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Fundamentos sistémicos de la agenda política

Resumen: El objetivo del presente ensayo es exponer los conceptos sistémicos para evidenciar la complejidad del sistema político en torno al establecimiento de una agenda pública. Se plantea que el Estado, la ciudadanía y los medios de comunicación masiva son actores centrales en la construcción de los temas centrales de discusión pública...

Publicación enviada por Cruz García Lirios




 


Resumen
El objetivo del presente ensayo es exponer los conceptos sistémicos para evidenciar la complejidad del sistema político en torno al establecimiento de una agenda pública. Se plantea que el Estado, la ciudadanía y los medios de comunicación masiva son actores centrales en la construcción de los temas centrales de discusión pública. En este sentido, los medios de comunicación masiva son considerados subsistemas persuasivos de una complejidad política que aspira a la limitación de la libertad individual y la justicia social en función de los mecanismos persuasivos para construir una estructura de valores, percepciones y creencias. Este ensayo contribuye al estudio filosófico, sociológico, político y comunicológico de la estructuración de la libertad y la justicia a partir de la selección y difusión de los temas producido por los medios de comunicación masiva para influir en la discusión pública y la agenda política.

Palabras claves; Agenda, Libertad, Estructuración, Persuasión, Justicia y Complejidad.

Introducción
La agenda pública definida como el conjunto de temas de interés, debate, solución, implementación y seguimiento por parte de la ciudadanía en pleno ejercicio de sus derechos fundamentales de expresión, comunicación, asociación y participación, desde la aproximación sistémica de la política, es el resultado de subsistemas persuasivos tales como los medios de comunicación masiva.

En torno a la agenda pública, giran fundamentos sistémicos que evidencian la complejidad política. Bertalanfly, Luhman, Giddens, Rawls, Bauman, Nozick, Kymlicka y McCombs son autores que han fundamentado, directa e indirectamente, la hipótesis en torno a la cual los sistemas políticos evolucionan en sus formas y regímenes de gobierno porque sustituyen paulatinamente sus subsistemas coercitivos tales como el ejército por subsistemas persuasivos tales como los medios de comunicación masiva.

En este sentido, la agenda pública es el resultado de la producción de información seleccionada, enmarcada y distribuida por los medios de comunicación a las audiencias. En tanto sectores y estratos de persuasión, los públicos o espectadores, son influidos por los temas que la televisión, radio, internet y prensa ponen a su disposición con base en criterios de mercado en los que el nivel de audiencia y el volumen de comercialización determinan la intensidad de cobertura de hechos, situaciones o eventos públicos.

Al producir información, los medios de comunicación masiva se desprenden de su función transmisora y se transforman en emisores, convierten a las audiencias en intermediarios de presión pública ante la clase política, su principal objetivo: influir en la agenda política determinando la agenda pública.

No obstante la influencia de la agenda mediática en la agenda pública, la agenda política debe cumplir con principios histórica y políticamente correctos como garantizar y promover la libertad individual y la justicia social. Es decir, la agenda política debe promover la inclusión más que la exclusión en los temas de interés público. La participación ciudadana es esencial para la legitimación de la agenda política y quizá, no necesaria para la validez de la agenda mediática e indispensable para la agenda pública. Es por tales motivos que la relación entre la agenda mediática y la agenda política requiere de la participación ciudadana para ajustarse a los requerimientos de interés público. Precisamente, en esto consiste la complejidad del sistema político y sus formas de gobernanza: la construcción consensuada de la agenda pública que permita la viabilidad de la agenda política y el cumplimiento de la agenda mediática.

