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Santiago de Cuba en la guerra grande (1876,1877 y 1878)

Resumen: A través de la presente investigación se ha tratado de cerrar una etapa iniciada por un estudio anterior que cubrió los años de 1868-1874, la misma constituye un análisis de la vida cotidiana de la ciudad de Santiago de Cuba como capital departamental...

Publicación enviada por Lic. Rafael Viamontes León




 


RESUMEN
A través de la presente investigación se ha tratado de cerrar una etapa iniciada por un estudio anterior que cubrió los años de 1868-1874, la misma constituye un análisis de la vida cotidiana de la ciudad de Santiago de Cuba como capital departamental, durante los años 1876, 1877 y 1878 años octavo, noveno y décimo de la Guerra de los Diez Años.

Este trabajo forma parte de una investigación más amplia, cuyo titulo es Una ciudad en Guerra, el cual recoge los últimos 48 meses de la Guerra Grande, que permitirá tener una visión más integradora de la trayectoria histórica de la ciudad héroe en el período estudiado.

Hemos tratado de acercarnos a los acontecimientos, tratando de lograr una interrelación entre los acciones bélicas y la vida cotidiana de la ciudad, que a trevés de la descripción, la comparación y el análisis de los principales acontecimientos políticos, sociales, culturales y económicos, y su incidencia en la vida social y cotidiana de la ciudad en esos dos años de la Guerra del 68.

INTRODUCCIÓN
El trabajo, titulado: Santiago de Cuba en la Guerra Grande entre los años1876, 1877 y 1878 constituye un análisis de la vida cotidiana de la ciudad de Santiago de Cuba, como capital departamental, durante los 36 últimos meses de la Guerra de los Diez Años. Se ha tratado de cerrar una etapa de investigación iniciada por un estudio anterior que cubrió los años de 1868-1873, lo que permitirá tener una visión más integradora sobre la trayectoria histórica de la ciudad en ese período.

Nos acercamos al estudio del período, a partir de la visión de la nueva historia o historia de las mentalidades, con una metodología de la investigación fundamentada en la dialéctica materialista, y se inscribe dentro de la perspectiva de Historia Social; que se entiende como la corriente historiográfica que valora los objetos sociales y analiza sus relaciones desde la pluridimencionalidad, al enfocar estudios, no solo de los grandes hechos históricos y de las personalidades, sino que revela la esencia de la vida cotidiana de lo demográfico, lo económico, lo social y lo cultural en toda su proyección.

Nos planteamos como objetivo realizar un estudio valorativo de la repercusión de la Guerra Grande, entre los años 1876, 1877 y 1878, así como los elementos de la vida material y espiritual que se vieron más afectados y los intentos que hubo por preservarlos.

Para una mejor comprensión de este trabajo se ha estructurado de la siguiente forma: los años de 1876 con la entrada de Joaquín Jovellar a la capitanía general de la isla, hasta junio de 1878 con la capitulación de las tropas mambisas de Oriente. Como en el primero, tratamos de mantener el mismo hilo conducto; recogiendo los principales combates de la jurisdicción y su repercusión en la vida económica, social, política y cultural de la ciudad, significando a demás los principales hechos ocurridos en el período.

CAPITULO: II

El año 1876 marcaría un cambio sustancial en el modo español de hacer la guerra de contra los cubanos independentistas; en su afán-pie era de la fue necesidad-de pacificar la isla. La política de mano Férrea, de combatir la insurrección sin ningún escrúpulo-que varios capitanes hicieron suya, pero de la que fue su más alto exponente el general Blas Villate, conde de Valmaseda-dio un vuelco a partir de 1876. El general Valmaseda, puesto al frente de los destinos de Cuba desde el 8 de marzo de 1875, renunció a su alto mando a fines de diciembre de ese año, dejando al general Buenaventura Carbo en interinaturra hasta el 18 de febrero, cuando tomó posición como Gobernador General y Capitán General de la Isla de Cuba, en propiedad, Don Joaquín Jovellar, quien también asumía dichos cargos por segunda ocasión.

Eran momentos muy graves, en cuestión, la revolución había hecho progresos notables, como llevar las huestes mambisas hasta la zona oriental de Matanzas. Las villas habían vuelto hacer campos de operaciones militares, con las fuerzas del general Máximo Gómez. El Camagüey cobraba nuevos bríos y Oriente proseguía su impetuosa acción guerra, con Vicente García, Modesto Días y Manuel Calvar; así como es especialmente las hazañas de Maceo y sus hombres. De hecho de general Villate había sido incapaz, con 72 000 soldados regulares y 80 mil voluntarios de hacer retroceder la revolución, sostenida por 7000 hombres armados en el país. (13)

¿Qué ocurriera en la jurisdicción santiaguero durante 1876?

El brigadier Maceo había cesado como jefe occidental del primer cuerpo del ejército libertador, cuyo puesto ocupó el Mayor General Modesto Días. No obstante, siguió imponiendo gran actividad en los territorios bajo su mando. Emprendió grandes operaciones hacia la zona oriental de Holguín; pero, a la vez, ordenó a las fuerzas capitaneadas por los coroneles Flor Crombet y Silverio del Pardo Pacheco que llevaran acabó intensas acciones contra el enemigo, a fin de que no pudieran extraer fuerzas de Oriente para lanzarlas contra Gómez y los suyos en las villas. En tal sentido, entre otras acciones el 11 de enero de 1876, el teniente coronel José Maceo asaltó y tomó el fuerte y el caserío de Arrolló Plata; así como también otras acciones contra propiedades rurales.

En marzo el teniente coronel Agustín Valtó de las fuerzas de Guanao sostuvo reñido combate en Cordón del Pozo; mientras el jefe de dicho rendimiento mambí, el coronel Flor Crombet sostenía duros choques entre el 11 y el 27 de ese mismo mes, frente a los españoles en Brazo Escondido. A principios de abril, los propios hombres de Flor hostilizaban al enemigo y destruían líneas telegráficas en las zonas conocidas por Soles y Chicharrones; el día 18 también realizó Crombet una emboscada a la columna enemiga entre los fuertes de San Antonio y Santa Clara, de la Trocha Aserradero-Cauto; en tanto que el 24 de ese mes, tenía dicho jefe que defender su campamento de una incursión española.

En el mes de mayo, el comandante Francisco Pérez Garoz realizó una operación sobre la Sierra de Limones, en la que además de dañar propiedades de personas adictas a España, reclutó a 23 mambíses desertores, con los cuales fortaleció su columna y atacó la factoría de Sevilla, casi a las puertas de Santiago de Cuba. A ese hecho-llevado acabó el día 17-siguió el comandante Pérez con el ataque a la Gran Piedra, a fines de mayo, luego de haber alcanzado la victoria en el cafetal Santa Ana la Vieja y más tarde, en junio ya, realizó emboscadas a fuerte columna enemiga en Horconcito y sucesivos enfrentamientos contra otra columna española que lo perseguían insistentemente desde el asalto y toma de Sevilla. (14)

Acciones de menos envergadura abundaron como realizadas por pequeñas fuerzas dislocadas por el brigadier Antonio Maceo entre Santiago de Cuba y Guantánamo, mientras el con él grueso de las fuerzas emprendió serios proyectos fuera de la región. Ese sería el mismo corte de la guerra en el último trimestre del año, cuando llevó acabó su invasión a Baracoa. Era el colofón de un año en el que fueron muchas las adversidades españolas en el ámbito de las armas, incluida la toma por los rebeldes cubanos de la ciudad de Las Tunas, el 23 septiembre de 1876.

Convencida de que por las armas no posible derrotar la insurrección, la Corona concibió, por primera vez que lo iba de guerra, separar el gobierno civil de la Isla, del militar, y nombró para este último al general Arsenio Martínez Campos, cuya función no sólo era presionar por las armas a los cubanos-sino explotar con toda la habilidad que poseía, las rivalidades del mando separatista y el inmenso deseo de muchos jefes militares rebelde de recuperar sus riquezas y restaurarlas, por lo cual estaban dispuestos abandonar la lucha. Cuando más auge parecía tener la revolución en aquel entonces, en efecto, llegó Martínez Campos a Cuba, el 3 noviembre de 1876. Traía consigo refuerzos notables y el respaldo del Tesoro de la Corona, así como licencia para todo tipo de maniobras en Cuba; con tal de que lograra pacificar la isla.

Entretanto, de enero a noviembre de 1876, la vida en la ciudad de Santiago de Cuba empeoró en todos los órdenes. Otra vez la guerra se sintió cercana, con los combates sobre las trochas militares y en zonas cercanas a la ciudad, junto los años transcurridos de conflagración que pesaban más sobre todos los habitantes y sobre la ambiente físico del recinto urbano.

