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El ahuyentamiento de “colas” de agua: tradición viva de un pueblo

Resumen: En el presente texto pretendo exponer el procedimiento que se lleva a cabo en el municipio de Zinacantepec para ahuyentar (1) las nubes que provocan las lluvias intensas, granizadas o fuertes vientos. Asimismo, buscaré cuáles fueron los orígenes de tal ritual y así encontrar un fundamento sólido para entender su realización. Para tales efectos, he decidido dividir mi trabajo en cuatro capítulos, con el fin de lograr una mayor comprensión sobre el tema.

Publicación enviada por Javier Cervantes Mejía




 


El ahuyentamiento de “colas” de agua: tradición viva de un pueblo

A la memoria de mi abuelita Leonor: A un año de tu ausencia (13 de marzo de 2005) quiero agradecerte por tus sabios y apreciados consejos. Gracias por enseñarme que la vida vale por los actos que se realizan en beneficio de los demás. Gracias por haber fungido como mi segunda madre en esta Toluca que me enseñaste a amar. Gracias por consentir todos mis deseos y apapacharme cuando me sentía lejos de casa. Gracias por haber nacido y haberme dado tan valiosa familia. Gracias por todo viejita adorada, espérame que ya llegaré.

“«Es mejor despedirse al llegar. Así no duele tanto cuando uno se va», me dice el viejo Antonio tendiéndome la mano para decirme que ya se va, es decir, que está viniendo. Desde entonces el viejo Antonio saluda al llegar con un «adiós» y se despide alzando la mano y alejándose con un «ya vengo».
(...)P. D. que a caballo y con mariachi, canta al pie de la ventana de una abuela ésa de Pedro Infante que se llama ‘Dicen que soy mujeriego’ y que termina...
Entre mis dulces amores                                         Una viejita muy linda
uno vale mucho más                                                que no creo yo merecer
que me quiere sin rencores                                     con su corazón me brinda
de mí para tararirarán                                               el más divino querer.

Frente a un abuela uno siempre es un niño que duele al alejarse...Adiós abuela, ya vengo. Ya acabo, ya empiezo...
Subcomandante Insurgente Marcos, “La historia de las preguntas”, Diciembre 1994.

ÍNDICE
JUSTIFICACIÓN
.INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO I: BREVE RECORRIDO POR ZINACANTEPEC
CAPÍTULO 2: ALGUNOS ASPECTOS TÉCNICOS SOBRE EL ORIGEN DE LOS TORNADOS, MICRO TORNADOS O RÁFAGAS DE VIENTO
CAPÍTULO 3: LAS CREENCIAS DE NUESTROS ANTEPASADOS CON RESPECTO AL VIENTO Y LA LLUVIA
CAPÍTULO 4: RITUALES EN TORNO AL VIENTO Y LA LLUVIA QUE SE LLEVAN A CABO EN NUESTROS DÍAS
CONCLUSIONES
FUENTES

JUSTIFICACIÓN
Es una realidad el hecho de que muy poca gente conoce los verdaderos orígenes del lugar en donde vive y, más aún, las tradiciones y costumbres que han sido heredadas de nuestros antepasados. Todo esto no tiene otra explicación más que la continua educación que hemos recibido a lo largo de nuestra vida y que da prioridad a toda la enseñanza europea iniciada con los griegos. En este sentido, todo aquello que no tenga nada que ver con los conocimientos del viejo continente será relegado como simple información adicional a nuestra formación.

Es así como podemos entender la nula preocupación que la gente tiene sobre la extinción de conocimientos antiguos que bien podríamos adquirir si pasáramos algún tiempo platicando con nuestros abuelos o la gente adulta de nuestro barrio, pueblo o municipio. Uno de los ejemplos más firmes del que puedo hablar para sostener tal indiferencia es que la mayoría de las personas, ajenas a los procesos agrícolas o a los rituales encaminados a su buena ejecución, exponen un desdén muy marcado hacia la realización manual de tales prácticas argumentando que en nuestros días “eso” es un síntoma de atraso para la comunidad, pues ya existe tecnología que puede realizar tales trabajos o, bien, que esos terrenos bien podrían utilizarse para instalar fábricas o sucursales comerciales; por tal razón, explican, sería necesario erradicarles para darle paso a una vida más tecnificada y fácil.

En mi caso, he logrado adquirir una inquietante conciencia sobre mis orígenes y sobre los conocimientos antiguos debido a que en una de las muchas y extensas pláticas con mi abuelita, ya finada, Leonor Martínez Azotea, he encontrado reminiscencias de nuestros antepasados. En este sentido, no me queda más que decir que no hay nada más estimulante y edificante que los cuentos que son relatados por la gente adulta. Mi abuela, en este tenor, un día me despejó la duda del porqué en una ocasión en que se avecinaba una tormenta decidió, después de meter a buen resguardo a sus animales (gallos, guajolotes y borregos), salir con un machete para hacer cruces en el aire y en la tierra, al momento que decía: “fuerzas celestes, fuerzas del viento, eviten pasar por estos lugares dejando a su paso la destrucción. Por favor, San Miguel Arcángel, virgencita de los Dolores del Rayo ampárenme para evitar esta tormenta. Córtate, córtate, huye, huye, así sea...Gracias Dios, gracias San Miguel, gracias virgencita”. Tal experiencia significó para mi algo confuso y que no tenía relevancia; sin embargo fue muy grande mi sorpresa cuando me percaté de que las nubes que avizoraban la tempestad muy pronto se deshicieron hasta quedar como simples nubes blancas, inofensivas a la vista y, por supuesto, a la siembra.

Para mi pensamiento, totalmente occidentalizado, esto representaba más el poder de fuerzas sobrenaturales, cosas del diablo o de alguna otra entidad enfatizada por mi religión; pero poco a poco al convivir más con ella y con las labores agrícolas comprendí que todo esto respondía a una fuerte comunicación con el medio ambiente. A partir de entonces mi perspectiva cambió y mi conciencia sobre el pasado fue reforzada, también, gracias mis clases dentro de la Facultad.

No obstante, con tales pensamientos ignorantes y despectivos, como los que mencioné anteriormente, podemos percatarnos de la grave situación en la que se encuentra nuestra verdadera historia, si así puede llamársele, y que está condenada, tal y como lo expusieron los zapatistas chiapanecos que se rebelaron en 1994, al olvido. No obstante, el trabajo que tenemos nosotros como historiadores consiste precisamente en ese rescate de nuestros conocimientos, creencias y mitos del pasado, para así difundirlo a nuestra sociedad e impedir su extinción. Hoy, adelantándome, a mi escrito, puedo decir que esta ponencia sólo es una parte del tributo que le debo a mi abuelita y la obligación que tengo con mi pasado, pues yo mismo, ahora, llevo a cabo tal ritual.

