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Embarazo y hábito de fumar

Resumen: Para la mayoría de las mujeres el embarazo representa un período de gran expectación sobre el estado y desarrollo del futuro bebé así como del momento del parto. Durante el embarazo se establece un intercambio de sustancias entre la madre y el hijo, donde el bebé depende totalmente de la madre...

Publicación enviada por Dra. Yarimí Rodríguez Moldón




 


Para la mayoría de las mujeres el embarazo representa un período de gran expectación sobre el estado y desarrollo del futuro bebé así como del momento del parto. Durante el embarazo se establece un intercambio de sustancias entre la madre y el hijo, donde el bebé depende totalmente de la madre. Por lo tanto los hábitos y el estado físico de la madre repercutirán directamente sobre el desarrollo y crecimiento de su bebé. En este caso el hábito de fumar se conoce en la actualidad como un factor de riesgo para el curso del embarazo, el parto y el recién nacido, provocando múltiples complicaciones, lo que hace necesario tener una información adecuada sobre este proceso.

El tabaco promueve gran parte de las enfermedades no transmisibles: la enfermedad cardiovascular, y más específicamente la enfermedad coronaria, el accidente cerebrovascular, distintos tipos de cáncer - principalmente los de pulmón, laringe, esófago, vejiga, útero-, la enfermedad pulmonar obstructiva respiratoria (EPOC) y el enfisema pulmonar; pero en la mujer que fuma, a todos estos peligros, hay que agregar los riesgos que el tabaquismo implica para el embarazo e incluso para la concepción de un niño. La nicotina es una sustancia química que funciona como un potente espermicida, por lo que muchas jóvenes que fuman en gran cantidad no pueden quedar embarazadas. Sucede que el sulfato de nicotina es una sustancia muy tóxica, que incluso es usado en algunos lugares como plaguicida.

El tabaquismo atenta de varias formas contra la mujer embarazada y su hijo en gestación. Diversos estudios indican que los efectos adversos del consumo de tabaco sobre el feto son debidos en una mayor parte a la nicotina y al monóxido de carbono, aunque el principal factor causal de la toxicidad del feto se le atribuye al segundo.

La nicotina provoca una hipoxemia (falta de oxígeno) aguda, pero transitoria en la sangre fetal, al reducir el flujo sanguíneo en la placenta. Durante el embarazo, la nicotina atraviesa libremente la placenta y se ha detectado en el líquido amniótico y en la sangre del cordón umbilical de los recién nacidos. Además cruza la barrera placentaria provocando, sobre la madre, aumento de la frecuencia cardíaca, constricción de los vasos sanguíneos con el consecuente aumento de la presión arterial, y alteraciones en la coagulación; y directamente sobre el feto, disminución de los movimientos respiratorios y de la variabilidad de la frecuencia cardíaca fetal. La nicotina pasa a la leche materna causándole al bebé irritabilidad, cólicos, llanto e insomnio, entre otros síntomas.

El monóxido de carbono por el contrario produce una hipoxia crónica en el feto debido a que incrementa los niveles de carboxihemoglobina (COHb) en la sangre materna y todavía más en la fetal, reduciendo así el transporte de oxígeno y su liberación por los tejidos y órganos del feto, dando lugar a una hipoxia lo que va a conducir a una alteración en el desarrollo del feto.

Los adultos tienen gran capacidad de adaptación a la intoxicación crónica de monóxido de carbono (CO), generan poliglobulia (aumento de los glóbulos rojos) y aumentan su afinidad por la oxihemoglobina (HbO2), y por esta razón mantienen el equilibrio entre el contenido de oxígeno (02) y la disponibilidad del mismo en los tejidos. Por el contrario el feto humano, no dispone de esa capacidad hemática para acomodarse al hábito de fumar de la madre y por este motivo es muy sensible a los efectos del humo del tabaco durante el embarazo. Esta falta de adaptación eficaz a la exposición de CO puede ser la explicación del reducido peso al nacer que presentan los hijos de madres fumadoras.

Durante el embarazo y el parto, el consumo de tabaco por parte de la futura madre, se asocia con diversas complicaciones que pueden ser por la acción del tabaco a través del tiempo (efectos crónicos), o en el mismo momento del consumo (efectos agudos).