La situación económica de Santiago de Cuba (1876).
La situación económica de Santiago de Cuba en 1876 era, una continuación de lo que había experimentado la capital departamental de los años de 1874 y 1875: El abandono por sus dueños de las fincas y demás propiedades rurales, así como los que pedían se les eximiera del impuesto por estar en situación de ruina. El agotamiento del tesoro municipal aumentaba por las pocas contribuciones que del sector agropecuario recibía y por la contracción comercial económica de toda la ciudad, con la siguiente merma de todas las recaudaciones. La escasez y carestía de los productos afectaban generalmente, poniendo mayor énfasis en la miseria y el hambre de la población.

Los males de la economía santiaguera en aquellos días se podrían ilustrar de muchas maneras, como es el ejemplo de la industria del gas para el alumbrado público. Las quejas por el mal servicio resultaban constantes, pues a excepción de la Plaza de Armas y algún que otro lugar muy visible de la población, los faroles dejaban de encender, o cuando menos, permanecían apagados más horas de las que debían alumbrar, sin contar el gran número de dañados que habían. El jefe de la policía de la ciudad –por ejemplo- en un oficio del 31 de marzo manifestaba que el 26 permanecían 13 faroles apagados y muchos otros a media luz y el 1ro de abril se mantenían apagados 64 faroles.(15)

Pero no sólo estos eran los males que aquejaban a la urbe oriental. La economía santiaguera se encontraba muy afectada por las acciones de los rebeldes, que habían dirigido sus ataques a los ingenios e incendiado sus plantaciones. Se reportaban los daños causados en los ingenios La Caridad, La Chiva, Cupey, Río Grande y Armonía, donde las quemas fueron devastadoras. En una comunicación del jefe del partido de Las Enramadas al comandante general del departamento se refiere este suceso, a modo de ejemplo: “El 19 de mayo de 1876 penetraron una partida de insurrectos al ingenio Armonía llevándose de éste 14 bueyes, 18 mulos y un negrito de la dotación”.

La situación económica de los productores de azúcar había entrado en crisis por las afectaciones antes señaladas y por la política impositiva, que aumentó como resultado de la contienda bélica. La cantidad de expedientes promovidos demuestran las insistentes peticiones de los dueños y administradores solicitando rebajas de impuestos por lo insostenible de su situación financiera. Los documentos hacen referencia a los casos de los ingenios Armonía, Santa Margarita del Quemado, Río Grande, Palmarejo y otros, donde los propietarios solicitaban ser eximidos de las contribuciones por período de dos o tres años.
Las secuelas generales de la guerra no sólo se hicieron sentir en el sector azucarero, el resto de las actividades económicas también lo sufrieron, entre ellos los negocios, los comercios y las industrias estaban casi paralizados. Los impuestos prácticamente impedían sostener un negocio por tiempo prolongado y aquí las quejas por altas tasas impositivas se hicieron frecuentes. Los dueños de tiendas mixtas, pulperías, bazares y zapaterías formulaban los más diversos reclamos para que se rebajasen los impuestos o fueran eximidos de ellos. Se alude el caso de la moción de Cayetano Martínez solicitando se le libre de impuesto la zapatería de su propiedad, o el caso de José Ros, que pedía al ayuntamiento se le excluyera de toda contribución a su tabaquería, que al decir de él la tiene como almacén por no poder sostener dicho taller.(16)

Los efectos de la guerra se hicieron sentir en todos los órdenes de la vida santiaguera: los negocios quebraban; los más diversos productos escaseaban, así como la materia prima para elaborarlos y los precios ascendían vertiginosamente. Por otro lado, el deterioro de la ciudad por esta fecha era cada vez más visible; las calles estaban en tan mal estado que cuando llovía resultaban prácticamente intransitables. Las notificaciones y quejas de los vecinos eran casi diarias, para ver si se reparaban, como fue el caso –por citar sólo un ejemplo- de los residentes de la calle baja de Dolores, entre las de Habana y Providencia, los cuales manifestaban el mal estado en que se encontraban dichas vías.

Exigían igualmente una restauración cabal el alumbrado público, los edificios y casa de viviendas, cada vez más deteriorados, el acueducto y los servicios a la población. Hasta el tinglado del puerto lo requirió, también, durante el curso de 1876, por lo que fue propósito restaurar toda la superficie cubierta, a pesar de que los fondos no alcanzaban para dicho trabajo, lo que pudo ejecutarse porque varios comerciantes apoyaron con dinero de sus patrimonios, y se logró dar término a dicho obra. La cárcel de la ciudad era otro punto que exigía, así mismo, una reparación casi total; lo cual no era factible, dada la falta de recursos financieros, y con el acueducto ocurría otro tanto; aunque en este caso, por su importancia, lo mismo para la población que para el negocio y para el ejército, se emprendieron varias reparaciones que posibilitaron su parcial mejoramiento.

En cuanto al problema del agua, la ciudad, históricamente presentó dificultades con el vital líquido. Para paliar la agudísima carencia, el ayuntamiento adoptó algunas medidas. Por ejemplo, en Enero de ese mismo año, el primer teniente de alcalde Don Francisco Álvarez Villalón, que pertenecía a la comisión de Ornato y Acueducto del Cabildo, hizo un pedido a Inglaterra de 25 tubos de hierro, de 11 pulgadas de diámetro, con objeto de que pudiese reparar la antigua cañería del acueducto. Los 25 tubos pedidos importó la suma de 952 pesos, según consta en el acta presentada ante el ayuntamiento. Incluso para continuar la reparación de la cañería, en dicho año se recibió en Santiago otro cargamento de tubos de hierro. “El importe de éstos –que eran 50- fue de 1 648 pesos”. (17)

La ciudad tenía necesidad del importante líquido; los habitantes lo requerían para el consumo personal, para el funcionamiento de las industrias y los servicios públicos, así como para la higiene de la urbe. Pero también demandaban agua las tropas españolas, las cuales fueron aumentando poco a poco en la jurisdicción. La caballería de la tropa, así mismo, necesitaba agua, y por tales motivos el gobierno trató por todos los medios de mejorar tan perentoria situación. En concordancia con este mejoramiento, el pedido de plumas aumentó considerablemente en ese año, solicitud que se hacía desde diferentes lugares de la ciudad. Aunque no todos los pedidos se respondieron positivamente; habitantes de varios lugares de Santiago de Cuba se beneficiaron con éste servicio directamente a sus viviendas o menos distantes de lo que estaban las fuentes públicas. Naturalmente debían pagar los derechos correspondientes por dicha concesión. En el mismo sentido, se declaró la apertura al público de una fuente para surtir de agua al vecindario. La fuente nueva (de hierro), se encontraba situada en la esquina del paseo de Concha y calle del Calvario. El ayuntamiento a propuesta de Don Francisco Álvarez Villón, le dio por nombre “Fuente de Marín” en honor al militar español que era el gobernador del departamento de esa época.

Por otra parte, la guerra, con sus secuelas de miles de refugiados ( voluntarios y forzados) hacinados en la ciudad; la carencia periódica de agua, lluvias torrenciales y el estancamiento de las aguas podridas, así como la eclosión de vectores, trajeron un incremento de la insalubridad y las epidemias que naturalmente empeoraban aún más el modo de vida en la ciudad. En Abril por ejemplo, se adoptaron medidas de higiene por el gobierno para precaver la propagación de la viruela. Días antes, el 29 de Marzo el jefe de la policía del departamento le pedía por escrito al ayuntamiento que le facilitara un buen número de barriles de cal para el blanqueado de las casas ubicadas en las afueras de la ciudad; donde residían las clases pobres. Este pedido se dio por haber muerto de viruela en la calle de la Trinidad, Don Fernando Heredia, voluntario que era el de la cuarta compañía de Bueycito. (18)

El ayuntamiento dispuso se entregaran al jefe de policía 15 barriles de cal para lo acordado y de ese modo tratar de impedir la propagación de lo que ya era brote epidémico en la ciudad. En sesión extraordinaria la Junta de Sanidad acordó varias medidas ante la alarmante cifra de 43 casos de viruela, que incluso ocasionó varias víctimas. Se acordó “[...] tomar medidas de precaución, se prevenga un local y útiles necesarios para establecer una enfermería provisional en caso de tomar un carácter epidémico, el hospital provisional se podrá establecer en el Fuerte de Santa Ursula”. (42) A los casos de viruelas, que ocasionaron 49 muertes (aunque el dato es incompleto, pues faltan los meses de enero, febrero, abril y diciembre), hay que agregar los 93 casos de fiebre perniciosa, los de diarreas que suman 163 y los de tisis que fueron 113 entre otras para un total de 1672. (ver anexo 3)

En otro orden de cosas, pese a la situación adversa se pretendió que la instrucción pública tomara más importancia y que el gobierno con la ayuda de la Sociedad Económica de Amigos del País contribuyó a la reapertura y sostenimiento de la Academia de Dibujo, pues dicha sociedad estaba dispuesta a facilitar con gusto la parte disponible del edificio que ocupaba para sus secciones y bibliotecas, acción con la que se beneficiaba a gran parte de la juventud pobre y a las artes y oficios. El 23 de enero tuvo lugar su reinstauración, bajo la dirección de su fundador, Don Manuel López López. (43) El concejal inspector de escuelas municipales, dio en junio de ese año una relación nominal de los alumnos que estaban a cardo de Don Manuel, que consistían en 45 niños y 14 artesanos. (44) La academia se restablecía con el nombre de Academia de dibujo Príncipe Alfonso.

