Revolución tecnológica o Revolución Social. ¿Dilema ya resuelto?
Resumen: El inicio del tercer milenio no puede ser más pródigo en controvertidos acontecimientos sociales promotores de alternativas diversas para el futuro decursar de la humanidad. Los procesos acelerados de globalización mundial; los adelantos vertiginosos de la ciencia y la tecnología y su impacto creciente en la vida social; las abismales e irreconciliables contradicciones creadas por la globalización neoliberal; el ensanchamiento de la brecha entre pobres y ricos; y en particular, el auge del movimiento progresista con el ascenso al poder de líderes de tendencias progresistas en varios países del continente americano son algunas muestras del despertar impetuoso de este milenio y sus expectativas.
Publicación enviada por Dr. C. Ángel L Romero Romero; Lic. Félix Malpica Rodríguez
El inicio del tercer milenio no puede ser más pródigo en controvertidos acontecimientos sociales promotores de alternativas diversas para el futuro decursar de la humanidad. Los procesos acelerados de globalización mundial; los adelantos vertiginosos de la ciencia y la tecnología y su impacto creciente en la vida social; las abismales e irreconciliables contradicciones creadas por la globalización neoliberal; el ensanchamiento de la brecha entre pobres y ricos; y en particular, el auge del movimiento progresista con el ascenso al poder de líderes de tendencias progresistas en varios países del continente americano son algunas muestras del despertar impetuoso de este milenio y sus expectativas.
Especial interés despiertan los increíbles adelantos tecnológicos y las transformaciones en la vida social originadas por ellos, que han provocado las más acaloradas discusiones y polémicas en cuanto a la magnitud y alcance de los mismos en la sociedad contemporánea. Dichas discusiones han resucitados antiguos dilemas y despertados otros alrededor del papel de la revolución tecnológica en la transformación de la sociedad y en la solución de sus apremiantes problemas, así como de su relación con la revolución social.
El análisis del carácter de la revolución tecnológica en sus diferentes etapas de manifestación; su lugar y significado en el desarrollo social nos conduce, a la luz de esta polémica, de manera obligada a desentrañar las posibles semejanzas y diferencias entre dos eventos que por su impacto social ocupan un destacado lugar en el mundo de hoy: la revolución tecnológica y la revolución social.
Entre los criterios encontrados en la literatura destacamos aquellos que a nuestro juicio nos revelan, en síntesis, las principales posiciones asumidas sobre el particular. En un primer grupo, encontramos opiniones que pretenden hacer de la revolución tecnológica un fenómeno netamente capitalista. Su desempeño se le vincula sólo con los procesos de constitución y remodelación de la sociedad capitalista.
A partir de esta opinión, resulta adecuado caracterizar al nuevo sistema tecno-económico generado por la tercera revolución tecnológica como Capitalismo Informacional. Así, para Manuel Castells “... el informacionalismo está ligado a la expansión y el rejuvenecimiento del capitalismo, al igual que el industrialismo estuvo vinculado a su constitución como modo de producción” (Castells, 2000, p.49)1
La vinculación del fenómeno de la revolución tecnológica a la etapa industrial e informacional de la sociedad capitalista es indudable lo cual, y hasta cierto sentido, es válido a la hora de ubicar el momento histórico en el cual se origina dicho fenómeno. Sin embargo, esta circunstancia no resulta ser condición necesaria y suficiente para declarar a este fenómeno como privativo de esta sociedad.
En cuanto a que la revolución tecnológica ha sobrepasado los marcos de la formación capitalista no cabe dudas pues la propia historia nos muestra cómo dicho proceso ha tenido lugar en condiciones muy diferentes y en países con disímiles estadios de desarrollo.
Baste sólo recordar las diferencias sustanciales entre las revoluciones tecnológicas de Inglaterra y Francia o la de Rusia por citar algunos ejemplos en sus momentos iniciales. En nuestros días, la revolución tecnológica que ocurre en países como China, Vietnam y Cuba da al traste con dicha afirmación.
El propio Castells se da cuenta de ello, pero al hacerlo, reafirma aún más el nexo del capitalismo con la revolución tecnológica en su versión contemporánea. Según su criterio, las sociedades informacionales, en su existencia actual, son capitalistas y no así las sociedades industriales mucha de las cuales fueron de corte estatistas o socialistas.
De este modo, tanto el ámbito como el impacto de la revolución tecnológica quedan circunscritos preferentemente a los marcos estrechos de la sociedad capitalista. A su vez, Castells expone la función a cumplir por esta revolución en esta sociedad consistente en rejuvenecerla o remodelarla.
