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Guerra Civil y Verdad

Resumen: Nuestra cruenta Guerra Civil es un acontecimiento histórico, ya que sucedió en un tiempo pretérito, entre Julio de 1936 y Abril de 1939. Mucho se ha investigado, documentado y explicado sobre aquella trágica contienda entre seres vivientes de una misma Nación...

Publicación enviada por Luis Fernando López silva




 


Nuestra cruenta Guerra Civil es un acontecimiento histórico, ya que sucedió en un tiempo pretérito, entre Julio de 1936 y Abril de 1939. Mucho se ha investigado, documentado y explicado sobre aquella trágica contienda entre seres vivientes de una misma Nación. Para intentar abarcar todos aquellos hechos y matices que indujeron a la confrontación total y, no separar todo el abanico ideológico que envolvía el ambiente violento de la época, intentaré encuadrar y contextuar la historia de la Guerra dentro de dos corrientes de la Ciencia de la Historia: el Positivismo y el Presentismo; para así, argumentar lo difícil de la verdad, de los hechos objetivos y del conocimiento histórico sobre un acontecimiento que marcó de manera desgarradora a la sociedad española.

La concepción positivista, esbozada por el autor Ranke, admite que el proceso histórico existe objetivamente y que si el conocimiento humano es capaz de reunir los hechos y datos adecuados, éste se presenta de manera fiel y sin tintes subjetivistas; por el contrario, el Presentismo postula según Read, unos de sus mayores defensores, que el proceso histórico está considerado en función de los intereses y las necesidades del momento. Es decir, se sitúa en posiciones subjetivistas y subraya el condicionamiento social del sujeto cognoscente.

Para profundizar aun más en lo complicado del conocimiento histórico, expondré literalmente unas palabras de historiador inglés E. H. Carr: “No, los hechos no se parecen en nada a los pescados expuestos en el mostrador del pescadero. Más bien se asemejan a los peces que nadan en el océano anchuroso y aun a veces inaccesible; y lo que el historiador pesque dependerá en parte de la suerte, pero sobre todo de la zona del mar en que decida pescar y del aparejo que haya elegido, determinados desde luego ambos factores por la clase de peces que pretenda atrapar. En general, puede decirse que el historiador encontrará la clase de hechos que desea encontrar.”

En esta pequeña parrafada, se clarifica la importancia de los hechos históricos y la elección particular por la que el historiador se decanta.
Actualmente, la controversia existente entre historiadores de diferentes posturas ideológicas con respecto al conocimiento histórico de nuestra Guerra Civil y los años de posguerra, se ha reavivado en torno a la Ley de Memoria Histórica, lo cual, recrea perfectamente las dos concepciones arriba descritas, ya que los historiadores de ambos márgenes ideológicos pretenden la objetividad de sus posturas, aunque seguramente todos estén impregnados del subjetivismo de la escuela presentista.

Así, resulta complejo verificar los hechos que cada historiador postula, ya que cada hecho histórico está ramificado por mil vericuetos y matices que es necesario desembrollar e ilustrar para no quedar cojo lo investigado. De esta forma, desembocamos en las denominadas verdades parciales objetivas, que son hechos acontecidos reales que aclaran parte del todo. Pero tienen la inconveniencia de que pueden ser elegidas y seleccionadas con el sesgo subjetivo del sujeto. Esto significa, que los hechos de la historia nunca llegan en estado puro, sino que pasan por el filtro de la mente de quien los recoge, y por consiguiente pueden dar lugar a deformaciones. Además, aquí se puede añadir otro problema de complicada solución para la ciencia de la historia, el del condicionamiento social del conocimiento, o sea, que la recaudación y creación del conocimiento depende en alto grado de la condición social de quien lo elabora y expone.

De hecho, actualmente historiadores que han presentado versiones modificadas de concretos acontecimientos de nuestra Guerra Civil están siendo tildados de revisionistas y alteradores de las verdades afirmadas hace mucho tiempo. Por tanto, de esta manera, se puede llegar a la línea resbaladiza del relativismo o subjetivismo radical del conocimiento histórico.

Por ello, es imprescindible que todo conocimiento histórico que elabore el historiador a de ser a partir de documentos, datos y hechos que sean inconfundiblemente objetivos y neutrales, amen de lo dicho anteriormente. Todo dependerá de la responsabilidad profesional y deontológica del historiador. De modo, que como el conocimiento se genera y recicla de forma infinita, lo más efectivo para llegar a una aproximación objetiva de la verdad, sería el sumativo de las verdades parciales objetivas, o sea, a más verdades objetivas parciales mayor aproximación a los hechos reales objetivos y neutros. Con respecto a la Guerra Civil Española, actualmente, la verdad sobre la inducción y estallido de esta conflagración entre vecinos, está de parte de los que defendieron la legalidad de la II República como Estado democrático y de Derecho, ya que existen una abrumadora mayoría de datos y hechos incontrovertibles que definen heurísticamente los desenlaces de la “tónica de la época.”

Si con el devenir histórico los historiadores aportan nuevos documentos y hechos (verdades parciales), en los cuales, la verdad de la historia puede dar un vuelco inesperado, es de justicia estudiarlo, verificarlo e incluso aceptarlo si así se confirma real. De momento y aunque a muchos todavía les pese la verdad, el conocimiento histórico sobre nuestra Guerra Civil establece con toda nitidez y lucidez los acontecimientos y voluntades que provocaron tal desaguisado.

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