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La evaluación formativa en la clase de lengua extranjera

Resumen: La clase de lengua extranjera rediferencia del resto de las demás asignaturas del plan de estudios porque, como ya se ha dicho, en esta se forman hábitos y desarrollan habilidades de carácter lingüístico con el objetivo de poderse comunicar en ella, lo que constituye en fin de la enseñanza de cualquier lengua extranjera, el cual se logra a través de una adecuada concepción metodológica de su estructura que posibilite su uso en situaciones de comunicación real.

Publicación enviada por MSc Roberto G. González Cancio




 


INDICE
INTRODUCCIÓN
DESAROLLO
· El evaluación de los estudiantes como categoría didáctica
· Papel educativo de la evaluación.
· El evaluación de los estudiantes en las clases de lengua extranjera.
CONCLUSIONES
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

INTRODUCCIÓN
La clase de lengua extranjera rediferencia del resto de las demás asignaturas del plan de estudios porque, como ya se ha dicho, en esta se forman hábitos y desarrollan habilidades de carácter lingüístico con el objetivo de poderse comunicar en ella, lo que constituye en fin de la enseñanza de cualquier lengua extranjera, el cual se logra a través de una adecuada concepción metodológica de su estructura que posibilite su uso en situaciones de comunicación real. 

Por otra parte la evaluación del aprendizaje tiene una gran importancia como elemento de diagnóstico y permanente retroalimentación dentro de la clase de cualquier asignatura y de la misma manera en las clases de lengua extranjera donde este proceso se lleva a cabo a través de medios lingüísticos diferentes a los de la lengua materna.

DESARROLLO
La evaluación como categoría didáctica. 
La literatura pedagógica en lengua inglesa utiliza tres vocablos para el término evaluación en dependencia de su dirección. Así, por ejemplo, se le asigna a la evaluación del desarrollo académico del estudiante el vocablo “assessment”; para la evaluación correspondiente a los cambios de carácter interno que se van operando el la organización de centros educacionales, planes y programas de estudio, se utiliza “evaluation”; y para la evaluación del maestro en su desempeño profesional “appraisal” (Ur, P. 2000:245).

No obstante lo dicho en el párrafo anterior se ha podido corroborar al consultar la literatura especializada en lengua inglesa que en muchas ocasiones se utiliza, indistintamente “assessment” o “evaluation” como sinónimos.

El objetivo de este tema es profundizar en la evaluación de los estudiantes en las clases de lengua extranjera, como componente didáctico, en el proceso de enseñanza-aprendizaje, su dirección comunicativa y, fundamentalmente, su carácter formativo.

La evaluación constituye una de las categorías de la didáctica general junto a los objetivos, el contenido, los métodos y procedimientos, las formas de organización de la docencia y los medios de enseñanza. Siendo los objetivos la categoría rectora, la evaluación está dirigida, en su concepción más general, a comprobar el nivel de efectividad que ha alcanzado el logro de los objetivos trazados en una clase, en una unidad, en un período determinado dentro de un curso, en un curso, en un nivel.

Como puede verse la evaluación tiene su espacio desde un mayor nivel de concreción dentro del enseñanza-aprendizaje, la clase, hasta niveles de mayor generalización.

En el caso específico de la enseñanza de lenguas extranjeras, la evaluación lleva a dar respuesta a algunas interrogantes. Cuando el maestro se dispone a elaborar el sistema de evaluación de su clase, ante todo debe preguntarse: ¿para qué evaluar? A partir de lo que se ha tratado hasta ahora se puede responde: Para identificar los problemas y avances que se presentan en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Para diagnosticar cómo se encuentra el estudiante. En este sentido la evaluación se proyecta en su dimensión diagnóstica. En tal sentido la evaluación proporciona al maestro la información necesaria para poder seguir el proceso de desarrollo que, en el plano instructivo y educativo, va teniendo el estudiante. En este sentido, la evaluación permite valorar el progreso, el retroceso o estabilidad que en la asimilación de los conocimientos va teniendo el estudiante.

