeque como centro urbano, pero la emergencia de Chiclayo como eje urbano
alternativo tiene su propia dinámica por su rol articulador de la nueva economía
de exportación que se empieza a contruir desde mediados del siglo XIX .
Cambios en la composición por etnias 1784-1853
Aparte de la disminución absoluta de la población, los censos indicados
nos muestran cambios relativos a la composición por etnias de la población,
como puede apreciarse en el siguiente gráfico:falta gráfico
Haciendo una comparación entre ambos censos, con respecto a las etnias (o más
precisamente etnias), podemos observar en el anterior gráfico los cambios
ocurridos entre 1784 y 1853, es decir en un periodo de sesentinueve años.
Podemos afirmar lo siguiente:
· En general, de un censo a otro el número de personas por etnias disminuye
considerablemente, en términos absolutos, a excepción de la etnia mixta o
mestiza que aumenta en un 57%.
· El incremento de la etnia mestiza se da en detrimento de las demás etnias
que se reducen incluso en términos relativos. Por ejemplo en la etnia blanca
disminuye en 41%, la negra o morena en 59%, la parda o mulata en un 15% y la
etnia indígena en un 55%.
· La etnia indígena es la que presenta mayor porcentaje de disminución
absoluta. Lo mismo ocurre con la negra. Ello seguramente se debe más que a un
fenómeno racial o étnico a un proceso social relacionado con la necesidad de
evadir la condición de tributario de la población indígena. Recordemos que
hasta el gobierno de Castilla se da la abolición del tributo indígena junto
con el de la esclavitud. Además es una evidencia al nivel de todo el país la
emergencia de los grupos mestizos, tanto de blanco con indio (mixto) como entre
blanco con negro (pardo, mulato) y con todas las posibilidades intermedias que
estas mezclas y los cruces de etnias que se dan por la misma lógica.
· En ambos censos se nota que la etnia negra es la menos significativa en
volumen, disminuyendo del 7 al 4% de la población total.
2. LA POBLACIÓN DE LA CIUDAD DE LAMBAYEQUE EN EL CENSO DE 1853
Estructura por sexo y edades
El censo de la ciudad de Lambayeque de 1853 nos muestra que esta ciudad contaba
con una población total de 8551 habitantes de las cuales 3244 (37,94%) eran
hombres y 5037(62,06%) eran mujeres.
Si observamos el siguiente gráfico, sobre la estructura por sexos y edades de
la población total, observamos que existen grandes diferencias por grupos etáreos.
· En general, es una pirámide de base ancha, aunque sumamente irregular.
· La mayoría de la población es femenina (62,06%).
· Esta diferencia arroja bajos índices de masculinidad de 61,13 en la población
total. Este índice bajo de masculinidad se da en todos los grupos etáreos,
aunque en algunos grupos etáreos llega a extremos como en el grupo de 0 a 4 años
en que llega a un índice de masculinidad de 40,37. Esto quiere decir que por
cada cuatro hombres de este grupo habían diez mujeres. El extremo más alto de
masculinidad está en el grupo etáreo de 30 a 34 años donde el índice de
masculinidad es de 74,57, lo que significa que por cada siete hombres habían 10
mujeres en este grupo etáreo.
· La irregularidad de la pirámide se presenta a través de algunos
estrechamientos en los grupos etáreos de 15 a 19; 35 a 39; 45 a 49; 55 a 59 y
60 a 64. Estas reducciones de la poblaciones de estos grupos etáreos podrían
indicar eventos como epidemias, que habrían reducido el tamaño de las
respectivas cohortes.
· Así mismo, se observan reducciones no proporcionales de la población
masculina en los grupos etáreos de 0 a 4 años y 25 a 29. Esto puede estar
asociado a una mayor mortalidad de la población masculina o a una fuerte omisión
censal por razones tributarias. Se analizará más profundamente en el tema que
se tratará cuando se analice la estructura por etnias.
· El grupo etáreo de 65 años a más es bastante reducido en ambos sexos, 103
hombres y 171 mujeres; lo que indica que la esperanza de vida para ambos es
baja.
· El índice de masculinidad de la población total es de 61,13; lo cual indica
un amplio predominio de la población femenina.
· El índice de masculinidad por grandes grupos de edad indica un predominio de
las mujeres en todos los grupos de edad: en el grupo de cero a catorce años es
de 59,49; mientras que el grupo de quince a sesenta y cuatro años es de 62,41;
y el grupo de sesenta y cinco es de 60,23.
Esta misma característica de la mayor proporción de mujeres respecto a los
hombres también se puede observar en la clasificación por etnias y sexo.
Estado civil de la población de Lambayeque en 1853
Con respecto a la situación del estado civil de esta población mayor de 18 años,
podemos observar el siguiente gráfico que se adjunta:
· Existía un alto porcentaje de personas solteras (que incluyen a la situación
de convivencia) para todas las etnias.