En tanto subsistemas persuasivos, los medios de comunicación masiva, seleccionan, enmarcan y difunden temas que suelen ser de interés público, pero su viabilidad política parece no satisfacer los intereses de la agenda mediática. Los medios de comunicación avanzan hacia una agenda líquida que ha sido aceptada por la opinión pública. Incluso ha sido incorporada a la vida cotidiana. Sin embargo, pone en riesgo al sistema político puesto que evidencia las deficiencias de la gobernanza; corrupción, nepotismo, negligencia, opacidad e incompetencia de la clase política frente a la eficiencia, eficacia y efectividad de la televisión, la radio, el internet y la prensa en cuanto a persuadir e influir en las decisiones de sus audiencias, espectadores, cibernautas y lectores.

La agenda mediática y la agenda pública parecen avanzar hacia el mismo horizonte mientras que la agenda política parece desvanecerse en un punto diametralmente opuesto. Esto evidencia la complejidad política.

Para pensar la complejidad política, es indispensable revisar sus fundamentos históricos: libertad individual de elección y justicia social distributiva. Para pensar la agenda política, es necesario establecer las relaciones asimétricas entre los medios de comunicación, la ciudadanía y el Estado.

La complejidad sistémica de la política
Un sistema, definido como un modelo de factores orgánicos abiertos al intercambio de energía con otros sistemas, fue planteado por Bertalanffy para explicar la estructura de la biosfera. Esta propuesta fue retomada por Luhmann para referir a la autorganización comunicativa del poder. A diferencia de Bertalanffy, quien afirma que todo sistema esta organizado a partir del intercambio con su entorno, Luhmann sostiene que el Estado es un sistema de comunicación que se especializa en la persuasión de sus subsistemas. El Estado puede ser coercitivo, estructurante al individuo mediante sus instituciones según Giddens, pero es en esencia un modelo persuasivo que excluye del poder a sus subsistemas competidores para autorganizarse. Bauman se aproxima al concepto luhmaniano de Estado al plantear que evolucionó para ser considerado un instrumento de seguridad, confort e identidad para los habitantes de la zona central sólida urbana en referencia a la inseguridad, pauperización y desarraigo de los migrantes asentados en la periferia urbana. Sin embargo, Luhmann aclara que en tanto sistema, el Estado diversifica las relaciones de poder que tiene con sus subsistemas. Si el Estado Baumaniano ha transitado de la solidez a la liquidez, el Estado luhmaniano ha transitado de la simplicidad a la complejidad, de la coerción a la persuasión. Si el Estado ha dividido a sus subsistemas en centrales y periféricos favoreciendo a los primeros y obstaculizando a los segundos, el Estado luhmaniano ha seducido a sus subsistemas hasta un punto tal en el que lo consideran imprescindible para su desarrollo. A pesar del liberalismo político, que supone la sustitución del Estado por el mercado, el Estado luhmaniano se erige como el gendarme por excelencia y legitimidad sin el cual, el mercado estaría condenado a su extinción. Es por ello que Rawls se aproxima a la concepción luhmaniana del Estado al considerar que una libertad sin Estado o por el contrario, el totalitarismo, son polos injustos cuyas consecuencias convergen en una distribución asimétrica del poder. Por ello, tanto Rawls como Luhmann están de acuerdo en que el Estado asuma el control limitado de la sociedad para perpetuarse como la institución política más importante de la historia.

De este modo, el Estado es un sistema persuasivo que distribuye asimétricamente el poder para perpetuar su hegemonía sobre los subsistemas que lo configuran.

¿Cuáles son los subsistemas políticos que configuran al Estado y le compiten espacios y cotas de poder?

La exogeneidad sistémica de la política
Si el Estado busca su eternización y trascendencia complejizando su hegemonía política, entonces los subsistemas son factores externos e internos que fundamentan la autorganización del Estado.

Los factores exógenos al Estado se relacionan con su sistema coercitivo y los factores endógenos con su sistema persuasivo. Los primeros han estado siendo exterminados. Se trata de opositores, disidentes y/o víctimas. Son exógenos al sistema coercitivo porque simbolizan la diversidad y heterogeneidad en torno a un sistema unilateral y homogeneizante. Son externos al Estado porque evidencian su singularidad y simplicidad que inhiben el conflicto y el cambio social.

