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Planes de desarrollo territorial. Por qué no creer en las listas de buenas intenciones al planificar

Resumen: Durante mi emergente proceso de formación en planificación, tuve influencias de los métodos basados en la identificación de necesidades, problemas, retos, desafíos, etc., sea como se llamara dependiendo de la Escuela o Método de Planificación que estuviera utilizando, siempre terminaba con una lista...

Publicación enviada por Marvin Melgar Ceballos




 


Durante mi emergente proceso de formación en planificación, tuve influencias de los métodos basados en la identificación de necesidades, problemas, retos, desafíos, etc., sea como se llamara dependiendo de la Escuela o Método de Planificación que estuviera utilizando, siempre terminaba con una lista. Y básicamente todas las Escuelas y Métodos definían que para cada problema existe un proyecto, lógico después de pasar por un frío, neutral, participativo y técnico proceso de priorización.

Poco a poco, me di cuenta, que aunque se generaba una vorágine de información, principalmente de problemas, necesidades, retos o desafíos, a nivel de comunidades, municipios y departamentos. Nunca los procesos de planificación trascendían, nacían las preguntas usuales:

1. ¿Fui un facilitador o me convertí en el ejecutor del proceso?
2. ¿Realmente fue participativo o lo que tenía era a un sinnúmero de personas sentadas calentando asientos?
3. ¿Las autoridades municipales se involucraron o fueron simples exportadores?
4. ¿Existió realmente apropiamiento?
5. ¿El proceso se desarrolló en un tiempo prudencial?

Estas preguntas me rondaban la cabeza, pensando en esa etapa incipiente de formación qué había hecho bien o mal. Qué pasa, si la planificación se me ha enseñado que es la panacea para el desarrollo, me repetía constantemente.

La búsqueda de respuestas me llevó a leer, estudiar y analizar un sinnúmero de posiciones conceptuales, operativas, escuelas y métodos de planificación. Y todas concluían en lo mismo las listas de navidad o buenas intenciones eran la solución, era la voz de las comunidades haciéndose escuchar, eran las necesidades expuestas que deben de solucionarse para tener mejor calidad de vida, eran los desafíos que debían afrontar las autoridades para tener un futuro mejor. Pero nunca veía el ansiado desarrollo.

El cómo llegó algunos años después cuando ya había mejorado mis sistemas de planificación, pero aun estaba sumido en la convicción de encontrar las respuestas sobre cómo planificar adecuadamente las áreas protegidas, comunidades y municipios. Cuando el destino me hizo regresar cinco años a una comunidad, donde años atrás me había sentado frente a un gran número de comunitarios (200 o 250) a planificar participativamente, desarrollando a partir de un sinnúmero de ejercicios las famosas y ansiadas listas de navidad o buenas intenciones. Los líderes me recibieron bien y procedimos a realizar la convocatoria con suficiente tiempo, el día y la hora llegaron, pero aparte de los líderes de la comunidad y municipio, eran cinco personas las que estaban frente a mí.

Pregunté, qué pasó con la convocatoria, no les interesa el proyecto, qué pasa que no desean estar presentes, ansiedad de un joven profesional, preocupado más en cumplir con su contrato que con el proceso. Una señora entrada en años, se levantó y me dijo "… Licenciado es que fíjese que ya estamos muy desconfiados, siempre vienen con estos eventos, nos hacen siempre la mismas preguntas, que cuales son nuestros problemas, que si necesitamos letrinas, que si necesitamos pisos, que si nuestros niños comen en la Escuela, que si necesitamos más aulas, que el camino está en mal estado y nosotros nos emocionábamos al principio porque pensábamos que el alcalde, el presidente o el proyecto, nos iba a solucionar nuestros problemas y nunca hemos tenido respuesta, ya estamos cansados.¨

Fue la primera vez que una persona me decía algo tan obvio y que fue después tan repetitivo que me cambió por completo la concepción de lo que debería de ser la planificación participativa. Y me llevó a explorar nuevas ciencias como la del comportamiento humano y social. El problema en sí no es que se hagan listas de problemas o necesidades. El problema es que nuestros pueblos han acumulado una serie de frustraciones y de malas prácticas, que no permiten evaluar que el desarrollo no es producto de una lista de navidad o buenas intenciones. El desarrollo debe de nacer de acciones concretas de motivación de los actores del territorio.

El haber extrapolado a la fuerza los métodos de planificación institucional o empresarial, a querer aplicarlos a nivel territorial, ha generado una mala comprensión de la planificación. Se cree que podemos planificar el territorio como una empresa y es falso, las listas de problemas sirven para solucionar problemas en empresas o instituciones, que son sistemas cerrados, el territorio es un sistema abierto, cuya composición de subsistemas es complejo y multidimensional. En una época donde los recursos financieros cada vez son más escasos, los gobiernos locales, apenas subsisten y atienden los problemas más inmediatos, los gobiernos nacionales tienen altos déficit en ejecución y en recaudación de su presupuesto. Y más, los proyectos de cooperación internacional disminuyen sus recursos, es obvio que este modelo de planificación basado en listas de navidad o buenas intenciones no es la mejor opción.

Si la planificación se realiza en una comunidad, municipio, departamento, región, cuenca, etc., es un proceso de planificación territorial y por ende el modelo de planificación debe basarse en un proceso de gestión integral del territorio, donde la identificación de problemas y necesidades es un elemento más y no el principal soporte de lo que se llamará Plan de Desarrollo Comunitario, Municipal, Departamental o Regional.

Porque siempre quedarán las incógnitas ¿de dónde saldrán los recursos?, ¿se tendrá la capacidad de ejecutarlos?, ¿cuál será el papel de la municipalidad, del gobierno local y de los cooperantes?; en fin, ¿cuál será la capacidad de respuesta de los actores en financiar los proyectos?, en lugar de que la pregunta sea ¿cuál es la capacidad del territorio en generar un verdadero proceso de desarrollo?

Los que hoy aun se llaman planificadores, deben evolucionar hacia un nuevo estadio y convertirse en gestores y cambiar el paradigma de que la planificación se basa en problemas y que solucionar esos problemas a través de proyectos, es el cimiento del desarrollo.

No creo en las listas de navidad o buenas intenciones. Creo en el desarrollo endógeno, participativo y multidimensional.

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