“Al año siguiente uno de los discípulos –Emilio Giró Odio- dedicó al consistorio dos retratos, uno de Martínez Campos y otro de Sabas Marín, porque el tiempo del mandato de este último como Gobernador del Departamento Oriental se había reinstalado la academia. Esa era la prueba de los adelantos obtenidos en sólo un año y medio”. (19)

No era todo mejoría, porque el instituto de segunda enseñanza no había podido ser reabierto, aunque el señor Don Manuel de la Torre y Griñan, presidente de la Junta Directiva de la Sociedad Empresaria del Colegio de Santiago, le manifestaba al ayuntamiento que se iban a vender todos los útiles pertenecientes a los gabinetes de Física, Química e Historia Natural del suprimido Instituto de esta ciudad y estando el colegio en necesidad de esta clase de útiles –toda vez que en el se cursarían los estudios generales de segunda enseñanza- resultaba conveniente comprarlos; de modo que, al menos, resultaba una escuela suplente en tal caso. Otra medida relacionada con la instrucción pública fue la decretada por el ayuntamiento de esta ciudad para que en las escuelas públicas, sólo asistieran una tercera parte de niños pagos pues éstos causaban perjuicios a la clase pobre que se encontraba en las escuelas costeadas por los fondos municipales. En realidad, la matrícula general excedía lasa posibilidades de ofrecer plazas en los colegios públicos, idéntico problema al que enfrentó ese año de 1876 la escuela municipal de Instrucción Primaria, cuya matrícula era muy alta (83 alumnos) para la sede que tenía resuelta el ayuntamiento de la ciudad para dicho colegio.

Ahora bien, como en años anteriores a despecho de las acciones bélicas y la situación económica, ante la necesidad de dar confianza a la población y a la tropa, así como aliento espiritual ante el estado general tan crítico; se prosiguió el esfuerzo de animar la ciudad con numerosas actividades culturales durante 1876; como se podrá constatar. Con motivo de la terminación de la guerra civil en España, en la ciudad de Santiago de Cuba se dieron tres días de fiestas, durante los cuales el ayuntamiento pagó un déficit de 614 pesos con 78 centavos; producto de los gasto ocasionados por dichos festejos. A los pobres se les dieron más de mil raciones gratis. En la sociedad Filarmónica, por su parte se presentó en febrero de 1876, el pianista y compositor Laureano Fuentes; que ofreció un concierto con gran aceptación del público. Los zarzuelista Selgas, Agudo, Marchetti, pastor, Ortoneda, y Marty, y los señores Ruiz Crici y Carratalá, Prat, Prieto y Subirá con el maestro Ruiz formaron otra compañía que en mayo del mismo año (1876) representó La Marsellesa en esta ciudad. (20)

El 21 de octubre se presentó en la sociedad Filarmónica nuevamente Fuentes Matos, esta vez junto a su hijo. Otro gran concierto a beneficio de obras públicas; se realizó el 8 de diciembre, en el cual tomaron parte numerosos artistas que siempre favorecían esas funciones. En resumen las actividades culturales señaladas, más las no referidas reflejan ese proceso natural de adaptación de la psicología a los momentos más difíciles de la vida.

Situación de la guerra durante 1877.
Como hemos referido, el ascenso de Martínez Campos a la jefatura del ejército de operaciones en Cuba desde noviembre de 1876, representó-lógicamente un cambio en el propósito de España de pacificar el país, pues dicho gobierno puso en manos de su mejor y más hábil general la fuerza necesaria; además de disponer del tesoro de la península, para lograr ese objetivo. Ya en Cuba Martínez Campos puso en práctica un plan de pacificar la Isla desde occidente a oriente. Con tal objetivo, a principio de 1877 adoptó medidas inmediatas, como la preparación de un plan de campaña en toda la Isla, poniendo a los jefes de mayor confianza en las diversas regiones para llevar su ofensiva, - la que supervisó directamente para seguirla de cerca, inspirando confianza y levantando el ánimo entre todos sus subalternos.

El general Campos, presionado en parte por el gobierno peninsular y por el precio que venía costando la guerra se había propuesto pacificar la Isla lo antes posible y como los métodos usados por sus antecesores de “mano dura” no dieron el fruto esperado, consistió el suyo en llevar a cabo un combinado plan de presión militar, concesiones económica (devolución de propiedades, excepción impositiva y créditos blandos) humanización de la guerra e indulto pleno a los presentados y hasta recompensa monetaria, todo con el fin de socavar la revolución captándose, primero la parte más blanda; luego las masas insurrectas directamente bajo el mando de jefes débiles y por último, aislando a los más intransigentes y acosándolos con fuerza abrumadoras.

“Junto con la disposiciones de carácter militares destinadas a perseguir sin descanso a las partidas insurrectas, tomáronse otras destinadas a tratar de quebrantar la moral de las mismas y sus auxiliares en los campos, inclinándolos a la paz, que se proponía lograr a toda costa.”(21)

El día 5 de noviembre de 1876 removió los mandos militares y reorganizó el ejército colonial, poniendo inmediato énfasis en Colón (Matanzas) y Las Villas Occidentales, Sagua y Villa Clara, con numerosísima fuerza. El 12 de enero de 1877 firmaron él y Jovellar un bando indultando a todos los desertores que se presentaran a los españoles antes del día 31 de diciembre de ése año. Por cuanto el día 14, al amparo de dicho bando, dictó otro el gobernador civil y militar del departamento, el cual expresaba:

“Artículo 3: Todos los individuos de la clase de paisanos y sin distinción de categorías que perteneciendo al campo enemigo fueran aprehendidos, serán considerados como prisioneros de guerra.

Artículo 4: L-os comprendidos en el artículo anterior, que se presenten serán indultados, quedando en libertad a menos que por exceso y delitos anteriores o por la índole de estos deban quedar sujetos al fallo de los tribunales.”(22)

Insuficiente para atraer un buen número de mambises, el día 13 de enero publicó otro bando en que se disponía la entrega de 5 pesos oro a quien se presentase del campo rebelde como un arma; a los que lo hiciesen con caballo, una de ratificación de 20 pesos por cada uno útil para servicio de a caballería o de guerrilla. Conforme con tal estratagema, los jefes- y oficiales del ejército colonial recibieron órdenes terminantes de no ejercer represalias contra los presentados, enfrentando severísimo castigo alquimia financiera tal disposición.

En auxilio del "Pacificador", llegaron las divisiones internas de los cubanos insurrectos, como la de los villareños contra Gómez, Sanguily y otros jefes camagüeyanos y orientales y la de los sediciosos contra el Gobierno de Estrada Palma (marzo-abril de 1877) y el "cantón independiente de Holguín", que sólo constituyeron a derrotar el espíritu de lucha y consiguientemente a disminuir el número de las acciones combativas y en fin a desmoralizar las fuerzas rebeldes; como sea dicho con absoluta razón, lo que vendría a sumarse a las muertes de Eduardo Machado, presidente de la Cámara de Representantes y del diputado La Rua, elementos independentista muy consecuentes y las heridas casi mortales de Antonio Maceo, en Mangos de Mejías (agosto de 1877) lo que lo mantuvo fuera de servicio por varias semanas, disminuyendo el espíritu de sus fuerzas durante ese período, aunque a decir verdad, no pudieron ni las desuniones, ni las desmoralizadoras medidas, ni la crecida presión militar, hacer mella en la división al mando del general Antonio.

