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La dialéctica materialista única solución a los problemas globales

Resumen: El presente trabajo hace una valoración objetiva del Marxismo como propuesta ideo política válida para la salida de la crisis global, al tiempo que pretende deslindar al verdadero marxismo revolucionario de la anquilosada ortodoxia estalinista, de la misma manera asume...

Publicación enviada por MSc. Oscar Julian Villar Barroso




 


“El Marxismo como única respuesta coherente a la Problemática de los Pueblos Y su recomposición después del Derrumbe del Socialismo Euro soviético”

RESUMEN
El presente trabajo hace una valoración objetiva del Marxismo como propuesta ideo política válida para la salida de la crisis global, al tiempo que pretende deslindar al verdadero marxismo revolucionario de la anquilosada ortodoxia estalinista, de la misma manera asume, que el debate neo-neo no estará completo si no asumimos la re emergencia de este y lo acertado de asumir, que en estos momentos se está apreciando una suerte de “Neo marxismo”.

INTRODUCCIÓN
“Reconocemos solamente una ciencia, la ciencia de la historia”
K. Marx y F. Engels, La ideología alemana


El materialismo histórico, como parte de lo que Marx denominó la “Dialéctica Materialista” en términos generales, no es más que una concepción materialista acerca de la historia.

Desde el punto de vista filosófico, esta doctrina implicó una interpelación a los sistemas que pretendían hacer de la historia una abstracción especulativa, descriptiva, en fin, una metafísica más.

Dichos sistemas hacían ver la historia de los hombres y su vida material como historia de la filosofía, como la historia del pensamiento humano y su desenvolvimiento. Hegel, por ejemplo, intentó reducir la historia a un desarrollo del espíritu que, en sus distintas fases, buscando su autoconocimiento en el “Espíritu absoluto”, la idea. En ése contexto, no quedaba espacio para ningún protagonismo más que el de los espectros de la filosofía: Dios, el “espíritu”, la conciencia etc.

Marx y Engels, en el primer capítulo de La ideología alemana, desmintieron la serie de prejuicios metafísicos que recubrían la doctrina social de su país, polemizando principalmente con los jóvenes y viejos hegelianos. “Los viejos hegelianos – afirman Marx y Engels, lo comprendían todo una vez que lo reducían a las categorías lógicas de Hegel (...) Los jóvenes hegelianos coincidían con los viejos hegelianos en la fe en el imperio de la religión, de los conceptos, de lo general en el mundo existente”.

Así, Marx y Engels pretendían formar, a través de la crítica del idealismo hegeliano, una concepción materialista de la historia. La filosofía idealista y su concepción de la historia tienen como antecedente inmediato a la filosofía kantiana.

Kant tributó, en su momento de auge, una serie de “categorías” que pertenecían a la razón pura. La razón pura para él, empero, no estaba determinada por la experiencia, y tenía formaciones trascendentes del pensar, fuera del alcance de la vida material de los hombres.

Hegel por su parte, deja a la razón pura defendida por Kant, la responsabilidad de ser protagonista de la historia; nos dice en más de alguna ocasión que “la constitución, la legislación y hasta el estado total de un pueblo, tiene su fundamento sólo en el precepto de que el espíritu se hace de sí”. Es decir, la vida material de un pueblo, su historia desde el punto de vista marxista, está determinada por el espíritu, por la filosofía, por el mundo de las ideas exclusivamente.

Este viejo idealismo decimonónico, parecía nublarlo todo en Alemania en esta etapa convulsa de su desarrollo. Los filósofos pretendían deducir, a partir de categorías externas a la realidad, sacadas de la especulación y del grave ejercicio metafísico, las leyes de la historia. Feuerbach, uno de los más fenomenales teólogos-filósofos del ateísmo, no logró escapar al “idealismo histórico” que tenía abrazado a todo el clima filosófico europeo en los tiempos de Marx y Engels.

“…En la medida en que Feuerbach es materialista, se mantiene al margen de la historia, y en la medida en que toma a la historia en consideración, no es materialista…” dicen Marx y Engels y queda claro, según lo que hemos visto, que el idealismo pretendió condenar a la historia a vivir encarcelada bajo las celdas de la universalidad trascendente, de las leyes exteriores que le determinaban y que guiaban su curso.

Además, el idealismo en su mayor grado de desarrollo, el hegelianismo, consideraba al Estado burgués y al capitalismo, como la realización máxima del “espíritu” que debía desarrollarse en éste mundo.

Desde ese punto de vista podía ser, por ejemplo, la revolución francesa la más grande de las proezas históricas y el “final feliz” del desarrollo humano. Además, hoy es dable destacar la relación implícita de ésta concepción teleológica (es decir, que llega a su fin) de la historia con la teoría de “El fin de la historia” de los intelectuales neoliberales. Esto bastaría para explicar las ingentes tareas que tuvo entonces y tiene hoy el Marxismo como sistema ideo político verdaderamente comprometido con el futuro de la humanidad.

Tareas del Marxismo.
Marx y Engels tuvieron como tarea, en un adverso clima de soberbia ignorancia, propio del floreciente capitalismo industrial, la de derribar la muralla de sistemas filosóficos con los que había absuelto sus culpas la burguesía desde hacía más de cuatrocientos años. Noblemente, entregados a la causa de los humildes, lucharon por entregar a los revolucionarios una guía para la acción eficaz, profundamente revolucionaria y radical. Sin embargo, en el camino de ésta elaboración teórica, no todo podía ser color de rosa.

Hubo que polemizar arduamente con enemigos muy eficaces y talentosos, que pretendieron adueñarse del concepto de socialismo desde posturas que emergían y re emergían hacia aquel detestable nudo de conceptos manidos y ambivalentes en que estaba transformado el idealismo hacia el siglo XIX.