· El mayor porcentaje de personas casadas se ubican en la etnia indígena.
· La población mixta, que es la ampliamente mayoritaria presenta una mayor
proporción de población soltera.
· En general, la proporción de viudos es muy reducido.
· Existía un alto índice de ilegitimidad en la formación de las parejas.
· La etnia indígena es la que observa con más cumplimiento por la
institucionalidad del matrimonio. Quizás se deba a que el rigor y el impacto de
la dominación colonial estaba orientada a la catequización justamente de la
población indígena sobre la cual tenía todo un sistema de control directo a
través del sistema religioso. No olvidemos que los censos y los padrones de
población eran llevados las parroquias.
· Una de las características del mestizaje era la gran informalidad que en la
institucionalidad de la familia se introduce. Esto es un fenómeno ya comentado
por algunos sociólogos e historiadores que se refieren a la situación de la
familia y la institución matrimonial en las sociedades mestizas como la peruana
(SARA-LAFOSSE 1986).
· Se evidencia el bajo índice de matrimonio que se da en todas las etnias y
condiciones. Ello puede indicar un escaso acatamiento de las normas de la
iglesia católica, que siempre ha condenado la convivencia. Los casos más
saltantes corresponden a la población mestiza y esclava, donde podemos intentar
interpretaciones diferentes sobre la razón del escaso índice de matrimonios.
· En el caso de los esclavos (etnia negra) puede ser por restricciones
impuestas por los amos, a los cuales puede no haberles convenido el matrimonio
de su personal, más aún cuando ello signifique un peligro para la eficiencia
del esclavo en las labores domésticas. Recordemos el trabajo de Christine Hünefeldt,
donde tomando el caso de Lima de la primera mitad del siglo XVIII explica las
dificultades u oposiciones abiertas que encontraban muchas parejas de esclavos
para llegar al matrimonio (HÜNEFELDT 1988: 24-9).
· Los mestizos, que también observan un alto índice de soltería, puede quizá
explicarse por la escasa sujeción a las normas de la religión católica.
Violeta Sara-Lafosse ensaya una explicación por la informalidad impuesta en el
acto mismo de la conquista colonial y el mestizaje ilegítimo que se instituye
como parte de la cultura familiar real, aunque la prédica cristiana siempre ha
enfatizado el respeto a las instituciones formales familiares. Mientras que en
los mestizos, pardos y negros observamos un comportamiento, digámoslo así,
relajado en lo que se refiere al matrimonio, en las etnias blanca e indígena,
el comportamiento es muy diferente: habían altos índices de nupcialidad, lo
que nos dice mucho de las características sicosociológicas de la población
del Perú en la época.
· Por situación social y tradición cultural, las etnias blanca e indígena
han tenido un contacto más estrecho con la religión católica. En el caso de
los esclavos hay que matizar la información con las características concretas
de la vida familiar en Lambayeque a mediados del siglo pasado. Debemos anotar
sin embargo el altísimo índice de bastardos encontrados en el censo que
estamos comentando.
3. LOS INMIGRANTES DE LA POBLACIÓN DE LAMBAYEQUE
A continuación incluimos un resumen de la información sobre el origen de
la población, ordenada por distancias.
En el gráfico anterior se aprecia que la gran mayoría de la población es de
origen local. Los indígenas, mulatos y negros son los que mayormente proceden
del mismo pueblo de Lambayeque. En menor medida los blancos y mestizos.
Se observa también que son los mestizos quienes aparecen con mayor movilidad,
como etnia, en términos relativos.
Es interesante anotar que casi el treinta por ciento de la población de
mestizos es inmigrante de otras provincias del país. Le sigue en orden de
importancia (porcentual) la etnia blanca, que presenta un 25% de su población
inmigrante. Así mismo se denota una pequeña, aunque ya algo significativa
población extranjera, mayormente mestiza de los países vecinos, y europeos. Aún
no se registraba la inmigración china, que se asentaba en esa temprana época
en las zonas rurales.
En el cuadro y gráfico siguientes, se detalla algo más pormenorizadamente la
población por lugar de procedencia, anotando la distancia de origen .
Como se puede notar, especialmente en el gráfico que ha sido elaborado teniendo
en cuenta sólo la población migrante a Lambayeque, la mayor proporción de
inmigrantes de Lambayeque procedían, según el censo de 1853, de la misma región
norte: Piura, Cajamarca, y los otros pueblos de Lambayeque. Como habíamos
anotado, son los mestizos los que expresan mayor movilidad. siendo así mismo
ellos los que tienen mayor crecimiento demográfico en la ciudad (y en el país,
de acuerdo al estudio de Bruno Lesevic sobre la demografía del siglo XIX) (Cf.
