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Sistemas sociopolíticos sustentables

Resumen: En el contexto del Desarrollo Sustentable el Estado ha sido conceptualizado como el eje rector de las políticas públicas que garanticen la distribución equitativa de los recursos entre las especies animales y vegetales, actuales y futuras...

Publicación enviada por Cruz García Lirios, María Montero y López-Lena, José Marcos Bustos Aguayo, Javier Carreón Guillén, Jorge Hernández Valdés




 


Resumen
En el contexto del Desarrollo Sustentable el Estado ha sido conceptualizado como el eje rector de las políticas públicas que garanticen la distribución equitativa de los recursos entre las especies animales y vegetales, actuales y futuras. La sustentabilidad energética e hídrica es un tema central en la agenda internacional tanto de los países desarrollados económicamente como los países con economías emergentes. En ambos casos, el Estado sustentable es la síntesis de otras formas y regímenes de gobierno en las que la coerción pretoriana fue sustituida por la persuasión mediática. En tal sentido, las problemáticas de usurpación y control de recursos son una constante que afecta la relación entre el Estado y los gobernados. Principalmente, las políticas públicas se han orientado a la propagación de imágenes y discursos en torno al Estado como el eje rector del crecimiento y el desarrollo. En tal relación, el trabajo social ha participado en la construcción del Estado todopoderoso. Históricamente, el trabajo social se ha adaptado a los conflictos y los cambios económicos, políticos y sociales. Precisamente, el propósito del presente trabajo es ensayar las funciones del trabajo social a partir de las formas de Estado y los regímenes de gobierno cuyas políticas públicas incentivan o inhiben la libertad de los gobernados, su participación, reivindicación y emancipación.

Palabras claves: Estado, Desarrollo Sustentable, Trabajo Social, Coerción y Persuasión.

Introducción
La relación entre políticas públicas y trabajo social puede analizarse a partir de las formas de estado, los regímenes de gobierno y el pensamiento sociopolítico de John Rawls, Niklas Luhmann, David Easton, Zygmunt Bauman, Anthony Giddens, Will Kymlicka y Maxwell McCombs.

En esencia, el Estado ha transitado de un sistema sociopolítico coercitivo a un sistema sociopolítico persuasivo en el que los medios de comunicación son considerados sus instrumentos principales para convertir a la ciudadanía en clientelas y audiencias.

Las formas de Estado y los regímenes de gobierno han transitado de organizaciones tribales a democracias semipresidenciales afectando su relación con integrantes, súbditos y ciudadanías. Tal proceso ha sido conceptualizado por el pensamiento sociopolítico liberal de Rawls, Luhmann, Easton, Bauman, Giddens, Kymlicka y McCombs. Tal pensamiento sociopolítico plantea que el Estado en relación con sus gobernados, otorga libertades y garantías tanto individuales como colectivas en torno a la disponibilidad, distribución, transformación, redistribución y consumo de recursos naturales y productos derivados que afectan el desarrollo público e individual.

No obstante, en el proceso logístico de extracción de recursos hasta el reciclaje de productos derivados, existen vicisitudes que enmarcan conflictos de intereses los cuales esperan ser subsanados por las políticas públicas; diagnóstico, intervención y gestión de los recursos o productos derivados en las comunidades y los barrios periféricos vulnerables, marginales o excluidos.

La dinámica de disponibilidad y distribución de recursos y productos derivados está determinada indirecta y directamente por la forma de Estado y el régimen de gobierno. En tal sentido, es menester revisar las opciones de gobernanza para inferir la intervención del trabajo social en el escenario de escasez o abundancia de recursos, sus vicisitudes logísticas y la ampliación o restricción de las libertades de consumo. Los autores elegidos comparten la idea de un Estado más persuasivo que coercitivo, el empleo de los medios de comunicación más que las fuerzas pretorianas, la ampliación de las libertades más que su cooptación, la equidad distributiva de los recursos más que la subsidio o la subvención, la autogestión comunitaria más que el asistencialismo o el clientelismo y para el caso del trabajo social, la promoción sociopolítica sustentable más que el estudio socioeconómico de los sectores excluidos, marginales o vulnerables.