Pero no sólo fueron los socialistas utópicos e idealistas los que pretendieron hacer retroceder al socialismo en tanto ideología, hacia la barbarie retrógrada que significan las “leyes” externas al mundo y a la vida material de los hombres. También dentro del campo marxista, fueron apareciendo, una y otra vez, y tan rápido como una plaga, toda suerte de teóricos y reformadores, que intentaron reducir el pensamiento socialista a un recetario. Hoy, estos mismos “brillantes profetas” son explotadores, en el mejor de los casos, cuando no vulgares traficantes y mafiosos, que abandonaron un día sus puestos en el ex Comité Central del PCUS u otros puestos de la “Nomenklatura” , para al otro día convertirse en verdaderos sostenedores del capitalismo en Europa del Este y el espacio postsoviético.

Esto parece que fue previsto por los fundadores de la Dialéctica Materialista y en su conocido prólogo de la “Contribución a la crítica de la economía política” Marx nos resume más o menos las conclusiones de su trabajo teórico así:
“…En la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forman la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general…”

Nosotros queremos sencillamente, mostrar que ésta cita no es el conjunto del pensamiento de Marx, y está lejos de ser una síntesis. Por el contrario: El pensamiento de Marx es también un pensamiento humano, y como tal tiene rupturas internas en su desarrollo que algunos militantes marxistas han pretendido olvidar o reducir, sobre todo después de la aparición en la URSS de un texto “Manual de Economía Política”, que el Che ironizó al definirlo como “Manual sin ciencia de la Academia de Ciencias”.

Hasta el paroxismo y la más infundada de las exageraciones llegó el intento por hacer creer a los militantes de izquierda que la base del materialismo histórico residía en el determinismo económico. El filósofo italiano Antonio Gramsci, quien puede ser tomado en cuenta como uno de los más geniales de los pensadores marxistas de todos los tiempos, insistió sobre la necesidad de no transformar al marxismo en una sociología, comprendida como conjunto de leyes y normas.

Gramsci, en sus “Cuadernos de la Cárcel” polemiza con el Ensayo popular de sociología, del autor soviético y asesor de Stalin, Mijail Bujarin, que en el fondo, lo que hace es condensar y simplificar algunos de los textos del viejo Engels con las propuestas teóricas de la socialdemocracia alemana, y principalmente de sus jefes Kautsky y Bernstein, amputándole de paso, lo más radical y comprometido de su espíritu revolucionario que le habían insuflado los fundadores del Marxismo.

Transformar el marxismo en un manual de Ciencias Naturales simples fue una empresa fácil en un país tremendamente burocratizado, inculto y ahogado en el miedo, como lo fue la Rusia Soviética de la época de Stalin. Kautsky, uno de los más importantes líderes de la socialdemocracia alemana, esa misma socialdemocracia que traicionó la revolución reemplazándola por un proyecto social-pacifista, afirma en su folleto “El marxismo” que “La evolución histórica siempre ha obedecido a leyes históricas determinadas”, pero Stalin sustituyeron eso a pura retórica y esquemas.

En Kautsky sobresalta un uso reiterativo del concepto de evolución para describir el proceso histórico, volcando así al socialismo en un evolucionismo darwinista que denunció muy bien el filósofo argentino Néstor Kohan. Será ese mismo evolucionismo darwinista el que adherirán también Plejanov y los “profesores” de la “Academia” de la URSS, en todos los casos rehuían, evitaban emplear el término revolución y todavía más su praxis.

Esto le facilitó el trabajo a Stalin, en la fase en que ya ésta visión reducida y anti-humanista del marxismo estaba consolidada y eran escasas las voces contestatarias, que “escribió” su propio manual de marxismo-leninismo. ¿Qué venía a enseñarnos éste manual?: Lo mismo que todos los manuales. Que la materia es lo primario, y es ontológicamente superior sobre la conciencia, y que la determina, etc. a lo que agregó mucha ortodoxia y llegó a convertir en “leyes” aspectos que eran solo particularidades muy puntuales de la URSS en aquellas condiciones.

En segundo lugar, ésta determinación incluye a toda la sociedad, que, por lo tanto, estará determinada por las leyes universales de la materia, que Engels explicó de manera muy explícita y coherente en su Anti-During.

En la doctrina acerca de la historia, los manuales estalinistas, difundidos por los Partidos Comunistas de toda América Latina, nos enseñaban que la “estructura social” (es decir, las fuerzas productivas según la cita expuesta más arriba) determina la “superestructura”. Los hombres quedaban determinados no sólo por la materia; sino también por la economía. Y a su vez, la economía quedaba determinada por la producción.

En éste orden de cosas no había espacio para la conciencia, ni otras expresiones “inmateriales”, ni para la praxis, condenada al “imparable avance de las fuerzas productivas”. La sociedad era considerada como la cosa en sí kantiana; tiene vida propia y auto movimiento, y es independiente de la praxis humana y de esta manera se negaba la riqueza del movimiento de los pueblos en su evolución, en nuestro caso concreto, los elementos contentivos de nuestra nación, y que son muchísimos, sencillamente serían deleznables dentro de esta concepción.

El determinismo económico no podía ser de otra manera: La economía es siempre avance, es evolución continua, lineal. Gradual o a saltos, siempre es evolución. La fecundidad del materialismo histórico había quedado limitada por la filosofía positivista en que devino el marxismo después de Engels. Al ser la economía y la historia (que para los manuales no es más que la historia de la economía) una pura evolución lineal, no había posibilidad de no llegar al socialismo, a pesar de las constantes advertencias del propio Engels, cuya expresión más clara está en una carta a Bloch de 1890, donde refuta el determinismo económico que ya le endilgaban a él y a Marx.

