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Disputas entre poderes

Resumen: Recuento histórico de conflictos resaltantes que han provocado comentarios y discusiones en el seno de la familia venezolana, tradicionalmente católica, entre el poder civil y el poder eclesiástico desde el periodo colonial hasta el presente, en Venezuela.

Publicación enviada por Juan Pablo Sarratud Porras




 


ÍNDICE
Resumen
Introducción
Desarrollo
- Periodo colonial
- Periodo de la independencia
- Periodo republicano
Bibliografía

RESUMEN

Recuento histórico de conflictos resaltantes que han provocado comentarios y discusiones en el seno de la familia venezolana, tradicionalmente católica, entre el poder civil y el poder eclesiástico desde el periodo colonial hasta el presente, en Venezuela.

INTRODUCCIÓN
Desde el descubrimiento de Venezuela en 1498 por Cristóbal Colón, la influencia española se marcó profundamente en las raíces de nuestro gentilicio, idiosincrasia, costumbres, y tradiciones, manifestándose en todas las actuaciones militares, sociales, comerciales, profesionales, culturales, jurídicas y religiosas. En la colonia el poder del Rey se sustentaba en las autoridades civiles legítimamente constituidas con una singular influencia de la Iglesia notoriamente hegemónica y preponderante. Tanto la principal autoridad civil como la eclesiástica, conformaban los personajes más influyentes y notorios de nuestra sociedad venezolana en todas las ciudades desde las más importantes hasta las villas y caseríos más insignificantes. Durante toda la historia colonial y republicana de Venezuela se han protagonizado enfrentamientos entre las autoridades civiles y eclesiásticas por mantener privilegios y liderazgo sobre la sociedad civil. A continuación se referirán tan solo algunos de tales casos.

DESARROLLO
PERIODO COLONIAL:
1- La monótona tranquilidad caraqueña se vio perturbada entre 1640 y 1644 debido al enfrentamiento personal entre el Gobernador y el Capitán General de Venezuela, Ruy Fernández de Fuenmayor, y el Obispo de Caracas para ese entonces, Fray Mauro de Tovar, quien era azuzado por un tal sacerdote de nombre Sobremonte y Tovar. Ambos no se toleraban, hasta tal punto, que la Real Audiencia de Santo Domingo se vio obligada enviar a un Juez Pesquisidor para que mediara en el conflicto de ambas partes, pero, a los pocos días de haber llegado a Caracas, el juez fue asesinado a puñaladas por partidarios de Sobremonte, sin poder llegar a limar las asperezas de las autoridades enfrentadas. Durante el año de 1641 se vieron obligados a hacer una tregua a causa del terremoto que azotó a Caracas. El final del enfrentamiento ocurrió en 1644 cuando Ruy Fernández de Fuenmayor entregó el cargo a su sucesor. Como dato curioso, años más tarde se casaron el hijo del Gobernador, don Domingo Baltazar Fernández de Fuenmayor, con la sobrina del Obispo, doña Isabel María de Tovar y Mijares de Solórzano, sellando de esta manera el enfrentamiento entre Ruy Fernández de Fuenmayor y Fray Mauro de Tovar.

2- A principios del siglo XVIII (1723) se produce en la ciudad de Nueva Valencia (Estado Carabobo) una tremenda conmoción, social y religiosa. Los protagonistas fueron, por un bando, el gobernador de Caracas (Venezuela), Portales y Meneses, el obispo de Venezuela (Caracas), don Juan de Escalona y Calatayud, y por el otro bando, el Virrey del Nuevo Reino de Granada (Colombia), los alcaldes regidores de Caracas y parte de la nobleza caraqueña.

Todo obedeció a la pretensión de mantener el imperio del poder, cuando el Gobernador salió de Caracas y dejó encargado del poder al Obispo, negándose el Cabildo caraqueño a reconocer tal designación. La crisis llegó hasta tal punto, que el Gobernador a su regreso quedó encarcelado. Por esta época la gobernación de Caracas dependía del Virreinato de Granada. Por influencia del Obispo, el Gobernador pudo salir en libertad, pero, meses más tarde, tomó venganza contra los miembros del Cabildo caraqueño, lo que le provocó un segundo encarcelamiento por orden de la Real Audiencia de Santa Fe (Colombia). El Gobernador Portales y Meneses se fugó de la cárcel y se refugió primero en el Seminario y luego en el Palacio Episcopal de Valencia, protegido por el Obispo Escalona y Calatayud.

Al enterarse de tal situación el Virrey del Nuevo Reino de Granada envió al marqués del Valle de Santiago, Berroterán y Xedler, capitán a Guerra, acompañado del sargento mayor don Pedro Arias a Valencia a fin de someter a los insubordinados que desconocían la autoridad del Virrey. Al quedar sitiada la ciudad, el Obispo de Venezuela conminó a los sitiadores a abandonar la acción, y en vista de que no acataron su autoridad, el mitrado procedió a condenar a la ciudad de Valencia y cuatro leguas en contorno a "cesación ad Divinis".

3- “El 20 de julio de 1790, se despachó una Real Cédula a la Audiencia de Caracas, ordenándole remitir a la brevedad posible el testimonio de los autos promovidos ante los tribunales por el Obispo de Caracas, sobre habérsele despojado de la autoridad que tenía de nombrar el administrador de una hacienda de cacao que había dejado Sebastián Díaz para dote de mujeres pobres. Era muy común para la época que grandes propietarios le dejaran sus posesiones a la Iglesia. Estas eran directamente administradas por los Obispos, quienes se sentían dueños y señores; mas cuando la Audiencia los despojaba de su autoridad el caso no era sencillo, las autoridades eclesiásticas recurrían directamente a la Corona, la que respondía mediante Reales Cédulas.

Esto muestra el grado de respeto que tenía la Corona ante el orden episcopal, notándose así la relación inseparable de la Iglesia con la Corona. Sin embargo, cuando los Obispos pretendían usar dinero de otras organizaciones, entonces, aunque fuera de una organización eclesiástica, debía pedir autorización a la Real Audiencia, como hizo el mismo Obispo caraqueño, Monseñor Mariano Martí, el 18 de mayo de 1795, cuando solicitaba que se le permitiera el uso de mil pesos de los fondos de la Obra Pía de Cata para el colegio de niñas educandas, por lo que se le comunicó a la Audiencia lo solicitado y se exigió rindiera un informe al respecto para la toma de la decisión. En muchas ocasiones, la Corona le negaba las solicitudes a los Obispos por medio de la Audiencia, bajo el envío de Reales Cédulas que era necesario hacer cumplir”.

PERIODO DE LA INDEPENDENCIA:

El proceso de emancipación de Venezuela de España significó un duro y profundo conflicto de conciencia en las autoridades, tanto civiles como eclesiásticas, en cuanto a acatar la tradicional sumisión a la corona española, o por el contrario, sumarse al movimiento independentista liderizado por la oligarquía criolla, y de paso, con sobrados fundamentos para todas las castas sociales de esa época, para se apoyados como justas y necesarias. Como consecuencia de esta difícil y confusa disyuntiva, se pueden explicar la larga lista de ilustres personajes enfrentados en uno y otro bando. A raíz del terremoto de 1812 se vio cómo el clero tradicionalista trató de intimidar a la población civil de que “el terremoto era un castigo de Dios por el intento de desconocer la autoridad divina representada en la corona española”.

De inmediato y simultáneamente, surgió la voz de uno de los jóvenes patriotas que preconizaban la independencia de Venezuela, montarse sobre los mismos escombros del siniestro producido en Venezuela, y pronunciar estas célebres palabras: “Aunque la naturaleza se oponga, lucharemos contra ella, y haremos que nos obedezca” (Simón Bolívar). Este sería el dilema que guió la posición de los jefes civiles y de las autoridades eclesiásticas frente a la ciudadanía civil y común bajo su tutela. La mayoría de las veces se plegaban a favor de los vencedores de turno en las numerosas batallas parciales y no definitivas, persistiendo en sus conciencias de quién tenía la razón, y multiplicándose a todo lo ancho del territorio venezolano las valientes posiciones de los “emparan” y de los “madariaga”.

