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Lo Inhumano de lo Humano

Resumen: El presente análisis solo constituye una reflexión acerca de los conflictos que se dan en el límite que separa lo humano de lo inhumano, actitudes que son recurrentes en las relaciones interhumanas, son cotidianas, están cerca, y son visibles más allá de que no se quieran ver porque se indaga sobre la dignidad-indignidad; entre lo bueno y lo malo; entre la ética y la carencia de valores.

Publicación enviada por Lic. Patricia Whelan




 


El presente análisis solo constituye una reflexión acerca de los conflictos que se dan en el límite que separa lo humano de lo inhumano, actitudes que son recurrentes en las relaciones interhumanas, son cotidianas, están cerca, y son visibles más allá de que no se quieran ver porque se indaga sobre la dignidad-indignidad; entre lo bueno y lo malo; entre la ética y la carencia de valores. 

Desde la prehistoria, pasando por la edad antigua durante la cual nacieron las primeras civilizaciones hasta la caída del Imperio Romano; la Edad Media que transcurre en medio de la violencia europea por la hegemonía sobre el mundo, sobretodo cuando llegó a América; el Renacimiento, período contradictorio entre la nueva significación del valor humano y el sometimiento de los más poderosos sobre los más débiles; la Edad Moderna que en la lucha por liberarse de las monarquías absolutas, la Revolución Francesa cierra este período con la “reivindicación de los derechos civiles y políticos”; y la postmodernidad en la que se suceden, quizás los hechos más contundentes que sugieren la dialéctica humano-inhumano, tales como las dos guerras mundiales, los regímenes totalitarios más crueles de la famosa “civilización”; Hiroshima, Nagasaki; y hasta nuestros días, más guerras, más pobreza, más xenofobias, más discriminación. El mundo contemporáneo muestra la sincronía de la historia, indicándola como una secuencia de hechos concurrentes, que lejos de ser aleccionadores, son disparadores de más odios y desesperanzas lo que se comprueba cotidianamente.

La posmodernidad se ha presentado con un desarrollo tecnológico inusitado: la industrialización, la mundialización, la presencia del mensaje de los medios de comunicación guiados ideológicamente por los principios de un discurso único. Ello trajo más inequidad, mayor concentración de la riqueza, un paulatino proceso de empobrecimiento, con una lógica que se repite en el ámbito internacional, nacional y local. Si bien se entremezclaron etnias, se achicaron las distancias, se superaron barreras ideológicas que identificaban a la bipolaridad, el mundo hoy se encuentra dividido entre países desarrollados y los subdesarrollados, en el marco de un nuevo orden internacional: la unipolaridad, distancia esta que se hace cada vez más difícil de acortar, y que encubre y disfraza situaciones monstruosas. No obstante, puede afirmarse que algunas características de la posmodernidad se presentan como positivas, tales como: 

· Se hizo explosionar la última partícula del cosmos pensada como indivisible, reconociendo la continuidad, la mutabilidad, la reversibilidad y la relatividad de la materia y de la energía.

· La reivindicación de derechos a comienzos del s. XIX, luego de la Revolución Francesa, lo que redundó en el reconocimiento de la libertad e igualdad resignificando la dignidad del hombre, no es un hecho que pueda pasar desapercibido, trajo consigo la abolición de la esclavitud, el primer paso para la reivindicación de los derechos sociales, el reconocimiento de los derechos del hombre en general; Los Derechos de los Niños y Adolescentes; la paulatina liberación de la mujer y el principio de su conquista de su igualdad con los varones, a pesar de las diferencias existentes aún. 

· Esto también contribuyó a una creciente difusión y a una progresiva cosmovisión del mundo y del hombre en si mismo. La mujer fue incorporándose al mundo intelectual, político y cultural, los que eran considerados solo espacios de varones. Este dominio nuevo de la mujer constituye una realidad genuina de la posmodernidad.