El materialismo histórico estaba plenamente transformado en el materialismo económico. Y al igual que los idealistas alemanes, los filósofos soviéticos, desde Plejanov hasta Afanásiev, transformaron la historia en la historia de una evolución continua condicionada por “leyes objetivas” exteriores a la vida material y espiritual de los hombres. Pero la caída del Muro de Berlín debía liberar al marxismo. Tanto del determinismo económico como del determinismo político que devenía de éstas lógicas de pensamiento, siempre meditadas a favor de la burocracia soviética.

La Necesidad de desarrollar el materialismo histórico como elemento importantísimo de la dialéctica materialista de Marx.

El marxismo ortodoxo, “vulgar” a decir de Gyorgy Lúkacs, se encargó de transformar al materialismo histórico en una serie de leyes eternas e inamovibles. Y lo peor de todo es que esas leyes corrían sólo para la sociedad occidental. Los no-europeos, no teníamos historia. Las fases, etapas, o como quieran llamarse, de la historia según los manuales, y según el materialismo histórico defendido por los soviéticos estaban determinadas por fuerzas productivas que los latinoamericanos no llegamos a tener, dada la naturaleza desigual y combinada de nuestro desarrollo económico y el modelo de explotación que para todos había diseñado el mismo hegemón.

Las fases propuestas por el Materialismo Histórico soviético insistían en la necesidad de una etapa “democrático-burguesa” previa al socialismo. Sin embargo, esta necesidad era una pura especulación teórica que había instaurado Kautsky y la socialdemocracia años antes, para impedir el triunfo de la revolución argumentándose en que primero “había que desarrollar el capitalismo hasta el final” y con esto ganar tiempo y seguir dándole de largo a las tareas de la revolución.

Según esa propuesta de kautsky, los latinoamericanos, por ejemplo, debíamos esperar a que el capitalismo se desarrollara totalmente antes de luchar por el socialismo. Así se nos mantuvo, y se nos trata de mantener aún en la idea de la “Revolución Democrático Burguesa” como etapa previa de la “Revolución socialista”, amén de que democracia y burguesía son cada vez más dos lógicas divorciadas.

La afirmación de Marx acerca de que “No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia”, quiere decir más bien que son los hombres y su praxis los que hacen la historia, no las leyes universales. Los hombres, en el proceso histórico de su auto-creación, crean el mundo y lo transforman mediante su praxis, algo que más tarde Lenin desarrollo con mucho acierto.

No podremos avanzar más aferrados a ésta suerte de materialismo histórico ortodoxo, que fija su prioridad en el desarrollo de la economía y el sistema de producción. Si se trata de método, quizás nos sea más factible, por ejemplo, un humanismo historicista como el que propuso Walter Benjamín en sus “Tesis sobre el concepto de historia”, donde señaló que la tarea del historiador que se adhiere al materialismo histórico es escribir la historia desde abajo, desde el punto de vista de los explotados y de los oprimidos, pero esto tampoco basta, pues sería igual de sectaria, en aras de la objetividad estamos abocados a escribir una historia total, que al unísono contemple aspectos tan importantes como la cultura, la tradición, las costumbres, la psicología junto a los asuntos políticos, económicos, militares y jurídicos, que siempre han sido preponderantes.

¿Qué sucede entonces con la historia?. Que es la historia de los hombres concretos y su praxis. Por ello la historia sigue siendo la historia de la lucha de clases, de la lucha de los oprimidos por mejorar su propia vida material y de la resistencia de los oligarcas por mantener el statu quo.
Es necesario que tengamos en cuenta la lección histórica que nos da el estalinismo para no volver a cometer en lo adelante los mismos errores, es lamentable, sin embargo, que no se esté estudiando el fenómeno a profundidad ni en Rusia ni en el espacio postsoviético, donde los comunistas, lamentablemente, se han quedado anquilosados en la etapa de Brezhnev, emplean las mismas fórmulas, los mismos discursos sin hacer una reflexión crítica de la misma, algo que urge y por tanto cada vez más caen en el descrédito ante las masas.

Por otra parte, una nueva concepción de la historia, que no se base en la economía como momento prioritario de la constitución de la humanidad, nos tiene que obligar, irremediablemente, a tener en cuenta el llamado “factor subjetivo” a la hora de hacer política, sobre todo política revolucionaria desde las bases del Marxismo.

Ello implica una revalorización de experiencias anteriores y actuales que, miradas desde el punto de vista del materialismo histórico vulgar, son “grandes errores” que no midieron “las condiciones objetivas” y se situaron fuera “del proceso de producción” o de “las leyes universales” del movimiento y la materia, sin embargo, cuando las miramos con una nueva óptica, descubrimos que precisamente por haber asumido esas “desviaciones” fue que pudieron salir adelante.

La historia no se hace a si misma. Un período histórico cede su paso a otro cuando los hombres son conscientes de su historicidad, y de la necesidad de destruir el orden de cosas existente y superarlo.

Reescribiendo la nueva historia desde las posiciones de un Neo Marxismo
La caída del llamado Socialismo Real, sobre todo el soviético, agudizó la confusión existente sobre aspectos básicos de la ideología marxista y leninista, como son el papel del partido, del Estado “benefactor” y de las masas trabajadoras, protagonistas del proceso revolucionario. Esto volvió a poner sobre el tapete el asunto de la legitimidad y de la participación popular real y efectiva, pues no se trata de imitar la democracia y las formas de organización de la sociedad burguesas, hay que superarlas.