Los sistemas sociopolíticos
El termino sistema fue acuñado por Bertalanffy para diferenciar a los seres vivos de los objetos animados en función del intercambio de energía, apertura y clausura. A los seres vivos los llamó sistemas abiertos porque se trataba de procesos de intercambio energético en el que necesariamente la homeostasis (equilibrio) podría transitar a la entropía (desequilibrio) y después a la neguentropia o sintropía (reequilibrio o reducción de entropía). En tal sentido, un sistema sociopolítico se refiere al equilibrio de las relaciones de poder entre el Estado y la reducción de sus conflictos a través de instrumentos o mecanismos de coerción y persuasión como respuesta del Estado ante las demandas y expectativas de sus gobernados.

El primer sistema sociopolítico fue el tribalismo en el que un líder o caudillo se erigía como el decisor máximo en asuntos de la tribu y que atañen a su seguridad, reivindicación o emancipación ante el embate de otras tribus. Se trata de un centro de poder que emana de la legitimidad atributiva puesto que al líder o caudillo se le percibe cualidades especiales para el combate y el triunfo de las batallas en las que se inmiscuya. En este sistema había simpatizantes al régimen que recaban recursos para incentivar a los combatientes. En efecto, se trataba de una gestión hacendaría preliminar a la imposición de tributos característicos de la edad media, los regímenes despóticos y las monarquías absolutistas (véase figura 1).

Figura 1. Los sistemas sociopolíticos


Una vez que la reivindicación o la emancipación se ha consumado, el Estado transita hacia el totalitarismo y autoritarismo. En el primer caso, se trata de un régimen en el que los simpatizantes y disidentes son identificados por un grupo leal el cual se encarga de redistribuir los recursos en función de un tributo. Debido a que las distancias entre los reinos son cortas y la población escasa, los censos podrían hacerse en un lapso corto de tiempo al mismo instante en el que se reclutaban a los futuros integrantes pretorianos. Bajo éstas dos formas de Estado, los súbditos están condenados a permanecer y morir en el mismo sitio donde nacieron puesto que la relación entre los reinos es limitada y nulificada (véase figura 2).

Figura 2. Los sistemas sociopolíticos coercitivos


Una vez que la población aumentó, el feudalismo dio paso a las relaciones mercantiles y comerciales, principal embrión del capitalismo moderno. Se trata de un sistema sociopolítico de transición en el que cada gobernado es ya considerado un ciudadano al cual deben procurarse sus garantías para que éste pueda organizarse y competir por el poder político. La participación ciudadana es un síntoma de un nuevo régimen con un nuevo modelo económico. El capitalismo requería de la libertad de transito y elección laboral para garantizar una pléyade de trabajadores dispuestos a vender su fuerza de trabajo para su subsistencia. En este sistema sociopolítico, la democracia subyace como un sistema idóneo para los propósitos expansionistas del mercado. En ambos, el trabajo social deja de ser una labor de beneficencia y altruismo para transformarse en una profesión al servicio del censo, la investigación y la gestión de los recursos. A través de imágenes más que discursos, el Estado moderno transmuta en una especie de sistema persuasivo en el que la simulación es su principal moneda de cambio. Es decir, el Estado parece coludirse con los medios de comunicación para definir la contienda política en torno a la elección, competencia, debate, comicios y gobernanza de una clase política que busca legitimarse en las preferencias e intenciones de voto más que en la resolución del desequilibrio entre disponibilidad y distribución de recursos (véase figura 3).