En la jurisdicción asomando, se combatió con redoblado ardor y justamente con miras precisas, a provocar grandes pérdidas más fuerzas españolas, y hacer fracasar a Martínez Campos en el territorio de operaciones de su división mambisa --y también, para alentar a las restantes divisiones del ejército libertador en pos de los objetivos de la lucha: la independencia y la abolición de la esclavitud. Lo primero, en verdad lo coincidió Maceo, lo segundo no. Sus hombres en efecto, seguían combatiendo tenazmente. Así en enero de 1877, el entonces coronel Flor Crombet embosco a una pequeña columna enemiga que iba de Hongolosongo a El Cobre, en acción que el mismo relató de este modo:

“Alrededor de las diez u once de la mañana el centinela avisó: por el lado de Hongolosongo, viene una pequeña fuerza con un jefe español. Ocurrióseme pensar como resultó con que fuese el tan temible y valiente coronel español Provedo. Nadie se muevan tenían las bulbo sino después -de haber tirado yo ordené. Así se hizo. Agazapado, esperé a tener el enemigo a mí alcance disparé al coronel, que rodó del caballo sin vida. Siguióme una carga general escapando solamente dos soldados.” (23)

También, en aquellos primeros días del año, el comandante Francisco Pérez Garoz atacó el cuartel de Palmarejo y días después sorprendió la guarnición del cafetal Amor y sostuvieron combate con una columna enemiga cerca de Ramón de las Yaguas. Por su parte el general Maceo, después de invadir la zona de Baracoa, derrotar allí a las principales fuerzas españolas e insurreccionar otra vez la comarca, llegó en febrero a la Anguila (Mayarí Arriba); donde días antes una fuerte columna enemiga atacó ese punto y lo destruyó. Aún permaneciendo por aquel partido, cuando los cubanos la atacaron son rechazados inicialmente. Los libertadores se repusieron y rechazaron a su vez tres- ataques españoles. Nuevos refuerzos enemigos pusieron en peligro a los cubanos quienes lo combatieron hasta que fue conveniente retirarse. Reagrupados, Maceo y sus hombres arremetieron con tal fuerza que casi destrozaron la columna. Todo posterior intento español de atacar a los criollos fue rechazado con grandes pérdidas.

En Mayarí Arriba, así mismo, operaron en febrero y marzo de ese año de 1877, el teniente coronel José Maceo y el comandante Remigio Marrero. El 14 de febrero, además sostuvieron combates con el enemigo en Soledad, Macará y en el mismo Mayarí Arriba, incursión que se combinó con una emboscada de Agustín Cebreco. El día 1 de marzo una gruesa columna atacó el campamento de Vella Billaca, que defendió Guillermón, mientras el teniente coronel Teodoro Laffite se oponía a otra columna en Tienda Siete.

Se portaban activos los colonialistas, quienes de tanto atacar obligaron a Guillermón a mudar su campamento a Yaguasí. La guerra ya había retornado con fuerza al territorio santiaguero. Por otro lado, a fines de abril o principios de mayo, Flor Crombet atacó El Cobre y el 8 de mayo, a Aserradero, provocando grandes bajas a los españoles. Mas los españoles no sólo recibían sino que también golpeaban a los cubanos, alguna que otra vez en la manigua. También en la ciudad, donde descubrieron el funcionamiento de la “Logia Boyuca” de Federico Pérez Carbo, en inteligencia con los coroneles Flor Crombet y Leonardo del Mármol, así pudieron desactivarla, cayendo prisioneros algunos de sus miembros y otros escapando al monte. “Santa Rita ", "Cantón Independiente de Holguín" y " Mangos de Mejía", entre otros sucesos políticos y militares paralizaron, en parte, las actividades de los insurrectos santiaguero en el empeño de restaurar la unidad, la disciplina, y la moral del ejército libertador, dejando sólo margen algunas operaciones de no mucha envergadura dentro de la jurisdicción, sobre todo en el segundo semestre del año 1877.

En el centro de operaciones pasó a Oriente, Santiago de Cuba se convirtió en el cuartel general de las tropas españolas. Por tal motivo, salen de esta ciudad de operaciones a distintos. Sus orientales fuertes columnas de tropas colonialistas para derrotar a las armas cubanas. Desde enero mismo se suceden estas incursiones, por ejemplo los 200 hombres del Batallón Cazadores de San Quintín alas órdenes del coronel Don Andrés González Muñoz, a reunirse con las fuerzas del Batallón de Madrid, para emprender la persecución del general Antonio Maceo, que había penetrado en dicha zona, atacando el poblado de Sabanilla y a la ciudad primada, donde humilló al jefe español de la Plaza, un mismísimo Príncipe de Borbón.

Este mismo mes y al bordo del vapor de guerra "León", entró al puerto de esta ciudad el mariscal de campo Luis Prendergast y Gordón, jefe del estado mayor general, con sus ayudantes. La visita del alto militar español es con el objetivo de inspeccionar la zona, saliendo para ello con el jefe del departamento José Sanz. Las tropas de la jurisdicción de Santiago de Cuba, eran reforzadas periódicamente con el arribo a la ciudad de tropas procedentes de la metrópolis, tal como consta en las Crónicas de Santiago de Cuba, de Emilio Bacardí. El día 1 de junio de 1877 sale desde puerto el vapor de guerra " San Francisco Borja", conduciendo tropas y raciones para Mayarí y Nuevitas. En este mes de junio llega a la ciudad el brigadier Don Camilo Polavieja, para salir el domingo 10 junto al General en Jefe con su cuartel general hacia San Luis. En el mes de agosto llegó a esta ciudad también el Batallón Cazadores de Puerto Rico. En el de septiembre siguen llegando tropas; el 3 entró en este puerto de vapor Correo "Corruña", procedente de Santander, conduciendo un jefe, dos oficiales y mil 100 soldados. (24)

En el mismo mes abandona este puerto para dirigirse a la Habana la fragata de guerra español "Concepción" que monta 21 cañones y 403 hombres de tripulación. Finalmente llegó a Santiago en diciembre de 1877 el general Arsenio Martínez Campos, quedando de este modo establecidos, en esta ciudad las oficinas del Cuartel General del Ejército Español en Operaciones. En la ciudad otra vez, tras largo espacio, volvió a sentirse pleno el ambiente de guerra, tanto por los combates cercanos, como por el ajetreo de las fuerzas colonialistas que nuevamente establecieron su cuartel general en Oriente.

Durante este año 1877, alto mar la guerra nueva actividades en la jurisdicción, los dueños de las fincas rústicas e ingenios, que intentaron recuperar sus propiedades cuando la escasez de acciones bélicas en la comarcas y se dedicaron a restaurarlas, volvían a abandonarlas, desapareciendo otra vez del teatro de la guerra. El ejemplo ilustrativo es el abandono del ingenio Jutinicú, que tenían en arriendo Don Francisco Villalobos, según hace constar el comandante militar de Alto Songo. Otro ejemplo es el ingenio Manacas, en El Cobre. También se cuentan una serie de fincas rústicas que sus dueños informaron nuevo estado al ayuntamiento según consta en las Actas Capitulares de ese año.

En el puede poner el ejemplo de los cafetales " Ampudía" y " Aurora ", donde sus dueños solicitaban una rebaja de impuestos. Tal era el caso de Don José Rodríguez, que pedía que lo liberaran del impuesto por dos años hasta restablecer su proporción en el cafetal " Ampudía". La situación de la ciudad era muy crítica, como lo demuestra el hecho, ya antes mencionado, de que los dueños de bazares, bodegas, zapaterías, tiendas mixtas y otros negocios no menos importantes para la vida económica de la ciudad, se encontraban en situación precaria. En este caso hay que señalar la abundancia de pedidos de rebajas de contribuciones o que se le excluya del padrón de industria y comercio.

En esta situación estaban muchos comerciantes de esta ciudad que no podían hacer frente a la crisis financiera y productiva provocada por la guerra. Por ejemplo, Faustino Fernández, propietario de esta ciudad, cerró su establecimiento, de pulpería mixta en la calle de Santa Rosa número 37, por no estar en condiciones de cumplir las contribuciones ordinarias y extraordinarias. (25) También cerraban los establecimientos por motivo de pocas demandas, en razón de los casi olvidados altos precios y en contradicción con la demanda de la necesidad de alimentos y otros artículos indispensables. No es paradójico el hecho de que durante este mismo periodo, se trataba de abrir tiendas mixtas, puntos fijos de frutas, ventorrillos, tabaquería y pulpería para la venta de productos del país, pero con la salvedad de reclamar que fuera de tercera, cuarta y última categoría. Por ejemplo: "La que escribe con el respeto, trata de abrir un establecimiento de tabaquería de tercera clase en la calle de Santa Deo número 77" (53), evidentemente para poder pagar menos impuesto.

