| Julio Antonio Mella, educador social |
Resumen: Julio Antonio Mella (1903- 1929) fue lider indiscutible del movimiento revolucionario cubano en la decada del 20 del pasado siglo. Su multifacetica personalidad ha sido objeto de analisis y valoracion por diversos autores, que han destacado la significacion de su obra como dirigente politico de proyeccion nacional y continental. ..
Publicación enviada por M. Sc. Edmundo de Jesús de la Torre Blanco.
Introducción
Julio Antonio Mella (1903- 1929) fue líder indiscutible del movimiento
revolucionario cubano en la década del 20 del pasado siglo. Su multifacética
personalidad ha sido objeto de análisis y valoración por diversos autores, que
han destacado la significación de su obra como dirigente político de proyección
nacional y continental.
Especial significación tienen los criterios expresados por sus contemporáneos,
entre los que sobresalen nombres como los de Rubén Martínez Villena, Pablo de la
Torriente Brau, Raúl Roa, Emilio Roig de Leuchsenring, Juan Marinello
Vidaurreta, Alfonso Bernal del Riesgo, Tina Modotti y otros que conocieron “en
vivo” de su incansable quehacer.
De gran importancia son también las obras de carácter biográfico escritas por
Erasmo Dumpierre, Olga Cabrera y, más recientemente, por Adys Cupull y Froilán
González, autores de títulos como “Hasta que llegue el tiempo” (1999), “Julio
Antonio Mella y Tina Modotti. Contra el fascismo” (2005) y “Julio Antonio Mella,
en medio del fuego: Un asesinato en México” (2006), que aportan información
valiosa y útil para profundizar en el estudio de tan recia personalidad. De
igual modo, las obras “Julio Antonio Mella. Una biografía” de la profesora e
investigadora alemana Christine Hatzky, y “Buscándote Julio”, de la periodista
Alina Perera Robbio, ambas publicadas en el año 2008.
Igualmente importantes son las compilaciones como Mella. Documentos y artículos,
publicada por el Instituto de Historia del Movimiento Comunista y la Revolución
Socialista de Cuba en 1975 y la obra “Mella 100 Años”, publicada en el año 2003
. Esta última, realizada bajo la dirección de la Dra. Ana Cairo, ensayista y
profesora de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana,
constituye la más completa recopilación de trabajos sobre Mella que se ha
realizado hasta hoy. Tales trabajos, presentados en orden cronológico, incluyen
textos del propio Mella o resultantes de su actividad, y otros que permiten
apreciar diferentes lecturas de su vida y obra a través del tiempo, sustentadas
en criterios sólidos sobre distintas facetas de aquel “Apolo revolucionario”,
protagonista hermoso de los combates por un futuro mejor.
Sin embargo, no ha sido suficientemente investigada la dimensión de Mella como
una de las personalidades que, sin haber tenido una formación específicamente
pedagógica, han ejercido una enorme influencia en la formación de la conciencia
social del pueblo cubano. Esa influencia está asociada a la ejemplaridad de su
conducta, a sus excelentes dotes como comunicador y a otras cualidades que lo
distinguieron como dirigente revolucionario. De ahí que pueda ser considerado un
movilizador educativo del pueblo, un educador social.
Revelar esa dimensión de la personalidad de Mella y, a través de ella, su
contribución al desarrollo de la educación cubana, constituye el objetivo
fundamental del presente trabajo, relacionado con el tema de doctorado del
autor.
Desarrollo
En el quehacer de Mella como educador social se destaca en primer lugar su
intensa actividad movilizativa, dirigida a concientizar, preparar y organizar a
las masas para la continuidad de la lucha de liberación nacional en las
condiciones de la dominación neocolonial del imperialismo norteamericano,
preámbulo indispensable de la liberación social. Fue rápida su comprensión de la
necesidad de una profunda transformación de la realidad económica, social y
política del país y, en consecuencia, de la importancia que tenía la unidad del
movimiento estudiantil con el movimiento obrero y con los trabajadores en
general, con la intelectualidad progresista y otros sectores sociales
interesados en esa transformación.