El pensamiento sistémico luhmaniano parece coincidir con la propuesta de un Estado moderno sólido. Bauman sostiene que las ciudades fueron construidas bajo el principio de modernidad que consiste en seguridad e identidad en torno a un Estado omnipresente. Las urbes fueron edificadas para proteger a sus habitantes de las invasiones o inundaciones. Toda ciudad moderna, tenía un centro de poder en el que ubicaban panópticos que permitían la vigilancia interna y externa. Durante esta etapa de modernidad, el Estado era sinónimo de solidez y robustez. No obstante, los factores exógenos, el Estado los exterminaba para garantizar la unidad nacional. Este planteamiento baumaniano del poder monopólico del Estado, concuerda con el concepto luhmaniano de autorganización sistémica. El Estado, es un sistema de coerción que se organiza en torno a sus elementos internos y factores externos que justifiquen su coerción. Ambos, son esenciales para el funcionamiento sistémico del Estado. Los elementos endógenos, al ser amenazados por los factores externos, necesitan someterse a un sistema de coerción que garantice su seguridad. Tanto Bauman como Luhmann piensan en un Estado coercitivo que unifica las simetrías y extermina las asimetrías.

Sin embargo, entre el planteamiento baumaniano y la propuesta luhmaniana hay una diferencia sustancial que alude a la modernidad del Estado. Para Bauman el mercado esta sustituyendo al Estado, para Luhmann el Estado se ha complejizado hasta un punto tal que el mercado es un nuevo mecanismo de control persuasivo.

En los términos de Giddens:
¿El Estado estructura sus subsistemas endógenos? O bien, ¿El Estado transfiere su función persuasiva al mercado?

La estructuración sistémica de la política
El Estado guiddeniano refiere a una autoestructuración de sus subsistemas endógenos. Se trata de una democracia estructurante. Es decir, los elementos endógenos del Estado convergen en normas que los diferencian de los factores exógenos. Más aún, los elementos internos del régimen, son considerados, en primera instancia, súbditos por Guiddens porque sólo internalizan sus normas coercitivas. Luhmann sostendría que el Estado, en tanto se organiza internamente, determina sus subsistemas endógenos, pero son éstos elementos internos los que configuran al régimen. Si la política es el debate de ideas y la construcción de consensos en torno a una agenda, entonces el Estado incide en el debate público a través de sus instituciones de gobierno al mismo tiempo que los individuos, grupos, asociaciones, sindicatos, gremios, agrupaciones, conglomerados y sociedades reconfiguran su gobernanza. En este nivel de análisis, Luhmann parece referir a una democracia participativa en el mismo sentido planteado por Kymlicka. El filósofo alemán parece convenir con el filósofo canadiense en la idea de participación política como complemento de la estructuración del Estado. Es aquí donde el mercado tiene cabida en el esquema sistémico del poder político, las formas de gobierno y los regímenes de Estado.

El mercado, aparece como un tercer poder, incluso coercitivo, entre el Estado y sus elementos endógenos que Kymlicka llama ciudadanía participativa y Guiddens reconoce, en segunda instancia, como agencia. Estado, mercado y ciudadanía serían estructuras de un mismo sistema develado por su tendencia a excluir la diversidad que atente contra su estructuración política coercitiva. Esta triada en tanto sistemas interdependientes o subsistemas convergentes de coerción son los fundamentos sistémicos de la realidad política. Es decir, los individuos que integran las instituciones, las personas que trabajan en las organizaciones y los ciudadanos que participan en las sociedades, son factores de coerción con el objetivo de excluir a portadores de normas, valores y creencias que diversifiquen la realidad política.

A la luz del pensamiento de Kymlicka:

¿Pueden coexistir la heterogeneidad con la homogeneidad ciudadana en un mismo sistema?

