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Ejemplo de análisis directivo para explicar la toma de decisiones bajo la crisis económica

Resumen: La situación. Supongamos una cuadrícula como la dibujada. En el eje horizontal están los resultados y en el vertical las personas. Cada uno está graduado de cero (0) a diez (10)...

Publicación enviada por Josemari Cardona; Fernando Herreros




 


1.- La situación. Supongamos una cuadrícula como la dibujada. En el eje horizontal están los resultados y en el vertical las personas. Cada uno está graduado de cero (0) a diez (10). Horizontalmente, el 10 correspondería a una sociedad en la que idealmente fueran óptimos la estrategia, organización, procesos, tecnologías y conocimientos. Verticalmente el 10 correspondería a un máximo respeto a la dignidad de la persona, porque se pone en juego su compromiso, responsabilidad, entusiasmo y voluntad. En un buen conjunto de empresas españolas significativas, para las que estuve trabajando y venían funcionando razonablemente bien las últimas décadas (Bankinter, Dragados, Continente, Comercial de Laminados…), se situaban casi todas ellas horizontalmente como en el 6, y verticalmente como en el 4, “siendo bastante generosos porque las personas no interesan tanto”, dijo alguien. Por tanto la posición 64 es la más habitual.

2.- La mejora. Contemplando el punto 64 se reúne el Equipo Directivo y dice: “¿Nos vamos a conformar con los resultados de un 6? ¿No podríamos y deberíamos mejorar yendo, por ejemplo, al 8?”. El cambio en efecto es posible y deseable y entonces lo que solemos hacer en la práctica es abordar un plan de trabajo para crear un nuevo mercado, introducir un nuevo producto, crear nuevas TIC, mejorar la organización, crear un sistema de ideas de innovación y mejora,…. Y tras 8 meses, por ejemplo, después de un esfuerzo tremendo, el análisis muestra que seguimos en el 64. ¿Por qué? Porque para ir horizontalmente del 6 al 8, primero verticalmente la empresa debe ir también del 4 al 8, por ejemplo. Es decir, al punto 88. Prácticamente es imposible ir de forma directa del 64 al 84. En una Escuela de Negocios muy afamada, les oímos decir que “sólo tratamos temas prácticos”.

3.- Naturaleza de los dos ejes. La persona, eje vertical, tiene interioridad, inmanencia, capacidad de autocrecimiento, y siempre puede dar más de sí. El pensamiento es insaturable. Cualquiera de nosotros puede, y seguramente debe, superarse a sí mismo. El eje horizontal donde se encuentran las tecnologías, conocimientos, estrategias, políticas,… es plano. Carece de interioridad; no pueden dar más de sí; diríamos que “esto es lo que hay”, dicho no aplicable a la persona.

De tal manera que el eje crítico que lleva la voz cantante es el vertical, que es el cultural o el “espiritual” (no en el sentido simplemente religioso, aunque éste no se excluye). Si el punto 64 se eleva verticalmente, forzosamente corre también a la derecha; es prácticamente imposible correrlo directamente a la derecha porque así no sube.

4.- La enseñanza de la Filosofía de la Historia y del sentido común. Los escritos de Salvador de Madariaga, Arnold Toynbee, Claudio Sánchez Albornoz, y similares, coinciden y demuestran algo evidente en torno a toda cultura, civilización o sociedad, y que he constatado que es extensible a toda institución o empresa: quien crea que la clave del éxito está en el desarrollo de técnicas, herramientas, tecnologías, conocimientos o en aprovechar las oportunidades del entorno está en un error y sella la propia ruina. El verdadero desafío que hay que superar es el que se plantea a nivel de espíritu.

5.- Crisis. En una interpretación bastante libre, lo peor que origina la crisis es un descenso en: la dignidad de las personas, su estado de conciencia, su mundo interpretativo, su estatus, su categoría social o como se quiera llamar. Ese empobrecimiento origina precisamente “igualdad” y camino hacia el rebaño. Precisamente y de forma muy acertada, los presocráticos decían que en una sociedad una autoridad es “legítima”, no cuando procede de una democracia, sino cuando tiene capacidad de desarrollar la dignidad de los seguidores.

6.- ¿Quién? Es decir, una crisis siempre es originada por alguien, con nombre y apellidos, que bajo un planteamiento aparentemente tolerante, democrático y de “buen rollo” impulsa con brazo de hierro una cultura mecanicista, racionalista, individualista, pragmática, progresista, laicista, economicista o como se quiera llamar, que echando la culpa a los demás, arrincona y achatarra lo más excelente y genuino de las personas, que precisamente es lo más imprescindible para la productividad y lo del “estado del bienestar”.

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