La influencia educativa de Mella como dirigente revolucionario se realizó desde
las diferentes organizaciones e instituciones de las que fue creador o destacado
participante: Grupo Renovación, FEU, Liga Anticlerical, Confederación de
Estudiantes de Cuba, Sección cubana de la Liga Antiimperialista, primer Partido
Comunista de Cuba, ANERC y otras (incluyendo las relacionadas con su estancia en
México)
No menos importante fue la utilización de folletos, revistas y órganos de prensa
de la época para exponer y difundir las ideas que consideraba necesarias para
movilizar a las masas, educándolas: Alma Mater, Juventud, Lucha de Clases, Cuba
Libre para los Trabajadores, Tren Blindado, El Machete y otros (incluyendo,
cuando fue posible, órganos de la prensa burguesa como El Heraldo y la revista
Carteles)
De igual modo, su intervención directa en mítines, actos de protesta y otras
actividades públicas, en las que con palabra fluida y sincera brillaba por su
claridad profunda y orientadora. Así como su habitual intercambio de ideas con
interlocutores diversos (estudiantes, obreros, intelectuales y otros)
Los contemporáneos de Mella resaltaron sus virtudes como dirigente político y,
dentro de estas, su capacidad par comunicar, educar, captar voluntades y
movilizar. Así, por ejemplo. Loló de la Torriente refirió que “…charlaba y
andaba de un lado para otro, con aquellas pisadas fuertes, dejando oír aquella
su voz meridional y vibrante, que era inconfundible. Más que pronunciar las
palabras, parecía como que las escupía, preguntando, oyendo, asimilando todo
género de conocimiento, y ganándose la voluntad y hasta la simpatía de los que
le eran adversos en procedimiento e ideas, porque al cabo Mella tenía aquello
que llaman “ángel”, madera de líder …” (1: 268)
Y añadía:
“… su palabra elocuente, su gesto viril, su figura apuesta, y sobre todo, la
fuerza con que forjaba el hierro vivo y ardiente, los dejaba a todos atónitos.
Sus razonamientos, en lo íntimo, los ganaba a todos, que sentían gravitar en el
ambiente aquella cosa terrible y grandiosa que se llama una revolución.”
“… en los sindicatos, en las redacciones de los periódicos, en los cafés, Mella
ponía el color y el sabor, porque dejaban de ser lugares donde se charla, se
escribe o se bebe, para convertirse en escuelas.” (2: 269)
Ilustrativas y valiosas son también las opiniones expresadas por su camarada y
amigo, Alfonso Bernal del Riesgo, reflejadas en las ideas siguientes:
“Prefería argumentar a emocionar, aunque emocionaba sin proponérselo, por virtud
de su sinceridad casi tangible y de eso que llaman efecto carismático, sustancia
sutil del liderismo auténtico” (3: 249)
“Mella produjo discursos, folletos y revistas; actos de fundación y de protesta;
organizó, publicó y gestionó… en condiciones muy adversas.” (4: 251)
Pero al abordar la labor de Mella como educador social no pueden obviarse sus
ideas y quehacer en el campo de la educación, sus preocupaciones por el
desarrollo de esta, atendiendo a su masividad y calidad.
Se destacan especialmente en este campo sus proyecciones en torno al contenido y
significado del movimiento estudiantil por la Reforma Universitaria, que él
encabezó. A este aspecto se asocia, en primer lugar, una profunda crítica a la
situación que existía en la Universidad, incluyendo la del profesorado que
entonces laboraba en la casa de altos estudios.
Reflejo de esa crítica es la entrevista concedida el 23 de noviembre de 1924 a
Arturo A. Roselló, de la revista Carteles, en la que afirmó
“La realidad de nuestra situación comprende una lucha entre dos tendencias: la
nuestra, la creadora, activa, ansiosa de fórmulas nuevas, reclamando
procedimientos modernos, atención a las doctrinas y a las ideas contemporáneas,
y la de un profesorado caduco, integrado por viejos fósiles, conmovedoramente
ineptos, incapaces de quebrantar la venerable rutina” (5: 38- 39)
En la propia entrevista expresó ideas tales como:
“Toda Universidad moderna tiende a un fin justo y alto de ennoblecedora belleza:
hacer avanzar las ciencias. En nuestra Universidad no existe eso. El estudiante
va allí, no a formar su organismo espiritual, ni a nutrirse de savia profunda,
sino a cometer el acto material de conquistar un título” (6:39)
“La tecnología es hoy, universalmente, un estudio fundamental y serio. En Cuba
virtualmente, la electricidad tiene aplicaciones trascendentales especialmente
en los ingenios. Sin embargo, en (ellos) todo el personal técnico es extranjero.