Otra pregunta de gran importancia es ¿qué evaluar? La enseñanza de cualquier lengua extranjera bajo el enfoque comunicativo, no deja dudas de que se deben evaluar conocimientos, hábitos, habilidades, desarrollo de la competencia comunicativa, formas de convivencia con el mundo, sentimientos, valores y actitudes

Ahora bien tanto los conocimientos que de carácter lingüístico van adquiriendo los estudiantes como parte de su interacción con el sistema de la lengua que estudian, como el nivel de formación de hábitos es necesario evaluarlos a través del desarrollo de las habilidades. Es a través de la propia comunicación de los estudiantes en la lengua extranjera que estudian, como forma de expresión de su nivel de desarrollo de la competencia comunicativa, es que el maestro puede valorar, en su nivel de aplicación práctica, el dominio del léxico y la gramática estudiados en clase. En la interacción comunicativa del estudiante puede, además, evaluar su pronunciación y entonación como elementos del nivel fonético de la lengua.

No obstante, concibiendo la evaluación en una dimensión amplia, en la que se rebase el plano puramente instructivo, la respuesta a esta segunda pregunta abarca el plano formativo. La evaluación, como categoría de la didáctica no puede verse alejada de su aspecto pedagógico. Un sistema de evaluación bien concebido permite llegar al plano afectivo, viendo al estudiante en toda su plenitud como ser cognisciente en su macro mundo personológico en el que incluye su sistema de sentimientos y valores.

Finalmente, llega la tercera pregunta: ¿cuándo evaluar? La concepción del actual sistema de evaluación en la inmensa mayoría de los países lleva a responder a esta pregunta de manera rápida: de manera sistemática.

La evaluación sistemática permite ir detectando a cada paso las suficiencias e insuficiencias tanto de la conducción del propio proceso de enseñanza-aprendizaje, como del nivel de desarrollo de los estudiantes. Ella sirve de termómetro para ir midiendo su ascenso en espiral en el desarrollo de su competencia comunicativa. Otras formas de evaluación ya han sido tratadas en el tema # 2.

Muchos son los criterios dados alrededor de la evaluación, la mayoría de los cuales centran su atención en el elemento valorativo del plano instructivo. Sólo a manera de ejemplo de lo que se acaba de expresar, se presentan algunos de esos criterios dados por reconocidos especialistas cubanos y extranjeros.

La evaluación es un control que se hace en los momentos finales de cualquiera de las instancias organizativas del proceso docente-educativo, como pueden ser, el tema, la asignatura, etc., y que sirve para determinar el grado en que se aprendió, en que se cumplieron los objetivos. (Alvarez de Zayas, C.A. 1996:27)

Como puede observarse en esta definición, el muy conocido Dr. Alvarez de Zayas coloca en un mismo plano la evaluación y el control, lo que equivale a ver ambos como sinónimos y lo ubica expresamente “ en los momentos finales de cualquier instancia organizativa del proceso docente-educativo…”, pero además explicita que su objetivo está encaminado hacia lo cognitivo, cuando expresa que “sirve para determinar el grado en que se aprendió…” Si se viera la evaluación dentro del proceso dirigido solamente hacia lo que se aprendió, entonces ¿dónde queda lo educativo? El más simple análisis de la mencionada definición evidencia su carácter sumativo.

Otro criterio importante a tener en cuenta en cualquier tipo de análisis sobre el tema de la evaluación es que brinda la Dr.C, F. Addine: “La evaluación es el elemento regulador. Su aplicación ofrece información sobre la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje, sobre la efectividad del resto de los componentes y las necesidades de ajustes, modificaciones u otros procesos que todo el sistema o algunos de sus elementos deben sufrir”. (Addines, F. 1998:23)

En este sentido puede verse claramente que la definición dada ubica a la evaluación en una magnitud macra, pues la sitúa como elemento proporcionador de información “sobre la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje”. Según este criterio la evaluación sirve fundamentalmente para llevar a cabo modificaciones o ajustes dentro de los elementos del proceso. Es evidente que este criterio se restringe solamente a ver la evaluación como “elemento regulador” pero del proceso en su conjunto.