Es por esta razón, entonces, que creí necesario hacer la recopilación y estudio de una creencia muy difundida en el municipio de Zinacantepec: el ahuyentamiento de las “colas” de agua. Tal creencia tiene como principal finalidad “espantar” las nubes que pudieran traer una tormenta o granizo y así cuidar las parcelas, y los animales que pudieran resentirla. La realización de estas prácticas de acuerdo a lo que he podido observar ha sido tachada de absurda e irrelevante, pues algunas personas, minoría afortunadamente, tachan de locos e “ignorantes” a los practicantes de tales ritos.

Debido a esto, siento necesario realizar el rescate de estas creencias, por medio de su difusión, para demostrar que todos estos procedimientos tienen un fundamento místico-religioso muy elaborado y que obedece a conocimientos muy antiguos surgidos de años de estrecha relación con la naturaleza. Todos los ritos que realizaron nuestros antepasados y que realizan algunas personas que heredaron los conocimientos siempre tienen un fin: apoyarse en la naturaleza para resolver sus necesidades físicas y espirituales, siempre y cuando se le respete y prodigue un gran cuidado.

INTRODUCCIÓN
En el presente texto pretendo exponer el procedimiento que se lleva a cabo en el municipio de Zinacantepec para ahuyentar (1) las nubes que provocan las lluvias intensas, granizadas o fuertes vientos. Asimismo, buscaré cuáles fueron los orígenes de tal ritual y así encontrar un fundamento sólido para entender su realización.

Para tales efectos, he decidido dividir mi trabajo en cuatro capítulos, con el fin de lograr una mayor comprensión sobre el tema. El primero de ellos dará cuenta de algunas características generales que tiene el municipio en cuanto a geografía, cultura y meteorología, así como algunas prácticas que se llevan a cabo en cuanto a la cuestión agrícola. 

El segundo capítulo tratará sobre los conocimientos técnicos que tenemos hasta el día de hoy para entender la aparición de estas actividades meteorológicas y se analizarán a partir de las disposiciones geográficas del municipio, con el fin de entender la constante presencia de éstos en la vida agrícola del territorio.

El tercer capítulo expondrá las creencias que nuestros antepasados tenían con respecto a la lluvia y el viento. Con esto se podrá entender el origen de las prácticas en nuestros días y se mostrará el fundamento místico o religioso. Tal tarea tendrá que ir encaminada con la idea de que la conquista española trajo consigo nuevas ideas y formas de entender el entorno, por lo que, nuevamente me adelanto, hay que reconocer un sincretismo que hace peculiar el contenido de los rituales.

El cuarto capítulo hablará de los ritos tal y como se llevan a cabo en nuestros días tomando en cuenta que hubo esta integración o sincretismo entre nuestra cultura mexicana antigua y la española. Se advertirán las distintas formas de practicarlos que tienen las personas que se dedican a ahuyentar nubes.

Por último, se anotarán las conclusiones que hayan surgido a partir del conocimiento de los distintos rituales en mi municipio y la razón por la cual son contadas las gentes que los llevan a cabo. Asimismo, explicaré cuál es la importancia de retomar nuevamente los valores indígenas en nuestra vida y el daño que le hemos hecho a la naturaleza al pensar que sólo vale nuestra satisfacción material si ésta se logra a costa de la destrucción del entorno.

CAPÍTULO 1:
BREVE RECORRIDO POR ZINACANTEPEC
El municipio de Zinacantepec representa uno de los territorios del Estado de México que ha entrado ya en el proceso de urbanización, por lo cual ha dejado de ser visto como una zona agrícola y de presencia indígena. Esta situación se comprende debido a que la mayor parte de la población que se ha asentado en este lugar es gente proveniente del Distrito Federal y el área metropolitana. No obstante, podemos decir que en Zinacantepec aún se encuentran personas descendientes de los otomíes, aunque muchos de ellos ya no hablan el dialecto ni visten a la usanza, debido a la discriminación de que son objeto.

Geográficamente, como se consigna en la monografía de Rosalío Pérez Alvirde, el municipio de Zinacantepec tiene las siguientes colindancias: al norte, con Almoloya de Juárez, al sur con Texcaltitlán, al este con Toluca y Calimaya, al oeste con Temascaltepec y Amanalco de Becerra y al sureste con Villa Guerrero y Coatepec Harinas(2). El municipio es relevante, en el ámbito turístico, debido a que el Xinantécatl (Nevado de Toluca) forma parte de su territorio y porque también existe dentro de este lugar un espacio histórico que es el Museo de Arte Virreinal, el cual fue un Convento Franciscano en el s. XVI encargado de la evangelización de indígenas.(3) 

El municipio era muy reconocido por la siembra de papa, calabaza y haba; no obstante a partir de la desaparición del ferrocarril como medio de transporte, el comercio que era destinado a Toluca para comercializarse en la Ciudad de México descendió considerablemente. Aún así existen dentro del territorio todavía extensas regiones para el cultivo, principalmente en lo que se refiere a localidades como San Juan de las Huertas, San Pedro Tejalpa y Santa María del Monte. En lo que se refiere a la cabecera de Zinacantepec podemos encontrar áreas para cultivo de no más de 3 hectáreas debido a que la constante inmigración ha generado que los terrenos sean ocupados para la construcción de viviendas.

Mi historia parte precisamente de esta parte de Zinacantepec, pues el territorio que les fue heredado a mis abuelos para su cultivo se encuentra en los alrededores de la cabecera de Zinacantepec, en lo que hoy se conoce como Barrio Santa María. A la muerte de mi abuelo gran parte del territorio que medía algo así como 3,5 hectáreas fue vendido o cambiado por inmuebles o dinero. Al llegar yo a Zinacantepec (como a los doce años) en mis días de vacaciones mi abuela solamente poseía algo así como 600 m², los cuales me enseñó a trabajar en esos días donde se suponía sólo debería ver la televisión.

La mayoría de terrenos destinados a la siembra se usan para producir maíz y haba, ya que según los habitantes de este municipio es lo que mejor “resulta”; es decir, se produce. A pesar de esto habría que decir que su actividad sólo responde al autoconsumo, pues muy pocas ganancias genera el vender sus remanentes a las molineras o a los comerciantes. 

El ambiente propicio para los cultivos generó durante mucho tiempo el que se considerase a la agricultura una de las principales contribuyentes del desarrollo económico del municipio. Con respecto al clima que existe en Zinacantepec se puede decir que:

El territorio municipal comprende parte de la unidad geomórfíca del valle de Toluca. Su clima predominante es templado subhúmedo; teniendo clima frío húmedo en las laderas, a pie del Xinantécatl, con abundantes precipitaciones. 