(…) Esto tiene, en pura lógica, una explicación clara: en los últimos tres años
no ha salido de nuestra Universidad ¡ni un solo ingeniero electricista! (7: 39-
40)
Mella no se limitó a señalar los males que aquejaban a la institución. Señaló
igualmente las vías y soluciones para erradicarlos. De ahí sus concepciones
sobre la democratización de la universidad, que implicaba garantizar la
eliminación de su excesiva supeditación al estado, la autonomía universitaria en
lo político, lo administrativo y lo económico, y el derecho de los estudiantes a
participar, conjuntamente con los docentes, en el gobierno de la institución, lo
que suponía la necesidad de un profesorado revolucionario, verdaderamente
comprometido con el nuevo espíritu de la reforma. Al respecto, afirmaba:
“El maestro necesita estar vinculado con la ideología de su época y sentir los
problemas de la sociedad. De otra manera su labor resultaría estéril (…) Sin un
profesorado revolucionario, de nada valen las otras reformas en la Universidad”
(8: 177)
Un profesorado comprometido significaba una universidad comprometida, con una
función social claramente definida, que para Mella implicaba la participación de
estudiantes y profesores universitarios en tareas sociales como la campaña
contra el analfabetismo, la enseñanza de los obreros y otros elementos pobres,
la prestación de servicios médicos y legales en los barrios y otras. De igual
modo, la implicación de la Universidad en el estudio y solución de los problemas
nacionales. Por ello en un artículo titulado “¿Puede ser un hecho la Reforma
Universitaria?”, publicado tres meses antes de su muerte, afirmaba que la
Universidad debía servir de cuerpo consultivo al Estado y que debía justificarse
con hechos que “…es un órgano social de utilidad colectiva y no una fábrica
donde vamos a buscar la riqueza privada con el título” (9: 178)
Pero Mella, sin desconocer la necesidad e importancia de luchar por la reforma
de la Universidad, al mismo tiempo comprendió que una transformación radical de
esta no podría lograrse sin una revolución social. Comprendió que una verdadera
reforma universitaria no era posible en una república que mucho distaba de
aquella que había soñado el Apóstol. No era factible transformar la Universidad
sin el cambio profundo de la realidad económica, social y política que
caracterizaba a esa república, marcada por la dominación neocolonial del
imperialismo norteamericano y la existencia de gobiernos como el de Alfredo
Zayas, que eran instrumentos de esa dominación.
Una carta fechada en Camagüey el 3 de enero de 1924 y dirigida a su amigo Araoz
Alfaro, refleja claramente su convicción cuando expresa:
“Creo que la Reforma Universitaria no podrá ser definitiva con este régimen
social, ni que los estudiantes podrán, ellos solos, obtener todos los fines.
Creo (…) desde luego, que la Reforma Universitaria es parte de una gran cuestión
social, por esta causa, hasta que la gran cuestión social no quede completamente
resuelta no podrá haber Nueva Universidad” (10: 56)
Cuatro años después señalaba que una reforma con espíritu revolucionario sólo
podía ser acometida con espíritu socialista, que concebía como el único espíritu
revolucionario del momento. En esos términos se refirió en el artículo “El
concepto socialista de la Reforma Universitaria”, publicado también en 1928, en
el que precisó igualmente cual era la Universidad a la que se aspiraba. Sobre el
particular expresó:
“Luchamos por una Universidad más vinculada con las necesidades de los
oprimidos, por una universidad más útil a la ciencia y no a las castas
plutocráticas, por una universidad donde la moral y el carácter del estudiante
no se moldee ni en el viejo principio del “magíster dixit”, ni en el
individualista de las universidades republicanas de América Latina o EE.UU.:
Queremos una Universidad nueva que haga en el campo de la cultura lo que en el
de la producción harán las fábricas del mañana sin accionistas parásitos ni
capitalistas explotadores” (11: 84)
Estaba consciente de que esa Universidad del porvenir era un ideal que no se
conseguiría inmediatamente, lo que no negaba la significación de la lucha que se
libraba por alcanzarlo, en la que cada avance no se concebía como una meta, sino
como un escalón para seguir ascendiendo o un arma más que se ganaba al enemigo
para vencerlo en la lucha final. Al mismo tiempo, destacaba el papel que la
simple lucha por ese ideal desempeñaba, expresado en la obtención de lo que
llamaba un doble triunfo: “… agitar conciencias jóvenes ganando reductos en el
frente educacional contra los enemigos del pueblo trabajador, y probar, ante
todos los revolucionarios sinceros, que la emancipación definitiva de la cultura
y de sus instituciones no podrá hacerse sino conjuntamente con la emancipación
de los esclavos de la producción moderna…” (12: 85)
Otro aspecto significativo de las ideas y el quehacer de Mella en el campo de la
educación es, sin dudas, la concepción y creación de la Universidad Popular
“José Martí”, fundada el 3 de noviembre de 1923 por acuerdo del Primer Congreso
Nacional Revolucionario de Estudiantes, del que Mella fue principal promotor y
organizador.
