Busca monografías, tesis y trabajos de investigación

Buscar en Internet 

       Revistas   Cursos   Biografías

rss feeds RSS / /

Las herejias de la mega ramera apocaliptica, madre de las rameras

Resumen: En este articulo se realiza un breve recuento de las principales herejias introducidas en la adoracion de aquellos seudocristianos que invadieron todo el mundo imponiendo a la fuerza un evangelio de terror y de sumision eclesiastica...

Publicación enviada por Israel Pichardo




 


RESUMEN
En este artículo se realiza un breve recuento de las principales herejías introducidas en la adoración de aquellos seudocristianos que invadieron todo el mundo imponiendo a la fuerza un evangelio de terror y de sumisión eclesiástica, y que tomaron el nombre del Señor Jesucristo como motivo de masacres, saqueos y persecuciones tal y como fue profetizado a su debido tiempo.

Estas herejías han perdurado todo el tiempo transcurrido desde mediados del siglo primero de esta era, y fueron retomadas por las hijas que le nacieron a la grande ramera apocalíptica, las cuales hicieron algunas reformaciones a su madre, la iglesia más pervertida de la tierra, pero en esencia siguen siendo herejías perversas y demoníaca para engañar a nombre del que nunca miente.

Aquí exponemos las principales herejías de aquellos desobedientes que se separaron de los verdaderos creyentes para unirse a poderes y gobiernos humanos para no ser perseguidos por causa del tropiezo de la cruz, el cual no se ha quitado todavía, y se enriquecieron a costa de su maldad, la mentira y el crimen.

SUMMARY
In this article he/she is carried out a brief recount of the main heresies introduced in the adoration of those seudocristianos that you/they invaded everybody imposing to the force a terror gospel and of ecclesiastical submission, and that they took the Lord Jesus Christ name like reason of massacres, lootings and persecutions such an and like it was prophesied in due course of time. These heresies have lasted the whole time lapsed from half-filled of the first century of this era, and they were recaptured by the daughters that were born to the big apocalyptic harlot, which made some reformaciones to their mother, the perverted church in the earth, but in essence they continue being perverse heresies and demoníaca to deceive to name of which never lies. Here we expose the main heresies of those disobedient ones that separated the true believers to unite to powers and human governments for not being pursued by reason of the trip of the cross, which has not taken off still, and they got rich to coast of their wickedness, the lie and the crime.

INTRODUCCIÓN
Juan dijo que los anticristos habían salido de nosotros, porque no eran de nosotros; y efectivamente aquellos que se desviaron desde la mitad del primer siglo de esta Era, comenzaron a introducir en sus adoraciones doctrinas, ministerios y herejías que fueron deformando y carcomiendo como gangrena. Estos obispos comenzaron por unirse al Estado para evitar la persecución, y a complacer a sus súbditos con el afán de ganar dinero; o sea, buscaron más de la gloria de los hombres que la gloria de Dios. Hemos descartado en nuestras indagaciones que desde el mismo principio hubo dos tendencias, una que buscaba vivir en el continuado ministerio sobrenatural del Espíritu santo de la promesa, y otros que comenzaron a escribir los dichos del Señor y a agrupar las diferentes epístolas de los primeros santos en lo que después se llamaron la Biblia y única regla de su fe.

Estos corrompidos sacerdotes comenzaron a llamarse “papás”, de donde vienen los “padres” y los “papas”. aunque entre ellos son contados algunos sacerdotes espirituales, estos no son más que aquellos que al no tener el poder del espíritu, comenzaron a vivir por la teología bíblica, enemigos de todas las cosas del Espíritu de Dios, al cual resistían, y le imponían una forma rígida y preestablecida de adoración, la cual complacía más a las adoraciones paganas, que a la verdadera adoración. Este camino conllevó a la persecución de aquellos verdaderos santos que protestaban contra la corrupción y el formalismo eclesiástico, ahora con poder gubernamental, como se mantienen hasta hoy.

Estos creyentes pervertidos que devoraron todas las buenas costumbres transmitidas por el Señor y sus apóstoles comenzaron a incluir entre sus credos todas las herejías paganas con el fin de ganar adeptos de toda clase, por eso el nombre de “universales”. En los siglos XIV al XVII, hubo entre ellos una seudoreforma, donde les nacieron, las hijas de la grande ramera, los cuales, aunque realizaron cambios sustanciales en su forma corrupta de adoración, adoptaron todas estas herejías como credo. Este proceso, no es más que la consumación de las profecías que se hicieron desde el principio sobre la “mega ramera apocalíptica” madre de todas las “rameras del mundo”. De ahí la importancia del resumen que se hace en este artículo sobre las principales herejías que hoy subsisten en las iglesias que invaden todo el mundo engañando y siendo engañada por el infierno mismo.

DESARROLLO
¿LA CELEBRACIÓN DEL 24 DE DICIEMBRE FUE HEREDADO DEL CRISTIANISMO PRIMITIVO?

La revista mexicana Quo ( ) publicó un interesante artículo sobre este tema donde dice al respecto: “Santa Claus”...El origen de esta figura tiene una historia bastante siniestra....La fiesta de Cronos, divinidad de los griegos que dominó el mundo castrando a su padre y devorando a los hijos que tenía con su hermana Rea, se celebraba el 24 de diciembre con un intercabio de regalos. El día 25 se festejaba, también dando regalos a los niños, el nacimiento se Sinter Klaus, nombre que los holandeses daban al dios vikingo Thor ( ), una deidad que vivía en el lejano Norte y viajaba en un carro tirados por dos cabras. Ambos ritos los fucionó la iglesia cristiana (para nosotros la iglesia anticristiana), que tomó el nombre de Sinter Klaus por su parecido con Nicolas de Bari, un generoso monje del siglo IV. Sinter Claus derivó en Santa Claus, en 1931, Coca-Cola lo convirtió en un simpático viejito que vestía con los colores del refresco. ( vea más delante, Navidad, Fiestas paganas, Domingo, Noche de Reyes)

PURGATORIO
En la teología seudocristiana, es el estado de expiación, en el que, según la Iglesia católica y las orientales, las almas, después de la muerte, o se purifican de sus pecados veniales o sufren el castigo temporal que, una vez redimida la culpa del pecado mortal, debe sufrir todavía el pecador por sus actos. Se supone que así se asegura la felicidad última de las almas. Las iglesias orientales ortodoxas, y la católica y distintas iglesias nacionales protestantes coinciden en la idea de la existencia del purgatorio; coinciden también en que se trata de un estado de sufrimiento. Aunque las iglesias occidentales sostienen que éste se provoca mediante la hoguera, las iglesias orientales no determina la forma de sufrimiento sino que lo consideran como consecuencia de diversas aflicciones.

El concilio de Florencia (en 1439) dejó en suspenso el debate y la resolución de este asunto. La doctrina y la práctica medievales con respecto al purgatorio asentaron las bases para la protesta de los waldenses y fueron rechazadas por los reformistas. Los protestantes afirmaban que esta redención había sido alcanzada por Cristo para la especie humana y sólo se obtenía mediante la fe. La Iglesia anglicana sostiene la creencia en un estado intermedio y en un periodo de educación y prueba tras la muerte. El líder religioso británico John Henry Newman se inspiró en la teología del purgatorio para escribir su poema 'El sueño de Gerontio', que sirvió de inspiración al músico inglés Edward Elgar para componer el oratorio del mismo título.

HALLOWEEN
Nombre anglosajón aplicado a la celebración de la noche del 31 de octubre que precede a la fiesta seudocristiana del Día de Todos los Santos. Se cree que las prácticas relacionadas con Halloween se originaron entre los antiguos druidas, que creían que esa noche Saman, el señor de la muerte, provocaba a las huestes de los espíritus malignos. Los druidas encendían grandes hogueras con el propósito de rechazarlos a todos.

Entre los antiguos celtas, Halloween era la última noche del año y se consideraba como un momento propicio para examinar los presagios del futuro. Los celtas también creían que los espíritus de la muerte regresaban a sus moradas terrenales durante esa noche. Los romanos, tras conquistar Gran Bretaña, añadieron a Halloween elementos de la fiesta de la cosecha celebrada el 1 de noviembre en honor a Pomona, diosa de los frutos. La tradición druida de encender hogueras en Halloween sobrevivió hasta épocas modernas en Escocia y Gales, y la presencia de fantasmas y brujas sigue siendo común en todas las celebraciones de Halloween. Sobreviven vestigios de la fiesta de la cosecha en la costumbre, habitual en Estados Unidos y Gran Bretaña, de jugar con algunas frutas. De origen similar es la utilización de calabazas huecas esculpidas para representar rostros grotescos y que se iluminan colocando una vela en su interior.

En la actualidad, la fiesta de Halloween, que se ha extendido a numerosos países ajenos a las costumbres anglosajonas, consiste en disfrazarse de ‘espíritu maligno’ y salir a las calles o a una fiesta particular. Los niños, que son los que más la disfrutan, se disfrazan y salen a pedir dulces y frutas a los vecinos; si éstos se niegan a darles golosinas, los niños les harán alguna travesura, generalmente muy inocente. Véase Máscara.

VENERACIÓN DE LOS SANTOS

Nombre que utiliza el Nuevo Testamento (Col. 1,2) para referirse a los miembros de la comunidad cristiana, pero restringido en el uso eclesiástico, desde la antigüedad, para designar a aquellos que han sido virtuosos hasta un grado heroico. Los santos están jerarquizados, según la tradición seudocristiana, en varias categorías: apóstoles y evangelistas, mártires, confesores (originariamente, aquellos que han sufrido prisión o dolor sin la coronación final del martirio y, tiempo después, santos masculinos cuyas virtudes eran sobresalientes), doctores (santos destinados al aprendizaje sagrado), vírgenes, matronas y viudas. Hacia el siglo IV d.C., se difundió con intensidad la práctica de venerar a los santos.

Durante la edad media, sin embargo, dicha práctica estuvo rodeada de gran superstición. Incluso antes de la Reforma, los bogomilos y los valdenses se opusieron a la veneración de los santos; en la época de la Reforma, la práctica era en general rechazada como infundada según las escrituras.
El Concilio de Trento (1545-1563) afirmó que invocar a los santos es algo útil por los beneficios que se pueden obtener de Dios a través de su intercesión. La creencia y la práctica de la Iglesia ortodoxa es la misma en sustancia que la católica. Se han perdido casi todos los vestigios, salvo los nombres de muchos de los miembros del santoral. La lista más completa se encuentra en la tabla general del Tomo 61 de la colosal Acta Sanctorum de los bolandistas, que menciona cerca de 20.000 santos.

El catálogo que ostenta la autoridad eclesiástica más elevada es el Martyrologium Romanum. El martirologio menciona hasta 2.700 santos, entre los que se incluye a unos veinte del Antiguo Testamento, ordenados según su día de celebración. Muchos eran honrados cada año con un día festivo especial; en cierta época, sus días festivos llenaban cerca de dos terceras partes del calendario litúrgico católico, aunque algunos santos habían terminado siendo poco más que un nombre.

En 1964, el Concilio Vaticano II concluyó que sólo los santos “de verdadero significado universal deberían extenderse a la Iglesia universal” y que los demás “deberían dejarse para ser celebrados por una Iglesia particular, nación o comunidad religiosa”. Asimismo, en 1969, el papa Pablo VI aprobó una reclasificación del calendario litúrgico para adecuarse a los deseos del concilio. En el calendario revisado, que comenzó a ser efectivo el 1 de enero de 1970, sólo se mantenían 58 festividades de santos regulares, u obligatorias, así como 92 opcionales, además de las de Cristo, la Virgen María, san José y los apóstoles.