El clima es muy variable y con grandes oscilaciones según la temporada del año, y en el transcurso del día, en el verano se presentan temperaturas cercanas a los 28° C, durante el invierno, en los meses de octubre a febrero descienden hasta los 5° C bajo cero.

La temperatura más calurosa la encontramos en los meses de abril, mayo y junio. Los meses fríos serían de octubre a febrero, presentándose temperaturas crudas en las localidades cercanas al Xinantécatl como Raíces y La Puerta del Monte(4). 

Otra situación que se destaca dentro del municipio es que tiene grandes temporadas de lluvia, lo que hace propicio que existan y se produzcan buenas cosechas. En este sentido, no es raro entonces apreciar que de vez en cuando se produzcan tormentas o fuertes vientos, al respecto Pérez Alvirde también explica lo siguiente:

Los vientos se presentan en los meses de enero, febrero y marzo, siendo dominantes los que van de oeste a este y viceversa; la estación más seca comprende los meses de diciembre a abril. 
(...)El periodo de precipitación comprende los meses de mayo a octubre, siendo de mayor intensidad las de julio a septiembre; las granizadas se presentan sin regularidad. Las heladas son un fenómeno impresionante, que afecta a algunas poblaciones, y embellece el relieve volcánico. (5)

Al respecto, resulta muy ilustrativo el hecho de que la mayor parte de la gente que se dedicaba o se dedica al cultivo en Zinacantepec tenga presente que es necesario cuidar sus parcelas como si fuera un integrante más de su familia. Por ejemplo, sabemos muy bien que en la concepción indígena la tierra representa a la madre, lo cual trae a la mente el hecho de que sea considerada como un pilar dentro de su vida. Para el otomí, según Jacques Galinier, la tierra tiene el siguiente simbolismo: 

En otros tiempos, durante la época de siembra, se veneraba a la divinidad terrestre (hmuhoi). Esa practica revelaba una gran ansiedad, en relación con el carácter ambivalente de la diosa madre (s’ inanahoi). En efecto antes que nada, ella es la fuente de la fecundidad, aunque también sea el lugar de los muertos y la deidad del inframundo. (6)

Por lo tanto, si tomamos como fundamento esta concepción es entendible el hecho de que se mantuvieran muy celosos de los cambios climáticos que pudieran perjudicar su siembra. Otra razón de mayor peso para los que no estamos muy inmersos en sus tradiciones es que obligadamente tenían que ver por sus tierras, pues de otra forma no podrían sobrevivir. 

En lo referente a fiestas y culto a santos predomina en la región la celebración a la Virgen de los Dolores del Rayo, de la cual pude obtener información sobre su historia a través de dos ex mayordomos, Alfonso Aguilar Mendoza y Susano Víctor Chávez Reyes (7) :

Javier Cervantes (JC): ¿Desde cuándo se venera con tanta devoción a la Virgen de los Dolores del Rayo?
Alfonso Aguilar (AA): Fíjate que es bien bonita la historia. Se supone que todo empezó por ahí del siglo XVIII...
Susano Chávez (SC): 1762, pa’ ser exacto.
AA: aja, se supone que donde antes era el convento de los franciscanos se encontraba una ermita en la que una mujer, de origen indígena, llevó una imagen de la Virgen María que es la de los Dolores y que lo había hecho así porque era un agradecimiento porque según la mujer la virgen le había salvado de una epidemia que hubo en la región llamada el Matlazahua y que había matado a sus familiares. Poco después la virgencita hizo adeptos, pues resultó muy milagrosa y fue trasladada dentro de la iglesia, en donde estaba el coro, abajo.
SC: Incluso, ya no se le conocía como virgen de los dolores, sino como la virgencita del coro.
JC: Entonces, ¿de dónde viene la denominación de Virgen de los Dolores del Rayo?
AA: Ah, mira, un 22 de mayo, pero de 1762, como nos lo dijo Susano, el pueblo se vio amenazado por una gran tormenta, hubo grandes nubes negras, fuertes vientos, total que se ennegreció el cielo y esto provocó que la gente se espantara demasiado hasta el grado de creer que morirían. Entonces, ya en lo mero mero de la tempestad se oyó un trueno muy fuerte, después de esto fue cesando la lluvia y se despejó el lugar. El tronido se oyó en la mera iglesia y mucha gente fue a ver qué había pasado. Afortunadamente sólo se había desprendido parte de la torre de la iglesia; pero que verticalmente daba directo a donde se encontraba la imagen, así que se metieron a verla y se percataron de que el rayo había dado en ella, pues se supone que el rayo le dio colores nuevos en lugar de deshacerla o algo así...
SC: Con decirte que dicen que las paredes estaban chamuscadas y un órgano que estaba por ahí se echó a perder; entonces, yo me preguntó: ¿por qué el cuadro no?...diosito es bien grande.
AA: Ah, por cierto, además de los colores en el cuadro apareció una cruz que no estaba antes. A partir de entonces es nuestra patroncita y le echamos un montón de ganas para su fiestecita.
JC: Muy bien. Tengo otra duda: ¿por qué razón se hacen dos fiestas?, tengo entendido que hacen otra el 4 de diciembre y por lo que he visto es más tumultuosa y de mayor envergadura.
SC: Lo que pasa es que después de aquello le hicieron una capilla aparte para venerarla mejor y cuando se terminó de construir fue en esa fecha, sino mal recuerdo el año fue 1785. Desde ese momento se le conoció como la “fiesta grande”.

Sin duda, la fiesta que se hace a esta virgen es la que más devotamente lleva a cabo la población de Zinacantepec. Existen otras fiestas que son importantes, por ejemplo la de San Miguel Arcángel que se realiza el 29 de septiembre (que se supone debería ser la más importante) y la de Semana Santa donde se representa la Pasión de Jesucristo.

LA VIRGEN DE LOS DOLORES DEL RAYO
Foto proporcionada por Alfonso Aguilar, ex mayordomo de la fiesta patronal.


CAPÍTULO 2:
ALGUNOS ASPECTOS TÉCNICOS SOBRE EL ORIGEN DE LOS TORNADOS, TORBELLINOS O RÁFAGAS DE VIENTO
Con el fin de entender la diferencia que existe entre tornado, torbellino, ráfaga y tromba me he permitido buscar información técnica al respecto, con el fin de entender cuál es el tipo de actividad meteorológica es la que existe en nuestro municipio. Esto para evitar cualquier confusión al tratar conceptos cuando hable con respecto a los rituales que se hacen para contrarrestarlas.