La burguesía creó su método con una “original” forma de organización alternativa de lucha y poder, manipulación mediante, que le permite a la misma, organizada como clase dominante con su Estado, ya sea sobre la formulación republicana, monárquica y su falsa democracia, que las masas irredentas y confundidas de explotados y alienados deleguen ingenuamente su responsabilidad política en la llamada clase política, en los partidos, que se encargan de administrar su orden capitalista, llámense conservadores, liberales, socialistas obreros, socialdemócratas o como sea y que ejercen la alternancia de gobierno cuando en su ejercicio estos se agotan al no resolver los problemas reales del pueblo como son los aspectos básicos de existencia, que por lo general siempre prometen resolver en sus campañas publicitarias, digo, políticas.

En estos tan cacareados y loados modelos, donde no hay ninguna posibilidad de control e incluso de revocación por parte del pueblo cuando los políticos defraudan la confianza depositada en ellos, no queda otra esperanza que esperar que pasen los años para elegir al otro partido de la alternancia con la esperanza de que lo haga mejor, en este sentido, las experiencias primero de Venezuela y luego de Bolivia con los referendos revocatorios o la cada vez más creciente política de participación popular en nuestro país, Cuba, ya sea desde los espacios tradicionales como en otros que pueblo y poder, de mutuo acuerdo, hemos estado creando.

Son muchos revolucionarios los que culpan a Stalin y a sus seguidores por mala actuación personal y burocrática que dio lugar a la caída de la URSS, esto es cierto, el régimen instaurado por Stalin no tenía en absoluto nada que ver con el concebido por Lenin pero las condiciones difíciles y el poco desarrollo de las fuerzas productivas rusas no permitieron avizorar lo que ocurría allá por el 1928, por eso no se comprende el que los trabajadores no salieran en defensa, sin darse cuenta del desvío que se produjo a la muerte de Lenin, del poder de los soviets al cercenarse el desarrollo de la democracia directa desde abajo hacia arriba que era el poder soviético, y que dio paso irremisiblemente una suerte de burocracia muy cercana a las formas de democracia burguesa aunque se llamaba a si misma soviética, pero en esencia no lo era, con todos los elementos de su falsa división de poderes y su falso juego electoral, donde el pueblo no controlaba ni podía revocar a los burócratas instalados en el poder.

Algunos revolucionarios coincidiendo con los epítetos burgueses sobre aquella revolución, consideran que era una dictadura, aunque no se atrevan a adjetivarla como hacen los burgueses, de comunista, nuestro Raúl Roa en el año de 1947 al analizar las formas de poder históricas definió lamentándose a lo que ocurría en la URSS como “… capitalismo monopolista de Estado en lo económico y en lo político una dictadura…” .

Este criterio, muy osado para entonces, de alguna forma partía del análisis materialista en su definición, toda vez que tiene muy claro que esa burocracia, como clase social es defendía sus privilegios imponiendo incluso el terror, dejando claro que el socialismo no se alcanza solo con la nacionalización de los medios de producción, si estos no se ponen en manos, realmente de los que producen y no lo que ocurrió con esa suerte de “sustitucionismo” impuesto por el régimen estalinista que ahogó la democracia directa desde abajo que era en su origen la revolución soviética.
Se confunden cuando a las “democracias” burguesas por su forma de democracia delegada en la clase política, las admiten como modelo democrático, llegando a decir que es propio de los “Estados de derecho”, ¿será porque la explotación del hombre por el hombre, se hace “democráticamente”?.

No se comprende el carácter material y clasista en que se asientan las formas de poder y hegemonía, de que la democracia en abstracto no existe, o es democracia de los trabajadores, o es democracia burguesa, dictadura de los obreros sobre los burgueses o dictadura de los burgueses sobre los trabajadores, ya sea en su formulación “democrática” o dictatorial al estilo de Hitler, Somoza o Pinochet cuando en ese juego institucional burgués ven sus intereses de clase amenazados y recurren al último recurso, el represivo para cuyo ejercicio cuentan con el ejercito.
Esa confusión hace decir a algunos revolucionarios soñadores del socialismo, que el socialismo del siglo XX fue un rotundo fracaso y nada más y es que renegar de la experiencia soviética sin comprender lo positivo y lo negativo de aquel acontecimiento, el fondo de lo que supuso la organización alternativa de lucha y de poder a través de los soviets obreros, campesinos y soldados organizados como clase dominante desde abajo hacia arriba tiene un valor incalculable.

No comprender el fondo las experiencias históricas, que si supieron ver Marx en su certero análisis del ejemplo que en su momento representó la toma espontánea de lucha y poder que significó la Comuna de Paris en 1871, o el caso de la Revolución Rusa de 1905-1907 justipreciado y estudiado por Lenin y que aportó a su vez el surgimiento del “Soviet” en Rusia, como una forma novedosa y popular de asumir la dirección de la sociedad.

Sin comprender que aquella experiencia no se puede avanzar mucho en el análisis de la problemática de la lucha popular y la construcción socialista.
Considerar que aquellos acontecimientos históricos son formas del pasado sin fondo alternativo de organización popular que no merecen interpretarlas al día de hoy como alternativa de organización revolucionaria. No comprender que aquella forma de organización soviética llegó a un grado de desarrollo y organización suficiente para poder acabar con el zarismo y el capitalismo, aunque insuficiente, dadas las condiciones materiales, culturales, científicas en aquel atrasado país, para que al día siguiente del triunfo de la revolución, funcionase en todo el país aquel nuevo aparato administrativo gobernativo y productivo sustentado sobre la base de la democracia directa y permanente de abajo hacia arriba y viceversa, que era la organización soviética, es mucho más que cometer el pecado de ingenuidad.