· La relativización creciente del dogmatismo como pensamiento absoluto; la resignificación de la existencia de una sola ética precisa, por la aceptación de la diversidad de éticas; la posibilidad de rediscutir sobre que lo que es, puede no ser, que nada es idéntico a sí mismo luego de la contraposición de la razón con la lógica, de la idea de que lo dogmático era absoluto y verdadero. 

La puesta en tela de juicio de estas categorías, y la aceptación de la existencia de posibles resignificaciones de las mismas, reconociendo que una cosa no es forzosamente idéntica a sí misma, gracias al manejo creciente del pensamiento dialéctico frente a la asimilación identificatoria, como equivalencia axiomática de la razón con la lógica, de aquella concepción de las ideas como absolutas y de que lo dogmático ya no es tan indiscutible; el advenimiento de planteos que conducen a la multicausalidad: por ejemplo el reconocimiento de la salud ya no como “el no estar enfermo sino como calidad de vida”; el asumir las consecuencias ecológicas de la tecnología y el mal uso de la naturaleza como una amenaza para el futuro. En síntesis, y tal cual lo plantea Octavio Paz:”…el s. XIX heredó de la Enciclopedia la idea de un hombre universal, el mismo en todas la latitudes: nosotros en el s. XX descubrimos al hombre plural, distinto en cada parte. La universalidad ya no es el monólogo de la razón, sino el diálogo del hombre y las diferentes culturas. Universalidad significa pluralidad.

EL YO
En realidad cuando yo estoy solo, estoy conmigo mismo, con una profundidad que significa una dualidad de la mismidad. Y esa dualidad esta en un espacio y en un tiempo determinado. Ese algo que esta dentro de mi, surge de mi interioridad, y no puedo dejar de ser y estar solo. Soy yo, mi interior, y esa mismidad en un ambiente particular, tanto externo como interno. Estas dualidades se dan en la dialéctica de lo finito y lo infinito, es el estar, aquí y ahora como la finitud; y el ser como infinito. Esta duplicidad sumada al algo, algo hay o hubo, o habrá ¿después? o ¿antes del después? Significa la búsqueda del hombre y su necesidad de penetrar en el misterio de lo desconocido; a pesar de que el anhelo sea aprehender, comprender, y conocer lo que se desconoce. Cada ser humano es el centro de su propio universo, de allí la diversidad de cosmovisiones, y desde lo individual surge lo social. 

EL YO Y LOS DEMAS: EL NOSOTROS
Los animales se mueven respondiendo a mandatos instintivos, pero el hombre además de estos responde a fuerzas externas que lo hacen reproducir conductas diferentes, influencias educativas, culturales, étnicas, sociales. Estas fuerzas se manifiestan como necesidades que requieren su satisfacción. Buscar y encontrar; encontrar y tener; tener y dar; apetecer y saciar; esperar y obtener, o no; esto es esperando la satisfacción de los impulsos del ser humano, el que espera conciente y voluntariamente porque no trata solo de satisfacer aquellas necesidades físicas, las del cuerpo; sino de admirar, creer, soñar, comprender, prevalecer, acumular, alcanzar, desear, satisfaciendo las demandas de la trascendencia. Estos impulsos aparecen como necesidades que requieren satisfacción inmediata, lo que conlleva a la búsqueda de su satisfacción y producen frustraciones intensas si no se logra. No importa el cómo, porque la búsqueda aunque a veces criminosa e insana, supone el carácter destructivo suplantando al constructivo. Mas allá de que las necesidades sean justas o injustas, razonables o irracionales, pueden repetirse las conductas de búsqueda una y otra vez, ya que su satisfacción produce un placer que se constituye en objetivo en si mismo. La necesidad es el placer, y la satisfacción es encontrarlo; y, aunque su disfrute sea breve tiene que ver con actitudes vehementes del hombre contemporáneo. 

