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Hegel, Lógica y Filosofía del espíritu

Resumen: Para presentar el sistema de Hegel e incitar al lector a su lectura directa, lo mejor es hacerlo a partir de la exposición completa y abreviada del mismo que éste nos proporciona en su Enciclopedia, y, en función de la misma, considerar la relevancia de sus otras obras.

Publicación enviada por Manuel Risco Chumpitazi




 


EL SISTEMA DE LA CIENCIA DE HEGEL
Para presentar el sistema de Hegel e incitar al lector a su lectura directa, lo mejor es hacerlo a partir de la exposición completa y abreviada del mismo que éste nos proporciona en su Enciclopedia, y, en función de la misma, considerar la relevancia de sus otras obras.

La Enciclopedia de las Ciencias filosóficas, tuvo tres ediciones distintas en cada una de las cuales se realiza una profunda reelaboración. La que se suele editar y traducir como referencia es la última, 3º del año 1830, que puede considerarse la última obra de Hegel, en relación a la cual debe considerarse retroactivamente su obra anterior.

El sistema se articula en ella y en Hegel en tres partes principales:
Lógica
Filosofía de la naturaleza
Filosofía del espíritu

La lógica hegeliana absorbe dentro de su campo las cuestiones tratadas no sólo tradicionalmente por la Lógica clásica, sino también por la Ontología o Metafísica general y la Teología racional. En definitiva abarca lo que podríamos llamar cuestiones previas vinculadas con las condiciones de cientificidad; la filosofía de la naturaleza se corresponde con una Cosmología racional cuyo objeto es el Mundo y sus entes en general; por último, la filosofía del espíritu se divide en tres partes: Filosofía del espíritu subjetivo, que absorbe la Psicología racional; Filosofía del espíritu objetivo, que trata las cuestiones referentes a la Ética, al Derecho y a la Política; Filosofía del espíritu absoluto, que trata de la Estética, de la Religión y de la Filosofía misma.

La Fenomenología del espíritu como condición previa de acceso al Sistema
La Fenomenología del espíritu, seguramente la obra más “conocida” de Hegel, la obra a la que se refieren principalmente dos de los interlocutores hegelianos de Lacan, KOJÈVE, del que no puede dejar de leerse su obra filosófica, algo más extensa que su Introducción a la lectura de Hegel, a la que fundamentalmente se refiere Lacan; e HYPPOLITE, que no sólo realizó una traducción crítica y anotada imprescindible de la Fenomenología, sino que realizó un fino análisis de la misma en su Génesis y estructura de la ‘Fenomenología del espíritu’ de Hegel.

La Fenomenología es de todos modos una simple introducción o prólogo a su sistema (el título completo de la primera edición de 1807, era Sistema de la Ciencia. I. La fenomenología del espíritu) y, por consiguiente, un lector de Hegel no debería quedarse en esa antesala. El objetivo de Hegel es la construcción de un Sistema que él pretende científico de filosofía y el saber en general, construcción que va a consistir en el trabajo de deducción de las categorías del pensamiento objetivo, pero antes debe deducir el principio o los principios que caracterizarán su sistema, y las condiciones previas de su comienzo. Esta tarea deberá ser la de conducir a la consciencia hasta un punto de vista, una perspectiva adecuada, pues el hombre, su consciencia, no se halla espontáneamente en una posición de saber epistémica firme y fundada en buenas razones, sino que se debate entre multitud de opiniones y modos de ver. Hegel trata de catalogar estas “maneras de ver”, a las que llama “figuras de consciencia”, y las ordena en una sucesión o camino que supuestamente la consciencia debe recorrer o recorre en su perfeccionamiento epistémico, desde su forma más vulgar e inadecuada (la consciencia sensible) hasta alcanzar el “saber absoluto”, que como ya he dicho no conviene precipitarse en comprender el significado de este término.

Conviene señalar varias cosas. Este “camino del alma” al que se refiere Hegel no es infinito, tiene una longitud determinada, tiene una serie finita de figuras y una estación final que no sólo se puede sino que se debe alcanzar. Estas figuras están referidas al campo del saber, y comprometen “formas de ver” y “formas de hacer”. El paso de una a otra figura comporta una ruptura, un corte de la consciencia consigo misma, cada una de las cuales conlleva una pérdida y una ganancia en cierta manera, pérdida porque la ilusión falaz pero gozosa, en sentido propio, es menor; y ganancia porque la consciencia se libera progresivamente de unos modos de ver estrechos. Esa progresión de la consciencia caracteriza las ocho estaciones que corresponden a otros tantos capítulos de ese libro princeps de Hegel:

I. La certeza sensible
II. La percepción
III. El entendimiento
IV. La verdad de la certeza de sí mismo
V. Certeza y verdad de la razón
VI. El espíritu
VII. La Religión
VIII. El Saber absoluto

A estos capítulos les precede el famoso Prólogo, titulado: “Del conocimiento científico”, que no es propiamente una introducción a este libro sino más bien al conjunto del sistema hegeliano. De todos modos también sitúa el lugar que Hegel adjudica a esta obra en el conjunto de su sistema: el de un comienzo por el cual hay que pasar para hallarse en condiciones de abordar el Sistema de la ciencia. En este sentido hay que ir más allá de esta obra, otra cosa sería quedarse en la puerta del sistema hegeliano, que el resto de su obra “supera” o trasciende. 

La Fenomenología es la historia del comienzo en relación con el saber racional filosófico-científico. Parte de la primera figura de la consciencia sensible inmediata, que ni siquiera tiene consciencia de objeto, es apenas consciencia de algo, es apenas consciencia, no piensa, no precisa nada, no se enfrenta a nada, en definitiva no se enfrenta a la negatividad a partir de la cual podría comenzar a determinarse a sí misma. Parte de su inmediatez, no hay una historia previa que la determina, ningún pasado del cual hubiera surgido; ha surgido, por así decirlo de la nada, es ella y punto, la tragedia todavía no ha hecho sino empezar. 

Cada figura de la consciencia puede hacerse corresponder con un momento histórico de la humanidad.

El trabajo del filósofo es precisamente la conscienciación y la contribución al avance efectivo de la historia hacia la libertad, lo cual sólo es posible mediante el desarrollo del saber racional. Salir de la alineación de que la consciencia es víctima. Ello sólo es posible según Hegel a través de la desgracia que la despierta de su sueño dogmático ignorado por ella misma, que la desgarra, que le hace abandonar el cómodo aunque estéril confort en que la mantenía su creencia en la identidad consigo misma.

Es en el capítulo IV donde se desarrolla la famosa “Dialéctica del amo y del esclavo” en la cual Hegel expone el conflicto interno de cada sujeto entre el deseo de sí y el deseo del otro, al que le conduce su propio deseo y la necesidad de reconocimiento inherente a cada ser humano, de ahí la ambivalencia de toda relación humana: cada Yo aspira a, necesita, ser reconocido por el otro para satisfacer-se, pero a su vez el deseo del otro es un obstáculo a esa satisfacción, de ahí su aspiración a anularlo, a destruirlo. Esa, no se olvide, es sólo la cuarta figura de la consciencia, la que se expresa en ese conflicto de Yoes. El seminario que dio Kojève en los años 30, contribuyó a elevar este capítulo, a darle una relevancia que Hegel no pretendió.

Es la negatividad asociada a cada figura lo que hace necesario el salto a otro nivel. Ahí se introduce la dialéctica: lo negativo es lo que niega la afirmación que provoca el movimiento determinado por cada figura. Mientras se permanece en la identidad formal que constituye esencialmente la falsa consciencia de sí, en el simple “Yo = Yo”, no hay posibilidad de comienzo de saber efectivo alguno. La historia del mismo sólo puede comenzar con la negatividad que junto con la alteridad se opone, se resiste al goce de la consciencia. Es el proceso que a partir de ese reconocimiento de lo Otro que puede desencadenarse un movimiento dialéctico hacia la verdad, historia en este sentido inacabable, y que es la que hará decir a Lacan: “La verdad sólo puede decirse... a medias”.

La Fenomenología, insisto, marca la entrada en el Sistema de la Ciencia, y sin embargo como tantas otras cosas importantes sigue siendo una obra subestimada, seguramente por las condiciones extrínsecas que requiere su abordaje y por lo intrínseco de su dificultad. La Fenomenología no obstante es una obra compleja para darse cuenta de esto sólo hay que empezar a leerla. Aborda el problema del conocimiento y de sus condiciones de manera inédita, es asimismo una “odisea del espíritu” en su ascenso al saber, una novela pedagógica y una interpretación de la historia como un proceso educativo de la humanidad hacia la libertad gracias al saber y a la superación de la ignorancia que conlleva esclavitud. El objetivo que persigue Hegel es muy claro: la formación de la consciencia contemporánea como punto de partida, como condición del saber riguroso, del saber científico.