1- Principalmente se registraron conflictos de enfrentamiento entre los poderes civiles y eclesiásticos en relación a los reos y prisioneros de la guerra de independencia, pues la condición de bautizados era vista como una dignidad sumamente ofendida por quienes mataban o cooperaban con el suicidio, o se sublevaban contra las legítimas autoridades. Ante estos casos los obispos eran extremadamente estrictos, hasta llegar a negar a éstos las constancias sobre sus sacramentos; teniendo en cuenta que en tiempos de la ocupación española las certificaciones sobre haber recibido un sacramento eran documentos exigidos para ocupar cargos y acceder a dignidades. Quien no poseía estos documentos era considerado impuro e impío. Hubo en estos casos grandes intrigas entre el tribunal y los obispos, pues los ministros de esta en repetidas circunstancias amparaban a los reos y exigían a los prelados despachar estas constancias. A los obispos no les quedaba más que obedecer o recurrir al Consejo de Indias, como bien lo revela el contenido de la provisión del 07 de agosto de 1810, mediante la cual, la Real Provisión ordenó al reverendo Obispo de Mérida para que el Cura del pueblo de Los Guayos otorgara la partida de bautismo del reo Ramón Padilla”.

2- Para el año de 1817 el ejército patriota había tomado el control total de la Provincia de Guayana. Sin las riquezas que le aportaba este vasto territorio, el control español de la Provincia de Venezuela no se podía sostener. Mediante una disposición absurda y totalmente política, todavía no aclarada por la historia, 22 frailes capuchinos catalanes fueron pasados por las armas, desmantelando así, el ministerio pastoral en Guayana. La fuerza de trabajo, los talleres de metalurgia, el ganado, los caballos y las riquezas que las misiones habían acumulado en casi un siglo de actividad, fueron confiscados por la República y posiblemente permitieron a esta planear y ejecutar la campaña militar para liberar a Nueva Granada y, luego, ir hacia el norte y derrotar al ejército español en Carabobo el año de 1821. Según comentaban los propios nativos de las misiones al viajero John Princep en 1818: “los pobres Padres fueron sorprendidos después de la derrota ante los Godos por haberse unido a su pueblo en contra de los republicanos; realmente podrían haber sido expulsados... todos los monjes fueron asesinados, con excepción de uno que fue enviado a casa con el informe sobre la masacre”.

3- Cuando el Libertador Simón Bolívar vino por última vez a su patria nativa, de paso por Valencia, el 14 de enero de 1826, el general Páez, en calidad de máxima autoridad de la provincia de Venezuela, ofreció un banquete en su honor. El coronel Escuté, que había militado en las filas realistas, pero que para aquel momento figuraba entre los asesores de Páez, le faltó el respeto a un sacerdote que formaba parte del séquito de Bolívar. Indignado el Libertador, le increpó: “Está usted todavía, señor Escuté, con la manos tintas en sangre americana, y se atreve a insultar a mi capellán, a faltarme el respeto a mí, que soy el Presidente de Colombia?”

4- A mediados de 1828 Simón Bolívar había llegado a la cúspide de su vida y obra. Tenía admiradores y enemigos. En cierta ocasión llegó a la villa de Cipaquirá (Colombia) donde el doctor Tomás Barriga y Brito ofreció una cena de gala en honor del Libertador. Entre los invitados había un ex fraile que había colgado los hábitos y había abandonado su convento. En medio de plena cena, con algunos palos en la cabeza de más, el ex fraile se puso a echar chistes obscenos, denigrar de la fe cristiana y cuantas cosas malas se le ocurrieron. El charlatán se sentía apoyado por el silencio de los concurrentes, hasta tal punto, que se atrevió a injuriar y blasfemar contra la Santísima Virgen. Oír esto Bolívar, levantarse de su asiento como un rayo, acercarse al ex religioso, dar un golpe terrible en la mesa y decirle: “¡Calle el insolente!”, fue un solo punto, “¿Cómo se atreve usted a proferir semejante blasfemia?”, agregó: “Oí pacientemente que usted negara los dogmas de la inmortalidad del alma y del infierno; pero esto yo no lo puedo tolerar. Ni a mi mismo padre permitiría que blasfemase de Nuestra Señora”.

PERIODO REPUBLICANO:
En 1830, al separarse el territorio de Venezuela de la República Gran Colombia, la élite dirigente tenía la urgente tarea de elaborar las bases legales que enmarcarían el nuevo proyecto republicano. Aspectos como la libertad de cultos, la eliminación del pago del diezmo y la promulgación de la ley de asignaciones eclesiásticas, la regulación de los réditos píos, la disminución de los días festivos y la secularización de la enseñanza; fueron temas discutidos en el Congreso durante la primera década de 1830. El eje del problema que se inició en 1830, en la relación Estado-Iglesia radicó en la manera de concebir a la Iglesia dentro del Estado.

Para el gobierno, la Iglesia debía estar supeditada al Estado, que ejercía control y supervisión de la institución eclesiástica, a través de la Ley del Patronato. Los sacerdotes como simples ciudadanos debían obedecer “sin salvedades ni objeciones” las leyes de la República y estaban sometidos a la administración civil de justicia.

Para los representantes eclesiásticos tal concepción era inaceptable. La Iglesia gozaba de una potestad espiritual de carácter universal que rebasaba los límites del Estado, sus cánones y disciplina no obedecían a leyes civiles, sino eran el resultado de concilios, de decisiones de la Santa Sede, frutos de la deliberación de los más altos representantes de la Iglesia en todas las partes del mundo.

1- El 11 de mayo de 1828, el Arzobispo Méndez tomó posesión de la Silla Metropolitana de Caracas. Defensor de la independencia de la Iglesia, se opuso a la aplicación de la Ley del Patronato y abogó por la celebración de un Concordato con la Santa Sede. Ante la obligación de juramentarse ante la Constitución, el Arzobispo de Caracas escribió al Gobernador Ramón Ayala, explicando sus objeciones a la Constitución; y notificándole que sólo podía jurar con salvedades.

El Consejo de Gobierno, respondió a las observaciones del Arzobispo, por intermedio del secretario del Interior, Antonio Leocadio Guzmán, reiterando que la Constitución como Ley fundamental de la Nación debía ser jurada sin restricciones. Ante la negativa del sacerdote de juramentarse ante la Constitución, se expidió el decreto de exilio el 17 de noviembre. Los obispos Talavera Garcés (Diócesis de Guayana) y Buenaventura Arias (Mérida), quienes criticaron el desconocimiento de la religión católica como credo oficial en la Constitución, se negaron a prestar juramento y fueron enviados al exilio; acompañando al Arzobispo de Caracas en su peregrinaje.

El exilio se prolongó hasta el 17 de abril de 1832, cuando el Consejo de Estado discutió la petición del Cabildo eclesiástico, pidiendo el regreso de los sacerdotes y la realización de un Concordato; ante el clamor general decidió acceder al regreso de los desterrados. El 21 de mayo de 1832, el Arzobispo Méndez juró la Constitución sin salvedades, pero antes hizo leer en la Catedral una Pastoral donde afirmaba que su juramento no era el fruto de una claudicación sino de un Convenio celebrado con el Ejecutivo.

Una nueva etapa de fricciones se aproximaba entre las autoridades eclesiásticas y los representantes del Estado; durante la legislatura de 1832 se discutió en el Congreso la abolición del diezmo y la disminución de los días festivos. Pero fue en el año de 1833, cuando se tomaron decisiones definitivas: el 21 de marzo de 1833, el Congreso declaró vigente la Ley de Patronato Eclesiástico, el 2 de abril se sancionó la Ley de suspensión del diezmo y el 25 de ese mes se promulgó la Ley de asignaciones eclesiásticas. Un año después, el l7 de febrero de 1834 se dictaminó la ley de libertad de cultos. Los temores del Arzobispo se habían confirmado.