LESEVIC 1986). Así mismo se observa la muy limitada movilidad de los indígenas,
que en cualquier caso se restringía a espacios pequeños, indudablemente por su
condición de tributarios matriculados en el padrón de la parroquia
correspondiente.
4. LAS ACTIVIDADES ECONÓMICAS, LOS SECTORES ECONÓMICOS
Respecto a las ocupaciones, la estructura del empleo, hay una información
muy rica en el censo de 1853. Cada uno de los censados registra su ocupación.,
que indudablemente contribuye a conocer aspectos importantes de la estructura
económica de nuestra región a mediados del siglo XIX.
Para un mejor análisis, hemos elaborado un gráfico que expresa visualmente
esta estructura laboral.. para esto, se ha identificado sólo a las personas
mayores de 18 años, como un criterio convencional, aunque muchas otras personas
tienen actividad productiva.
Una primera gran observación es que la población indígena mayormente se
dedica a actividades de producción primaria y secundaria. En el sector primario
la actividad predominante es la de “labrador” y jornalero, tanto entre los
indígenas, mestizos y mulatos.
Curiosamente aparecen cuatro indígenas pescadores, seguramente de San José. Así
mismo se registran 19 hacendados, por supuesto de etnia blanca o criolla, y 31
labradores de esta misma, seguramente cultivadores independientes.
En la actividad secundaria es muy notable la presencia de la mujer como
costurera en todas las etnias: el 44,84% de la PEA estaría conformado por esta
especialidad, que caracteriza a las mujeres, aunque predominan ampliamente las
mestizas (casi el 45% del total de las costureras de Lambayeque). También
declaran este oficio 155 mujeres de la etnia dominante, representando el 3,26%
de la PEA. Una profesión similar, pero propia de hombre, como es la de sastre
ocupa al 2% de la población. La carpintería y zapatería también ocupaban a
buen número de mestizos y mulatos.
Las actividades terciarias, que hemos dividido en varios rubros por su
complejidad, están claramente segmentadas por etnias, aunque encontramos 13
escribientes indígenas, lo cual quizás se explique por su servicio en algunas
oficinas públicas de Lambayeque. La población indígena desempeñaba funciones
en artes: músico, cantor, arpista. Las profesiones de prestigio y poder, en
manos de los criollos: abogados, médicos, enfermeros, cura y sacerdote,
escribiente (aunque habían 5 enfermeros indígenas). En algunas de estas
ocupaciones aparecían ya algunos mestizos.
Los puestos de la administración civil en manos de los criollos, salvo un caso
de un mulato que aparece como alcaide. El comercio era una actividad propia de
los criollos (131 comerciantes de esta etnia, más del 70% de los comerciantes),
aunque había un número de 26 comerciantes mestizos.
En este sector terciario hemos incorporado también a los carreteros y
marineros, predominantemente indígenas. Las otras profesiones menores de
servicios (industrioso, lavandera, leñador, pulpero, sirviente, entre otros),
eran acaparados por los mestizos y mulatos, aunque algunos esclavos también se
desempeñan en ellos. Se nos informa de la existencia de 7 barberos indígenas,
al lado de 4 mestizos de esa profesión.
5 LOS HOGARES DE LOS CRIOLLOS, Y LOS ESCLAVOS EN LAMBAYEQUE, 1853
Del total de 519 hogares que aparecen en el censo de 1853 como de etnia
blanca, hemos confeccionado el siguiente cuadro, para apreciar la composición,
por lo menos cuantitativa de estos hogares. Surge que la mayoría (28% de los
hogares) son compuestos por una sola persona. Lo que nos hace pensar en personas
que se encontraban en la ciudad desarrollando alguna actividad económica, lejos
de sus familias, en tránsito. Sin embargo, aparecen también un elevado
porcentaje (27%, es decir 54 familias), que tenían más de 6 miembros por
familia. Así, vemos que la mayoría de este segmento poblacional formaba parte
de hogares de 5 ó más miembros: el 77% de los criollos eran parte de hogares
de más de 5 miembros.
Un elemento que sirve para medir el nivel de vida o la riqueza de la población
criolla es la tenencia de esclavos.
Los esclavos eran o negros o mulatos. Hay que indicar que tanto los negros como
los mulatos podían ser libres o esclavos, dependiendo de una serie de
circunstancias, relacionados con el favor del amo o hasta por situaciones románticas
(Cf. el trabajo de C. Hünefeldt al respecto).en el siguiente gráfico resumimos
la información sobre le número de esclavos por etnia negra o mulata (eufemísticamente
llamados morena y pardo, respectivamente). Observamos que la mayoría de pardos
o mulatos era libre, mientras que cerca del 30% de los negros eran libres en
Lambayeque.
Un procesamiento realizado permite detectar el número de esclavos por hogar.