Al comienzo de la Fenomenología, Hegel coloca un “Prólogo”, escrito una vez acabada la redacción del libro, donde formula su objetivo más allá de esa fenomenología preparatoria: la construcción del sistema de la ciencia como única forma posible de saber riguroso adaptado a las necesidades de su tiempo. Así ese prólogo se convierte en una suerte de escrito programático, que anticipa lo que será el sistema, y constituye asimismo una buena transición desde la Fenomenología a la Lógica.

Otra cosa que conviene señalar es que en todas las figuras de consciencia se da la escisión, pues la consciencia se define por la negatividad que la escinde entre saber, siempre subjetivo, el saber no puede prescindir como tal del sujeto, es saber de un sujeto individual o más o menos colectivo, por eso necesariamente hay que hablar de un sujeto de la ciencia. Escisión entre saber pues y verdad que se pretende objetiva. El movimiento de la ciencia puede producirse gracias a esa capacidad del sujeto de escindirse, oponerse a sí mismo y trascenderse. La aspiración del sujeto a la verdad, a lo real, a lo Uno, a lo absoluto, está dotado de negatividad, ninguno de estos conceptos son positivos.

En cuanto a los antecedentes de Lacan al respecto hay que decir que la obra de Hegel tardaría en ser conocida en Francia, para empezar por la ausencia de traducciones. Victor Cousin (1792-1867) trató de introducir con algunas traducciones y algunas adaptaciones libres la doctrina hegeliana en Francia en el S. XIX, pero no encontró eco y hay que esperar hasta 1929 y a la obra de Jean WAHL (1888-1974), Wahl será la primera referencia hegeliana de Lacan, en particular su obra: La desgracia de la consciencia en la filosofía de Hegel, en esta asistimos a la primera introducción seria de la filosofía de Hegel en Francia[8], referida a la Fenomenología. Pero habrá que esperar a Jean Hyppolite (1907-1968) y a Alexandre Kojève (1902-1968) para que el interés por Hegel se consolide. Kojève impartirá un seminario entre 1933 y 1939 sobre la Fenomenología del espíritu, en cuyo comentario imprime una interpretación al texto de Hegel que marcó decisivamente a muchos autores franceses en la postguerra. La Introducción a la lectura de Hegel, publicad en 1947, reúne la suma de este trabajo. Por otra parte Jean Hyppolite realizará una excelente traducción anotada y crítica de la Fenomenología, publicada en 1939-1941, traducción a la que desgraciadamente no se le presta la atención que debiera.

Esta traducción de Hyppolite debe complementarse con las diversas obras que le dedica a Hegel que aquí señalo:
Genèse et structure de la ‘Phénomenologie de l’Esprit’ de Hegel (1946) [existe una traducción al castellano en Península]
Introduction a la philosophie de l’histoire de Hegel (1948) [Trad. esp. en
Logique et existence (1953; 19622) [Trad. esp. en Ed. Herder] 
Études sur Marx et sur Hegel (1958) 

LA LÓGICA
Pasemos entonces a la Lógica de Hegel: 
Podemos hablar de dos Lógicas: la primera llamada por algunos Lógica grande es la que figura en la Ciencia de la lógica, que se publicó primero entre 1812 y 1816 en su 1ª edición, y que Hegel fue revisando hasta su muerte, la 2ª edición de 1831 contiene esas revisiones. La otra lógica, llamada a veces Lógica pequeña, que es efectivamente de contenido más breve es la que se halla incluida dentro de la exposición completa compendiada del Sistema que tenemos en la Enciclopedia, y que tuvo tres redacciones correspondientes a las tres ediciones de la Enciclopedia.

Respecto al contenido de esa lógica hegeliana sólo se trata aquí de hacer una pequeña presentación de la misma. 

Digamos en primer lugar que la idea de lógica, que Hegel no obstante coloca como fundamento de su sistema, puede confundir al lector moderno, habituado a entender por este término la referencia a la lógica formal más o menos matematizada. Hegel no niega la idea de lógica formal, pero para él esa lógica sólo es un aspecto de la Lógica, incluso un momento o tiempo de la misma; porque la lógica tal como la concibe Hegel es mucho más, es por así decirlo el fundamento del pensar correcto, del pensar científico, lo que abarca la lógica formal y la metafísica de toda ciencia. “Mi lógica – escribe Hegel – contiene a la antigua lógica y a la antigua metafísica, para superarlas; conserva las mismas formas de pensamiento, las mismas leyes, los mismos objetos, pero los desarrolla dándoles una nueva forma gracias a categorías menos estrechas, más amplias”.