EL HOMBRE Y LOS VALORES
Los valores son hoy construidos ya no desde la ética, sino desde la relatividad. En tanto son polivalentes, son presa de una polaridad, porque todo vale… a cada valor le corresponde un disvalor. Ya no dependen de la esfera individual propiamente dicha, sino de otras intrínsecas y extrínsecas. Los valores no son medibles, no son cuantitativos, pero la jerarquía de los mismos depende de la subjetividad de quien la crea, por lo que pueden variar. También son cambiantes, son pasibles constantes de revisión porque dependen del momento histórico y la concepción que se posea del mundo y del hombre. De todas maneras hay valores que podrían considerarse como permanentes e inquebrantables en nuestra cultura:

· Valores éticos, el bien y el mal, y la conquista del bien.

· Valores morales: lo justo y lo injusto, buscando la equidad y la justicia.

· Valores eróticos: el amor y el rechazo.

· Valores vitales: la vida (bios) y la muerte (tánatos).

· Valores estéticos: lo bello y lo feo.

· Valores del conocimiento: verdadero-falso, para alcanzar la sabiduría.

· Valores religiosos: lo sagrado con lo profano.

· Valores espirituales: la inmanencia a la trascendencia.

· Valores hedonísticos: desagrado–agrado, en la búsqueda del placer.

· La libertad: entre la sumisión y el poder.

· La paz: entre la serenidad o la violencia.

· Valores de calidad humana: la dignidad, la decencia, la fidelidad, la lealtad y la honestidad, o la indignidad, corrupción, infidelidad, deslealtad y ruindad.

Este conjunto de valores positivos, deseables, varían para algunos e igualmente son jerarquizados de manera diferente, pero en general son los que le dieron significado al concepto de dignidad humana, cimentando el humanismo, y diferenciando al hombre de las demás especies. La espiritualidad, la valoración de la belleza, la búsqueda de la verdad, el afán del conocimiento, la percepción del amor, la distinción del bien, de la equidad, la justicia, el honor. Ante este abanico de posibilidades resulta sorprendente que el hombre se situé en el campo contrario, en el lado que lastima al individuo “en el yo y en el ellos”, alejándose del “nosotros” como una concepción de lo social, de lo que todos conformamos, del que todos somos parte. Trocando aquellos por la corrupción, la deshonestidad, la discriminación, la xenofobia, la corrupción, la tortura, mediante el autoengaño, la represión, el olvido, el desconocimiento del otro, la distorsión de la realidad.

Esto supone la obviedad de las diferentes jerarquizaciones de valores, ya desde el sí mismo como la mismidad del otro sustentan la diversidad axiológica. El malestar espiritual se da en función de la existencia de conflictos entre las diversas valoraciones. Los conflictos generan un desasosiego interior, el que a su vez genera conductas violentas, y estas originan réplicas. Es un proceso en el cual se modifican los fines como la ética de lo humano. El conflicto supone una disnomia (Querol, 1966), es decir una dificultad en la elaboración axiológica, la que es intrapsíquica y presupone violencia para consigo mismo. 

Si bien el humanismo pretendió mostrar al hombre como ideal, la historia refleja escasos planteos axiológicos de los valores por parte de “ese hombre ideal”. Muy por el contrario: lo señala como injusto, malo, soberbio, generador de dolor en sí mismo y en el otro, orientado hacia la muerte y la del otro, guiado por la ambición de poder, la traición, la codicia, por el odio e incluso, cometiendo las mayores atrocidades “en nombre de Dios” según su propia religión. La falsedad, la barbarie, la arbitrariedad, la confabulación, la deslealtad, el exterminio del otro por su diversidad (ideológica, étnica, cultural, religiosa, social, etc.) Estas características son de naturaleza pura y exclusivamente humana. Simplemente es “la indignidad humana”.