Figura 3. Los sistemas sociopolíticos persuasivos


Si el Estado persuasivo apuesta por la difusión de imágenes para su legitimación electiva, entonces en el futuro se esperan dos sistemas sociopolíticos predominantes: antropocentrismo y ecocentrismo. En el primer caso, las políticas públicas se avocan a resolver el desblance entre recursos disponibles y expectativas de consumo incentivando el empleo, aumentando el poder adquisitivo y la competencia por dichos recursos. El pleno empleo es planteado como un objetivo, aunque la mayoría de éstos sean insuficientes siquiera para adquirir un recurso o producto derivado. La gobernanza de los recursos comunes se ciñe a una ley de distribución en función del poder adquisitivo de los mismos (véase figura 4).

Figura 4. Los sistemas sociopolíticos persuasivos futuros


En síntesis las formas de Estado y los regímenes de gobierno determinan la relación entre el Estado y el trabajo social. En este sentido, la función principal del trabajo social es la de promover formas de poder inexorables a las políticas públicas y las problemáticas de disponibilidad y distribución de los recursos (véase tabla 1).

Tabla 1. Subsistemas de propaganda sociopolítica


En el marco de la propaganda sociopolítica y el ejercicio del poder, la relación entre Estado y gobernados está mediada por el trabajo social. Tal proceso reconceptualiza la intervención del trabajo social y lo posiciona en un sitio de poder muy cercana a la base de la pirámide, pero imprescindible puesto que se requiere de difusores del poder que trasminen mensajes; símbolos y significados para lograr el desarrollo sustentable.

No obstante, el trabajo social ha sido predominantemente intervención y gestión de los recursos que en un esquema asistencial estatal y en tanto intermediario sólo aspira a difundir políticas públicas. Una alternativa a la función histórica sociopolítica del trabajo social es posible deducir del planteamiento sociopolítico relativo a la complejidad del Estado.

El Estado que ha arribado a una fase de desarrollo sustentable repercutirá en la práctica y conceptualización del trabajo social. Para ello se deberán cumplir algunas sub-faces enunciadas por la sociología política.

El pensamiento de John Rawls en torno a la justicia distributiva de los recursos y por ende el acercamiento al desarrollo sustentable, es fundamental para el esbozo de un Estado de complejidad persuasiva propuesto por Niklas Luhmann. En la concepción rawlsoniana, el poder de decisión y distribución debe maximizarse en tanto se minimizan los intereses particulares para beneficio del bienestar social. En tal proceso, el desarrollo moral es procurado por el Estado para arribar a la justicia distributiva. A mayor participación ciudadana mayor asignación de recursos por parte del Estado. El fin del planteamiento rawlsoniano es lograr un equilibrio entre participación, meritos y consumo para evitar actos de injusticia tales como otorgar recursos a quienes ni siquiera están implicados en su transformación y distribución.

Sin embargo, la propuesta rawlsoniana parece depender de un desarrollo moral al cual los ciudadanos no podrán llegar puesto que las relaciones de poder entre Estado y ciudadanía están condicionadas por mecanismos pragmáticos. Por ello, Niklas Luhmann se avoca a desmembrar los mecanismos de control y dependencia entre el Estado y la ciudadanía. Desde la perspectiva luhmanniana, el Estado evoluciona en función de los avances científicos y tecnológicos. Si el Estado absolutista despótico no esgrimió mecanismos persuasivos es porque los instrumentos no estaban lo suficientemente desarrollados para homogeneizar la opinión de las masas. Precisamente, conforme la tecnología de información y comunicación avanzaba, el Estado iba incorporando frases, imágenes y discursos de poder que tuvieran la resonancia suficiente en los gobernados.

Un Estado sólido, a decir de Bauman, simbolizaba y significaba seguridad. En cambio, un Estado blando, distorsionaba el bienestar social y propiciaba inseguridad sociopolítica al momento de confrontar o subsanar los conflictos de interés al interior de la sociedad misma. Los actores, económicos, políticos y sociales parecían ser conducidos por un Estado omnipresente, pero todo fracaso retrospectivo o prospectivo era, inevitablemente atribuido a la impericia e inatingencia del Estado. Por ello, la perspectiva luhmanniana es muy similar a la postura baumaniana: el Estado es el eje del crecimiento económico y el desarrollo social. En tanto centro de poder, el Estado debió contar con fuerzas leales que combatieran la usurpación de otros Estados y la conspiración interna.