El impuesto que se debía pagar dependía de la categoría del negocio; de ahí que lo negocios que se intentaban abrir fueran de muy baja calidad y que necesiten menos capital para su montaje. Por lo general, estos nuevos establecimientos son de catalanes, franceses, asiáticos y naturales de España. Debemos señalar que las bajas del padrón de industria y comercio eran mayores que los pedidos de licencia para un puesto de venta. Los impuestos y la crisis ponían en muy malas condiciones la situación de los comerciantes. Debe señalarse, sin embargo la existencia de algunos industriales con suficiente capital, como para llevar a cabo la modernización de fábricas de chocolate, de galletas, pan y de hielo. Es un caso ilustrativo la solicitud hecha por Teodoro Ranquin, pidiendo permiso para "montar una máquina para elaborar chocolate en su antiguo establecimiento donde estaba su panadería, por considerarlo de mayor ventaja y más económico". (26) Estas modernizaciones tropezaban con el inconveniente de las quejas de los vecinos por temor a algún incendio que pudiera ser provocado por las máquinas a vapor. Los más afectados por esta crisis eran por puesto los habitantes de la ciudad y en especial los estratos más pobres. Al respecto, de esta situación el concejal diputado de abasto manifestaba:

“Me servio manifestar que notándose continuamente carencia en los artículos de abasto que se expenden en el mercado de Concha ha encorrido la causa de esas subida de precio que perjudica al público en general y se ha convencido su señoría, provienen de la escasa concurrencia de labradores al citado establecimiento y la afluencia de revendedores y especuladores a la entrada de la población con escasos productos y muy altos precios; comprendiendo que el prejuicio lo experimenta con mayor escala la clase pobre”. (27)

Pero a estos males de alto precios, escasez de alimentos y caos en general, hay que agregar las continuas lluvias, ocurridas a partir de junio, que ocasionaron una eclosión de vectores, lo que unido al desaseo de las calles de la ciudad y el mal estado de estas, dieron lugar a que ocurriera una serie de muertes por fiebre perniciosa. En este año 1877 aunque lamentablemente no aparecen las estadísticas de sepelios y sus causas, fueron elevadísimo los fallecimientos por fiebre perniciosa, fiebre amarilla, diarreas vivírmelas.

“La junta de sanidad de esta ciudad considera que el mal proviene de las condiciones anormales de la localidad, sobresaliendo el curso irregular de la estación de miseria que con oscura faz se vienen cerniendo en esta ciudad de algún tiempo a esta parte, la mala higiene pública, focos de infección de agua estancada, convirtiéndolas en pantanos.” (28)

Ellas ciudad que habían muchos ejemplos de la pocas de salubridad que tenían sus calles. Los vecinos se quejaban constantemente del desaseo de estas; como es el caso del comandante de marina y capitanía de puerto de esta ciudad, que denunciaba el pésimo estado del terraplén existente desde el Tinglado hasta el paradero del ferrocarril en la cual había infinidad de piezas de hierro o depósitos de inmundicias, que además del agradable aspecto que presentaba se hacían perjudiciales a la salud pública por el agua corrompida que allí se acumulaba. Para remediar este mal el ayuntamiento dispuso de 50 individuos de los conocidos como ñañigos, antes empleados en las obras militares para que trabajasen en las obras de Ornato Público, composición de calles y los trabajos para la de salubridad de la ciudad a los que se puede agregar 40 presidiarios de puestos o el Comandante General del Departamento a disposición de Obras Públicas.

Este departamento donde reparación guíe de caminos y carreteras, costeado por Estado que permitiría el fomento de la riqueza agrícola y como la guerra y sobre todo el acabar la pronto, era lo más importante para el gobierno colonial, en octubre de 1877 el General en Jefe del ejército dispuso una circular para que se le diera rápida aceptación y cumplimiento a dichas obras por parte de los ayuntamientos. La circular se refería a la atención que se le debía dar a la composición y mejora de los caminos para hacer fácil el tránsito de los convoyes y de las tropas. El ayuntamientos para cumplir dichas circular, formó una comisión de este municipio que junto al secretario del gobierno civil, determinaron los medios para tal afecto.

En este año se expuso ante ayuntamiento santiaguero, los malos resultados de sistema de relleno que se empleaba para la composición de las calles de la ciudad. Sus calles eran de grandes pendientes, que corrían de este a oeste y en las épocas de lluvia los daños causados por estas sobre las mismas eran muy perjudiciales y costosos. Ante esta circunstancia de los miembros de la Comisión de Ornato propusieron la adaptación del sistema de empedrado; por ser éste más duradero y económico. Esta propuesta tropezó con el inconveniente de no haber suficiente cantidad de piedras vivas para las obras; aunque la misma comisión proponía que existiendo varias canteras inmediatas al trayecto de la línea férrea, la junta directiva del ferrocarril obsequiara al ayuntamiento la transportación de las piedras para el bien del Ornato público. El proyecto para el empedrado de las calles de la ciudad se aceptó. En diciembre de 1877 el arquitecto municipal interino; dieron cuenta los planos y reglas propuestas como de partida para la construcción de las calles.

El alumbrado público seguía siendo un mal muy avanzado en esta ciudad; pues la vida de la empresa se hacía harto difícil, al punto de suspender desde el 1 de noviembre todo el alumbrado. Además de los problemas financieros enfrentaban el mal estado de las calles, que amenazaba con dejarse influido a 122 faroles por estas tuberías al descubierto. Ejemplos sobrados eran las calles de Santa Lucía, Dolores, Clarín, Pozo del Rey, San Germán, San Agustín, Calvario, La Habana y Porvenir. En ese año se solicitaron numerosos faroles para determinados barrios, algo que la empresa del alumbrado de gas dio respuesta a medias; el estado en que se encontraba le impedía cubrir todas las demandas.

Por otra parte ya era cotidiana la escasez de agua potable en Santiago. Las autoridades coloniales se dieron a la tarea de construir la tubería principal que surtía el agua desde la represa del acueducto. También iniciaron la construcción del puente para acueducto sobre el río Purgatorio que fue aprobada por el ayuntamiento bajo la responsabilidad del arquitecto municipal. En octubre de 1877 se trabaja con gran rapidez en estas obras según el alcalde municipal, el concejal y el arquitecto. La comisión de acueducto luego de inspeccionar el puente (construido por 60 prisioneros de guerra que el comandante del departamento puso al servicio del municipio) acordó que a su terminación comenzara la reconstrucción de la arquería inmediata a la represa, la cual había sido destruido por los insurrectos años atrás. A la escasez de aguas se unía el uso abundante de las aguas en los regadíos de huertas. La falta alimentos obligada población a sostener plantaciones de hortalizas amén de consumir las aguas potables en demasía.

Otro grave problema lo señalaba claramente el arquitecto municipal interino de Santiago de Cuba el 1 de febrero de 1877, luego del recorrido que le permitió palpar el estado de ruina de numerosos o edificios, muchos de los cuales amenazaban con ir al suelo. (58) El deterioro y la miseria era tal que muchos vecinos en lugar de reparar las viviendas terminaban destruirlas para vender sus escombros Por si fuera poco la urbe santiaguera se vio sacudida por fenómenos de tipo natural y social durante este año. Lo mismo no tenía que ver con la guerra aunque influían en el curso de ésta. Las tropas españolas no acostumbra al clima tropical de nuestra Isla sentían en carne propia la inclemencias del tiempo. Estas provocaban grandes epidemias que diezmaban a las tropas y a la población. Según podemos leer en las Crónicas de Santiago de Cuba, de Bacardí Moreau, en marzo de 1877, las lluvias fueron tan intensas y persistentes que dificultaron las comunicaciones y provocaron algunos desplomes en la ciudad. Apunta: "las lluvias de manera pertinaz. Los ríos vienen crecidos que es imposible vadearlos. La línea férrea de aquí a San Luis sufren desperfectos que obligan a la paralización del tráfico." (29)

La vida cultural y educacional de Santiago con todas las adversidades apuntadas, no se diferenció mucho de años anteriores. Pero como siempre la gente de pueblo busca llenar el alma con el pan de la alegría, trataron de mantenerse costumbres de antaño. En los meses de mayo a junio se suspendió la precisión del Corpus Christi. Se celebró el jueves 7 de junio con la presencia del General en Jefe y el Alcalde corregidor. También en el mes de junio Jacinto Martínez abrió al público un teatro casero en un solar de la calle alta de Santa Lucía, con un precio de 30 centavos por personas (mayores). Martínez pedía al Ayuntamiento se le eximiera del impuesto a los espectáculos públicos, que debían abonar a la municipalidad, por la poca asistencia de público y por el bajo importe que cobraba; razón que sin embargo no fue escuchada. Otra petición parecidas hacia María de la Luz González, solicitando que en los días de San Juan, San Pedro, Santa Cristina, Santiago y Santa Ana no se le cobrara derechos por los bailes de máscaras; pero se le cobraron todos los impuestos, en tanto no procedió excepción que solicitaba.