En el arte seudocristiano, se suele representar a los santos, así como a Cristo, envueltos en un halo (también conocido como nimbo, aureola o gloria), un aro o aura radiante que rodea la cabeza o toda la figura, a veces acompañados de emblemas simbólicos que permiten identificarlos fácilmente. A un mártir que fuera de especial interés en un determinado lugar, se le nombraba patrón, ya en época tan temprana como el siglo IV. Los oficios y las profesiones tenían sus patronos, y para la curación de cada enfermedad se invocaba a un determinado santo. Entre los patronos más conocidos se encuentran san Andrés (de Escocia), san Dionisio (de Francia), san Patricio (de Irlanda), san Jorge (de Inglaterra), san Nicolás (de Rusia), Santiago el Mayor (de España) y Esteban I el Santo (de Hungría), entre otros muchos. El término hagiografía designa la rama de la literatura que trata las vidas y los hechos de los santos.

Día de Todos los Santos, fiesta cristiana que se celebra el 1 de noviembre en las iglesias católica y anglicana para honrar a todos sus santos, es decir, a todas las almas de las personas justas que al morir fueron a gozar de la presencia de Dios en el cielo. Se estableció como fiesta eclesiástica a principios del siglo VII, cuando el Panteón de Roma fue consagrado como la Iglesia de la Santísima Virgen y Todos los Mártires. El papa Gregorio IV (muerto el año 844) dio la autorización oficial en el año 835. Seguramente se eligió el 1 de noviembre porque coincidía con una de las cuatro grandes fiestas de los pueblos germanos, y la política de la Iglesia era sustituir los ritos paganos por los cristianos.

DÍA DE LOS DIFUNTOS

En la Iglesia católica, conmemoración que se celebra el 2 de noviembre, cuyo objeto es interceder ante Dios con oraciones, sacrificios y limosnas por las almas del purgatorio para que abandonen esta morada y vayan al cielo. Instituido por primera vez en los monasterios cluniacenses en el año 998, la observancia se generalizó muy pronto. Entre los campesinos europeos, el Día de Difuntos permite recuperar muchas costumbres populares precristianas. Asimismo, entre algunos pueblos latinoamericanos en el Día de los Muertos se realizan numerosas ofrendas, especialmente de comida, bebidas y flores para complacer a los familiares difuntos y obsequiarlos con provisiones para su largo camino por el inframundo (cielos e infiernos), según las creencias de las religiones prehispánicas. A los sacerdotes católicos se les permite decir tres misas de difuntos ese día.

NAVIDAD
Celebración anual en la que se conmemora el nacimiento de Jesucristo en Belén según los evangelios de san Mateo y san Lucas. Después de la Pascua de Resurrección es la fiesta más importante del año eclesiástico cristiano. Como los evangelios no mencionan fechas, no es seguro que Jesús naciera ese día. De hecho, el día de Navidad no fue oficialmente reconocido hasta el año 345, cuando por influencia de san Juan Crisóstomo y san Gregorio de Nacianceno se proclamó el 25 de diciembre como fecha de la Natividad de Jesús. De esta manera seguía la política de la iglesia primitiva de absorber en lugar de reprimir los ritos paganos existentes, que desde los primeros tiempos habían celebrado el solsticio de invierno y la llegada de la primavera.

La fiesta pagana más estrechamente asociada con la nueva Navidad era el Saturnal romano, del 17 al 23 de diciembre, en honor de Saturno, dios de la agricultura, que se celebraba durante siete días de bulliciosas diversiones y banquetes. Al mismo tiempo, se celebraba en el norte de Europa una fiesta de invierno similar, conocida como Yule, en la que se quemaban grandes troncos adornados con ramas y cintas en honor de los dioses para conseguir que el sol brillara con más fuerza. Una vez incorporados estos elementos, la Iglesia añadió posteriormente en la edad media el nacimiento y los villancicos a sus costumbres. En esta época, los banquetes eran el punto culminante de las celebraciones. Todo esto tuvo un abrupto final en Gran Bretaña cuando, en 1552, los puritanos prohibieron la Navidad. Aunque la Navidad volvió a Inglaterra en 1660 con Carlos II, los rituales desaparecieron hasta la época victoriana. La Navidad, tal como la conocemos hoy, es una creación del siglo XIX.

El árbol de navidad, originario de zonas germanas, se extendió por otras áreas de Europa y América. Los villancicos fueron recuperados y se compusieron muchos nuevos (la costumbre de cantar villancicos, aunque de antiguos orígenes, procede fundamentalmente del siglo XIX). Las tarjetas de navidad no empezaron a utilizarse hasta la década de 1870, aunque la primera de ellas se imprimió en Londres en 1846.
La familiar imagen de Santa Claus, con el trineo, los renos y las bolsas con juguetes, es una invención estadounidense de estos años, aunque la leyenda de Papá Noel sea antigua y compleja, y proceda en parte de san Nicolás y una jovial figura medieval, el espíritu de navidad. En Rusia lleva tradicionalmente un cochinillo rosa bajo el brazo.

Actualmente, la Navidad es una fiesta más profana que religiosa. Es tiempo de gran actividad comercial e intercambio de regalos, reuniones y comidas familiares. En Occidente se celebra la Misa del gallo en iglesias y catedrales. En los países de América Latina, de arraigada tradición católica, se celebra especialmente la Nochebuena (24 de diciembre) con una cena familiar para la que se elaboran una diversidad de platos, postres y bebidas tradicionales.

También se acostumbra asistir a la Misa del gallo y celebrar con cohetes y fuegos artificiales. En México, la Nochebuena constituye la culminación de una celebración que dura nueve días a la que se llama “las posadas”. Éstas empiezan el 16 de diciembre y conmemoran el viaje de María y José en su búsqueda de alojamiento antes del nacimiento de Jesús. El número nueve también alude a los nueve meses de embarazo de María. Parte esencial de la fiesta es pedir posada mediante unos cantos en los que unos asistentes solicitan el favor de ser recibidos y otros responden, primero negándose, y al final concediéndolo, con lo que todos estallan en júbilo por el feliz final de la travesía de los peregrinos. Otro elemento fundamental es la piñata que, junto con el canto de la letanía, los juegos tradicionales, los dulces y las bebidas propias de la época aglutinan las enseñanzas introducidas por los evangelizadores en la Nueva España en la segunda mitad del siglo XVI. El origen de las posadas parece hallarse en el convento de San Agustín de Acolman, en donde los monjes agustinos aprovechaban la coincidencia de las fechas cristianas y las de los ritos de los aztecas, quienes festejaban el nacimiento de su máxima deidad, el dios Huitzilopochtli.

EL CALENDARIO GREGORIANO
El año juliano era 11 minutos y 14 segundos más largo que el año solar. Esta diferencia se acumuló hasta que hacia 1582 el equinoccio de primavera (véase Eclíptica) se produjo 10 días antes y las fiestas de la iglesia no tenían lugar en las estaciones apropiadas. Para conseguir que el equinoccio de primavera se produjera hacia el 21 de marzo, como ocurrió en el 325 d.C., año del primer Concilio de Nicea, el papa Gregorio XIII promulgó un decreto eliminando 10 días del calendario. Para prevenir nuevos desplazamientos instituyó un CALENDARIO, conocido como calendario gregoriano, que estipulaba que los años centenarios divisibles por 400 debían ser años bisiestos y que todos los demás años centenarios debían ser años normales. Por ejemplo, 1600 fue un año bisiesto, pero 1700 y 1800 no lo fueron. El calendario gregoriano recibe también el nombre de cristiano, porque emplea el nacimiento de Cristo como punto de partida. Las fechas de la era cristiana son designadas a menudo con las abreviaturas d.C. (después de Cristo) y a.C. (antes de Cristo) El calendario gregoriano se fue adoptando lentamente en toda Europa.

Hoy está vigente en casi todo el mundo occidental y en partes de Asia. La Unión Soviética adoptó el calendario gregoriano en 1918, y Grecia lo adoptó en 1923 por motivos administrativos, aunque muchos países de religión cristiana oriental conservaron el calendario juliano para la celebración de las fiestas de la iglesia. Aunque el nacimiento de Cristo fue originalmente fijado el 25 de diciembre del año 1 a.C., los investigadores modernos lo sitúan ahora hacia el cuarto año de nuestra era. Puesto que el calendario gregoriano todavía supone meses de distinta duración, haciendo que fechas y días de la semana cambien con el tiempo, se han hecho numerosas propuestas para un calendario reformado más práctico. Estas propuestas incluyen un calendario fijo de 13 meses iguales y un calendario universal de cuatro periodos trimestrales idénticos. Hasta ahora no se ha adoptado ninguno. Gregorio XIII (1502-1585), papa (1572-1585), que realizó la reforma del calendario, creando el sistema vigente en la actualidad (el calendario gregoriano).
Año bisiesto, año de 366 días que excede en un día al año común. El día añadido se aplica al mes de febrero, que pasa de 28 días a tener 29 en los años bisiestos. La expresión ‘bisiesto’ procede de bis sexto calendas martias, nombre que los romanos daban al día 25 de febrero cuando el año era bisiesto, y en el que se intercalaban seis días antes de las calendas del mes de marzo. Asesorado por sus astrónomos, Julio César reformó el calendario romano del rey Numa Pompilio y, debido al retraso que este presentaba respecto al año solar, añadió cada cuatro años un día más; sin embargo, la reforma juliana producía un error de un día cada 128 años.

El papa Gregorio XIII, en su reforma conocida como calendario gregoriano, actualmente en vigor, estableció que el año bisiesto requería que las dos últimas cifras del número del año fueran divisibles por cuatro, pero que, además, el año no terminara en dos ceros; en este caso sólo se consideraría bisiesto si fuera divisible por 400. Algunos ejemplos son: el año 2044 es bisiesto porque 44 es divisible entre cuatro; el año 2001 no es bisiesto porque 01 no es divisible entre cuatro; el 1900 no es año bisiesto porque termina en dos ceros y al dividir este número entre 400 no da un número exacto; el 2000 es año bisiesto porque, aunque termina en dos ceros, sí es divisible entre 400. De cualquier forma, el calendario gregoriano arrastraría una diferencia respecto al año solar de más de un día cada 4.000 años, por lo que los años divisibles por 4.000, como el año 4000, 8000 o 12000, que tendrían que ser bisiestos según la regla descrita anteriormente, no lo son.

CALENDARIOS RELIGIOSOS. Como se ha indicado, el Calendario Gregoriano es básicamente un calendario cristiano. El calendario oficial de la Iglesia cristiana es la relación anual de las fiestas, los días de los santos y las festividades de la Iglesia, con las fechas del calendario civil en las que tienen lugar. Estas incluyen las fiestas fijas, como Navidad, y las fiestas móviles, que dependen de la fecha de Pascua. El calendario más importante de la Iglesia primitiva fue compilado por Furius Dionisius Philocalus hacia el año 354. Después de la Reforma, la Iglesia Luterana alemana conservó el calendario romano, lo mismo que la Iglesia de Inglaterra y algunas otras Iglesias anglicanas. Las principales estaciones del calendario eclesiástico observadas por la mayoría de los cristianos son, por orden, Adviento, Navidad, Epifanía, Cuaresma, Pascua, Ascensión, Pentecostés y Trinidad. El calendario judío, que procede del antiguo calendario hebreo, ha permanecido inalterable desde el año 900 aproximadamente. Es el calendario oficial del moderno estado de Israel y es utilizado por los judíos en todo el mundo como un calendario religioso. El punto de partida de la cronología hebrea es el año 3761 a.C., la fecha de la creación del mundo según se describe en el Antiguo Testamento. El calendario judío es lunisolar, basado en meses lunares de 29 y 30 días alternativamente. Se intercala un mes extra cada tres años, de acuerdo con un ciclo de 19 años.