Tanto el Estado sólido baumaniano como el Estado de justicia rawlsiano son considerados un antecedente del Estado persuasivo luhmanniano. En este esquema sociopolítico, el Estado es concebido como una entidad de intereses en el que convergen posturas endógenas y exógenas alrededor del sistema sociopolítico. En la medida en que el Estado emplea tecnologías de información y comunicación para complejizar su relación con la ciudadanía asume riesgos que lo llevan a replantear su función garante de la sociedad. A diferencia del Estado coercitivo en el que la legitimidad le es otorgada por sus territorios ocupados, el Estado persuasivo adquiere su legitimidad en la amplitud de las libertades. Una restricción a la libertad, principalmente la de elección, conlleva un alto costo que se traduce en inseguridad e incertidumbre.

Sin embargo, el propósito tanto del Estado coercitivo como del Estado persuasivo es el control y manipulación de la percepción, opinión y decisión pública y privada. La diferencia solo estriba en que el estado coercitivo es una fase simple de legitimación y el Estado persuasivo es una fase compleja. Simplicidad significa una relación de poder asimétrica entre Estado y gobernados. Complejidad se entiende como una relación simétrica entre Estado, instituciones, ciudadanía y medios de comunicación.

La complejidad del Estado persuasivo
En esencia, el Estado persuasivo de relaciones complejas con la ciudadanía a la cual transforma en clientelas y audiencias, consiste en un sistema de creencias de propensión al presente y aversión al futuro, resultados de la mediatización de la realidad; sesgos y reducciones de los hechos en noticias, reportajes, opiniones, spots o frases. El Estado luhmanniano es el resultado de la evolución sólida a líquida del Estado baumaniano. Se trata de dos sistemas complementarios en los que la propensión al futuro estuvo vinculada a la seguridad del Estado sólido y la propensión al presente está anclada a incertidumbre del Estado líquido. Ayer la percepción ciudadana se fundamentaba en el número de efectivos, combates y triunfos. Hoy la sensación de inseguridad es reforzada por experiencias y programas mediáticos en los que el número de víctimas aumenta en función del incremento de la delincuencia, corrupción e impunidad. Ante tal situación, la ciudadanía se erige como un tercer elemento de poder aunado al político y al mediático. La participación ciudadana, dado que el Estado persuasivo permite con amplitud la inconformidad, zozobra e indignación, es fundamental en el esquema complejo sociopolítico.

No obstante, la participación ciudadana deriva en comportamientos de consumo, hedonismo o placer inmediato que intensifican la dependencia de la ciudadanía en referencia al Estado por el resguardo de su seguridad y bienestar. Ambas, participación y consumo sociopolítica son muestras de la complejidad del Estado persuasivo. Tal complejidad no sólo se limita a las políticas e instituciones, también se intensifica con las manifestaciones y expectativas de la ciudadanía.

A partir de los planteamientos liberales, es posible proyectar la función del trabajo social como un diagnósticador, interventor y gestor de la complejidad y el poder sociopolíticos. Es decir, a la par que el Estado, los gobernados y las instituciones, el trabajo social ha devenido en un subsistema de propagación del poder sociopolítico.