La palabra tornado se deriva del latín tonare que significa girar y cuando se haga referencia a un tornado debe entenderse por tal al “fenómeno meteorológico violento e impredecible, caracterizado por vientos que giran desde una formación nubosa densa en forma de embudo. Esta formación es visible por la presencia de polvo que es succionado de la tierra y por la condensación en su centro de gotas de agua” (8). De acuerdo a este concepto podemos percatarnos que las “colas” de agua que se producen en el municipio de Zinacantepec se acercan en mucho a lo relatado. Para empezar, cuando se lleva a cabo tal formación una nube va poco a poco adquiriendo forma de embudo, lo cual simula la cola de algún animal y, en efecto, se nota que dentro de él hay movimientos circulares. Si no se contrarresta mediante el ritual es posible que la “cola” del tornado baje a la superficie y arrastre todo lo que encuentre a su paso.

En este sentido, surgirían las dudas del porqué no llamarle, torbellino o remolino, ráfaga de viento o, incluso, hasta tromba. Pues resulta que en el caso de los torbellinos-remolinos se entiende que son un tipo de “viento impetuoso que sopla dando vueltas: los ciclones son torbellinos de gran radio. Masa de agua que gira rápidamente como un embudo.”(9) ; pero que surgen del suelo hacia arriba. Asimismo, no podríamos denominarles ráfagas de viento porque sólo hace una alusión general a todos los tipos de intensidad que puede tomar el aire. Por último, si queremos hablar de tromba necesitaríamos explicar que el territorio de Zinacantepec no posee una importante masa acuífera, pues sólo se denominan así a los tornados cuando se desplazan sobre una superficie liquida.

Dado por sentado esto podemos decir que los tornados que se producen dentro del territorio de Zinacantepec pueden ser denominados de acuerdo a la escala Fujita (10) como leves y moderados, los primeros son conocidos como F0 y tienen una velocidad 60-100 km/h mientras que los segundos son llamados F1 y tienen la velocidad de 100-180 km/h. En cualquiera de los dos casos los tornados pueden tener una duración de entre 1 y 20 minutos. Si tomamos en cuenta el hecho de que esta escala toma como referencia la destrucción que ocasionan y no el tamaño del tornado podemos inferir que al no ser tratados bien pueden perjudicar seriamente un sembradío e incluso una población. (11)

Otra característica más es que la generación de un tornado está determinada por “líneas de inestabilidad o frentes fríos muy activos, a menudo agrupados en familias, pero también pueden observarse en conexión con tormentas aisladas de gran intensidad. (...)Los tornados se originan a cualquier hora del día o de la noche, preferentemente entre las l5.00 y l9.00 hrs.”(12) Para nuestro municipio las condiciones climáticas que tiene son evidentes para la propagación de este tipo de fenómenos. Por un lado, sabemos bien que la temperatura comienza a bajar entre el transcurso de las horas señaladas, algunas veces cae de 15º C a 4º C. De esta manera, se entiende el tiempo propicio y el lugar, pues es evidente que al tener cerros alrededor sea mucho más fácil la propagación de nubes. La mayoría de las veces en las que aparecen este tipo de actividades meteorológicas es en el día, por tal razón son muy fáciles de ver y de evitar; no obstante, de acuerdo a algunos comentarios, han existido desastres durante la noche que han afectado seriamente el municipio, pues no está completamente plano como valle sino que presenta una pendiente breve.

EJEMPLO DE UN TORNADO
http://www.angelfire.com/nt/DesastresNaturales

CAPÍTULO 3:
LAS CREENCIAS DE NUESTROS ANTEPASADOS CON RESPECTO AL VIENTO Y LA LLUVIA
No cabe duda que uno de los principales dioses que figuraron en el panteón mesoamericano y que se considera una pieza clave para entender el bagaje místico-religioso de los pueblos mexicanos antiguos fue Quetzalcoátl, el cual tiene diferentes advocaciones e, incluso, hasta se le llegó a considerar como un personaje humanizado (según la historia tolteca). A este respecto, lo tomaremos a él para hablar del viento, ya que Sahagún en su Historia General... expresa que: 

Esta gente atribuía el viento a un dios que llamaban Quetzalcóatl, bien casi como dios de los vientos. Sopla el viento de cuatro partes del mundo por mandamiento de este dios, según ellos decían; de la una parte viene de hacia el oriente, donde ellos dicen estar el paraíso terrenal al cual llaman Tlalocan, (y) a este viento le llamaban tlalocáyotl; no es viento furioso, cuando él sopla no impide (a) las canoas andar por el agua.

El segundo viento sopla de hacia el norte, donde ellos dicen estar el infierno, y así le llaman mictlampa ehécatl, que quiere decir el viento de hacia el infierno; este viento es furioso, y por eso le temen mucho; cuando él sopla no pueden andar por el agua las canoas y todos los que andan por el agua se salen, por temor, cuando él sopla, con toda la prisa que pueden porque muchas veces peligran con él.

El tercer viento sopla de hacia el occidente, donde ellos decían que era la habitación de los dioses que llaman Cihuapipiltin; llamábanle cihuatlampa ehécatl, o cihuatecáyotl, que quiere decir, viento que sopla de donde habitan las mujeres; este viento no es furioso, pero es frío, hace temblar de frío; con este viento bien se navega.

El cuarto viento sopla de hacia el mediodía y llámanlo huitzflampa ehécatl, que quiere decir, viento que sopla de aquella parte donde fueron las diosas que llaman Huitznahua; este viento en estas partes es furioso y peligroso para navegar. Tanta es su furia que algunas veces arranca los árboles, y trastorna las paredes, y levanta grandes olas en el agua; las canoas que topa en el agua échalas a fondo, o las levanta en alto; es tan furioso como cierzo o norte. (13)


Para tal efecto, se entiende a Quetzalcoátl como uno de los dioses al cual se le debe mayor culto, pues representa para los mexicanos antiguos el dios que le dio vida al hombre y que prodiga de vida a la naturaleza mediante los vientos. 

