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Las virtudes y el acto voluntario

Resumen: Según Aristóteles hay dos tipos de virtudes humanas, unas éticas o morales, y otras llamadas dianoéticas o intelectuales. Las virtudes éticas son, pues, hábitos adquiridos voluntariamente, por la repetición de actos, y consisten en un justo medio tal como lo determinarían la recta razón de un varón prudente. Existen diversas virtudes propias de la parte racional del alma humana.

Publicación enviada por Jaime Oswaldo Montoya Guzmán




 


ÍNDICE
Introducción
Objetivos
Justificación
Las virtudes
Las virtudes éticas
Las virtudes intelectuales
El acto voluntario
Conclusión sobre el pensamiento aristotélico
Conclusión

INTRODUCCIÓN
Es preciso determinar que la virtud propiamente humana es sólo aquella en la que interviene la razón.

Según Aristóteles hay dos tipos de virtudes humanas, unas éticas o morales, y otras llamadas dianoéticas o intelectuales. Las virtudes éticas son, pues, hábitos adquiridos voluntariamente, por la repetición de actos, y consisten en un justo medio tal como lo determinarían la recta razón de un varón prudente. Existen diversas virtudes propias de la parte racional del alma humana. Las virtud propia de la razón práctica es la prudencia, mientras que aquella de la razón teórica es la sabiduría.

La ética del acto voluntario debe entenderse como un intento consciente de superar el intelectualismo de sus predecesores, y aunque no llegara a expresar con toda precisión una teoría de la voluntad, tal doctrina no está sin embargo ausente.

Finalmente podemos agregar que el influjo de la doctrina aristotélica ha tenido un alcance histórico único. La historia del pensamiento occidental dice que la filosofía de Aristóteles nunca ha dejado de estar presente en él.

OBJETIVO GENERAL
- Comprender el significado de las virtudes éticas e intelectuales, el acto voluntario y las conclusiones finales que podemos tomar del pensamiento Aristotélico.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS

1. Definir las virtudes éticas para comprender nuestras tendencias e impulsos irracionales.

2. Definir las virtudes intelectuales de modo que comprendamos la parte racional del alma humana.

3. Diferenciar las virtudes éticas de las intelectuales con el fin de darnos cuenta de la manera en que se complementan hasta llegar a una actitud virtuosa.

4. Comprender qué es el acto voluntario para saber la manera en la que influye en las decisiones del ser humano.

5. Ser capaces de interpretar el pensamiento aristotélico para descubrir en qué sentido se incluye la voluntad dentro de ese pensamiento.

JUSTIFICACIÓN
Sabiendo que las virtudes son parte del ser humano, realizamos este trabajo dada la necesidad de comprender de la mejor manera el significado filosófico de las virtudes a la luz del pensamiento aristotélico, de modo que sepamos el verdadero significado y valor que tiene para nuestras vidas el ser personas llenas de virtudes.

LAS VIRTUDES
Ya que la felicidad ha sido definida como la actividad del alma según las virtudes, es preciso determinar ahora qué debe entenderse por virtud. Y como en el alma se distinguen tres «partes» vegetativa, sensitiva e intelectiva, cada una de ellas tendrá también su peculiar virtud o excelencia.

Sin embargo, la virtud propiamente humana es sólo aquella en la que interviene la razón. El alma vegetativa es común a todos los vivientes y no es específicamente humana. No ocurre lo mismo con el alma sensitiva, la cual, siendo de por sí irracional, participa de algún modo de la razón, en cuanto puede someterse a ella. Pero además, en los hombres, a diferencia de los animales, hay una parte del alma racional independiente del cuerpo.

Por lo tanto, para Aristóteles hay dos tipos de virtudes humanas, unas éticas o morales, que consisten en dominar las tendencias e impulsos irracionales, propios del alma sensitiva. Otras que corresponden a la parte racional, y que el Estagirita llama dianoéticas o intelectuales.

Las virtudes éticas
Aristóteles distingue dentro del alma sensitiva las pasiones, que son movimientos transitorios de la efectividad, las potencias, raíz activa de los actos humanos, y las disposiciones adquiridas o hábitos, cualidades estables que otorgan al sujeto una facilidad para realizar ciertos actos. Los hábitos buenos son las virtudes, y los malos los vicios; no son pasiones porque éstas, como vienen dadas por la naturaleza, no son ni buenas ni malas; en cambio, los hábitos pueden ser buenos o malos, pues son perfecciones o imperfecciones de las potencias, que se adquieren libremente con el ejercicio.