En el contexto del Desarrollo Sustentable, el trabajo social es un agente persuasivo que transfiere las relaciones asimétricas entre Estado y ciudadanía para transmutarlas en equidad, igualdad, libertad, legitimidad, dignidad, reivindicación y sustentabilidad (véase tabla 2))

Tabla 2. Trabajo sociopolítico sustentable


En la medida en que el Estado ha renunciado a su personalidad coercitiva para adoptar un nuevo carácter persuasivo, el trabajo social se ha ajustado a los cambios. Si el trabajo social está determinado por políticas públicas asistencialistas y clientelares, entonces es de esperar que ahora las nuevas habilidades del trabajo social son de orden persuasivas. La conversión de símbolos coercitivos como el ejército o la policía en símbolos persuasivos como la televisión o internet, abre nuevas formas de Estado y nuevos regímenes de gobierno diversifican al trabajo social.

En el futuro, se espera una escasez de recursos, el Estado tendrá que lidiar con las vicisitudes logísticas desde la extracción hasta el reciclaje de los productos derivados de recursos naturales. Además, el Estado gobernará ciudadanos con opiniones, decisiones y comportamientos de propensión al presente que amenazarán la sustentabilidad del futuro. Por ello, el papel del trabajo social resultará de suma importancia puesto que se requerirá de información precisa en torno a las capacidades y las habilidades de la ciudadanía para afrontar una crisis de escasez energética e hídrica. Aunado al diagnóstico, se requerirán de profesionales del trabajo social para incentivar la optimización y reutilización de los recursos. En un contexto en el que la ciudadanía realizará todos sus trámites por internet, la labor del trabajo social resulta fundamental para corroborar las bases de datos y sobre todo promover conductas protectoras del medio ambiente. Precisamente, ésta es la nueva función del trabajo sociopolítico sustentable el cual podrá ser definido como el diagnóstico y gestión de las necesidades y expectativas ciudadanas en función de la complejidad de las políticas públicas implementadas para afrontar al escasez y eventual extinción de los recursos, su distribución equitativa y su consumo austero en torno a la preservación de las generaciones futuras.

Conclusión
El presente trabajo ha ensayado la relación entre los regímenes de gobierno y las formas de Estado en referencia al control de sus gobernados. A través de instituciones, el trabajo social se a adaptado a los cambios requeridos para difundir estrategias y programas sociopolíticos cuyo efecto es la percepción de un Estado omnipresente o bien, un Estado líquido. Tal distinción es fundamental para deducir los conflictos y los cambios del Estado, sus políticas públicas e instrumentos de propaganda sociopolítica para afrontar las problemáticas de escasez de recursos y distribución equitativa entre las especies animales y vegetales, actuales y futuras.

El proceso que va de la coerción a la persuasión sociopolítica es fundamental para deducir las relaciones asimétricas entre los actores económicos, políticos sociales con miras al futuro. Si en el pasado las estructuras sociopolíticas esgrimían relaciones de poder, en el futuro se espera la transmutación del sistema puesto que el pasado mismo ha corroborado la hipótesis de a mayor coerción corresponde un incremento de conflictos y cambios. Si el sistema sociopolítico coercitivo se transmutó en uno persuasivo esto es evidencia de su complejidad.

En efecto, la diversificación del poder sociopolítico para ser una estrategia del Estado persuasivo para incluir a los sectores en un mismo proyecto de nación en el que la inseguridad es más frecuente que certidumbre. En este contexto, el trabajo social se ha ajustado a los designios sociopolíticos. Algunas veces como propaganda y otras como asistencia, el trabajo social contribuye a la legitimziación de los sistemas sociopolíticos. En tanto organismo de poder, el Estado busca perpetuar su omnipresencia en la representación social de sus gobernados. Por ello, en el contexto de la complejidad sociopolítica, los medios de comunicación, televisión e internet, son instrumentos de difusión de símbolos y significados en los que los hechos son transformados en ficciones, noticias, reportajes, opiniones, programas, spots o frases.

Si la ciudadanía ha sido convertida en clientelas y audiencias, es responsabilidad del trabajo social revertir el proceso para sociopolitizar a los sectores vulnerables, marginados o excluidos en aras de su reivindicación en torno a la preservación de recursos con miras al desarrollo sustentable.

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