Así, encontramos, a partir de esta posición, un elemento diferencial esencial para la revolución tecnológica y la revolución social dentro de la sociedad capitalista.
La revolución tecnológica provocaría la transición a la sociedad de la información como fase nueva en el desarrollo de la sociedad industrial capitalista, es decir, rejuvenecería con las bondades de esta revolución a dicha sociedad ajustándola a las nuevas condiciones, pero dicho tránsito no rebasará los marcos de la formación capitalista al ser la sociedad resultante un fenómeno por demás capitalista, ni transformaría radicalmente las bases o fundamentos de ésta.
El otro criterio intenta, a partir también de su función social, identificar a las revoluciones tecnológica y social. Para los simpatizantes de esta idea, tanto la una como la otra originan el paso hacia una nueva formación social, es decir, la sustitución de una sociedad por otra, lo que provocará la transformación radical de la misma.
A esta orientación pertenecen, principalmente, investigadores de corte marxista soviético. Dicha posición se manifiesta de manera meridiana en la postura asumida por un grupo de profesores de Economía Política de la Universidad de Lomonosov.
En el manual de Economía Política elaborado por este colectivo se aprecia claramente la identificación de ambas revoluciones. “La revolución industrial (entiéndase revolución tecnológica - F.M) del siglo XVIII y principios del XIX originó transformaciones cardinales en las relaciones de producción de producción y condujo a la consolidación del modo capitalista de producción en sustitución del modo feudal de producción [...] ninguno de los cambios en la técnica son capaces de remendar al Capitalismo, de eliminar sus contradicciones [...] Para que la revolución técnica se convierta en revolución industrial (revolución tecnológia - F.M) será necesario la sustitución del Capitalismo por el Socialismo” (Col. Aut, 1979, p.243).2
La revolución tecnológica al no eliminar las contradicciones propias de la sociedad capitalista, no puede cumplir la función rejuvenecedora que le atorgan los partidarios de la primera orientación, por lo que tendrá ahora que complir una única función: sustituir el sistema social imperante por otro. Iguala-se así a la revolución tecnológica con la revolución social en cuanto a su papel fundamental en la sociedad.
Al tratar de explicar nuestra posición ante este asunto asumimos y desarrollamos, en primer lugar, la idea planteada por Marx y Engels, aunque no desarrollada por ellos, de concebir a la revolución tecnológica como antesala de la revolución social.
Sirven, además, de sustento teórico las ideas expresadas por los historiadores soviéticos Mijail Barg y Efim Cherniak al abordar el problema del papel jugado por las revoluciones europeas en el proceso de transición del Feudalismo al Capitalismo en los siglos XVI-XIX.
De acuerdo con la opinión de estos autores, las revoluciones burguesas de los siglos XVI-XIX son, desde el punto de vista histórico mundial, revoluciones de la época de transición. Si tomamos en consideración el periodo histórico abordado no cabe dudas de que al menos la primera revolución tecnológica puede ser considerada como una revolución de épocas o periodos de transición. Su aparición y desarrollo ocurre en situaciones y momentos críticos del desarrollo social: el tránsito de la manufactura a la industria .
Creemos que esta condición le es inherente a los demás tipos de revolución tecnológica pues la segunda revolución tecnológica estuvo vinculada a la transición hacia una nueva fase de la formación capitalista: la imperialista. Para el caso de la tercera, es unámime la creencia de que en estos momentos la sociedad contemporánea se encuentra en un franco proceso de transición hacia la sociedad del conocimiento.
En esta perspectiva, la revolución tecnológica se nos presenta como elemento integrante del sistema de revoluciones burguesas componente de un sistema único, de una época, que personifica, en este caso, la homogeneidad sociológica de este tipo histórico de revolución, a pesar de la especificidad histórica de cada una de ellas.
Esta época fue caracterizada por Lenin como la bancarrota del Feudalismo y del Absolutismo donde se constituyen la Sociedad y el Estado democrático-burgueses. Sin embargo, esto no presupone el otorgamiento de por vida de revolución burguesa a la revolución tecnológica.