Otro de los dioses que representan una alta jerarquía dentro del panteón mesoamericano es Tláloc y de él se ha podido conocer mucho más, puesto que tiene esa advocación directa con el agua, con lo beneficios o desastres que de este liquido se pueden esperar. Sobre Tláloc, Sahagún expresó: 

Este dios llamado Tlaloc Tlamacazqui era el dios de las lluvias. Tenían que él daba las lluvias para que regasen la tierra, mediante la cual lluvia se criaban todas las yerbas, árboles y frutas y mantenimientos; también tenían que él enviaba el granizo y los relámpagos y rayos; y las tempestades del agua, y los peligros de los ríos y de la mar.
El llamarse Tlaloc Tlamacazqui quiere decir que es dios que habita en el paraíso terrenal, y que da a los hombres los mantenimientos necesarios para la vida corporal. (14)

Si bien cada una de las personas que se dedicaba a las actividades agrícolas debía realizar sus propios ritos para obtener beneficios de los dioses, eran muy pocos los que podían interceder directamente para pedir favores. En este sentido, se entiende que sólo algunas personas, sacerdotes para este tiempo, podían mediante el estudio de la magia y la naturaleza lograr contacto con la divinidad. Muchas de estas personas eran conocidas como curadores, chamanes o nahuales, y cada uno de ellos tenía la gracia de intervenir en los procesos naturales. Para mi estudio, es imprescindible hablar del teciuhtlazqui o “espantador de granizo” quien tenía la facultad de ser “conocedor del lugar de los muertos, conocedor del cielo. Sabía cuándo ha de llover o si no ha de llover. (...)Si tenía odio a un pueblo, a un rey; si quería que se acabara un pueblo, o que se muriera un rey, así pronosticaba: Va a helar, o va a caer granizo.” (15)

Los antiguos mexicanos que se dedicaban al cultivo recurrían a este tipo de chamán para evitar que su siembra se perjudicara y es muy probable que a lo largo del tiempo la gente se haya dado cuenta de cuál era la técnica para ahuyentar tales nubes de tormenta y fuera haciéndose pública su práctica.

CAPÍTULO 4:
RITUALES EN TORNO AL VIENTO Y LA LLUVIA QUE SE LLEVAN A CABO EN NUESTROS DÍAS
En nuestra época es muy común escuchar que el proceso agrícola no es más que el trabajo que se realiza para obtener ganancias mediante la producción de comestibles y, debido a esto, a la tierra se le deja de ver como un elemento de subsistencia y pasa a ser solamente mercancía que generará capital. Para el indígena, para el campesino de autoconsumo, no obstante, este tipo de pensamiento no encaja, pues para él hay un vinculo sentimental muy profundo con la tierra.

Debido a esto, no es raro encontrar un sinnúmero de rituales que se llevan a cabo en torno a la siembra y cosecha de productos. Primero que nada debemos tomar en cuenta cuál es el significado que los indígenas dan a la acción de cultivar y obtener una planta, para esto recurriré nuevamente a Galinier y su trabajo sobre los otomíes:

El maíz(...) al igual que otras plantas cultivadas posee un “alma”, que es la de una divinidad muy respetada. Se representa a veces bajo su aspecto masculino, como un anciano. Este carácter de senectud se atribuye a las divinidades más importantes, como el dios del fuego [Xiuhtecuhtli], quien proporciona la abundancia a las personas que lo recogen en el camino y le ofrecen hospitalidad. Así un grano de maíz que haya caído en la tierra, en un sendero, siempre debe recogerse. (...)En su aspecto femenino el maíz aparece en forma de una mujer de largos cabellos rubios y se llama “madre del maíz” [Cinteotl], fuente de la vida constantemente renovada. (16)

Ahora bien, si esto es así explica que hay una gran preocupación en torno al buen término de la siembra, realizarla en las mejores condiciones. Para poner ya un ejemplo concreto hablaré del maíz, de su cultivo en este municipio. La mayoría de las personas que lo siembra lo hace para obtener de él elotes y cañas de azúcar, y si prefieren dejarlo secar obtendrán mazorcas y zacate para el alimento de ganado. No obstante, no todo es tan fácil en el ámbito campestre, pues es necesario que el cultivo tenga muchos cuidados, por citar algunos diría la fertilización, la extracción de hierba y construcción de canales. Este tipo de labor solamente dependerá del buen trabajo que haga el agricultor.

Los problemas vienen cuando las condiciones climáticas quebrantan el buen crecimiento del cultivo y que pueden llegar incluso a evitarlo. Una de esas causas se puede encontrar en las heladas, algo que es muy típico de esta región debido a la cercanía que existe con el volcán y el otro problema está en las lluvias torrenciales que pueden llegar a convertirse en tormentas.

Cuando llega a percibirse un nublado muy gris en el entorno y se visualiza que se acerca una lluvia muy fuerte tendiente a tormenta, lo primero que se escucha es el sonido de la campana de la iglesia, la cual avisa a la población de que algo malo viene. Enseguida, se escuchan los “tronidos” de los cohetes, los cuales han sido comprados con anticipación. A este respecto, el señor Jesús Reyes Corona me explicó:

Todavía en el pueblo habemos muchos campesinos y sabemos muy bien que la probabilidad de que nuestras cosechas lleguen a buen término son muy escasas. Por tal razón, hacemos reuniones entre algunos compañeros para analizar alguna acción contra las lluvias. Como usted debe saber estas “lluviecitas” las manda el mismísimo demonio, pues ya sabe que siempre le da por molestar, y entonces algo que nos dijo el padrecito desde hace muchos años era que sólo se le podía espantar aventándole cohetones, así que nos sugirió que compráramos por año una tanda de cincuenta piezas. (...)Al principio, fíjese usted, cooperaba todo el pueblo e, incluso, una parte de la limosna dominical iba a dar al dinero que invertíamos en comprarlos; pero ahora ni ilusiones nos hacemos y tenemos que poner cada uno de nosotros. (...) Yo, a pesar de que desembolsó por año algo así como dos mil pesos, no me arrepiento de hacer esto, pues siempre nos ha funcionado. Lo malo está en que muchos ya no creen...con decirle que hasta cuando tronamos los cohetes la gente cree que va a haber fiesta. (17)

Quise obtener también la opinión del párroco de la iglesia de Zinacantepec; sin embargo siempre estuvo ocupado, así que solamente pude obtener el testimonio de una persona muy allegada a las labores de la iglesia, José Luis Fabela Rendón, quien ha estado involucrado con estos rituales:

Una de las maneras más efectivas para evitar las granizadas y las tormentas es el hecho de quemar cohetes en dirección al lugar donde se encuentran las nubes grises. Este fenómeno tiene que ver con la furia de dios y es que de acuerdo al comportamiento que se tenga, así se verá uno beneficiado o perjudicado. Es necesario que los cohetes tengan que pasar a ser bendecidos por el padre porque si no, no servirán para nada. Esta práctica es bien vista por dios, pues se da cuenta de que la gente está arrepentida y pide por sus sembradíos.(18) 