La posmodernidad hoy, inmersa en el mito de la globalización contribuye a esta deshumanización del hombre con la bajada indiscriminada de información, lo aísla y lo posiciona en una ignorancia, que encubierta por “un conocimiento rápido”, puede llegar a convertirlo en un buscador constante de alternativas de destrucción, que lejos de acercarlo a la sabiduría lo hace presa de adicciones, de dependencias, de una alienación permanente, convirtiéndolo en un ser desvalorizado, violento; que transcurre en medio de la separatidad con los demás, conciente o inconscientemente, la fase de su propia aniquilación. (Querol, 1999)

Esta separatidad que se da entre lo humano y lo inhumano puede percibirse en la tortura: que puede manifestarse por el martirio, la acción de infringir dolor, o la incertidumbre misma. La tortura rompe el cuerpo; como la explotación insensata de la naturaleza quiebra la armonía del medio ambiente; de la misma manera la desnutrición deja secuelas irreparables en el desarrollo del ser humano; como el desempleo sumerge en la depresión y en la parálisis a las personas, una inmovilidad que impide el progreso, obstaculiza el cambio, maneja la voluntad, imposibilita la esperanza, crea miedo a ser libres, oscurece el futuro, profundiza la dominación de los poderosas y acentúa la dependencia de los que no lo son. Por ello puede afirmarse que en una sociedad marcada por el individualismo absoluto, la solidaridad y el reconocimiento del otro tal cual es pueden llegar a ser simples quimeras... 

Continuamente aparece la violencia en las expresiones, en los gestos, en las palabras, en el rostro del sufrimiento y la soledad. Basta caminar por las ciudades para darse cuenta de una realidad en la cual no prosperan las ocultaciones. En las que son parte del paisaje cotidiano los chicos de la calle, vagabundos, madres con sus bebes mendigando una moneda, personas que caminan mirando sin ver, como hablando consigo mismos. ¿Por qué estaremos tan inmersos en la soledad en medio de la multitud? ¿Se rompió el hombre? O ¿Se rompió, definitivamente la humanidad del hombre? . La humanidad avanza sin muchas expectativas, sin saber que le espera el mañana, no puede exorcizar el miedo. Lo inhumano se visualiza en la solidaridad quizás: porque no se crea para el débil, ni para el vulnerable, ni para quien es diferente, ni para el mendigo, o para el negro, o para el para el que revuelve basura en busca de alimentos. Los mecanismos de ayuda son fieles retratos de esta “nueva solidaridad”, que solo desnuda la putrefacción del poder, porque de él dependen la desigualdad, la corrupción, el hambre de tantos, la indiferencia de casi todos; el ocultamiento de la verdad. Para este disvalor, el valor es la educación, el enseñar a ser, a reconocer, a compartir. Para construir una esencia humana que intercepte y termine con lo inhumano, en el que desparezcan las contradicciones propias de la lógica del poder, que por una parte invita a las Naciones a adherir a Tratados Internacionales de Derechos Humanos, los firman, les otorgan jerarquía constitucional. Pero paralelamente encubren situaciones que permiten que la basura de la opulencia sea la comida de los hambrientos; y la luz de los ricos apenas de lumbre a la oscuridad de los pobres. ¿Son esos los derechos del hombre? ¿Qué es el hombre entonces? ¿De qué depende la condición humana? ¿Acaso la indiferencia no es inhumana? ¿No es un acto de crueldad absoluta?

El individualismo se asemeja a una prisión de máxima seguridad. Cada momento que pasa el hombre se encuentra más preso de sí mismo, uno solo pasaría a ser grupo si quedara librado a sus propias fuerzas, a sus propias habilidades o capacidades para la resolución de sus necesidades, porque el otro ya no importa, no tiene valor, no se respeta. El poder tiró la cuerda y dejó a la deriva a las personas para que se tomen de la cuerda del “sálvese quien pueda”, para enfrentarlas a la “ley del más fuerte”. Las utopías perdieron su significado. Desaparece la autenticidad y pesa la materialidad, lo que supone la sumisión al poder, y esta atadura al poder no puede romperse…porque se rompió la lógica de la libertad, del ser uno mismo, del ser con el otro, de aceptar el nosotros. No hay un rumbo, se habla sin ser escuchado, se ha obnubilado la conciencia para crear esta dependencia, el fin último del poder. ¿Es esto humano? Si el sometimiento es una acción animal, instintiva…por lo tanto ¿no es inhumana? El salvajismo ejercido contra la naturaleza: selvas desvastadas, la desertificación, la contaminación, la extinción de tantas especies, ¿son ocasionados por actos animales o humanos? ¿Atentan contra la muerte para salvar la vida? O ¿provocan la muerte para terminar con “vidas”? ¿No es esto el pleno ejercicio de la impunidad? ¿No es muerte serial?