EL CALENDARIO ROMANO. El original calendario romano, introducido hacia el siglo VII a.C., tenía 10 meses con 304 días en un año que comenzaba en marzo. Dos meses más, enero y febrero, fueron añadidos posteriormente en el siglo VII a.C., pero como los meses tenían solamente 29 o 30 días de duración, había que intercalar un mes extra aproximadamente cada segundo año. Los días del mes eran designados por el incómodo método de contar hacia atrás a partir de tres fechas: las calendas, o primeros de mes; los idus, o mediados de mes, que caían el día 13 de ciertos meses y el día 15 de otros; y las nonas, o el noveno día antes de los idus. El calendario romano se hizo enormemente confuso cuando los funcionarios que tenían encomendada la adición de días y meses abusaron de su autoridad para prolongar sus cargos o para adelantar o retrasar elecciones. En el año 45 a.C. Cayo Julio César, siguiendo el consejo del astrónomo griego Sosígenes (siglo I a.C.), decidió utilizar un calendario estrictamente solar. Este calendario, conocido como calendario juliano, fijó el año normal en 365 días, y el año bisiesto, cada cuatro años, en 366 días. El calendario juliano también estableció el orden de los meses y los días de la semana tal como figuran en los calendarios actuales. En el 44 a.C. Julio César cambió el nombre del mes Quintilis a Julius (julio), por él mismo. El mes Sextilis recibió el nuevo nombre de Augustus (agosto) en honor de Augusto, que sucedió a Julio César. Algunos expertos mantienen que Augusto estableció la duración de los meses que utilizamos actualmente.

LOS NOMBRES DE LOS MESES Y DÍAS PARA IDOLATRAR DIVINIDADES PAGANAS
Domingo, séptimo día de la semana civil y primero de la litúrgica. En inglés y alemán, Sunday y Sonntag, respectivamente; la palabra deriva del latín dies solis, 'día del sol', nombre de una fiesta romana pagana. En el Nuevo Testamento (Ap. 1,10) se llama el día del Señor, es decir, Dominica en latín, de donde deriva el nombre de domingo en las lenguas románicas: en francés dimanche, en italiano domenica y en rumano duminica. En los orígenes del cristianismo la festividad del domingo empezó a reemplazar al shabat y a ser respetado en honor del día de la resurrección de Cristo. El emperador Constantino I lo instituyó como día de descanso consagrado al culto. A partir del siglo IV la legislación civil y eclesiástica reguló el trabajo y prescribió el culto, pero en la actualidad las leyes que limitan los negocios y la diversión de los domingos son muy permisivas.

Lunes, primer día de la semana civil y segundo de la litúrgica. La palabra lunes, como lundi en francés y lunedí en italiano, deriva de dies lunae, que significa 'día de la luna' en latín. Para los anglosajones este día también estuvo consagrado a la diosa de la luna con el nombre de monandaeg, de donde deriva Monday, que en alemán es Montag.

Martes, tercer día de la semana litúrgica católica y segundo de la civil. En el calendario romano, de donde procede su denominación, se llamaba (dies) Martis, en honor de Marte, dios de la guerra y su planeta. Las lenguas de origen latino conservan la raíz latina: mardi en francés y martedì en italiano. En inglés, Tuesday procede de Tiu o Tiw, dios nórdico de la guerra. En danés se denomina Tirsdag y en sueco Tisdag, mientras que en alemán, Dienstag se refería originariamente a ‘día de reunión’. En el Talmud, el martes aparece como un día de suerte porque en el tercer día de la creación Dios consideró que su obra "estaba bien". Entre los hindúes, sin embargo, el martes es uno de los tres días aciagos, junto con el sábado y el domingo, en los que no se deben emprender negocios importantes ni viajes largos. Esa creencia trascendió a Occidente, como revelan dos expresiones españolas: “dar a uno con la del martes” y “en martes ni te cases ni te embarques”.

Martes de Carnaval, día anterior al Miércoles de Ceniza en el calendario cristiano, señala el comienzo de la Cuaresma, que es tradicionalmente un periodo de ayuno. Cuando la Cuaresma se observaba con más rigor que ahora, los dos o tres días previos al Miércoles de Ceniza, conocidos como carnestolendas o Carnaval, se celebraban con juegos, banquetes, bailes y diversiones en general, con el fin de enfrentarse al periodo de penitencia con el cuerpo resarcido. En Alemania, el Martes de Carnaval se llama Fastnacht (‘víspera de ayuno’); en Italia y otros países del sur de Europa se llama carnaval (de carnem levare, ‘quitar la carne’); en Estados Unidos, se utiliza la expresión francesa Mardi Gras, ‘martes graso’, equivalente en los países de lengua portuguesa a “Terça-feira gorda”.

Ciertas tradiciones sitúan el comienzo del carnaval en el jueves inmediatamente anterior, lo que implica que las celebraciones, en estos casos, se extendían durante seis días. Se trata del Jueves Lardero, adjetivo éste ya en desuso que significa ‘graso’, y así aparece en el Libro de buen amor de Juan Ruiz, el arcipreste de Hita. Este autor, por otra parte, ha otorgado cualidad literaria a la lucha entre don Carnal y doña Cuaresma, con sendos ejércitos. Desde el punto de vista pictórico, Pieter Brueghel el Viejo también representó ese combate en 1559.
Miércoles, cuarto día de la semana litúrgica católica y tercero de la civil, llamado así por los romanos en honor del dios Mercurio y su planeta, (dies) Mercurii. La misma raíz latina se conserva en las lenguas romances como el español, el francés, mercredi, y el italiano, mercoledì. En alemán se denomina Mittwoch, que quiere decir 'mitad de la semana'. En inglés, Wednesday significa 'día consagrado a Odín', o Woden, dios principal de la mitología escandindava. En Suecia y Dinamarca se llama Onsdag, del original escandinavo.

Miércoles de Ceniza, en las iglesias cristianas, primer día del periodo penitencial de Cuaresma, llamado así por la ceremonia de imponer la ceniza en la frente de todos los fieles como signo de penitencia. Esta costumbre, introducida probablemente por el papa Gregorio I, ha sido universal desde el Sínodo de Benevento (1091). En la Iglesia católica, las cenizas obtenidas después de quemar las ramas de las palmas del Domingo de Ramos se bendicen el Miércoles de Ceniza antes de misa. El sacerdote hace una cruz en la frente de los demás oficiantes y de los fieles con la ceniza, mientras recita sobre cada uno la fórmula: “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás”.

Jueves, quinto día de la semana litúrgica católica y cuarto de la civil. Llamado así desde que los romanos dedicaran este día al planeta Júpiter, (dies) Jovis, por Jove o Júpiter, soberano de todos los dioses y del cielo. Las lenguas de origen latino, como el castellano, conservan esa raíz: jeudi en francés y giovedì en italiano. La denominación inglesa, Thursday, procede de Thor, dios nórdico del trueno. En danés y en sueco se denomina Torsdag. En alemán es Donnerstag, 'día del trueno'.

Jueves Santo, el jueves previo al domingo de Pascua, es celebrado por los cristianos en conmemoración de la Ultima Cena de Cristo. En la Iglesia católica y en muchas iglesias protestantes, la eucaristía se celebra en una liturgia vespertina que incluye la sagrada comunión. La ceremonia de lavar los pies o pedilavium, se realiza durante la liturgia católica: el celebrante lava los pies de doce personas para conmemorar el lavado de pies de los discípulos de Cristo.

Viernes, sexto día de la semana litúrgica católica y quinto de la civil. En el calendario romano se llamaba (dies) Veneris ('día de Venus'), por ser el día dedicado al planeta que personificaba a la diosa del amor. Como en castellano, las lenguas románicas conservan esa raíz: vendredi en francés y venerdì en italiano. Para los pueblos germánicos, era un día consagrado a Frigg o Frija, consorte de Odín y diosa nórdica también del amor y de la belleza.

Las lenguas germánicas, como el inglés (Friday) y el alemán (Freitag), designan este día por medio de una variante del alto alemán Friatag ('día de Frija'). Mas para muchos pueblos eslavos el viernes no es considerado el sexto día de la semana, como revela el nombre ruso pyatnitza o 'quinto día'. Es fiesta musulmana, por ser el día elegido por Mahoma en conmemoración del 'sexto día' de la creación, y para diferenciar su religión de la cristiana y de la judía. En la religión cristiana el día está consagrado a la memoria de la crucifixión de Cristo.

El teólogo griego Clemente de Alejandría y otros autores de la antigüedad indican que desde los primeros tiempos de la cristiandad el viernes era observado con ayuno y oración. En la Iglesia ortodoxa griega, como era en sus inicios costumbre en la Iglesia católica, el viernes es un día de abstinencia, lo que significa que no se puede comer carne, excepto cuando coincide con un día de fiesta señalado, como la Navidad. Precisamente por ello en España se suele utilizar la expresión “cara de viernes” para designar a la persona macilenta o triste. El viernes ha sido considerado desde hace mucho tiempo como un día aciago. Esta superstición puede ser debida al acontecimiento de la crucifixión de Cristo en ese día, que se vio reforzada por el hecho de que fue durante muchos años el día de ejecución de criminales. Habitualmente se le ha llamado “día del verdugo”.

Viernes Santo, viernes anterior a la Pascua de Resurrección, celebrado por los cristianos como la conmemoración de la muerte de Jesucristo. Desde los comienzos de la Iglesia católica, este día se dedicaba a la penitencia, el ayuno y la oración. La liturgia del Viernes Santo se compone de cuatro partes diferenciadas: lecturas bíblicas y oraciones solemnes, incluyendo la lectura de la Pasión según san Juan, la adoración de la cruz, la comunión de los fieles y las devociones populares. El Viernes Santo era el día de la Parasceve, preparación de la Pascua, cuando Jesucristo murió en la cruz. Sin embargo, en 1955 el papa Pío XII decretó cambiar su denominación por “Viernes de la Pasión y Muerte del Señor”. El Viernes Santo, viernes de la Semana Santa, es fiesta oficial en muchos países cristianos.

Sábado, séptimo día de la semana litúrgica católica y sexto de la civil. En español, como en italiano (sabato), la palabra se deriva de shabat, que para los judíos es sagrado, además de ser el único día de la semana que tiene nombre, pues los demás sólo tienen número. La palabra shabat deriva de la palabra hebrea que significa ‘descansar’, en referencia a la prohibición de trabajar desde el atardecer del viernes al del sábado. Durante los primeros tiempos de la cristiandad el día sagrado fue trasladándose al primer día de la semana, el domingo, considerado más apropiado por ser el día en que comenzó la creación y el de la resurrección de Jesucristo. En Suecia el sábado se llama Lördag, o día del Señor, y en Dinamarca y Noruega, Lørdag. Varias sectas cristianas, especialmente los adventistas del Séptimo Día, han vuelto a la práctica del Antiguo Testamento y consideran el sábado como día de culto. Los romanos lo llamaban (dies) Saturni en honor del planeta dedicado al dios Saturno y los anglosajones Sater-daeg, que derivó en Saturday.

Enero, primer mes del año en el calendario gregoriano, consta de 31 días. El nombre procede de Jano, el dios romano de las puertas y los comienzos. Enero era el undécimo mes del año en el antiguo calendario romano; aunque en el siglo I a.C., con la reforma de Julio César que estableció el que se conoce como calendario juliano, pasó a ser considerado como el primer mes. El 1 de enero, los romanos ofrecían sacrificios a Jano para que bendijera el nuevo año. Su símbolo era una cabeza de dos caras, mirando al Este y al Oeste, por donde sale y se pone el Sol.

Febrero, segundo mes del calendario gregoriano. El nombre procede de la palabra latina Februa, denominación de los festivales de expiación y purificación que se celebraban en la antigua Roma durante este mes. Originalmente no estaba incluido en el calendario romano, que comenzaba en marzo. Según parece, el rey Numa Pompilio (véase Monarquía de Roma) añadió el mes de enero al inicio del año y el de febrero al final; sin embargo, en el año 452 a.C. fue situado en segundo lugar en el calendario romano. Febrero tenía originalmente una duración de 29 días, aunque posteriormente se transfirió un día al mes de agosto. Actualmente tiene 28 días en años ordinarios y se añade un vigésimo noveno día en años bisiestos. El 14 de febrero, Día de San Valentín, se celebra la fiesta de los enamorados.