Este tipo de testimonios da cuenta de un ritual que atañe a varias personas y que está totalmente difundido en el municipio y en otras partes del territorio del Estado de México. Por ejemplo, en Graniceros. Cosmovisión y meteorología indígenas de Mesoamérica que coordina Johanna Broda podemos encontrar un artículo sobre ahuyentadores de granizo realizado por Isabel Hernández González, en el cual se relata el caso que se percibe en San Gaspar Tlahuililpan:

En San Gaspar Tlahuililpan las nubes de granizo son "espantadas", "dispersadas" con cohetones parecidos a los usados en las fiestas de los santos, pero más potentes para que lleguen hasta las nubes.
La nube "ya viene correteada por otros pueblos", pues en la región acostumbran de este modo "espantar las nubes malas". En San Gaspar Tlahuililpan, declaran que "sólo quieren que siga su rumbo, su camino, fuera de sus terrenos de cultivo",
De fines de junio hasta fines de julio, los pueblos de la zona van “correteando las nubes malas de un pueblo a otro, de manera que de San Gaspar, se dice que se va la nube a San Miguel Totocuitlapilco y a San Lorenzo Coacalco, poblados del municipio de Metepec. 
Un mes antes se compran los "cohetones de tromba". Anteriormente los comisionados se encargaban de pedir cooperación en el pueblo. En estos días sólo el señor Joaquín Villa se preocupa por comprarlos con la ayuda de personas que aún siembran y algunos más que se solidarizan, aunque ya no tengan terrenos de cultivo.(19) 

Con este ejemplo podemos encontrar grandes semejanzas en cuanto al modo de practicar el ritual de ahuyentamiento. No obstante, creo que lo que más fascina es la manera en que cada una de las personas de forma individual lleva a cabo el rito. Al principio de este trabajo advertía una forma de realización que consiste en “cortar” las nubes con un machete o cuchillo y rezando una oración pidiendo a los santos o a la virgen. Ahora bien, otro tipo de ritual me fue platicado por una señora que tiene unas parcelas en el poblado de Acahualco (perteneciente a Zinacantepec), ella se llama Magdalena Ruiz Itla:

Cuando uno nota que está pronta la nube a llegar al lugar donde puede hacer daño no hay más que pararse en el sembradío y hacer una cruz en la tierra. Posteriormente ir por las palmas benditas que se compraron en el día de Domingo de Ramos y quemarlos en el lugar donde se hizo la cruz. Enseguida hay que rezar tres padres nuestros y tres aves marías para que dios y la virgencita nos oiga y deshaga la tormenta. (20)

Debido a que encontré estas distintas maneras de enfrentar el problema decidí ir a visitar a una curandera que vive en la cabecera de Zinacantepec, ahí en el Barrio de la Veracruz. Su fama es mucha debido a que muchos la tachan de bruja; no obstante, decidí preguntarle cuál era su opinión al respecto, su nombre es Marina Chávez Colín (MCC):

JC: ¿Qué opina con respecto a la tradición o creencia sobre el ahuyentamiento de las “colas” de agua?
MCC: Antes que otra cosa quisiera saber si tú lo crees porque si te vienes a burlar sería mejor que te retiraras...
JC: No si me importa, sí creo en esto y por eso estoy interesado en conocer más a fondo lo que significa.
MCC: Está bien, mira ese rito viene desde nuestros antepasados, antes todo tenía que ver con fuerzas naturales y no precisamente con la acción de un dios. De no ser así ningún conocimiento hubiéramos tenido como pueblo. En cada comarca existían hombres que se dedicaban a mirar el cielo y entenderse con él. De esta manera ellos tenían el poder de saber cuándo llovía, cuándo helaba y si iban a ser malos tiempos o buenos para las siembras y las cosechas. Estos sabios eran muy castos, nunca tuvieron que ver con ninguna mujer, así que los dioses los premiaban con esas facultades. (...)Cuando se viene un conjunto de nubes grises o blancas que están muy juntitas y soplan mucho es indicio de que se avecina una tormenta. Muchas veces hasta en las nubes se forma una colita que indica la velocidad que han tomado estas nubes. Este tipo de fenómenos se lo debemos a nuestro dios Ehécatl que es el que manda sobre el aire y decide para dónde llevar las nubes que traen la lluvia. Lo importante aquí es que se entienda que el solo no puede crear las nubes de tormenta y se ayuda en el dios Tláloc. Ellos dos intervienen en la formación y por ello es debido que los sabios que se encargan de entender lo celeste intervengan para ofrendar a Tláloc y a Ehécatl.
JC: ¿Qué ofrendan los sabios?
MCC: como estas personas viven cerca de las colinas o en los meros cerros realizan danzas para evitar la tempestad y hacen auto sacrificios para ofrendar sangre.
JC: Entonces lo que se hace últimamente de echar cohetes, quemar palmas, etcétera, ¿no sirve?
MCC: Lo que ocurre es que eso ya está mezclado con lo que trajeron los españoles, creen que hay que evitar demonios que vienen en la nubes y hacen creer a la gente que sólo con cohetes santificados o quema de palmas benditas se espanta a las nubes; pero eso no es más que invención de los padrecitos. (21)

Este tipo de testimonio me confundió, pues si bien es muy creíble el hecho de que los conocimientos hayan sido legados por los antiguos mexicanos no pude comprender el por qué negó que las otras creencias fueran sólo obra o inventiva de sacerdotes, cuando ella misma al momento de que se encarga de hacer “limpias” contra males de ojo o contra hechizos trae a colación a un sinnúmero de santos que se ven en el catolicismo. Afortunadamente, uno de los trabajos que tiene uno como investigador es el utilizar sólo lo que uno cree conveniente.

Con respecto a estas personas que se dedican al ahuyentamiento de las nubes de tormenta podemos encontrar referencias en el mismo artículo de Hernández González, gracias a él podemos hacernos una idea de cómo debe de ser alguien que se dedique a tales actividades:

Estos especialistas del tiempo, que ahora encontramos en algunos pueblos campesinos del centro de México cercanos a montañas y montes, son herederos de un complejo cultural mítico-religioso de procedencia prehispánica, amalgamado con elementos españoles. Lo sagrado en los mesoamericanos se encontraba en el centro de la vida cotidiana, siendo esencial para los pueblos agrícolas dependientes de los eventos y regularidades atmosféricas. 
Los pueblos mesoamericanos eran grandes observadores de la naturaleza v sus procesos; llegaron a considerar a ésta sagrada y pensaron que debía ser cuidada y reverenciada como dadora de vida en plantas y animales.
Estos pueblos agrícolas, que hicieron corresponder sus trabajos con los eventos naturales, crearon prácticas propiciatorias fabricando un complejo cultural mágico-religioso en el que se apoyaba la agricultura. Dentro de este complejo cultural de tareas técnicas y prácticas propiciatorias, se encuentra la razón de ser de los graniceros;. especialistas a los que se les responsabilizaba de cuidar los sembrados del granizo: "ahuyentar", "espantar" y "atajar" las nubes cargadas de granizo.(22) 

