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Mirando la Cultura desde la Comunidad

Resumen: La cultura expresa el conjunto de elementos, intelectuales y materiales que caracterizan a una sociedad. En su gran espectro incluye las artes, las ciencias, los estilos de vida, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias. A través de ella los grupos elaboran sus complejos sistemas de relaciones sociales, diversas concepciones del mundo, identidades, sentidos, símbolos, expectativas y estereotipos disímiles.

Publicación enviada por MsC. David Rubio Méndez




 


La cultura expresa el conjunto de elementos, intelectuales y materiales que caracterizan a una sociedad. En su gran espectro incluye las artes, las ciencias, los estilos de vida, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias. A través de ella los grupos elaboran sus complejos sistemas de relaciones sociales, diversas concepciones del mundo, identidades, sentidos, símbolos, expectativas y estereotipos disímiles.

Esta puede ser entendida de muy diversas formas: como civilización, como conjunto de técnicas o procedimientos que requieren conocimiento y habilidad, como conjunto de instituciones y obras “culturales” pertenecientes a un ministerio determinado (museos, música, arte, etc.) o como nivel de instrucción (equivalente a nivel cultural). También asumimos la tesis de La Cultura como sostén de cohesión comunitaria (Espronceda; 2000:11), y porque es inobjetable su rol definitivo en los procesos de transformaciones sociales, de las instituciones, organizaciones y grupos

De esta manera el hombre produce cultura, en el sentido genérico, de la misma forma que asume de manera dinámica los valores de la cultura durante todo el proceso de su desarrollo psicosocial, identificando como tal no solo aquellos elementos reconocidos universalmente como cultura artística, sino otros valores, no menos culturales ,como la tecnología, la ciencia, los resultados de la producción, los sistemas educacionales, la artesanía, el lenguaje, las representaciones sociales, las maneras de decir y de hacer de las diferentes comunidades humanas.

Pero el sistema social no es simplemente una parte de los otros sistemas, también tiene una existencia separada, pues constituye el acervo social de conocimientos símbolos e ideas...” la cultura es un sistema pautado y ordenado de símbolos que son objeto de las orientaciones de los actores, componentes internalizados del sistema de la personalidad y pautas institucionalizadas del sistema social “(Parsons; 1960. Tomado de Ritzer: 414)

El carácter simbólico y subjetivo de la cultura le permite transmitir sus elementos dentro de un sistema social con facilidad y rapidez, desde las estructuras a los individuos por medio del aprendizaje y la socialización, y así por medio de esta también se controlan las acciones individuales. Es un proceso de construcción y reconstrucción permanente en el que intervienen diferentes factores. Sus elementos se encuentran interrelacionados en forma orgánica y poseen la potencialidad de cohesionar y la vez delimitar o distinguir a diferentes colectivos humanos.

Las concepciones contemporáneas sobre el papel de la cultura en el desarrollo y su relación con los problemas de participación social, enfatizan en el impulso y orientación de los procesos participativos, valorándose el protagonismo comunitario, lo que implica, de hecho, la orientación del desarrollo comunitario desde una perspectiva cultural.

La ideología del desarrollo presupone una concepción histórica de las relaciones entre el hombre y la naturaleza más que visiones económicas y tecnológicas. Durante el florecimiento de la teoría de la modernización la cultura de las sociedades tradicionales se percibía como sinónimo de atraso, por lo que se consideraba un obstáculo fundamental para el desarrollo. Las culturas tradicionales fueron identificadas con los conceptos de fatalismo, inmovilismo y oscurantismo, o como estructuras sociales obsoletas. A partir de los años 70 se revoluciona el pensamiento social, comenzando a plantearse un discurso que favorece las diversidades culturales históricamente dominadas en franca contraposición a las prácticas hegemónicas de las culturas dominantes.

En el marco de las complejas relaciones entre cultura y desarrollo la UNESCO plantea la concepción del “desarrollo endógeno” como alternativa ante la necesidad o posibilidad de imitación mecánica a las sociedades industriales.

La configuración de una comunidad determinada va unida a la estructuración de una herencia cultural común, trasmitida de generación en generación y que se conoce con el nombre de tradición. No hay comunidad de una sola generación. No hay comunidad sin herencia cultural. Es sin dudas la tradición la encargada de extender en el tiempo, de “cronificar” determinados modos de ser, hacer y pensar, y de esta forma, sin negar la dialéctica ineludible que hace modificar todo, modular la continuidad de un grupo social o comunidad determinados. 