Es evidente que los méritos de Lenin, la capacidad para desarrollar la Dialéctica Materialista Marxiana que tuvo, su sagacidad en la síntesis de los aspectos básicos, ya en la fase imperialista del capitalismo, su valoración justa de las contradicciones inter-imperialistas y sus propuestas de aprovecharlas para el desarrollo de una política y organización revolucionaria es extraordinaria y Stalin, por favor, ni remotamente contaba con las armas teóricas para continuar esa experiencia y se ocupó de eliminar la competencia que en el seno del partido le podían hacer algunos camaradas que si tenían algunos rudimentos teóricos, sobre todo Trotski, que en ese aspecto tenía una sólida preparación.

Supo Lenin anteponer el carácter de la lucha de clases internacionalista a la retórica vacua de aquello de la defensa de la patria que en la I Guerra Mundial defendían los pretendidos marxistas de la época. Lo que sucedió después, tras la enfermedad y muerte de Lenin, requiere un debate que desborda el tema de este trabajo y repito, Stalin, no tenía la capacidad intelectual marxista de Lenin ni se interesó mucho por superarse.

Con su autoritarismo, su concepción vulgar del desarrollo material y una manipulación constante dirigida a los sentimientos y al aparato perceptivo de la población, consiguió Stalin que aquel atrasado país diera un paso gigantesco en lo productivo, en lo científico, en lo militar, lo que incluso fue determinante para la derrota de la forma fascistoide-imperialista adoptada por lo más reaccionario del poder burgués durante la II Guerra Mundial, pero todo ello fue a costa de cercenar el poder soviético, que a la larga costó perder el poder soviético de la manera más indigna, por rendición gratuita.

El último paso en este sentido durante el Stalinismo se dio con la derogación de la Constitución “Soviética” Leninista el 11 de junio de 1936, que fue suplantada por otra constitución que siguió llamándose soviética, pero que no lo era y las consecuencias de su implementación se están pagando todavía.

Así las cosas, delimitando la actividad de los dos primeros líderes soviéticos, Lenin y Stalin apelaremos a lo expresado por el líder comunista italiano Palmiro Togliatti en el simposio organizado por el Instituto Gramsci en enero de 1958 cuando dijo: “…Hay en Lenin, por lo menos, tres capítulos principales, que determinan todo el desarrollo de su acción y pensamiento: una doctrina del Imperialismo como fase superior del capitalismo; una doctrina de la Revolución, y por ende, el Estado y el poder, y una doctrina del Partido. Son tres capítulos estrechamente unidos, fundidos casi el uno con el otro.

Cada uno de ellos contiene una teoría y una práctica, es el momento de una realidad efectiva en desarrollo…” Que se puede apreciar en obras dedicadas a la lucha contra el imperialismo mundial, tales como: “¿Qué hacer?”, “El imperialismo fase superior del capitalismo”, “El Estado y la revolución”, “La enfermedad infantil del ‘izquierdismo’ en el comunismo” y no sería ocioso agregar a esta lista sus últimos trabajos de 1922-23 conocidos bajo el título de “Las últimas luchas de Lenin” en que combate contra las deformaciones que en el socialismo beneficiaban al imperialismo.

Como se dice en el Manifiesto Comunista, los comunistas no son algo al margen de los trabajadores, sino parte, la única diferencia que les separa es el conocimiento de la filosofía marxista que se asienta en una base científica que permite con su método materialista y dialéctico analizar de forma objetiva la realidad material y espiritual, sin cuya objetividad sería imposible contribuir a transformarla y sus disposición incondicional para la lucha política a favor de la clase trabajadora toda.

Los trabajadores, por su parte, incluidos los líderes, no nacen con conciencia comunista, de ahí la responsabilidad de los comunistas de llevarles al conocimiento de la ciencia social que es el marxismo, para poder ayudarles a tomar conciencia de clase y poder ejercer el papel protagonista revolucionario directo que les corresponde. El partido ayuda, dirige, organiza, pero no suplanta al protagonista excepcional en el proceso revolucionario que son las masas irredentas.

De ahí que el partido unido ideológicamente tiene que generar una organización interna verdaderamente democrática, anti burocrática, que sea ejemplo moral y práctico ante el conjunto de los trabajadores, una democracia participativa y militante permanente de abajo hacia arriba es la que posibilita fusionarse a la vanguardia partidista con el conjunto de los trabajadores en los centros de producción, de los servicios, en los centros educacionales, etc., para ejercer su influencia directa en la educación ideológica de esta masa y que a su vez permita desterrar la pseudo moral impuesta desde la ideología dominante de la clase burguesa, con sus fetiches, se falso Estado y su falsa democracia.

El pueblo no comprende a priori el carácter clasista del mundo en que viven, debido entre otras cosas a la tremenda capacidad del aparato mediático y manipulador en manos de la burguesía. El poder alienante que la burguesía realiza gracias a la nueva tecnología de la información, sobre todo la TV, con sus anuncios publicitarios con aberrantes mensajes consumistas y estúpidos que generan falsas necesidades, mantiene a los explotados en el individualismo y en la insolidaridad, sobre todo en los países "más desarrollados", del primer mundo, que viven en una tremenda angustia y miedo que nadie les explica, el Che abunda en esto en “Apuntes críticos a la Economía Política” de reciente publicación en La Habana (2006), texto que había estado inédito hasta ahora.

En la actual fase de dominio del imperialismo, en que el modelo está abocado a la crisis, se resiste y para ello hace uso y abuso de sus poderosos medios de destrucción y alienación, cuya primera víctima es su propio pueblo, el más enajenado del planeta y lamentablemente confunde a muchos, incluidos algunos que se consideran defensores del marxismo, el leninismo, y demás “ismos” anticapitalistas. El antídoto contra esto es eliminar la dispersión ideológica entre las izquierdas y hay que cerrar filas.