Por otra parte lejos de considerar a la lógica como una puerta de entrada que permanecería de alguna manera exterior al sistema, Hegel piensa que constituyo su comienzo fundamental, todo saber científico, todo saber real comienza ciertamente por la lógica, que incluso lo comprende, aunque no desarrollado. Para Hegel la lógica funda todo procedimiento científico, atenerse a la misma confiere cientificidad al discurso, lo hace discurso científico. La lógica constituye pues la ciencia. Pero, como digo, esa lógica de Hegel comporta una transformación muy meditada del significado tradicional del término “lógica”. Hegel critica una concepción de la lógica como “forma” pura del pensamiento correcto, por así decirlo, sin ningún contenido, salvo formal, y que sólo devendría ciencia una vez interpretado, al recibir unos contenidos extrínsecos a ella misma. Hegel piensa que la lógica misma es ciencia, de ahí el título de su libro: Ciencia de la lógica, no sólo ciencia que se deriva del respeto a la lógica sino la lógica como primera ciencia a dilucidar. El contenido de la lógica es el valor objetivo del concepto. Ese contenido puede intuirse si nos fijamos en la distribución de las partes que conforman su libro.

La Ciencia de la Lógica comprende 3 libros distribuidos en dos partes:
I. Lógica objetiva
1. La teoría del ser (1812)
2. La teoría de la esencia (1813)

II. Lógica subjetiva
1. Teoría del concepto (1816)

El primer libro de la Lógica procede a la deducción de las categorías que delimitan el campo del ser. Es, pues, una Ontología. El segundo libro abandona ese plano categorial para pasar al plano del fundamento. Dentro de esta parte Hegel critica y comenta ampliamente los “principios lógicos” (de identidad, de contradicción, del tercero excluido, de razón suficiente). Finalmente el tercer libro aborda temas tradicionalmente tratados por la Lógica pero sin descuidar la actividad del sujeto en su producción. Hay efectivamente un sujeto de la lógica. para Hegel la Ciencia de la lógica es la clave de bóveda de su sistema, es instrumento y garantía de todo saber verdadero. Esa lógica se valdrá del método dialéctico. La lógica en definitiva prepara las otras ciencias, al proporcionar la esencia de las mismas, el movimiento de la verdad que contienen en cuanto tales. 

LA FILOSOFÍA DEL ESPÍRITU
En cuanto a la Filosofía de la naturaleza no voy a desarrollarlo. 

Por lo que se refiere a la Filosofía del espíritu, la Filosofía del derecho, a la que dedica el libro sobre las Líneas fundamentales de la filosofía del derecho, o Derecho natural y ciencia del Estado en compendio[10], desarrolla con más amplitud una parte de la filosofía del espíritu objetivo: la vida en sociedad del hombre, el mundo del espíritu y de la historia, que Hegel siempre contrapuso al de la naturaleza. Se trata de un texto extraido de las lecciones sobre la filosofía del derecho que en este caso el propio Hegel redactó y publicó. Precisamente en el prólogo a este libro se encuentra el famosos aforismo: “Todo lo que es racional es real y todo lo que es real es racional”. Se trata de otra de estas frases que se prestan fácilmente a malos entendidos imaginarios. “Real” es la traducción de wirklich mejor sería traducir “lo verdaderamente efectivo o eficaz”. Hegel no se refiere a lo real en el sentido de reell, lo real en este sentido no tiene nada de racional, es más bien aquello que la razón trata de dominar. A lo que Hegel se refiere es a que en la vida humana sólo lo racional es verdaderamente efectivo en el doloroso camino hacia la liberación del hombre, lo que es verdaderamente efectivo de este proceso histórico lo es por ser racional.

El derecho configura y determina el grado de libertad posible dentro de cada situación histórico-social. El principio de toda sociedad es el interés particular, que el Estado debe conciliar en aras al interés general del que a su vez dependen la realización posible de esos intereses particulares.

La Filosofía del Derecho quiere unificar dos perspectivas que en la filosofía de Kant todavía se encuentran demasiado separadas: el Derecho, el orden jurídico por el cual las voluntades son obligadas desde el exterior, y la moral, el orden ético donde la consideración del deber determina la voluntad desde el interior. Esa unificación o síntesis es lo que Hegel denominará Sittlichkeit.

Dos pequeñas obras importantes para terminar esa presentación

Para terminar esta presentación de Hegel que sólo pretende ser una incitación y una guía para que el lector vaya a la propia obra de Hegel, donde no le quepa duda que tendrá que poner de su parte, quisiera referirme a dos obras publicadas a título póstumo que tienen asimismo cierto interés.