Según Aristóteles, las virtudes morales no son ni un efecto innato de la naturaleza, ni algo contrario a ella: el hombre está predispuesto a adquirirlas, al repetir muchas veces un mismo acto. La naturaleza nos da más bien inclinaciones y potencias que luego nosotros debemos actualizar: «practicando la justicia nos hacemos justos, practicando la templanza, templados»’’.

El Estagirita señala que no puede darse la virtud moral cuando hay exceso o detecto: la virtud implica justa proporción, justo medio entre dos excesos. Sin embargo, no se trata tan sólo de un medio aritmético, cuantitativo, sino un justo medio relativo a nosotros. De esta manera, la virtud es determinada por dos aspectos: por un lado por la objetividad bondad que encierra la obra en sí misma, y junto a esto, por las circunstancias diversas que se refieren al sujeto. Por ejemplo, respecto al comer habrá una cantidad excesiva, y otra insuficiente. La virtud consiste precisamente en el justo medio entre los dos excesos, es decir, comer lo que para mí es justo, ni demasiado ni muy poco”

El justo medio cuantitativamente es algo intermedio, pero a la vez, por su cualidad constituye un extremo. Por tanto, si consideramos el justo medio bajo su aspecto de bondad, hay una inversión: los virtuoso que se ha definido como un medio aparece ahora como un extremo, como lo más elevado excelente”.

Para Aristóteles, la virtud ética está íntimamente ligada a la recta razón, pues ella señala el defecto y el exceso que se ha de evitar, para alcanzar el justo medio. A su vez, la recta razón se adquiere por la prudencia, cuyo criterio o norma viene a coincidir con el juicio de un «varón sensato y experimentado».

Por lo tanto, la virtud ética se puede definir como la justa medida que impone la razón a los sentimientos, acciones y pasiones, que sin el control de la razón tenderían hacia un extremo u otro. Las virtudes éticas son, pues, hábitos adquiridos voluntariamente, por la repetición de actos, y consisten en un justo medio tal como lo determinarían la recta razón de un varón prudente.

«Es, por tanto la virtud un hábito electivo que consiste en un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón por la que decidiría el hombre prudente»’

En las virtudes morales pueden distinguirse dos campos bien definidos:
a) respecto al propio sujeto, las que regulan la parte no específicamente racional del hombre son:
1ª la fortaleza, que aleja al hombre de la cobardía y la temeridad regulando el apetito irascible; 
2ª la templanza, que regula los placeres de los sentidos;
3ª la modestia o pudor, que versa sobre las emociones;

b) Respecto a sus semejantes, hay una multitud de virtudes sobre la convivencia (liberalidad, veracidad, buen humor, amabilidad, etc., etc.) y además la justicia y la equidad.

La virtud de la justicia tiene en Aristóteles un sentido muy preciso: es obediencia a la ley por una parte, y por otra, es la relación de igualdad respecto a los demás hombres. Según el primer aspecto, lo justo es lo conforme a la ley; pero en la ley hay tipos de normas:

a) Las que tienen un origen natural y que en todas partes tienen los mismos efectos; estas normas son inmutables y no dependen de las opiniones de los hombres. Se llaman normas de ley natural, porque tienen la misma estabilidad que las propiedades naturales, y expresivamente Aristóteles las compara al fuego, que «quema lo mismo en Grecia que en Persia»; 

b) Las normas que tienen su origen en el legislador humano se caracterizan porque versan sobre cosas indiferentes, que se hacen obligatorias una vez establecidas por la ley civil.

En cuanto al segundo aspecto, Aristóteles dice que la igualdad debe presidir el orden de las relaciones humanas pues hay que dar a cada uno lo que se le debe, pero teniendo en cuenta sus cualidades naturales, dignidad, funciones que ejerce; es decir, no se trata de una igualdad aritmética, sino geométrica o proporcional. De aquí su división de justicia distributiva y justicia y justicia conmutativa, según corresponda a las relaciones del poder público con los ciudadanos o a las relaciones de los ciudadanos entre sí. En resumen, la justicia es una virtud que regula la relación con los demás hombres y comprende: 1º Justicia natural basada en la ley natural; 2ª justicia civil fundada en las leyes civiles no escritas (costumbres) y escritas (justicia legal) y esta se subdivide en distributiva y conmutativa.

