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Crisis Nuclear con Corea del Norte

Resumen: La caída del muro del Berlín y el desmembramiento de la URSS simbolizaron un drástico cambio en la estructura de poder internacional dando fin a la denominada Guerra Fría. No obstante, la conclusión de la misma no resultó ser la panacea para los males del globo.

Publicación enviada por Ma. Belen Avellaneda y Ma. Elena Araya




 


Introducción 
La nueva coyuntura Internacional y sus desafíos 
La caída del muro del Berlín y el desmembramiento de la URSS simbolizaron un drástico cambio en la estructura de poder internacional dando fin a la denominada Guerra Fría. No obstante, la conclusión de la misma no resultó ser la panacea para los males del globo. Durante el período inmediato al deshielo occidente, con Estados Unidos como estandarte, exacerbó el triunfalismo capitalista expresado por sectores de la intelectualidad como el fin de la historia. Con el transcurrir del tiempo se pusieron de manifiesto las contradicciones de un mundo complejo azotado por una multiplicidad de nuevas problemáticas. Surgen a la par de la globalización nuevos actores internacionales como organismos multilaterales, nuevos Estados que emergen tras el proceso de descolonización y el desmembramiento del bloque soviético, corporaciones cuyos intereses y acciones penetran las fronteras interestatales, etc. Diferentes fenómenos irrumpen con vehemencia en el escenario internacional, cabe destacar entre ellos la pobreza, la reivindicación de los desposeídos y oprimidos, el narcotráfico, la contaminación ambiental, las crisis financieras, el terrorismo y la proliferación nuclear. Todas estas temáticas no sólo se relacionan entre sí sino que su transnacionalización y el aumento de la interdependencia, hacen que afecten a la comunidad internacional en su conjunto. La creación del “Grupo de Alto Nivel sobre las amenazas, los desafíos y el cambio” en el marco de Naciones Unidas pone de manifiesto la toma de conciencia en relación al nuevo sistema internacional. De esta manera la Guerra Fría no sólo imprimió su huella en los conflictos de la actualidad sino que el fin de la misma suscitó nuevas amenazas y desafíos a la comunidad internacional. 

Dentro de este escenario se inscribe la problemática nuclear norcoreana, como un indicador que en su seno encierra continuidades y rupturas ligadas a la Guerra Fría y a la post guerra.

La península coreana, ubicada entre China y Japón fue históricamente una presa codiciada por sus vecinos. Japón ocupó militarmente Corea en 1902 y en 1910 la anexó a su imperio.

Concluida la segunda guerra mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética fraccionaron la península coreana en dos zonas de ocupación dividiendo a la población en dos regimenes completamente opuestos e incompatibles. En el año ‘50 tuvo lugar una guerra con vista a una posible reunificación del territorio, pero los intereses de las potencias encontraron en el statu quo la mejor solución. Dividas en Norte y Sur, ambas Coreas, primaron diferentes caminos en pos de su supervivencia y desarrollo. Mientras que Corea del Sur contó con el apoyo económico de Estados Unidos que le permitió un rápido crecimiento, así como también de apoyo militar llevado a cabo a través de alianzas a lo largo del Pacífico con países como Japón (antigua rival). Corea del Norte logró sobrevivir a partir de la ayuda de la Unión Soviética y China, optando por desarrollar sus capacidades militares convencionales así como también no convencionales (llegando a poseer un pequeño arsenal nuclear).

Hacia finales de la Guerra Fría la no proliferación y el control de las armas de destrucción masiva apareció como leit motiv de los encuentros entre las superpotencias, temática que éstas impusieron en la agenda de la comunidad internacional a través de múltiples tratados. El TNP (Tratado de No Proliferación) constituye el punto neurálgico de todos los acuerdos internacionales relacionados con la utilización del potencial nuclear mientras que Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA) es el principal organismo creado con la función de asegurar el desarme nuclear y la utilización pacífica de este tipo de energía. 

Al concluir la Guerra Fría el enemigo tradicional y ubicuo se diluye, las amenazas toman formas múltiples y muchas de ellas se relacionan a fuerzas transnacionales –como el terrorismo internacional, narcotráfico, y crimen organizado- más que a conflictos interestatales propiamente dichos. Las nuevas amenazas afectan principalmente a las personas, la población civil, sus valores e instituciones. Ello lleva al replanteo del rol de las fuerzas armadas, los servicios de inteligencia, las alianzas de seguridad colectiva y demás formas de cooperación para el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales.

Para Corea del Norte la culminación de la Guerra Fría significó el fin de la ayuda económica y bélica proveniente de la Unión Soviética y China, lo que provocó un fuerte estrangulamiento económico para aquel país. A partir de la desintegración de la URSS y el proceso de reformas en los países del Este, Corea del Norte sintió agudamente la pérdida de interlocutores, particularmente desde el establecimiento de las relaciones diplomáticas entre los países del ex COMECOM y Corea del Sur. Pyongyang no puede recibir ayuda ni del Banco Mundial ni del Banco Asiático de Desarrollo por lo cual en pos de obtener recursos recurrió a la venta de armamento convencional y no convencional a Oriente Medio y otras regiones del mundo.

La percepción sobre el avance de los peligros de la proliferación de armamento nuclear y materiales nucleares a través de los cuales se pueden generar atentados catastróficos ha obligado a plantear una profunda revisión de la estrategia respecto de los Estados que puedan facilitar tales armas.

A partir de la óptica norteamericana la seguridad internacional se ve amenazada por la combinación entre radicalismo y tecnología, vulnerabilidad que aumenta por la conjunción entre “Estados canallas” con redes terroristas. “Los Estados calificados como enemigos, distan de tener una identidad significativa en cuanto capacidades militares, económicas y demográficas. Su importancia como amenaza pasa a ser su control de armas de destrucción masiva y su eventual interacción con el terrorismo internacional.” Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 hasta el momento la estrategia de seguridad norteamericana parece detentar poca flexibilidad dado que: se han adoptado posiciones rígidas, se han soslayado y evitado negociaciones, y se ha optado por la guerra preventiva contra el terrorismo y los Estados que alberguen terroristas buscando también la disuasión de aquellos con capacidad convencional y no convencional sospechados de entregar suministros a estas redes.

La reactivación, por parte de Corea del Norte, de su programa nuclear –enriquecimiento de uranio y reactivación del procesamiento de plutonio- y la declaración en abril de 2003 de que posee armas nucleares desencadenó una crisis cada vez más aguda entre este país y los Estados Unidos y subsecuentemente de otras potencias con intereses en el Sudeste de Asia. 

La posibilidad de que Corea del Norte se transforme en un Estado con armas nucleares que pueda brindar soporte logístico y estratégico para grupos terroristas podría – y ya tiene – profundos efectos en el sistema internacional. Esto se debe a que las acciones y amenazas a futuro ponen en peligro la integridad del régimen internacional de no proliferación, y aumenta la preocupación en los cinco países más implicados en la seguridad de la península coreana: Estados Unidos, Corea del Sur, China, Japón y Rusia. Si se confirmase las afirmaciones de Kim-Chong-il, dirigente de Corea del Norte, respecto de la posesión de armas nucleares esto generaría un entorno muy difícil al poner en peligro la paz y la estabilidad en Asia Oriental, que puede derivar en una nueva carrera de armamentos y tal vez lanzar a la nuclearización a Japón, Corea del Sur y Taiwán.

Aunque un análisis atento muestra que el peligro o amenaza nuclear directa de Corea del Norte es escasa, dado, como veremos, su poca capacidad misilística, su amenaza indirecta es considerable dada la posible exportación de material nuclear o eventual nuclearización de otros países o grupos terroristas. 
Esta amenaza indirecta y el historial como de proliferador de este país hace que se lo perciba como una fuente de amenaza más allá de su potencial real en términos cuantitativos.

Los medios para solucionar la crisis han sido objeto de polémica entre las distintas potencias y demás países involucrados, dados los distintos intereses en juego. Algunas países se inclinan por las negociaciones directas entre Washington y Pyongyang (cuyas condiciones, formato y contenido son también asuntos controvertidos). Otros incluso defienden (o no descartan) una opción militar, de tipo táctico (ataque quirúrgico contra las instalaciones nucleares) y hasta estratégico (invasión o ataque masivo). Mientras aparece también una tercera vía, intermedia, que es la de aceptar la nuclearización como un hecho consumado y propiciar el aislamiento y el estrangulamiento del régimen norcoreano mediante sanciones hasta su eventual colapso.

En el siguiente trabajo analizaremos la cuestión nuclear con Corea del Norte y el peso que ha adquirido su amenaza indirecta en el contexto post Guerra Fría y particularmente post 11 de septiembre.
En un primer apartado definiremos un marco conceptual de análisis; en un segundo apartado ponderaremos el nivel de amenaza nuclear que significa la posesión de armas por parte de Corea del Norte; en el tercer y cuarto apartado haremos un relato de los antecedentes y del desarrollo de la crisis; en el quinto apartado analizaremos la complejidad estratégica, es decir el escenario regional y el juego de intereses y percepciones entre los actores involucrados en la crisis; en el sexto apartado presentaremos las opciones para solución del conflicto y finalmente las conclusiones.

1. Marco conceptual
Para comenzar se hace necesario recurrir a herramientas conceptuales que nos ayuden a comprender el escenario internacional que sirve de contexto a la crisis que analizamos. 

El sistema internacional contemporáneo post Guerra Fría es bastante más complejo como para definirlo solamente como unipolar, bipolar o multipolar. Huntington, por ejemplo caracteriza al sistema internacional actual como un híbrido “uni-multipolar”, en donde hay un superpoder y varios poderes mayores, y para establecer las pautas del sistema internacional se requiere de la acción del superpoder en combinación con los Estados mayores. En un segundo nivel actúan poderes regionales mayores como Rusia en Eurasia, Japón y China en el Este Asiático, etc. 

De acuerdo a la conceptualización que hace Joseph Nye estamos en presencia de un sistema internacional con tres tableros o niveles de poder. El militar donde hay una potencia predominante, momento unipolar (tablero superior), está encarnada por Estados Unidos. El económico (tablero intermedio) donde la característica es la tripolaridad, con tres mercados y/o actores importantes, Estados Unidos, Europa y Japón. Y el tablero donde no hay control real del Estado, “botton chessboard”, una zona difusa donde actúan e interactúan nuevos y viejos actores internacionales a través de las fronteras. Nye suma a este tablero no sólo la sociedad civil internacional, sino también las redes terroristas, mafias, flujos de capitales, paraísos fiscales, venta de armas y tráficos de drogas. Siguiendo con la lectura de Nye, debemos sostener que estos tres escenarios de poder del sistema internacional están interrelacionados verticalmente por lo cual, es en vano actuar en sólo uno de los planos de poder. Como los tableros tienden a influenciarse, si una potencia desea actuar en el tercer plano deberá necesitar de la ayuda activa de todos los países para poder intervenir en él y sin éxito asegurado. 

Los temas de seguridad, como el nuclear, se están desplazando al tercer plano o tablero donde están haciendo colusión “Estados villanos” -con armas nucleares o el potencial de poseerlas a futuro- y grupos terroristas. Esto plantea problemas graves y de compleja solución dada las características del sistema internacional.