En Venezuela se ha puesto en uso el término Socialismo del Siglo XXI, que a nuestro entender resulta peligroso en sentido lato, el socialismo es de manera general uno y es extemporáneo, con plena vigencia y evolución desde su mismo surgimiento y no se pueden despreciar los aspectos positivos históricos, amen de los errores cometidos allí donde surgieron formas alternativas de democracia directa y participativa de abajo hacia arriba, que no terminaron de desarrollarse por los condicionantes políticas y materiales de aquellos momentos históricos, pero que siguen siendo válidas por el carácter alternativo que tenían y cada vez más tienen en la actualidad.

En el socialismo todos los trabajadores manuales e intelectuales son clase política, en primera porque existen los mecanismos organizativos para la participación de forma directa y constante que lo garantizan y en segundo, porque esta es su lógica funcional, cuando ella falla se desvirtúa el ideal socialista, que fue lo que ocurrió en la URSS, por lo que en su desarrollo armónico y coherente están las potencialidades de la sustitución del sistema enajenante por otro emancipador, es decir, la sustitución del actual orden capitalista por otro orden socialista, superior en todos los aspectos.
Pero el socialismo es, a diferencia de lo preconizado muchas veces por la ortodoxia, un fenómeno cultural, entendiendo la cultura en su acepción más universal y plena y no un mero fenómeno económico, por lo que bien poco valdrá la “estatización” de los medios de producción si finalmente no se consigue la “socialización” de los mismos, donde participen los trabajadores controlando directamente desde sus lugares de labor la actividad productiva, social o cultural y donde pueden elegir y controlar en todo momento del proceso a sus dirigentes, e incluso, revocar a los cargos electivos y cuestionar a los directivos nombrados por designación para representarles en las labores productivas, sociales y gubernamentales.

Esas formas de organización de lucha y de poder alternativo son las que tuvieron lugar en el Siglo XIX y XX, el problema es que Marx, Engels y Lenin si supieron apreciar aquellas formas espontáneas de los trabajadores, que ellos no se inventaron sino que fueron iniciativas de los propios trabajadores como solución desde abajo a sus problemas concretos. Iniciativa que como ya dijimos, Lenin supo apoyar e impulsar hasta que doce años después cuando en 1917 llegaron a tal grado de organización que permitió derrocar al zarismo y el capitalismo e instaurar un régimen superior.

Hoy día la burguesía si sabe cuando sus privilegios pueden peligrar y por eso con sus poderosos medios de enajenación, manipulación, confusión y represión impide que las manifestaciones espontáneas de los trabajadores que siempre tienen lugar, no se desarrollen, sean criminalizadas y acusadas de acciones terroristas, (ahora ya menos de comunistas), acusándolas de que son elementos antidemocráticos que no respetan “el Estado de derecho”, “la libertad” y que están dirigidas por elementos “populistas”, ingredientes todos de la nueva retórica de la explotación, contra la que solo queda la lucha por instaurar el sistema social socialista.

Los intentos habidos sobre el socialismo tuvieron lugar en el Siglo XIX, en el XX, se mantienen y desarrollan en el XXI y se tendrán también en el XXII de manera general, en el supuesto de que no lo consigamos en este siglo, y la barbarie imperialista no acabe con todo signo de vida en el planeta. No es cuestión de idealizar a este o aquel siglo, sino de aplicar y desarrollar consecuentemente la dialéctica materialista para adecuarla al momento histórico contemporáneo, comprender y encauzar la inmensa gama de contradicciones en pugna en el momento actual a nivel nacional e internacional y encauzar de forma coherente las soluciones, que en todos los casos, tienen un origen y un fin políticos.

Es una pena que muchas personas, incluidos no pocos que se proclaman de izquierda y hasta marxistas, asuman como modelo de “Estado de derecho” el que propone la burguesía de manera acrítica, como si los estados no se correspondiesen en cada momento histórico, desde el esclavismo, el feudalismo y el capitalismo, a las necesidades de la clase social en el poder, en todos estos casos, clases explotadoras. A este respecto debemos decir, que sin una comprensión con base material y científica de la función histórica de la política toda, del Estado, el derecho y la democracia, no hay marxismo que valga, ni podremos comprender el mundo, por lo que en la dialéctica materialista, adecuada a cada situación concreta estará el camino en si y no el fin.

Por eso es preocupante escuchar que personas identificadas con el proceso revolucionario digan que “aquel socialismo del siglo XX fue un rotundo fracaso” , lo que evidencia la incomprensión sobre la base en que se asientan y desarrollan los procesos revolucionarios, es cuanto menos no comprender o renegar del materialismo histórico, para inventarse nuevos conceptos, es desconocer la impronta que la URSS y la revolución socialista dejaron en el siglo XX, olvidando además que a pesar del bloqueo y los intentos del imperialismo sigue existiendo el socialismo en Cuba, China, Viet-Nam y Laos y nuevos países se enrolan en su construcción.

Lo que no quiere decir, al plantearnos la idea de construir el socialismo en el siglo XXI como una novedosa experiencia histórica, absolutamente democrática, que incorpore armoniosamente la diversidad de la experiencia histórica y cultural humana y tenga capacidad de integrarse e interactuar en pleno diálogo con el conjunto de las formas de vida existentes en el planeta, que debamos partir de cero, se requiere estoy convencido de una crítica profunda de esa experiencia histórica precedente.

Es decir, que sin un diagnóstico objetivo de las razones por las cuales el modelo de partido-Estado soviético devino en un orden autoritario, cuya máxima expresión fue el estalinismo, que se analice críticamente este fenómeno y se arriben a conclusiones no se podrá avanzar muy lejos, por carecerse de herramientas para la prevención de la amenaza de su repetición.