Ya se ha visto los criterios de dos reconocidos didactas cubanos y ahora se expondrán los criterios de dos especialistas en la enseñanza de lenguas extranjeras.

La evaluación es el proceso general que determina la efectividad del proceso de enseñanza-aprendizaje. La evaluación es una parte esencial de la enseñanza por la influencia que recibe principalmente de otros componentes de la clase: objetivos, contenido y métodos. Estos componentes determinan el sistema de evaluación de cualquier curso. (Acosta, R. 1997:371)

Nuevamente se está frente a una definición que centra su atención en lo general del proceso de enseñanza-aprendizaje y lo relaciona con otras categorías didácticas las que finalmente son las que determinan el sistema de evaluación. Esta posición, asumida por el Dr.C, Acosta, lleva a ubicarse nuevamente en un sistema de evaluación que toma fundamentalmente en cuenta el elemento cognitivo con un énfasis expreso en la enseñanza. Esto pudiera interpretarse como que la evaluación es un problema esencial del maestro, por lo que cabe preguntarse ¿y es que acaso no es también un problema esencial del aprendiz?

Finalmente se presenta el criterio que brinda Wallece, M.J., quien expresa lo siguiente al respecto: La lógica del sistema de evaluación de cualquier curso o clase tiene que ser cuidadosamente determinado para asegurarse que la misma mantenga su actualidad y constituya una ayuda para alcanzar los objetivos como un todo y no sea usada como un elemento tradicional o de rutina (Wallace, M.J. 1995:126).

No puede negarse lo general y poco concreto de esta definición. Si algo pudiera sacarse de positivo de lo dicho es lo referente a que la evaluación debe mantenerse actualizada y que no se convierta en “un elemento tradicional o de rutina”

Hoy en día se hace cada vez más fuerte el criterio de ver el proceso de enseñanza-aprendizaje como un proceso donde se combina armónicamente lo instructivo y lo educativo desde el punto de vista pedagógico y lo cognitivo y afectivo desde el punto de vista psicológico.

Por otra parte, las concepciones más modernas en el campo de la pedagogía y la didáctica dan cada vez más espacio al papel protagónico de los estudiantes como elementos activos dentro del proceso por ser los destinatarios de todo el accionar de maestros, profesores y directivos educacionales.

Estos criterios llevan a precisar que la evaluación no puede verse como un elemento regulador solamente del proceso de enseñaza-aprendizaje en su generalidad, ni como proporcionador de informaciones acerca del estado en que se encuentra el nivel de asimilación del sistema de contenidos, o sea, solo en el plano cognitivo e instructivo.

Al ver al estudiante como objeto y sujeto de la educación inmerso en un sistema de interacciones e interrelaciones personales que contribuyen al desarrollo de su personalidad, es importante ver a la evaluación como elemento regulador de este sistema de interacciones e interrelaciones de los estudiantes dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje, o sea, ver la evaluación en sus dos artistas: la sumativa y la formativa, dándole a esta última el lugar priorizado que le corresponde.

Papel educativo de la evaluación.
La evaluación tiene dos tipos de manifestación, fundamentalmente, en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Véase el siguiente gráfico:


El propósito de la evaluación sumativa es evaluar lo que el estudiante en la clase es capaz de hacer en aspectos específicos de la lengua, incluidos en el programa de estudio lo mismo al final de una unidad de trabajo o al final de un semestre… (B.C.T.F.:2001:5)

Esta definición se relaciona directamente con los criterios que fueron analizados en el epígrafe anterior, por cuanto su objetivo va encaminado a valorar los cambios, que en el orden de los conocimientos, o sea en el plano instructivo, se van produciendo en los estudiantes. Este tipo de evaluación se usa regularmente con bastante frecuencia tanto de manera sistemática como en cualquiera de las otras formas evaluativas.

La evaluación sumativa no tiene en cuenta los cambios actitudinales del estudiante, para ella solamente vale de qué forma se va produciendo la asimilación del conocimiento por parte de los estudiantes. Este tipo de evaluación se vale de determinados instrumentos que van desde cuestionarios, muchas veces de carácter reproductivo, hasta test o encuestas cerradas en las que la elaboración por parte de los evaluados no tiene apenas lugar.