La primera son Las lecciones sobre las pruebas de la existencia de Dios, se trata de 16 conferencias cuyo manuscrito redactó Hegel con vistas a los cursos que debía dar en la Univ. de Berlín en 1829, pero que no llegó a publicar mientras vivía. En la edición francesa de esta obra se han incluido tres textos del mismo período referidos a la misma temática: “De la crítica kantiana de la prueba cosmológica”, “Exposición de la prueba teleológica” y “Exposición de la prueba ontológica”. El interés de estos textos no es exclusivamente sobre la religión o sobre la filosofía de la religión; son también textos de lógica que tratan sobre la cuestión de la demostración. Las dos primeras conferencias tituladas “Fe y conocimiento”, se centran esencialmente en el examen de la posibilidad racional de una prueba de tipo lógico aplicada a un problema como el de la existencia de Dios. Las dos conferencias siguientes tocan la cuestión de la fe y del valor del sentimiento que esta produce desde el punto de vista del saber. La quinta conferencia pone el acento sobre la posibilidad de un conocimiento real de Dios, mientras que la sexta muestra cómo la existencia de Dios es demostrada por pruebas metafísicas y no históricas. A partir de la séptima conferencia, “El concepto especulativo”, es cuando Hegel hace intervenir en su exposición los principales conceptos extraídos de su propia lógica, aplicándolos al examen de las pruebas tradicionales de la existencia de Dios.

La segunda son las lecciones sobre Propedéutica filosófica, el interés de éstas está en que constituyen un resumen de toda la filosofía hegeliana, escrita o revisada por el autor y destinada a una introducción o iniciación a su sistema. Esencialmente didáctica, la Propedéutica filosófica expone lo esencial de la filosofía de Hegel en forma muy concisa. 

LAS REFERENCIAS DE LACAN A HEGEL (HEGEL CON LACAN)
Como ya he señalado Lacan se aproxima a Hegel en el contexto de la introducción de los estudios hegelianos en Francia, y fundamentalmente por la mediación de cuatro autores fundamentales: KOYRÉ, Jean WAHL, KOJÈVE y Jean HYPPOLITE.

Las referencias de Lacan a Hegel, y no sólo en relación al quasi ya tópico de “La dialéctica del Amo y del esclavo”, que como hemos visto es una pequeña parte del sistema filosófico hegeliano, sino a otros conceptos es constante a lo largo tanto de la obra escrita como de los Seminarios. Desde su artículo sobre La familia de 1938, donde podemos leer:

“Hegel escribía que el individuo que no lucha por ser reconocido fuera del grupo familiar no alcanza nunca la madurez de su personalidad ante la muerte”,

a L’Etourdit de 1972, Hegel es una referencia constante; después de Freud es el autor más citado por Lacan en los Escritos, nada menos, si nuestro conteo es correcto, que en 42 ocasiones, lo que lo hace sino la, al menos una de las referencias filosóficas fundamentales de Lacan. Puede decirse que es a la luz de Hegel que Lacan puede renovar el psicoanálisis, como podemos leerlo desde las primeras páginas de “Subversión del sujeto”:

“De donde, sépase aquí, la referencia totalmente didáctica que hemos tomado de Hegel para dar a entender para las finalidades de formación que son las nuestras, lo que se refiere a la cuestión del sujeto tal como el psicoanálisis la subvierte propiamente” (É., 794).

APROXIMACIÓN A LA FUNCIÓN DE LA REFERENCIA HEGELIANA EN LACAN
La lectura de Hegel por Lacan como ya he dicho está esencialmente mediatizada por el comentario de autores hegelianos franceses, el primero de ellos Kojève, a cuyos cursos de Introducción a la lectura de Hegel entre 1933 y 1939, centrados fundamentalmente en la Fenomenología del espíritu, Lacan asistió. Esas lecciones fueron reunidas y publicadas posteriormente en 1947 por Raymond Queneau. El lector podrá constatar por las fechas de esos artículos, que la referencia en el artículo sobre La Familia de 1938, en primer lugar; y la primera referencia en “Acerca de la causalidad psíquica”, están claramente influenciadas por ese curso de Kojève, que es citado explícitamente por Lacan en este último texto.

Lo que se conoce como la “Dialéctica del amo y del esclavo” corresponde a lo que Hegel desarrolla en la sección A (“Independencia y dependencia de la consciencia de sí: dominio y servidumbre”) del cap. IV de la Fenomenología del espíritu, lo que corresponde a poco más de una decena de páginas de la Fenomenología, que consta casi de 400 páginas. Y para comprender cabalmente esta idea es necesario tener en cuenta lo anterior y lo posterior. 

Por Manuel Risco Ch
palolo_@hotmail.com



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