La homogeneidad sistémica de la política
Kymlicka observa un problema fundamental en la sociedad multicultural canadiense a la que expone como un conglomerado de diversidad. La preocupación del filósofo canadiense es muy parecida a la advertencia del filósofo ingles Rawls: la justicia en la equidad y la diversidad. En efecto, detrás de todo sistema político esta el dilema fundamental de la igualdad versus la libertad. Un sistema en el que todos tienen el mismo punto de oportunidad y necesariamente tendrán un mismo punto de llegada o encuentro, es una sociedad altamente coercitiva y por ende, injusta. Un sistema en el que las oportunidades están reservadas para unos cuantos limita la libertad de elección y con ello amplifica la brecha entre los subsistemas favorecidos y los subsistemas excluidos. Por ello, tanto el filósofo canadiense como el filósofo ingles están a favor de la libertad en su más amplio sentido. Sin embargo, Kymlicka es menos efusivo al plantear que la participación ciudadana es la determinante de toda libertad y justicia en un sistema. En contraste Rawls considera que es el mismo sistema quien debe procurar la compatibilidad entre la libertad individual y la libertad social. Ambos, están a favor de la libertad que diversifique y al mismo tiempo unifique al sistema. Un Estado que promueve la libertad ciudadana para su participación acepta su restructuración en función de la diversidad de ideas. Un régimen que limita la libertad asume las consecuencias de la injusticia social. Una democracia injusta requiere de subsistemas para legitimarse y un Estado justo se legitima a partir de la libertad de sus elementos endógenos a costa de eliminar los factores externos.

En palabras de Nozick:

¿Cómo se construye la justicia en un sistema?

La libertad sistémica de la política
La distribución de recursos en un sistema implica un problema fundamental en torno a su redistribución. En esencia, el Estado no podría encargarse de regular las relaciones entre sus elementos endógenos, pero puede otorgar libertades de decisión y acción. Por ello, en la concepción liberal de Nozick, el Estado se enfoca en cuestiones mínimas tales como el derecho de propiedad y la seguridad de la misma. El Estado deja a la libre elección la competencia y la solidaridad entre sus elementos endógenos. El Estado produce injusticia retributiva porque atiende a las necesidades de quienes son propietarios de recursos y soslaya las necesidades de quienes están fuera de la propiedad privada. El sistema político nozickniano abre la ventana a un mundo de concentración de la riqueza legitimada por la libertad. En contraste, Rawls considera que el Estado debe impulsar la libertad de elección como contrapeso a las desigualdades endógenas del sistema. El Estado rawlsiano, a diferencia del nozickniano, maximiza la libertad y minimiza la desigualdad, se trata de un Estado en el que se produce justicia limitando las decisiones personales que contravienen el bienestar colectivo. Este mecanismo de coerción requiere de mecanismos de consenso en donde los subsistemas endógenos participan racionalmente en el debate, votación, legislación e implementación de una ley reguladora de la competencia por los recursos. Nuevamente, la complejidad del sistema se asoma para insistir en el final de la coerción y el devenir de la persuasión.

En la propuesta de Luhmann:

¿Puede construirse la justicia a partir de un Estado enfocado en la persuasión de sus subsistemas en democracias de consumo líquido?