En este tipo de evaluación el estudiante debe demostrar, en un período de tiempo previamente establecido y en un momento dado, cuanto ha aprendido en cuanto a lo que se le pregunta. En tal sentido valdría preguntarse ¿evidencia una prueba o examen verdaderamente el nivel de desarrollo alcanzado por el estudiante en cuanto a su competencia comunicativa?

Es la evaluación sumativa sistemática la que va dando la verdadera noción del comportamiento del desarrollo de los conocimientos adquiridos por el estudiante a través de su aplicación práctica en la comunicación.

Por otra parte la evaluación formativa tiene un alcance mucho mayor en el plano pedagógico. A fin de poder ilustrar este epígrafe se da la definición que brinda la Dra. Rita M. Alzavez de Zayas: “El concepto de educación que concebimos aspira a lograr que el estudiante cambie, se transforme, crezca personal y socialmente. En este propósito la evaluación no satisface al dar criterios de producto final, de resultado alcanzado, pues la propia finalidad educativa implica seguir el proceso de desarrollo del estudiante, sus movimientos, contradicciones, conflictos, logros, retrocesos, detenimientos, alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, como factores que bien aprovechados devienen motor impulsor del propio desarrollo y fuente de las metodologías necesarias”. (Alvarez de Zayas, R.M. 1997:105)

Una simple lectura de esta definición abre ante los ojos macadas diferencias conceptuales con relación a las que se vieron en el epígrafe anterior. Sin descontar el factor cognitivo dentro de la evaluación, la mencionada autora va más allá y se adentra en el factor formativo de la evaluación.

Felizmente la autora brinda un panorama suficientemente amplio del carácter formativo de la evaluación en el que se puede ver a la evaluación tanto en el plano cognitivo-intelectual, como en el afectivo-emocional.

La Dra. Alvarez de Zayas coloca a la evaluación en un estadío superior al vincularla con la esfera afectiva emocional del estudiante evaluado, por cuanto considera necesario que la misma debe “… seguir el proceso de desarrollo del estudiante…” proceso en que involucra acertadamente a todos los componentes del sistema de contenidos, y no solamente al sistema de conocimientos y de formación y desarrollo de hábitos y habilidades. En esta definición la evaluación se ve como un instrumento capaz de trasformar a los estudiantes, a partir de que en ella se le tiene en cuenta como ser humano y su proyección en todo su mundo de vivencias y vela por su crecimiento tanto personal como social.

Por otra parte, y quizás uno de los aportes fundamentales, esta definición, concibe la evaluación no como un resultado final desde el punto de vista del aprendizaje, sino como un proceso de formación y desarrollo de la personalidad del estudiante desde una perspectiva integral.

Otra definición de la evaluación que ratifica su carácter formativo es la que brinda C.E. Mena en su tesis de maestría. En la memoria escrita se plantea: “La evaluación en su carácter holístico, procesal y personológico, es el componente que influye en todo el proceso de desarrollo de la personalidad del estudiante, potencia la independencia, la metacognición, las relaciones interpersonales, la reflexión, la responsabilidad y la práctica creativa. Permite valorar cualitativa y cuantitativamente los cambios que se producen en el aprendizaje, constituyendo en sí misma una vía para el crecimiento individual y grupal. (Mena, C. E. .2001)

En esta definición Mena destaca., como elementos importantes la concepción de la evaluación como proceso pero, además, como resultado encaminado al desarrollo de la personalidad del estudiante. Por otra parte combina lo holístico y lo personológico como elementos que integran el resultado como un todo que centra su atención en la persona del estudiante a fin de lograr su independencia cognitiva lo que contribuye, evidentemente, al desarrollo metacognitivo del sujeto evaluable y el afianzamiento de su responsabilidad ante su aprendizaje y las actitudes ante la vida que asuma en sus relaciones con el mundo que le rodea. No cabe la menor duda de que una evaluación de carácter formativo que reúna todos estos elementos conlleva a un adecuado crecimiento individual y grupal.