Marzo, tercer mes del actual calendario gregoriano. Para los romanos, que nombraron este mes en honor de Marte, dios de la guerra, marzo era el primer mes del año. El calendario gregoriano procede de la reforma que ordenó el papa Gregorio XIII en 1582; fue aceptado inmediatamente por los países católicos, pero no por los luteranos, quienes tardaron más tiempo en incorporarlo. Hasta entonces, marzo fue el primer mes oficial del año y comenzaba el día 25. El equinoccio de la primavera (véase Eclíptica) tiene lugar el 20 o 21 de este mes.

Abril, cuarto mes del calendario gregoriano, consta de 30 días. Los romanos dieron a este mes el nombre de Aprilis, derivado de aperire, ‘abrir’, probablemente porque es la estación en la que empiezan a abrirse las flores. En la lengua anglosajona era denominado Eostre, de Easter (Pascua). El 23 de abril se celebra en España el Día del Libro, aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes. Desde hace unos años, dado que ese día también es el aniversario del nacimiento y la muerte de William Shakespeare —aunque en realidad no coincidieran ambas fechas pues Inglaterra no había incorporado todavía el calendario gregoriano—, la Unión Europea decidió también celebrar en esa fecha el Día del Libro.

Mayo, quinto mes del año; consta de 31 días. Era el tercer mes en el antiguo calendario romano y tradicionalmente se acepta que debe su nombre a Maia, la diosa romana de la primavera y los cultivos. Las celebraciones en honor de Flora, la diosa de las flores, alcanzaban su punto culminante en la antigua Roma el 1 de mayo. En Europa se levantaban mayos (palos de mayo) en las aldeas adornados con espinos en flor el 1 de mayo. En muchos países, el 1 de mayo es una fiesta en honor de los trabajadores y trabajadoras, y es conocido también como Día del Trabajo (véase también Primero de Mayo). En el hemisferio norte, mayo es el último mes de la estación de la primavera.

Junio, sexto mes del año en el calendario gregoriano; consta de 30 días. La etimología del nombre es dudosa. Diferentes autoridades derivan el nombre de la diosa romana Juno, la diosa del matrimonio, o del nombre de un clan romano, Junius. Otra teoría localiza el origen del nombre en el latín iuniores (jóvenes) en oposición a maiores (mayores) para mayo, que son los dos meses dedicados a la juventud y a la vejez respectivamente. Junio era el cuarto mes en el antiguo calendario romano. Cuando Julio César estableció la reforma del calendario, junio tenía 29 días, a los que César añadió un trigésimo. En el hemisferio norte el 21 de junio termina la primavera y comienza el verano. En el hemisferio sur termina el otoño y comienza el invierno.
Julio, séptimo mes del año en el calendario moderno; consta de 31 días. Era el quinto mes del año en el calendario romano primitivo y por eso fue llamado Quintilis, o quinto mes, por los romanos. Fue el mes en el que nació Julio César, y en el 44 a.C., año de su asesinato, el mes recibió el nombre de julio en su honor.

Agosto, octavo mes del año. Dado que era el sexto mes del calendario romano, que comienza en marzo, fue originalmente llamado Sextilis (en latín, sextus, 'sexto'). Se le dio el nombre actual en honor del primero de los emperadores romanos, Cayo Julio César Octavio Augusto, por algunos de los más afortunados acontecimientos de su vida ocurridos durante este mes. Para igualarlo al quinto mes, cuyo nombre había cambiado de Quintilis a julio en honor de Julio César, se tomó un día del mes de febrero y se añadió a agosto.

Septiembre, noveno mes del calendario gregoriano. Era el séptimo mes del calendario romano y toma su nombre de la palabra latina septem, siete. Septiembre tiene 30 días. En el hemisferio norte, el 22 o 23 de septiembre marca el equinoccio de otoño, cuando acaba el verano y comienza el otoño; en el hemisferio sur esta fecha indica el final del invierno y la llegada de la primavera. Octubre, décimo mes del calendario gregoriano, consta de 31 días. Octubre era el octavo mes del antiguo calendario romano, tal y como su nombre indica: octubre, en latín octo, ‘ocho’. Cuando los romanos fijaron el 1 de enero como el comienzo del año, octubre se convirtió en el décimo mes. Algunas de las fiestas más sobresalientes de este mes son: la conmemoración del descubrimiento de América en 1492, fiesta que adopta la denominación de Día de la Hispanidad o de la Raza, y que se celebra en España y los países hispanoamericanos, y la fiesta de Halloween, que tiene lugar la noche del 31 de octubre, víspera del Día de Todos los Santos, y que se celebra en los países anglosajones, aunque cada vez más en los de habla hispana. Noviembre, undécimo mes del calendario gregoriano; consta de 30 días. Entre los romanos era el noveno mes (en latín, novem) de un año compuesto de 10 meses. Noviembre tuvo 29 días hasta que Augusto le dio 30 días. En Iberoamérica y España se celebran como fiestas religiosas el Día de Todos los Santos y el Día de los Difuntos. En los Estados Unidos se observa el cuarto jueves el Día de Acción de Gracias como fiesta familiar y civil. Diciembre, mes último y más festivo en el calendario gregoriano. Tiene 31 días. Diciembre era el décimo mes (en latín, decem, 'diez') en el calendario romano, pero se conservó el nombre en el actual ajuste. La temporada de Navidad, que culmina el 25 de diciembre, ha tomado algunas cosas de la naturaleza festiva de las saturnales, una fiesta romana celebrada en esta época del año en honor del dios Saturno.

INCLUSIÓN DE OTRAS DIVINIDADES Y HEREJÍAS

La absorción de los dioses nativos de los países vecinos se produjo cuando Roma conquistó el territorio circundante. Los romanos solían dar a los dioses locales del territorio conquistado los mismos honores que a los suyos propios. En muchas ocasiones, se invitaba a las divinidades recién asimiladas a mudar su residencia a nuevos santuarios en Roma. Además, el crecimiento de la ciudad atrajo a los extranjeros, a quienes se les permitió continuar el culto de sus propios dioses. Junto con Cástor y Pólux, gracias a este proceso de asimilación cultural, parecen haber contribuido al panteón romano Diana, Minerva, Hércules, Venus, y otras divinidades de menor rango, algunas de las cuales eran romanas y otras procedían de Grecia. Las diosas y dioses romanos importantes acabaron identificándose con las diosas y dioses griegos más antropomorfos, cuyos atributos y mitos también se incorporaron.

FESTIVIDADES RELIGIOSAS. El calendario religioso romano reflejaba la hospitalidad de Roma ante los cultos y divinidades de los territorios conquistados. Originalmente eran pocas las festividades religiosas romanas. Algunas de las más antiguas sobrevivieron hasta finales del imperio pagano, preservando la memoria de la fertilidad y los ritos propiciatorios de un primitivo pueblo agrícola. Sin embargo se introdujeron nuevas festividades que señalaron la naturalización de los nuevos dioses. Llegaron a incorporarse tantas fiestas que los días festivos eran más numerosos que los de trabajo. Entre las festividades religiosas romanas más importantes figuraban las saturnales, las Lupercales, las Equiria y los Juegos Seculares. Bajo el Imperio, las saturnales se celebraban durante siete días, del 17 al 23 de diciembre, durante el periodo en el que comienza el solsticio de invierno. Toda la actividad económica se suspendía, los esclavos quedaban transitoriamente libres, había intercambio de regalos y predominaba un ambiente de alegría. Las Lupercales era una antigua fiesta en la que originalmente se honraba a Luperco, un dios pastoril de los ítalos. La festividad se celebraba el 15 de febrero en la gruta del Lupercal en el monte Palatino, donde se suponía que una loba había amamantado a los legendarios fundadores de Roma, los gemelos Rómulo y Remo. Entre las leyendas romanas vinculadas con ellos se encuentra la de Fáustulo, el pastor que se suponía que había descubierto a los niños en la guarida de la loba y los había llevado a su casa, donde los crió su mujer Aca Larentia. Las Equiria, festival en honor de Marte, se celebraba el 27 de febrero y el 14 de marzo, tradicionalmente la época del año en la que se preparaban nuevas campañas militares.

Saturnales, fiestas en honor de Saturno que se celebraban del 17 al 23 de diciembre en la antigua Roma (véase Imperio romano). Los romanos asociaban a Saturno con el dios griego Cronos, gobernador del Universo durante la edad de oro. Durante el reinado de Domiciano las saturnales adquirieron una enorme importancia. Tenían lugar en el periodo más oscuro del año a la luz de velas y antorchas, con banquetes y bebidas, loterías y juegos de azar, e intercambio de regalos. Las fiestas comenzaban con un sacrificio en el templo de Saturno, al pie de la colina del Capitolio, en honor de este dios, celebración a la que seguía un banquete público abierto a todo el mundo. Durante las saturnales, los esclavos disfrutaban de gran libertad y eran liberados de sus obligaciones. Sus amos, que en estos días no contaban con servidumbre, se dedicaban a reunirse con los amigos para comer y charlar. En el siglo IV, el sabio Ambrosio Teodosio Macrobio describió estas fiestas en su obra Saturnalia.

Noche de Reyes, duodécima noche después de la Navidad que se celebra el 5 de enero, víspera de la festividad de la Epifanía, y que conmemora la visita de los tres Reyes Magos al niño Jesús en Belén. En los países de habla hispana existe la costumbre de que los Reyes Magos entren en las viviendas durante esa noche cuando todo el mundo duerme para dejar los regalos; en agradecimiento, se les obsequia un plato con dulces, agua o vino y, en algunos lugares, paja para alimentar a los camellos que han cargado desde Oriente con los regalos. En algunas ciudades y pueblos de España los Reyes Magos son recibidos con gran boato por las autoridades locales y se organizan cabalgatas y cortejos que recorren las ciudades entre la algarabía de los niños. Al día siguiente, los niños se divierten con sus nuevos juguetes y las familias se reúnen para comer la ‘rosca o roscón de reyes’, que incluye una pequeña sorpresa: el que la encuentra deberá pagar el roscón u organizar una fiesta. En los países de habla inglesa es, además, el día en que los adornos navideños se desmontan para conjurar la mala suerte del año que recién comienza. Antiguamente se celebraban grandes festejos y para señalar el fin de la Navidad se cocinaba un pastel especial en el que se escondía una legumbre (un haba, garbanzo o frijol) o una pequeña moneda de plata; al que le tocaba era nombrado ‘rey judío’ o ‘señor del desorden’ y debía encargarse de las diversiones de esa noche.
Con los años, las celebraciones empezaron a incluir bailes de máscaras y representaciones de teatro. Al parecer, para celebrar el año nuevo de 1601, los abogados londinenses encargaron a William Shakespeare una obra de teatro con el título de Noche de Reyes; sabemos con certeza que su compañía representó esta obra ante la reina Isabel I en el palacio de Whitehall y que el invitado de honor fue el noble italiano, Virginio Orsino, nombre que después Shakespeare daría al duque que aparece en esta obra. En Italia, la Beffana, una bruja buena, también ofrece regalos la noche del 5 de enero, costumbre similar a la que existe en Alemania y otros países.

Día de Año Nuevo, primer día del año, 1 de enero, en el calendario gregoriano. En la edad media, gran parte de los países europeos utilizaban el calendario juliano y observaban el Día de Año Nuevo el 25 de marzo, llamado Día de la Anunciación, y celebrado como el momento en que le fue revelado a María que daría a luz al Hijo de Dios. Con la introducción del calendario gregoriano en 1582, los países católicos comenzaron a celebrar el Día de Año Nuevo el 1 de enero. Tradicionalmente, se trataba de una fiesta religiosa, aunque en la actualidad la llegada del año nuevo es motivo de alegre celebración, lejos de ceremonias religiosas.

