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El sufrimiento expiatorio de Jesús de Nazaret

Resumen: El acto expiatorio llevado a cabo por Jesús, llamado el Nazareno (1), hijo de Dios, el Eterno Padre por el poder del Espíritu Santo, hijo adoptivo en la carne de José- hombre justo(2)- el carpintero e hijo de María (3), es casi incomprensible para mi torpe mente carnal que sufre por alcanzar la comprensión eterna y divina de ese acto de sumisión, de amor, por parte de un Dios, evidentemente misericordioso. El nombre Jesús significa Salvador. En San Mateo 1: 23 leemos que Jesús también puede ser llamado Emanuel cuyo significado es: Dios con nosotros.¿Cómo hacer para que Dios (Jesús) esté conmigo?¿Cómo puedo hacer realidad en mí Su acto sublime?

Publicación enviada por Lic. Cecilia Rè




 


INDICE

 Introducción    

Desarrollo

Conclusión                                                                                                       

Referencias Bibliograficas                

 

Introducción

El acto expiatorio llevado a cabo por Jesús, llamado el Nazareno (1), hijo de Dios, el Eterno Padre por el poder del Espíritu Santo, hijo adoptivo en la carne de José- hombre justo(2)- el carpintero  e hijo de María (3), es casi incomprensible para mi torpe mente carnal que sufre por alcanzar la comprensión eterna y divina de ese acto de sumisión, de amor, por parte de un Dios, evidentemente misericordioso.

El nombre Jesús significa Salvador. En San Mateo 1: 23 leemos que Jesús también puede ser llamado Emanuel cuyo significado es: Dios con nosotros.¿Cómo hacer para que Dios (Jesús) esté conmigo?¿Cómo puedo hacer realidad en mí Su acto sublime?

Como es propio de la Hermenéutica Sacra (4)(5), pido en oración que el Santo Espíritu me acompañe para que pueda acercarme cada vez a ésta comprensión y pueda hacer que su sacrificio no sea en vano y Èl permanezca conmigo.

 

Desarrollo

En los sagrados pasajes bíblicos pertenecientes a los libros Mateo, Marcos y Lucas, ubicados en el Nuevo del Nuevo Testamento, encontramos la descripción del sacrificio expiatorio que padeció Jesús de Nazaret, el Cristo. Estos pasajes relatan la experiencia del Salvador en el Jardín de Getsemaní:

Mateo 26:36–46

36 Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo voy allí y oro.

37 Y tomando a Pedro, ya los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera.

38 Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.

39 Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.

40 Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podiso velar conmigo una hora?

41 Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

42 Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.

43 Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño.

44 Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras.

45 Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores.

46 Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega.  

 

 Marcos 14:32–42  

32 Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto yo oro.

33 Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse.

34 Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad.

35 Yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora.

36 Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú.

37 Vino luego y los halló durmiendo; y dijo a Pedro: Simón, ¿duermes? ¡No has podido velar una hora?

38 Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

39 Otra vez fue y oró, diciendo las mismas palabras.

40 Al volver, ora vez los halló durmiendo, porque los de ellos estaban cargados de sueño; y no sabían qué responderle.

41 Vino la tercera vez, y les dijo: Dormid ya, y descansad. Basta, la hora ha venido; he aquí, el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores.

42 Levantaos, vamos: he aquí, se acerca el que me entrega.  

 

Lucas 22:39–46

39 Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también les siguieron.

40 Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación.

41 Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró,

42 diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuta.

43 Y se la apareció un ángel del cielo para fortalecerle.

44 Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.

46 y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación.

El tema de la Expiación es el acto voluntario de Jesucristo de tomar sobre sí la muerte, los pecados y las enfermedades de todo el género humano. En estos pasajes citados se concentra la experiencia que tuvo el Salvador en el Jardín de Getsemaní o Monte de los Olivos. Es importante recordar que la Expiación incluyó el sufrimiento del Salvador tanto en el jardín como en la cruz.

Actualmente, el  Huerto de Getsemaní se encuentra  poblado de olivos centenarios, de retorcidos troncos que han alimentado la convicción de que pueda tratarse de los mismos  olivos que fueron testigos del sacrificio expiatorio, llevado a cabo esa última noche, antes de que Jesús fuese aprendido por los soldados romanos.

La palabra Getsemaní trae su origen de la expresión hebrea Gat Shemen que significa prensa de las olivas, con evidente alusión a la natural abundancia de este tipo de plantas que, como en otros lugares, caracterizan el paisaje vegetal de la Tierra Santa.

El Monte de los Olivos ocupa un lugar preeminente en la narración evangélica, pues aquí pasó la noche orando Jesús antes de ser prendido, orando con angustia mortal, tal como lo declara Mateo, Marcos y Lucas.

Jesús pidió a Sus apóstoles que oraran en el Jardín de Getsemaní. Pienso que solicita esto a sus seguidores porque sabe de su debilidad carnal heredada de María y el sufrimiento físico que deberá afrontar al tomar sobre sí los pecados de la humanidad.