En este año de 1877 las fiestas de máscaras o mamarrachos derivadas por dos heroína de aquellos tiempos. Los típicos paseos organizados por ellas alcanzaron gran popularidad. Una vez la ya mencionada María de la Luz y la otra Paulina Rivero, ambas negras, quienes rivalizaron en el propósito de ofrecer mayor colorido y esplendor a las huestes que acaudillaban los dos bandos en que se dividían la opinión de la ciudad con respecto a las citadas fiestas.

La instrucción pública se mantenía como en el año anterior, en que se reabrió la Academia de artes artesanales "Príncipe Alfonso", la cual se mantenía brindando sus valiosos servicios a la juventud santiaguera. El colegio Santiago fue autorizado a dar las asignaturas de la segunda enseñanza puente; con tal motivo su Junta Directiva solicitaba el pago, de lo ha signado para pasaje de los catedráticos que debían practicar los exámenes. El gobierno recomendó al ayuntamiento la compra de la obra que comprende las tres primeras partes de la historia de la Isla, escrita por los autores Arrete, Valdés y Urrutia. Raras las dos primeras e inédita la tercera. (60) Para la adquisición de dichas obras se interesaron la Junta Directiva del colegio "Santiago", así como la sociedad Amigos del País y el propio ayuntamiento de la ciudad.

El general español Arsenio Martínez Campos proponían lanzar, gran cantidad de tropas contra Maceo y otros sectores del departamento. La táctica respuesta en práctica por él en Oriente era de usar solamente a las fuerzas de infantería, porque los cubanos operaban a pie entre los bosques accidentados y montañosos. El jefe español se dio a la tarea de situar fuerzas en distintas bases estratégicas. De ése modo que sus columnas podían recorrer constantemente las zonas de conflictos en número de 300 infantes por columnas, cuando menos, que se apoyaban unas a otras. Su plan militar operativo era de perseguir constantemente a los insurrectos. Mientras los españoles activaron las acciones, Maceo estaba de alta ya de las heridas recibidas en Mangos de Mejías, en agosto de 1877. Las fuerzas de la división Cuba y Guantánamo se encontraban en un ejemplar y envidiable estado de disciplina y moralidad. Los españoles encontraban formal resistencia por todas partes en el accidentado terreno de Guantánamo, en la zona de Cambute. Así pasaban el tiempo los españoles, marchas y contramarchas, hostilizando constantemente a las unidades mambisas. Las fuerzas más probadas del ejército libertador eran sin duda las de Guantánamo y Cuba. De esto dice Fernando Figueredo Socarras:

“Debemos consignar de paso, como acto de justicia que el único que se vio libre de la Lepra que por todas partes invadió nuestro ejército, con las disolventes teorías de las reformas, fue el que ocupaba el primer cuerpo ejército, compuesto por las brigadas de Cuba y Guantánamo, a las ordenes del bravo general Maceo, hábilmente secundado por sus dignos y heroicos subalternos Flor Crombet, Guillermo Moncada, Silverio del Prado y Pedro Martínez Freyre”. (30)

Las tropas del general Maceo estaban faltas de provisiones de guerra y boca y su principal objetivo era quitárselos al enemigo. El ataque a convoyes enemigos destinados a abastecer los centros de las columnas y las poblaciones fortificadas sería común forma de obtener esos pertrechos de guerra. El general contaba con la colaboración de los veteranos jefes bajo sus órdenes y con estos obtendría resonantes victorias en los últimos días de Enero y febrero de 1878. El 22 de enero, en cumplimiento de órdenes de Maceo, Pedro Martínez Freyre al frente del regimiento de Guantánamo número 9, atacó una columna española de unos 300 hombres que conducían un convoy de Palma Soriano a Florida Blanca. El combate se entabló recio, prolongado y sangriento; los cubanos se apoderaron del convoy que iba en marcha de Palma Soriano a la Victoria. El combate fue empeñado y violento como el anterior. La columna española perdió su carga y muchos hombres, fue obligada a dejar sus muertos con sus armas sobre el campo. “Choque en el cual las fuerzas de Maceo se apoderaron de lo que más falta le hacía: 50 mil tiros.”

El día 4 de febrero estando Maceo acampado en el lugar conocido como la llanada de Juan Mulato, se presentó una columna fuerte de 300 hombres arrojándose sobre la avanzada del general. La lucha se entabló fuertemente durante horas. En la tarde el fuego se sostenía por ambas partes, pero una fuerte carga de los cubanos logró dispersar a los españoles que en retirada lenta y penosa abandonan cadáveres y bagaje. Otra carga más y la columna quedó totalmente deshecha, con perdidas de alrededor de 260 entre muertos, heridos; incluyendo jefes, oficiales y tropa, además de 27 prisioneros, entre ellos el teniente coronel Gregorio Gorano y Hacha. Tres días más tarde Maceo fue informado de que el Batallón de San Quintín andaba por el lugar conocido por El Naranjo, recogiendo familias de la zona. Marchó a su encuentro y lo halló en Aguada de la Ceiba y sin pérdida de tiempo trabó el combate, tan desigual como reñido. El San Quintín estaba comandado por el coronel Don Eusebio Sáenz, que en aquella campaña se había distinguido como jefe de orden enérgico y valiente.

La tropa española era de unos 400 hombres, a la cual cercó y acosó Maceo durante los días 8, 9, 10, hasta reducir el enemigo a solo 70 hombres en condiciones de combatir. Los jefes españoles Sáez y Santocildes a las intimidaciones cubanas a que se rindiesen contestaban invariablemente. “San Quintín muere, pero no se rinde”. El brigadier Salcedo llegó en auxilio de la columna al amanecer del 10 con nuevos refuerzos salvándola del aniquilamiento total. Esta contundente victoria del ya Mayor General Antonio Maceo Grajales, coincidió penosamente con la firma del Pacto del Zanjón el 10 de febrero. Pero no era todo: mientras el General Antonio se batía contra el San Quintín su hermano el teniente coronel José Maceo con un corto número de hombres sostuvo un reñido combate en Tibisí, el 9 de febrero. En dicho combate además de quedar sobre el campo una buena cantidad de enemigos, quedó también el jefe de la columna Teniente Coronel Hermógenes González.

No obstante, estas trascendentales victorias –que habrían dando al traste con el plan de pacificación de Martínez Campos, si hubieran encontrado ecos iguales en otros puntos de la Isla- la situación reinante en el ejército libertador favoreció los proyectos del general en jefe español; debido a la indisciplina, el regionalismo, las inconsecuencias y la traición. La guerra decayó tanto en Las Villas y Camaguey que a finales de 1877 y 1878 no se peleaba allí; entre tanto se había entablado conversaciones de paz con España, sin tener por base ni la independencia, ni la abolición de la esclavitud, razones que llevaron a los cubanos a la guerra. El 10 de febrero con una rapidez que asombró a todos se firmó la traición del Zanjón, entre Martínez Campos y el Comité del Centro, entidad surgida como emergente sustituta de la Cámara de Representantes disuelta convenientemente para ese fin; pues constituyentemente no podía firmar esa paz sin la obtención de esos dos objetivos básicos de los cubanos en lucha. Con la aprobación y firma del pacto el Comité del Centro despachó cuatro comisiones; una para Las Villas y las restantes para Oriente. La principal de estas comisiones era la integrada por el brigadier Rafael Rodríguez y el comandante Enrique Collazo, quienes fueron acompañados por Máximo Gómez, que recibió autorización de las autoridades españolas para encontrarse con sus compañeros de Oriente.

Los comisionados se dirigieron desde Santiago de Cuba a San Luis y el 18 de febrero se unieron con el general Maceo en el campamento de Piloto Abajo. Allí el héroe oriental hozo saber que no estaba de acuerdo con lo acordado en Camagüey. Los triunfos del general Maceo y sus hombres, en cierto sentido, explicaban su negativa de aceptar el pacto y su firme decisión de continuar la guerra. Más tarde el 21 de febrero le solicita por carta al general español una suspensión de las hostilidades por cuatro meses y le adelanta su inconformidad con el pacto.