Sin un cuestionamiento radical de la filosofía de la historia euro céntrica que predominó en el socialismo-marxismo de los siglos XIX y XX, no es posible incorporar una de las conquistas más formidables de las luchas de los pueblos de todo el planeta en las últimas décadas, la reivindicación de la inmensa pluralidad de la experiencia histórico cultural humana y el derecho de los pueblos a la preservación de sus identidades, sus modos de pensar, de conocer, de sentir, de vivir de crear”.

Se reduce al marxismo y al leninismo cuando se interpreta que esa doctrina del socialismo-marxismo puede ser solo euro céntrica, o propia de siglos pasados como fueron el XIX y XX, que nada positivo pueden aportar como arguyen sus detractores y lo más preocupante olvidar y desvirtuar la alternativa sobre la que se asentó el Estado comunal, de los soviets o como se quiera denominar, pero con su democracia muy concreta, que en nada se asemeja a la burguesa, basada en el poder desde abajo, con posibilidad de control y revocación en todo momento de los cargos electos.

Es necesario superar los estrechos límites impuestos a la mentalidad desde los círculos globales de poder, parece que queda poco tiempo histórico para poder abordar el futuro que se nos presentará cuando en menos de 40 años desaparezcan los hidrocarburos sin que hasta el momento aparezcan otros portadores energéticos que lo sustituyan, entender que el actual modelo está destruyendo al planeta y a las especies, incluido el hombre como resultado de la lógica egoísta del capitalismo y solamente el socialismo sustentado en el marxismo pueden solucionar y superar esta problemática.

En cuanto a la interpretación idealista que se pueda hacer del término autoritario, que puede inducir a incomprensión del término en si, conviene resaltar que lo asumimos cuando entendemos la organización presupone cierto grado de autoritarismo al establecer diferentes cargos de responsabilidad, lo que es necesario para poder desarrollar complejos procesos productivos, sociales, culturales y políticos, pero alejado de ese otro autoritarismo que imponen las desiguales condiciones de vida entre los individuos que nos imponen los actuales modelos.

Es ingenuo creer que con ser obrero ya es suficiente para la conformación de una conciencia de clase proletaria o para que un proyecto político socialista o una empresa de igual orientación funcione cabalmente, es cierto que se necesitan también los mejores especialistas políticos, otros técnicos, especialistas diversos e ingenieros, que ejercen una autoridad profesional, lo cual no quiere decir que un obrero en una estructura de poder verdaderamente popular no pueda llegar a ser el mejor activista de la política o hasta director de la propia empresa, pero hace falta para eso crear la conciencia socialista, la conciencia verdaderamente marxista y revolucionaria y es ahí donde tiene sus mayores oportunidades para mostrarse en toda su valía la dialéctica materialista.

Lo mismo que sucede, poniendo un ejemplo, en nuestras Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA), donde un grupo de trabajadores pueden constituir esta entidad por derecho propio, elegir entre ellos a la Junta directiva, al presidente de la cooperativa, cargo que perfectamente ejerce uno de los socios trabajadores. Imaginemos ese ejemplo cooperativista en un socialismo, donde los medios de producción, sociales, culturales, etc., no son propiedad de un grupo cooperativista, sino de todo el pueblo trabajador organizado como clase dominante en su Estado proletario, verdaderamente comunal, o como queramos llamarlo, pero que se ajuste a ese proyecto organizativo estatal desde abajo hacia arriba, se podrá apreciar entonces que no tiene nada que ver con la democracia burguesa donde el pueblo delega su responsabilidad política en la llamada clase política constituida en diversos partidos "democráticos" o en la burocracia socialista estatal y partidista de la experiencia euro soviética y que todo esto sobra.

El centralismo democrático es el modelo de la democracia proletaria, el centralismo burocrático solo es de la democracia burguesa. Sus formas de organización son diametralmente opuestas. Democracia desde abajo, o democracia desde arriba. Control directo permanente, o falso control cada equis número de años con las nuevas elecciones cuando el partido de turno se agota políticamente y es rechazado por el pueblo. NO nos asustemos por la autoridad de Chávez, asustémonos de que solo sea la confianza en Chávez la que lleve a fin el gran proyecto bolivariano socialista en su caminar hacia el comunismo pleno y solidario.

Chávez que no es dios, es parte material del complejo mundo material, que como todo ser humano algún día dejará su puesto, entonces “Dios” tendrá que ser todo el pueblo organizado y ejerciendo el poder directamente, como con otras palabras señalara Raúl Castro ante el congreso de los jóvenes al referirse al reemplazo de Fidel por cada uno de ellos mismos.

El partido único, unido ideológicamente en torno a la Dialéctica materialista o al marxismo y el leninismo, como más se le conoce, es el que puede ejercer el papel de vanguardia, ejemplo y por tanto, educador, que le permita al pueblo todo organizarse como clase dominante y ejercer todo el poder.
Se tiene que convertir, si quiere cumplir con su rol, en la verdadera autoridad material y moral, que permita sobre todo ejercer el poder y llevar a todo el pueblo el mensaje ideológico para que pueda comprender el protagonismo revolucionario que le corresponde, y que el pueblo trabajador deje de ser tenido como ser productivo-movilizativo, y solo sujeto político una vez en varios años, cuando se trate de elegir a este o aquel partido de la alternancia burguesa o a los partidos únicos en los socialismos burocráticos como fueron los del mal llamado Socialismo Real.