El 21 de octubre de 1836 el gobierno acudió a la Corte Suprema proponiendo el extrañamiento del Arzobispo por desacato a la Ley del Patronato. La Corte convocó al Prelado a declarar; el Arzobispo se negó a compadecer ante la autoridad civil, negando su competencia en asuntos de dogma eclesiástico. La Corte Suprema, el 19 de diciembre de 1836, condena al exilio al Arzobispo, quien marcha a San Thomas, el 30 de diciembre del mismo mes.

2- La enfermedad del Arzobispo de Caracas, doctor Ignacio Fernández Peña (1841-1849) durante el mandato del general José Tadeo Monagas (1847-1851), trajo consigo la necesidad de designar a un nuevo prelado para que condujera los asuntos de la Diócesis de Caracas. La disputa emprendida por el cetro arzobispal llegó a Roma, provocando la reacción de las autoridades supremas de la Iglesia, en virtud de su distancia en torno al contenido de la Ley de Patronato Eclesiástico. Un asunto que, sin duda era competencia no sólo de la jurisdicción clerical, sino de la nación en embrión, puesto que desde las altas dignidades de la Iglesia se afectaba la recién estrenada soberanía nacional.

El nombre del Canónigo de Merced de la Iglesia Metropolitana de Caracas, doctor José Antonio Pérez Velasco, predominaba entre los posibles aspirantes a la dignidad eclesiástica vacante, por haber tenido una reputación pública como hombre de vida austera, moral intachable, cultivado intelecto y contar con el aval de los hermanos Monagas. Debido a las intrigas políticas, la falta de apoyo por parte de su gremio y su fama de liberal le llevaron a sortear un largo y conflictivo proceso eclesiástico, y al cabo de una larga espera, el Sumo Pontífice negó su promoción a la Silla, argumentando su delicada salud y avanzada edad, recayendo el nombramiento en la persona del doctor Silvestre Guevara y Lira (1852-1876).
Este conflicto tuvo honda repercusión en el resto de un país tradicionalmente apegado a sus creencias religiosas, como así mismo, respetuoso a las autoridades legítimamente constituidas, provocando que los seglares intervinieran, opinaran y debatieran libremente en públicas discusiones ampliamente reseñadas por la prensa, como también circularan panfletos, hojas sueltas, remitidos y seudónimos aparecidos por doquier. En esa época de entonces no se estilaban “los grafitis” en paredes y muros de edificaciones y espacios públicos.

3- “La lucha de Antonio Guzmán Blanco contra el Clero es, sin duda alguna, la más espectacular de sus empresas y el más penetrante esbozo de su aparente revolucionarismo, durante sus tres períodos de gobierno: 1873 - 1877; 1880 – 1884; y 1886 - 1888.

Prevenidos contra su padre y contra él mismo por los variados antecedentes que les, caracterizan como adversarios de la Iglesia católica, los representantes de ésta miraban el triunfo de abril como una nueva calamidad nacional y se dispusieron a resistirle. Cuando se produjo la victoria de Guzmán Blanco y éste entró en la Capital, el Arzobispo Guevara y Lira se hallaba ausente. Había ido a Roma a participar en el Concilio Vaticano. A su, regreso, tres meses después, se encontró en La Guaira con el vencedor y ambos se cumplimentaron como buenos amigos. Todo marchó aparentemente bien durante algún tiempo, mas he aquí que el rencor aguardaba la oportunidad de manifestarse.

En la nueva política influía entonces el doctor Diego Bautista Urbaneja, Ministro de Relaciones Interiores, quien caracterizábase como un enconado adversario de la Iglesia y particularmente de su más alto dignatario venezolano, porque según la crónica de Caracas, años antes había querido casarse con su hijastra y no obtuvo la correspondiente dispensa canónica. Para realizar su propósito el doctor Urbaneja tuvo que ir al extranjero y cuando volvió al país su corazón alimentaba un sordo resentimiento contra aquellos que lo habían puesto en ridículo. En 1868, en las postrimerías del Gobierno de Falcón, el doctor Urbaneja era Gobernador de Caracas y como tal, siguiendo una antigua tradición político religiosa, debía asistir a la Catedral, el Jueves Santo, para que el Arzobispo le colocase en el cuello la simbólica llave del Santuario. Monseñor Guevara le previno que no fuese al templo ese día pues se vería desairado. El doctor Urhaneja fué, no obstante y el Prelado, con un gesto ostensible, puso el áureo collar alrededor de su propio cuello. Tal fue el origen de una enemistad que habría de tener las más escandalosas repercusiones.

En Septiembre de 1870, entusiasmado por la victoria que Matías Salazar obtuvo en Guama, Guzmán Blanco, que se hallaba entonces en Puerto Cabello, ordenó a su Ministro de Relaciones Interiores rogara al Arzobispo celebrar un Te-Deum en Caracas. Monseñor Guevara respondió que con gusto lo haría siempre que la victoria militar del Gobierno fuese complementada con una amnistía. «Sentiríamos -dijo- punzantes remordimientos en nuestra conciencia episcopal y sufriríamos horribles torturas en nuestro corazón de Pastor si nos resolviésemos él ordenar en nuestra Santa Iglesia Catedral una manifestación solemne de regocijo a la hora misma en que se encuentran en las cárceles muchos de nuestros diocesanos, y en que derraman por eso mismo lágrimas amargas tantas madres desoladas, tantas hijas y esposas consternadas.» En realidad no se negaba del todo.

Difería el acto por algunos días, mientras el Gobierno decretase la amnistía, y, para dorar la píldora, elogiaba los sentimientos religiosos de Guzmán Blanco, cuya ausencia de Caracas decía deplorar. Pero el Arzobispo olvidaba que, cuando Páez ejercía la Dictadura, dos lustras antes, había celebrado Tedeums de carácter político, y los liberales se encargaron de recordárselo. Urbaneja, arrebatado por la cólera, ordenó al Prelado abandonar el país en el término de veinticuatro horas y el Arcediano Antonio José de Sucre hizo, por su parte imposible todo advenimiento, arrastrado a su vez por su fobia antiguzmancista.

Dícese que aquel acto contrarió al caudillo en campaña y que éste llegó incluso a escribir una carta amistosa al Arzobispo. EI viejo Guzmán que se hallaba también en Puerto Cabello, dirigió a Monseñor Guevara un billete por el que le hacía patente sus sentimientos, tanto más cuanto que estaba persuadido de que si él se hubiese hallado en Caracas, «ni principio habría tenido tan ingrata complicación.» «Nos habríamos entendido- afirmaba Antonio Leocadio- política, amistosa y cristianamente, como en todo lo que había ocurrido hasta mi salida.» Por su parte el Arzobispo quizá se hubiese allanado a un entendimiento que evitase el conflicto; pero a su lado estaba el colérico Arcediano, quien no cesó un momento de escribir cartas contra el Gobierno y luego se unió a las tropas rebeldes que operaban en Guayana, bendijo sus banderas e hizo bordar en ellas una gran Cruz y la imagen de la Virgen del Rosario.

Larga y ruidosa es la polémica que se entabla entonces entre el Poder espiritual y el temporal. Hay un momento en el que Guzmán Blanco suspende el destierro del Arzobispo, pero esté, aconsejado siempre por Sucre no halla a su gusto el decreto y se niega a volver.