También, Emanuel tiene conciencia plena de quién es y de su divinidad, pero tomar sobre sí los pecados de todo el género humano, supone un padecimiento espiritual sumamente grande. Él, el Hijo de Dios el Padre, Creador de todo lo que se haya sobre la Tierra, Ser Santo y sin mancha, que aborrece el pecado aún en su más mínima expresión, se sacrificará por los de impíos, los inicuos, los impuros, los de frío corazón.  Sólo pide ser acompañado en oración, porque la oración de los justos será oída en los cielos y sólo así- fortalecido en su espíritu- puede beber ésta amarga copa y no desmayar. Junto a estos olivos, Jesús pidió a Pedro, Jacobo (Santiago) y Juan que  velaran. Velar significa permanecer despierto.

Después que Jesús dijo que haría la voluntad de nuestro Padre Celestial, “...se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle” Este pasaje  nos enseña acerca de nuestro Padre Celestial que Él nos fortalecerá si hacemos humildemente Su voluntad.

Indudablemente, para  la mente humana finita, la agonía de Cristo en el jardín es insondable, tanto en lo que respecta a intensidad como a causa. Luchó y gimió bajo el peso de una carga que ningún otro ser que ha vivido sobre la tierra puede siquiera concebir de ser posible. No fue el dolor físico, ni la angustia mental solamente, lo que lo hizo padecer tan intenso tormento que produjo una emanación de sangre de cada poro, sino una agonía espiritual del alma que sólo un Dios es capaz de conocer y soportar.

En esa hora de angustia el Cristo resistió y venció su debilidad  y el Salvador tomó sobre sí la carga de los pecados de todo el género humano, desde Adán hasta el fin del mundo, es decir, por los hombres que fueron, son y serán.

Como parte de su expiación infinita, Jesús conoce ‘según la carne’ todas las pruebas que pasamos los mortales. Él sobrellevó los pecados, los pesares, las aflicciones y  sufrió los dolores de todos los hombres, mujeres y niños.

¿Por qué necesitamos la expiación de Jesús el Cristo? Por causa de la caída de Adán y Eva, estamos sujetos a la muerte física, la cual es la separación del cuerpo y el espíritu. Cuando pecamos, ocasionamos la muerte espiritual porque nos separamos de Dios. Por causa de nuestros pecados, nos volvemos impuros y no es posible que moremos con Dios . Puesto que no podemos vencer ni la muerte física ni la espiritual por cuenta propia,  Dios el Padre envió a Su Hijo Unigénito para que ofreciera la Expiación (Juan 3:16).

Como resultado del sacrificio expiatorio efectuado, el género humano se benefició del siguiente modo:

a. Debido a que el Salvador se sometió a la muerte y resucitó, todos resucitaremos, venciendo así la muerte física.

b. Porque Jesùs tomó sobre sí nuestro pecados, podemos arrepentirnos y ser perdonados, lo cual nos vuelve limpios y dignos de morar con Dios.

c. Dado que tomó sobre sí nuestras enfermedades, Él comprende nuestras dificultades y sabe cómo ayudarnos . Cuando guardamos sus mandamientos y lo seguimos con humildad, poniendo en práctica su mensaje recibimos paz .

Mediante el sacrificio expiatorio, todas las personas se salvan de la muerte física y las personas  arrepentidas y obedientes también se salvan del pecado. Fue necesaria la expiación de Jesucristo para volver a unir el cuerpo y el espíritu de los hombres en la Resurrección. Por ese motivo, todo el mundo, tanto creyentes como incrédulos, tienen una deuda con el Redentor por su resurrección segura, porque ésta comprenderá a todo el género humano así como lo fue la Caída de Adán, la cual trajo la muerte a todo hombre.

Además de expiar la trasgresión de Adán, llevando a cabo de esa manera la resurrección, el Salvador, mediante Su sufrimiento, pagó la deuda de mis pecados personales, el suyo y el de los otros, los de todos. Él pagó la deuda por los pecados personales de usted y de toda alma viviente que jamás haya morado o que morará en la mortalidad en la tierra. Pero esto fue condicional. No recibiremos incondicionalmente los beneficios del sufrimiento por nuestras transgresiones individuales, en el mismo sentido en que recibiremos la resurrección a pesar de lo que hagamos. Si participamos de las bendiciones o beneficios de la Expiación en lo que concierne a nuestras transgresiones personales, debemos obedecer la ley (6).

Cuando cometemos pecado, nos alejamos de Dios y ya no somos dignos de entrar en Su presencia (7). Ninguna cosa impura puede entrar en Su presencia. Por nuestra propia cuenta, no importa cuánto esfuerzo pongamos, no podemos deshacernos de la mancha que llevamos a cuestas como resultado de nuestras propias transgresiones. Esa mancha debe lavarse con la sangre del Redentor y Él ha establecido los medios por los cuales eso se puede llevar a cabo y es el Evangelio de Jesucristo.