Día de Acción de Gracias, fiesta oficial en Estados Unidos y Canadá, celebrada por primera vez en Nueva Inglaterra en la época colonial. Su actual origen probablemente derive de las fiestas de la Cosecha, tradicionales en muchas partes del mundo. En 1621, después de que los peregrinos puritanos de Plymouth Rock (actual Massachusetts) recogieran la primera cosecha, el gobernador William Bradford proclamó un día de acción de gracias y oración, compartido por todos los colonos y tribus indígenas. Gradualmente se impuso en Nueva Inglaterra la costumbre de celebrar una vez al año la acción de gracias después de la cosecha. En 1863 el presidente Abraham Lincoln designó oficial el día de Acción de Gracias en todo el país. Hoy se celebra el cuarto jueves de noviembre.

Epifanía (en griego, epifaneia, apariencia), festividad celebrada el 6 de enero por las iglesias anglicanas, orientales y católica. La festividad tiene su origen, y se reconoce todavía en la Iglesia oriental, en el aniversario del bautismo de Cristo. En las iglesias occidentales, la Epifanía conmemora principalmente la revelación de Jesucristo a los gentiles como el Salvador, tal como se representa mediante la llegada de los Tres Hombres Sabios o Magos (Mat. 2, 1-12) que llevan oro, el regalo otorgado a los reyes, incienso, utilizado como signo de veneración en el altar de Dios, y mirra, utilizada en la preparación del cuerpo para su embalsamamiento tras la muerte. En ambas iglesias la festividad conmemora además las bodas de Caná (Jn. 2,1-11), donde Cristo realizó su primer milagro. La fiesta de la Epifanía, conocida por haber sido celebrada antes del año 194 d.C., es más antigua que la de Navidad y siempre ha sido una fiesta a la que se ha dado gran importancia en el calendario litúrgico cristiano y en la tradición civil. En la Iglesia oriental, durante la Epifanía, el agua santa es bendecida, rito que tiene lugar en la Iglesia católica el sábado santo, víspera de la Pascua.

Cuaresma, periodo de ayuno y penitencia observado según la tradición por los cristianos como preparación para Pascua. La duración del ayuno cuaresmal, durante el cual los fieles comen con mesura, fue establecido en el siglo IV y alcanzaba una duración de cuarenta días. En las iglesias orientales, donde tanto los sábados como los domingos se consideran días festivos, el periodo de Cuaresma se sitúa en las ocho semanas anteriores a Pascua; en las iglesias occidentales, donde sólo el domingo es considerado como un día festivo, el periodo de la cuarentena empieza el Miércoles de Ceniza y se prolonga, con la omisión de los domingos, hasta la víspera de Pascua. La observancia del ayuno u otras formas de autonegación durante la Cuaresma varía en las iglesias protestantes y anglicanas. Éstas hacen hincapié en la penitencia. La Iglesia católica ha suavizado en años recientes sus disposiciones acerca del ayuno. Según una constitución apostólica publicada por el papa Pablo VI en febrero de 1966, el ayuno y la abstinencia durante la Cuaresma son sólo obligatorios el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

Carnaval, fiesta popular que precede a la Cuaresma y se celebra en los países de tradición cristiana. La palabra procede de la expresión latina carnem levare, ‘quitar la carne’, aludiendo a la prohibición de comer carne durante los cuarenta días cuaresmales. Por lo general, se celebra durante los tres días, llamados carnestolendas, que preceden al Miércoles de Ceniza, comienzo de la Cuaresma en el calendario cristiano. El primer día de carnaval difiere de un país a otro. En Baviera y Austria, donde se le conoce como Fasching, comienza el 6 de enero, día de la Epifanía. En Colonia y otras partes de Alemania, la temporada empieza 11 minutos después de las 11 de la noche del 11 de noviembre. En algunos lugares de Francia y España se inicia el domingo de Quincuagésima (el domingo anterior al Miércoles de Ceniza, principio de la Cuaresma) y termina el Martes de Carnaval. En Italia y otros países mediterráneos comienza el jueves anterior, conocido como Jueves Gordo o Lardero, aunque en otros sitios el Jueves Lardero es el siguiente al Miércoles de Ceniza. Bailes de disfraces, máscaras y comparsas, desfiles de vistosas carrozas por las calles, así como banquetes caracterizan normalmente estas fiestas.

El carnaval tiene posiblemente su origen en fiestas paganas, como las del buey Apis e Isis en Egipto, las fiestas dionisíacas griegas y las bacanales, lupercales y saturnales romanas o las fiestas celtas del muérdago. Esta fiesta renació durante la edad media, al tiempo que se afirmaba la dureza cuaresmal (ayuno y abstinencia). Alcanzó después su máximo valor artístico en Venecia, presidida por el dux y el Senado, y en los bailes de máscaras (como el de la Ópera de París a partir de 1715). Ahora tiene su mayor expresión popular y turística en el Carnaval de Río, Nueva Orleans, Niza y Santa Cruz de Tenerife. Las máscaras (o el antifaz) son quizá el vestigio de las fiestas de Baco y Cibeles.

Lares, en la mitología romana, divinidades tutelares de las encrucijadas y de las regiones campesinas; también, y más habitualmente, dioses del hogar. Se veneraba a los lares compitales en el compitum, ‘encrucijadas’ donde se reunían cuatro parcelas de una propiedad. Según algunos modernos investigadores, los lares familiares, o ‘dioses del hogar’, que se distinguían claramente de los lares compitales, habrían sido espíritus divinizados de los antepasados muertos, a quienes se veneraba como espíritus divinos en contraste con los malignos verdugos, las larvae; de acuerdo con la teoría ampliamente aceptada, los lares del hogar eran también originalmente espíritus de los campos cultivados y sólo más tarde se les atribuyeron funciones domésticas. El lar familiaris, ‘espíritu guardián del hogar’, era el centro del culto familiar, y los escritores romanos solían emplear la palabra lar con el significado de ‘hogar’. Durante el periodo de la República Romana cada hogar tenía sólo un lar familiaris, pero bajo el Imperio Romano se veneraban regularmente dos lares, que llegaron a identificarse con los penates. La religión oficial del Estado incluía el culto de los ‘lares públicos’ o lares praestites, guardianes de la ciudad, que tenían un templo y un altar en la vía Sacra, cerca del monte Palatino.

Celibato, estado del soltero que conlleva la abstinencia de actividad sexual. Considerado como forma de ascetismo, ha sido practicado en muchas tradiciones religiosas: en el antiguo judaísmo, por los esenios, y en el budismo, el jainismo y el hinduismo por los miembros de grupos monásticos. En el cristianismo, el celibato ha sido practicado por monjes y monjas tanto en las Iglesias occidentales como en las orientales. En la Iglesia ortodoxa, se permite al clero parroquial casarse antes de la ordenación, pero los obispos son seleccionados entre el clero célibe. En la Iglesia católica, se exige el celibato para todo el clero en el rito latino.

La Iglesia sostiene que esta práctica es sancionada, aunque no exigida, por el Nuevo Testamento, basando su afirmación en lo que asegura haber sido la tradición constante de la Iglesia y sobre todo en varios textos bíblicos (1 Cor. 7, 6-7, 25; Mt. 19,12). Los principios sobre los que se fundamenta la ley del celibato son 1) que el clero puede servir a Dios con más libertad y con un corazón íntegro; 2) que siendo llamados para servir a Jesucristo, pueden abrazar la vida santa a partir del autodominio. Esta doctrina no implica que el matrimonio no sea un estado de santidad, sino tan sólo que el celibato es un estado de mayor perfección. El celibato, sin tener relación doctrinal con la Iglesia católica, es considerado como una simple ley disciplinaria. La dispensa de la obligación del celibato ha sido otorgada al clero , de modo ocasional, bajo circunstancias excepcionales, por ejemplo, para proveer de un heredero a una familia noble en peligro de extinción.

DOCTRINA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN (Mariolatría)

En la edad media, los frailes franciscanos, inspirados por el teólogo del siglo XIII Juan Duns Escoto, defendieron y predicaron la doctrina de la Inmaculada Concepción, que afirma que la Virgen María nació sin pecado original. A pesar de la oposición de los dominicos, para quienes se restaba valor al papel de Cristo como salvador universal, el papa Sixto IV la defendió, estableciendo en 1477 la festividad de la Inmaculada Concepción el día 8 de diciembre con una misa propia. En 1708 el papa Clemente XI extendió esta festividad a toda la Iglesia occidental y, en 1854, Pío IX publicó un decreto solemne definiendo la Inmaculada Concepción para todos los católicos, doctrina que no ha sido aceptada por las Iglesias protestante y ortodoxa, ni por los llamados viejos católicos. En 1950 el papa Pío XII decretó, de igual modo, la asunción de la Virgen a los cielos en cuerpo y alma como un dogma de fe para todos los católicos.

Virgen María, madre de Jesucristo, venerada en el cristianismo desde los tiempos de los primeros apóstoles. El islam también la venera como la virgen sin pecado Marian. Los Evangelios sólo proporcionan un relato fragmentado de su existencia, mencionándola en relación con los comienzos y el final de la vida de Jesús. Mateo habla de ella como esposa de José que “concibió por obra del Espíritu Santo” antes de que “conviviesen” como marido y mujer (Mt. 1,18). Después de nacer Jesús, María está presente en la visita de los Reyes Magos (Mt. 2,11), en la huida a Egipto (Mt. 2,14) y de regreso a Nazaret (Mt. 2,23). Marcos sólo habla de ella como madre de Jesús (Mt. 6,3).

La Natividad de Lucas incluye la anunciación del ángel Gabriel a María de la llegada de Jesús (Lc. 1,27-38); la visita a Isabel, madre de Juan el Bautista y pariente; el himno de María, el Magníficat (Lc. 39,56) y la visita de los pastores al portal de Belén (Lc. 39,56). Lucas también se refiere a la perplejidad de María cuando encontró a Jesús en el Templo discutiendo con los doctores a los 12 años. El Evangelio según san Juan no habla de la infancia de Jesús ni menciona el nombre de María, a la que se refiere como “la madre de Jesús” (Jn. 2,19), que está presente en el primer milagro de Jesús en las bodas de Caná (Jn. 2, 1,3,5) y en su muerte (Jn. 19, 25-27). También se menciona a María en el monte de los Olivos con los apóstoles y los hermanos de Jesús antes de Pentecostés (He. 1,14). Ya en el siglo II los cristianos veneraban a la Virgen llamándola Madre de Dios para resaltar la divinidad de Jesús.

Durante las controversias del siglo IV respecto a la naturaleza divina y humana de Jesús, las escrituras devocionales y teológicas empezaron a referirse a la Virgen con el título griego de Theotokos (Madre de Dios). El monje sirio Nestorio (fallecido c. 451) impugnó este uso, insistiendo en que María era madre de Jesús, pero no de Dios. El Concilio de Éfeso (431) condenó sus enseñanzas y afirmó de forma solemne que María era Theotokos, término utilizado tanto por la Iglesia ortodoxa como por la Iglesia católica. Muy vinculado al de Virgen María, el calificativo de Madre de Dios pone de relieve la concepción virginal de Jesús (Lc. 1,35), reafirmando que su verdadero padre es Dios y no José. En la devoción mariana que se desarrolló en Oriente durante el siglo IV, la Virgen María fue venerada tanto por la concepción como por el nacimiento de Jesús, doctrina que los credos bautismales del siglo IV de Chipre, Siria, Palestina y Armenia (373-374) expresaban con claridad. A partir de mediados del siglo VII se utilizó el título de Aieiparthenos (siempre-virgen) para expresar la certidumbre de su virginidad.