A fines de agosto, libre por un momento de la influencia de su consejero, Monseñor Guevara resuelve regresar al país, pero Guzmán Blanco prepara un dosier en su contra y le hace pedir explicaciones públicas de «cuáles son sus propósitos para con la causa liberal ya triunfante, y el Gobierno Nacional que ella ha constituido». Para el expulso esta declaración resultaba difícil en momentos en que el Papa Pío IX se pronunciaba contra el liberalismo en la Cartilla del Silabus. Pidió tiempo para meditar su contestación pero el dictador se lo negó, y así tuvo, que volver al destierro sin haber pisado el suelo de su país. Es más: fue incomunicado a bordo del buque en que se hallaba.

Este duelo entre la Iglesia y el Estado tiene en la Venezuela del siglo XIX un extraordinario interés porque demuestra la evolución social operada en la República. La serie de medidas tomadas a continuación por el joven autócrata revelan cuán terrible puede llegar a ser el orgullo de este hombre cuando se halla en el Poder. Encarcela y expulsa eclesiásticos, reincorpora a la Universidad los cursos de Ciencias Eclesiásticas que seguían funcionando en el Seminario Diocesano a pesar de haber sido separada aquélla de éste en 1856, e inicia el despojo de los Conventos (11 de Septiembre de 1872) los que serían violentamente disueltos más tarde (2 de mayo de 1874). Exclaustra a las monjas. Decreta la extinción de los Seminarios (21 de septiembre de 1872).

Estatuye el matrimonio civil (1° de enero de 1873) e inicia él mismo la práctica de esta reforma casándose ante las autoridades civiles. Declara (1874) que las autoridades no pueden poner objeciones al matrimonio civil ni aun cuando el contrayente fuese sacerdote «por ser éste un punto de pura conciencia del interesado con la cual nada tiene que hacer la Ley de la materia». Crea el Registro Civil, que priva de validez al Parroquial. Restringe el derecho de las iglesias y del Clero para adquirir y poseer bienes raíces. Suprime (6 de febrero de 1873) las primicias que los fieles daban a la Iglesia. Envía al destierro al Obispo de Mérida, Monseñor Hilario Bosset, por haber enviado éste una Pastoral a sus curas imponiéndoles que perfeccionaran el matrimonio civil con el Eclesiástico. (El Obispo se hallaba enfermo y murió en su silla de manos cuando le conducían de Bailadores a La Grita). Bajo esta psicosis el autócrata llegará a los mayores extremos.

Hará demoler el templo de San Pablo para construir en su lugar un teatro que lleve su nombre. Terminará la fábrica de una iglesia de arquitectura sui géneris, con doble acceso, y bautizará cada uno de estos accesos con uno de los nombres de su mujer: Santa Ana y Santa Teresa. La cabeza de San Pablo que hace pintar allí reproduce sus propias facciones. Hay algo de enfermizo en esta exacerbación. Cuando, deseoso de poner fin al conflicto, el papa designa un Delegado Apostólico (residente en Santo Domingo), con facultad para levantar las suspensiones y entredichos impuestos por Monseñor Guevara, Guzmán Blanco le niega la entrada al país y declara que ha llegado el momento de garantizar los derechos de la Iglesia venezolana, como acaba de hacerla Suiza. Entonces recomienda para Arzobispo al Padre Baralt quien protesta y es enviado a la cárcel y deportado luego con otros curas.

En esto un buen hombre, el Obispo de Guayana Monseñor José Manuel Arroyo, acepta, aunque condicionalmente, la investidura episcopal. Roma censura esta solución, critica a Monseñor Arroyo de su «bajeza de espíritu» y llama a Guevara y Lira «óptimo prelado»; mas a la postre parece triunfar el Poder temporal. Soberbio, teatral, impetuoso, el dictador llama a los curas «trastornadores de sotana» y en cierta oportunidad lanza contra la Iglesia esta acusación; «En nombre del Catolicismo fué que se fundó en Venezuela la criminal institución de la esclavitud, y es insalvable el abismo que por esto separa al pueblo venezolano de los especuladores que visten el traje de religión para mejor servir de instrumentos a las retrógradas ideas y a las absurdas pretensiones de Roma.» Nada lo arredra, y lleno de orgullo se atribuye toda la responsabilidad de esta lucha. La Masonería lo apoya en ella, el Congreso se pliega, a sus órdenes, y su padre, olvidando la, carta que escribiera - tres años antes al Prelado rebelde, dice ahora al hijo poderoso: «La traición del Arzobispo Guevara, que arrastrado por satánicos consejos pretendió injertar en las luchas civiles la religión de Jesús, ha encontrado en la energía y firmeza de vuestra autoridad el merecido extrañamiento a que le habéis condenado.» La solución final la trae, sin embargo, Monseñor Roque Cocchia, Nuncio de Su Santidad, quien después de variadas peripecias, se entiende con Guzmán Blanco. Monseñor Guevara renuncia y Monseñor Ponte es nombrado Arzobispo (1876).”

4- En los últimos meses de 1903 empezaron a estar en desarmonía las relaciones Iglesia-Estado con Cipriano Castro (1902 – 1908) a la cabeza del Poder Ejecutivo, cuando echó pulso con la Iglesia para demostrar quién tenía mayor poder. Él pensaba que si el audaz y reformador Guzmán Blanco al laicizar el matrimonio y despojar a la Iglesia de su intervención en la vida familiar, no se había atrevido a establecer el divorcio, él Cipriano Castro, sí lo iba a poder lograr. La rápida aprobación de diversas leyes, entre ellas la del Divorcio, evidenció la existencia de un Poder Legislativo sumiso y perfectamente controlado por el Presidente de la República. Pero no tardó el día en el cual el Pontificado, a la vista del procedimiento de la cristiana Francia, y de los católicos de los Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Rusia, y de casi todos los pueblos civilizados, aceptó el divorcio, como también aceptó el matrimonio civil, la secularización de los cementerios, las tan combatidas libertad de prensa y libertad de cultos, entre otros temas polémicos.

El conflicto estalló a raíz del sermón que el padre Melchor de Escoriaza, superior de la comunidad de los Capuchinos en Maracaibo, expresó su oposición a la Ley del Divorcio que parece, fue muy favorablemente comentado por el auditorio y aun por la prensa de Maracaibo. De forma intempestiva el Gobierno les conminó a salir de la ciudad y venirse a Caracas. Como el superior se resistió, a menos que recibiese orden de su Superior en Caracas, fueron encarcelados y obligados a abandonar el país en el primer vapor que salió de Maracaibo el 20 de mayo de 1904, juntamente con los religiosos adscritos a la residencia de San Cristóbal, que nada tenían que ver en el asunto.

5- Una situación que creo un lamentable conflicto entre el títere y transitorio gobierno de Juan Bautista Pérez (1929 – 1931) y la Iglesia Católica, ocurrió durante la dictadura del general Juan Vicente Gómez (1909 - 1935), que se desencadenó por la posición heroica y la consecuente extradición del país de Monseñor doctor Salvador Montes de Oca, Obispo de la Diócesis de Valencia, oriundo de Carora, Estado Lara.

Al fallecer el Obispo Francisco Antonio Granadillo en Valencia el 13 de enero de 1927, fue nombrado Monseñor doctor Salvador Montes de Oca Obispo de dicha ciudad desde el 20 de mayo de 1927. El novel Obispo se preocupó desde el principio de su pontificado por las familias de los presos de Gómez. Entre los muchos ejemplos que podemos relatar sobre este apostolado valiente y singular, podemos referirnos a las visitas que hizo a los universitarios presos en el Castillo Libertador de Puerto Cabello, al final de las cuales hablaba en tono enérgico contra la dictadura, y el día cuando soltaron a los jóvenes presos estaba a la puerta del castillo, y en su automóvil condujo a varios de ellos hasta Valencia, entre ellos se encontraba Andrés Eloy Blanco, quien refirió posteriormente el suceso en la Asamblea Constituyente de 1947.