Y la humanidad sigue su paso, sin darse cuenta… ¿o quizás está planificada la destrucción para que sobrevivan solo los más fuertes? ¿No es esto deliberado? ¿Es casual?
Lamentablemente lo normal hoy es lo inhumano, y lo anormal lo humano. Y aquí está la elección de las personas, entre esta dialéctica a los fines de resguardar la condición humana. En el mundo de hoy lo humano es la excepción y lo inhumano la normalidad. Ese mundo debe ser cambiado sin que importe el precio a pagar. Ningún costo puede ser más alto que perder la condición humana. Porque los planteos parten solo de interrogantes que aún no pueden responderse. 

Las necesidades insatisfechas son la medida de casi todas las cosas. El neoconservadurismo, la globalización, el capitalismo, la mundialización, el discurso único, el libre mercado y la teoría del derrame, son solo sinónimos de lo inhumano. Lejos de cuidar la vida, cada vez tiene menos valor. Lo importante radica en el éxito, el dinero, la fama, la belleza, la obsesión por el poder, la indolencia ante el sufrimiento de los demás. Desde la perspectiva de lo humano radica la preocupación del hambriento, del grito del dolorido, el cansancio del explotado, la angustia de quienes no tienen horizonte, una estética que equilibre, que iguale la oportunidades, que permita opinar, que deje ser, que considere la posibilidad vivir sin miedos, que acepte el ser diferente. 
Parece que el tiempo hubiera retrocedido ya que reaparecieron enfermedades erradicadas, las guerras raciales, la explotación de los trabajadores, la pérdida de derechos, ¿qué huelga pueden hacer los desocupados? ¿Sobre qué pueden expresarse los analfabetos? ¿Cómo pueden estudiar los desnutridos? Si la impunidad es legítima porque los derechos los tiene el poder, pero no las personas. El poder decide quienes, para quienes, cómo y cuando. La justicia es ciega para algunos, no para todos, ya que hasta en ella existe la contaminación de quienes tienen la potestad y el dominio.

Definitivamente encontrar la respuesta para revertir esta realidad es comenzar a darse cuenta de que no pueden perecer las utopías, porque esto sería la muerte misma; no tolerar que solo queden despojos de la humanidad, formando e informando con la verdad, preocuparse y ocuparse sin hacerse cómplices de lo inhumano, enseñar a leer y a escribir, pera vivir y para sobrevivir. Trasmitir los valores fundamentales cimentados en la solidaridad desechando la cultura mercantilista y totalitaria del discurso único. Vencer la hipocresía desde la realidad. En definitiva…resistir, para vencer a lo inhumano y poder reconstruir lo humano. 

En el seminario el Dr. J. C. Filloux planteó que la cultura es “el producto de la activad del hombre”, mientras que la civilización es “el desarrollo de la humanidad en procura de su perfeccionamiento”. Así comenzó la vinculación entre la civilización y la humanización, afirmando de manera categórica que la civilización no es garantía de la humanización, sino por el contrario, considera a la cultura actual como “descivilizadora”, fundamentando este concepto en el profundo vaciamiento ético de la humanidad. Mencionó como ejemplos las “limpiezas étnicas”, y remarcó la variabilidad de la concepción de lo humano según el tiempo, el espacio y las circunstancias. Y por cierto, afirmó que la educación es la impulsora y demarcadora de límites en el niño en su etapa escolar. 