Los pasajes del Nuevo Testamento que mencionan a los hermanos de Jesús (Mc. 6,3, donde también se citan hermanas; 1 Cor. 9,5 y Gál. 1,19) han sido interpretados como referencias a parientes de Jesús o a hijos de José de un matrimonio anterior, aunque ninguna evidencia textual fundamenta estas interpretaciones. Virgen santa o bendita, como se la llamó desde los siglos II y III, expresa la creencia de que su íntima unión con Dios a través del Espíritu Santo en la concepción de Jesús (Lc. 1,35), la dejó libre de pecado. Un concilio romano celebrado en 680 se refirió a ella como “siempre virgen santísima e inmaculada”. Entre los siglos IV y VII surgieron en la Iglesia oriental y en la occidental festividades en honor de varios acontecimientos de la vida de María. La Natividad de la Virgen, narrada en el protoevangelio apócrifo de Santiago, se celebra el 8 de septiembre, el 25 de marzo la Anunciación, el 2 de febrero su purificación en el templo y el 15 de agosto su muerte (llamada Dormición en la Iglesia oriental) y Asunción a los cielos.

Amuleto, cualquier objeto empleado con fines mágicos. Con frecuencia suele ser una piedra, o un trozo de metal, con una inscripción grabada. Se lleva normalmente colgado del cuello para protegerse de la enfermedad o la brujería. Los antiguos egipcios usaban amuletos en forma de collar. Entre los griegos recibía el nombre de phylaktçrion. Los amuletos judíos, tiras de pergamino que contenían pasajes de la Ley, eran empleados por la Escuela Farisaica como símbolos de piedad, pero también se usaban para protegerse de los malos espíritus o alejar la desgracia. El uso de amuletos pasó a la Iglesia cristiana con la inscripción de ichthys (en griego ‘pez’), nombre que contenía las iniciales correspondientes a las palabras griegas de Jesucristo, Hijo de Dios, El Salvador. Los gnósticos usaban piedras abraxas, gemas que llevaban inscrita esta palabra griega. Los amuletos se convirtieron en un objeto tan común entre los cristianos que en el siglo IV se prohibió al clero su fabricación o uso bajo pena de quedar privados de sus órdenes sagradas; en el año 721 el uso de amuletos fue condenado de forma solemne por la Iglesia.

Rosario, sarta de cuentas o cordón de nudos utilizado para contar oraciones. El término también se aplica a las oraciones mismas. Los rosarios se emplean en muchas religiones: budismo, hinduismo, islam y cristianismo. Se asocian más a menudo con los católicos dentro del cristianismo y también son utilizados por algunos anglicanos así como por los ortodoxos, para quienes es casi, de forma exclusiva, una actividad monástica. En la práctica católica, el rosario es una cuerda con cuentas ensartadas, que se cierra en forma de un círculo. Se abre a una cuerda pequeña, con 3 cuentas, y de la que pende un crucifijo al acabar cada decena. En el islam el rosario lleva 33 o 99 cuentas de color ámbar y su práctica consiste en contar toda la serie para recitar los 99 nombres más hermosos de Alá recogidos en el Corán. Los rosarios hindúes y budistas se componen de 108 cuentas (112 en el budismo japonés). En el budismo, las 108 cuentas simbolizan los 108 pecados o fallos a los que tiende la especie humana. En el jainismo también se emplea un rosario de 150 cuentas.

Misa, sacrificio religioso incruento vinculado al cristianismo que tiene como acto primordial la celebración de la eucaristía y que va acompañado de una liturgia de cantos, lecturas, oraciones y otras ceremonias. El término ha sido utilizado por la Iglesia católica y algunas iglesias anglicanas. Otras iglesias protestantes llaman “santa comunión” o “cena del Señor” a este rito. Las iglesias ortodoxas orientales lo denominan “divina liturgia”. La palabra “misa” proviene etimológicamente de la latina missa (despedida). Fue tomada de la fórmula “Ite, missa est” (“Id, es la despedida”) con que se disolvía la congregación. La forma más primitiva de celebración era la eucaristía doméstica. Los restos arqueológicos muestran que desde el siglo III al siglo IV, las comunidades cristianas celebraban la misa en casas más grandes. El obispo local presidía la eucaristía. Después de que el emperador romano Constantino I el Grande promulgara el Edicto de Milán (313), los edificios públicos romanos llamados basílicas fueron adaptados a la celebración de la eucaristía del obispo.

Catolicidad, en griego, universal. El primero que aplica el término de católica a la Iglesia es san Ignacio de Antioquía, martirizado en la persecución que promueve el emperador Trajano contra los cristianos a principios del siglo II. En la profesión de fe que se llama símbolo niceno-constantinopolitano, por las resoluciones de los concilios de Nicea y Constantinopla, se afirma que la catolicidad es una de las cualidades esenciales de la Iglesia (una, santa, católica y apostólica). Con ello se quiere expresar que todas las personas, de cualquier raza, condición y cultura tienen lugar y cabida dentro de la Iglesia. En virtud de la catolicidad cada una de las partes colabora y enriquece al resto, sin por ello perder sus propias características. Después de la Reforma protestante, la expresión católica se utiliza como distintivo de la Iglesia que permanece unida bajo la autoridad del romano pontífice.
Clero, término aplicado a los ministros de la Iglesia cristiana en contraste con los legos. La palabra clero también se suele utilizar para referirse al cuerpo de ministros de otras religiones, como el judaísmo.

Arzobispo, prelado cristiano, el primero entre sus iguales en una provincia eclesiástica. Preside ciertas actividades en su provincia eclesiástica, unido a los obispos de la misma, y también ejercita la autoridad episcopal en su propia diócesis. El término se utilizó primeramente en el siglo VI por los obispos de las cinco sedes principales de la cristiandad (Roma, Alejandría, Antioquía, Constantinopla, y Jerusalén), quienes ejercitaban tal autoridad entre sus respectivas provincias. La función (aunque no el título) de arzobispo se desarrolló a partir del de obispo metropolitano, que presidía diferentes diócesis. En la Iglesia católica, los arzobispos ocupan ciertas sedes importantes y disfrutan de una autoridad provincial limitada. En la Iglesia de Inglaterra, los arzobispos de Canterbury y York son los metropolitanos de sus respectivas sedes y ambos son cabezas de la Iglesia anglicana, con la autoridad superior atribuida a Canterbury. El título de arzobispo en las iglesias ortodoxas es habitualmente honorífico.

Cardenal (título) (latín, cardinalis, 'central', 'principal', de cardo, 'quicio'), el más alto dignatario de la Iglesia católica después del papa, del que es elector y consejero. El título de cardenal se asignó en el periodo posterior a los concilios de Nicea, al clérigo dirigente de cualquier catedral. Más tarde fue restringido a miembros distinguidos del clero en Roma. Poco a poco, los sacerdotes que dirigían las iglesias parroquiales en Roma empezaron a llamarse sacerdotes cardenales; los diáconos que, como procedimiento habitual, administraban las obras de caridad de una determinada región de la ciudad, fueron adquiriendo el título de diáconos cardenales y los obispos a cargo de las sedes suburbanas de Roma, el de obispos cardenales. Hasta finales de la edad media el término cardinal se utilizaba para designar a destacados sacerdotes de iglesias importantes, como las de Constantinopla, Nápoles y Milán. Los cardenales son elegidos por el papa y constituyen el Sacro Colegio.

Santísima Trinidad, en la teología cristiana, doctrina que afirma la existencia de Dios como tres personas —Padre, Hijo y Espíritu Santo— unidas en una misma substancia o ser único. La doctrina no aparece con claridad en el Nuevo Testamento, donde la palabra Dios se refiere sin variación al Padre; aunque ya Jesucristo, el Hijo, es considerado en una relación única con el Padre, mientras el Espíritu Santo aparece además como una divinidad distinta. El término trinitas fue utilizado por primera vez en el siglo II por el teólogo latino Tertuliano, aunque el concepto se perfiló en el curso de los debates sobre la naturaleza de Cristo. En el siglo IV la doctrina quedó formulada por completo; utilizando la terminología todavía usual entre los teólogos cristianos, afirmaba la igualdad de las personas de la Divinidad entre sí.

En Occidente De Trinitate (400-416), la influyente obra del teólogo san Agustín de Hipona (siglo IV), comparaba el Dios uno y trino con estructuras análogas de la mente humana y sugería que el Espíritu Santo puede ser asimilado como el amor mutuo que media entre el Padre y el Hijo (aunque este segundo aspecto parece difícil de reconciliar con la creencia de que el Espíritu Santo es un integrante de la Trinidad, igual y distinto a la vez). La insistencia en la igualdad, sin embargo, nunca se ha considerado perjudicial respecto a una cierta primacía del Padre, de quien proceden las otras dos personas. Para una adecuada comprensión de la concepción trinitaria de Dios, las distinciones entre las personas de la Trinidad no deben estar tan definidas como para que llegue a parecer o sugerir una pluralidad de dioses, ni permitir que esas distinciones desaparezcan en un monismo abstracto e indiferenciado. La doctrina de la trinidad puede comprenderse desde distintos planos o perspectivas. En uno ellos, constituye un medio para interpretar la palabra Dios en el discurso cristiano.

Dios no es sólo una palabra dotada de sentido en el cristianismo y necesita una definición específica en la teología cristiana. Esta necesidad de una definición específica para los cristianos ya aparece en el Nuevo Testamento cuando Pablo dice: "así se cuenten muchos dioses y muchos señores, sin embargo, para nosotros, no hay más que un sólo Dios, que es el Padre..., y un sólo Señor, Jesucristo" (1 Cor. 8, 5-6). Estas palabras constituyen el comienzo de un proceso de clarificación y definición, cuyo momento culminante es la doctrina de la Trinidad.

En otro plano, esta doctrina puede ser considerada como una transcripción de la experiencia cristiana: el dios de la tradición hebrea se ha dado a conocer de una forma nueva, primero en la persona de Cristo, y después en el Espíritu que inspiró a la Iglesia. En un tercer plano, más especulativo, de comprensión, la doctrina revela el dinamismo de la concepción cristiana de Dios, implicando las nociones de un origen, una venida y un regreso (ser primordial, expresivo, y unitario). En este sentido la doctrina cristiana tiene paralelismos en la filosofía (el Absoluto del filósofo alemán del siglo XIX George Wilhelm Friedrich Hegel) y en otras religiones (el Trimurti del hinduismo).

Libre albedrío, poder o capacidad del individuo para elegir una línea de acción o tomar una decisión sin estar sujeto a limitaciones impuestas por causas antecedentes, por la necesidad, o por la predeterminación divina. Un acto libre por entero es en sí mismo una causa y no un efecto; está fuera de la secuencia causal o de la ley de la causalidad. La cuestión de la capacidad del ser humano para determinar sus acciones es importante en la filosofía occidental, en particular en la metafísica en la ética, así como en la teología. Por lo general, la doctrina extrema en la que se afirma la libertad de la voluntad se llama libertarismo; su opuesta, determinismo, es aquella donde la acción humana no se dispone con autonomía, sino que más bien es el resultado de influencias tales como las pasiones, los deseos, las condiciones físicas y las circunstancias externas fuera del control del individuo.
El libre albedrío es importante en el ámbito teológico. Uno de los dogmas básicos de la teología cristiana tradicional es que Dios es omnisciente y omnipotente, y que todo acto humano está predeterminado por Dios. La doctrina de la predestinación, la réplica teológica al determinismo, impide en teoría la existencia del libre albedrío. Ya que la moral, el deber y la evitación del pecado son también elementos básicos en la enseñanza cristiana, ¿cómo, se pregunta la teología, puede la gente ser responsable en el plano moral una vez que se acepta la predestinación?

Se han hecho muchos intentos por los teólogos para explicar esta paradoja. San Agustín, el principal padre y doctor de la Iglesia creía con firmeza en la predestinación; sostenía que sólo los elegidos por Dios alcanzarían la salvación; nadie sabe, sin embargo, quién está entre los elegidos, y por tanto todo lleva al temor de Dios, a la vida religiosa.