Las virtudes intelectuales
Aristóteles distingue diversas virtudes propias de la parte racional del alma humana, pues como la razón tiene dos funciones, conocimiento del las cosas necesarias e inmóviles y conocimiento de lo cambiante y contingente, habrá también dos virtudes correspondientes. Las virtud propia de la razón práctica es la prudencia, mientras que aquella de la razón teórica es la sabiduría’

La sabiduría hace relación a aquel los objetos que son superiores al hombre, y en su ejercicio continuo, la contemplación consistiría corno hemos visto la felicidad perfecta para Aristóteles.

La Prudencia es la cualidad práctica del entendimiento por la que delibera correctamente en orden a obrar bien. A esta virtud Aristóteles le otorga un papel decisivo para la conducta humana, pues la liga inseparablemente a todas las virtudes éticas; es decir, las virtudes fijan el fin y la prudencia marca los medios. Por tanto. «No es posible ser verdaderamente virtuoso sin prudencia, ni ser prudente sin ser virtuoso»

El acto voluntario
Como bien dice la ética aristotélica el elemento exclusivamente racional es la felicidad última que es la actividad de la parte superior del alma racional; pero a la vez en las virtudes humanas, tanto éticas como dianoeticas o intelectuales está presente también la razón. Sin embargo, esto no quiere decir que Aristóteles no dé cabida al elemento volitivo; es más, su ética debe entenderse como un intento consciente de superar el intelectualismo de sus predecesores, y aunque no llegara a expresar con toda precisión una teoría de la voluntad, tal doctrina no está sin embargo ausente.

Además de la voluntad como deseo racional, Aristóteles incluye también la Deliberación y la Elección.

• Deliberación: es considerar detenidamente el pro y el contra de cada decisión, es decir que la persona tiene que estudiar o analizar las consecuencias positivas o negativas que puede traer la realización de una decisión. 

• Elección: es la acción de elegir cualquiera de las deliberaciones hechas anteriormente por la persona, esto por medio de la inteligencia y la voluntad.

¿Cómo articular todos estos elementos en el acto humano virtuoso? Para empezar, el acto humano virtuoso comprende solo aquellas acciones que son buenas desde el punto de vista ético, entonces la voluntad, que se da por el entendimiento, es guiada por el bien; aquí se estaría dando inicio al obrar humano. El intelecto tendrá que deliberar acerca de los medios necesarios para alcanzar dicho bien, a esto le sigue la elección la cual vendría a ser el deseo o el querer de esa inteligencia. Por ejemplo: cuando yo le doy limosna a un niño necesitado. Mi voluntad se estaría dando porque yo comprendo la situación por la que el niño está pasando. Por esto mismo, también puedo deliberar entre qué tipo de limosna le puedo ofrecer: si le puedo dar dinero, comida, ropa, etc. Es aquí donde actúa la elección, porque gracias a ella, puedo elegir la deliberación que más convenga para el bien del niño, ya que nadie me asegura de que si le doy dinero, pueda gastarlo en drogas o en cosas que no puedan ser buenas para él.

Ahora bien, ¿Qué da certeza al hombre de la bondad de su actuar y cómo asegurar que el bien querido por la voluntad y los medios concretos para ponerlo en practica son objetivamente buenos? Depende de la visión de cada persona, ya que alguna actitud que para mi es buena, para otra persona puede ser mala, por ejemplo: para una persona pegarle a un niño puede ser un método de enseña, pero para otra, esto puede ser antipedagógico o un método equivoco de corrección. 

Se percibe una especie de círculo vicioso, pues para ser bueno debo querer fines buenos, pero no podré querer tales fines si no soy ya bueno. Sin embargo, tal circulo no existe si se tiene en cuenta que si bien la bondad del carácter y la voluntad buena no son independientes, es el hombre quien poco a poco debe cimentarlas mediante sus actuaciones libres y concretas, en las que interviene tanto la razón como la voluntad, la deliberación y la elección. Aristóteles dice:

“El fin no aparece por naturaleza a cada uno de tal o cual manera, sino que en parte depende de él (…). En efecto, somos en cierto modo causa de nuestros hábitos, y por ser como somos nos proponemos un fin determinado”.

Lo anterior trata de explicarnos que cada uno es responsable de su propio fin y de los medios para alcanzarlo, donde también se hace presente la deliberación y la elección; del mismo modo somos responsables de nuestros hábitos y según estos hábitos, asi será la forma de proponernos determinado fin.