La concepción general de la evaluación formativa no está dirigida a ser instrumentada, ejecutada por un solo maestro. La evaluación formativa tiene que ser el resultado del accionar pedagógico de todo el colectivo docente en función de lograr transformaciones en los estudiantes tanto en lo académico como en lo actitudinal. 

Un colectivo docente que tenga en su centro de atención al estudiante como elemento activo y consciente de todo el proceso de enseñanza-aprendizaje jamás verá a la evaluación como el instrumento suministrador de datos expresados en por cientos, que midan solamente lo instructivo-intelectual. Es su responsabilidad aplicar la evaluación en su dimensión diagnóstica, tomando en cuenta la diversidad pedagógica de todos sus estudiantes y, en consecuencia, elaborar las estrategias que sean necesarias a partir de la definición de las regularidades que conforman los problemas fundamentales que presenta el colectivo estudiantil. En sus análisis no debe concentrarse únicamente en los resultados cuantitativos o cualitativos de las evaluaciones sumativas sistemáticas, parciales o finales. Todo análisis alrededor de los resultados alcanzados por los estudiantes en el proceso será siempre incompleto, y por ende carente de integralidad, si no tiene, además, en qué medida se ha alcanzado su crecimiento personal en lo que a la parte afectiva-emocional respecta.

Es importante tomar en cuenta un elemento muy importante dentro del sistema de evaluación con una dirección formativa: la autoevaluación y la coevaluación del aprendizaje.

La autoevaluación y la coevaluación son dos de los componentes más importantes de la actividad verbal, y de la formación de mecanismos para este fin en el proceso de enseñanza-aprendizaje, lo que constituye una condición insoslayable para la realización de las acciones y operaciones lingüísticas como actividad concreta de los estudiantes.

Lamentablemente son contadas las oportunidades en que se aprecia en la clase de lengua extranjera la aplicación de este procedimiento y, por el contrario se pierde la oportunidad de involucrar en el proceso de evaluación a todos los estudiantes en general e ir creando en ellos criterios evaluativos sobre la actividad que se realiza, lo que eleva la capacidad de distinguir los errores que se comenten y actuar consecuentemente en su erradicación. Es obvio que en la medida en que el estudiante identifique y concientice dónde se encuentran sus errores e intervenga de manera activa en su erradicación mucho mayor será el nivel de desarrollo que alcance en su sistema de conocimientos

El evaluación de los estudiantes en las clases de lengua extranjera
La evaluación en la clase de lengua extranjera es muy dinámica por cuanto debe tomar en cuenta el desarrollo alcanzado por los estudiantes en su competencia comunicativa, o sea, cómo se comunica en la lengua extranjera a partir de las diferentes funciones comunicativas estudiadas en clase. Por otra parte la evaluación escrita no se basa en la realización de ejercicios puramente de lengua, sino a través de su expresión escrita, en correspondencia del nivel de desarrollo de esta habilidad concebido en el programa docente. La esencia de la evaluación de la lengua extranjera, a diferencia de la de otras asignaturas del plan de estudios, es que ella mide al estudiante como emisor y receptor de información e ideas en una lengua diferente a la propia insertado en determinadas situaciones de comunicación lo más cercanas posible a la realidad tanto en las habilidades receptivas como productivas.

Por tal motivo es necesario valorar el contenido y organización de la evaluación de las habilidades comunicativas en estrecha relación con el material lingüístico estudiado en el sistema de clases, en su unidad y consecutividad didáctica. 

La evaluación debe tener como centro de su atención no sólo el material lingüístico a evaluar sino, además, al estudiante como sujeto de la evaluación. Durante la ejecución de cualquier instrumento de evaluación, sea oral o escrita, el estudiante es consciente de que tiene que realizar una o varias tareas y que para ello tiene que poner en tensión todo su esfuerzo intelectual, volitivo y emocional. Se ve obligado por la situación de evaluación a demostrar cuanto ha aprendido y que le permita dar solución a las tareas evaluativas que han puesto ante él. Esto demuestra la necesidad de que el maestro, al elaborar el instrumento de evaluación, tenga en cuenta el tiempo de que dispone el estudiante para su realización, la relación entre la preparación lingüística alcanzada por estos en el período que se evalúa, como resultado de una adecuada ejercitación previa durante el o los sistemas de clases, y las actividades propuestas en el instrumento elaborado y que las mismas respondan directamente a los objetivos de la enseñanza de la lengua extranjera expuestos en los programas docentes de esta asignatura. 