Esta complejidad deriva de que para estos actores –Estados villanos o grupos terroristas la disuasión nuclear no parece ser una herramienta eficaz para contenerlos. Durante la Guerra Fría el arma nuclear tenía como principal función la de disuadir al contrario sobre la inconveniencia de desarrollar un primer ataque nuclear, ya que la respuesta podría conllevar a su destrucción, con lo cual el enfrentamiento entre ambos se convertiría en absurdo. Además la disuasión nuclear estaba dirigida contra Estados cuyos gobiernos eran conscientes de la necesidad de proteger a su población y territorio, y se esforzaban por actuar de la manera más racional posible para evitar una destrucción mutua asegurada. Así sobre un frágil equilibrio del terror se evitaba el enfrentamiento directo entre las superpotencias. Ahora bien con el final de la Guerra Fría y la disminución progresiva de las tensiones entre Estados Unidos y sus antiguos enemigos, ahora aliados en diversos ámbitos, se han reducido considerablemente los peligros nucleares procedentes de grandes Estados como la Federación Rusa o República Popular China, pero han aumentado los peligros procedentes de “Estados villanos” o de grupos terroristas internacionales. Para estos últimos la disuasión nuclear como la entendíamos no sirve porque el arsenal nuclear estadounidense fue fundamentalmente diseñado para dar respuesta a otros Estados con capacidades nucleares importantes, no para disuadir a Estados que se encuentran en el umbral nuclear o a grupos terroristas que pueden estar en posesión de bombas sucias.

Esta dificultad en la no eficacia de la disuasión nuclear pude comprenderse por la aparición de amenazas no tradicionales o lo que se ha denominado amenaza asimétrica. Es decir una amenaza que: no proviene de un ejército claramente identificable; con motivación variada (esto es que puede obedecer a rivalidades tribales, a revanchismos étnicos o a simples actividades criminales); cuya ejecución proviene de entidades no estatales; a la explotación de factores como la sorpresa, la “invisibilidad”, la capacidad de operar a distancia con pocos recursos y causar un gran daño, etc.

La sorpresa, invisibilidad, organización flexible, la movilidad son ahora sopesados como capacidades que grupos terroristas internacionales pueden aprovechar e incluso ser letales si llegan a poseer armamento nuclear para realizar atentados terroristas catastróficos. Esto ha llevado a las grandes potencias, en especial los Estados Unidos, a la necesidad de obturar posibles vías de suministro. Esta estrategia apunta directamente a los Estados que son percibidos, no tanto por sus recursos materiales, sino por su identidad e historial como potenciales proliferadores. Aquí juega un rol importante la percepción de amenaza por parte de otros estados. En el análisis de la percepción nos parece útil hacer referencia al concepto que S. Walt denomina “balance de amenaza”. Este tipo de balance difiere... del “balance de poder” -o de capacidades físicas concretas - en que los actores en el sistema internacional no necesariamente focalizan toda su atención en las capacidades materiales de un Estado competidor o agresivo sino que se ven sometidos a la influencia de sus percepciones sobre las intenciones, naturaleza e historia del actor en cuestión sumado a factores subjetivos que pueden llegar a pesar más que las capacidades a la hora de identificar a rivales o enemigos.” Como explica también la visión constructivista de las relaciones internacionales expresada en análisis como los de Wendt, las interacciones y prácticas de los actores generan estructuras sociales que derivan en relaciones de conflicto o cooperación. Los recursos materiales de los Estados adquieren significado dependiendo de la estructura de conocimiento compartido que subyace a ello. Así, en el caso de Corea del Norte lo que plantea un desafío no son las capacidades materiales en términos geoestratégicos (recursos económicos, población, poderío bélico, etc.) sino las percepciones acerca de las intenciones y el historial de este país en apoyo a grupos terroristas y a la proliferación armamentística (específicamente misiles). En los términos constructivistas de Alexander Wendt, la relación de Estados Unidos con los Estados pertenecientes al “Eje del Mal” (dentro de los cuales se encuentra Corea del Norte) “no será una relación kantiana de amigos o lockeana de rivales sino que será una relación hobbesiana de enemigos o, aún más aguda, de “hostilidad absoluta” (o sea el no reconocer en el “otro” ningún tipo de legitimidad o capacidad de conciliación).” Para Fabián Carlos Calles ello deriva en al menos cuatro hechos fundamentales. El primero y más evidente es que Estados Unidos actuará como un estado revisionista bajo el principio “eliminar o ser eliminado”. En esta lógica, la diferencia entre seguridad ofensiva y defensiva se diluye ya que, como expresa la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN), “la mejor defensa es el ataque”: si lo que se busca es más seguridad los estados pueden anexar territorios o invadir otros estados bajo pretextos defensivos como sucede con Irak. Segundo, la toma de decisiones no tendrá muy en cuenta las perspectivas futuras posibles sino que se orientará siempre al “peor escenario”. Bajo este esquema, poco importa la jugada del otro actor en dirección cooperativa. Tercero, las capacidades materiales relativas serán de suma importancia. Como afirma A. Wendt, la enemistad le otorga a las capacidades un significado particular, el cual no se deriva ni de sus propiedades intrínsecas ni de la anarquía como tal, sino de la estructura del rol, en este caso de enemigos. El enemigo puede provocar daños mayúsculos por medio de estrategias “asimétricas” (terrorismo, disrupciones económicas, etc.). 

Pero en este nuevo esquema internacional el “único superpoder” no puede actuar inconsultamente en todos los escenarios particularmente en aquellas regiones rodeadas de potencias que aún detentan relevante poder. En el escenario en juego participan los intereses e interrelaciones de otros actores, a saber: China, Rusia, Japón y Corea del Sur. Las experiencias históricas de cada uno de estos países derivará en estructuras de conocimiento compartido diferentes a las que se producen en la lógica conflictiva entre Corea del Norte y Estados Unidos. A su vez, los intereses y prioridades de estos actores son ordenados de manera distinta a las pautas de Estados Unidos ya que se desprenden de realidades y necesidades heterogéneas. No es igual el riesgo que toman Corea del Sur y Japón en caso de realizarse un ataque preventivo contra el régimen de Pyongyang dada su proximidad geográfica. Es también diferente el riesgo que corren China y Rusia, ambos en la difícil tarea de transformar sus economías y también sus sociedades para adaptarse al mercado, ante una posible desestabilización en sus proximidades. Es por esta razón que las percepciones e intereses de los actores se entrecruzan, convergen y divergen, aunque en definitiva generalmente priman unas sobre otras. 

Sumado a las interpretaciones anteriores cualquier análisis sobre un conflicto internacional y sobre las posibles estrategias de solución debe tener en cuenta los límites y contexto de la acción en un ambiente complejo como es el escenario internacional. Como señala E. Morin “el dominio de la acción es muy aleatorio, muy incierto. Nos impone una conciencia muy aguda de los elementos aleatorios, las derivas, las bifurcaciones, y nos impone la reflexión sobre la complejidad misma. Aquí interviene la noción de ecología de la acción. En el momento en que un individuo emprende una acción, cualesquiera que fuere, ésta comienza a escapar a sus intenciones. Esa acción entra en un universo de interacciones y es finalmente el ambiente el que toma posesión, en un sentido que puede volverse contrario a las intención inicial.” En este sentido es indispensable tomar conciencia de la complejidad a la hora de encarar y resolver problemáticas internacionales tan delicadas, ya que una presión que tenga como intención disuadir ciertas acciones de la contraparte puede terminar en una provocación de la agresión no deseada y más difícil de controlar siendo ello contrario a la intención inicial.

Esta complejidad de la acción se hace evidente en el actual sistema internacional donde el poder se está volviendo más multidimensional, las estructuras más complejas y los Estados más permeables. En el análisis de nuestro caso nos resulta interesante utilizar la conceptualización de poder que hace J. Nye. Para este autor hay dos tipos de poder que colaboran complementariamente a este hecho: el poder duro y el poder blando. El poder duro es el tradicional poder militar y económico, el que funciona por la coacción, el que consigue que el adversario haga lo que la potencia que lo ostenta quiere o, que por lo menos logra que no haga lo que quiere hacer y que es molesto para ella. En la política del palo y la zanahoria, es indudablemente el palo. Pero también es, en parte, la zanahoria. Si el palo es la amenaza o la disuasión, la zanahoria es el regalo: las inversiones, los créditos o tratados comerciales en condiciones preferentes, etc. El poder blando, según Nye, corresponde a lo que tradicionalmente se ha llamado “autoridad moral”. Un Estado tiene poder blando en el momento en que es una referencia política o cultural. Un Estado que disfruta de poder blando se constituye en referente para otros, tiende a ser imitado y seguido, consigue sin violencia que otros estados hagan lo que él quiere. El mismo emana de, por lo menos, tres fuentes: (i) la cultura e identidad, esto es valores y prácticas; (ii) los principios políticos en vigor y (iii) la política exterior, cuando ella se apoya en la legitimidad, en una actitud generosa y en la propia autoridad moral. Por esta razón es necesario para aquellos Estados que no sólo quieren detentar poder sino establecer una hegemonía real lograr legitimar sus acciones a través de la construcción de un sistema de valores que lleguen a ser compartidos por el resto de la comunidad internacional.

En un sistema internacional cada vez más trasnacionalizado, la difusión y fragmentación del poder plantea graves problemas de coordinación para enfrentar las amenazas asimétricas. Y esta coordinación dependerá de la capacidad y disponibilidad de los Estados para hacer un uso ponderado de poder duro y blando. Este último nos lleva a analizar el concepto de hegemonía donde el poder adquiere una forma consensuada donde se llega a una unidad entre las fuerzas materiales objetivas y las ideas ético-políticas (donde las categorías de pensamiento y sistema de valores se aceptan como criterios de determinación de valores y verdad). Esta categoría es necesaria para comprender que las respuestas unilaterales frente a las amenazas son una demostración de la carencia de hegemonía por parte de Estados Unidos a pesar de ser el mayor poder militar.

Otro concepto que se utilizará en el análisis es el de “interdependencia”, el mismo es formulado por Keohane y Nye en su libro “Poder e Interdependencia”. Implica dependencia mutua, se refiere a situaciones caracterizadas por efectos recíprocos entre países o actores en diferentes países. Hoy los desafíos en materia de seguridad tienden a superar la capacidad individual de los Estados y la seguridad de cada Estado depende menos de las capacidades militares individuales. Por ello los es necesario que los Estados asuman formas asociativas y cooperativas en materia de seguridad. 

Finalmente, es menester definir que se entenderá por conflicto a una divergencia de intereses por parte de los actores, donde necesariamente las políticas de uno perjudica las del otro y viceversa. Por otra parte, se entiende por cooperación (como la define Keohane en su libro “Después de la Hegemonía”) a la actitud de los actores de adaptar sus conductas a las preferencias presentes de otros por medio de una coordinación de políticas. En último lugar se entiende por crisis a aquella situación que cumple con los requisitos de: afectar altos intereses de la nación; implica un factor sorpresa para los decidores; y hay poco tiempo para abordarla. Estas definiciones se hacen necesarias dado que consideramos que nuestro estudio de caso representa un conflicto permanente que involucra los intereses de diversos actores, que contiene a su veces puntos críticos de tensión, y que únicamente se resolverá a partir de la cooperación entre los principales actores involucrados.

2. Determinación del grado de amenaza potencial que presenta la posesión de armas nucleares por parte de Corea del Norte
La primera pregunta que se suscita en el análisis es por qué Estados Unidos y las potencias regionales del Sudeste Asiático perciben como amenazadoras las acciones de Corea del Norte. Como se anticipó anteriormente esta percepción se basa no tanto en una amenaza directa y contundente de poder militar convencional –balance de poder- sino que es el resultado de un balance de amenaza, es decir las percepciones sobre las intenciones, naturaleza e historia de proliferación nuclear del actor en cuestión. El régimen de la República Popular de Corea comenzó a manifestar interés de desarrollar un programa nuclear propio a mediados de los ´50, concluida la guerra en la península.