La tradición se reconstruye, en gran medida, desde la cotidianeidad, por las vivencias de sus portadores, favoreciendo la conformación de patrones conductuales positivos, negativos y también “neutros” según sean las normas culturales. Lo que brinda la posibilidad de intervenir activamente en este proceso de adaptación y reconstrucción, en someterlo a juicio, en hacerlo consciente y con ello propiciar la participación de la comunidad en el mismo. Para que la tradición se mantenga, en cualquiera de sus formas posibles, es indispensable que sea asumida, incorporada por nuevas generaciones. Esto no ocurre sin un proceso de adaptación, en los órdenes éticos y estéticos, por lo que no trasciende la tradición sin modificación.

La tradición contribuye a la configuración de formas específicas predominantes del comportamiento y de los modos de pensar de los diversos grupos sociales. Estos modos de hacer y de pensar, ejecutados sobre la base de valores, criterios y puntos de vista codificados (es decir, que son realizados, entendidos y juzgados de formas determinadas), son asumidos por dicho grupo no solo como una vía validada por el uso de generaciones anteriores, sino que, en la medida que lo hacen ser como es, permiten distinguirse a sí mismos como grupo social.

Los códigos culturales son múltiples, pero resultan específicamente importantes entre ellos los siguientes: el lenguaje y los modos de decir, las normas de convivencia y comportamiento social, las costumbres, la interacción familiar y grupal, y todo el sistema cosmovisivo.

La falta de codificación de estos aspectos de la vida de un grupo impediría no solo el establecimiento de la comunicación sino la estabilidad que le es indispensable ya que los códigos garantizan la capacidad de responder, con el autonomismo necesario, a las alternativas que se presentan ante cada uno de los integrantes del grupo y por tanto la existencia misma de este ultimo.

El proceso de auto identificación comunitaria es el resultado de la consolidación de los procesos anteriores, el reconocimiento de la identidad, aunque no sea precisamente el resultado de meditaciones y reflexiones teóricas, sino más bien, en la mayoría de los casos, una aceptación de la pertenencia individual al grupo y de la distinción de este de los otros existentes. 

En el contexto cultural comunitario resulta evidente, como en muchas otras aristas de lo social, la presencia de “lideres” con grandes influencias en la conservación, transmisión y transformación de los diferentes componentes de la misma, como gestores culturales comunitarios. Siempre que portadores de las expresiones de la cultura comunitaria: artesanía, culinaria, expresiones diversas del arte popular o no, de acciones y actividades recreativas que se desarrollan en correspondencia con la tradición, incluyendo actividades deportivas, etc.) Siendo aceptados y apreciados como tales por la comunidad.

Como puede apreciarse, estos gestores resultan insustituibles en el trabajo de “neutralización” de los aspectos negativos de la tradición y en la estimulación de sus aspectos creativos e innovadores.

En la práctica todos los miembros de la comunidad o grupo social son potencialmente gestores culturales identitarios. Atendiendo a sus motivaciones, habilidades y gustos específicos, se erigen potenciales portadores de uno o varios de los elementos que enriquecen el conjunto de valores culturales comunitarios. Esta concepción nos indica un sendero de comprensión de la cultura más allá de los límites que impone nuestra práctica institucional actual, que se debate entre difusión de conocimientos y desarrollo de la sensibilidad estética a partir de códigos estéticos homogéneos o estandarizados, el desarrollo cultural solo se logra potenciar tomando como punto de partid la creatividad colectiva en toda su diversidad y su promoción participativa auto generada.

Ello implica ver la cultura , no como un resultado a obtener, como un producto acabado, posible de ser evaluado únicamente mediante indicadores cuantitativos (número de exposiciones, cantidad de ventas, número de presentaciones, cantidad de asistentes) , sino como procesos que dan al interior de los entornos sociales, intercambios simbólicos, de saberes, a las diversas formas de comunicación y a una multiplicidad de practicas, que cada comunidades construye, se apropia, reproduce, y transforma en forma dinámica, para conformar su identidad.

La concepción democrática de la cultura, considera la igualdad de posibilidades para todo el que tenga talento, estudie y tenga acceso a los más altos niveles de enseñanza, artísticos, tecnológicos, científicos, etc, es decir en todas las ramas del conocimiento humano.

Esta dimensión nos ubica en la idea del acceso de las grandes masas a la cultura, de modo que estén preparados para asumir cada vez con mayor eficacia las complejidades del desarrollo humano, de la modernidad; la complejización y sofisticación de la sociedad (en al sentido de la creación) exigencia e intervención en los procesos económicos, políticos, culturales y sociales.