Pero justamente esas afirmaciones son las que permiten los siguientes interrogantes: ¿Podrá un maestro de una escuela donde asisten niños en situación de riesgo ser un formador de “humanización”?. Los niños por su mala alimentación; por el abandono afectivo que padece la mayoría de ellos, por la desintegración familiar al que están sujetos…(si es que tienen familia); por la discriminación a la que son sometidos por gran parte de la sociedad; a la penalización a la que la justicia los somete por ser pobres y los separa de sus seres queridos continuamente; los que van a la Institución solamente a comer; los que salen de la escuela a vagabundear las calles para colaborar con algo en el hogar; los que son abusados y maltratados por sus padres porque no llevaron nada, o por la policía un vidrio jugando a la pelota; o porque acuden a la fana, la marihuana, el alcohol o cualquier otro paliativo que les posibilite evadir la realidad…¿podrán estos chicos entender, comprender y aprehender los ejemplos éticos, los referentes de actitudes éticas que la maestra pudiere enseñarles…si es que le fuere posible?...

El Dr. Filloux afirma que en la demarcación de los límites éticos está el respeto del hombre y por el hombre, el reconocimiento del prójimo, el descubrir al “otro” para comenzar a actuar según “el nosotros”, en el marco del aula, en la vinculación entre el educador y los educandos. Filloux habla de “formarse formando al otro”, replanteando la pregunta y remarcándola como una retroalimentación que se da en el diálogo que permite el aprendizaje, en el diálogo entre los actores sociales dentro de la Institución escolar… ¿Podrán darse en éstas escuelas éstos espacios de diálogo? ¿Será posible que los maestros dejen de cocinar, servir, enseñar, cumplir funciones de psicólogos, de trabajadores sociales, de padres…para explicar esto? Y los chicos insertos en esta realidad, donde los ejemplos escasean y las conductas erróneas y corruptas están legitimadas por la dependencia que crea el clientelismo político, promoviendo el desinterés por el otro, reproduciendo la miseria ¿podrán comprender el verdadero significado de lo que se conoce como “ética”?...Aún, para quien escribe todo es, simplemente una incógnita…, y lo más grave aún…cada vez más difícil de descifrar. 

Bibliografía
· Fromm, E. (1991): Del tener al ser. Paidos, España, 168 pps.

· Hegel, G. (1817): Introducción a la historia de la filosofía. Edit. Nueva Era, Colombia, 303 pps.

· Lao Tse (S VI AC): Tao Te King. Traducción: Ramón Hervás, Ediciones 29, Barcelona, 100 pps., 1989.

· Ontray, M. Una ética hedonística. Entrevista de Odile Baron Supervielle. La Nación, Buenos Aires, 24 de mayo, Cultura. 2000

· Paz, O (1990): Hombres en su siglo. Biblioteca de Bolsillo, Argentina, 189 pps.

· Querol, M. (1999): Globalización, medios masivos de comunicación y su impacto en el ser humano. Rev. Acad. Per. de Salud, año V, N°1, 110-112.

· Vallejo, C. (1968): Obra poética completa. Francisco Moncloa Editores, 509 pps Obvio es que existen diferencias. La primera de ellas es que el criminal de guerra, genocida del pueblo judío y del pueblo soviético, ganó por abrumadora mayoría los comicios alemanes, mientras que el criminal de guerra, genocida del pueblo iraquí llegó al poder en forma fraudulenta, en medio del mayor escándalo electoral de la historia norteamericana.
· Boorstin, D.J. (1986): Los descubridores. Grijalbo Mondadori, España, 2 v.

· Delgado, H. (1959): La filosofía y la crisis contemporánea. Mercurio Peruano, Lima, N°390: 451-455. • 

AUTORA:
LIC.
PATRICIA WHELAN
Catamarca, mayo de 2006



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