Las investigaciones para llevar a cabo tal programa prosiguieron incesantemente. En la década de los 80 en la zona de Yongbyun comenzó la construcción de un centro de investigación nuclear a gran escala. No obstante de los avances de Corea del Norte en el plano nuclear, en el año ´85 –bajo presión de la URSS- firma el Tratado de No Proliferación. Con la debacle de la URSS y sus satélites Corea del Norte no sólo perdió interlocutores políticos sino también fuentes importantes de financiamiento económico. Pyongyang enfrentó y aún enfrenta una deplorable situación económica. Conforme a informes de “Naciones Unidas el país no dispone de medios suficientes para sobrevivir y sus carencias de energía son alarmantes, lo que supuestamente es la motivación principal para reactivar su programa nuclear” . A pesar de su catastrófica situación económica Corea del Norte tiene un potencial militar fuertemente desarrollado. Ello lo convirtió en un importante exportador de armas a Medio Oriente y al Tercer Mundo, algunas de los cuales son nucleares. Para Estados Unidos este historial como proliferador aumentó la percepción de amenaza potencial. Pero la mirada de Estados Unidos no sólo se liga al historial de proliferación sino también a la naturaleza del régimen. El régimen de economía planificado de Pyongyang perteneció a la órbita soviética en el período de la Guerra Fría. Con la caída de la URSS, Estados Unidos y Corea del Norte no construyeron una estructura de identidades e intereses cooperativa sino que primó la desconfianza y la lógica hobbesiana propia de la guerra. Sumado a ello la retórica de los líderes de ambos países –Bush y Kim Chong-il- retroalimenta las percepciones negativas.

Respecto de la amenaza directa que suponen los programas nucleares de Corea del Norte, la misma no parece ser seria pues “resulta improbable que los programas de desarrollo de misiles balísticos (cuyas prueba estuvieron paralizadas entre 1999 y principios de 2003) hayan dado lugar a vehículos operativos y precisos” . El misil operativo de mayor alcance No Dong, (con un carga máxima de 700-1.000 kilos y un alcance de 1.000-1.300 kilómetros) ha sido probado sólo una vez (y en 1993). La prueba del Taepo Dong 1 (carga de 1.000 kilos y alcance de 1.500-2.000 kilómetros) que hizo en agosto de 1998 consistió en un lanzamiento de tres fases (Scud, No Dong), que aparentemente fracasó en su tercera fase, pese a sobrevolar territorio japonés y estrellarse en el Pacífico. El Taepo Dong 2 (3.500-5.000 kilómetros y 1.000 kilos), que podría reconvertirse, reduciendo la carga a unos cientos de kilos, en un misil intercontinental (10.000-15.000 kilómetros), no ha sido probado y, por tanto, es muy poco fiable. Además, los misiles norcoreanos no parecen ser un arma sino un instrumento defensivo de disuasión. Para el régimen de Pyongyang el armamento nuclear es la única carta de negociación para conseguir concesiones de otros países como también la única forma para evitar la invasión directa por parte de Estados Unidos.

En cuanto a las armas nucleares, si bien Pyongyang reconoció el 23 de abril de 2003 poseer dispositivos nucleares –bombas- y, pese a que las estimaciones de los servicios de información estadounidenses sitúan su número en al menos dos (y cinco más potenciales, como mínimo, una vez comenzado el reprocesamiento de las barras de combustible, en un plazo inferior a un año), lo cierto es que subsiste mucha incertidumbre al respecto. 

Por el contrario, el peligro indirecto parece bastante más importante. Es aquí donde el balance de amenaza se hace más contundente. “No cabe descartar la eventual exportación de armas nucleares y la venta de sus componentes o su tecnología de fabricación a otros Estados. Tampoco sería del todo inconcebible que Pyongyang hiciese llegar armas nucleares, sus componentes o su know-how a grupos terroristas. Existe el riesgo de que un dispositivo nuclear pueda ser trasladado fuera del país sin ser detectado.” “Tras conseguir cinco o seis bombas más a partir de las barras de combustible en Yongbyon, Corea del Norte podría llegar a la conclusión de que dispone de suficientes como para vender algunas a otros Estados Canallas o, mucho peor, a grupos terroristas. Es completamente imposible que se pueda evitar de manera efectiva que se exporten desde Yongbyon unos pocos bultos del tamaño de un pelota de béisbol. Una pequeña cantidad de Plutonio 239 apto para bombas nucleares, que no sólo tiene un tamaño reducido sino además es poco radioactivo y no emite una señal que pueda ser detectada si se sacase de Corea del Norte hacia un destino en el que grupos terroristas puedan recibirla” . 

Ese riesgo indirecto obedece al largo historial de proliferación –historial que también fortalece la percepción de este balance de amenaza- de misiles que tiene Pyongyang. La exportación de misiles y de su tecnología ha sido práctica común en los últimos años. Según un informe de la Carnegie Endowment for Internacional Peace (CEIP) , Corea del Norte es el principal exportador de misiles balísticos al mundo en desarrollo y sus exportaciones han continuado a pesar de su moratoria de pruebas. Entre los Estados que han recibido misiles de Corea de Norte figuran Irán, Libia, Pakistán y Siria. Entre otros, Egipto podría haber recibido también algunos sistemas procedentes de Pyongyang. Es importante señalar que se cree que Irán ha recibido ayuda de Corea del Norte para crear su propia capacidad de producción de misiles y que podría intentar entrar en el mercado de exportación de misiles. Se estima que las capacidades en misiles de Irán y Pakistán son muy dependientes de la tecnología y de los equipos norcoreanos. Además, la nuclearización de Corea del Norte no sólo fortalece mucho la capacidad militar de un régimen impredecible (a la vista de otros actores) y, por tanto, peligroso, sino que podría fomentar en la región una carrera de armamentos aún mayor que la actual e incluso, como se manifestó anteriormente propiciar la proliferación nuclear en Corea del Sur, Japón y Taiwán.

Además es menester destacar que la gran emigración de norcoreanos hacia países vecinos particularmente Corea del Sur y Japón facilita el tráfico de materiales nucleares a estos países en los cuales podrán actuar grupos de terroristas. De acuerdo con Peter Lupsha “actualmente la mayoría de los grupos de crimen organizado transnacional, con células insertadas dentro de naciones-estados... en términos de unión y solidaridad, estas redes de afiliación están enraizadas en familias, clan, etnias, dialecto, cohorte y variables culturales nacionales empíricamente comprensibles y reconocibles”. 

Conforme lo manifiesta Vicente Garrido, un experto en desarme “tras los atentados en Estados Unidos del 11 de septiembre, la Organización Internacional de la Energía Atómica alertó sobre tres posibles amenazas: un ataque directo contra instalaciones nucleares; robo de material fisionable para fabricar bombas, y la elaboración y detonación de un artefacto de este tipo por parte de terroristas”. 

Como se puede observar es un conflicto sumamente complejo puesto que implica una concepción clásica de la seguridad si se lo vislumbra desde el punto de vista de la amenaza directa vis à vis otros Estados. Mientras que si se aborda desde el peligro potencial indirecto que reporta entra en el plano de las nuevas amenazas que azotan a los Estados y sus sociedades civiles.

3. Antecedentes Inmediatos
Corea del Norte aparece como un actor estratégico dentro de una inestable región, como es el Sudeste Asiático, que desafía no sólo a Estados Unidos sino también a organismos internacionales de control o regulación en materia de política nuclear. El régimen reactivó instalaciones clausuradas en el pasado, haciendo hoy alarde de poseer armas de destrucción masiva en febrero del 2005 y el abandono de las negociaciones de forma indefinida.

La crisis nuclear que tuvo lugar en octubre de 2003 fue la segunda y más contundente en menos de un decenio. La primera crisis se produjo en 1993-1994 cuando, ante las sospechas internacionales de que disponía de más plutonio que el declarado, Pyongyang rechazó unas inspecciones propuestas por el OIEA, con el que había firmado un acuerdo de garantías en 1992, y amenazó con abandonar el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) al que se había adherido en 1985, y con continuar con su programa nuclear de reprocesamiento de plutonio. Aquella primera crisis fue resuelta con la firma del acuerdo-marco de 1994 con Estados Unidos. En virtud de ese acuerdo, Corea del Norte se comprometió a abandonar ese programa nuclear a cambio del levantamiento progresivo de las sanciones económicas estadounidenses así como de la construcción de dos reactores nucleares de agua ligera (“resistentes” a la proliferación) para generar electricidad y de la recepción de medio millón de toneladas de petróleo al año hasta que estuviera terminado el primer reactor. La construcción de los reactores y el envío de petróleo se encomendaron a un consorcio internacional creado en 1995 y denominado KEDO (Korean Peninsula Energy Development Organization), formado por trece países pero financiado fundamentalmente por Washington, Seúl y Tokio. 

El acuerdo marco abrió expectativas de acercamientos sin precedentes, particularmente entre las dos Coreas. Los regimenes del Norte y el Sur comenzaron a acercar posiciones, lograron diferentes acuerdos en varias temáticas: se realizaron intercambios culturales, económicos y políticos. Los dirigentes de un pueblo dividido focalizando las raíces históricas conjuntas comenzaron a través de sus prácticas a alterar una estructura de conocimiento hobbessiana fijada por la lógica bipolar de la Guerra Fría por una de incremento de confianza. Cabe destacar el rol de China como interlocutor primordial de Pyongyang y fuerte impulsor de las negociaciones.

La estrategia de la administración Clinton se había basado en: (1) solventar la crisis nuclear de 1993-94 con el acuerdo-marco, que paralizaba el programa nuclear norcoreano; (2) apoyar la sunshine policy del presidente surcoreano Kim Dae Jung; (3) comenzar una negociación sobre el programa de misiles de Pyongyang, que, como ya se señaló, no pudo culminarse a finales de 2000 por falta de tiempo antes de las elecciones presidenciales estadounidenses; (4) iniciar discusiones y negociaciones a alto nivel. 

Desde finales de 1994 hasta octubre de 2002 todo parecía indicar que Corea del Norte se había atenido a sus compromisos. Entre 1994 y 2000 la atención de la administración Clinton se centró en un segundo problema con Corea del Norte: el desarrollo del programa de misiles y la exportación de ellos y sus componentes o tecnología. El desarrollo de sucesivas generaciones de misiles (Scud-B, Scud-C, No Dong, Taepo Dong 1, Taepo Dong 2) empezó a plantear un serio problema cuando, en agosto de 1998, Corea del Norte probó uno de ellos (un Taepo Dong 1, de tres fases), con un lanzamiento que sobrevoló Japón. Además, era bien conocido que Corea del Norte estaba exportando misiles, sus componentes o su tecnología a diversos países, como Pakistán, Libia, Egipto, Siria, Irán o Yemen . La administración Clinton no tuvo tiempo para cerrar un acuerdo al respecto antes de las elecciones presidenciales estadounidenses de 2000 pero consiguió en 1999 una moratoria temporal de las pruebas de misiles.

El fallido acuerdo sobre misiles habría consistido en cancelar el desarrollo y la exportación de ellos a cambio de compensaciones económicas y del acceso gratuito de los norcoreanos a servicios extranjeros de lanzamiento de satélites. Desde 2001, y a pesar del escepticismo de la nueva administración republicana en Washington, todo indicaba que el programa nuclear norcoreano estaba paralizado y las perspectivas parecían positivas. 

4. Desarrollo de la crisis desde 2002/2003 hasta la actualidad
Un cambio sustancial en la situación se produjo cuando Washington hizo público, el 16 de octubre de 2002, que Corea del Norte había admitido el 4 de octubre, durante un encuentro en Pyongyang entre James A. Kelly, subsecretario estadounidense para Asuntos de Asia Oriental y el Pacífico, y Kang Sok Chu, viceministro norcoreano de Asuntos Exteriores, que estaba desarrollando un programa nuclear secreto de enriquecimiento de uranio. 