Poco después de la agonía en Getsemaní, Jesús es traicionado por su apóstol Judas, quien aparece con los principales sacerdotes, los fariseos y los soldados. Jesús se entrega a sus aprehensores, quienes se lo llevan del jardín y lo someten a un tribunal judío. Primeramente, es interrogado por Anás, quien había sido un sumo sacerdote y después por Caifás, el sucesor y yerno de Anás. Los principales sacerdotes- de  quienes nos aclaran las escrituras, sentían envidia hacia Jesús-y  los ancianos que están presentes escupen a Jesús, se mofan de Él, lo atan y lo acusan de blasfemia, ofensa castigada con la pena de muerte. Afuera del palacio de Caifás, Pedro niega conocer a Jesús, tal como lo había profetizado.

Dado que los principales sacerdotes y los ancianos no tienen el poder para sentenciar a muerte a Jesús, lo envían a Poncio Pilato, el gobernador romano en Judea, para que él lo someta a juicio. Estando ante Pilato, se acusa a Jesús de ser enemigo de César. Al saber que Jesús es de Galilea, Pilato lo envía a Herodes, gobernador de esa provincia. Herodes rehúsa juzgar a Jesús y lo envía de vuelta a Pilato, quien cede ante las demandas de la gente de que Jesús sea crucificado.

Continuando con la misión expiatoria del Rey de Reyes,  después de ser aprehendido por los soldados romanos, levantado contra Él falso testimonio, habiendo recibido puñetazos, bofetadas, vituperios y escupidas, fue entregado a la muerte.

Desnudado de sus ropas en público y vestido con manto escarlata, le pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas. En su mano empuñaba una caña, a modo de centro y los soldados, entre burlas, le reverenciaban (8).

Conducido con mansedumbre hacia el lugar llamado Gólgota, que traducido significa: lugar de la  Calavera, lo crucificaron. No conforme con el tormento físico que significa el estar clavado a una cruz, sufriendo de deshidratación, Jesús continuó padeciendo el escarnio y las burlas y no siendo suficiente con esto, le dieron de beber vinagre. Y frente a sí, echaron suertes sobre sus ropas. Hasta los ladrones que se hallaban con El en esas amargas horas de angustias, cuya conducta había sido reprochable, osaron en injuriarle.

Habiendo soportado previamente el tormento físico espiritual acaecido en el Jardín del Getsemanì y  los golpes, los azotes, las bofetadas, las escupidas y las burlas hasta la cruxificiòn  y luego los tormentos ya descriptos, abandonado por sus fuerzas físicas, clamó:

Según San Mateo “Elì, Elì, ¡lama sabactani?” esto es: Dios mío, Dios mío, ¿ por qué me has desamparado?”;

Según San Marcos “Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?;

Según San Lucas “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” y luego de esto entregó el su espíritu o expiró.

El dolor más profundo y angustiante del Salvador, el cual no fue causado por las espinas de la

corona, ni los clavos de las manos y los pies, es el de sentirse total y absolutamente solo en el momento único de afrontar la muerte ‘...Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Y cómo su petición su justa, el Eterno Padre lo arrebata consigo, habiendo sufrido en carne y espíritu la obra más grande que ningún simple mortal es capaz de realizar.

 

Conclusión

Sin fe en el sufrimiento y misión de Jesús como el Mediador, el Mesías, el Redentor y / o el Cristo, su agonía y muerte  no implica ningún tipo de sufrimiento intelectual o espiritual, pero para el Cristianismo tiene consecuencias eternas y temporales; debería ser motivo de inquietud y de movilización- por parte de los que dicen ser creyentes- hacia hacer el bien, o como declaró el Unigénito del Padre Eterno: “Esto os mando: Que os améis unos a otros”(9) porque el que lo aborrece a Él, también lo aborrece al Padre (10) y “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (11).

El Evangelio requiere que creamos en el Redentor, que aceptemos Su Expiación, que nos arrepintamos de nuestros pecados, que nos bauticemos por inmersión para la remisión de éstos, que recibamos el don del Espíritu Santo por la imposición de manos, y que continuemos observando fielmente, o tratando de hacerlo, los principios del Evangelio todos los días de nuestra vida.

 

Referencias Bibliogràficas

(1)   ver San Mateo 2: 23 Nuevo Testamento en la Santa Biblia

(2)   ver San Mateo 1: 19 Nuevo Testamento en la Santa Biblia

(3)   ver San Lucas 1: 26-35 Nuevo Testamento en la Santa Biblia

(4)   http://www.iveargentina.org/Foro_Exegesis/Textos_Magisteriales/interpretaciòn

(5)   http://www.angelfire.com/hi2/horizon

(6)   ver Éxodo capítulo 20 y Levítico capítulo 19 Antiguo Testamento en la Santa Biblia.    

(7)   ver Levítico 20:7-8

(8)              ver San Mateo capitulo 27: 27-50; San Marcos 15: 16-47; San Lucas 23: 26- 46.

(9)   Ver San Juan 15:17

(10)                      Ver San Juan 15: 23

(11)                      Ver San Mateo 7: 21-22

 

“DEL SABER Y DEL SUFRIR”

Autora:

Licenciada Cecilia Rita Rè

5 Y 6 DE NOVIEMBRE 2004

UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PATAGONIA AUSTRAL

UNIDAD ACADEMICA RIO GALLEGOS

 

IV ENCUENTRO ANUAL DE HERMENÉUTICA APLICADA



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