“Sabedor, por tanto, que continuar la guerra era derrotar a España, se afanó Maceo en aunar a cuantos jefes y oficiales libertadores pensaban como el, y atrayendo a aquellos engañados por la propaganda enemiga. A gran número de unos y otros logró reunir en Baragua, a principios de marzo junto a la tropa que admirablemente le seguía, con cuyo respaldo aceptó una conferencia con Martínez Campos más para protestar su vigoroso independentismo y, antiesclavismo, y para ganar tiempo a fin de reordenar y refrescar sus fuerzas.” (31)

El día 15 de marzo fue el escogido para la entrevista entre el jefe español y el general cubana. La voz viril de Antonio Maceo se dejó oír para decirle a Martínez Campos, que la división Cuba y parte de Oriente no aceptaba la paz sin independencia y que la guerra continuaba. Maceo la hizo saber al jefe español que los orientales no estaban de acuerdo con lo pactado en el Zanjón. Después de la entrevista donde no se acordó nada, sino que se protestó por la traición del Zanjón, el jefe español quedó convencido de que en Oriente la guerra continuaba. Las expresiones del jubileo y valor que dominaban a los patriotas orientales, eran tal que de forma unánime se votó por la guerra. Esa misma noche se formó gobierno y los cubanos se organizaron nuevamente. Días después, en otra entrevista, - en el campamento español de Miranda – entre el nuevo gobierno cubano y Martínez Campos se le reafirmó la voluntad de los cubanos de continuar la guerra. El gobierno español quedo convencido de que la guerra continuaba. Al romperse las hostilidades los españoles adoptaron una actitud no vista nunca antes, la de no contestar al fuego cubano.

El 8 de Abril después de adoptar dicha actitud los españoles cambiaron. Las fuerzas cubanas al mando de Maceo atacaron a soldados enemigos que forrajeaban en un campo de cultivos cubanos, ocasión esta en que los españoles respondieron al fuego cubano. Este fue el primer combate desde la Protesta de Baragua. Las noticias de los demás grupos de combatientes del territorio oriental era de que se encontraban en idéntica situación. Martínez Campos había destacado gruesas columnas sobre Guillermón Moncada y Pedro Martínez Freyre en Guantánamo, sobre Crombet en Camute, sobre Rius en Holguín y sobre Vicente García en Las Tunas. En todas partes los combates presentaban la forma resulta en que luchaban las fuerzas bajo el mando de Maceo.

Más ¿Cuál era la situación general de la ciudad? la situación seguía siendo muy difícil por la escasez de productos agrícolas; la producción agropecuaria había sufrido daños considerables por la presencia de acciones militares en las zonas rurales, afectando los suministros a la zona urbana. Para 1878 la ciudad seguía presentando dificultades con los suministros y la vida interna; las autoridades municipales trataron de obtener recursos creando nuevos arbitrios y duplicando otros para atenuar la penuria. Se ejemplifica la duplicación de la marca de carruaje, recargo del arbitrio del rastro y sobre la venta de ganado entre otros.

En este año también se producen, como siempre, reclamos por parte de los vendedores de ganado, dueños de fincas urbanas y rústicas, propietarios de carreteras, etc., dirigidos al ayuntamiento con el fin de obtener rebajas de los impuestos que afectaban el desenvolvimiento de la actividad económica que desempeñaban. Se refiere el caso de José Rodríguez quien posee una carreta de bueyes para el transporte de forrajes de estos y, aunque no la tenía con fines lucrativos, se le tenía en la lista de duplicación de la marca de carruaje. Una buena parte de los comerciantes de la ciudad plantearon ante las autoridades públicas su intención de cerrar sus establecimientos por las dificultades creadas por la guerra y la política impositiva ascendente, que dejaba sin expectativa a los más diversos negocios. La industria y el comercio estaban casi paralizados, por tanto años de guerra y de desequilibrio en los suministros.

No obstante, en el año 1878, se perciben algunos esfuerzos por el mejoramiento público, como es el caso del empedrado de las calles así como su limpieza. A pesar de las dificultades se llevaron a cabo estas tareas dentro de la ciudad y se adquirió, por gestiones de las autoridades municipales, una lancha para el traslado de materiales de construcción. Aunque se trataron de llevar a cabo reparaciones en las calles, no fue del todo posible. Por otra parte, las viviendas de la ciudad estaban en un franco deterioro, sus dueños no podían repararlas y no s llevaron a cabo nuevas construcciones.

El deterioro físico de la ciudad, después de casi 10 años de guerra, era más evidente, pues los edificios públicos, viviendas y otras construcciones amenazaban con derrumbarse de un momento a otro. Sólo se presto atención a algunas viviendas que podían reportar rentas al gobierno y así detener el progresivo deterioro de ésta. Otro de los problemas que afectaba sobremanera el desenvolvimiento general de la ciudad, fue la situación del agua, que escaseó considerablemente por que las fuentes de abasto eran ineficaces así como sus embalses. A tales efectos se llevaron a cabo labores de reparación y acondicionamiento del acueducto y algún embalse.

En otro orden de cosas, la instrucción pública, que había recibido atención gubernamental (más por el pedido de vecinos y personas de bien que por propia voluntad), fue afectada una vez más por la inestabilidad económica como consecuencia de tantos años de guerra. Ante tales circunstancias se pronunció Real Sociedad Económica de Amigos del País, que comunicó al ayuntamiento la posibilidad de mantener la escuela de primera enseñanza, donde cursaba estudios la infancia pobre de El Cobre. (65) La sociedad también planteó la necesidad de desalojar los edificios donde se custodiaba su biblioteca y donde hasta la fecha ocupaba la mayor parte de su localidad la Academia de Bellas Artes. Para atenuar estas dificultades el ayuntamiento trazó un proyecto de ayuda a la sociedad con la cuenta mensual de 8 pesos para cubrir la mitad del alquiler del edificio y pagar la dotación de profesores
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En cuanto a la cultura se desarrollaron diversas funciones a favor de los santiagueros de aquella época y por supuesto en respaldo a la Corona española. Se contó además con la actuación, el 14 de enero de 1878, en los salones de la Sociedad Filarmónica de Claudio Brindis de Salas, acompañado de Rafael Salcedo y Laureano Fuentes (hijo), esta sería su primera presentación ante el público santiaguero, más no la última, pues el 9 del propio mes se presentó en el mismo local con gran aceptación del público.

Se precisa hacer mención especial, antes de darle término a este trabajo, al papel desempeñado por el puerto santiaguero en estos años de guerra: por donde entraban y salían las tropas españolas para la campana en Oriente, así como su aseguramiento logístico. El puerto se convirtió e zonas de interés para muchos curiosos, pues por él entrarían, además de las tropas, grandes personalidades, como el arribo de los comisionados del Centro que venían a Oriente a entrevistarse con Maceo, después del Zanjón ellos eran: Rafael Rodríguez, Enrique Collazo y Máximo Gómez. Entre los meses de abril, mayo y junio de 1878 entra y salen a esta ciudad a través del puerto insignes jefes militares cubanos. Tal es el caso de la llegada de Juan Bautista Spotorno y su familia unido a 29 cubanos emigrados. En mayo de 1878 entran a la ciudad el general Antonio Maceo procedente de Baragua y acompañado de otros jefes; salió para Jamaica a través del puerto en ese propio mes.

La política pacificadora de Martínez Campos también condicionó el arribo a la ciudad de emigrantes del campo costo señalaba Emilio Souleré [...] "En la comandancia General de Santiago de Cuba se han presentado desde la publicación de las bases de las paz 22 jefes, 210 hombres, 99 mujeres y 108 niños". (60)

En los primeros 6 meses de 1878 no hay cambios sustanciales en la vida económica, cultural y social de la ciudad; sólo en los políticos, con el éxito pacificador alcanzado por España con la capitulación de las tropas orientales al aceptar la cruda realidad de la paz sin independencia. En junio de 1878 en sesión extraordinaria, el presidente del ayuntamiento pon en conocimiento de la corporación de la completa pacificación de la Isla. Un testigo presencial de los hechos, Don Emilio Bacardí, refiere sobre acontecimiento:

El 9 de junio de 1878 [...] en ese día todo era en la ciudad movimiento y alborozo. El general Martínez Campos entraba como triunfador y pacificador, y aún los mismo partidarios a quienes dolía paz, esto natural del cansancio por una lucha palabra con abandonaban sus casas por donde aquello de pasar el general entre banderas y arcos triunfal de follajes de palmeras y ramos de laureles. La paz del Zanjón había sido sancionada. (32)

Muchos asumieron con dolor la realidad de los hechos; en 10 años de lucha no se lograban los objetivos primordiales por la cual se alzaron en armas: la independencia y la abolición pon de la esclavitud. Pero el ejemplo de hombres como Céspedes, Agramonte, Machado, Mármol y otros, seguían vigentes. Fue una guerra dura y prolongada en la que Santiago de Cuba dio gran aporte en número de hombres que se convirtieron los líderes naturales de su pueblo. Se distinguen Antonio Maceo y sus hermanos, Mayía Rodríguez, Flor Crombet, Guillermón Moncada y Quintín Banderas; todos hijos de esta ciudad y que escalaron por méritos propios el más alto pedestal de la patria.

