Busca monografías, tesis y trabajos de investigación

Buscar en Internet 

       Revistas   Cursos   Biografías

rss feeds RSS / /

Demografía y cambio climático

Resumen: El planeta que nos acoge fue el portador e interventor de la génesis de nuestra especie, pero también será el que extermine nuestro “pequeño instante” en este valle de lagrimas...

Publicación enviada por Luís Fernando López Silva




 


El planeta que nos acoge fue el portador e interventor de la génesis de nuestra especie, pero también será el que extermine nuestro “pequeño instante” en este valle de lagrimas.

Este podría ser el corolario final de cualquier análisis sobre la vida humana en la Tierra.
Pero el problema que pretendo plantear es el siguiente: ¿cuánto tiempo nos queda de permanencia en nuestro nicho ecológico si mantenemos al ritmo actual los patrones demográficos y de consumo?

Se habla mucho sobre cambio climático y consumo, pero muy poco de la base inductora que dimensiona estos conceptos tan relamidos en nuestros tiempos. Es decir, la superpoblación que soporta el planeta. Actualmente, se cifra en alrededor de 6.300 millones de almas las que pululan sobre el globo terráqueo. Algunos biólogos de renombre exponen que un planeta sostenible a largo plazo no debería alcanzar más de 3.000 millones. Así que si hacemos la puñetera resta pertinente, nos indica que sobramos la mitad. Si ha este desorbitado exceso de humanos le agregamos la descomunal capacidad del hombre moderno para consumir los recursos que necesita para ambientar su vida de ornato, deducimos la derivada negativa que nos guía al despeñadero humano-ambiental.

Decía Mathus que mientras la población crece de forma geométrica, los suministros crecen de forma aritmética. El error del pastor anglicano fue no tener en cuenta la tecnología aplicada a extraer recursos alimentarios, pero puede que a la larga se salga con la suya y muchos más terrícolas de los que hoy pasan hambre, la pasen. Si la población mundial sigue abultándose a medida que se eleva el consumismo individual que propugna la cultura capitalista, los problemas se multiplicarán igual que los panes en la fábula bíblica. Un error de la clase política es no crear un debate público sobre el cambio climático asociado a la superpoblación, como si los gases carbónicos surgieran de la nada y el hecho no estuviera engarzado en los hábitos domésticos, laborales y de ocio que vertebra el sistema socio-económico que nos rige.

Del argumento anterior se desliza la pregunta incómoda: ¿Quién, cómo y cuándo se controla la natalidad?
Existen dos fórmulas de control de natalidad; una es natural y le sobreviene a todo ser humano, la muerte por vejez. Dentro de ésta podríamos incluir también los desastres naturales y las enfermedades; la otra fórmula sería por llamarla de algún modo, la artificial. En esta podemos encontrar todas aquellas muertes que acarrea la estructura y ordenamiento socio-político y económico en el cual estamos insertados (hambre, conflictos bélicos, terrorismo, accidentes laborales y de tráfico, drogas…)

Pero podría existir una tercera y excepcional vía de control de natalidad que iría en beneficio del cambio climático. Esta sería una racionalización mundial de la natalidad fomentada por los gobiernos e instituciones internacionales. Sabemos sobre todo que el problema se centra en los países subdesarrollados y en vías de desarrollo. Para ello, algunas propuestas son: considerar y estudiar más el problema, no fomentar la natalidad, facilitar las adopciones nacionales e internacionales, facilitar la inmigración, intentar frenar la migración del campo a la ciudad, erradicar la pobreza extrema, alfabetización y mucha educación. La educación es la única fuerza que puede debilitar el círculo vicioso de la pobreza asociado a la alta natalidad.

De esta manera, un estancamiento o un crecimiento lento de la población resultarían beneficiosas para disminuir en el futuro las consecuencias dramáticas del cambio climático.

¿Alguien en la reciente y anodina cumbre del clima manifestó alguna frase sobre el exceso poblacional y el derroche egoísta de una mínima parte de la población mundial? No. Hablaron de los intereses económicos. De los beneficios o pérdidas que supone enfrentarse a un nuevo modelo económico más sostenible. En definitiva, desesperanza, porque intentar componer un sistema productivo más limpio sin tener en cuenta el número de usuarios que se van a beneficiar de dicho sistema, es como pegarse golpes contra la pared para aliviar el dolor de cabeza.

Valora este artículo 5   4   3   2   1

Comparte  Enviar a facebook Facebook   Enviar a menéame Menéame   Digg   Añadir a del.icio.us Delicious   Enviar a Technorati Technorati   Enviar a Twitter Twitter
Artículos Destacados