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El delito político, naturaleza jurídica y concepciones martianas al respecto

Resumen: Este trabajo contiene un análisis epistemológico sobre el delito político, sus principales manifestaciones y algunas consideraciones martianas al respecto se emplearon como métodos de investigación el histórico lógico y el análisis síntesis y la reflexión filosófica. Se conceptualiza el delito político desde una proyección histórica y se concluye que el delincuente político es un hombre políticamente justo, moralmente inconforme con un régimen de oprobio, que es acogido con hospitalidad por los pueblos y excluido por el derecho internacional de la extradición, concediéndosele el derecho de asilo.

Publicación enviada por Lic. Santa Nurkis Díaz Rodríguez




 


Resumen.
Este trabajo contiene un análisis epistemológico sobre el delito político, sus principales manifestaciones y algunas consideraciones martianas al respecto se emplearon como métodos de investigación el histórico lógico y el análisis síntesis y la reflexión filosófica. Se conceptualiza el delito político desde una proyección histórica y se concluye que el delincuente político es un hombre políticamente justo, moralmente inconforme con un régimen de oprobio, que es acogido con hospitalidad por los pueblos y excluido por el derecho internacional de la extradición, concediéndosele el derecho de asilo.

Introducción:
En la actual coyuntura internacional, ante amenazas y agresiones, incipientes revoluciones sociales, movimientos progresistas que no llegan a serlo, democracia y oposición y más aún ante el encarcelamiento de cinco compatriotas cubanos, hijos ilustres y dignos de la patria, creo que urge tratar en cuanto contexto sea posible, el controvertido tema del delito político, profundizar en sus orígenes, causas que lo determinan y recurrir al pensamiento del más universal de los cubanos, buscando en su intelecto jurídico consideraciones en este sentido.

Partiendo de la necesidad de esclarecer la figura del delincuente político se plantea como problema científico las insuficiencias cognoscitivas que persisten en los estudiantes de la carrera de Derecho en torno a la conceptualización del delito político; teniendo como objeto el proceso de formación del pensamiento jurídico y como objetivo general la elaboración de las bases teóricas conceptuales sobre el delito político desde una perspectiva historicista y martiana.

Obligado y controvertido tema, tantas veces invocado por los más disímiles estudiosos del derecho, desde el magno César Lombroso hasta el más humilde curioso jurídico, sigue siendo hoy objeto de las más altas demagogias, escudo de terroristas y móvil ignorado al impartir justicia a las fuerzas progresistas que luchan por un mundo cualitativamente superior; solo existe un modo de hacer respetar la necesaria diferencia entre terroristas y progresistas, hacer incansable nuestra labor jurídica en torno al delito político.

Desarrollo
El delito político, naturaleza jurídica

Recordemos que el Derecho posee una naturaleza clasista, por ende la definición que de delito pueda darse aún cuando puede aplicarse de forma general, siempre llevará la esencia clasista de proteger jurídicamente el interés de la clase que ostente el poder. Lo cierto es que superando las primeras manifestaciones del derecho, que no vieron el delito como una acción personal, desde el derecho romano hasta el derecho penal socialista, transitando por diversos autores y definiciones, todos coinciden en que el delito es una acción del hombre, que contraviene el orden jurídico preexistente en un determinado momento y lugar, que es reprochable, por lo que se conmina bajo una sanción penal.

Desde fecha tan temprana como noviembre de 1885 en el primer congreso de antropología criminal, César Lombroso, presentó el polémico tema del delito político y las características criminológicas del agente comisor de este delito, en esta ocasión refería que solo por necesidad de expresión técnica podía llamarse delincuente político al agente comisor de este ente jurídico, habida cuenta que no existía en su actuar moral y social irreprochabilidad alguna.

A los ojos de Lombroso el delito político es: toda lesión violenta del derecho constituido por la mayoría para el mantenimiento y el respeto de la organización política, social o económica, siempre con un móvil moralmente justo y encaminada a derrocar ese régimen estatuido mayoritariamente para imponer uno cualitativamente superior.