La persuasión sistémica de la política
Luhmann sostiene que un sistema autoevoluciona a partir de un subsistema persuasivo regulador de las desigualdades entre sus elementos endógenos. En esencia, este subsistema ha evolucionado de otro que empleaba la coerción para dividir y unir a los subsistemas. Este sistema regulador es persuasivo porque controla los flujos de información que les permitirían a las personas tomar decisiones acordes a la situación por la que atraviesa el sistema. En la concepción luhmaniana, el control de los medios masivos de comunicación provee de un poder limitado al Estado ya que las nuevas tecnologías y sobre todo su evolución, conllevan más costos que beneficios. El Estado debe evitar envolverse en la incertidumbre que caracteriza a las sociedades. Incluso, mediante campañas políticas, el Estado debe disuadir a los factores exógenos que lo amenazan y persuadir a los elementos endógenos que lo fortalecen. El Estado totalitario o autoritario que controló los medios de comunicación terminó por construir una imagen de injusticia. En cambio, el Estado que otorga libertades a los medios se somete a la crítica, infundada, de sus disidentes e incluso simpatizantes. Por ello, el Estado debe mostrarse con apertura al dialogo, al debate, al plebiscito, al juicio moral, social y político. El Estado alcanza su legitimidad construyendo una imagen que el electorado perciba como justa o cuando menos, no injusta. Luhmann descubrió primero que nadie, el futuro mediático del Estado y centro su análisis en la comunicación con sus subsistemas. En tiempos donde la imagen se impone al discurso, el Estado requiere de publicistas, mercadologos y diseñadores más que de estrategas antimotines, policías antidisturbios o periodistas proselitistas. En efecto, la justicia es un tema que se olvida en la medida en que la apariencia de la imagen se impone como instrumento de legitimidad y legalidad ante la percepción del electorado. En este sentido, Kymlicka advierte que la participación ciudadana debe ir más allá de la exigencia, la crítica o la manifestación, la libertad le ha sido otorgada al individuo para construir un sistema redistributivo del poder en el que los contrapesos son fundamentales para su conservación. No obstante, Bauman asegura que al vivir en un sistema consumista no será necesaria la perpetuación del Estado, la persuasión subsistémica o la participación multicultural porque antes de que eso ocurra el sistema se habrá autoliquidado. Es decir, los medios de comunicación en tanto subsistema persuasivo de la complejidad política, seleccionan y difunden los temas que la opinión pública, en primera instancia, y el Estado, en última instancia, adoptaran en una agenda pública de discusión.

En la concepción de McCombs:

¿Cuáles son los mecanismos sistémicos de los subsistemas persuasivos para construir la agenda de la complejidad política?

El establecimiento sistémico de la complejidad política
McCombs elaboró la Teoría del Establecimiento de la Agenda para explicar dos mecanismos subsistémicos de selección y difusión de los temas que la opinión pública y la clase política adoptará como agenda de discusión pública. Los titulares y encabezados de los medios de comunicación masivos son elaborados a partir de criterios mediáticos tales como los niveles de audición y comercialización. En este sentido, los eventos, sucesos o hechos no implican necesariamente la cobertura mediática sino no implican altos niveles de expectación e interés de patrocinadores. Debido a que la cobertura mediática es diferente a los hechos porque los maximiza, los minimiza, los omite o los distorsiona, los medios de comunicación inciden directamente en la agenda pública e indirectamente en la agenda política. McCombs considera a la televisión, la radio y los periódicos no como medios transmisores de los acontecimientos públicos sino como productores de información. En este sentido, los públicos no son los receptores de la información sino intermediarios que transmiten los intereses informativos de los medios para incidir en las políticas públicas. McCombs concibe a los medios de comunicación como estructuras persuasivas que determinan tanto los elementos endógenos como los elementos exógenos del sistema político. Al seleccionar y difundir determinados hechos, los medios de comunicación definen la inclusión y exclusión de temas y criterios de discusión correspondientes. Al incidir en la opinión pública, los medios de comunicación homogenizan los subsistemas persuasivos reduciendo las libertades a una agenda mediática.

En tal sentido, McCombs contrapone el termino “audiencia” al concepto de participación de Kymlicka. La justicia es para McCombs el resultado de una selección y difusión de temas y criterios para su discusión. La agenda mediática para Kymlicka es el resultado de la participación racional ciudadana. La audiencia en el planteamiento mccombsiano es intermediaria y transmisora de la información fragmentada y reducida a imágenes que influirán en las protestas, mítines, marchas, bloqueos y manifestaciones colectivas que en la concepción kimlickaniana son el resultado de la racionalidad individual y la discusión pública.