Para otro autor, Otto Gálvez Schumann, tales personas cumplen una función específica debido a que fueron escogidas por la misma naturaleza; es decir, no cualquiera puede tener tal mérito, aunque tenga todo el conocimiento:

'granicero' era aquel que había recibido la descarga de un rayo, y que no solamente había sobrevivido a ella, sino que mediante la misma recibía la facultad de desarrollarse como granicero, ya que después de esta descarga, quien la recibe, oye a través de sueños o trances las voces que le indican que tiene el poder de curar y de intervenir para pedir o tomar parte en los controles de aguas, vientos y granizadas. Siempre está presente la posibilidad de desarrollar esta habilidad o no, pero por lo general quienes no obedecen a estas voces pueden enloquecer, o hasta morir.
Aquellos que quieran desarrollar las potencialidades recibidas, están obligados a que los asistan y los enseñen personas que ya practican esta virtud, pero no todas lo hacen en la misma dirección, ya que algunas de ellas se especializan en curar determinadas enfermedades, o bien se instruyen en el conocimiento de hierbas curativas; otros se dedican a intervenir en el control del agua y los vientos, y otros pueden ser especializados en curar de sustos, espantos o de caídas; quienes utilizan la herbolaria para curar no necesariamente son graniceros, aunque pueden serlo. (23)

Por ultimo enunciaré el testimonio de una señora que se dedica a ayudar en las labores agrícolas; pero que no tiene nada que ver con la siembra de productos, ella se llama Celia Malaquías Sánchez. Gracias a su experiencia reconoce que sí debe utilizarse tanto el cuchillo o el machete en el ritual de ahuyentamiento de nubes y también el que se utilicen las palmas benditas en el proceso; sin embargo, ella hace alusión a otro tipo de técnica: 

Cuando se vienen las “colas” de agua lo primero que hago es ahuyentar las nubes cortando las nubes con un machete y haciendo una cruz en la tierra con él mismo. Después que terminó de hacer esto voy por las palmas benditas que conseguí el día de Domingo de Ramos y las quemó fuera de mi casa. En dado caso que no tenga esto es usual que muchas de nosotras guardemos el cabello que se nos cae y que guardamos en los agujeros del adobe, con estos montoncitos de cabello ahuyentamos también a la nube quemándolos. Asimismo, la casa la riego con agua bendita desde la puerta, para así evitar que los malos espíritus entren a ella, pues se supone que este tipo de fenómenos tienen que ver con lo demoníaco. (24)

Si bien dentro de estas entrevistas encontramos grandes diferencias podemos percatarnos del papel que juegan las creencias y fuerzas que no conocemos y que, no obstante, sentimos y sabemos que existen. De alguna u otra forma este tipo de prácticas sugieren, como dije anteriormente, que hay una comunicación muy específica entre los procesos naturales y las actitudes humanas. 

Decidí no insertar las entrevistas que hice a personas que me respondieron con sarcasmo acerca de estas tradiciones y se burlaron de tales técnicas, por simple falta de espacio; sin embargo, no puedo dejar de hablar de un tipo llamado Agustín Morales Castro (25), de oficio ingeniero, el cual al preguntarle sobre cuál era su opinión con respecto al ahuyentamiento de “colas” de agua me respondió que si lo estaba albureando. Al ver mi negativa, cambió su actitud de bromista por la de erudito científico y me pidió que le explicara algo sobre ello. Al darle los pormenores del tema, sonrió y me respondió que en eso sólo creían los ignorantes, las personas que no tienen quehacer y que la verdad el no hablaba de “cosas incultas”. Por tal razón, decidí agradecerle su tiempo y dejarlo hacer su trabajo de coordinador de obras públicas.

CONCLUSIONES
Resulta gratificante reconocer que estas prácticas siguen vigentes en mi municipio, ya que habla de un desarrollo cultural bien fundamentado en las creencias antiguas, las cuales han podido mantenerse en la memoria de las personas desde hace quinientos años; sin embargo, muy pronto se deja el optimismo de lado al ver que ya son muy pocas gentes las que conocen estas tradiciones y las llevan a cabo.

La principal causa de este olvido radica primordialmente en la educación que recibimos desde pequeños y en la constante desaparición de espacios para cultivo. En nuestros días, es más importante saber sobre computación que preocuparnos por nuestra historia, pues la primera reditúa y la otra sólo informa o eso es lo que se piensa. Una solución a este problema radicaría en darle mucho mayor peso a la enseñanza del México Antiguo analizando que nuestros logros y progresos no se entenderían sin la aportación que hicieron los primeros mexicanos.

Otra situación que se torna muy paradójica es que, por mucha tecnología que tenemos y conocimientos científicos abundantes, aún no es posible determinar con seguridad con qué periodicidad se pueden presentar actividades meteorológicas como los tornados y así evitar que haya desastres. En cambio, los conocimientos milenarios que nos han heredado nuestros antepasados tienen un poder sobre los designios de la naturaleza y demuestran, como se ha podido comprobar, que estos fenómenos desaparecen tras llevar a cabo los rituales.

Una deficiencia que he encontrado debido al olvido o ignorancia que tenemos sobre los conocimientos antiguos se encuentra en el hecho de que ya no convivimos con la naturaleza, sino que la manipulamos a nuestro antojo y sin previsión. Si supiéramos en verdad qué papel juega la comunicación humana con el entorno tendríamos un mundo diferente, donde no existiría la contaminación, ni las enfermedades gastrointestinales, ni los problemas de tierra, ni las disputas por recursos naturales; en fin, no seríamos tan materialistas ni tan asesinos del ecosistema.

Una reflexión que viene muy bien en este texto es la que hace Fernando Benítez en Indios de México y que dice así: “¿Qué me enseñaron los indios? Me enseñaron a no creerme importante, a tratar de llevar una conducta impecable, a considerar sagrados animales, plantas, mares y cielos, a saber en qué consiste la democracia y el respeto debido a la dignidad humana. También a pasar de lo cotidiano a lo sagrado(...).” (26)En suma, el conocimiento indígena no sólo permite el contacto con el entorno natural, también logra llevar al exterior los valores más buenos que tiene el hombre para vivir en paz y armonía con sus semejantes.