Tal programa era una clara contravención del TNP y de varios acuerdos internacionales firmados por Corea del Norte: la Declaración Corea del Sur-Corea del Norte sobre desnuclearización de la península (1991), el acuerdo de garantías con el OIEA (1992), el acuerdo-marco firmado con Estados Unidos en 1994 y la declaración Corea del Norte-Japón de septiembre de 2002. “Kelly aparentemente presentó a Kang pruebas de que Corea del Norte había recibido tecnología nuclear (de centrifugadoras de gas) desde Pakistán a cambio de misiles y que Corea del Norte estaba intentando adquirir tanto aluminio fuerte (que se usa en los equipos destinados a enriquecer uranio para fabricar bombas nucleares) como tecnologías de láser para instalaciones nucleares”. 

La política de la administración Bush impulsó una retórica de inflexibilidad, particularmente luego de los atentados del 11 de septiembre. De acuerdo con el analista Pablo Bustelo la nueva política de la administración Bush ha consistido en: a) críticas a la sunshine policy del presidente surcoreano Kim Dae Jung; b) freno a la negociación sobre programas de misiles entablada por la administración Clinton (abril de 2001); revisión de la política respecto de Corea del Norte (junio de 2001): propuesta de discusión “seria” sobre una “agenda amplia” basada en cuatro aspectos: (1) mejor aplicación del acuerdo-marco, esto es, un cumplimiento más rápido del acuerdo de salvaguardias con el OIEA; (2) restricciones “comprobables” a los programas de misiles; (3) prohibición de las exportaciones de misiles; y, como novedad, (4) una posición militar convencional menos “amenazadora”; además, Estados Unidos insiste en una “comprobación estricta” de cualquier acuerdo adicional y, en febrero de 2002, incluyó el tema de los derechos humanos; c) nueva doctrina nuclear (diciembre de 2001): inclusión de Corea del Norte entre los siete países susceptibles de un ataque nuclear preventivo por parte de Estados Unidos; d) discurso sobre el estado de la Unión (enero de 2002): inclusión de Corea del Norte en el “Eje del Mal”, junto con Irak e Irán.

Por su parte el gobierno norcoreano declaró que, para cancelar ese programa nuclear, exigía una nueva negociación con Estados Unidos encaminada a: (1) obtener garantías de que no habría ataque preventivo; (2) un reconocimiento formal del régimen por parte de Estados Unidos y de Japón (lo que hubiese abierto la puerta a una importante asistencia económica); y (3) un pacto de no agresión y un tratado de paz con Estados Unidos.

La inflexibilidad de ambos líderes culminó en un incremento de la lógica conflictiva a partir de la percepción de amenaza y desconfianza entre las partes. Sus prácticas retroalimentaron sus misperceptions, puesto que a mediados de noviembre del 2002, Estados Unidos suspendió los envíos de petróleo que se habían realizado desde el acuerdo-marco de 1994, lo que supuso en la práctica la anulación de dicho acuerdo. Pyongyang reaccionó amenazando con: (1) reactivar la central nuclear de Yongbyon quitando los precintos y las cámaras de vigilancia del OIEA y expulsando a los inspectores de ese organismo y (2) retomar las pruebas de misiles de largo alcance, en moratoria unilateral desde septiembre de 1999, moratoria que se había hecho indefinida en la declaración de Pyongyang (septiembre de 2002) entre Corea del Norte y Japón. Tales amenazas se entendieron entonces no sólo como una respuesta a la suspensión de los envíos de petróleo sino también, como una reacción ante el incidente del buque So San en el Océano Índico (que transportaba misiles Scud con destino a Yemen) y un intento de influir en las elecciones presidenciales surcoreanas del 19 de diciembre y de fomentar el anti-americanismo en el Sur, así como de aprovechar la concentración de los esfuerzos estadounidenses en el conflicto con Irak.

A finales de diciembre, Pyongyang reactivó en efecto la central de Yongbyon, quitando precintos y cámaras. Reinició la construcción de otras dos centrales y expulsó a los inspectores del OIEA al tiempo que desplazaba armamento a las proximidades de la “zona desmilitarizada” del paralelo 38 . La “justificación” norcoreana consistió en afirmar que tales medidas eran una respuesta a las “amenazas” de la administración Bush (cuando lo cierto es que el programa secreto se estaba desarrollando desde al menos 1998 y que las “amenazas” habían sido más bien relativas) y una réplica a la ruptura por parte de KEDO y de Estados Unidos, al suspender los envíos de petróleo y del acuerdo-marco de 1994 (cuando la realidad es que la confesión previa del programa secreto era una contravención directa de ese acuerdo). 

En enero de 2003, pese a los requerimientos del OIEA, Pyongyang decidió denunciar el TNP, señalando sin embargo que volvería al Tratado si Estados Unidos reanudaba los envíos de petróleo y que abandonaría su programa nuclear si Washington se reafirmaba en la declaración conjunta de octubre de 2000 (emitida durante la visita de Madeleine Albright) que indicaba que Estados Unidos no albergaba “intenciones hostiles” respecto del régimen norcoreano. 

En febrero y marzo del 2003 Corea del Norte efectuó dos pruebas de misiles (anunciadas con antelación y con vehículos de corto alcance) en el Mar del Este (24 de febrero y 10 de marzo), terminando así con la moratoria que había declarado indefinida en septiembre. Amenazó con empezar a reprocesar el combustible almacenado antes de 1994, con retirarse del armisticio de 1953 y con desencadenar una guerra si era objeto de sanciones. El 2 de marzo, cuatro Mig norcoreanos interceptaron (aunque sin mayores consecuencias) un avión RC-135 de reconocimiento estadounidense, en espacio aéreo internacional a 240 kilómetros al Este de la costa oriental de Corea del Norte. La respuesta de Washington consistió en desplazar varios bombarderos B-1 y B- 52 a Guam y algunos F-117, junto con un grupo aeronaval (el portaaviones Carl Vinson y su grupo de batalla), a la península. No obstante, los bombarderos desplazados a Guam fueron trasladados de nuevo a Estados Unidos a finales de mayo. También regresaron a Estados Unidos los F-117 a principios de junio. Las rigideces en las posiciones de ambos actores los lleva a encontrarse en una situación similar al dilema de seguridad, entendido como una estructura social compuesta por el conocimiento intersubjetivo en donde los Estados son tan desconfiados que hacen asunciones sobre el peor de los casos acerca de las intenciones de los demás; como resultado definen sus intereses en términos de autoayuda. Es por esta razón que la injerencia de actores con influencia en la región actúen como mediadores a favor de la estabilidad, se hizo sumamente necesaria.

En abril, después de efectuar una tercera prueba de un misil, Pyongyang aceptó finalmente entablar conversaciones con Estados Unidos, que se celebraron a partir del día 23 de ese mes en Pekín, bajo los auspicios de China. Tales conversaciones no llegaron a buen puerto y fueron interrumpidas antes de lo previsto. Pyongyang admitió, por vez primera, que disponía de armamento nuclear, ofreció renunciar a él y desmantelar sus programas nucleares a cambio de garantías de seguridad, ayuda económica y relaciones diplomáticas con Washington y señaló que interpretaría unas eventuales sanciones como un acto de guerra.
En mayo, los servicios de información surcoreanos y estadounidenses detectaron que se estaba empezando a reprocesar las barras de plutonio y Corea del Norte declaró que consideraba “muerto” el acuerdo de 1991 sobre una península libre de armas nucleares.

En suma, estos acontecimientos demuestran que, en comparación con la crisis de 1993-94, la situación del 2003 fue considerablemente más grave y peligrosa. Actualmente la propia Corea del Norte ha confirmado que dispone de armamento nuclear. Ha desarrollado aparentemente misiles de mayor alcance que los que tenía en 1994. La desavenencia entre Estados Unidos y Corea del Sur sobre cómo manejar esta crisis es importante, dado el nuevo enfoque de política exterior de la administración Bush y el creciente nacionalismo surcoreano. 

Washington está además concentrado en la guerra internacional contra el terrorismo y en gestionar la posguerra en Irak. Pero el nuevo triunfo, en la elecciones presidenciales, de Bush brinda respaldo interno a las actitudes desafiantes vis à vis otros países del globo. Dada esta situación los discursos respecto de una posible guerra preventiva contra Corea del Norte cobran mayor vigor en la administración. En contrapartida el régimen norcoreano también aumentó su apuesta al declarar públicamente la tenencia de armas atómicas y el retiro de las negociaciones por la “actitud hostil de Washington” (febrero de 2005). No obstante, días después abrió la posibilidad de volver a la mesa de negociaciones bajo ciertas condiciones. Para que renuncie a sus ambiciones nucleares, tres series de negociaciones se han realizado ya en Pekín, en presencia de las dos Coreas, Estados Unidos, China, Rusia y Japón, la última en junio de 2004. Este nuevo cambio se produce días después de una frenética actividad diplomática para relanzar un proceso de paz en punto muerto desde hace ocho meses, “analistas sugirieron que la maniobra podría ser una de las estrategias de negociación del empobrecido Estado comunista, con miras a obtener más beneficios a cambio de renunciar a sus aspiraciones nucleares. De hecho, hasta ahora las negociaciones se han centrado en tratar de detener el programa nuclear norcoreano a cambio de ayudas económicas, energéticas y alimentarias”. 

5. Complejidad estratégica: actores y escenario regional
Las diferencias políticas e intereses entre los principales países afectados son, por lo menos a primera vista, considerables. El acercamiento de posiciones entre los actores implicados es indispensable para evitar acciones unilaterales que conllevan altos costos y deslegitiman la institucionalidad internacional. En un mundo donde el único superpoder no puede actuar sólo es necesario aunar esfuerzos con otros poderes mayores intervinientes en pos de lograr sus objetivos.

La región del Asia-Pacífico ha sido uno de los principales polos de estímulo para el crecimiento económico internacional. A pesar de la crisis económica que afectó a la región en 1997 (principalmente a Tailandia, Indonesia, Corea del Sur, Malasia) los países que aquí convergen han manifestado un crecimiento constante a lo largo de los últimos 30 años, una actividad productiva creciente que hace de este lugar uno de los mayores centros económicos del mundo. Por la importancia geoestratégica de la zona las grandes potencias han buscado hoy y en el pasado ganar posiciones aquí. En nuestro estudio de caso, en concreto, cabe destacarse la importancia de seis actores intervinientes: Corea del Norte, Corea del Sur, Estados Unidos, Japón, Rusia y China. Lo cierto es que mientras que la relación entre Estados Unidos y Corea del Norte se basa en una estructura identitaria prácticamente hobbesiana, donde prima la desconfianza, tanto China como Rusia fueron antiguos “camaradas” de Pyongyang, si bien no se puede hablar de una relación de confianza, indudablemente la relación de empatía entre Corea del Norte y ambos países es mayor que con Estados Unidos. Es por esta razón que no sólo son actores influyentes e intervinientes en la cuestión sino que también suelen ser interlocutores y mediadores válidos a la hora de acercar posiciones. 

Desde Estados Unidos, y en el marco previo a las elecciones norteamericanas, Bush defendió los resultados cosechados : 
1) El desmantelamiento de la red de proliferación nuclear del científico pakistaní A. Q. Khan (que suministró tecnología nuclear a Corea del Norte). 
2) Trabajo desarrollado con los aliados de Estados Unidos para hacer frente a la amenaza norcoreana en el marco de las conversaciones a seis bandas.

Bush se opuso a las conversaciones bilaterales porque entiende que serían una concesión a Kim-Chong-il, y que destruirían el proceso de seis bandas, lo que haría que Washington perdiese la posibilidad de contar con la capacidad de influencia de China sobre Corea del Norte.

