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El mundo después de la segunda guerra mundial. La ideologización de la comunicación en un mundo polarizado

Resumen: Al finalizar la Segunda Guerra Mundial surgió una bipolarización en torno a las superpotencias emergidas de este conflicto: los Estados Unidos de América y la Unión Soviética.

Publicación enviada por Dr. Rolando José Ochoa Torres




 


RESUMEN
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial surgió una bipolarización en torno a las superpotencias emergidas de este conflicto: los Estados Unidos de América y la Unión Soviética. La Guerra Fria, que comenzó a partir de entonces, realmente no ha concluido con el derrumbe del campo socialista.

La propaganda política aún juega un papel vital en la confrontación entre ideologías opuestas. En este sentido, los medios de comunicación y el mensaje que estos transmiten responden a los intereses de la clase social que los posee y por lo tanto le sirven de sostén ideológico.

INTRODUCCIÓN
La Segunda Guerra Mundial fue el conflicto armado más grande y sangriento de la historia mundial, en el que se enfrentaron las Potencias Aliadas, encabezadas por la Unión Soviética, los Estados Unidos de América, Gran Bretaña y Francia, contra las Potencias del Eje, Alemania, Japón e Italia. Fuerzas armadas de más de setenta países participaron en combates aéreos, navales y terrestres.

Por efecto de la guerra murieron alrededor del 2% de la población mundial de la época (unos 60 millones de personas), siendo de civiles la mayoría de los fallecimientos. Como conflicto mundial comenzó el 1 de septiembre de 1939 (si bien algunos historiadores argumentan que en su frente asiático se declaró el 7 de julio de 1937) para acabar oficialmente el 2 de septiembre de 1945 (1, 2).

Al terminar la Segunda Guerra Mundial surgió una bipolarización del mundo en torno a las superpotencias emergidas de este conflicto; Estados Unidos de América y la Unión Soviética.

Los soviéticos, que se aliaron con los Estados Unidos y los aliados sólo por conveniencia contra el enemigo común, Alemania, se convirtieron en enemigos por sus ideales contrarios, y así comenzó una era de “Guerra Fría”.

Los autores revisados denominan como “Guerra Fría” al enfrentamiento político, ideológico, económico, tecnológico, y la carrera armamentista que tuvo lugar durante el siglo XX entre los bloques “occidental-capitalista”, liderado por Estados Unidos, y “oriental-comunista”, liderado por la Unión Soviética (1-4).

Estos dos bloques se caracterizaron por no enfrentarse militarmente de forma directa. La entidad y la gravedad de los conflictos económicos, políticos e ideológicos entre estos dos bloques marcaron significativamente la mayor parte de la historia de la segunda mitad del siglo XX.

Los límites temporales del enfrentamiento se ubican entre 1945 (fin de la Segunda Guerra Mundial) hasta 1985 (inicio de la Perestroika) y 1991 (Disolución de la Unión Soviética) (1-4). Cobró una particular importancia la llamada guerra psicológica con el empleo de los más variados medios de comunicación y campañas de propaganda dirigidas a crear ideas y estados de opinión con el objetivo de demostrar la superioridad de cada sistema e influir en la ideología y políticas propuestas.

Nos pudiéramos preguntar si la “Guerra Fría” efectivamente concluyó con la desaparición de la Unión Soviética. ¿Qué experiencias pudiéramos sacar de este enfrentamiento y en particular del papel que juegan los medios de comunicación?. Por todo ello nos propusimos los siguientes objetivos:
1. Demostrar el papel de la propaganda en la sociedad después de la culminación de la Segunda Guerra Mundial.
2. Evaluar la ideologización de la comunicación en función de los intereses de clase.

DESARROLLO
La mayor parte de los autores consideran propaganda a la actividad comunicativa que forma parte de un proceso deliberado y que busca influir en el individuo o grupo al cual está destinada, en favor de los objetivos específicos a que ella está sirviendo (3-5). La propaganda o publicidad política consiste en el lanzamiento de una serie de mensajes que busca influir en el sistema de valores del ciudadano y en su conducta. Se articula a partir de un discurso persuasivo que busca la adhesión del otro a sus intereses y se apoya en el recurso del anuncio.