Del mismo modo que para Marx las revoluciones de 1648 y de 1789 no fueron revoluciones ni inglesa, ni francesa, sino fueron revoluciones de estilo europeo y significaron en el caso de la primera, el triunfo del siglo XVII sobre el XVI, y para la segunda, el triunfo del siglo XVIII sobre el XVII, la revolución tecnológica como fenómeno social y fruto genuino de su desarrollo significó ante todo, el truinfo del concimiento sobre la empiria, de la razón intelectual por sobre la razón instrumental. “La revolución industrial ha despertado a la vida unas fuerzas industriales y científicas de cuya existencia no hubiese podido sospechar siquiera ninguna de las épocas históricas precedentes” (Marx, 1978.p.513). 3
Si bien no cabe dudas de que sin las condiciones del desarrollo capitalista jamás hubiera posible la revolución tecnológica, la aplicación actual de las máquinas es sólo una de las relaciones de nuestro régimen actual, capitalista en su abrumadora mayoría, pero el modo de explotar las máquinas es totalmente distinto de las propias máquinas. Por eso, la inserción de las máquinas a un determinado medio está determinado, en lo fundamental, por el modo en que se explote a las mismas y a las relaciones sociales en las que se inserta.
En otras palabras, en cuanto tal, entendida desde el punto de vista sociológico, la revolución tecnlógica no es burguesa ni socialista, ni inglesa, francesa o alemana por cuanto constituye un exponente de un movimiento más universal que se corresponde con las leyes más generales del movimiento social, del que este tipo de revolución se hace cada vez más un factor de estímulo a dicho movimiento.
Si las consecuencias internacionales de la Revolución Inglesa de 1648, desbordaron el camino para un amplio desarrollo de la manufactura, las consecuencias de la Gran Revolución Francesa desplegaron la revolución tecnológica a escala de toda Europa, la tercera revolución tecnológica hace de ella un fenómeno universal a escala internacional, transformándola en un evento participante de un movimiento mucho más general y en el que participan todos los sistemas sociales en dependencia de sus desarrollos particulares.
Todo lo antes expuesto nos sirve para reforzar la insostenibilidad de las afirmaciones que pretenden hacer de la revolución tecnológica un fenómeno netamente capitalista.
Por otro lado, consideramos carente de valor los criterios referentes a identificar a la revolución tecnológica con la revolución social. En el análisis de las revoluciones burguesas en la transición hacia el Capitalismo, Barg y Cherniak al determinar del lugar que ocupan cada una de ellas nos aportan criterios muy importantes para refutar esta idea de igualar ambas revoluciones expresada con anterioridad.
Según estos autores “debemos distinguir las revoluciones desde el punto de vista de la transición de una sociedad a una nueva formación socioeconómica y desde el punto de vista de la transformación de la estructura socioeconómica.” (Barg y Cherniak, p.66).4
Este elemento es de particular importancia pues nos permite comprender los criterios de diferenciación entre los diversos tipos de revoluciones burguesas y ubicar e interpretar, a la vez, a la revolución tecnológica dentro de la oleada de revoluciones que participan de la transición.
Las revoluciones burguesas de los siglos XVI-XIX, según ellos, por su contenido histórico pueden diferenciarse en: Interformacional e Intraformacional. Serán Interformacionales las revoluciones que participan en la transición hacia el Capitalismo. Intraformacionales, las que ocurren al interior de la propia sociedad.
Dentro de la Intraformacional se distinguen: interfásicas, participan en la transición de una fase a otra; e Intrafásicas, dentro de la misma fase.
Desde esta clasificación, la revolución tecnológica puede ser entendida como Intraformacional, por cuanto la misma no participa en la transición del Feudalismo al Capitalismo, hecho que fue cumplido por la Revolución Burguesa Inglesa de 1648 y la francesa de 1789, por citar a las grandes revoluciones gestoras del capitalismo como sistema social.
Como las revoluciones interformacionales no pueden por si solas cumplir todas las tareas de la transición, las revoluciones intraformacionales no hacen más que concluir lo ya hecho por las primeras. Así, si una revolución interformacional no llega a cumplir todas sus tareas, las misma son ejecutadas por la oleada de revoluciones posteriores que son, por su contenido socioeconómico, revoluciones intraformacionales: intrafásica e interfásicas.
Estas revoluciones, dentro de las que se destaca la revolución tecnológica, se proponen cumplir tareas interfásicas específicas, a saber, la de establecer, entre otras, la correlación entre la base y la superestructura, reestructurar las fuerzas productivas llenándolas de contenido nuevo, reacomodar las relaciones de producción en las nuevas condiciones del desarrollo de las fuerzas productivas, contribuyendo de esta forma ha convertir al nuevo modo de producción en modo de producción dominante.