Sucedió por esa misma época, que el gobernador de la ciudad, quién se había divorciado de su esposa, pensaba contraer nuevo matrimonio. Apareció entonces una pastoral del obispo, sobre el matrimonio, en la cual, después de explicar la doctrina dogmática de este sacramento, recordaba a los fieles, las penas canónicas en que incurrían los católicos, que habiendo recibido ya una vez, dicho sacramento, amparándose en el divorcio civil, contraían nuevo matrimonio. El vínculo del sacramento, era indisoluble, recordaba el obispo que el matrimonio sacramental subsistía por encima de todo divorcio civil, y por lo tanto, quien contraía nuevo matrimonio, quedaba equiparado, a un vulgar amancebado.

La crudeza de esta doctrina y de este lenguaje, expuesta sin eufemismos, sirvió de pretexto para que las autoridades civiles se desprendieran de un prelado, no grato al gobierno.

El presidente Juan Bautista Pérez, con fecha 11 de octubre de 1929, firmó el decreto de expulsión. No había aparecido aún éste, en la Gaceta Oficial, cuando ya era apresado el Obispo, interceptándolo cuando regresaba en automóvil a Valencia. Todo ese día se le mantuvo incomunicado en una sala de la Prefectura de Caracas, sin permitírsele hablar, ni escribir a nadie y fue conducido en la tarde a bordo de un vapor que zarpaba de La Guaira, llevando por único equipaje, lo que cargaba puesto y su breviario.

Una anécdota, entre tantas que se conocen del dictador Gómez, se desprendió de este caso: en vista de que hasta los puntos de cuenta más mínimos que presentaba diariamente Juan Bautista Plaza a su jefe, el general Gómez, al ser informado este último sobre el embarazoso tema y en la forma que debía resolverse, Gómez les preguntó a sus ministros que “con cuantas tropas contaban los curas”. Los ministros le dijeron que se habían alzado con papeles, a lo cual Gómez respondió “que si es con papeles, es con papeles que tienen que derrotarlos”.

En diciembre de 1931, se celebraría el centenario de la muerte del Libertador. Alguno de los asesores tuvo la brillante idea, de que con ocasión de tan magno acontecimiento nacional, fuera nombrado el general Gómez otra vez presidente de la República, para que fuera él, quien presidiera los actos de la solemne celebración patriótica y por consiguiente, nadie mejor que el general Gómez para realizar la profética "unión del incensario con la espada" del Padre de la Patria. De Gómez, pues, saldría el gesto prudente, oportuno, magnánimo de la reconciliación, sin demérito alguno para el Gobierno, en consecuencia, por decreto del 3 de agosto de 1931, se suspendieron los efectos del decreto ejecutivo del 11 de octubre de 1929 que mantenía en el exilio al Obispo Montes de Oca.

Fue grande el alivio y la alegría al conocerse el regreso del obispo de Valencia y los preparativos para recibirlo presagiaban, como en efecto fue, un regreso triunfal.

Al llegar el barco a La Guaira, subió a bordo monseñor De Sanctis, secretario de la Nunciatura, portador de un telegrama dirigido al general Gómez, para que lo firmara Mons. Montes de Oca. Este lo rechazó; pero los sacerdotes que lo acompañaban le aconsejaron, que para no desairar ni a Gómez, ni al Nuncio, redactara él mismo el telegrama, lo cual hizo Montes de Oca con su personal estilo, exento de adulación.

Y quien ya había dicho, estando desterrado: "Creen tal vez mis expulsadores que con el atentado abominable han cerrado mis labios de predicador de la moral y han roto mi pluma de defensor de los grandes principios de nuestra sacrosanta religión"; cuando llegó a Valencia y escaló el púlpito ante la muchedumbre que plenaba la catedral y encontrándose presente el doctor Diego Arcay, secretario general encargado de la presidencia del Estado Carabobo, pronunció estas valientes palabras, que recuerdan la frase inolvidable: "Como decíamos ayer" de fray Luis de León, al reanudar sus clases en la Universidad de Salamanca, al regreso de cinco largos años de prisión en la cárcel de la inquisición en Valladolid: "Lo mismo que dije en la pastoral, condenando el matrimonio de divorciados, por la cual fui expulsado, lo vuelvo a decir ahora. . ." Indudablemente, era un Obispo valiente.

6- Durante el gobierno del Presidente Isaías Medina Angarita (1941 – 1945) los militantes del partido Acción Democrática dirigidos por Rómulo Betancourt y un grupo de jóvenes militares dirigidos por los tenientes coronel Marcos Pérez Jiménez, Luis Llovera Páez y Carlos Delgado Chalbaud planificaron una conspiración cívico-militar que los llevó al poder (1945 – 1948).

En el transcurso de este corto proceso revolucionario se presentó un fuerte pugilato entre los sectores que apoyaban al gobierno y la oposición por el candente tema de la educación. El jesuita venezolano Carlos Guillermo Plaza jugó un papel preponderante en este conflicto buscando apoyo de parte de los obispos para una cruzada contra la pedagogía revolucionaria, divulgando documentos pontificios sobre los procesos educativos, hablando en los colegios y en los hogares sobre las amenazas de la educación adeca, peleando contra el famoso decreto 321 del Ministerio de Educación, tratando de dialogar con personeros del oficialismo, entre ellos Rómulo Betancourt, Presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno. Finalmente logró unir a los colegios católicos en una sólida y prestigiosa asociación.

Precisamente durante este conflicto entre la Educación Católica y los personeros gubernamentales, en 1946, surgió la figura del Padre Luis Fernando Castillo Méndez, simpatizante de la corriente oficialista, intentando crear la “Iglesia Católica y Apostólica Venezolana”, quien había sido ordenado sacerdote en España, el 10 de agosto de 1944, a los 22 años de edad. No tuvo seguidores y se vio obligado a refugiarse en Brasil, donde si tuvo muy buena acogida donde recibió la consagración episcopal como obispo de la Iglesia Católica Apostólica Brasileña de manos de Su Excelencia, Don Carlos Duarte Costa obispo de Río de Janeiro, el día 03 Mayo 1948, a 25 años de edad. Para la fecha actual Monseñor Castillo Méndez es el Presidente de dicha Iglesia, en calidad de Patriarca de la Católica Apostólica Nacional de Iglesias.

7- El 1° de mayo de 1957 -día del trabajador- los curas párrocos de Venezuela leyeron en los púlpitos una carta pastoral del arzobispo de Caracas, Monseñor Rafael Arias. En ella se analizaba la situación obrera del país, se planteaban francamente los problemas de la clase trabajadora y se evocaba en sus términos esenciales la doctrina social de la Iglesia. Desde Caracas hasta Puerto Páez, en el Apure; desde las solemnes naves de la catedral metropolitana hasta la destartalada iglesita de Mauroa, en el territorio federal amazónico, la voz de la Iglesia -una voz que tiene 20 siglos- sacudió la conciencia nacional y encendió la primera chispa de la subversión.

El jueves 2 de mayo, Vallenilla Lanz citó a su despacho al arzobispo de Caracas, no en una nota especial, sino por teléfono. Cuando monseñor Arias abandonó el despacho se le había hecho saber que el Gobierno haría publicar en los periódicos una respuesta a la pastoral. Pero esa respuesta no apareció jamás.

El arzobispo Mons. Arias se encontraba en una situación difícil: no podía intervenir directamente en política, pero tampoco podía -ni como miembro ilustre de la Iglesia, ni como venezolano- impedir el trabajo subversivo de sus párrocos, quienes asumieron una posición combativa.

Monseñor Jesús María Pellín -cuyo despacho es una biblioteca blindada de 14.000 volúmenes- había pronunciado un sermón sobre el prevaricato y se había visto precisado a abandonar discretamente el país. Como miembro, varias veces reelecto, del comité de Libertad de Prensa de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) había firmado una declaración en la cual se condenaba el régimen de Pérez Jiménez por haber amordazado a la prensa.