Su planteamiento consiste en utilizar una información presentada y difundida masivamente con la intención de apoyar una determinada opinión ideológica o política. Aunque el mensaje contenga información verdadera, es posible que sea incompleta, no contrastada y partidista, de forma que no presente un cuadro equilibrado de la opinión en cuestión, que es contemplada siempre en forma asimétrica, subjetiva y emocional. Su uso primario proviene del contexto político, refiriéndose generalmente a los esfuerzos patrocinados por gobiernos o partidos para convencer a las masas.

En la propia Segunda Guerra Mundial, el uso del panfleto, el folletín, la radio, el cine y otros medios informativos y hasta estéticos se pusieron al servicio de las ideologías en pugna. Joseph Goebbels, célebre Ministro de Propaganda Nazi, fue sólo uno de los exponentes más conocidos por el uso precursor de los medios como forma de imponer una visión política (4-7).

Debemos tener en cuenta que la propaganda y los propagandistas son pragmáticos en la búsqueda de un fin dado, por lo que se valen de los modelos y teorías de esta ciencia para el éxito de sus empresas.

Durante el período de “Guerra Fría” los intereses de los bloques liderados por los Estados Unidos de América y la Unión Soviética evitaron un enfrentamiento directo. Por ello, el desarrollo de este periodo estuvo marcado principalmente por el combate simbólico y retórico impulsado por los dirigentes de cada uno de los bloques en cuestión. De este modo, la propaganda tuvo un valor especial ya que sería la principal arma de guerra para ambos países.

Como ocurriera en otros períodos de guerra, el papel clave de esta publicidad política llevará a los beligerantes a utilizarla de modo sofisticado, lo que dio lugar a una diversificación de la misma. Asimismo, el auge de los medios de comunicación de masas hará de esta técnica una herramienta realmente efectiva para la lucha (4-7). En ambos casos, tanto en el bando estadounidense como en el comunista, encontraremos ejemplos de la utilización de estos tipos de propaganda.

En el caso de los norteamericanos, la “Voice of America” operaba como estación oficial de radio del gobierno de los Estados Unidos. Gracias al control de este medio de comunicación, el ejecutivo podía emitir su discurso de manera que llegara al grueso de la población. El uso de propaganda “no oficial”, se llevó a cabo especialmente contra la Unión Soviética, Europa del Este, y Cuba, mediante emisiones de noticias y programas de entretenimiento en los que se insertaban mensajes correspondientes a la ideología estadounidense. Dichos contenidos, para la Unión Soviética y Europa Oriental, fueron emitidos por dos emisoras controladas por la CIA, “Radio Free Europe” y “Radio Liberty” (4, 7). Cuba aún se encuentra bajo una gran presión televisiva y radiofónica.

Por lo que respecta a los recursos empleados por los soviéticos, estos pusieron en marcha unas estrategias muy similares a las de los estadounidenses. También sus ideólogos hicieron uso de una estación oficial que transmitiera sus discursos oficiales, “Radio Moscow”. A su vez, utilizaron la propaganda “no oficial” a través de las emisoras “Radio Peace” y “Freedom”. Los soviéticos emplearon además el sistema educativo como medio en el que desplegar su propaganda ideológica (4).

Volvamos a los Estados Unidos de América, nación que ha usado profusamente la palabra libertad y sus significantes icónicos – la “Estatua de la Libertad” – hasta el hastío. En este país se usa la propaganda no sólo para vender productos varios, sino ideas políticas. Si recordamos el conflicto del Golfo Pérsico, cuando Saddam Hussein tomó el control de Kuwait, el gobierno norteamericano financió una campaña sistemática y costosa para lograr que la ciudadanía apoyara la intervención militar de la zona y evitara un conflicto costoso e impopular, como fue el precedente de Vietnam (3, 7). Esta era la oportunidad de ganar una guerra y mostrarse como la nación más poderosa del mundo.

A la fecha el fenómeno de la propaganda se ha diversificado y tecnificado en un alto grado, al mismo tiempo que los medios de comunicación también se desarrollan. Luego del 11 de septiembre el gobierno de George W Bush inició lo que denomina “guerra contra el terrorismo”, comprendida como una guerra de cuarta generación, donde se hace uso de los medios masivos, especialmente de los televisivos; sin excluir la Internet (3, 7). La política de Bush se ha centrado en propagar el supuesto “choque de civilizaciones” y la supuesta maldad de lo que denomina “eje del mal” y bajo dicha propaganda promovió y logró el respaldo popular necesario para invadir Iraq con el argumento de que poseía armas de destrucción masiva y que apoyaba a la red “Al Qaida”.