Rafael Garófalo, de la escuela positiva clasificó los delitos en “Naturales” y “artificiales”, hace un estudio de los sentimientos que corresponden a la naturaleza humana y asevera que los sentimientos fundamentales de las personas son la piedad y la probidad y todo delito que no ataque este bien jurídico para él no es un delito natural, sino que es un artificio legal o un delito artificial. para él los ataques al sentimiento de piedad comprenden los actos contra la vida y la integridad física y moral de las personas ; los ataques al sentimiento de probidad comprenden el robo violento y las defraudaciones, de ahí que este autor ignora los ataques a otros sentimientos, políticos, religiosos, sexuales. Para él los delitos contra la seguridad del estado, los delitos políticos, contra los derechos individuales, son delitos artificiales.

Recibió innumerables criticas este criterio y coincido con sus detractores en que esa es una teoría limitada, y que no puede calificarse al delito político como un artificio jurídico sino como una necesidad social de oposición a la tiranía del dogma y la arbitrariedad, de cualquier forma la teoría de Garófalo suscitó polémica y desarrollo ya que en su oposición se esgrimió la formula Ferri-Berenini:

Los delitos: “son acciones punibles, determinados por motivos individuales, egoístas y antisociales que perturban las condiciones de vida y contravienen la moralidad media de un determinado pueblo en un momento dado”

Otros criterios fueron propuestos para establecer la noción del delito político, se dice por ejemplo que son las circunstancias en que se lleva a cabo las que deben ser tenidas en cuenta para su calificación; en tal sentido, solo tendrían ese carácter los hechos delictuosos cometidos en el curso de una guerra civil, de una insurrección o de una conmoción política, la adopción de este criterio conduciría a considerar como delito político los crímenes comunes cometidos en tales circunstancias y a no considerar como tal al delito contra un régimen de oprobio que se cometa en tiempo de paz.

El delito político podemos calificarlo entonces como la acción u omisión, socialmente peligrosa encaminada a derrocar un régimen por otro cualitativamente superior; que si bien no puede calificarse como reprochable en mi consideración no ha perdido su carácter de peligrosa.

En consecuencia partiendo de la naturaleza clasista del derecho penal, de la subjetividad y relatividad de quien aplica la ley, no podemos excluir este ente jurídico de los considerados “Delitos”. Y aun cuando moralmente no amerita tratar como delincuente al comisor (y de hecho el derecho internacional así lo establece), no existe otro nombre para dar a la persona que infringe un ordenamiento jurídico.

Causas que generan el delito político:
Regímenes tiránicos, arbitrariedad, uso inadecuado del derecho, en esencia el delito político tiene como origen descontento social, según Lombroso el prevenido político es un hombre en el cual existe un sentido moral y que obra precisamente contra la violación de ese sentimiento, levantándose contra la tiranía política.

Toda teoría acerca del delito político tiene necesariamente que girar alrededor del móvil que provocó la acción penal contra un orden social determinado, el delito político tiene un fuerte carácter revolucionario, renovador, moralmente justo y humano, no puede en modo alguno confundirse con cualquier ataque a un régimen para implantar otro o con cualquier motivación política, delito político es diferente de delito contra la seguridad del estado; en consecuencia el tratamiento que se hace internacionalmente a los “delincuentes políticos es diferente al que se le da a cualquier otro delincuente, tratamiento razonado sobre la base moral y profundamente humana de este ente jurídico.

Consideraciones martianas sobre el delito político y el delito contrarrevolucionario:
Lombroso había aclarado en el congreso de antropología criminal que el delincuente político si es que puede llamársele así, casi nunca lo es desde el punto de vista moral y social; nuestro José Martí el alma de la independencia cubana, ha dicho otro tanto en ese sentido.

Enemigo de la aplicación de la pena capital, la cree necesaria solo para derrocar un régimen de oprobio, y de igual manera aplicable con honor ante delitos contrarrevolucionarios que atentan contra el sentimiento patrio. Es para el apóstol un ataque a la patria el único motivo suficiente para revelarse y llegar incluso a practicar la guerra o la pena de muerte en tiempo de paz.

El apóstol que nos preceptuara a los 18 años: “desde que pude sentir, sentí el horror a la pena; desde que pude juzgar, juzgue su completa inutilidad, no me distinguiré jamás en soluciones utilitarias, pero si algo de utilidad he comprendido, es la completa inutilidad de la pena capital” .