Sabemos, por ejemplo, que la primera revolución tecnológica significó el tránsito de la etapa o fase manufacturera del capitalismo a su etapa industrial contribuyendo de manera decisiva a la implantación definitiva del modo de producción capitalista, proceso que ocurrió dentro de la misma formación socioeconómica: la Capitalista.
Por tanto, la revolución tecnológica puede verse, además, como revolución interfásica al ejecutar las tareas propias de este tipo de revolución: tránsito de una fase a otra dentro de la propia sociedad.
Por otro lado, las revoluciones intraformacionales e interfásicas pueden revestir una importancia trascendental en el ámbito histórico universal pudiendo ser catalizadoras de las revoluciones interformacionales. Está claro que a medida que las revoluciones intraformacionales e interfásicas cumplan las pequeñas o específicas tareas de la transición van creando las condiciones necesarias para la aparición de revoluciones Interformacionales.
Esta interdependencia dialéctica entre dichas revoluciones nos deja ver claramente el lugar y papel de la revolución tecnológica no ya a nivel de un país o región en particular sino dentro del proceso del desarrollo social y de la historia universal.
Precisamente, desde nuestra perspectiva, creemos que esto constituye la función fundamental que cumple la revolución tecnológica como componente del sistema de revoluciones que participan de la consolidación del sistema socioeconómico imperante. Por cuanto genera todo un conjunto de transformaciones a nivel de la cultura y la sociedad donde se desarrolla la revolución tecnológica favoreciendo el fortalecimiento y remodelación de la nueva formación social, pero también, crea las condiciones catalizadoras de la revolución interformacional.
Esto hace de la revolución tecnológica una revolución intraformacional e interfásica.
Contribuyen en nuestra perspectiva, además, la idea de I. Wallerstein y T. Hopkins de concebir a la revolución tecnológica como parte de la crisis estructural del sistema social en que esta ocurre. Esto significa que los cambios producidos por la nueva versión de la revolución tecnológica no van a transformar el sistema social en su integridad y no afectaría al sistema en cuanto tal, sino sólo a aquellas esferas donde influyen sus resultados de manera directa.
Son características de esta revolución tecnológica: el uso de la información, el conocimiento, la microelectrónica y las telecomunicaciones como soporte material de dicha revolución. Además, según la mayoría de los investigadores, a las nuevas tecnologías de la información le son propias: la innovación; la globalización; la convergencia; la información; la interconexión y la flexibilidad.
Estas propiedades provocan cambios significativos en la fisonomía y anatomía de la sociedad actual pero sin alterar en su esencia los fundamentos básicos de la sociedad capitalista contemporánea que se mantiene siendo la misma.
La introducción de la informática y las telecomunicaciones en la esfera productiva provoca transformaciones en el aspecto técnico: el paso de lo analógico a lo digital, de los semiconductores a los microprocesadores, de la empresa a la red, entre otras.
En cuanto a lo organizacional: de la producción en serie a la producción flexible, de la integración vertical y la gestión funcional jerárquica al grupo y la colaboración entre la dirección y los trabajadores, de trabajadores profesionales a especialistas multifuncionales, de la producción en gran escala (stock) a la producción por pedido (cero stock), de la fábrica a la oficina virtual, de la unidad a la red, y otras.
En lo referente a lo cultural: deshace los viejos mitos de la creencia en el progreso tecnológico ininterrumpido y en una preponderancia duradera de la economía; de la creencia que el ser más grande proporcionaba más eficacia; de la creencia en el carácter inagotable de los recursos proporcionado por el medio natural; de la creencia que la descomposición externa del proceso del trabajo proporcionaría ganancias de productividad crecientes; de la creencia que los consumidores seguirían comprando siempre más objetos estandarizados, etc.
Estos cambios no alteran en esencia el status de la sociedad capitalista actual.
Así, la revolución tecnológica no puede identificarse con la revolución social pues las mismas cumplen funciones diferentes dentro del proceso del desarrollo social, y muy especialmente en las distintas etapas de transición que aparecen en el mismo.
Como se ha señalado, la revolución tecnológica remodela, actualiza, maniquea a la sociedad capitalista actual sin que esta pierda su esencia. La revolución social, por el contrario, rompe con todas las ligaduras de la vieja sociedad e instaura una nueva, cualitativamente distinta en su esencia y conformación.
Desde la perspectiva histórica, en el proceso del desarrollo social los diferentes tipos de revoluciones se suceden unas a las otras. La revolución tecnológica en calidad de revolución intraformacional antecede a la revolución social y prepara las condiciones indispensables para el surgimiento y cumplimiento de la misma. Según Marx, el desarrollo hasta las últimas consecuencias de las fuerzas productivas sociales es condición inalienable para la sustitución de una sociedad por otra y en esto la revolución tecnológica juega en papel preponderante al perfeccionar y estimular constantemente el mejoramiento de las mismas.