Puede percibirse como mediante el empleo de la propaganda se logra que, con el uso del lenguaje y la imagen, se pueda cambiar el eje del control de la conducta y las actitudes fuera de los procesos psicológicos ordinarios o inherentes a la persona.

La comunicación y la propaganda tienen un basamento ideológico indudable. Los teóricos marxistas ven a la sociedad capitalista como una lucha de dominación entre clases; los medios son conceptualizados como parte de una "arena ideológica" en que las varias visiones de clase luchan entre sí. El control, en última instancia, estará concentrado en el capital monopólico, mientras que los profesionales de los medios disfrutan de una ilusión de autonomía y son socializados en las normas de la cultura dominante (5, 7, 8).

Los medios, tomados como un todo, entregan esquemas interpretativos en consonancia con los intereses de las clases dominantes, mientras que las audiencias de los medios, aunque a veces negocian y cuestionan estos esquemas, carecen de fácil acceso a sistemas alternativos de significado, que les darían la posibilidad de rechazar las definiciones que los medios ofrecen.

Los medios masivos, en términos marxistas clásicos, son "medios de producción", los cuales en la sociedad capitalista están bajo la pertenencia de la clase poderosa. Según la posición marxista, los medios de masas simplemente diseminan las ideas y las visiones de mundo de esa clase, negando o difuminando a las ideas alternativas. Marx afirma en que: "La clase que posee los medios de producción material posee al mismo tiempo el control sobre los medios de producción mental y, por tanto, en sentido general, las ideas a que están sometidos los que carecen de medios de producción mental... en consecuencia, gobiernan ampliamente como una clase y determinan la extensión y el ámbito de una época, con lo que evidentemente... entre otras cosas... regulan la producción y distribución de las ideas de su época. Es así como sus ideas son las ideas dominantes de su época" (8).

De acuerdo a esta proposición, los medios de masas funcionan al producir una "falsa conciencia" en las clases trabajadoras. Esta idea nos lleva, según el Dr Jorge Peña en “Perspectivas acerca de la influencia de los medios de comunicación de masas en la opinión pública” (7), a una instancia extrema donde los productos mediáticos son vistos como una expresión monolítica de los valores de la clase predominante, ignorando cualquier diversidad de valores dentro de esa misma clase y dentro de los medios en sí, así como las lecturas opuestas por las audiencias. En la teoría marxista de los medios, estas organizaciones son referidas como cerradas dentro de la estructura de poder, y consecuentemente, actuando ampliamente en conjunto con las instituciones dominantes en la sociedad.

Queda, por tanto, ampliamente demostrada la ideologización de la comunicación.
Se ha planteado que la “Guerra Fría” terminó con la disolución de la Unión Soviética. Hace ya algunos años el nombre de Francis Fukuyama le dio la vuelta al mundo anunciando lo inimaginable, el fin de la Historia (5). Con el desmoronamiento del llamado “socialismo real” en los países de Europa del Este y la Unión Soviética, los tanques pensantes de Occidente lanzaron a los cuatro vientos todo tipo de engendros teóricos que, sólo con algunas diferencias de estilo y tono, se sumaban a la nueva profecía: “no hay más allá, el capitalismo es la única solución, el destino, el estado perpetuo de la humanidad”. Ahora bien, ¿realmente ha desaparecido la “Guerra Fría”?, ¿no hay alternativas para el neoliberalismo?. Con respecto a la primera interrogante nuestro punto de vista es que, si bien es cierto que con la existencia de un mundo “unipolar”, bajo una sola superpotencia, los Estados Unidos de América, y la desaparición aparente del conflicto entre dos bloques antagónicos, esta “guerra” se mantiene realmente con aquellos que no comparten su ideología.

Las enseñanzas que ha dejado la “Guerra Fría” se extienden hasta nuestra época. Los tiempos en que vivimos se engloban, según el Dr Antonio Roveda en su artículo “Globalización, posmodernidad y comunicación en el siglo XXI” (5), dentro de la llamada “posmodernidad”, que como la “globalización” se expresan en enormes contradicciones. Concordamos con este autor en que las contradicciones de orden moral y social se han ido acrecentando desde la desaparición de la bipolaridad del mundo. La ampliación de los mercados, el cambio brusco de los polos de poder político y económico cambiaron las reglas del juego planetario.