Ahora ante la ignominiosa humillación de España y como delegado del partido revolucionario cubano, creado por él como fruto de una exquisita madurez política nos asevera en el manifiesto de Montecristi un legado de exquisita transparencia y extraordinario valor para la comprensión del delito político:
“los representantes electos de la revolución que hoy se confirman, reconocen y acatan su deber de repetir ante la patria que no se ha de ensangrentar sin razón, ni sin justa esperanza de triunfo los propósitos precisos, hijos de juicios y ajenos a la venganza(…) la guerra no es, en el concepto sereno de los que aún hoy la representan y de la evolución pública y responsable que los eligió, el insano triunfo de un parido cubano sobre otro, o la humillación siquiera de un grupo equivocado de cubanos; sino la demostración solemne de la voluntad de un país harto probado para lanzarse a la ligera en un conflicto sólo terminable por la victoria y el sepulcro(…)ni el desorden será cuna de guerra ni de tiranía, se será inflexible solo con el vicio, el crimen y la inhumanidad, no nos maltraten y no se les maltratará”

Esto da la medida de la pureza de las acciones de los delincuentes políticos como se les ha llamado sin dudas al emprender una revolución contra el régimen colonial, martí se nos convierte en un vehemente delincuente político, oponiéndose a un régimen de oprobio con la pretensión de instaurar uno que no humille ni cause pena a la patria, mostrando respeto incluso por el español neutral, oponiéndose a los móviles bajos y delitos comunes que sin dudas juzgó durante su campaña. Pero más claro aún es cuando en carta circular emitida a los jefes militares fechada 26 de abril de 1895 expresara:
“la guerra por la independencia de un pueblo útil y el decoro de los hombres vejados, es una guerra sagrada, y la creación del pueblo libre, que en ella se conquista es un servicio universal. El que pretende detener con engaño la guerra de independencia, comete un crimen”.

De este modo considera nuestro Martí delincuente no al que emprende una campaña bélica contra un régimen de terror, sino al que trata de impedir esa oposición y en tal sentido refiere que quien se opone comete el peor de los crímenes contra la patria por lo que debe ser juzgado y sancionado con la peor de las penas.
Así las cosas es menester con todos los mecanismos a nuestro alcance, en todo espacio posible, establecer esa necesaria diferencia entre Delito Político y delito contrarrevolucionario, tal y como la estableció el maestro: quien perjudica la patria con acciones amorales es un delincuente al que debemos tratar con absoluto desprecio pues comete el peor de los crímenes, quien expone su vida levantándose en contra de un régimen de oprobio por el bien de la patria, respetando el honor de sus hijos e incluso el valor del enemigo con principios sobradamente humanos, ese ha abrazado una causa sagrada.

Las personas que ofrecen oposición a nuestro proceso revolucionario no son delincuentes políticos, son delincuentes contrarrevolucionarios, no son sus métodos humanitarios, no son sus métodos moralmente justos y mucho menos es el régimen buscado cualitativamente superior al que tenemos, su pretensión no es derrocar un régimen inmoral, totalitario o arbitrariamente injusto y eso pienso no amerita mayor explicación pues son sobradamente conocidas las características profundamente humanas, populares y solidarias del modelo político que escogimos, muy por el contrario su pretensión es derrocar un modelo político para instalar otro precario y decadente, moralmente inaceptado por cualquier persona medianamente justa, lo que los convierte en inconformes políticos con tendencias contrarrevolucionarias que nunca llegarían a convertirse en presos o delincuentes políticos.

Por ende el tratamiento jurídico lógicamente es diferente; el delincuente político es un hombre políticamente justo, moralmente inconforme con un régimen de oprobio, que es acogido con hospitalidad por los pueblos y excluido por el derecho internacional de la extradición, concediéndosele el derecho de asilo.
El delincuente contrarrevolucionario con habitualidad y atendiendo a sus móviles se nos presenta como un terrorista, capaz de acometer las más bajas acciones para conseguir instalarse en el poder no por el bien del pueblo sino para su beneficio personal y el de un grupo social semejante a él despojado de la noción del bien y el mal cuando de acrecer su patrimonio se trata.

Conclusiones:

• El delincuente político es un hombre políticamente justo, moralmente inconforme con un régimen de oprobio.
• Las consideraciones martianas sobre el delito político se corresponden con las asumidas por el modelo revolucionario cubano.

Bibliografía

Martí, José: Obras Completas. Tomos II, IV, XIII, XIX, editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1975.

Folleto del departamento de ciencias penales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Oriente, Cuba.

Colectivo de autores, Derecho Penal parte general ,tomo I.
 



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