El objetivo de la institución, en la que laboraron estudiantes y algunos
docentes comprometidos con la Reforma Universitaria, era el de formar en la
clase obrera y en cuantos acudieran a sus aulas, una mentalidad culta,
completamente nueva y revolucionaria. Buscaba, por tanto, la formación cultural
y político- ideológica de quienes se incorporaran a sus actividades, su
concientización como protagonistas de la lucha por la transformación de la
sociedad neocolonial cubana.
Refiriéndose a este objetivo, Mella destacó:
“El proletariado instruido ha de marchar a la vanguardia (…) No hay ideal más
alto que la emancipación de los proletarios por la cultura y por la acción
revolucionaria” (13: 37)
De modo que en el objetivo señalado se expresaba la idea del conocimiento como
fuente de la libertad.
Era indispensable, por tanto, contribuir al logro de ese ideal, responsabilidad
que correspondía a quienes tuviesen los conocimientos necesarios. Transmitirlos
era un deber de los que tenían el privilegio del saber. Así lo explicaba Mella:
“El tener pensamientos nuevos y no predicarlos es una traición. El sentir una
honda inquietud espiritual y no descender hasta las masas populares para templar
esa inquietud en las luchas diarias de la actual sociedad, es una estupidez
nociva” (14: 37)
Dos principios, el antidogmatismo científico, pedagógico y político, y la
justicia social, sustentaban la Universidad Popular “José Martí”, que fue
concebida como una de las armas para la emancipación del pueblo, como una
institución destinada a destruir el monopolio de la cultura y promotora de una
labor de extensión universitaria. En tal sentido, constituye un antecedente de
proyectos que en diferentes contextos epocales y mediante otras vías de
concreción han posibilitado la extensión de la influencia educativa de las
instituciones universitarias en nuestro país. Puede ser considerada igualmente
un antecedente histórico de la universalización de la educación, en tanto vía
para garantizar el acceso a esta de los trabajadores, de los sectores más
humildes de la población. Ello se refleja claramente en sus estatutos y plan de
estudios, que al decir de Mella comprendía “… desde los altos cursos, de
naturaleza superior hasta lo más elemental, que es el propio alfabeto”. (15: 41)
Un tercer aspecto, igualmente significativo en las ideas de Mella sobre la
educación, es el de su concepción sobre el papel del maestro en la sociedad.
Al afirmar que no podía existir una Universidad sin maestros, estableció una
clara distinción entre Maestros y Profesores. Consideraba que profesor podía
serlo cualquiera, que lo difícil era la obra del Maestro, aclarando que no era
tal aquel que sólo enseñaba conocimientos aprendidos en viejos libros.
Su artículo “Los falsos maestros y discípulos” contiene hermosas valoraciones
que evidencian el alto concepto que Mella tenía de la labor del maestro, que
calificaba de solemne y trascendente. Son opiniones que revelan respeto y
admiración profundos hacia aquellos que consagran su vida a la noble y digna
tarea de instruir y educar. Sirvan, a modo de ejemplos, las siguientes:
“El Maestro es aquel que forma el carácter del alumno, y por lo tanto, el que
moldea, como artista hábil el futuro de la sociedad en su aula: taller de obrero
excelsoӼ
“El Maestro es el faro luminoso que señala la ruta a la juventud en el aula, y
fuera de ella”
“Es aquel que no se olvida nunca. Es aquel que nos enseñó, junto con la Ciencia
de la Universidad, la verdad en la vida. El que tiene la enseñanza como único
fin de su existencia” (16: 35)
Pero si de quehacer en el campo de la educación se trata, no pueden obviarse las
ideas pedagógicas que sustentaron el Instituto Politécnico “Ariel”, fundado en
febrero de 1925 y codirigido por Mella con su camarada y amigo Alfonso Bernal
del Riesgo. Gracias a este ha podido ser conocida esta faceta del líder
revolucionario, a la que Bernal se refirió explícitamente en una conferencia
titulada Las ideas pedagógicas de Mella, impartida posiblemente en 1966.