El Padre Hernández Chapellín, director de La Religión, se sentaba todas las noches frente a su máquina de escribir a ejercer su doble ministerio de sacerdote y periodista. Pocos días después Fabricio Ojeda se presentó en la redacción de La Religión. -Padre -dijo Fabricio Ojeda- vengo a decirle una cosa como si fuera una confesión: yo soy el presidente de la Junta Patriótica. A partir de ese día, el Padre Hernández Chapellín no fue solamente un sacerdote dispuesto a sacar adelante la doctrina social de la Iglesia ni solamente un periodista de la oposición. Fue también un conspirador.

El Padre José Sarratud recibió el 11 de julio una llamada telefónica del Ministro de Justicia en persona, quien, en pocas palabras, le dijo: "Padre, usted está atacando al Gobierno en sus sermones". El padre Sarratud, sin levantar la voz, sin el menor indicio de alteración, respondió: "No hago otra cosa que predicar la doctrina social de la Iglesia".

En la humilde parroquia de La Pastora, el Padre Rafael María Álvarez Flegel no se conformó con prestar el multígrafo de la parroquia a la Junta Patriótica para reproducir los volantes clandestinos, sino que por encima de ello, se dedicó personalmente, a redactarlos, escribirlos a máquina y reproducirlos en multígrafo.

Temprano en la mañana, finalizada la misa del 2 de enero de 1958, cuatro detectives fueron armados hasta la iglesia de la Candelaria a buscar al padre Alfredo Osiglia para detenerlo.

Durante el mismo día en la tarde detuvieron a Mons. Delfín Moncada, después de almorzar en su casa de Los Chaguaramos, acusado por el negro Miguel Sanz de encabezar la lista de los sacerdotes considerados autores intelectuales y morales del cuartelazo de Maracay.

Ese mismo día continuaron las detenciones de sacerdotes. El Padre Jesuita Pedro Pablo Barnola, de la Universidad Católica ocupaba el pabellón de los curas presos con una licencia especial para salir todas las noches a dormir a su casa. Lo presionaban para que se asilara y abandonara al país, pero el Padre Barnola siempre se negó a ello. Sus compañeros de prisión le llamaban "el semi interno".

El arzobispo le dijo por teléfono al padre Sarratud que Pedro Estrada lo estaba buscando desde hacía tres días. El sacerdote, que no se había escondido, se echó al bolsillo el breviario y se dirigió en automóvil a la Seguridad Nacional. Lo recibió Miguel Sanz, quien sin formular juicio lo mandó a su celda en el cuarto piso de la Seguridad Nacional donde se llevó una gran sorpresa: allí estaban detenidos, cuatro sacerdotes más. Se les acusaba de que sus sermones eran la causa moral del levantamiento militar.

El padre Álvarez Flegel estaba detenido en el convento de los Padres Benedictinos de San José del Ávila, custodiado por agentes de la Seguridad Nacional que habían pasado la madrugada en su dormitorio, esperando instrucciones.

Eran cinco sacerdotes presos. El Gobierno se caía a pedazos. El régimen lo sabía, pero ya en enero habría podido encarcelar a todos los sacerdotes de Venezuela sin ningún resultado. La fuerza democrática se había desencadenado a todo ancho del país. Era la madrugada del 23 de enero. El régimen había sido derrocado.

8- A comienzos del 2006 el presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías se reunía por primera vez en sus siete años de mandato, con las autoridades eclesiásticas, con motivo de la distinción con el capelo cardenalicio al Arzobispo de Caracas, Mons. Jorge Urosa Savino, por S.S. el Papa Benedicto XVI. Aunque nunca durante la presidencia de Hugo Chávez se ha presentado una situación de ruptura definitiva y total entre la Iglesia y el Estado, destierros y prisiones individuales o colectiva de representantes del clero, despojos o cierres de iglesias y conventos, como las que se han reseñado anteriormente, en cambio, sí se han registrado situaciones doloras y lamentables, sí se han expresado frases e insultos nunca antes registrados, que han chocado con las normas de relaciones diplomáticas, con las compostura de buenos modales y con los sentimientos espirituales a que tradicionalmente hemos estado acostumbrados los venezolanos.

El padre Juan Vives Suriá (fallecido, ex presidente de Fundalatín), entre otros más, tales como el padre Vidal Atencio (párroco de la Iglesia Nuestra Señora de Las Mercedes, Maracaibo), el padre Bruno Renaud (director de la Escuela de Formación de Petare), Monseñor Nelson Torrealba (ex consejero eclesiástico del Gobierno venezolano ante el Vaticano, Barquisimeto), el padre Pablo Urquiaga (párroco de la iglesia La Resurrección, en Ruiz Pineda, Caracas), el padre Adolfo Rojas (coordinador de las Escuelas Bolivarianas en Lara), el padre Jesús Gazo S.J. (profesor de la Universidad de San Cristóbal de Táchira), el padre Miguel Matos S.J., el padre Matías Camuñas (párroco de San Buenaventura de El Roble, San Félix, Estado Bolívar), el padre José Numamolina, el padre Pedro Brión, el padre Didier Hayrad (Petare), el padre Domingo Riera (capellán de El Rodeo), el padre Luis Molina (capellán de la cárcel de Yare), el padre Francisco Rondón (administrador parroquial de San Ignacio de Loyola, Parque Central), el padre Jesús Silva, son referencia dentro de la Iglesia venezolana que defienden el proyecto del presidente Chávez. Igualmente, dentro de las órdenes religiosas femeninas, se pueden mencionar a las hermanas Begonia Plágaro y Lourdes Alcalá (Religiosas del Sagrado Corazón, del Estanque, Coche), hermana Bernardina (de la Congregación Hermanas del Evangelio, Los Teques), hermanas Lupe Lecumberri y Elisa (de Petare).

El padre Adolfo Rojas Docente de aula desde 1974 en el ciclo Básico Superior que luego se convirtió en el Politécnico Universitario. Actualmente es el encargado de las Escuelas Bolivarianas en el estado Lara. En entrevista exclusiva para Versión Final explica su apoyo al Presidente y su crítica a la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV): “Van llevando y conociendo el olor del incienso, encerrados en sus aposentos y no el olor de quienes viven en cloacas, quienes ven en este gobierno la posibilidad de convertirse en el hombre nuevo… Con Benedicto XVI la Iglesia se ha vuelto más conservadora y nos mira, como los simples indios que no pueden pensar ni hablar con lengua propia, esa metástasis camaleónica de estar con Dios y con el diablo debe terminar”.

El sacerdote Bruno Renaud es otra personalidad eclesiástica que encarna la más cruda realidad social caraqueña desde Petare, donde reside desde hace casi 40 años. Cree en el proceso revolucionario, pero es uno de sus críticos más acérrimos. Monseñor Antonio López Castillo, arzobispo de Calabozo, conoció al teniente coronel Hugo Chávez en 1997. El entonces obispo de Barinas, zuliano de nacimiento, era una especie de guía. Muchas veces la familia Chávez Frías se le acercó para solicitar su servicio como vocero de Dios en la tierra. “Yo me acuerdo cuando Hugo de Los Reyes Chávez llegaba a la residencia episcopal. Había que empujarle el carro porque se quedaba… eso era antes de ser gobernador. Ahora es todo muy distinto”, cuenta más adelante: “Me alejé de ellos porque defendían la revolución cubana.

Por eso me distancié”. Estos son solo algunos casos representativos de la jerarquía eclesiástica, entre otros muchos más, que apoyan o han apoyado el proceso revolucionario del Presidente Chávez. En todo caso, es palpable la división interna, más que nada entre curas y obispos, en las tendencias de Venezuela hacia lo que se ha llamado el “socialismo del siglo XXI”. Mons. Helder Cámara solía afirmar en torno a este conflictivo tema: “Cuando me ven que estoy dando panes a los pobres dicen que soy santo; cuando le estoy enseñando a los pobres las causas por las cuales ellos son pobres, y los estoy enseñando a pensar para que nos demos cuenta del origen de la injusticia y la pobreza, entonces dicen que soy comunista”.