La libertad, para él, era el don de la gracia divina. A esto se opuso el monje británico Pelagio y en especial los seguidores de su doctrina, el pelagianismo, para los que el pecado de Adán concernía exclusivamente a Adán, y no a la especie humana en su totalidad, y que todo el mundo, aunque ayudado por la gracia divina para alcanzar la salvación, tiene libertad completa en su voluntad para elegir o rechazar el camino hacia Dios. Más tarde, los teólogos católicos fijaron la doctrina de la gracia previa para explicar el libre albedrío; de acuerdo con esta interpretación, Dios concedía a determinadas personas la gracia para actuar por sí mismos, dentro de un estado de gracia. Durante la Reforma, la cuestión del libre albedrío se convirtió en campo de batalla religioso. Muchas sectas protestantes, en particular las calvinistas pusieron de relieve la doctrina agustina de la predestinación y la total exclusión del libre albedrío.

La predestinación calvinista fue considerada una herejía por la Iglesia católica, y el Concilio de Trento, en el siglo XVI, condenó a todos los que rechazaban el libre albedrío. El problema no estaba resuelto todavía. El prelado francés católico Jacques Bénigne Bossuet ofreció aun otro enfoque, que llegó a ser muy apreciado; afirmaba que el libre albedrío y la presciencia divina son verdades seguras que deben aceptarse aunque no estén relacionadas en un orden lógico.

La basílica Lugar de culto y congregación para los cristianos que requiere una gran nave. La basílica romana se convirtió en el modelo para las grandes y pequeñas iglesias. En Roma, los lugares de cultos paganos se convirtieron en basílicas de enormes tejados de madera, todas erigidas entre los siglos IV y V, como la primitiva de San Pedro (reconstruida en el siglo XVI), San Pablo extramuros y Santa María la Mayor, entre otras. La planta incluía un atrio o entrada, un nártex o pórtico, una gran nave central flanqueada por dos naves laterales, un transepto que cruza la nave, un ábside semicircular o poligonal (orientado al este y reservado para el clero) opuesto a la nave. En frente del ábside se encuentra el altar. Los materiales de construcción (columnas, paneles decorativos, mampostería, tejas de bronce) fueron extraídos de edificios imperiales que se incorporaron a las nuevas estructuras.

Caballeros Templarios, miembros de una orden medieval de carácter religioso y militar, cuya denominación oficial era Orden de los Pobres Caballeros de Cristo (también Orden del Temple). Fueron conocidos popularmente como los Caballeros del Templo de Salomón, o Caballeros Templarios, porque su primer palacio en Jerusalén era adyacente a un edificio conocido en esa época como el Templo de Salomón. La Orden se constituyó a partir de un pequeño grupo militar formado en Jerusalén en el año 1119 por dos caballeros franceses, Hughes de Payns y Godofredo de Saint Omer. Su objetivo era proteger a los peregrinos que visitaban Palestina tras la primera Cruzada. Desde su nacimiento tuvo un fin militar, por lo que la Orden se diferenciaba a este respecto de las otras dos grandes órdenes religiosas del siglo XII: los Caballeros de San Juan de Jerusalén y los Caballeros Teutónicos, fundadas como instituciones de caridad.

La Orden obtuvo la aprobación papal y en 1128, en el Concilio eclesiástico de Troyes, recibió unos preceptos austeros que seguían estrechamente las pautas de la orden monástica de los cistercienses. La Orden Templaria estaba encabezada por un gran maestre (con rango de príncipe), por debajo del cual existían tres rangos: caballeros, capellanes y sargentos. Los primeros eran los miembros preponderantes y los únicos a los que se les permitía llevar la característica vestimenta de la Orden, formada por un manto blanco con una gran cruz latina de color rojo en su espalda. El cuartel general de los Caballeros Templarios permaneció en Jerusalén hasta la caída de la ciudad en manos de los musulmanes en el año 1187; más tarde se localizó, sucesivamente, en Antioquía, Acre, Cesarea y por último en Chipre. Como los Caballeros Templarios enviaban regularmente dinero y suministros desde Europa a Palestina, desarrollaron un eficiente sistema bancario en el que los gobernantes y la nobleza de Europa acabaron por confiar. Se convirtieron gradualmente en los banqueros de gran parte de Europa y lograron amasar una considerable fortuna.

La santa Inquisición, institución judicial creada por el pontificado en la edad media, con la misión de localizar, procesar y sentenciar a las personas culpables de herejía. En la Iglesia primitiva la pena habitual por herejía era la excomunión. Con el reconocimiento del cristianismo como religión estatal en el siglo IV por los emperadores romanos, los herejes empezaron a ser considerados enemigos del Estado, sobre todo cuando habían provocado violencia y alteraciones del orden público. San Agustín aprobó con reservas la acción del Estado contra los herejes, aunque la Iglesia en general desaprobó la coacción y los castigos físicos. En el siglo XII, en respuesta al resurgimiento de la herejía de forma organizada, se produjo en el sur de Francia un cambio de opinión dirigida de forma destacada contra la doctrina albigense. La doctrina y práctica albigense parecían nocivas respecto al matrimonio y otras instituciones de la sociedad y, tras los más débiles esfuerzos de sus predecesores, el papa Inocencio III organizó una cruzada contra esta comunidad. Promulgó una legislación punitiva contra sus componentes y envió predicadores a la zona. Sin embargo, los diversos intentos destinados a someter la herejía no estuvieron bien coordinados y fueron relativamente ineficaces.

La Inquisición en sí no se constituyó hasta 1231, con los estatutos Excommunicamus del papa Gregorio IX. Con ellos el papa redujo la responsabilidad de los obispos en materia de ortodoxia, sometió a los inquisidores bajo la jurisdicción del pontificado, y estableció severos castigos. El cargo de inquisidor fue confiado casi en exclusiva a los franciscanos y a los dominicos, a causa de su mejor preparación teológica y su supuesto rechazo de las ambiciones mundanas. Al poner bajo dirección pontificia la persecución de los herejes, Gregorio IX actuaba en parte movido por el miedo a que Federico II, emperador del Sacro Imperio Romano, tomara la iniciativa y la utilizara con objetivos políticos. Restringida en principio a Alemania y Aragón, la nueva institución entró enseguida en vigor en el conjunto de la Iglesia, aunque no funcionara por entero o lo hiciera de forma muy limitada en muchas regiones de Europa. Dos inquisidores con la misma autoridad —nombrados directamente por el Papa— eran los responsables de cada tribunal, con la ayuda de asistentes, notarios, policía y asesores. Los inquisidores fueron figuras que disponían de imponentes potestades, porque podían excomulgar incluso a príncipes.

En estas circunstancias sorprende que los inquisidores tuvieran fama de justos y misericordiosos entre sus contemporáneos. Sin embargo, algunos de ellos fueron acusados de crueldad y de otros abusos. Los inquisidores se establecían por un periodo definido de semanas o meses en alguna plaza central, desde donde promulgaban órdenes solicitando que todo culpable de herejía se presentara por propia iniciativa. Los inquisidores podían entablar pleito contra cualquier persona sospechosa. A quienes se presentaban por propia voluntad y confesaban su herejía, se les imponía penas menores que a los que había que juzgar y condenar. Se concedía un periodo de gracia de un mes más o menos para realizar esta confesión espontánea; el verdadero proceso comenzaba después. Si los inquisidores decidían procesar a una persona sospechosa de herejía, el prelado del sospechoso publicaba el requerimiento judicial.

La policía inquisitorial buscaba a aquellos que se negaban a obedecer los requerimientos, y no se les concedía derecho de asilo. Los acusados recibían una declaración de cargos contra ellos. Durante algunos años se ocultó el nombre de los acusadores, pero el papa Bonifacio VIII abrogó esta práctica. Los acusados estaban obligados bajo juramento a responder de todos los cargos que existían contra ellos, convirtiéndose así en sus propios acusadores. El testimonio de dos testigos se consideraba por lo general prueba de culpabilidad. Los inquisidores contaban con una especie de consejo, formado por clérigos y laicos, para que les ayudaran a dictar un veredicto. Les estaba permitido encarcelar testigos sobre los que recayera la sospecha de que estaban mintiendo.
Cruzadas, expediciones militares realizadas por los cristianos de Europa occidental, normalmente a petición del Papa, que comenzaron en 1095 y cuyo objetivo era recuperar Jerusalén y otros lugares de peregrinación en Palestina, en el territorio conocido por los cristianos como Tierra Santa, que estaban bajo control de los musulmanes.

Los historiadores no se ponen de acuerdo respecto a su finalización, y han propuesto fechas que van desde 1270 hasta incluso 1798, cuando Napoleón I conquistó Malta a los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, una orden militar establecida en esa isla durante las Cruzadas. El vocablo cruzada (de ‘cruz’, el emblema de los cruzados) se aplicó también, especialmente en el siglo XIII, a las guerras contra los pueblos paganos, contra los herejes cristianos y contra los enemigos políticos del Papado. Por extensión, el término se emplea para describir cualquier guerra religiosa o política y, en ocasiones, cualquier movimiento político o moral. Así, en España, los alzados contra el gobierno republicano en 1936 pronto denominaron a la guerra iniciada por ellos mismos (1936-1939) Cruzada, por considerar que su objetivo era vencer el ateísmo.

El origen de las Cruzadas está enraizado en el cataclismo político que resultó de la expansión de los Selyúcidas en el Próximo Oriente a mediados del siglo XI. La conquista de Siria y Palestina llevada a cabo por los Selyúcidas islámicos alarmó a los cristianos de occidente. Otros invasores turcos también penetraron profundamente en el igualmente cristiano Imperio bizantino y sometieron a griegos, sirios y armenios cristianos a su soberanía. Las Cruzadas fueron, en parte, una reacción a todos estos sucesos. También fueron el resultado de la ambición de unos papas que buscaron ampliar su poder político y religioso. Los ejércitos cruzados fueron, en cierto sentido, el brazo armado de la política papal. En un esfuerzo por entender por qué los cruzados las llevaron a cabo, los historiadores han apuntado como razones el dramático crecimiento de la población europea y la actividad comercial entre los siglos XII y XIV. Las Cruzadas, por tanto, se explican como el medio de encontrar un amplio espacio donde acomodar parte de esa población en crecimiento; y como el medio de dar salida a las ambiciones de nobles y caballeros, ávidos de tierras.

Las expediciones ofrecían, como se ha señalado, ricas oportunidades comerciales a los mercaderes de las pujantes ciudades de occidente, particularmente a las ciudades italianas de Génova, Pisa y Venecia. Aunque estas explicaciones acerca de las Cruzadas quizá tengan alguna validez, los avances en la investigación sobre el tema indican que los cruzados no pensaron encontrarse con los peligros de enfermedades, las largas marchas terrestres y la posibilidad de morir en combate en tierras lejanas. Las familias que quedaron en Europa tuvieron que combatir en muchas ocasiones durante largos periodos de tiempo para mantener sus granjas y sus posesiones.

La idea de que los cruzados obtuvieron grandes riquezas es cada vez más difícil de justificar; la Cruzada fue un asunto extremadamente caro para un caballero que tuviera el propósito de actuar en Oriente si se costeaba por sí mismo la expedición, ya que probablemente le suponía un gasto equivalente a cuatro veces sus ingresos anuales. Sin embargo, a pesar de ser una empresa peligrosa, cara y que no daba beneficios, las Cruzadas tuvieron un amplio atractivo para la sociedad contemporánea. Su popularidad se cimentó en la comprensión de la sociedad que apoyó este fenómeno. Era una sociedad de creyentes, y muchos cruzados estaban convencidos de que su participación en la lucha contra los infieles les garantizaría su salvación espiritual.

Agua bendita, agua bendecida por un obispo o sacerdote y prescrita para el rito en las liturgias de algunas confesiones cristianas. La utilización ceremonial del agua, un agente natural que simboliza la purificación interior, aparece en numerosas religiones desde la antigüedad hasta hoy. En el judaísmo antiguo la ley mosaica prescribía que las manos y la cara de todas las personas que estuvieran impuras se rociaran con agua. De esta práctica judía derivó la costumbre actual de introducir los dedos en agua bendita y hacer la señal de la cruz al entrar en una iglesia. Se supone que sirve como un recordatorio del bautismo, por el que a través del agua bautismal una persona acepta las obligaciones del compromiso cristiano. En la práctica católica romana a veces el agua bendita se conserva en las casas para las devociones privadas.