Un elemento fundamental, devenido objetivo de la enseñanza de cualquier lengua extranjera, es el desarrollo de la competencia comunicativa como ya se ha reiterado en varias oportunidades. En por ello que cualquier instrumento de evaluación en las condiciones de la enseñanza de lenguas extranjeras debe estar dirigido, ante todo, a la verificación de su expresión en situaciones concretas de comunicación. 

Por tal motivo, a fin de llevar a cabo una evaluación de las habilidades comunicativas con efectividad, es necesario que el maestro sea capaz de organizar las situaciones comunicativas a través de las cuales va a llevarse a cabo la evaluación, para lo cual es necesario crear las condiciones de una atmósfera comunicativa lo más cercana posible a las condiciones reales de comunicación como estímulo para que el estudiante se inserte en ella con agrado y así ir quebrantando la presión emocional que provoca el sentirse evaluado. En este caso el maestro deberá convertirse en el interlocutor amable y facilitador de la comunicación, no exigir la correcta utilización de los contenidos lingüísticos por la vía de la inmediata corrección del error cometido a fin de no interrumpir la fluidez alcanzada en la comunicación.

La inserción de los estudiantes en situaciones comunicativas con fines evaluativos deviene el instrumento ideal a través del cual puede medirse el nivel de desarrollo de los hábitos lingüísticos. A través del acto comunicativo el maestro puede valorar el dominio del léxico, de la gramática e igualmente de la pronunciación, entonación y el ritmo. Existe más tensión emocional en el estudiante que se enfrenta a un test o cuestionario con ejercicios de aplicación escrita, que cuando en una atmósfera relajante, natural la evaluación transcurre como una conversación normal entre conocidos en la que no siempre estará presente el interrogatorio rígido que obligue al estudiante a predeterminadas respuestas. A través de la conversación evaluativa, el maestro puede determinar el dominio de cada uno de los componentes de la competencia comunicativa.

En cuanto a la expresión escrita es mucho más productivo dar libertad a los estudiantes de expresar sus ideas a la redacción de un párrafo, cuya dimensión y complejidad dependerá del nivel o estadío en que se encuentre (inicial o intermedio) o de una composición (avanzado).

En este tipo de actividad evaluativa, que mide una de las formas de la comunicación que tiene lugar en la vida real, se puede evaluar de manera integral la ortografía del estudiante en la lengua extrajera a partir de la relación sonido-grafía que este haga, además, en el orden fonético, se comprueba el dominio que tiene el estudiante de las variante alófonas que caracterizan a la lengua extranjera que estudia y su expresión gráfica.

Por otra parte a través de la expresión escrita, como habilidad comunicativa, es posible verificar el uso que hace el estudiante de las diferentes estructuras gramaticales estudiadas en clases durante el período que se evalúa.

Cuando el profesor de lengua extranjera se dispone a preparar cualquier instrumento evaluativo para sus estudiantes se enfrenta a varias interrogantes que actúan como guía para hacer que el mismo cumpla con su verdadero objetivo.

Primero que todo, es necesario que el maestro defina para qué va a evaluar. Es obvio que la respuesta lógica sería: Para identificar los avances y/o retrocesos que se presentan en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Para diagnosticar cómo se encuentra el estudiante.

Es importante que el maestro periódicamente valore el estadío de desarrollo de sus estudiantes y así comprobar la tendencia que va teniendo el desarrollo de la competencia comunicativa en estos. Esto lleva a identificar en qué medida los estudiantes menos aventajados han transitado hacia estadíos superiores en sus posibilidades de comunicación en la lengua que estudian, si los que marchan a un ritmo normal se mantiene o han ascendido en su espiral de desarrollo. Por otra parte, da la posibilidad de ver cómo se ha comportado el nivel de dominio de la competencia comunicativa de los estudiantes más aventajados.

