| Simon Bolivar en Jose Marti |
Resumen: El analisis de la presencia de Simon Bolivar en Jose Marti constituye el centro de atencion del presente trabajo, que se sustenta en las ideas expresadas por el Apostol de la independencia de Cuba en varias de sus obras...
Publicación enviada por M. Sc. Edmundo de Jesús de la Torre Blanco
“Cuentan que un viajero llegó a Caracas al anochecer, y sin sacudirse el
polvo del camino, no preguntó donde se comía ni se dormía, sino como se iba
adonde estaba la estatua de Bolívar. Y cuentan que el viajero, sólo con los
árboles altos y olorosos de la plaza, lloraba frente a la estatua, que parecía
que se movía, como un padre cuando se le acerca un hijo. El viajero hizo bien,
porque todos los americanos deben querer a Bolívar como a un padre” (1: 304).
Ese viajero era el cubano José Martí y Pérez y el párrafo citado anteriormente
corresponde al conocido texto “Tres Héroes”, dedicado a Simón Bolívar, al cura
Hidalgo, de México y a José de San Martín, “el libertador del sur”. Se trata de
uno los textos que escribiera para los (las) niños (as) en la revista que a
ellos (as) dedicara en 1889 y a la que llamó “La Edad de Oro”.
José Martí (1853- 1895), Apóstol de la independencia de Cuba, Héroe Nacional de
nuestro país, ha sido considerado con justeza el más genial y universal de los
cubanos del siglo XIX. Su vida, relativamente breve, pero intensa, constituyó un
digno ejemplo para los hombres de su tiempo y para las posteriores generaciones
de cubanos y latinoamericanos que devinieron herederos y continuadores de su
pensamiento y obra revolucionaria.
Sobresaliente por sus dotes literarias, evidenciadas tanto en su obra poética
como en su multifacética prosa, fue también un excelente político, cuyo
pensamiento abarcador y visionario lo convierten en la figura que sintetiza lo
mejor y lo más avanzado del pensamiento revolucionario cubano y latinoamericano
de su época.
Organizó y preparó la última gesta emancipadora del pueblo cubano contra el
colonialismo español, para lo que fundó un instrumento político de proyección
unitaria, concebido como un verdadero frente nacional: el Partido Revolucionario
Cubano, constituido “…para lograr con los esfuerzos reunidos de todos los
hombres de buena voluntad, la independencia absoluta de la Isla de Cuba, y
fomentar y auxiliar la de Puerto Rico” (2: 279).
Esa gesta independentista, concebida como una “guerra necesaria”, pero “generosa
y breve” pretendía convertir a las Antillas liberadas en muro de contención de
las ambiciones expansionistas norteamericanas en la región. De igual modo, se
aspiraba a construir en Cuba una república democrática “con todos y para el bien
de todos”, fundada en la paz y en el trabajo, que garantizara la felicidad de
todos sus hijos y cuya ley primera fuese la del culto de los cubanos a la
dignidad plena del hombre.
Como se sabe, el proyecto martiano fue frustrado tras su prematura muerte en
combate, ocurrida el 19 de mayo de 1895, apenas tres meses después de iniciada
la guerra. A esa frustración contribuyeron el resquebrajamiento de la unidad de
los patriotas cubanos y la intervención norteamericana en la guerra que éstos
sostenían exitosamente contra el decadente imperio español. Fue esa intervención
la que posibilito la instauración de la dominación neocolonial de los Estados
Unidos sobre Cuba, que se prolongó durante casi 60 años, en el curso de los
cuales el proyecto martiano fue bandera de lucha de nuevas generaciones de
revolucionarios hasta que la Generación del Centenario, encabezada por Fidel
Castro, hiciera realidad, en enero del 59, la república pospuesta de Martí.
Ahora bien:
¿Cómo entender la presencia de Simón Bolívar en José Martí?
En opinión del autor, esa presencia se manifiesta en dos direcciones
estrechamente vinculadas entre sí:
I- Las valoraciones que explícitamente hace Martí sobre Bolívar como
personalidad histórica, valoraciones que aparecen en discursos, artículos
periodísticos, cartas y otros textos de José Martí.