IRENEO DE LYÓN EN SU OBRA CONTRA HEREJES, LO QUE DEBIÓ LLAMARSE CONTRA DIOS
Este obispo de Lyón realizó una obra la cual denominó: “Contra herejes (Advers Haereses)”, - según nos cuenta Eusebio- en ella Ireneo plateó que: “Las Escrituras que se nos han transmitido, son el fundamento y columna de la fe”, contrario a lo que esas misma Escrituras establecen: “que el fundamento de la iglesia de Cristo son los Apóstoles y profetas”.

Si fue él u otro quien lo planteó, eso no procede de Dios, sino del error, ya que en Efesios 2,20 se declara cual es el verdadero fundamento de la iglesia, donde se plantea que el fundamento de la iglesia son los Apóstoles y lo Profetas cuya esquina del ángulo misma es Jesucristo. Los Apóstoles del Señor son los únicos autorizados para poner el fundamento que es el Espíritu Santo sobre el cual edifican los Profetas, y este fundamento se da por imposición de las manos de los Apóstoles o se derrama en su presencia, no existe otro fundamento que el apostólico. Además la Fe (del Griego “pistei o pistis” que significa lo mismo Creer, Fidelidad o Fe) entra por el oír la Palabra de Dios, no por el leer la Biblia. Esta doctrina falsa del presunto Ireneo ha llegado a nuestros días, y además esa fue la dichosa reforma que realizo Martín Lutero otro falsificador y asesino de la Verdad años más tarde.

EL TENEBROSO CONCILIO DE NICEA EN PRESENCIA DE CONSTANTINO
En este concilio se consolida el gobierno del anticristo y la apostasía en las iglesias de los obispos conformistas que querían unir la iglesia al Estado para no soportar persecución como también hacen ahora las denominaciones y el catolicismo eclesiástico. Se estableció la Falsedad del politeísmo trinitario y todas las demás herejías ya mencionadas y comenzó la persecución y la matanza de los que ellos llamaron desobedientes y herejes, arremetieron contra Arrios opuesto a la trinidad, Los Monárquicos: Afirmaban que el Padre, el hijo y el Espíritu son una misma persona, es decir una plenitud de la deidad; Apolinaristas: negaban la naturaleza humana de Cristo; los Nestorianos, Afirmaban que en Cristo habían dos naturalezas; Eutiquianos, decían que las dos naturalezas de Cristo se fundían en una; Monofistas decían que Cristo solo tenía una sola naturaleza; Montano y sus seguidores, vivían por el Continuado Ministerio Sobrenatural del Espíritu Santo; y todos los que no estuvieron de acuerdo con sus herejías tal y como había predicho el Señor Jesús. “Y aún los matarán pensando que brindan un servicio a Dios”. Los Montanistas defendieron siempre la dependencia en la Iglesia del Espíritu Santo, rechazaron el formalismo de las organizaciones humanas, creían en la revelación del Espíritu Santo y en la inmediatez del advenimiento del Señor

El primer Credo así llamado se adoptó en el primer Concilio de Nicea en el 325 para agravar la controversia relativa a las personas de la Trinidad. Tenía como misión aludir a cuestiones polémicas como la divinidad de Cristo, e introdujo la palabra homousios (en griego, de la misma sustancia) para corregir el error de los partidarios homousios (de sustancia parecida). A él se añadieron diferentes cláusulas en contra del arrianismo. Un Credo tardío conocido como el Credo niceno es llamado con más propiedad el Credo niceno-constantinopolitano o Credo constantinopolitano. Se basa en el Credo del siglo IV que se compuso bajo la influencia del obispo de Jerusalén, san Cirilo, y editado según los postulados del concilio niceno. Está introducido en el Ancoratus de san Epifanio, obispo de Salamina y por la tradición se le atribuye, aunque es erróneo, al I Concilio de Constantinopla, reunido el 381. De las 178 palabras en el original de este segundo Credo niceno, sólo 33 son en verdad tomadas del Credo de el año 325. El segundo Credo es considerado como ecuménico por las comuniones católicas y por la mayoría de las iglesias reformistas. Emplea la forma singular de las palabras utilizadas para expresar asentimiento, “creo”, “espero”, “confieso”. En el concilio de Toledo (589), la Iglesia oriental añadió la cláusula filioque e insertó la preposición “en” antes de las palabras “sólo Iglesia santa, católica y apostólica”.

LA APARICIÓN DE CONSTANTINO MAGNO, UN IDÓLATRA PAGANO Y ASESINO AL SERVICIO DEL MISMO DIABLO.
Constantino propició la fusión del Clero con el Estado, negando el principio cristiano de dar a Cesar lo que es de Cesar y a Dios lo que es de Dios y de que no debemos mezclarnos en los asuntos de este mundo, además de establecer como día de adoración “el día del Sol” que predicaban las religiones paganas y la de él mismo; la romana. Se establecieron las misas por los muertos, Halowing, o día de los muertos, las falsas Navidades del 25 de Diciembre, El culto a los Santos y a los Papas del Pontificado Romano en el occidente, y al Patriarcado de Constantinopla en el oriente a los que se sujetaron los obispos traidores. Aquí también se consolidó el Diezmo que está bajo maldición puesto que es de la Ley, no de la Gracia y la Ley está bajo maldición. Pronunció el Edicto de Milán favoreciendo a los obispos Católicos (edicto de tolerancia, 313 d. C.), pero persiguiendo a los que no obedecían a Roma.

CONCLUSIONES
Todas estas herejías que tienen como sublime los que se reúnen bajo el símbolo del martirio del Señor y muchos de sus discípulos no coinciden ni parten del patrón original, o sea, de la iglesia primitiva, sino que fueron retomadas por aquellos que dicen ser cristianos y predican un evangelio diferente del que se anunció al principio, basta solo con recordar lo que dijo Pablo a los Efesios para entender todo lo que hemos tratado de transmitir hoy, en defensa de la verdad revelada en Jesucristo, nuestro verdadero Señor y Salvador. Verificar en (Pablo a los Efesios: Hechos 20 del 25-32, 1ra de Timoteo 4: 1- 6, Jacobo 3: 15, 1 Juan 4:1, 2 Juan 7, 2da de Tesalonicenses capítulo 2. Y todo el libro de Apocalipsis de Juan)

BLIOGRAFÍA

BÁSICA:
1. SOS del Inconforme que busca la verdad revelada en Cristo Jesús, partes I, II, II y IVI. En proceso de protección en el CENDA. 2006. Cuba.
2. “Biblia de Jerusalén latinoamericana”, EDITORIAL Descleé de Brouwer; S. A. 2001, Bilbao España.
3. “Nuevo Testamento”. Versión directa del texto Original Griego, B.A.C., Madrid, 1962, F. Puso y J. M: Bover.
4. “Nuevo Testamento Griego - Español”, Versión bilingüe. José O´ Callaghan. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid. MCMXCVII
5. “Nuevo Testamento”, Versión del Texto original Griego, E. Nácar Fuster y A. Colunga Cueto; B. A. C. Madrid. 1989
6. “Dios Habla HOY” Biblia de estudio. Sociedades Bíblicas Unidas.
7. “Dios Habla HOY”, versión popular. Sociedades Bíblicas Unidas.
8. “Biblia Latinoamericana”. Ediciones Paulinas.
9. Nuevo Testamento, “Dios llega al Hombre”. con los Salmos y proverbios. 1976. Sociedades Bíblicas Unidas. Buenos Aires, Argentina. Versión Popular.
10. “La Biblia del Siglo XXI, Nueva Versión revisada de Reina – Valera, 1909. Edición del año 2000.
11. “La Santa Biblia”, Nueva Versión, Sociedades Bíblicas Unidas. 1998
12.. La Biblia de las Américas. Sociedades Bíblicas Unidas. 1999.
13. La Biblia El Pueblo de Dios, de la fundación Palabra de Vida. Edición San Pablo. Sociedad Bíblica Catolica.
14. “Antigüedades Judías”, de Flavio Josefo y Filón.
15. “Padres Apostólicos” Edición bilingüe completa. Daniel Ruiz Bueno, sexta edición, Editorial: Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid. MCMXCII. 1993
16. “The Greek New Testament” Actualizada por Vover en una versión al castellano
17. “The Greek New Testament” con Introducción en castellano. Kurt Aland, Mattew Black, Carlo M. Martín; Tercera Edición. 1975, Institute for New Testament Textual Research, Münster/Welphalia. Sociedades Bíblicas
18. “Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea”Editorial Nova de Buenos Airea. 1950.
20. “Nuevo Testamento Trilingue”. J. M. Bover y J. O´Callaghan. B. A. C. 400. Madrid. 1994.
21. “La Santa Biblia” Versión Moderna 1960, editorial, Sociedades biblicas en América Latina.
22. “La biblia del pueblo de Dios”. Fundación Palabra de vida, Editorial San Pablo. Prutesio Gómez 15. 28027 Madrid, Sociedad Biblica Catolica Internacional (SUBICAIN), Noviebre 2002.
23. “Manual Biblico de Unger” Merriell F. Unger. Ed. Portavoz. Kregel Publications P.O. Box 2607 – 1985 Grand Rapids, Michigan 49501, USA. 720 páginas.
24. “Compendio Manual de la Biblia” Henrry H. Halley. . Ed. Portavoz. Kregel Publications P.O. Box 2607 – 1985 Grand Rapids, Michigan 49501, USA.
25. “La Santa Biblia”. Nueva Versión Internacional. Sociedades Bíblicas Unidas . 1998.
26. Soporte Magnético. Biblioteca de Consulta Microsoft ® Encarta ® 2005. © 1993-2004 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

COMPLEMENTARIA:
27. “Santa Biblia”. Antiguo y Nuevo Testamento. Versión Reina – Valera, actualizada, basada en la Reina – Valera de 1909 y cotejada con diversas traducciones y con los mejores textos en los idiomas originales Hebreo, Arameo y Griego. Editorial Hispano. El Paso. Texas. 1990.
28. “Nuevo Testamento “A viva voz” versión en un lenguaje sencillo, 2004. Sociedades Bíblicas Unidas.
29. “Catolicismo y Protestantismo”. Ernesto Bravo. Edición San Pablo. 1995. Colombia.
30. La Biblia “Políglota Interlineal”. Versión del Códice vaticano. 1952. EE. UU.

AUXILIAR:
31. “Santa Biblia”, Versiones Reina-Valera, de 1909 y 1960.
32. C. L. Neal. “Los Bautistas a Través de los Siglos” Challenge press, Inc. 4702 Colebrook Avenue Meaux, PA 18049 Cpyright 1978. Little Rock, Arkansas 72215. P. O. Box 5567. Segunda Edición 1987.
33. El Nuevo Testamento. Traducción en Lenguaje actual, Sociedades Bíblicas, Impreso en Colombia 2000.
34. EDITORIAL MUNDO HISPANO / HISPANIC WORLD / PUBLISHERS. www.editorialmh.org. El Paso, TX USA · (800) 755-5958 · © 2003
35. Compubiblia © Sociedades Bíblicas Unidas. Segunda Edición. 1989 NW 88th. Court — Miami, FL 33172

AUTOR
Lic. Armando Emilio Zamora Pellisier
Un soldado de Jesucristo al servicio de su verdad, para la gloria del Padre.



Valora este artículo 5   4   3   2   1

Comparte  Enviar a facebook Facebook   Enviar a menéame Menéame   Digg   Añadir a del.icio.us Delicious   Enviar a Technorati Technorati   Enviar a Twitter Twitter
Artículos Destacados