Como es tradicional en Venezuela, los primeros días de cada año, el cuerpo diplomático acreditado en Venezuela se reúne para dar un saludo al pueblo de Venezuela en la persona de su presidente. El 24/01/2001 el presidente Hugo Chávez dijo ante el cuerpo diplomático que “la Iglesia Católica es uno de los tumores de la revolución”, como repuesta a lo que había manifestado el Nuncio Apostólico, André Dupuis: “Sería una verdadera lástima si una radicalización o una politización excesiva del actual proceso de cambio pusiera en segundo plano los objetivos humanitarios de la revolución”.
El 12/04/2002 culminó un movimiento masivo en la calles de Caracas en protesta contra el presidente Chávez. Como consecuencia del mismo, ese día se juramentó en Miraflores el presidente de Fedecámaras, Pedro Carmona Estanga, en calidad de Presidente del Gobierno de Transición Democrática y Unidad Nacional.

El acto fue cubierto por la red nacional de televisoras del país, y en todas las pantallas quedaron plasmadas la presencia, entre muchas otras, la del Arzobispo de Caracas, Cardenal Antonio Ignacio Velasco García y el padre jesuita Michael de Viana. A raíz de tan aciago acontecimiento, más tarde, se expresaba el presidente Chávez en estos términos: "Ese cardenal está en el infierno. Estoy seguro. Lo encontraré en el infierno". A raíz del fallecimiento del Cardenal el 06/07/2003 un grupo de afectos al oficialismo se presentó frente a la Catedral de Caracas para protestar por el velorio del Arzobispo de Caracas, lanzando piedras contra la iglesia, gritando consignas contra la autoridad del difunto Cardenal, y con horribles pancartas con la imagen caricaturesca del Cardenal con cuernos y rabos semejando la figura del diablo.

Desde el año 2005, el Cardenal Rosalio Castillo Lara criticó públicamente al gobierno de Hugo Chávez, pero fue el 14 de enero de 2006 cuando El Arzobispo de Barquisimeto, Monseñor Tulio Chirivella, tuvo a bien invitarlo para presidir el cierre de la procesión de la Divina Pastora, momento en cual, se atrevió a hacer lo que nadie: le aconsejó al Presidente practicarse un exorcismo y manifestó, entre otras cosas: “Un gobierno elegido democráticamente hace siete años ha perdido su rumbo democrático y presenta visos de dictadura... hay varias decenas de prisioneros políticos, mientras la delincuencia común aumenta y ofrece un trágico saldo de más de diez mil homicidios por año… Al mismo tiempo crece la pobreza, abunda el desempleo, trágica situación que las llamadas misiones logran apenas disimular.

El odio sembrado, tenaz e irresponsablemente, amenaza hacer de los venezolanos entre sí irreconciliables enemigos y lleva la división y enfrentamiento hasta en el seno mismo de las familias…”. El Arzobispo de Caracas, Jorge Urosa Sabino consideró inoportuno e inconveniente estas expresiones del Cardenal Castillo Lara, señalando que estas declaraciones fueron a título personal y no a nombre de la iglesia o de la Conferencia Episcopal Venezolana. Por su parte, el Presidente Chávez arremetió contra su Eminencia, expresándose hacia su persona bajo los siguientes términos: “bandido y diablo con sotana”.

Cuando el Cardenal Castillo Lara se despidió de Roma para venirse definitivamente a su tierra natal, después de haber presidido la Pontificia Comisión de la Redacción de un nuevo Código de Derecho Canónico, y de lograrlo exitosamente, derogando el Código de Derecho Canónico, vigente desde 1917 (66 años), le expresaba S.S. Juan Pablo II: “En el momento de su partida del Vaticano, quisiera expresarle mi más sentido agradecimiento por el empeño y el amor puestos en el cumplimiento de las diferentes y difíciles tareas que le fueron encomendadas durante su servicio en la Santa Sede.” En cambio, el Presidente Hugo Chávez expresaba al Cardenal Castillo Lara el 17 de Julio de 2005: "Bandido cardenal. Usted fue alcahueta de los gobiernos bandidos de Acción Democrática y Copei. Bandido, golpista, inmoral".

Proseguía S.S. el Papa, refiriéndose a la renuncia del Cardenal a la Curia romana: “Conociendo muy bien los nobles y sinceros sentimientos con los que Usted ha presentado su renuncia, la he acogido, a pesar del gran reconocimiento por el trabajo que estaba cumpliendo con gran dedicación y competencia.” En el mismo programa radial aló presidente expresaba el mandatario venezolano: “Flaco favor le hace a la Iglesia católica el bandido este que sale disparándole al pueblo y arremetiendo, mintiendo descaradamente le hace un flaco favor a nuestra Iglesia católica. Estoy seguro que Cristo no haría lo que yo estoy haciendo, sino que agarraría un látigo y se iría a buscar al bandido este y le cruzaría el rostro de latigazos por traidor a la doctrina católica y cristiana”.

S.S. el Papa Juan Pablo II Resumía y encomiaba la labor realizada en Roma por el Cardenal Rosalio Castillo de la siguiente manera: “Llamado hace veintidós años a Roma por mi venerado Predecesor, el Siervo de Dios Paolo VI, Usted ha podido poner a disposición su aguda competencia jurídica, al principio en el trabajo de preparación del nuevo Código de Derecho Canónico, luego como Presidente del Consejo Pontificio para la Interpretación de los Textos Legislativos y, más tarde, como Presidente de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica y de la Comisión Pontificia para el Estado de la Ciudad del Vaticano, además de como miembro de varios Dicasterios de la Curia Romana”. Por su parte, el presidente venezolano, lacónicamente se refería a la labor del Cardenal con las siguientes palabras: "Pobrecito. A mí lo que me da es tristeza y asco.”

El Santo Padre impartía su santa bendición al cardenal de la siguiente manera: “Mientras confío su Persona a la materna protección de la Beata Virgen María Auxiliadora, me complace impartirle a Usted y a los que le están cerca una especial y afectuosa Bendición.” Por su lado, el presidente venezolano expresaba públicamente en cadena de radio y televisión las siguientes palabras en referencia al Cardenal: "Tiene el diablo por dentro, el diablo no respeta ni sotana".

A mediados de septiembre de 2005 el control sobre la Fundación Universitaria Santa Rosa que rige el funcionamiento académico-administrativo, la dirección y el destino de la Universidad Católica Santa Rosa, se discute frente a los tribunales competentes. Esta Universidad es un centro emblemático de la Iglesia Católica, pues fue sede del Seminario Interdiocesano de Caracas, de donde egresaron notables figuras eclesiásticas de casi todo el territorio venezolano. Después del fallecimiento del Cardenal Antonio Ignacio Velasco García, el rector Pbro. Martín Zapata Fonseca, logró muy hábilmente, modificar los estatutos originales para que la Universidad quedara legalmente bajo su control absoluto, lo cual, es precisamente lo que se está sometiendo en los tribunales para que las instalaciones y el control de la Universidad retornen nuevamente a su destinatario original. El rector de la Ucsar (Universidad Católica Santa Rosa), Martín Zapata, es simpatizante del proceso revolucionario del Presidente Chávez, como se desprende del hecho de acompañar a los estudiantes de dicho centro universitario a una marcha (Junio 2007) en respaldo a la Revolución y dijo: «Nos une el sentido de Patria. Aquí está manifestando el pueblo, los medios alternativos, la clase media y el sector estudiantil y académico». Asimismo, les dijo a los estudiantes que “no se dejen manipular por las oligarquías que quieren hoy frenar la Revolución Bolivariana”.