Aristóteles no da una doctrina sistemática que se refiera a la voluntad y menos aun de la libertad, pero ofrece elementos necesarios para dar a entender que esa doctrina esta presente de una manera primaria, en sus éticas. La manera para descubrir estas doctrinas es saber articular y manejar el pensamiento que Aristóteles ha dejado.

Conclusión sobre el pensamiento aristotélico
El influjo de la doctrina aristotélica ha tenido un alcance histórico único. La historia del pensamiento occidental dice que la filosofía de Aristóteles nunca ha dejado de estar presente en él. Desde el final de la edad antigua, con la aparición de los primeros comentadores de sus obras, el aristotelismo renace. A fines del siglo XII cuando la doctrina de Aristóteles pasa a primer plano y con la escolástica conoce su renacimiento más profundo. En el siglo XIX, por obra de diversos filósofos que vuelven a revisar sus tratados, los estudios aristotélicos cobran una nueva vitalidad que todavía perdura.

El destino de su doctrina se debe sobre todo a su riqueza y profundidad. Baste pensar en la gran trascendencia que los conceptos aristotélicos han tenido en cada una de las ramas del saber filosófico. 

La filosofía griega alcanza con Aristóteles su plena madurez, consiguiendo una altura especulativa que en muchos aspectos nunca después ha sido superada. No significa que la doctrina aristotélica no presente también numerosas aporías. Aristóteles encuentra difícil explicar la relación entre lo sensible y divino. Asimismo la inmortalidad del alma no queda del todo resuelta su silencio sobre su origen y destino ultraterreno la comprometen al menos en cierta medida. 
La descripción de la felicidad suprema del hombre como contemplación intelectual, indican que ha pesar del esfuerzo de Aristóteles por salvar el elemento volitivo, no llega a otorgarle el puesto que le corresponde.

Debe reconocerse en la filosofía de Aristóteles, por su profundidad y extensión, y también por los problemas que suscita.

CONCLUSIÓN
La virtud propiamente humana es solo aquella en la que interviene la razón.

Las virtudes éticas consisten en dominar las tendencias e impulsos irracionales, mientras que las virtudes intelectuales corresponden a la parte racional.

Las virtudes no son dadas al hombre por naturaleza, sino que él las adquiere por medio de la repetición de un mismo acto.

La virtud para llevarse a cabo de una manera buena debe estar justamente proporcionada.

La virtud ética esta íntimamente ligada a la recta razón, ya que esta señala el defecto y el exceso que se ha de evitar. A su vez la recta razon se adquiere por la prudencia.

En las virtudes morales se distinguen dos campos bien definidos: respecto al propio sujeto y respecto a sus semejantes.

La virtud propia de la razon practica es la prudencia, mentras que aquella de la razon teorica es la sabiduría.

Las virtudes fijan el fin y la prudencia marca los medios.

Para Aristóteles, la doctrina de la voluntad aunque no esta explicita, esta presente en sus eticas.

Además de la voluntad como deseo racional, Aristóteles incluye también la Deliberación y la Elección.

Cada acto que realiza una persona va a ser bueno o malo, de acuerdo a la vision que esta tenga de dichos conceptos.

La doctrina aristotelica ha sido importante en la historia.

Los principios metafisicos de Aristóteles, por ejemplo, reflejan y explican la realidad de un modo mas profundo, es por eso que hasta el día de hoy, aun estan presentes al igual que su analisis del conocimiento humano, la logica y la ética.

BIBLIOGRAFÍA
Historia de la Filosofía Antigua. Iñaki Yarza. EUNSA.
Diccionario Enciclopédico de la Lengua Castellana MAYOR. Editorial CODEX S.A. 

UNIVERSIDAD CATÓLICA DE OCCIDENTE (UNICO)
FACULTAD DE INGENIERÍA Y ARQUITECTURA

TRABAJO EX-AULA

DOCENTE:
Licenciada Edith Carolina Martínez de Ayala

ALUMNO:
Jaime Oswaldo Montoya Guzmán

ENTREGA: 

Martes, 5 de abril de 2005 

AUTOR: 
Jaime Oswaldo Montoya Guzmán. 
Fecha de nacimiento: 16 de julio de 1986. 
Centro de Estudios: Universidad Católica de Occidente (UNICO). 
Nivel de Estudios: Ciclo III en la universidad. 
Carrera: Ingeniería en Sistemas Informáticos. 
Correo electrónico: jaimemontoya@gmail.com
Sitio web personal: http://jaimemontoya.googlepages .com



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