Estructuralmente, la revolución tecnológica constituye un elemento consustancial del desarrollo social, entronizado por el Capitalismo al mismo, dado en la necesidad de transformar constantemente, en primera instancia, los medios de producción en aras satisfacer las demandas de éste, siendo integrante de un proceso de transformación más universal que constituye el tránsito hacia una nueva sociedad cuyo máximo exponente es la revolución social, a quien le corresponde el papel predominante en este proceso. Gracias a ella es que se produce el paso de una sociedad a otra.
En el plano funcional, la revolución tecnológica al cumplir las tareas inherente a la revolución interfásica provoca cambios, en la sociedad en la que tiene lugar, que a la larga acentúan las contradicciones y diferencias propias de la sociedad en un momento dado, muy por el contrario de lo que los pregoneros del Capitalismo intentan hacer ver, y son un ingrediente indispensable para la ocurrencia de la revolución social.
En lo cultural, provoca importantes variaciones en las creencias, gustos, aspiraciones, representaciones y concepciones sobre los modos y organización de la vida social como resultado del impresionante impacto sobre ella de las nuevas tecnologías. Estos nuevos conocimientos son instrumentos ideales de un valor indiscutible en el proceso de preparación y el logro de la transición hacia la nueva sociedad.
Socialmente, la revolución tecnológica incrementa la movilidad social de las clases y grupos sociales gestores de la transición. Aparecen nuevas fuerzas sociales que amplían y diversifican las posibilidades de esta y enriquecen su contenido. Al agudizar las diferencias entre los diversos sectores productivos y sociales se transforma en una fuerza dinamizadora del movimiento social.
Todos estos aspectos hacen de la revolución tecnológica un antecedente indiscutible del proceso de revolución social pero sin llegar a cumplir las tareas de esta, y menos aún sustituir a la segunda.
Por ello, creemos que la revolución tecnológica desempeña un papel importantísimo en el surgimiento y desarrollo de la serie de necesarios cambios que a la postre prepararan las condiciones para la ocurrencia de la revolución social. Al revolucionar el modo de producción imperante provoca toda una reacción en cadena en las otras esferas de la vida económica, política, espiritual de la sociedad.
Una revolución social radical se halla sujeta a determinadas condiciones históricas del desarrollo económico y social, siendo estas transformaciones provocadas por la revolución tecnológica fundamentos básicos para la ocurrencia de una revolución social y con ella el tránsito de una sociedad a otra. Dicho tránsito hace de esta nueva sociedad un estadio superior en el desarrollo histórico social. Se confirma de este modo la idea de Marx y Engels de concebir a la revolución tecnológica como antesala de la revolución social.
Referencias Bibliográficas
1-Castells, M. “La Era de la Información. Volumen 1. La Sociedad en Red. Editorial Alianza, Madrid, 2000. p.49.
2-Colectivo de Autores. “Curso de Economía Política” Lomonosov, Editorial Progreso, Moscú, 1979. p.243.
3- Barg, M. Cheniak, E. “Revolución Europea en el proceso de transición del Feudalismo al Capitalismo (siglo XVI-XIX)” en Academia de Ciencia de la URSS, Editorial Nauka, Moscú, 1990. p.66.
4- Marx, C. “Discurso Pronunciado en la Fiesta del Aniversario del People´s Paper” en Obras Escogidas en Tres Tomos, Tomo 1. Editorial Progreso, Moscú, 1978. p.513.
Bibliografía
- Barg, M. Cheniak, E. “Revolución Europea en el proceso de transición del Feudalismo al Capitalismo (siglo XVI-XIX)” en Academia de Ciencia de la URSS, Editorial Nauka, Moscú, 1990.
-Castells, M. “La Era de la Información. Volumen 1. La Sociedad en Red. Editorial Alianza, Madrid, 2000.
-Colectivo de Autores. “Curso de Economía Política” Lomonosov, Editorial Progreso, Moscú, 1979.
- Marx, C. “Discurso Pronunciado en la Fiesta del Aniversario del People´s Paper” en Obras Escogidas en Tres Tomos, Tomo 1. Editorial Progreso, Moscú, 1978.
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Publicación enviada por Dr. C. Ángel L Romero Romero; Lic. Félix Malpica Rodríguez
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Publicado Tuesday 18 de August de 2009
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