Las luchas de poder entre los Estados supranacionales y sus estratégicas y coyunturales alianzas de intereses privados generan desconcierto en las economías empobrecidas de los países del Tercer Mundo. Las decisiones de la empresa privada transnacional repercuten con mayor impacto en el mundo que algunas decisiones de Estado. Los procesos y flujos migratorios, del campo a la ciudad (Sur-Sur) y los transnacionales (Sur-Norte), demuestran el aumento de la pobreza y del conflicto como otro rasgo triste de la “globalización”. Por otro lado, se encuentra el desmedido crecimiento en los países del Primer Mundo, de movimientos xenófobos, racistas, regionalistas y nacionalistas en contra de los procesos migratorios del Sur, poniendo una vez más de manifiesto las contradicciones e incertidumbres del presente siglo.

La “globalización” como el inicio de una nueva era nace de la confrontación, de la incertidumbre, de la crisis mundial. Como escenario y concepto es complejo definirla y entenderla. Su idea no se agota con la explicación de fenómenos puntuales como innovación tecnológica, crecimiento y expansión financiera, mercados transnacionales de capitales, revolución informática, etc. Podemos entenderla como otra expresión de la transformación y extensión del capitalismo desarrollado, y la consecuente construcción de nuevas relaciones con la cultura, la industria, la economía, la sociedad y la política a nivel planetario. La “globalización” aparece como el fenómeno que rompió fronteras hacia el Sur y las cerró hacia el Norte. A este concepto debemos anteponerle la “globalización” de la solidaridad.

El Dr. Perry Anderson, profesor de historia de la Universidad de California, en “El papel de las ideas en la construcción de alternativas” (citado por Ernesto Sierra en su artículo “Nueva hegemonía mundial: El principio del fin”) (3), parte de unas interesantes distinciones semánticas que se dieron durante la llamada “Guerra Fría” para entender mejor la política actual. Es sabido que después de 1945 el equilibrio mundial quedó polarizado entre capitalismo y comunismo. Pero mientras la Unión Soviética se acogía a estos términos, el bloque occidental no utilizaba la palabra capitalismo para reconocerse. Occidente hablaba de “mundo libre” y de lucha entre “democracia y totalitarismo”.

Sobre la base de estas diferencias semánticas, se construye el discurso político. Ernesto Sierra define en su artículo, no sin ironía, el concepto de “humanismo militar” con el cual caracteriza los rasgos más relevantes de la nueva hegemonía mundial. Este nuevo escenario mundial ha generado sus focos de resistencia entre los cuales destaca el movimiento pacifista internacional, el Oriente Medio y la América Latina, a la cual considera la reserva política más importante, como la única región del mundo con una historia continua de trastornos revolucionarios y luchas políticas radicales que se extienden más allá del siglo XX.

¿Hay alternativas?, ¿qué futuro espera a la humanidad?. Estas y muchas otras interrogantes son motivo de reflexión.
“Amar, pensar y actuar desde América Latina” es el título de una intervención de Armando Hart Dávalos (9). Partiendo del estudio de las raíces del pensamiento de José Martí, Hart va hilvanando ciertos momentos claves de la historia de las ideas del siglo XIX latinoamericano esenciales para entender y encontrar soluciones a la crisis del mundo actual. Encuentra en Martí dos ideas fundamentales para dar respuestas a los retos de hoy: las ideas sobre el equilibrio del mundo y la utilidad de la virtud y las posibilidades del mejoramiento humano. Destaca, también, cómo se sintetizan en el pensamiento martiano el amplio saber de la modernidad europea, la tradición ética de raíces cristianas, la influencia de las ideas de la masonería, la raíz bolivariana y latinoamericana y el antiimperialismo que fraguó dentro de los propios Estados Unidos.

De ahí que, para Hart, sean esenciales la cultura, la espiritualidad, la inteligencia y la eticidad en la construcción de un mundo mejor. La América Latina muestra una rica tradición en el cultivo de esos valores y debe estar llamada, por tanto, a ocupar un lugar relevante en la salida del complejo panorama político que vivimos hoy.