Del análisis de esta información, se desprende que la gran mayoría de los
hogares no disponía de esclavos: el 94,2%. El restante 5,8% de los hogares (116
hogares) disponía por lo menos de un esclavo, aunque cerca del 25% de ellos
disponía de más de 5 esclavos. Como resultado de esto, el 70,7% de los
esclavos estaba acaparado por esta minoría rica (hacendados). El restante de
los 602 esclavos (176 esclavos hombres y mujeres) eran propiedad de 85 familias
“medianas”, aunque, lógicamente debían haber gradaciones o estratos en
este sector medio de los criollos.
CONCLUSIONES
1. Parte del proceso de transformación y desestructuración de la sociedad
mochica lambayecana se expresa en los mestizajes producidos a partir de la
llegada de españoles y negros esclavos. Ello genera una peculiar estructura de
etnias, cuyo desenvolvimiento podemos seguir hasta nuestros días, pero que es
retratado en un momento determinado de su evolución, por el censo de la ciudad
de Lambayeque de 1853.
2. En el siglo XIX, si bien en general hay un proceso de recuperación de la
población, como parte del proceso nacional de lento crecimiento demográfico,
no se da en la misma forma en Lambayeque. Por lo menos es lo que se desprende de
la comparación de los volúmenes de población de los censos de Lambayeque de
1784 y 1853. La emergencia de Chiclayo es parte de la explicación de este fenómeno,
así como las particularidades de la situación política y económica de la
ciudad de Lambayeque, que dejó de ser eje regional, por la competencia del
moderno pueblo comercial de Chiclayo.
3. La población indígena seguía siendo la dominante a mediados del siglo XIX,
aunque presenta una contracción en términos relativos. El mestizaje se
incrementa. Este es un fenómeno sociológico importante, ya que la emergencia
de los grupos mixtos (mestizo y mulato) van paralelos con la modernización de
las actividades productivas y con la expansión de algunas pequeñas actividades
productivas.
4. Cada etnia tiene su propia dinámica poblacional. Por ejemplo la población
de etnia blanca indica un cierto predominio del Índice de Masculinidad, en
algunas cohortes, mientras que en la población indígena la proporción de
hombres es bastante baja. ¿Omisión censal por eximirse de las cargas
tributarias? Es un interrogante que no podemos responder taxativamente, sin
embargo, es conocido que el estatus de forastero era mucho más benigno para los
indígenas, por lo que muchas veces es probable que sectores indígenas hayan
preferido ser forasteros en otras tierras antes que tributarios en la suya.
Recordemos que en el período del censo aún no se eliminaba la tributación indígena,
ya avanzado el período colonial.
5. Las poblaciones negra y mestiza también presentan particularidades, una de
las que es de destacar es la predominancia de mujeres, dedicadas mayormente al
servicio doméstico y a actividades caseras. En el caso de las mulatas, sus
actividades productivas se orientaban a costura, lavado de ropa, entre otras
6. Los pardos o mulatos también presentaban un bajo índice de masculinidad, y
por lo tanto, predominancia de mujeres (61%).
7. Se observa un alto grado de ilegitimidad en las uniones, lo que se expresa en
un alto índice de “solteros”, que es muy elevado entre los negros, mestizos
y mulatos. Mientras que entre los indígenas y españoles los índices de soltería
son bajos (28% y 39%, respectivamente). Ello indica mayor sujeción a las normas
eclesiásticas y a la institución colonial del matrimonio. Así mismo indica
cierto relajamiento de la vida familiar, dada la mentalidad y los patrones
culturales de la época.
8. La mayoría de la población de Lambayeque de todas las etnias, según el
censo de 1853, era nativa (78% del total). Estos porcentajes variaban por
etnias, siendo los mestizos y los blancos los que presentan mayores componentes
relativos de procedencia externa a la ciudad. Había un volumen menor de
extranjeros (1,4%), conformado mayormente por negros esclavos (4,2% de esta
etnia).
9. Respecto a actividades económicas, hay cierta especialización en las
etnias. Los indígenas actúan mayormente en actividades primarias y secundarias
(40% y 53%, respectivamente), mientras los mestizos mayormente (71%) en
actividades secundarias. Los negros incursionaban en forma similar en
actividades secundarias y terciarias (48% y 45%, respectivamente). Las
ocupaciones dominantes eran desempeñadas por los blancos criollos, que
ostentaban los mecanismos de empleo relacionados con el prestigio y la
propiedad.
FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
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Autor:
José Gómez Cumpa (jgomez@fachse.edu.pe)Cel.: 51-74-9713296
Universidad Nacional Pedro Ruiz GalloLicenciado en Sociología, Maestro en
Ciencias, Doctor en Ciencias de la Educación, Coordinador de la Maestría en
Evaluación y Acreditación Educativa, UNPRG, Lambayeque
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