El objetivo primordial de Washington reside en el desmantelamiento completo, comprobable y definitivo de los programas nucleares de Corea del Norte. Al comienzo Estados Unidos sostuvo el “principio de secuencialidad”, esto significó que primero debería llevarse a cabo un desmantelamiento total de los programas nucleares y posteriormente se negociaría una garantía multilateral de seguridad y la ayuda energética. Ni Corea del Norte, ni China, ni Rusia, ni Corea del Sur aceptaban lo propuesto pues favorecen el principio de “simultaneidad” en negociación. Por esta razón en la última ronda de seis bandas y previo a las elecciones norteamericanas, Washington señaló que podría aceptar un proceso de dos fases:
“(1) congelación de los programas nucleares a cambio de ayuda energética de los otros cuatro países y del estudio de una garantía de seguridad y de las necesidades energéticas a medio plazo de Corea del Norte; (2) desmantelamiento comprobable de los programas a cambio del posterior levantamiento de sanciones, en el camino hacia la normalización de relaciones, que exigiría un diálogo sobre Derechos Humanos y fuerzas convencionales” .Esta propuesta fue rechazada por Corea del Norte.

Tras las elecciones presidenciales de Estados Unidos la política “agresiva” del presidente reelecto George W. Bush no sólo se vio fortalecida sino que fue legitimada por el pueblo norteamericano, lo que llevó a aumentar la dureza y rigidez en la posición negociadora.

La estrategia óptima para Washington sería poder sancionar a Corea del Norte a través del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, fuere mediante la propuesta de la OIEA o de Estados Unidos mismo. Pero Rusia y China no sólo se han opuesto a tal acción sino que han vetado la discusión en el Consejo. Ante esta situación se percibe que si bien Estados Unidos se ha declarado a favor de las negociaciones y la resolución de la cuestión por la vía diplomática, en realidad apuesta por el estrangulamiento y derrumbe del régimen. Ello se manifiesta en el modus operandis de dos políticas aplicadas: la Proliferation Security Iniciative (PSI), lanzado en el 2003 incluye la participación de diferentes países (Alemania, Australia, España, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Países Bajos, Polonia, Portugal, Gran Bretaña, Canadá, Dinamarca, Noruega, Rusia, Singapur y Turquía) y busca impedir el tráfico marítimo, aéreo y terrestre de armas de destrucción masiva, sus componentes o vehículos. Ello, permite también la interceptación de barcos y aviones norcoreanos que transporten armas ilegales, drogas, moneda falsa y la confiscación de su carga ( no obstante, ni China, ni Corea del Sur pertenecen a la PSI por lo cual el control del tráfico desde Corea del Norte tiene grandes filtraciones) y podría ampliarse a la restricción de remesas financieras que Corea del Norte recibe de la comunidad coreana en Japón. Ejemplo de esta política fue la paralización de un intento de venta de tecnología de misiles balísticos de Corea del Norte a Nigeria.

Otra forma de presión a través de la cual Estados Unidos ha querido provocar el derrumbe del régimen es a través de la North Korean Human Rights Act (NKHRA). Fue firmado por Bush y asigna fondos para ayuda humanitaria y para la labor de organizaciones no gubernamentales que promuevan “los Derechos Humanos, la democracia, el imperio de la ley y el desarrollo de una economía de mercado” en Corea del Norte. También otorga asistencia económica y asilo político a desertores y refugiados; y busca penetrar en el sistema informativo de Corea del Norte.

Esta alternativa (derrumbe) es propiciada y sostenida por sectores neo-conservadores de la intelectualidad norteamericana tales como Horowitz, Kristol o Eberstadt, quienes no toman en cuenta el disenso que esta opción genera entre los actores involucrados y las drásticas consecuencias que puede provocar por un lado porque detiene las negociaciones creando un status quo que sólo sirve para que Corea del Norte concrete sus programas nucleares, por otro lado, ante el empantanamiento en las negociaciones permite a futuro una alternativa bélica que implica altísimos costos y gran desequilibrio regional.

La posición norteamericana quita flexibilidad a las estrategias de solución, ello indica que básicamente confían en su poder duro para doblegar a Pyongyang.
La posición de Tokio puede considerarse como intermedio entre la actitud de firmeza extrema de Estados Unidos y la posición más conciliadora de China, Corea del Sur y Rusia.

Mientras que Washington ha optado por una contención sobre la base de una creciente presión (incluso intentando llevar el tema al Consejo de Seguridad en pos de sanciones) sumado a un eventual diálogo multilateral; Pekín, Seúl y Moscú se inclinan por el acercamiento o implicación, abriendo vías de negociación con Pyongyang y descartando las sanciones, así como favoreciendo el diálogo bilateral entre Estados Unidos y Corea del Norte.

El Japón ha tenido una política “precavida” hacia Corea del Norte. Particularmente porque las experiencias históricas de ambos países los definen como enemigos (no hay que olvidar que Corea fue invadido y colonizado por Japón). Sin embargo en el 2002, el entonces Primer Ministro japonés Koizumi viajó a Corea del Norte para reunirse con Kim-Chong-il en una cumbre que dio lugar a la Declaración de Pyongyang. La misma proclamaba “(1) el reconocimiento de la responsabilidad norcoreana en el rapto y secuestro de ciudadanos japoneses en los años ´70s y ´80s; (2) la renuncia por parte de Pyongyang a la exigencia de compensaciones y reparaciones por el período colonial japonés (1910-1945), sustituida por una solicitud más pragmática de cooperación económica; (3) la moratoria indefinida de las pruebas de misiles que Pyongyang había declarado temporal (hasta 2003) en 1999; y (4) el mantenimiento de los acuerdos internacionales en lo relativo a la cuestión nuclear” .

Esta Declaración fue incumplida por Pyongyang, así como también otros acuerdos, lo que genera una situación de alta tensión en la región.

A ello se le suma que las pruebas misilísticas efectuadas por Corea del Norte han preocupado a Tokio, la eventual combinación de misiles perfeccionados y de cabezas nucleares o biológicas plantea un escenario peligroso para el mismo. A lo que se suma la expuesta confrontación por el secuestro de ciudadanos japoneses. 

Ante este escenario la posición de Japón es la de oponerse a sanciones que, desde su punto de visto exacerbarían el comportamiento peligroso e impredecible de Kim-Chong-il y podrían a su vez “fomentar la exportación de misiles y de tecnología nuclear y sus actividades de contrabando de drogas en el Mar del Este” . Japón está a favor de una resolución pacífica y diplomática de la crisis, rechazando también cualquier solución militar (ataque quirúrgico a las instalaciones nucleares, invasión, bloqueo, salvo en el caso de ataque inminente). A su vez, insiste en llevar a la mesa de negociaciones a Pyongyang incondicionalmente, y al igual que Estados Unidos defiende el diálogo multilateral. Cabe destacar que Tokio también se opone a cualquier escenario que contemple entre sus objetivos principales forzar un cambio de régimen en Corea del Norte y propone cambios económicos y políticos graduales.

Respecto de la Federación Rusa, existe una percepción de irrelevancia de Moscú en su auto asignado papel de mediador en el marco de una solución multilateral que se dilata. Si bien durante el período de Guerra Fría Moscú contribuyó decisivamente a instaurar el régimen comunista de Corea del Norte a través de tropas, armamentos, ideólogos, tecnología, etc. Pero tras el colapso de la URSS su influencia se ha debilitado. “Con Vladimir Putin, Rusia ha desplegado una nueva política coreana que incluye una ofensiva diplomática destinada a acabar con la larvada crisis que bloqueó manifiestamente sus intereses nacionales a medio y largo plazo”. Rusia tiene un gran interés en activar y comprometer a Pyongyang en pos de la estabilidad necesaria que facilite la integración económica de todo Asia Septentrional. Dado que, tras el fin de la Guerra Fría y más aún con el restablecimiento de las relaciones entre Rusia y Corea del Sur, la influencia de Moscú sobre Corea del Norte disminuyó dado que este actor podrá tener un rol activo en las negociaciones pero no constituye una piedra angular en la negociación. Más allá de la vocación Euroasiática de Putín, lo cierto es que su rol en las negociaciones se vincula más a una “política de prestigio” que intenta llevar Rusia que a la influencia real que tiene en la zona en virtud de su poder duro y blando. Ambos tipos de poder han disminuido para Rusia, ya que tiene pocas capacidades materiales (particularmente por su debacle económico) para ejercer el poder duro “ en su reimpulsada vocación euroasiática no se plasma en una diplomacia de peso porque carece de los recursos económicos para contrarrestar la abrumadora presencia norteamericana en Asia-Pacífico” y el cambio de discurso conjuntamente con el viraje a una economía de mercado le restaron el poder blando que poseía sobre Pyongyang durante la Guerra Fría.

Los intereses de Rusia en la región son diversos, particularmente le interesa la venta de armas de Pyongyang, la participación en la modernización de la industria pesada norcoreana, en lo que sea industria metalúrgica, refinerías de petróleo y reactores nucleares. Geoestratégicamente, en el largo plazo, “la normalización en la Península Coreana, junto con la normalización de las relaciones Moscú-Tokio, podría permitir la materialización del plan ruso de construir una línea adicional del ferrocarril transiberiano a través de la Península Coreana. Para Rusia esto supondría un extraordinario beneficio como puente de mercancías asiáticas a Europa y contribuiría a convertirla en la potencia euroasiática que dice ser.” 

Asimismo, Rusia ha manifestado su voluntad de contribuir para solucionar los problemas energéticos de la península mediante oleoductos y gaseoductos que vinculen Siberia y el Extremo Oriente de la Federación Rusa con las dos Coreas. En estas condiciones la posición rusa se limita a propiciar el diálogo y descarta la utilización de presiones ya que éstas nunca surtieron efecto con Pyongyang.

Otras limitaciones a la política exterior de Putín respecto de Corea del Norte son:
- El aumento de desconfianza de Corea del Norte con respecto de Rusia ya que percibe como una “traición” la declinación del apoyo a su régimen. También toma como traición los acercamientos a Corea del Sur y el hecho de que el Tratado de Amistad Rusa Norcoreana del 2000 no incluye la defensa mutua en caso de guerra. Y la desconfianza de Rusia respecto de Pyongyang dada la impredictibilidad de su líder. 
- Las presiones que ejerce Estados Unidos sobre Moscú. Por ejemplo en el 2003 Powell manifestó “con un PBI del tamaño de Holanda, Rusia debería ser más cauta respecto a sus relaciones con los Estados delincuentes, porque acercarse mucho a ellos podría asustar a los inversores que pretende atraer Moscú”.
- Incapacidad para actuar concertadamente con China en asuntos que no sean estrictamente bilaterales.
- Rusia se insertó en un Asia que carece de mecanismos de seguridad institucionalizados y de alcance regional compartidos.

En cuanto a Corea del Sur, históricamente ha sido aliada de Estados Unidos. Representa una base geoestratégica para las tropas norteamericanas.

Tras el armisticio de 1953 las relaciones intercoreanas se congelaron y la hostilidad primó hasta 1971 cuando las dos Coreas acordaron mantener charlas a través de la Cruz Roja en vistas a reunir familias separadas por la guerra. En el año ´72 anunciaron un acuerdo para trabajar conjuntamente en pos de una reunificación pacífica. Si bien se llevaron a cabo contactos, los mismos tuvieron coto en la declaración del Presidente Surcoreano, Park Cheng Hee que anunció su voluntad de ingresar de forma separada a Naciones Unidas. El diálogo reapareció cuando en 1984 cuando Corea del Norte ofreció ayuda a Corea del Sur tras una inundación. En el ´88 se impulsaron nuevos intercambios Norte-Sur en pos de la unificación de la comunidad nacional coreana. En 1990 ambas Coreas ingresaron a Naciones Unidas. En Seúl comenzaron los primeros acuerdos interministeriales. Los diálogos finalizaron con dos acuerdos: el Acuerdo Básico y la Declaración Conjunta de Desnuclearización de la Península firmada en 1991.