El ahuyentamiento de “colas” de agua permite reconocer el entendimiento y respeto que algunas personas tienen todavía por los fenómenos naturales, por lo tanto, puedo decir que aún no hay nada perdido y que se puede llevar a cabo el rescate de tales tradiciones siempre y cuando se lleven a las aulas desde que somos pequeños. De no ser así, siempre serán los simples cuentos, casi fantásticos, que relatan los adultos para matar el ocio.

Hoy, desafortunadamente, he perdido a mi abuelita y con ella se fueron infinidad de conocimientos y creencias antiguas; no obstante, aquello que me logró heredar ha de ser compartido y continuado por mí, mientras la vida así me lo permita.

FUENTES

BIBLIOGRAFÍA
BENÍTEZ, Fernando, 
Los Indios de México, 
Ediciones Era, 
México, 1989, 
423 pág.

BRODA, Johanna (coord..), 
Graniceros: Cosmovisión y Meteorología Indígenas de Mesoamérica, 
Zinacantepec/El Colegio Mexiquense/U.A.M. Instituto de Investigaciones Históricas, México,1997,
563 pág. 

GALINIER, Jacques, 
Pueblos de la Sierra Madre. Etnografía de la comunidad otomí, 
Instituto Nacional Indigenista, 
México, 1987, 
528 pág.

GARCÍA-PELAYO y Gross, Ramón, 
Pequeño Larousse en color,
Tomo II, 
Ediciones Larousse, 
México, 1986.

PÉREZ Alvirde, Rosalío M., 
Zinacantepec. Monografía Municipal, 
Instituto Mexiquense de Cultura, 
México, 1999, 
126 pág.

SAHAGÚN, Fr. Bernardino de, 
Historia General de las Cosas de la Nueva España, 
Editorial Porrúa, 
México. 1999, 
1093 pág.

ENTREVISTAS
Entrevista realizada a Alfonso Aguilar Mendoza y Susano Víctor Chávez Reyes, ex mayordomos de la fiesta realizada a la Virgen de los Dolores del Rayo realizada el 22 de mayo de 2003. (Fecha: Domingo 14 de diciembre de 2003).

Entrevista realizada a Jesús Reyes Corona, agricultor de maíz, haba y cebada que vive en el Barrio de la Veracruz en la cabecera de Zinacantepec. (Fecha: 29 de noviembre de 2003).

Entrevista realizada José Luis Fabela Rendón, ferviente católico y ayudante esporádico en eventos religiosos dentro la parroquia de Zinacantepec. (Fecha: 6 de diciembre de 2003).

Entrevista realizada a Magdalena Ruiz Itla, agricultora y ama de casa. (Fecha: 29 de noviembre de 2003).

Entrevista realizada a Celia Malaquías Sánchez, ama de casa y ayudante en las labores de cosecha. (Fecha: 15 de noviembre de 2003).

Entrevista realizada a Agustín Morales Castro, coordinador de obras públicas en el Ayuntamiento de Zinacantepec. (Fecha: 16 de diciembre de 2003).

PÁGINAS WEB
http://www.angelfire.com/nt/DesastresNaturales
http://www.itfuego.com/desastres/defensa_civil.htm

AUTOR:
Javier Cervantes Mejía
Correo: javier_Cervantes_mejia@hotmail.com


[1] A partir de este momento evitaré entrecomillar estos verbos con el fin de darles merecida credibilidad, ya que de no hacerlo así creo dar a entender que me refiero a ellos con sarcasmo o incredulidad.

[2] PÉREZ Alvirde, Rosalío M., Zinacantepec. Monografía Municipal, p. 19..

[3] Es de gran relevancia mencionar que en este ex Convento se encuentra una capilla abierta y una pila bautismal con el cual llevaron a cabo este trabajo de evangelización.

[4] PÉREZ Alvirde, Rosalío M., op. cit., p. 25.

[5] Ídem.

[6] GALINIER, Jacques, Pueblos de la Sierra Madre. Etnografía de la comunidad otomí, p. 358.

[7] Entrevista realizada el Domingo 14 de diciembre de 2003. Estas personas fueron mayordomos principales en la fiesta del 22 de mayo de 2003.

[8] Información alojada en internet: http://www.angelfire.com/nt/DesastresNaturales

[9] GARCÍA-PELAYO y Gross, Ramón, Pequeño Larousse en color, Tomo II, p. 888.

[10] Elaborada en 1957 por T. Theodore Fujita de la Universidad de Chicago. Esta escala se basa en la destrucción ocasionada a las estructuras construidas por el hombre y no al tamaño, diámetro o velocidad del tornado. No se puede, entonces, mirar un tornado y calcular su intensidad. Se debe evaluar los daños causados.

[11] Información alojada en internet: http://www.itfuego.com/desastres/defensa_civil.htm

[12] Ídem.

[13] SAHAGÚN, Fr. Bernardino de, Historia General de las Cosas de la Nueva España, p. 435.

[14] Ibídem, p. 32.

[15] Ibídem, p. 904.

[16] GALINIER, Jacques, op. cit., p.356.

[17] Entrevista realizada el 29 de noviembre de 2003. Jesús Reyes Corona es un agricultor de maíz, haba y cebada que vive en el Barrio de la Veracruz en  la cabecera de Zinacantepec.

[18] Entrevista realizada el 6 de diciembre de 2003. José Luis Fabela Rendón trabaja como ayudante esporádico en eventos religiosos dentro la parroquia de Zinacantepec.

[19] HERNÁNDEZ González, Isabel, “Los ahuyentadores de granizo de San Gaspar Tlahuililpan, Estado de México” en Johanna Broda (coord..), Graniceros: Cosmovisión y Meteorología Indígenas de Mesoamérica, p. 456.

[20] Entrevista realizada el 29 de noviembre de 2003. Magdalena Ruiz Itla es agricultora y ama de casa.

[21] Entrevista realizada el 30 de noviembre de 2003. Marina Chávez Colín es una curandera de experiencia en la cabecera municipal y toda su familia se ha dedicado a la misma actividad desde hace mucho tiempo.

[22] HERNÁNDEZ González, Isabel, op. cit., p. 451.

[23] SCHUMANN Gálvez, Otto, “Los ‘graniceros’ de Tilapa, Estado de México” en Johanna Broda (coord..), Graniceros: Cosmovisión y Meteorología Indígenas de Mesoamérica, p. 307.

[24] Entrevista realizada el 15 de noviembre de 2003. Celia Malaquías Sánchez es ama de casa y además participa en las labores de cosecha o pizca, o llevando de comer a los trabajadores que se dedican a esta actividad.

[25] Entrevista realizada el 16 de diciembre de 2003. Agustín Morales Castro trabaja como coordinador de obras públicas en el Ayuntamiento de Zinacantepec.

[26] BENÍTEZ, Fernando, Los Indios de México, p. 7.



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