El autor de la conferencia, ya fallecido, sostenía la tesis de que “… no se
podrá escribir la historia de la pedagogía revolucionaria cubana omitiendo el
nombre de Julio Antonio Mella” (17: 233)
Aunque tuvo una corta duración- sólo diez meses- las características del
Instituto Politécnico “Ariel” permiten apreciar la importancia otorgada por
Mella a la preparación de las nuevas generaciones para la vida.
El instituto contaba con seis profesores, dos empleados y unos treinta alumnos.
Era mixto, para estudiantes de ambos sexos, cuya alimentación se garantizaba
mediante una dieta confeccionada según instrucciones del director médico del
plantel. El menú era el mismo para alumnos y profesores, que comían juntos.
Se garantizaba también servicio médico de urgencia gratuito.
Se regía la institución por un conjunto de normas y principios, contenidos en un
documento (folleto) que habían redactado Mella y Bernal, con la colaboración de
la esposa de este último, Carmen Rodríguez.
Entre las ideas principales del folleto destaca la que consideraba que lo
fundamental en todo plantel de enseñanza es el sistema general de educación, es
decir, el sistema, el método, la didáctica, la ciencia y el arte de educar.
El sistema del instituto consistía en estudiar pedagógicamente al niño y al
joven al comenzar su preparación y, una vez iniciada esta, que fuera vigilado
(seguido, atendido) constantemente, aplicándose en cada caso el método que
correspondiera a su edad, desarrollo físico y mental, estado de salud, etc.
Si se utiliza el lenguaje pedagógico actual, puede afirmarse que se trataba de
un sistema que tenía en cuenta el diagnóstico inicial y la caracterización de
cada estudiante, así como el seguimiento de ese diagnóstico con un enfoque
personólogico, que supone una atención diferenciada a tenor con el principio de
individualización de la enseñanza.
Los fines y objetivos de la educación se expresaban en la idea de que “… la
instrucción no es una simple exposición de conocimientos, sino el primer paso
hacia la formación de un nuevo carácter, de una personalidad definida, que irá
siempre en aumento y se completará en estudios superiores, organizados en
perfecta armonía en una forma cíclica y con vista a una educación tanto física e
intelectual como moral” (18: 235)
En consecuencia se pretendía, una formación integral de la personalidad de los
estudiantes. De ahí la presencia de componentes tales como:
- El ejercicio físico sistemático, aplicado según la edad y estado de salud de
cada educando.
- La estimulación de iniciativas para distraerlo, a través de veladas literarias
y científicas, paseos campestres, funciones de cine y otras actividades
necesarias para su expansión y completa cultura.
Se aspiraba a egresar un bachiller capacitado para su ingreso a la Universidad,
que fuese- al mismo tiempo- “…un espíritu sano y fuerte, capaz de comprender la
vida, y gozarla en toda su intensidad, con el tesoro de una verdadera educación”
(19: 240- 241)
Por ello se criticaba al profesorado que olvidando la pedagogía científica y por
carecer de vocación profesional, daba una instrucción incompleta y hacía
trabajar al alumno estérilmente, sin conformidad a un plan pedagógico, sin tener
en cuenta los resultados reales.
Se defendía el aprendizaje movido por el gusto de aprender, por el valor social
e individual que tiene el saber. Esto explica por que Mella no se identificaba
con la idea del estudio para obtener premios en la escuela o en la casa. Era
partidario de estimular al educando, pero no solo mediante la entrega de
diplomas, premios y honores (la llamada motivación extrínseca). Daba mayor
importancia a la premiación del esfuerzo mediante la admiración de los amigos,
el cariño de los padres y maestros, premios que consideraba más fructíferos y
creadores de un sentimiento de noble emulación.