II- La consonancia de los proyectos bolivariano y martiano para Nuestra América.
El análisis de ambas direcciones supone la necesidad de acudir a las ideas
expresadas por el Apóstol en varias de sus obras. De ahí la importancia de
citarlas, refiriéndolas textualmente, a modo de ejemplos ilustrativos que
permiten apreciar desde la altura del pensamiento martiano no sólo la profunda
admiración y el respeto que nuestro Héroe Nacional sentía hacia ese padre de
pueblos, sino también la comprensión de la magnitud y del significado del
frustrado plan bolivariano para nuestra América, que Martí trataría de
materializar posteriormente en un nuevo contexto histórico.
En consecuencia con lo expresado, se refieren a continuación algunos ejemplos
ilustrativos de la primera dirección:
En el ya citado texto “Tres Héroes”, Martí destaca que cuando existen muchos
hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos
hombres. Y señala: Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los
que le roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro.
En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad
humana. Esos hombres son sagrados. (3:305)
Y coloca a Bolívar, junto a San Martín e Hidalgo en esa categoría de hombres,
señalando, con toda justeza que… “Se les debe perdonar sus errores, porque el
bien que hicieron fue más que sus faltas. Los hombres no pueden ser más
perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol
tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los
agradecidos hablan de la luz”. (4:305).
Valga entonces, por su vigencia, esta importante reflexión que nos permite
valorar a las personalidades históricas con la objetividad necesaria y teniendo
en cuenta su real dimensión como seres humanos.
Refiriéndose en el mismo texto a Bolívar, apunta:
“Ganó batallas sublimes con soldados descalzos y medio desnudos. Todo se
estremecía y se llenaba de luz a su alrededor. Los generales peleaban a su lado
con valor sobrenatural (…) Jamás se peleó tanto, ni se peleó mejor, en el mundo
por la libertad. Bolívar no defendió con tanto fuego el derecho de los hombres a
gobernarse por sí mismos como el derecho de América a ser libre. Los envidiosos
exageraron sus defectos (…) murió de pesar en el corazón, más que de mal del
cuerpo” (5:306).
El 27 de noviembre de 1877, durante su estancia en Guatemala, escribe una carta
a Don Valero Pujol, en la que refuta a quienes se quejan de su manera de
proyectarse en la tribuna, acusándolo de atacar las circunstancias y de ser
inoportuno con sus planteamientos audaces. Al respecto refiere:
“Les hablo de de lo que hablo siempre, de ese gigante desconocido, de estas
tierras que balbucean, de nuestra América fabulosa. Yo nací en Cuba, y estaré en
tierra de Cuba aún cuando pise los no domados llanos del Arauco. El alma de
Bolívar nos alienta; el pensamiento americano me transporta…” (6: 111).
Hermoso elogio escribe Martí en junio de 1883 en la revista “La América” de
Nueva York, dedicado a la estatua de Bolívar que “amasada con manos piadosas e
inspiradas” había sido construida por el joven caraqueño Rafael de la Cova, por
encargo del gobierno venezolano a propósito de la celebración del centenario del
“padre de los pueblos”.
Este texto, titulado precisamente “La estatua de Bolívar” contiene una bellísima
descripción de la obra, de nueve pies de alto, así como del reflejo en ella de
las características físicas y espirituales del héroe que la inspiró. Martí se
refiere a de la Cova como “…genioso escultor venezolano, devorado de una sed que
mata, pero que lleva a la gloria: la sed de lo grande”. (7:178)
Llaman la atención las palabras iniciales del elogio, cuando Martí señala:
“Respira en bronce una vez más, moldeado por manos filiales y vaciado del yeso
por fieles fundidores, aquel hombre solar, a quien no concibe la imaginación
sino cabalgando en carrera frenética, con la cabeza rayana en las nubes, sobre
caballo de fuego, asido del rayo, sembrando naciones. Burló montes, enemigos,
disciplina, derrotas; burló el tiempo; y cuanto quiso pudo, menos mellar el
diente de los ingratos. No hay cosa que le moleste tanto a los que han aspirado
en vano a la grandeza, como el espectáculo de un hombre grande; crecen los
dientes sin medida al envidioso” (8:175).