Efectos crónicos:
- Disminución del peso al nacer: el hábito de fumar es, probablemente, el factor de riesgo más importante para trastornos del crecimiento fetal. La mayoría de los estudios demuestran una diferencia de 200-250 gramos entre los bebe de madres fumadoras y los otros bebe.
- Mayor riesgo de embarazo ectópico, abortos espontáneos y parto prematuro.
- Retardo del crecimiento fetal: el consumo de cigarrillos durante el embarazo reduce también la circunferencia cefálica y la talla del recién nacido. Este retardo se hace evidente después de las 20 semanas de gestación y se mantiene durante los primeros años de la infancia; y sólo afecta al niño nacido de una madre que había fumado durante el embarazo. Por otro lado, si la mujer deja de fumar antes de las 16 semanas la probabilidad de tener un hijo con un crecimiento normal se iguala a las no fumadoras. El crecimiento fetal es un proceso complejo influenciado por factores ambientales, genéticos, nutricionales, hormonales y placentarios, parecería que en el caso de los hijos de madres fumadoras, el retardo en el crecimiento está en relación a una disminución de las concentraciones séricas de hormonas de crecimiento fetal tales como insulina y el factor de crecimiento parecido a la insulina.
- Alteraciones de la placenta y membranas ovulares: existe un riesgo significativo de sufrir placenta previa, disminución del peso placentario, desprendimiento prematuro de la misma, con la disminución abrupta del oxígeno al feto, y de rotura prematura de membranas en madres fumadoras.
- Disminución del puntaje de Apgar, que evalúa la vitalidad fetal en el momento de nacer.
- Alteraciones en el desarrollo psicomotor, intelectual y falta de concentración y memoria en la infancia.
- Trastornos respiratorios del recién nacido o neonato (distress respiratorio).
- Toxemia del embarazo: la preeclamsia se presenta con más frecuencia en las mujeres fumadoras. Este trastorno puede progresar a una eclampsia, lo que supone un grave riesgo tanto para la madre como para el feto.
- Malformaciones fetales: Las más frecuentes son cardiopatías congénitas, malformaciones de las manos y los pies, aplasia ósea, microcefalia, fisuras orofaciales.
- Mortalidad perinatal: Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las embarazadas que fuman menos de un paquete al día tienen 20 % más de hijos muertos antes del nacimiento o en los primeros días de vida. Si fuman más de un paquete al día, la mortalidad perinatal asciende a un 35 %.(Síndrome de muerte súbita del lactante).
- Aumento de neoplasias de la infancia: los niños expuestos durante su gestación a más de 10 cigarrillos/día, tienen mayor riesgo de desarrollar neoplasias de la infancia, con más incidencia de leucemias y linfomas.
- Mayor riesgo de infecciones respiratorias y de asma infantil en los hijos de las madres fumadoras durante el embarazo.
- Aumenta el riesgo de aparición de varices y trastornos de la coagulación en las embarazadas fumadoras.
- La frecuencia y duración de la lactancia materna es menor en madres fumadoras.

Efectos agudos:
- Disminución de los movimientos respiratorios fetales, que se mantienen así durante una hora luego de que la madre ha consumido tabaco.
- Alteración de la frecuencia cardíaca fetal: Aumenta en 5 a 40 latidos por minutos cada vez que la madre fume un cigarrillo.

El momento del embarazo resulta una motivación especial para dejar de fumar, Sin embargo las ansias, la irritabilidad, el poderoso deseo de fumarse "el último cigarrillo" a veces resultan abrumadores, pero al conocer las consecuencias que puede traer para la madre y para el futuro bebé, es la ocasión ideal para abandonar este dañino hábito.

Aproximadamente un 40 por ciento de las fumadoras que lo intentan durante el embarazo, lo consiguen (un índice de éxito muy superior al de las mujeres que no están embarazadas). A pesar de todo, muchas continúan con su hábito, las que dejan de fumar no son más fuertes o más inteligentes. Tampoco significa que quieran más a sus bebés, sino que adoptan mejores estrategias para alcanzar su objetivo.

La mayoría de las personas que lo dejan fijan una "fecha de inicio" y la hacen pública a sus amigos, familiares y compañeros de trabajo. Si estás embarazada es muy importante que no te retrases mucho. Una vez que has establecido el "cuándo", es hora de pensar en el "cómo". Tendrás que decidir si estás preparada para dejarlo de golpe, si prefieres bajar primero la cantidad de cigarrillos por día y dejarlos del todo al cabo de una o dos semanas, o si vas a utilizar un tratamiento con parches de nicotina. Si eliges esta última opción, habla con tu doctor para que te recomiende un producto. Es necesario que tengas claro qué es lo que vas a hacer cuando te entre un deseo irresistible de fumar.

Dejar de fumar es más fácil si no intentas hacerlo tú sola. El apoyo de familiares y amigos puede aumentar tus probabilidades de éxito, sí alguno de ellos fuma, pídeles que no lo hagan delante de ti y si tu pareja fuma, anímalo a abandonar el hábito, pues algunos estudios indican que las mujeres lo dejan más fácil si su compañero lo hace al mismo tiempo.

Una conversación con tu doctor puede significar la diferencia entre el éxito y el fracaso, independientemente de la táctica que elijas. Él puede brindarte información y te dirá palabras de ánimo, que vienen bien. No permitas que tu primera conversación sobre el tabaco sea la última.

Es posible que tengas dificultades para resistir las ansias de fumarte un cigarrillo, pero nunca olvides por qué estas dejando de fumar. En otras palabras, debes tener claro por qué has decidido la desintoxicación.

Piensa que éste es uno de los mejores regalos que puedes hacerle a tu bebé, cuando aún está en tu vientre. Recuerda, no solo arriesga su propia salud, también pone en peligro la de su hijo, así que anímate y lo conseguirás.

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