Durante la visita que realizó el Presidente Chávez a su S.S Benedicto XVI en mayo del 2006, el Papa aprovechó la ocasión para expresar a viva voz su deseo de que la Universidad Católica Santa Rosa conservara su carácter católico y retornara a su legítima y genuina propiedad de la Arquidiócesis de Caracas. Posteriormente el Cardenal Jorge Urosa juramentó a la Dra. Miriam de la Cruz López de Valdivieso como rectora de la UCSAR para el período 2007 – 2011 en una sencilla ceremonia realizada en el Palacio Arzobispal de Caracas, pero hasta el presente, no ha podido tomar las riendas de la institución universitaria, hasta que culmine el proceso jurídico.

En horas de la mañana del 27/02/2008 un grupo de sujetos encapuchados tomó el palacio Arzobispal de Caracas lo que obligó a las personas que trabajan en el despacho del Cardenal y arzobispo Jorge Urosa abandonar el Palacio Arzobispal. Los sujetos secuestraron las instalaciones de la Curia Arquidiocesana por varias horas. La Policía Metropolitana acudió al lugar para atender la situación. Sin embargo, los tomistas acompañados por Lina Ron y por los Diputados García y Lander, leyeron un escrito para expresar sus razones en la que rechazaron la actitud de la jerarquía católica en abril de 2002 y por mantenerse en la Nunciatura Apostólica a Nixon Moreno. “Un país socialista, un camino claro y definido. Ratificamos que nuestra lucha es por el poder para el pueblo soberano y por el socialismo”. El presidente Chávez cuestionó duramente a Lina Ron y a los Diputados García y Lander por tomar el Palacio Arzobispal, afirmando,”estas cosas son absurdas y hacen daño a la Revolución”.

La obsesión de Chávez ha sido de crear una iglesia venezolana. Siguiendo el ejemplo de Fidel Castro, fundó un Parlamento Bolivariano de Iglesias, especie de gran consejo de creencias folklóricas, sectas de santeros y hechiceros. Como es obvio, las iglesias históricas se han negado a participar en tan singular operación. Los judíos expresaron su respaldo a la religión católica y al cardenal de Venezuela, pues piensan con razón que “lo que le ocurre hoy a los católicos nos puede pasar mañana a nosotros”.

En repetidas oportunidades se han efectuado celebraciones eucarísticas con tinte marcadamente político, tales como: la que se celebró en la Iglesia San Francisco de Asís en el sector de la Cañada del 23 de Enero en Caracas, el 23/01/2002, para conmemorar el 44 aniversario de la caída de Pérez Jiménez y para que “la luz de la palabra de Dios siga iluminando el proceso”. Por el sector oficialista estuvieron presentes, entre otros: el presidente Hugo Chávez, la primera dama Marisabel de Chávez, el Ministro de la Defensa José Vicente Rangel, el Alcalde del Municipio Libertador Freddy Bernal. Por el sector eclesiástico: padre Francisco Rondón, padre Miguel Matos S.J. y el padre Juan Vives Suriá, quien cerró. Esta Santa Misa fue transmitida en cadena nacional. De inmediato, el Arzobispo de Caracas, el Cardenal Ignacio Velasco, condenó públicamente esta celebración eucarística con las siguientes palabras: “Es deplorable que los signos religiosos, y en particular la Santa Misa, se manipulen con fines ajenos al valor intrínseco”.

En el templo de la Resurrección del Señor en Caricuao, el presidente de Venezuela Hugo Chávez y el presidente electo de Paraguay Fernando Lugo, como parte de las actividades que realizó el presidente electo de Paraguay en su visita oficial de dos días a Venezuela (18/06/2008), asistieron a una celebración religiosa, y compartieron en el transcurso de la misma “la comunión espiritual de los pueblos latinoamericanos que expresan las corrientes auténticas de transformación de un continente que busca independencia, unión e igualdad”. El Arzobispado de Caracas, el Cardenal Jorge Urosa, señaló, mediante un comunicado, su desacuerdo con esta celebración eucarística para orar y bendecir públicamente al presidente electo del Paraguay, Fernando Lugo, por cuanto, “favorecer una opción partidista no es compatible con la misión eclesial y pastoral de los sacerdotes y personas de la vida consagrada”.

En la Gaceta Oficial 38.959, del miércoles 25 de junio de 2008, se publicó el Reglamento Interno del Consejo Pastoral Evangélico, en el que se desarrollan disposiciones que el anterior ministro de la Defensa, almirante Orlando Maniglia, negó en 2005 en el marco de un litigio que incluso llegó a la Sala Político Administrativa del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). El actual ministro, G/D (Ej.) Gustavo Rangel Briceño, profesa la religión evangélica y no tuvo inconveniente en apoyar la formación del Consejo Pastoral Evangélico. Por decreto, el Consejo Pastoral operará en el Fuerte Tiuna, y cada unidad militar de la Fuerza Armada Nacional, en todos los niveles, debe contar con un pastor evangélico, designado por el Consejo Pastoral Evangélico de la Fuerza Armada Nacional. El Pastor Evangélico contará con una oficina dentro de las instalaciones de la unidad o dependencia militar en la cual presta sus servicios, donde proveerá asistencia espiritual al personal militar y civil de la Fuerza Armada y a su grupo familiar si así lo requiere.

El 30/06/2008 en Ciudad Ojeda (Estado Zulia) se realizó la consagración oficial de los tres obispos principales que liderizarían la Iglesia católica reformada de Venezuela en la región y el país. El acto se realizó en la sede parroquial San Pablo Apóstol, en la avenida 41 con carretera N de Ciudad Ojeda. La liturgia estuvo a cargo de Leonardo Marín Saavedra (venezolano), primado de la Iglesia anglicana latinoamericana, acompañado de Daale Climie, arzobispo de la Iglesia conservativa anglicana de los Estados Unidos, y Jorge Pérez Benítez, obispo de México. Consagraron a Enrique Albornoz, obispo principal para todo el territorio nacional; Jon Jen Siú García, obispo auxiliar, y Alexis Bertis, obispo sufragando. Según el Segundo Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana y Arzobispo de Coro, Mons. Roberto Lückert, “PDVSA financia la nueva Iglesia chavista y socialista, incluyendo los vuelos desde el exterior, las reservaciones en hoteles y el transporte de sus representantes en el interior del país… aunque esto busca dar la imagen de que la Iglesia está dividida, la iniciativa de este grupo no dará resultados.”

BIBLIOGRAFÍA
“67 Momentos de Caracas, crónicas breves”, por Eduardo Casanova.-
“Un hecho extraordinario: La cesación ad Divinis”, por Luis Cubillán Fonseca.-
“La cuestión religiosa (1900-1903): Su repercusión en Valencia”, por Domingo A. Bacalao.-
“Relación de la Real Audiencia de Caracas con el Episcopado venezolano durante la Colonia”, por George González González.-
“Arqueología del capitalismo estudio de casos: Santo Tome de Guayana y Caracas Venezuela”, por Mario Sanoja.-
“El Libertador”, por Augusto Mijares.-
“Guzmán, elipse de una ambición de Poder”, por Ramón Díaz Sánchez.
“Un pantalón más”, por Ricardo Mandry Galindez.-
“El clero en la lucha”, por Gabriel García Márquez.-
“Gran recopilación geográfica, estadística e histórica de Venezuela”, por Manuel Landaeta Rosales.-
“Diccionario histórico de Venezuela”, Fundación Polar.-
“120 biografías de próceres e ilustres venezolanos”, Editorial Biográfica de Venezuela.-

AUTOR
Juan Pablo Sarratud Porras
Dirección de correo digital:
sarratthoud@gmail.com
sarratthoud@hotmail.com

Recopilación de información y redacción realizada por Juan Pablo Sarratud Porras , venezolano, mayor de edad, de estado civil casado, economista, C.I. 2.934.439, en Ciudad Alianza a los diez días del mes de agosto de 2008.



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