CONCLUSIONES
Santiago de Cuba vivió momentos especiales en el transcurso de la guerra de los Diez años. El desarrollo y prolongación de la guerra en la región oriental repercutió grandemente en todos los órdenes de la vida de la ciudad.

La guerra tuvo principal campo de acción en las zonas rurales, con la consiguiente destrucción de ingenios, plantaciones cañeras, cafetales, etc., la agricultura que tenía gran peso la economía de la ciudad, había sido golpeada en sus bases mismas. Esto provocó un descenso considerable en la producción y abastecimiento general de la ciudad, que vivió momentos de gran penuria alimentaría.

Santiago de Cuba sintió una crisis económica que se extendió por el comercio, los negocios y los servicios. El intento gubernamental por paliar la crisis agravó la situación financiera y provocó la protesta de productores y comerciantes por la política impositiva llevada a cabo.

Las acciones militares en el campo provocaron una gran afluencia de pobladores rurales hacia la ciudad que agravó la situación de pobreza económica que se vivía. El hacinamiento general y la imposibilidad oficial para llevar a cabo una despectiva labor de saneamiento general en la ciudad hicieron que cayeran los niveles de salud y proliferación de enfermedades como la viruela, fiebres perniciosas y brote diarreicos.

El abasto de agua a la ciudad, que había presentado dificultades antes de la guerra, se fue agravando progresivamente durante el transcurso de ésta y también contra la salud ciudadana.

A pesar de la grave crisis socioeconómica se percibe un esfuerzo del gobierno local, de instituciones de algunas personalidades por salvar los valores culturales de la ciudad, también por enaltecerlos; no quedaron en olvido las fiestas y las costumbres tradicionales de la ciudad. La labor educativa estuvo dirigida a mejorar la educación para niños y jóvenes.

En el orden material los esfuerzos se dirigieron a las necesidades más urgentes; como reparaciones en el puerto y el acueducto así como el empedrado de algunas calles. Resaltaban palpables las difíciles condiciones socioeconómicas que tuvo que enfrentar Santiago de Cuba en el período correspondiente al desarrollo de La Guerra de los Diez Años.

CITAS Y NOTAS
1. Laureano Fuentes Matos: Las Artes en Santiago de Cuba. p 239.
2. Iden.
3. Emilio Bacardí: Ob. Cit p 57
4. Fleitas Monnar, María Teresa: “El proceso de modernización Urbano de Santiago de Cuba
1868-1920. ¿Utopía y Realidad? “(tesis de doctorado inédita), p 50
5. María Teresa Fleitas: Ob.Cit. p13.
6. Joel Mourlot Mercaderes. Ob.Cit. p 175.
7. Ídem
8. María Teresa Fleitas. Ob.Cit. p 45.
9. Laureano Fuentes Matos. Ob.Cit. p 243.
10. Ramiro Guerra S.: La Guerra de los Diez Años. T 2, p 332
11. Emilio Bacardí: Ob. Cit. p 147.
12 Ibidem. p 173.
13 Emilio Bacardí: Ob. Cit. P 172.
14. Fernando Figueredo S.: La Revolución de Yara. T 2 p 631.
15. Ramiro Guerra Sánchez: Ob. Cit. p 366.
16. Fernando Figueredo S.: Nov Cit. p 543.
17. Joel Mourlot Mercaderes: De las “inconsecuencias” a la protesta. Sierra Maestra (periódico) p 4, 1997.
18. Emilio Souleré: Ob. Cit. p 410.
19. Emilio Bacardí: Vía Crusis. p 461

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4. Archivo Histórico Municipal de Santiago de Cuba: Actas Capitulares del Ayuntamiento de Santiago de Cuba. Años 1874, 1875, 1876, 1877 y 1878.
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19. Hernández Cobas, Evelys y Nuez González Doralis: Santiago de Cuba en la Guerra Grande 1868-1874. Universidad Oriente, Santiago de Cuba, 1996.
20. Escalera, Juan v.: Campaña de Cuba (1869 a 1875); recuerdos de un Soldado. Imprenta los señores Bojas, Madrid, 1876.
21. Figueredo Socarras, Fernando: La Revolución de Yara. Ediciones Huracán, Instituto del Libro, La Habana, 1969.
22. Fleitas Monnar, Maria Teresa: “Proceso de modernización urbana de Santiago de Cuba 1868-1920 ¿Utopía o Realidad? (Tesis de doctorado inédita).
23. Flores, Antonio Eugenio: La Guerra de Cuba. ; apuntes para la historia. Tipografía de los hijos de MG Hernández, Madrid, 1895.
24. García Iñiguez, Calixto: Palabras de Tres Guerras. [S.C. E], Madrid, 1942.
25. Gallego y García, Tesifontes: LA insurrección Cubana Crónicas de la Campaña. Imprenta Central de los ferrocarriles, Madrid, 1897.
26. Gómez, Máximo: Diario de Campaña. Edición Huracán, Instituto del Libro, La Habana, 1968.
27. Guerra, Ramiro: Guerra de los Diez Año. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1972, 2 Tomos.
28. Gutiérrez de la Concha, José: Memoria sobre la guerra de la isla de Cuba. Editorial Cuba, La Habana, 1936.
29. Ibáñez Marín, José: Héroes de la Manigua. [s. c. e.], Madrid, 1895.
30. Ibarra, Raúl: Breve historia de Santiago de Cuba. Publicada por el ayuntamiento de Santiago, Santiago de Cuba, 1928.
31. Ibarra, Raúl: Breve historia de Santiago de Cuba. Ayuntamiento de Santiago, La Habana, 1963.
32. Jiménez, Pastrana, Juan: Los Chinos en las Luchas por la Liberación Cubana (1847-1930). Instituto de Historia, La Habana, 1963.
33. Le Riverend, Julio: Historia económica de Cuba. Editorial Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1974.
34. Martínez, Felipe: Próceres de Santiago de Cuba. La Habana, [Imprenta de la Universidad de la Habana], 1946.
35. Martínez, Luis: Relación de las calles del término municipal de Santiago de Cuba. Editorial Arroyo, Santiago de Cuba, 1953.
36. Mayor General Máximo Gómez: Sus campañas Militares. Editora Política, La Habana, 1986, dos tomos.
37. Mourlot Mercaderes, Joel: “Santiago de Cuba en las Guerras de Independencia”, Inédito.
38. Padrón Valdés, Abelardo: El General Flor. Apuntes históricos de una vida. Editorial Arte y Literatura, Dirección Política de las FAR, La Habana, 1976.
39. Pérez Rodríguez, Nancy: El carnaval en Santiago de Cuba. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1988, 2 tomos.
40. Pírala, Antonio: Análisis de la Guerra de Cuba. Editorial Felipe González Rojas, Madrid, 1895, 3 tomos.
41. Portuondo, Fernando: Historia de Cuba 1492-1898. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1975.
42. Portuondo Moret, Octaviano: Presencia de Santiago en la guerra del 68. Editorial Oriente, La Habana, 1981.
43. Ravelo, Juan María: Páginas de ayer, Editorial El Arte, Manzanillo, 1943.
44. -----------------------: Jirones de Antaño. Editorial El Arte, Manzanillo, 1947.
45. -----------------------: Medallas antiguas. Editorial El Arte, Manzanillo, 1938.
46. -----------------------: La ciudad de la historia y la guerra del 95; Aporte de Santiago de Cuba a la independencia patria. (S. C E) La Habana, 1951.
47. Santiago (Revista). Revista de la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba Número 54, 1981. 79, 1995
48. Sierra Maestra (Periódico) Santiago de Cuba, marzo de 1997
49. Souleré, Emilio A.: Historia de la Insurrección en Cuba. Editorial Juan Pons, Barcelona, 1880, 2 tomos.
50. Ocha, T.: El General Martínez Campos en Cuba; Reseña Político Militar de la última campaña (noviembre de 1876 a junio de 1878). Imprenta de Fontanet, Madrid, 1878.

ANEXO
Resumen anual del libro de enterramientos 1876.



AUTOR
Lic. Rafael Viamontes León profesor Asistente
E-mail: spantilla@hlg.rimed.cu
Teléfono: 88 83 15
Institución: Sede Universitaria de Cultura Física.
Dirección: Ave. 28 de enero / Máximo Gómez y Antonio Maceo.



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