Y añade:
“Nada fatigó tanto a Bolívar, ni lo entusiasmó tanto, como su empeño férvido, en
sus tiempos burlado, de despertar a todo su decoro los pueblos de la América
naciente…” (9:176).
Dos meses después (agosto- 1883), en la misma revista se publica una reseña de
Martí sobre la fiesta realizada por los hispanoamericanos de Nueva York para
celebrar, “con elevación de pensamiento y majestad dignas de él”, el centenario
de Bolívar. En este texto lo califica de “… caudillo singular y magnánimo que
aseguró al comercio del mundo y a la posesión fructífera de los hombres libres
el suelo en que florecen” (10: 178).
Su admiración por el héroe se evidencia igualmente en una carta dirigida el 10
de abril de 1885 al Sr. Heraclio Martín de la Guardia, que había dedicado a
Martí un poema por el Centenario de Bolívar. El autor expresaba en su
dedicatoria:
“Señor:
Ama Ud. a Venezuela como hijo; admira a Bolívar como agradecido. Los escritos de
Ud. han fortalecido mi espíritu en muy tristes momentos. A usted dedico estas
páginas” (11: 274).
No menos ilustrativos de esa admiración son los discursos que el Apóstol cubano
pronunció en honor a Venezuela y al Libertador.
Tal es el caso del pronunciado en 1892, en una velada de la Sociedad Literaria
Hispanoamericana de Nueva York, en el que declara no saber que haya derecho más
grato que el “… de venerar como hijo a la tierra que nos ha dado en nuestro
primer guerrero a nuestro primer político…”(12:291)
Se refiere en este discurso a Bolívar como ”… aquel cuyo nombre no se ha de
decir, porque con evocarlo sólo ya las almas se subliman y elevan; del que por
las astas tomó la naturaleza, cuando la naturaleza se le oponía, y la volcó en
tierra; del que cuando pensó en “poner una piedra fundamental para la libertad”
en América, no la pidió para la libertad de Venezuela, sino para la libertad sud-
americana; del que murió del afán devorador de alzar a tiempo, con un siglo de
tiempo, las energías que al cabo de él habría de necesitar para su salvación, en
la batalla esencial y evitable, el continente que se sacó de las entrañas.”
(13:293-294).
Rivalizan por su belleza las ideas que expresara en el discurso pronunciado el
28 de octubre de 1893, precisamente en honor a Bolívar, en la misma Sociedad:
Afirma Martí:
“Pensar en él, asomarse a su vida, leerle una arenga, verlo desecho y jadeante
en una carta de amores, es como sentirse orlado de oro el pensamiento. Su ardor
fue el de nuestra redención, su lenguaje fue el de nuestra naturaleza, su
cúspide fue la de nuestro continente: su caída, para el corazón”. (14:241)
“¡Oh, no! En calma no se puede hablar de aquel que no vivió jamás en ella: ¡de
Bolívar se puede hablar con una montaña por tribuna o entre relámpagos y rayos,
o con un manojo de pueblos libres en el puño, y la tiranía descabezada a los
pies…”(15:241)
“Pero cuanto dijéramos, y aún lo excesivo, estaría bien en nuestros labios esta
noche, porque todos cuantos nos reunimos hoy aquí, somos hijos de su
espada.”(16:242)
“Hombre fue aquel en realidad extraordinario. Vivió como entre llamas, y lo
era.”(17:242)
“¡Pero así está Bolívar en el cielo de América, vigilante y ceñudo, sentado aún
en la roca de crear, con el inca al lado y el haz de banderas a los pies; así
está él, calzadas aún las botas de campaña porque lo que él no dejó hecho, sin
hacer está hasta hoy; porque Bolívar tiene que hacer en América
todavía!”(18:243)
¿Adónde irá Bolívar?- se preguntaba reiteradamente Martí en los párrafos finales
de su magistral discurso. Y respondía:
-¡Al respeto del mundo y a la ternura de los americanos!