Otra pregunta que surge, y no menos importante, es qué evaluar. La respuesta más rápida que puede dar cualquier maestro de lengua extranjera sería: formación de hábitos y desarrollo de habilidades. Sin embargo lo más importante es evaluar de manera integral el desarrollo de la competencia comunicativa de los estudiantes desde el punto de vista cognitivo. Pero, como ya se dijo anteriormente, sería incompleta la evaluación si la respuesta a esta pregunta no incluyera, las formas de convivencia con el mundo, los sentimientos, los valores y las actitudes de los estos, desde el punto de vista afectivo. La combinación de estos dos elementos en la evaluación garantiza su dirección formativa.

En todo proceso educativo el “cuándo” ocupa un lugar de primer orden. ¿Cuándo evaluar en el proceso de enseñanza-aprendizaje de una lengua extranjera? Siendo la lengua un sistema cuyo dominio se va produciendo en diferentes etapas o estadíos de desarrollo con un ascenso en espiral, se hace necesario que la evaluación tenga un carácter sistemático por la unidad lingüística y dialéctica que esta tiene lo que determina que es imposible alcanzar estadíos superiores en el desarrollo de la competencia comunicativa, si las funciones comunicativas y el material lingüístico estudiado en cada clase o Unidad Temática no han logrado el correspondiente nivel de automatización en su uso durante la comunicación. Es por ello que se hace necesario que todo el sistema de contados sea valorado de manera permanente, lo que permite tomar las medidas necesarias en el momento preciso para garantizar su dominio.

Ahora bien, a partir de todo lo que se ha expuesto hasta este momento, cabría preguntarse entonces: ¿qué cambios se deben medir a través de la evaluación en las clases de lengua extranjera? Para dar respuesta a esta pregunta es necesario proyectarla desde diferentes puntos de vista.

Desde el punto de vista lingüístico-comunicativo se debe evaluar los cambios que se van produciendo en los estudiantes en cuanto al uso de las estructuras de la lengua en un contexto comunicativo. Esto implica, la correspondiente selección de los modelos lingüísticos apropiados para las diferentes situaciones de comunicación en que se encuentre insertado, lo que se relaciona con el uso adecuado de los medios lingüísticos y extralingüísticos.

Siguiendo la dirección formativa de la evaluación, es necesario a través de esta, medir los cambios que se han ido produciendo en los estudiantes en cuanto a su formación en valores a través del sistema de contenidos recibido en la propia lengua que estudia. La inserción de los estudiantes en situaciones de comunicación lo más cercanas posibles a las reales implica, desarrollar en ellos normas correctas de conducta y actuación durante el acto comunicativo con sus interlocutores. La gesticulación, el tono de la voz, la relación afectiva que rodee a los que intervienen en la comunicación facilita o dificulta el establecimiento de la comunicación y, por ende, el buen entendimiento entre los que en ella intervienen.

Es conveniente precisar, en este momento, que la evaluación puede proporcionar tantos aspectos positivos como negativos en el proceso de formación de los estudiantes si no es bien orientada por el maestro. 

En cuanto a los aspectos positivos se pueden señalar los siguientes, entre otros:
· Contribuye a medir el nivel alcanzado en el nivel de dominio de los objetivos planteados (para una clase, una unidad, un período, un curso).
· Deviene elemento de retroalimentación para el perfeccionamiento del proceso de enseñanza-aprendizaje.
· Es un elemento de diagnóstico para la elaboración de adecuadas estrategias didácticas de aprendizaje.
· Puede ser, si es bien orientada, un elemento de incentivación para los estudiantes que les compulse a esforzarse más en la solución de las dificultades detectadas, lo que contribuye a reforzar el carácter educativo de la evaluación
· Debe mostrar al estudiante en verdadero deseo del maestro en ayudarle a resolver las deficiencias detectadas.
· Aminora los efectos negativos en el orden afectivo cuando la actitud del maestro es solidaria, honesta y justa.