La Declaración Conjunta sobre Desnuclearización “prohibía a ambos lados testear, manufacturar, producir, recibir, poseer, almacenar, desplegar o usar armas nucleares y prohibía asimismo la posesión de procesadores nucleares y facilidades para la obtención de uranio. Se organizaría una Comisión de Control Nuclear Conjunta (JNCC) para la verificación de la desnuclearización... Además, en 1992 la República Popular Democrática de Corea acordó una garantía con la OIEA respecto de la desnuclearización en concordancia con el TNP de 1985, lo que permitiría la inspección de la zona.” 

Para ese año (1992) la relación entre ambas Coreas se vio interrumpida debido a la tensión provocada por la cuestión nuclear. El Programa Nuclear de Corea del Norte se transformó en el principal foco de conflicto. En el ´93 Corea del Sur reforzó sus lazos con Estados Unidos a través de la política de “Team Spirit” vis à vis con Corea del Norte. Tras la crisis en 1994, como se expresó anteriormente se firma el “Agreement Framework”. Al tiempo que disminuye la tensión por la cuestión nuclear se incrementaron los intercambios entre las dos Coreas. Se implementó desde Corea del Sur “la Sunshine Policy” hasta el 2000 cuando se llevó a cabo un acuerdo entre los presidentes de Corea del Norte y Corea del Sur. Ese año se firmó el “Acuerdo Kim-Kim” y los temas centrales que se trataron fueron: la reunión de familias separadas por la guerra, la ayuda y cooperación económica de Seúl para aliviar las escaseses de los norcoreanos, los problemas de seguridad a causa de desarrollo armamentista del Norte, y la presencia de bases militares estadounidenses en el Sur. Tras los atentados del 11 de septiembre y la posterior inclusión de Corea del Norte en el “Eje del Mal” los acercamientos intercoreanos fueron mermados, particularmente luego de la crisis 2002/3 y la actual. Para Corea del Sur la tenencia de armamento nuclear por parte del Norte es una amenaza directa a su seguridad. Dado que los riesgos que corre Corea del Sur por su cercanía son más altos que los de cualquier actor, la prudencia y actitud conciliatoria han primado en su política. Un ataque a Corea del Norte puede repercutir en una respuesta directa (más probablemente una invasión que ataque nuclear) sobre Corea del Sur. Por esta razón siempre pujó a favor del diálogo, las negociaciones diplomáticas y la resolución pacífica. Además, la cuestión de proliferación en Corea del Norte no constituye sólo una amenaza a la seguridad surcoreana sino a su identidad y nación. La desnuclearización pacífica de la península implica un avance trascendental en la posibilidad de reunificación de la nación coreana.

“La posición de Corea del Sur es claramente crítica con la de Estados Unidos y se haría aún más distante si Washington gira hacia posiciones más duras. El presidente surcoreano Roh Moo-Hyun, en sus visitas recientes a Estados Unidos y a varios países europeos, ha manifestado con claridad que no hay alternativa al diálogo, que las sanciones serían contraproducentes y que una política más estricta con Corea del Norte tendría “repercusiones graves”. En particular, durante su visita a Los Ángeles a mediados de noviembre, Roh señaló que la amenaza del uso de la fuerza carece de eficacia como táctica negociadora, que las sanciones económicas (incluyendo un embargo) no son deseables y que la crisis nuclear debe ser resuelta en el marco de las conversaciones a seis bandas. En su visita a Francia en los primeros días de diciembre, Roh fue más allá y dijo que la pretensión de algunos países occidentales de colapso del régimen norcoreano es ingenua (porque el cambio de régimen no va a ocurrir) y peligrosa (porque hace que los dirigentes de Pyongyang estén en permanente tensión).” 

La República Popular China es hoy por su histórica relación con Pyongyang y su poderío regional un Estado clave para la resolución del conflicto. China es el principal proveedor de ayuda económica y alimentaria de Corea del Norte. Si bien la personalidad del líder norcoreano demuestra rasgos de autonomía, la influencia que puede ejercer el gobierno chino sobre el régimen norcoreano reporta una importancia crucial. “El éxito de Beijing de mantener fuertes lazos con Pyongyang es un indicador de que los líderes de Corea del Norte y China comparten la misma creencia de que un sistema internacional unipolar dominado por Estados Unidos representa grandes desafíos a sus respectivos intereses nacionales” . La República Popular de China se encuentra en un período de transición y transformación interna en pos de insertarse en la “economía mundial capitalista” convirtiéndose así en un “estado socialista de mercado” . Para este fin la estabilidad de la región del Sudeste Asiático es fundamental. China en el plano político mundial ha manifestado un relativo “bajo perfil”, pero el mismo se incrementa en una región donde los intereses económicos y geoestratégicos se ven plenamente involucrados. La mediación China en el conflicto, a su vez, no sólo es importante para la resolución pacífica del mismo sino que ve en tal participación una forma de acotar las iniciativas norteamericanas que vayan en detrimento de sus propios intereses.

China comparte el objetivo de la desnuclearización de la península coreana, pero al igual que Rusia se niega a incluir el tema en la agenda del Consejo de Seguridad. Por su parte ha favorecido el diálogo como mecanismo para propiciar un arreglo pacífico. A su vez, piensa que es necesario combinar un esfuerzo multilateral a través de las negociaciones de las seis bandas; con contactos bilaterales directos entre Estados Unidos y Corea del Norte.

Este país se opone vehementemente a cualquier acción que pueda empeorar la situación. China está en contra de las sanciones por un buen número de razones: las mismas podrían desencadenar represalias militares contra Corea del Sur o Japón. Si el régimen se derrumba, China tendría que hacer frente a una invasión de refugiados y perdería el Estado tapón que supone Corea del Norte entre las fuerzas chinas y los soldados estadounidenses en Corea del Sur (así como, más en general, la alianza militar de Estados Unidos con varios países de Asia Oriental y Oceanía); una reunificación rápida pondría en dificultades económicas a Corea del Sur, que es uno de los principales inversores y socios comerciales de China; además, la responsabilidad principal de las sanciones recaería en China, que es la principal fuente de suministro de petróleo y alimentos a Corea del Norte. A su vez, la República Popular sabe que el colapso político de Corea del Norte podría facilitar su aislamiento geoestratégico, tras los avances de Estados Unidos en Asia Central y Meridional, y el giro político de Rusia , además de plantear una referencia de emancipación política, peligrosa para su población. Así, Beijing intenta flexibilizar posiciones a favor de encontrar “zonas de acuerdo mutuo”.

Cabe destacar que si bien Estados Unidos y China aunque sean competidores estratégicos en materia geopolítica tienen economías realmente imbricadas. “Inicialmente, lo que hizo que ambos países se acercaran fue el deseo de frenar, incluso disminuir, el poderío de la URSS. Pero pronto descubrieron que cada uno podía recibir importantes ventajas económicas de una relación menos antagonista y cada cual tenía visiones de largo plazo que ambos pensaron que podían impulsarse con este curioso arreglo bilateral. Estados Unidos buscó domesticar a China, sacarlo de su capullo maoísta al torbellino mercantil de la economía mundo capitalista. China buscaba comprar tecnología, oficio y sobre todo tiempo para fortalecer su economía y su ejército, y que le permitiera convertirse en una superpotencia” .

Hoy Estados Unidos es el principal socio comercial de China, mientras que China es el principal tenedor de deuda (Tbonds) norteamericana. Esta relación de interdependencia hace que sus relaciones recíprocas sean cautelosas y no desafiantes. Así, tenemos una superpotencia y una potencia regional que buscan contenerse mutuamente pero que tienen demasiados intereses y relaciones económicas de por medio como para desafiarse directamente la una a la otra.
En definitiva, La República Popular busca la apertura económica de Corea del Norte para evitar el derrumbamiento estrepitoso del régimen y lograr una mayor distensión en la península coreana. Para extender su poder en un escenario estable. A su vez, la promoción de la negociación por parte de este país no sólo le permite ganar posiciones sino que a la vez cuenta con el visto bueno de Estados Unidos cuyos líderes han reclamado constantemente a China un rol más activo en la solución del conflicto. 

6. Análisis de las principales opciones para la solución del conflicto: ventajas e inconvenientes
He aquí donde prioritariamente radica la importancia de la “ecología de la acción”. A la hora de tomar una decisión a favor de intentar dar una solución a una problemática no podemos dejar de tener en cuenta la complejidad del escenario donde la misma deberá ser llevada a cabo.

Las opciones que se le presentan a los actores pueden sintetizarse en: (1) adopción de algún tipo de medida militar; (2) aceptar la nuclearización de Corea del Norte pero tomando medidas encaminadas a aislar y contener al régimen con el fin de provocar su colapso; (3) utilización de la vía diplomática para entablar negociaciones tendientes a conseguir una eliminación completa y comprobable de los programas de armas nucleares a cambio de contrapartidas económicas y energéticas, así como también de una garantía multilateral de seguridad (un claro linkage en términos de Keohane y Nye).

Dado que la alternativa militar en el marco de la legalidad que proporciona el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas resulta inviable por la oposición y veto de China y la Federación Rusa, la utilización de la fuerza militar en un “ataque preventivo” por parte de Estados Unidos sería un acto unilateral. Demostraría una pérdida total del poder blando de Estados Unidos que no puede lograr que la comunidad internacional apoye y legitime sus valores. Por otra parte dentro del concepto de poder duro la utilización de la fuerza militar es lo que se denomina poder punzante (sharp power). “Quienes se resistan a él sentirán el aguijón de las bayonetas, mostrándole a empujones la dirección que debe seguir... Se impone cada vez más la idea de que la superioridad militar aplastante es la base más sólida de la seguridad nacional. Esta supremacía abrumadora no sólo disuade a los enemigos potenciales sino que también consigue que otras potencias desistan de intentar alcanzar el nivel de acumulación progresiva de fuerzas de Estados Unidos” 

Pero la excesiva concentración en el poder duro merma la capacidad de ejercer poder blando, necesario para cualquier hegemonía. A su vez, no toma en cuenta el aumento que habría respecto de las percepciones negativas de los demás actores involucrados frente a la actual política norteamericana. Esta alternativa carece también de una evaluación real de los tremendos costos potenciales y altos riesgos que implicaría una operación de tamaña magnitud.
Asimismo, la decisión de una guerra, invasión o ataque quirúrgico no toma en cuenta la noción de ecología de la acción pues es sabido que el control de la situación, una vez en el terreno, es mucho menor a lo planificado. Convergen variables aleatorias dentro de un ambiente incierto en el cual la acción puede escapar e incluso volverse contraria a la acción inicial (la post guerra iraquí es un ejemplo).

Finalmente, una política unilateral implica desconocer que si bien Estados Unidos es la única superpotencia militar no lo es en los demás planos y necesita consensuar con otros actores de la región el establecimiento de pautas o reglas.

La segunda opción implica amenazar a Corea del Norte con aislarlo, bloqueando sus eventuales actividades de exportación, restringiendo las transferencias financieras del exterior, penalizarlo a través de un embargo comercial con la idea de estrangular económicamente al régimen para producir su colapso o incluso una cuarentena naval.

Esta opción también tiene grandes inconvenientes principalmente porque dado los intereses en juego los actores involucrados no aceptarían de consenso esta alternativa, por otra parte no hace desaparecer el peligro nuclear.