-¡Al brazo de los hombres para que defienda de la nueva codicia y del terco
espíritu viejo, la tierra donde será más dichosa y bella la humanidad! (19:247)
Y concluía:
¡Así, de hijo en hijo, mientras la América viva, el eco de su nombre resonará en
lo más viril y honrado de nuestras entrañas”(20:248)
Pero en sus valoraciones no desconoció Martí lo que consideró errores del
Libertador o limitaciones epocales para la concreción de su proyecto
continental.
Así lo evidencia el citado discurso en honor a Venezuela, de 1892, en el que
destaca que Bolívar murió “…del desacuerdo entre su espíritu previsor y la época
de distancias enemigas y de civilizaciones hostiles, o incompletas o ajenas, o
aborígenes y degradadas, que juntó él mismo a vivir”.
Y añadía que murió de la lucha por entonces inútil entre su idea continental con
las ideas locales, y de la fatiga de conciencia de haber traído al mundo
histórico una familia de pueblos que se le negaba a acumular, desde la cuna, las
fuerzas con que podía, un siglo más tarde, refrenar sin conflicto y contener
para bien del mundo las execrencias del vigor foráneo, o las codicias que por
artes brutales o sutiles pudiesen caer, arrollando o serpeando sobre los pueblos
de América. (21:294)
De igual modo, en el discurso de 1893, refiere: “Acaso, en su sueño de gloria,
para la América y para sí, no vio que la unidad de espíritu, indispensable a la
salvación y dicha de nuestros pueblos americanos, padecía, más que se ayudaba,
con su unión en formas teóricas y artificiales que no se acomodaban sobre el
seguro de la realidad…” (22:246)
No obstante, Martí reafirma la extraordinaria dimensión del héroe americano el
31 de octubre de ese año, cuando reseña en el periódico PATRIA lo que denomina
“La fiesta de Bolívar en la Sociedad Literaria Hispanoamericana”. Refiriéndose
al Libertador expresa:
“La América, al estremecerse al principio del siglo desde las entrañas hasta las
cumbres, se hizo hombre, y fue Bolívar” (23:251).
Y destacaba que “…los cubanos lo veremos siempre arreglando con Sucre la
expedición, que no llegó jamás, para libertar a Cuba” (24:252)
Pero José Martí fue heredero y continuador del proyecto continental que Bolívar
no pudo concretar en su época. Como él, previó las intenciones del pujante
vecino del norte, que en las décadas finales del siglo XIX arriba a la fase
imperialista de su desarrollo capitalista, transición que Martí vivió in situ,
durante sus casi 15 años de estancia en Estados Unidos.
Se abordará seguidamente la otra manifestación de la presencia de Bolívar en
Martí, referida, como ya se dijo, a la consonancia de sus proyectos para Nuestra
América.
Esa consonancia puede ser constatada igualmente en el estudio de la obra
martiana, reflejo de su pensamiento y acción revolucionarios.
De sus preocupaciones respecto a Estados Unidos constituye un claro ejemplo el
Prólogo que escribiera para sus “Versos Sencillos”, obra publicada en Nueva York,
en 1891.
Expresaba Martí:
“Mis amigos saben cómo se me salieron estos versos del corazón. Fue aquel
invierno de angustia, en que por fe fanática, o por miedo, o por cortesía, se
reunieron en Washington, bajo el águila temible, los pueblos hispanoamericanos.
¿Cuál de nosotros ha olvidado aquel escudo, el escudo en que el águila de
Monterrey y Chapultepec, el águila de López y Walker, apretaba en sus garras los
pabellones todos de la América? (25:61)
Se refería el Apóstol a la Primera Conferencia Internacional Americana, iniciada
en 1889 a iniciativas del gobierno de Estados Unidos, interesado en la
implementación de mecanismos que posibilitaran su dominación en la región.