Como elementos negativos se pueden distinguir:
· Falta de articulación horizontal y vertical dentro del sistema de conocimientos, hábitos y habilidades de la lengua extranjera dentro del curso y en el plan de estudio en general, así la no consideración de su vínculo con las experiencias de la actividad creadora de los estudiantes y sus normas de actuación personal.
· No se toman en cuenta los vínculos interdisciplinarios en la concepción general del sistema de evaluación como consecuencia, generalmente, de su ausencia en el sistema de clases.
· Solamente se concreta a dar un valor numérico o literal sin otras consecuencias positivas.
· El nivel de exigencia y complejidad de la evaluación no se corresponde con esos mismos parámetros en las clases desarrolladas.
· No tiene carácter integrador y generalizador, sino que solo se limita a cuestiones muy específicas y generalmente esquemáticas. 
· Solamente incluye la formación de hábitos y deja a un plano secundario el desarrollo de habilidades, lo que evidencia la ausencia de una consecuente aplicación del enfoque comunicativo.
· No mide el cambio que la propia lengua extranjera ha proporcionado a los estudiantes en el orden actitudinal.
· Deviene, ocasionalmente, en medio de intimidación para alcanzar determinados objetivos, lo que no es educativo y pone de manifiesto un determinado grado de agresividad por parte del maestro, siendo ello un reflejo de su incapacidad e incompetencia pedagógica para resolver los problemas de su grupo por otras vías más educativas.
· Puede provocar efectos negativos en la formación de la personalidad de los estudiantes cuando los resultados de la evaluación, por ser manejados inadecuadamente, pueden humillar al evaluado o cuando la actitud del maestro es irónica y burlesca por el resultado negativo alcanzado.

Finalmente se hace necesario aclarar, aunque parezca obvio, que tanto los elementos positivos como negativos señalados anteriormente son el resultado de una adecuada o inadecuada aplicación del sistema de evaluación, el que puede estar muy bien estructurado y fundamentado en su concepción curricular pero que a la hora de llevarlo a cabo se fortalece o desvirtúa, se consolida o deforma, educa o mal educa.

CONCLUSIONES
El sistema de evaluación en las clases de lengua extranjera debe y tiene que responder a las exigencias de la adecuada y sistemática aplicación del enfoque comunicativo en el sistema de clases. Cualquier instrumento de evaluación, oral o escrito, debe estar encaminado a evaluar el nivel de dominio de los hábitos lingüísticos a través de las habilidades comunicativas en una situación comunicativa lo más cercana posible a la realidad, y no por separado, tal actuación evidencia un pobre dominio del enfoque comunicativo.

Por lo antes expuesto se puede concluir que la evaluación no es positiva o negativa en si misma sino por las implicaciones que ella trae como consecuencia de un inadecuado manejo por parte del maestro.

Si después de efectuar cualquier tipo de evaluación, de ella no se deriva una acción educativa que convierta la insuficiencia en suficiencia y logre un sentimiento de autosuperación en los estudiantes entonces la evaluación, como categoría didáctica no ha cumplido su cometido.

Un proceso de evaluación no fundamentado en valores educativos corre el riesgo de convertirse en un proceso de medición más que en un proceso de mejora. La evaluación no es un fin en sí misma, sino un medio para el mejoramiento educativo. Los valores educativos han de guiar no sólo el QUÉ evaluar, sino CÓMO evaluar.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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- Castro Pimienta, O.D. Curso: Evaluación en la escuela, ¿reduccionismo o desarrollo?. 
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- Wallace, Michael J. Training Foreing Language Teachers. A reflective approach. Cambiridge University Press. Fifth printing. Great Britain. 1995.

AUTOR
MSc Roberto G. González Cancio. Profesor Auxiliar
Universidad Pedagógica “Enrique José Varona”.
Facultad de Lenguas Extranjeras
Ciudad de La Habana. CUBA.
E-Mail: roberto@ispejv.rimed.cu



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