En primer lugar, esta opción equivale a congelar cualquier relación de Corea del Norte con otros actores, especialmente los contactos entre Corea del Norte y Corea del Sur. A lo cual este último país no está dispuesto a renunciar. A pesar de las diferencias y tensiones ambas Coreas comparten la idea de que existe una única nación coreana de la que se deriva la voluntad para cooperar en función de lograr la reunificación. Norte y Sur a través de sus prácticas, llevando a cabo una serie de intercambios, promoviendo encuentros y negociaciones, a través de ayuda económica, encuentros culturales, etc., han buscado generar año a año una estructura social de intereses e identidades lo suficientemente amistosa y efectiva para hacer posible la lenta reunificación. Una retórica cada vez más rígida, como la planteada por Washington, puede tirar todos estos esfuerzos por la borda. Una reunificación tras una eventual debacle del régimen de Pyongyang sería “apresurada” y probablemente quedaría trunca. Además, las rígidas imposiciones las sufriría el pueblo norcoreano aumentando así la percepción negativa hacia los países extranjeros que apoyan a Washington, incluida Corea del Sur.

Además, mantener la presión sobre Corea del Norte para propiciar el colapso, implica tanto el apoyo tanto de Rusia como de China, que como se manifestó en el apartado anterior no encuentran que esta opción sea favorable a sus intereses particulares. A su vez, aún con el apoyo formal de los actores, crear un “anillo de hierro” impenetrable alrededor de Corea del Norte parece algo imposible. Los atentados del 11 de septiembre, el accionar de grupos terroristas, traficantes (dentro del botton chessboard) y los flujos de inmigración ilegal han demostrado la fácil permeabilidad de la frontera en la superpotencia militar. ¡Cuánto más difícil será asegurar la impermeabilidad de Corea del Norte! Por ejemplo el tráfico de plutonio u otros materiales resultan muy difíciles de detectar.

Por otra parte es importante destacar que las sanciones (como se dijo anteriormente) podrían generar un comportamiento más agresivo por parte de Corea del Norte que ya ha declarado que interpretaría tales acciones como actos de guerra. Una presión sobre Corea del Norte puede ponerla “contra la espada y la pared”; probablemente llevándola a una situación donde las alternativas sólo sean “matar o morir”. Así puede desencadenar una acción militar para con los vecinos. Como se manifestó reiteradas veces presiones llevadas a cabo para modificar las conductas agresivas de la contraparte pueden derivar en lo contrario.

Asimismo, se debe tener en cuenta que “el régimen de Kim-Chong-il se ha mantenido incólume pese a las hambrunas e inundaciones, a una muy deteriorada situación económica, a la reducción de la ayuda por parte de Rusia y de China y a la fuerte presión de Estados Unidos. Su legitimidad no se ve desafiada por una oposición organizada, ni protestas sociales generalizadas, ni se han registrado intentos de golpes militares o intrigas palaciegas. Tampoco predomina el caos en el ejército ni se han dado purgas masivas de oficiales de alta graduación. Es más, el derrocamiento de Kim Chong-il podría incluso dar mayor poder a sectores opuestos a la reforma económica y a la apertura a Corea del Sur y a Japón.” Por esta razón parece poco probable que la presión pueda generar un derrumbe del régimen en el corto o mediano plazo.

Finalmente, hay que recordar que el mayor peligro de la nuclearización de Corea del Norte no es directo sino indirecto. Ello es crucial para captar que ahogar económicamente al régimen provocará que éste venda más armas a fin de subsistir a la presión. Así, siguiendo la lógica de la ecología de la acción bajo la intención de disminuir la proliferación, el estrangulamiento económico del régimen puede causar lo opuesto. Incluso, una eventual caída del mismo podría dejar en situación descontrolada el material nuclear.

La tercera opción incluye retomar el diálogo y las negociaciones. La premisa central que la sustenta es que se puede alcanzar la desnuclearización sin la necesidad de derrocar el régimen de Pyongyang. Ello no significa que la tarea sea fácil. Se debe reemplazar toda una estructura cognitiva e historia de desconfianza, recelos, intrigas, maltratos en pos de una estructura de confianza mutua, es menester cambiar la estructura de rol de los actores interactuantes, de negativa (o de enemigos) a una positiva, a fin de hacer posible la cooperación.

En este sentido, es necesario recordar que la negociación puede ser un largo proceso donde la paciencia es fundamental. A pesar de que ha habido anteriores encuentros las partes no han salido de sus respectivos “puntos de seguridad” (en términos de Zartman) en , ni tampoco se ha decidido una “fórmula de negociación consensuada”, ambas cuestiones son claves para llevar la negociación a buen fin. Existen varios obstáculos a solucionar. El primero es el de las “condiciones” para retomar el diálogo. Mientras que Estados Unidos, Japón y Corea del Sur han convenido no ceder a la pretensión de Pyongyang de que se le otorguen concesiones previas a la negociación, Pyongyang asegura que no retomará el diálogo en el actual contexto. Para ello China ha intentado mediar constantemente para que Corea del Norte acceda a negociar. Dada la condena de la comunidad internacional sobre Corea del Norte tras la aceptación de posesión de armas de destrucción masiva, es necesaria que Kim-Chong-il permita retomar las negociaciones. 

Conclusiones
La complejidad del sistema internacional trasnacionalizado en donde los Estados siguen siendo los actores primordiales, pero existen áreas de problemáticas que muchas veces escapan a su completo control, plantea no sólo graves problemas de seguridad real –estrategia, coordinación etc.- sino cambios importantes a nivel de percepción de las amenazas. Esto se hace evidente en el caso de las sucesivas crisis desatadas por Corea del Norte, un Estado que a pesar que de no ser una amenaza importante a nivel directo – su capacidad misilística es muy pobre- es percibida como una amenaza indirecta por su identidad e historial como proliferador. En este balance de amenaza que plantea el régimen de Pyongyang al resto de los actores se cruzan los intereses estratégicos de los mismos en la península coreana. Las divergencias en las posiciones de los actores involucrados se hacen evidentes en las distintas alternativas de solución del conflicto.

La opción militar resulta ser la más peligrosa y riesgosa por lo que Washington debería dejar de considerar esta alternativa, cuanto menos públicamente, ya que los costos que la misma implica son extremadamente altos. Respecto de los costos materiales representa un gasto de decenas de miles de millones de dólares y en cuanto a los costos humanos se estima que pueden ser incluso diez veces más elevados en comparación a las bajas en Irak (algo que la opinión publica norteamericana difícilmente aceptaría). Por otro lado, una nueva acción unilateral por parte de Estados Unidos que desestime el rol de Naciones Unidas como principal garante de la paz y la seguridad internacionales terminaría minando de lleno el régimen de legalidad internacional que representa esta organización intergubernamental. Si bien Estados Unidos no confía en los regímenes de inspección nuclear e hizo del unilateralismo y la guerra preventiva elementos centrales de su política exterior, es importante que este Estado tenga en cuenta que en un mundo donde la globalización ha aumentado la interdependencia y las amenazas se han hecho difusas el logro de la seguridad de forma individual sustentado en la noción de auto-ayuda no tiene cabida, en este mundo interdependiente e interconectado, propiciar la seguridad de forma individual resulta inconcebible. En palabras de Huntington “un hegemón debe tener la capacidad para anticiparse a las grandes cuestiones internacionales y liderar estrategias globales para resolverlas”, así la política concebida unilateral y unidimensionalmente manifiesta que Estados Unidos no sólo no es hegemón sino que a cada paso se mueve en dirección contraria al establecimiento de una hegemonía. Si Estados Unidos decide tirar por la borda aquellos regímenes que nacieron como amparo y sustento del sistema de valores norteamericanos, estaría desperdiciando desproporcionadamente el poder blando que construyó en el pasado. 

Pensar en una guerra preventiva contra Corea del Norte manifiesta inclusive la no utilización siquiera de la totalidad del poder duro, puesto que se centra en el poder punzante y deja de lado el poder económico o pegajoso. Concentrase únicamente en el poder militar es propio del pensamiento realista predominante en la Guerra Fría. Este enfoque subraya que el poder militar domina todas las demás formas de poder, pero esta perspectiva no tiene en cuenta los altos costos de la utilización de la fuerza y la posible no correspondencia en términos de eficacia o dominio de los resultados deseados. El poder económico en este caso equivale a atacar con la fortaleza propia la debilidad ajena. Utilizar la zanahoria, es decir las inversiones, los créditos o tratados comerciales en condiciones preferentes etc. de las cuales el régimen de Corea del Norte está necesitado por su aguda situación económica. La crisis económica de Corea del Norte se inició a finales de los años ochenta pero se agudizó en los años noventa: el colapso de los otros países de economía centralmente planificada; los elevados gastos militares; las sanciones económicas y los desastres naturales (sequías, tifones, inundaciones) hacen que lograr planes de desarrollo sea, en gran medida, difícil. Por añadidura, al no formar parte del Banco Mundial y del Banco Asiático de Desarrollo, no puede recibir fondos de esos organismos. Definitivamente, la penetración económica en el bloque soviético fue una herramienta fundamental durante el período de Guerra Fría y dado la preponderancia que ha adquirido el eje económico en las relaciones internacionales de la actualidad la utilización de esa herramienta no resulta en ninguna medida anacrónica.

Respecto de la opción que considera aceptar de facto la nuclearización y, al mismo tiempo, promover el aislamiento y la contención de Pyongyang, con miras a provocar el derrumbe del régimen no sólo parece un escenario poco realista a corto-medio plazo sino que, de producirse, generaría dificultades y costos serios tanto a Corea del Sur (que tendría que gestionar una reunificación rápida y desordenada) como a China (que tendría que absorber previsiblemente un número muy alto de refugiados, perdería un aliado que actúa como Estado tapón en una zona altamente estratégica para sus intereses). Además de los intereses económicos y geopolíticos, raíces culturales e históricas enlazan a ambos países con Corea del Norte por lo cual no están dispuestos a aceptar poner coto a sus relaciones. Rusia, por su parte, tampoco adhiere a una opción que implique la caída del régimen y por lo tanto una desestabilización regional. De los países involucrados Japón es el que se muestra más favorable a Washington pero también apoya opciones de cambios graduales y no drásticos que puedan afectar sus intereses en la región. Los tres Estados con más experiencia en el trato y relaciones con Pyongyang, China, Rusia y Corea del Sur descartan esta posibilidad en tanto que consideran que cercar a un régimen que está acostumbrado al aislamiento dista de ser una estrategia que provoque una caída del mismo. En cambio tal presión puede provocar un aumento de la agresión y retroalimentar la conflictividad.

De este modo, resulta que la opción más apropiada parece ser la mesa de negociación. La característica principal de estas negociaciones reside en que dos de los actores involucrados, Corea del Norte y Estados Unidos, han aumentado considerablemente la rigidez de sus posiciones y las retóricas de los principales dirigentes retroalimentan la desconfianza haciendo predominar una lógica de suma cero desde la cual la cooperación se torna imposible. Por lo tanto, es indispensable preservar el marco multilateral de negociación a seis bandas y complementarlo con encuentros bilaterales de carácter ministerial y no llevar a cabo, por el momento, encuentros cumbres bilaterales entre Estados Unidos y Corea del Norte. Consideramos que dada la aversión personal entre los mandatarios de ambos países un encuentro influiría negativamente en las negociaciones.

La República Popular China debe seguir impulsando los encuentros. Este país no sólo puede ejercer poder duro económico sobre Norcorea, dado que es el principal socio comercial, abastecedor de alimentos y ayuda económica y humanitaria múltiple, sino que en su rol de “economía socialista de Mercado” sumado a sus valores culturales compartidos con Corea confieren a China suficiente poder blando como para erigirse como modelo o referente a seguir por Corea del Norte. “El poder duro siempre seguirá siendo crucial en un mundo de Estados que defienden su independencia, pero el poder blando se volverá cada vez más importante a la hora de tratar asuntos trasnacionales cuya solución exija la cooperación multilateral”. 