Como expresión política, el neoliberalismo comienza a enfrentar dificultades críticas. Deja de ser la receta que permitiría la prosperidad permanente poniendo fin a la historia y asegurando progreso y paz a la humanidad. Al descubierto queda su naturaleza agresiva, que no vacila en recurrir a la guerra como instrumento de dominación, así como su sentido excluyente, que condena a los pueblos del Tercer Mundo a una posición subordinada que los reduce a la explotación y a ser objetos de lucro ilimitado. Hoy, 200 ó 300 hombres, los más ricos del mundo, tienen ingresos equivalentes a los de tres mil millones de personas. Más de mil millones viven con un dólar o menos al día. Los gastos militares equivalen al 50% del ingreso per cápita de toda la humanidad.

La polarización también se observa hacia el interior de los países, incluyendo los industrializados, en ellos se acentúan las contradicciones y la distancia entre pobres y ricos, como quedó de manifiesto con los pavorosos estragos causados por los huracanes Katrina y Rita entre los pobres, especialmente negros, latinos y ancianos, del sureste de Estados Unidos de América.

Mientras, el dominio mundial de los medios de comunicación moldea la mente de cientos de millones de personas e impide que vean las causas de la miseria que viven.

Sin embargo, el movimiento alternativo que se opone al neoliberalismo consolida posiciones y aumenta su fuerza, basada especialmente en organizaciones sociales que tienen un rol dinamizador, a las que deberán sumarse los partidos populares.

En los países andinos se abren posibilidades inéditas de cambio con la irrupción de los movimientos indígenas aliados con las tradicionales fuerzas populares. Venezuela, Argentina y Brasil, con diferentes matices, se levantan contra el neoliberalismo.

Surge de nuevo la aspiración a otra forma de convivencia social, tolerante, humana, que favorezca el desarrollo pleno de las potencialidades de sus miembros, solidaria con los más débiles y los más necesitados, pluralista en lo político. Un mundo que se ordene en función de las necesidades de las grandes mayorías y que permita echar las bases para un progreso económico equitativo. Un mundo en que impere una nueva conciencia, una civilización radicalmente humana, con múltiples expresiones culturales y religiosas.

BIBLIOGRAFÍA
1. Segunda Guerra Mundial. “Capítulo 11: Consecuencias de la Segunda Guerra Mundial”. Disponible en: URL:http://www.mailxmail.com/curso/excelencia/ww2/capitulo11.htm Consultado en línea: 6 diciembre 2007.
2. Wikipedia. La Enciclopedia Libre. “Segunda Guerra Mundial”. Disponible en: URL:http://es.wikipedia.org/wiki/Segunda Guerra Mundial Consultado en línea 6 diciembre 2007.
3. Sierra E. “Nueva hegemonía mundial. El principio del fin”. Disponible en: URL:http://www.lajiribilla.co.cu/2004/n180_10/180_01.html Consultado en línea 19 diciembre 2007.
4. Wikipedia. La Enciclopedia Libre. “Propaganda”. Disponible en: URL:http://es.wikipedia.org/wiki/Propaganda Mundial Consultado en línea 6 diciembre 2007.
5. Roveda A. “Globalización, posmodernidad y comunicación en el siglo XXI”. Ponencia presentada en “Reunión técnica internacional FELAFACS 20 años después: Los retos en la formación y el ejercicio profesional de la comunicación en América Latina”. Cali, 2005.
6. Carrero H. “La publicidad es la ideologización más perversa que amenaza la humanidad”. Disponible en: URL:http://www.tribuna-popular.org/index.php?option=com-content&task=view&id=1097&Itemid=31 Consultado en línea 18 diciembre 2007.
7. Peña J. “Perspectivas acerca de la influencia de los medios de comunicación de masas en la opinión pública”. Disponible en: URL:http://www.avizora.com/publicaciones/comunicación /textos/0058_influencia_medios_opinion_publica.htm Consultado en línea 20 diciembre 2007.
8. Marx y Engels. “La ideología alemana”. Disponible en URL:http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/feuerbach/index.htm Consultado en línea 7 diciembre 2007.
9. Hart A. Amar, pensar y actuar desde América Latina. En libro: Nueva Hegemonía Mundial. Alternativas de cambio y movimientos sociales. Atilio A. Boron (compilador). CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires, Argentina. 2004. p. 208.

AUTOR
Rolando José Ochoa Torres
Educación: Técnico en Contabilidad, Inglés y Alemán. Actualmente cursa la Licenciatura en Comunicación Social (5to año) en la Sede Universitaria “Felipe Poey” de Ciudad de La Habana, Cuba.
rochoa@infomed.sld.cu
ochoa@finlay.edu.cu



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