Martí escribió varias crónicas sobre esa Conferencia que fueron remitidas al
diario La Nación, de Buenos Aires. En la primera de ellas, de fecha 2 de
noviembre del citado año, expresó:
(…)Jamás hubo en América, de la independencia acá, asunto que requiera más
sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y minucioso, que
el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendibles, y
determinados a extender sus dominios en América, hacen a las naciones americanas
de menos poder, ligadas por el comercio libre y útil con los pueblos europeos,
para ajustar una liga contra Europa, y cerrar tratos con el resto del mundo. De
la tiranía de España supo librarse la América española; y ahora, después de ver
con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir,
porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar
su segunda independencia” (26:46)
Este asunto, retomado en otras crónicas, fue expuesto con singular maestría en
el ensayo “Nuestra América”, verdadera joya literaria en ese género, publicado
en enero de 1891. En el texto alertaba Martí:
“Pero otro peligro corre, acaso, nuestra América, que no le viene de sí, sino de
la diferencia de orígenes, métodos e intereses entre los dos factores
continentales, y es la hora próxima en que se le acerque, demandando relaciones
íntimas, un pueblo emprendedor y pujante que la desconoce y la desdeña” (27:21).
Ante ese peligro no habría repuesta más necesaria y efectiva que la UNIDAD. De
ahí que hiciera el siguiente llamado:
“Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes
van a pelear juntos (…). Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el
aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el
capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades; ¡los árboles se han de
poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del
recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la
plata en las raíces de los Andes” (28:15).
Sólo con la unidad podrían los pueblos de la América situada al sur del río
Bravo poner freno a las intenciones del gigante del norte. Intenciones que según
el proyecto concebido por Martí podrían ser refrenadas también con la fundación
en Cuba de una nación capaz de cumplir, en la vida histórica del continente, los
deberes difíciles que su situación geográfica le señalaba.
Recuérdese lo expresado inicialmente sobre la importancia que Martí concedía a
la independencia de Cuba y Puerto Rico, aspecto que reafirmaba en el artículo
titulado “El tercer año del Partido Revolucionario Cubano”, publicado en PATRIA,
el 17 de abril de 1894, en el que apunta:
“No son meramente dos islas floridas, de elementos aún disociados, lo que vamos
a sacar a la luz…” (29:142)
“… la independencia de Cuba y Puerto Rico no es sólo el medio único de asegurar
el bienestar decoroso del hombre libre en el trabajo justo a los habitantes de
ambas islas, sino el suceso histórico indispensable para salvar la independencia
amenazada de las Antillas libres, la independencia amenazada de la América
libre, y la dignidad de la república norteamericana. ¡Los flojos, respeten: los
grandes, adelante! Esta es tarea de grandes” (30:143).
De modo que, en las condiciones de un nuevo tiempo histórico y en circunstancias
diferentes, José Martí pretendía llevar adelante, completándolo, el proyecto
continental de Bolívar, que también había comprendido en su momento la
importancia de lograr la emancipación de las Antillas españolas. A lograr este
propósito había consagrado Martí su vida como revolucionario. Abiertamente lo
declaraba en la carta que escribió el 18 de mayo de 1895 a su amigo mexicano
Manuel Mercado, carta que dejó inconclusa cuando la muerte lo sorprendió al día
siguiente en Dos Ríos. En ella expresa:
“…ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber-
puesto que lo entiendo y tengo ánimo con que realizarlo- de impedir a tiempo con
la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y
caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta
hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente,
porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo
que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el
fin” (31:167- 168)
Su intención era, en consecuencia, impedir que en Cuba se abriese el camino de
la anexión de los pueblos de nuestra América, al norte revuelto y brutal que los
desprecia, que Martí conocía muy bien por haber vivido en las entrañas del
monstruo. Su honda, afirmaba, era la de David.
Como se dijo antes, el proyecto martiano tampoco pudo concretarse en su tiempo
histórico, lo que condicionó su posterior vigencia y asunción por nuevas
generaciones revolucionarias y las figuras representativas de éstas. Con las
doctrinas del Maestro en el corazón, Fidel Castro y los jóvenes de la Generación
del Centenario protagonizaron el 26 de julio de 1953 las acciones que dieron
inicio a una nueva etapa del proceso revolucionario cubano, la que condujo a la
victoria del 1ro de enero de 1959 y con ella al cumplimiento por la Revolución
Cubana de su papel de vanguardia en la lucha por la segunda y definitiva
independencia de los pueblos de Nuestra América, camino que hoy recorren otros
pueblos de la región, a la cabeza de los cuales marcha la Revolución Bolivariana
conducida por el Comandante Presidente Hugo Rafael Chávez Frías, digno discípulo
de Bolívar, Martí y Fidel..