Por otro lado el endurecimiento de posiciones por ambas partes puede hacer que las exigencias de Estados Unidos a Corea del Norte se hagan cada vez más amplias (armamento nuclear, misiles, secuestros, fuerzas convencionales, reforma económica, derechos humanos, etc.) y que las contrapartidas exigidas por Pyongyang incluyan el mantenimiento de algún tipo de programa nuclear, dificultando así el acuerdo mismo dado que el balance de amenaza a favor de Corea del Norte seguiría presente. Además el tema del mantenimiento de un programa nuclear en un contexto de malas condiciones económicas en Corea del Norte hacen ciertamente que sea más vulnerable a las presiones externas pero a la vez más proclive a vender al mejor postor (gobiernos o incluso grupos terroristas) material nuclear o misiles.

Asimismo, en pos de lograr un progreso en las negociaciones Estados Unidos debe abandonar cualquier pretensión de cambio de régimen y debe concentrar su atención en el esfuerzo de concertar un desmantelamiento comprobable, total y definitivo del programa nuclear norcoreano. Es menester a favor de no generar desconfianzas mutuas aplicar medidas sincronizadas y paralelas, lo que puede llevarse a cabo a través de la negociación de paquetes de medidas. Al concretarse los acuerdos deberían derivar en una desnuclearización total y comprobable de la península coreana a cambio de garantías de seguridad multilaterales y asistencia económica, como objetivo de mínima. Un acuerdo óptimo debería incluir el reconocimiento político por parte de Estados Unidos y Japón a Corea del Norte y un pacto de no agresión entre ellos, así como también disposiciones para la verificación del estado de cumplimiento de los Derechos Humanos en Norcorea. 

El control de proliferación nuclear y la lucha contra el terrorismo internacional requieren de respuestas caracterizadas por un salto cualitativo en la cooperación y coordinación –poder blando- entre los Estados, donde la información y su adecuado procesamiento adquieren mucha importancia. La conformación de coaliciones de información real y a tiempo entre Estados aliados constituye la mejor forma de hacer frente a las amenazas asimétricas o no convencionales las que a su vez suelen estar ligadas entre si (el terrorismo, el narcotráfico, el crimen organizado, la depredación ecológica, la proliferación de tecnología de uso dual, etc.). “La paradoja del poderío estadounidense es que la política mundial cambia de un modo que hace imposible que la potencia más poderosa del mundo desde los tiempos de Roma alcance por sí sola algunos de sus objetivos internacionales más importantes. Estados Unidos carece de capacidad internacional e interna de resolver los conflictos internos de otras sociedades y, al mismo tiempo, de vigilar y dirigir los acontecimientos transnacionales que amenazan a los estadounidenses en su propio país. En muchos asuntos que hoy son fundamentales, como la estabilidad financiera internacional, el narcotráfico, la propagación de enfermedades y sobre todo el nuevo terrorismo, el poderío militar por si sólo no puede conducir al éxito, y su uso puede a veces resultar contraproducente. En lugar de eso, como el país más poderoso Estados Unidos debe propiciar las coaliciones internacionales para enfrentar estas amenazas y desafíos comunes” . En pos de lograr aunar posiciones será necesario tomar en consideración los intereses de los actores involucrados en los conflictos y, en vista a ellos acordar con Pyongyang la suspensión y el desmantelamiento de sus programas nucleares y de misiles de largo alcance a cambio de reconocimiento diplomático, garantías de no agresión y ayudas económicas no parece en absoluto un mal negocio para la comunidad internacional. Esta puede ser una oportunidad de equilibrar el balance de amenaza que supone la posesión de armas nucleares por parte de Corea del Norte.

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Anexo 
Mapa del Programa Nuclear de Corea del Norte


Center for Nonproliferation Studies, 
Monterey Institute of International Studies 

AUTORAS:
Lic. Ma. Belen Avellaneda
Lic. Ma. Elena Araya

[1] Ver Documento base de estudios y documentos producidos por ONU respecto de “Problemas y peligros que plantea la delincuencia internacional organizada en distintas regiones del Mundo”, preparado para la Conferencia Ministerial Mundial sobre la Delincuencia Trasnacional Organizada, realizada en Nápoles en 1994.

[2] http://www3.ndu.edu/chds/journal/PDF/2003-0403/Calle-essay.pdf.

[3] De acuerdo con la conceptualización de Keohane y Nye en su libro “Poder e Interdependencia” los regímenes internacionales son factores intermedios entre las estructuras de poder del sistema internacional y los procesos de negociación política. Implican procedimientos y normas internacionales que generan pautas de conductas entre los actores, regulan y controlan las relaciones trasnacionales e interestatales.

[4] Joseph S. Nye, “Redefining the National Interest” Foreign Affairs. July /August 1999.

[5] Tomamos el concepto de Van Klareven, Alberto; “Terrorismo y seguridad hemisférica” en Evolution of the Concept of Hemispheric Security Center for Hemispheric Defense Studies Octubre 2003. http://www.ndu.edu/chds/redes2003/Academic-Papers/1.Hemispheric-Security/5.Evolution-Concept-Hemispheric-Security/1.M%20Rosas.-final.doc

[6] Citado por Calle, Fabián Carlos. Los lineamientos estratégicos de los Estados Unidos post 11-9: algunas de sus implicancias internacionales y hemisféricas.
 www3.ndu.edu/chds/journal/PDF/2003-0403/Calle-essay.pdf –  Pág. 227.

[7] Wendt, A, “Anarchy is What States Make of It: The Social Construction of Power Politics”, International Organization, Vol. 46, No. 2, Spring 1992 y Wendt, A, “Constructing International Politics”, International Security, Vol. 20, No. 1 Summer 1995.

[8] Calle, Fabián Carlos. Los lineamientos Estratégicos de los EEUU post 11-9: algunas de sus implicancias internacionales y hemisféricas. www3.ndu.edu/chds/journal/PDF/2003-0403/Calle-essay.pdf. Pág. 221.

[9] Morin, Edgar; Introducción al Pensamiento Complejo. Gedisa Editorial, Barcelona, 1994. Pág. 114-115.

[10] Nye Joseph. The Paradox of Amercian Power. Why the world’s ony superpower can’t go it alone. Oxford University Press, 2001. New York.  

[11] La Prensa. Corea vs. Corea. Carlos Valdez M.

[12]Bermudez J. S., Jr. (1999), “A History of Ballistic Missile Development in the DPRK”, Occasional Paper, nº 2, Center for Non Proliferation Studies, Monterey  Institute of International Studies.

[13] Sobre el tema de la capacidad misilistica de Corea del Norte vease: Specil Report on North Korean Nuclear Weapons Statement. ^Prepared by the East Asia Nonproliferation Program, Center for Nonproliferation Studies Monterrey Institute of Internacional Studies: http://cns.mis.edu/pubs/week/050211.htm

[14] Bustelo, Pablo. EEUU y la crisis Nuclear de Corea del Norte: ¿Falta de rumbo o falta de colisión? Real Instituto Elcano. Paper. 16/6/2003. Pág. 6.

[15] Bustelo, Pablo. EEUU y la crisis Nuclear de Corea del Norte: ¿Falta de rumbo o falta de colisión? Real Instituto Elcano. Paper. 16/6/2003. Pág. 6.

[16] Carter, A.B. (2003) “Alternatives to Letting North Korea Go Nuclear”. Testimonio ante el Comité de RREE del Senado de EEUU.

[17] Citado por  Feffer, Javier; “ Cual es el peligro Nuclear de Corea del Norte?”  http://www.fprp-es.org/feb_mar_2005/story_7_12.asp  Pág. 45.

[18] Lupsha, Peter a. El Crimen Organizado Transnacional versus La Nación-Estado. Revista Occidental. Estudios Latinoamericanos. Pág. 16.

[19] Para ver el contexto de la construcción de la KEDO ver: Paik, Haksoon; Relaciones intercoreanas en 2002. http://www.cidob.es/ingles/publicaciones/Anuarios/02paik.cfm

[20] Para las diferencias entre las administración Clinton y Bush. Véase Corea del Norte: ¿habrá que esperar a las elecciones de noviembre en EEUU? http://www.rebanadasderealidad.com.ar/internac-89.htm 

[21] Para una cronología de la crisis ver:  Quagliotti de Bellis;  Corea del Norte y la Cuestión Nuclear. http://www.gestiopolis.com/canale/economia/articulos60/coreas.htm

[22] Bustelo, Pablo. EEUU y la crisis Nuclear de Corea del Norte: ¿Falta de rumbo o falta de colisión? Real Instituto Elcano. Paper. 16/6/2003. Pág. 10.

[23] La Nacion On Line. 11-02-2005

[24] BUSTELO, Pablo. Corea del Norte en la Segunda Administración Bush. 15 de diciembre de 2004.

[25] BUSTELO, Pablo. Japón y la Crisis Nuclear con Corea del Norte: ¿una tercera vía? Instituto Elcano, 18 de marzo de 2003.

[26] BUSTELO, Pablo. Japón y la Crisis Nuclear con Corea del Norte: ¿una tercera vía? Instituto  Elcano, 18 de marzo de 2003.

[27] SOTO, Augusto (3/4/2003) La débil posición de Rusia en la crisis con Corea del Norte. Centro de estudios Internacionales de la Universidad Autónoma de Barcelona.

[28] SOTO, Augusto(3/4/2003) La débil posición de Rusia en la crisis con Corea del Norte. Centro de estudios Internacionales de la Universidad Autónoma de Barcelona. 

[29] CESARIN, Sergio. Las negociaciones intercoreanas. ¿ Norte-Sur: una nación, dos sistemas o un país? Boletín de Política Exterior No. 7, Fundación Nuevo  milenio 2002.

[30] BUSTELO, Pablo. Corea del Norte en la Segunda Administación Bush (ARI). ARI No. 190/2004. Análisis.

[31] Xiao Xiong Yi ten years of China-South Korea relations and Beijing s view on Korean reunification. The journal of east Asian Affairs. Vol XVI, No. 2. Fall/Winter 2002.

[32] Tanto el concepto de economía mundial capitalista y Estado socialista de mercado, en referencia a China se encuentran en los análisis de I. Wallerstein como por ejemplo en el artículo “China y Estados Unidos: encontradas estrategias geopolíticas. Diciembre de 2004. Investigaciones Rodolfo Walsh.

[33] Beijing observa con inquietud cómo Estados Unidos ha reforzado su alianza con Japón, estrechado sus relaciones con la India, renovado sus relaciones de defensa en el Sureste asiático y establecido bases en Asia Central. Por otro lado debe evitar enajenar a EEUU: China importa el 30% de sus necesidades de petróleo y más de la mitad de esa cifra procede de Oriente Próximo. Esta clave energética explica algunos de sus intereses: si Estados Unidos va a influir en el precio y distribución del petróleo iraquí, resulta evidente para Beijing –que hacia 2030 importará el 84% del petróleo que consume– que es mejor no enfrentarse a Washington. Ver Delage, Fernando. La política exterior china en la era de la globalización. www.cidob.es/castellano/ publicaciones/Afers/63delage.cfm - 87k

[34] I. Wallerstein. China y estados Unidos: encontradas estrategias geopolíticas. Diciembre de 2004. Investigaciones Rodolfo Walsh. http:/rodolfowalsh.free.fr.

[35] Walter Rusell Mead. Es investigador principal de la política exterior de Estados Unidos en el Council of Foreign Relations. Este texto es una adaptación. Power, Terror, Peace and War: America´s grand Strategies in a World at Risk (New Cork, knopf, 2004).

[36] BUSTELO, Pablo. Japón y la Crisis Nuclear con Corea del Norte: ¿una tercera vía? Instituto Elcano, 18 de marzo de 2003.

[37] Nye, Joseph. Jr. Poder y Estrategia de los EEUU después de Irak. Revista Foreing



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