Era partidario, asimismo, de la idea de fomentar en los estudiantes el hallazgo
de la vocación sobre determinados estudios, para crear hombres con amor a la
cultura profunda. Con ese fin, el instituto se proponía utilizar toda labor
eficaz de educación, mediante vías como la investigación propia del alumno en
libros, las conversaciones con los maestros y los otros estudiantes y otras que
contribuyesen a la formación vocacional.
Las consideraciones expuestas sobre el Instituto Politécnico Ariel permiten
constatar la preocupación de Mella por lograr, en su contexto epocal, que ese
“proyecto pedagógico” compartido con su amigo y camarada Alfonso Bernal del
Riesgo, garantizara una educación de calidad.
Conclusiones
1. La influencia que en su tiempo ejerció Mella a través de la intensa actividad
movilizativa desplegada como líder político revolucionario, sus ideas y quehacer
en el ámbito de la educación universitaria y las ideas pedagógicas que puso en
práctica en el Instituto Politécnico Ariel, son expresiones concretas de su
labor como educador social.
2. Esa labor revela la contribución brindada por Mella a la educación cubana y
lo hace uno de los precursores de nuestra pedagogía revolucionaria.
Referencias Bibliográficas
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Volumen
1. La Habana: Editorial Oriente, 2003: página 268
2. Ibídem: página 269.
3. Bernal del Riesgo, Alfonso. Estampa psíquica. En: Cairo, Ana. Mella. 100
años. Volumen 1. La Habana: Editorial Oriente, 2003: páginas 249.
4. Ibídem: página 251.
5. Roselló, Arturo A. Hablando con Julio Antonio Mella sobre la Revolución
Universitaria. Carteles, no. 30. La Habana, 23 de noviembre de 1924. En:
Santos, Mercedes. Marxistas de América. La Habana: Editorial Pueblo y
Educación, 2002: páginas 38- 39.
6. Ibídem: página 39.
7. Ibídem: páginas 39- 40.
8. Mella, Julio A. Tres aspectos de la Reforma Universitaria. En: Universidad
Bolivariana de Venezuela. Pensamiento Pedagógico Emancipador
Latinoamericano. Caracas: Ediciones de la UBV, 2007: página 177.
9. Ibídem: página 179.
10. Mella, Julio Antonio. Carta a Araoz Alfaro. En: Cairo, Ana. Mella. 100 años.
Volumen 1. La Habana: Editorial Oriente, 2003: página 56.
11. _______________. El concepto socialista de la Reforma Universitaria. Tren
Blindado, México, septiembre de 1928. En: Santos, Mercedes. Marxistas
de América. La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 2002: página 84.
12. Ibídem: página 85.
13. Mella, Julio Antonio: El nuevo curso de la Universidad Popular. Editorial de
Juventud, noviembre de 1924. En: Santos, Mercedes. Marxistas de
América. La Habana: Editorial Pueblo y Educación, 2002: página 37.
14. Ibídem: página 37.
15. Roselló, Arturo A. Hablando con Julio Antonio Mella sobre la Revolución
Universitaria. Carteles, no. 30. La Habana, 23 de noviembre de 1924. En: Santos,
Mercedes. Marxistas de América. La Habana: Editorial Pueblo y
Educación, 2002: página 41.
16. Mella, Julio Antonio. Los falsos maestros y discípulos. El Heraldo, La
Habana,
16 de octubre de 1924. En: Santos, Mercedes. Marxistas de América. La
Habana: Editorial Pueblo y Educación, 2002: página 35.
17. Bernal del Riesgo, Alfonso. Las ideas pedagógicas de Mella. En: Cairo, Ana.
Mella. 100 años. Volumen 1. La Habana: Editorial Oriente, 2003: página 233.
18: Ibídem: página 235.
19: Ibídem: páginas 240- 241.
Bibliografía
Buenavilla, Rolando. Investigación de la vida y obra de destacados educadores.
La
Habana: Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona”, s/f (material
impreso)
Cairo, Ana. Mella. 100 Años. Volumen 1. La Habana: Editorial Oriente, 2003.
Instituto de Historia del Movimiento Comunista y la Revolución Socialista de
Cuba,
Mella. Documentos y artículos. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1975.
Santos, Mercedes. Marxistas de América. La Habana: Editorial Pueblo y Educación,
2002.
Universidad Bolivariana de Venezuela. Pensamiento Pedagógico Emancipador
Latinoamericano. Caracas: Ediciones de la UBV, 2007
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