Existen hoy mejores condiciones para la concreción, a través de los esfuerzos
integracionistas, del proyecto emancipador bolivariano y martiano. Pero este
enfrenta aún poderosos obstáculos e inmensos desafíos que es preciso vencer:
Los sucesos de la segunda mitad del año 2009 en Honduras, el reciente acuerdo
entre los gobiernos de Estados Unidos y Colombia para la instalación de varias
bases militares en el territorio colombiano, y otros hechos que reflejan la
política y los planes del imperio hacia la región que tradicionalmente consideró
como su traspatio, evidencian que Simón Bolívar y José Martí, presentes en los
ideales de integración y unidad enarbolados por los gobiernos y pueblos de Cuba,
Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y otros países, tienen mucho que hacer
todavía en nuestras tierras de América.
Referencias Bibliográficas
1.- Martí, José: Tres Héroes. En: José Martí. Obras Completas. Tomo 18
La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1975. Pág. 304
2.- _________: Bases del Partido Revolucionario Cubano.
En: Ob. cit. Tomo 1, p. 279
3.- _________: Tres Héroes. En: Ob. cit. Tomo 18, p. 305
4.- Ibídem, p. 305.
5.- Ibídem, p. 306.
6.- Martí, José: Carta a Don Valero Pujol. En: Ob. cit. Tomo 7, p.111.
7.- _________: La estatua de Bolívar. En: Ob. Cit. Tomo 8, p.178.
8.- Ibídem, p. 175.
9.- Ibídem, p. 176.
10.- Martí, José: El Centenario de Bolívar. En: Ob. cit. Tomo 8, p. 178.
11.- _________: Carta a Heraclio Martín de la Guardia. En: Ob. Cit. Tomo 7, p.
274.
12.- _________: Discurso pronunciado en la velada de la Sociedad Literaria
Hispanoamericana en honor de Venezuela. En: Ob. cit. Tomo 7, p. 291.
13.- Ibídem, p. 293
14.- Martí, José: Discurso en honor de Simón Bolívar. En: Ob. Cit. Tomo 8,
p. 241.
15.- Ibídem, p. 241.
16.- Ibídem, p. 242.
17.- Ibídem, p. 242.
18.- Ibídem, p. 243.
19.- Ibídem, p. 247.
20.- Ibídem, p. 248.
21.- Martí, José: Discurso pronunciado en la velada de la Sociedad Literaria
Hispanoamericana en honor de Venezuela. En: Ob. cit. Tomo 7, p. 294.
22.- __________: Discurso en honor de Simón Bolívar. En: Ob. Cit.
Tomo 8,
p. 246.
23.-__________: La fiesta de Bolívar en la Sociedad Literaria Hispanoamericana
En: Ob. Cit. Tomo 8, p. 251.
24.- Ibídem, p. 252.
25.- Martí, José: Versos Sencillos. En: Ob. Cit. Tomo 16, p. 61.
26.- __________: Crónicas sobre la Primera Conferencia Internacional
Americana. En: Ob. cit. Tomo 6, p. 46.
27.- __________: Nuestra América. En: Ob. cit. Tomo 6, p.21
28.- Ibídem, p.15
29.- Martí, José: El tercer año del Partido Revolucionario Cubano. En: Ob. cit.
Tomo 3, p.142
30.- Ibídem, p. 143
31.- Martí, José. A Manuel Mercado. En: Ob. cit. Tomo 4, p. 167- 168.
Bibliografía
Martí, José: Obras Completas. Tomos 1, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 18. La Habana:
Editorial
de Ciencias Sociales, 1975.
Torre, Edmundo de la: Conferencia Inaugural de la Cátedra Bolívar- Martí para
la Integración Latinoamericana (Material impreso y en soporte digital).
Cumaná, Estado Sucre, República Bolivariana de Venezuela, 2008
Vitier, Cintio: Cuadernos Martianos II. La Habana: Editorial Pueblo y Educación,
1997.
__________: Cuadernos Martianos III. La Habana: Editorial Pueblo y Educación,
1996.
__________: Cuadernos Martianos IV. Martí y la Universidad, La Habana:
Editorial Pueblo y Educación, 1997.
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