El tema Cultura y Participación Social ha sido asociado, incluso, en los últimos años a los problemas de la globalización y la defensa de las identidades nacionales y locales; así lo refleja el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD del 29 de junio de 1993 el cual plantea: “... todas las personas y todas las comunidades tienen derecho a participar en su propia cultura, en la forma que desea: sea mediante el idioma, las costumbres rituales, el arte o la música, la danza o la literatura, la narrativa o cualquiera de las múltiples formas mediante las cuales se expresan los seres humanos...” (Marchioni: 1989; 145).

El documento enfatiza en la tendencia creciente hacia la homogeneización en los últimos años, a nivel mundial, en el idioma, las formas de vestir, las formas de expresión, etc; y cómo estos estilos tradicionales están siendo sustituidos constantemente por los estilos internacionalizados.

El enfoque endógeno del desarrollo, que incluye obligatoriamente la participación social auto generada, implica per sé un principio de libertad cultural, de respeto por la diversidad cultural; y la participación social atrapada en esta necesaria armonía entre cultura y desarrollo no escapa a la objetividad de las diferencias culturales, por lo que no es posible comprender la esencia de los procesos participativos al margen de la diversidad cultural comunitaria.

La diversidad cultural es una innegable fuente de energía social y un factor esencial en el desarrollo ya que la constante búsqueda de atenuantes y soluciones para las conflictividades socioculturales que persisten en el interior de las comunidades van generando pasos importantes para el cambio y el crecimiento de la vida social comunitaria , moldeando los interés y necesidades de los diferentes grupos sociales en pos de una igualdad armonizada mediante un proyecto común; las diferencias culturales desencadenan diferentes formas de reacción, movilización y organización frente al conflicto.

La búsqueda de la armonía entre cultura y desarrollo incluye también asimilar el respeto por las diferencias de estilos participativos como parte de las identidades culturales y constituye una precondición para la movilización social al conciliar los intereses de los diferentes grupos en pos de un mismo proyecto social.

La cultura participativa es también una manera de manifestarse la identidad cultural, por tanto seria acertado hablar de diversidad de culturas participativas en dependencia de los diferentes escenarios o contextos culturales comunitarios ..

Desde el punto de vista de sus dimensiones territoriales, existen diferencias entre una comunidad rural y una urbana; entre un barrio marginal y uno residencial; por otra parte la población, como factor clave en todo proceso participativo, contiene en sí toda la diversidad que le concede su estructura: diferencias de género y generación, niveles de instrucción, ocupacionales, religiosas, étnicas, estéticas, etc.

La democracia cultural implica a su vez la participación activa integral y pluridimensional de la población en el complejo proceso de construcción de su vida cotidiana; garantizando la plena expresión y desenvolvimiento de los individuos a través de un conjunto de canales que posibilitan compartir el poder.

La calidad de vida dependerá del grado en que, una determinada sociedad, consiga realizar la democracia cultural. “Mejorar la calidad de vida es desarrollar estilos de vida participativos. 

BIBLIOGRAFÍA.
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· Dávalos, Roberto, “Desarrollo local y descentralización en el contexto urbano”, Facultad de Filosofía e Historia / Departamento de Sociología, Universidad de La Habana, La Habana, 1998. 
· Espronceda Amor, María Eugenia. “Parentesco, Inmigración y Comunidad. Una visión de caso haitiano”. Edit. El Mar y La Montaña. Guantánamo. 2001 
· González Casanova, Pablo. Art. “Comunidad, la dialéctica del espacio”. en Revista TEMAS. 36, 2004. 
· Linares Fleites, Cecilia, Art. “Desarrollo Cultural y Participación en el contexto municipal cubano” en Revista TEMAS No 36, 2004.
· Linares, Cecilia; Moras, Pedro Emilio y Alzugaray, María Carla.” La población: actor de participación en el desarrollo cultural, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, La Habana, 1998.
· Marco Marchioni. “La Utopía posible, la Intervención Comunitaria en las nuevas condiciones sociales” Edit. Benchomo. España. 1994.
· Ritzer, George “Teoría sociológica Contemporánea”. Edit. Félix Varela. C. Habana. 2003.

AUTOR
MsC. David Rubio Méndez
Sociólogo. Profesor Auxiliar del Departamento de Estudios socioculturales. Centro universitario de Guantánamo. Cuba.
E-mail: david@fcs.cug.co.cu



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