La Teoría del Establecimiento de la Agenda de McCombs complementa el planteamiento baumaniano de la modernidad líquida. Si la modernidad sólida se sustentaba con los subsistemas coercitivos tales como el ejército que proveía seguridad a los súbditos, la posmodernidad líquida se construye con subsistemas persuasivos tales como los medios de comunicación que proveen criterios de discusión de temas a los públicos o audiencias. No obstante, McCombs estaría en desacuerdo con Bauman sobre la liquidez del sistema político. El Estado, su sistema persuasivo y sus subsistemas mediáticos, son productores de información que las audiencias adoptan en forma de valores, normas, percepciones, creencias, actitudes, motivos e intenciones improvisadas, pero permanentes porque se activan cada vez que las audiencias discuten un tema. Es decir, el sistema de la complejidad política se perpetúa a través de la estructura de creencias y valores provocados por la selección y difusión de información. En este punto, McCombs y Giddens interceptan sus teorías al evidenciar la primacía de las normas, valores y creencias sobre los conocimientos de la opinión pública y las políticas públicas.

Desde la metodología del autor:

¿En que consiste la complejidad de los sistemas políticos? ¿La agenda política, la agenda mediática y la agenda pública tienen un origen y un destino común? ¿La sociedad no influida por los medios de comunicación puede construir una agenda alternativa y alcanzar con ello una felicidad no consistente en la acumulación de objetos y experiencias frenéticas improvisadas?

Conclusión
El presente ensayo ha expuesto los fundamentos sistémicos de la complejidad política y concluye:

Existe una relación asimétrica entre los medios de comunicación masiva, las audiencias y la clase política que evidencian las similitudes entre la agenda mediática y la agenda pública, pero muestran las diferencias entre la agenda mediática-pública y la agenda política.

Mientras los medios de comunicación seleccionan temas, los enmarcan y difunden con el propósito expreso de minimizar la libertad individual y la justicia social maximizando el agotamiento de la clase política, el Estado parece empeñarse en desaparecer los valores y las virtudes de legitimidad que lo llevaron a su emergencia y consolidación. En tanto la agenda pública se mimetiza a la agenda mediática, la agenda política parece retraerse a los principios coercitivos en los que el Estado imponía los temas de discusión pública utilizando a los medios de comunicación para tal propósito.

No obstante, existe un punto de convergencia entre las tres agendas: la exclusión de temas, sectores, individuos e ideas no convergentes con la tendencia informativa, la discusión pública y el debate político. Se trata de temas tales como; la dignidad, la honestidad, la perseverancia y la originalidad en todos y cada uno de los sistemas, subsistemas, estructuras, ámbitos, esferas, sectores, estratos, clases, personalidades, decisiones, intenciones y acciones del ser humano que los medios de comunicación no pueden comercializar, las audiencias no pueden legitimar y la clase política no puede corromper.

En esto consiste la complejidad de los sistemas políticos: tienen agendas diferentes a las agendas mediáticas y públicas pero coexisten porque tienen los mismos fundamentos excluyentes y parecen avanzar al mismo destino de comercialización, legitimidad y coerción.

Frente a las agendas excluyentes, la necesidad de una agenda alternativa en la que los ciudadanos no influidos por los medios de comunicación pueden llegar a construir un futuro común siempre y cuando no se sigan las leyes del mercado que son las que determinan la agenda mediática, pública y política. La agenda alternativa no sólo incluiría los temas soslayados por las otras agendas sino además deberá incluir su diversificación en función de la construcción de una felicidad individual pero con tintes colectivos que permitan la inclusión de las propuestas benéficas al desarrollo de las especies animales y vegetales, las generaciones actuales y las generaciones futuras, en suma los sistemas y subsistemas que al no ser ni coercitivos ni persuasivos, serán formativos de tolerancia, respeto, alternancia, perseverancia y solidaridad más que de competencia, acumulación y aversión al futuro, una agenda alternativa de propensión al pasado, presente y futuro para todas las especies vivientes y sucesoras del planeta.

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