Construir la gran pirámide del poder popular, que se asienta en una amplia base participativa constante, permanente, es construir una verdadera base, que por su forma de organización elige a sus representantes, que les puede indicar, controlar y hasta destituir en cualquier momento cuando incumplan o no justifiquen las esperanzas en ellos depositada, o por la simple razón de que en ese ejercicio democrático participativo permanente ha surgido un nuevo compañero con mayores cualidades para ejercer mejor una función determinada, esa es la gran tarea de las clases trabajadoras, que son además, las que producen los bienes materiales, los servicios y los.

Claro está que este proceso no es aséptico, la necesidad de la lucha contra el imperialismo una vez alcanzado el gobierno no solo se hace imprescindible sino que se agudiza, por las tensiones que su injerencia constante y desleal provoca en las naciones empeñadas en cambiar sus estructuras por otra de orientación socialista.

Esta guerra injerencista tensa las relaciones políticas al interior de estos países y cierra, sin lugar a dudas, el campo de acción de las masas y sus partidos, que se ven abocados a destinar no pocos esfuerzos a la defensa de sus conquistas que podían haber dedicado a impulsar las dinámicas de desarrollo, los ejemplos sobran, desde la propia Rusia soviética hasta la actual Venezuela sin desconocer la guerra sucia contra los sandinistas y el muy ilustrativo ejemplo de los últimos 50 años de historia cubana.

CONCLUSIONES
Todo lo anteriormente expuesto no hace más que dar la razón a los fundadores Marx y Engels, cuando señalaban que en la lucha de clases radicaba la fuerza motriz del desarrollo social, por tanto, las fuerzas progresistas deberán alistar todas las armas para superar a la reacción conservadora en esta lid. La Dialéctica Materialista se impone como la principal arma teórica en esta lucha y los partidos deberán procurar su enriquecimiento con nuevas y creadoras experiencias.

En ello también el rol protagónico lo tendrán que tener las masas populares y no una élite política, muchísimo menos burocrática, como ocurrió en el llamado “Socialismo Real” euro soviético que demostró muy poco arsenal teórico y una praxis política conservadora luego de la muerte de Lenin, lo que no quiere decir, que con el derrumbe de la URSS el socialismo y la vigencia de los partidos comunistas quebró irremediablemente.

Se equivocan también, los que consideran que el partido único se puede constituir por una especie de decreto impositivo, sería tanto como negar la realidad material que ha dado lugar a la existencia de tantos grupos organizados en tendencias políticas como pueden ser los casos de los anarquistas, trotskistas, marxista-leninista y otras denominaciones del socialismo reformista y de otros grupos defensores de la causa solidaria socialista.

Solo el debate ideológico sustentado en el método materialista y dialéctico que tenga en cuenta la base científica en que se asienta la filosofía marxista, adecuada al actual momento material y espiritual y en plena correspondencia con la particularidad local, puede dar lugar al surgimiento de la coherencia ideológica que posibilite que con una estructura organizativa revolucionaria se pueda conseguir que avance la revolución socialista y mandar al basurero de la historia al viejo e hipócrita Estado burgués.

No se puede confundir la necesidad de la Unidad de la Izquierda en torno a un programa común a corto o medio plazo, con un partido que tiene que tener un programa a largo plazo que permita contribuir a la consolidación del socialismo, de avanzar hacia el futuro, sin devaneos ni concesiones en los principios como ocurrió con el “Socialismo Real” y muchos de sus líderes. Las gentes no cambian de mentalidad ni de ideología de la noche a la mañana y eso lo explica la rápida metamorfosis de los camaradas-burgueses que protagonizaron el derrumbe euro soviético.

De ahí la importancia de la profundización de debate ideológico abierto y masivo, que posibilite una estructura de poder y de democracia directa y participativa de abajo hacia arriba como lo que preconizaba Gramsci, el comunista italiano que sí completó a Marx y a Lenin. El vio la dimensión del consenso, la necesidad del diálogo, el desafío de la gobernabilidad, la importancia del Parlamento y de la sociedad civil revolucionaria. Ese fue, a nuestro modesto juicio, su gran aporte.

En este trabajo pretendemos propiciar el debate de nociones básicas asumidas y/o compartidas por la mayoría de los paradigmas teóricos en uso no solo por la comunidad académica de las ciencias sociales en nuestro país, que es bien amplia, a la que se suman por derecho propio las masas cada vez más cultas y representantes de otras ciencias, que en el caso cubano no están ajenos a estas realidades y son partícipes activos de los debates políticos.

Esta amplia, consciente y creadora participación en un amplísimo debate nacional augura que a la interpretación economicista de la teoría marxista, habitual en la rutina "ortodoxa", es decir la estalinista de antaño, ha entrado efectivamente en una crisis terminal. Sin embargo, las razones de esta crisis no obedecen únicamente a un problema de mayor o menor aproximación a la realidad política del mundo contemporáneo, el análisis bibliográfico de los textos escritos por los clásicos del marxismo y sus más fieles seguidores están marcando las pautas para el futuro.

El Marxismo, la Dialéctica Materialista, se constituye pues en la única solución a los problemas globales. Constituye la única respuesta coherente a la Problemática de los Pueblos y su recomposición se vislumbra ya después del Derrumbe del Socialismo euro soviético.

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[5] Roa García Raúl. “Historia de las doctrinas políticas” pag 27. Editora Política. La Habana. 1997 (Este texto fue escrito por el Canciller de la Dignidad en 1947 como tesis de oposición a la cátedra de Teoría Política de la Universidad de La Habana), se publicó por cuestiones obvias solamente en ese año.
[6] Togliatti Palmiro. Obras. Archivos marxistas. Formato digital.
[7] Castro Rúz Raúl. “Discurso de clausura del V Congreso de la UJC” Granma digital.>

AUTOR
MSc. Oscar Villar Barroso.



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