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De Nabo a los ángeles: un escritor, un relato y muchos tiempos. Para una visión de las mudas temporales

Resumen: Se intenta demostrar que el magistral uso que hace el escritor Gabriel García Márquez de las técnicas narrativas, especialmente de las mudas temporales, en el cuento Nabo, el negro que hizo esperar a los ángeles, le confiere el carácter de magnífico conocedor de estas herramientas...

Publicación enviada por Romer González Garcés




 


RESUMEN
Se intenta demostrar que el magistral uso que hace el escritor Gabriel García Márquez de las técnicas narrativas, especialmente de las mudas temporales, en el cuento Nabo, el negro que hizo esperar a los ángeles, le confiere el carácter de magnífico conocedor de estas herramientas narrativas tan complejas y dignas del más profundo estudio si de narratología se trata.

Asimismo, lo convierte (a su autor) en un conocedor a plenitud de la temporalidad como signo de trascendental importancia para el despliegue de una historia determinada, además de una opción valedera y necesaria en pos del entendimiento de la narrativa contemporánea y, con ello, del contexto latinoamericano que le sirvió de basamento en la construcción de su vasta producción literaria.

ÍNDICE
1. Introducción
2. Gabriel García Márquez: de
Aracataca al mundo
3. Márquez y sus cuentos: el arte de narrar
4. Nabo y su historia: ¿La aguja en el pajar?
4.1 Dimensión ideotemática
4.2 Narrador – narratario
4.3 Subsistema de personajes
4.4 Cronotopo
5. De Nabo a los ángeles: un relato en muchos tiempos
6. Conclusiones
7. Bibliografía

1. INTRODUCCIÓN
El texto narrativo es una unidad íntegra de elementos, aunados para contar una serie de acontecimientos interrelacionados en una secuencia lógica, y que se desarrollan a través de personajes, los cuales se mueven en un tiempo y un espacio determinado. La historia necesariamente ha de transcurrir hacia un final diferente a la situación inicial, lo cual presupone una evolución cualitativa. Lo anterior nos lleva a discernir que la temporalidad posee un rol esencial dentro de la narrativa pues contar es organizar el tiempo a partir de la época en que uno está contando.

El tiempo, junto al espacio, constituye uno de los ejes decisivos sobre los que se apoya el relato para subsistir. Constituye a su vez una ficción de la que se vale el escritor para independizar su creación del universo real; de él depende en gran medida el nivel de persuasión de una historia. Este transcurrir ficticio no puede ser idéntico al tiempo real. Según dijera Raúl Aguiar en su Evolución de las Técnicas Narrativas, una hora de la vida de un personaje puede ocupar 50, 100 páginas y un año solo una línea.

El tiempo, por su preponderancia y complejidad, ha sido objeto del apasionado estudio de muchos y por consiguiente, de incontables teorías y criterios contrapuestos. Numerosas obras constituyen ejemplos fehacientes del uso magistral de sus diferentes variantes, entre ellas, las de Alejo Carpentier, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Virginia Wolf, y otros.

Un escritor latinoamericano ha sabido manejar con absoluta originalidad el tiempo en su obra literaria: Gabriel García Márquez, quien ha creado historias donde la temporalidad constituye un elemento de relevancia. Sin embargo este aspecto de su obra al parecer no ha sido profundizado en demasía. Precisamente en uno de sus primeros cuentos, Nabo, el negro que hizo esperar a los ángeles, despliega ese estilo auténtico que le ha ganado adeptos en diversas latitudes.

En él se evidencia un despliegue admirable de las mudas, técnicas muy privilegiadas en la historia de la narrativa. No obstante, son especialmente las mudas temporales y por tanto el uso del tiempo, lo que convierte al cuento en un ejemplar digno de un somero análisis y en el basamento literario de este trabajo investigativo.

2. GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ: DE ARACATACA AL MUNDO.

“La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir.”
Gabriel García Márquez.


Gabriel García Márquez nace en Aracataca, Colombia, en 1928. Afincado desde muy joven en la capital de Colombia, Márquez estudió derecho y periodismo en la Universidad Nacional e inició sus primeras colaboraciones periodísticas en el diario El Espectador.

A los veintisiete años publicó su primera novela, La hojarasca, en la que ya apuntaba los rasgos más característicos de su obra de ficción, llena de desbordante fantasía. A partir de esta primera obra, su narrativa entroncó con la tradición literaria hispanoamericana, al tiempo que hallaba en algunos creadores estadounidenses, sobre todo en William Faulkner, nuevas fórmulas expresivas.

Comprometido con los movimientos de izquierda, Gabriel García Márquez siguió de cerca la insurrección guerrillera cubana hasta su triunfo en 1959. Amigo de Fidel Castro, participó por entonces en la fundación de Prensa Latina, la agencia de noticias de Cuba.

Tras la publicación de dos nuevos libros de ficción, en 1965 fue galardonado en su país con el Premio Nacional. Sólo dos años después, y al cabo de no pocas vicisitudes con diversos editores, García Márquez logró que una editorial argentina le publicase la que constituye su obra maestra y una de las novelas más importantes de la literatura universal del siglo XX, Cien años de soledad .Tras una temporada en París, en 1969 se instaló en Barcelona, donde entabló amistad con intelectuales españoles, como Carlos Barral, y sudamericanos, como Vargas Llosa. Su estancia allí fue decisiva para la concreción de lo que se conoció como boom de la literatura hispanoamericana, del que fue uno de sus mayores representantes.

En 1972 Gabriel García Márquez obtuvo el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, y pocos años más tarde regresó a América Latina, para residir alternativamente en Cartagena de Indias y Ciudad de México, debido sobre todo a la inestabilidad política de su país.

Su prestigio literario, que en 1982 le valió el Premio Novel de Literatura, le confirió autoridad para hacer oír su voz sobre la vida política y social colombiana. Su actividad como periodista queda reflejada en Textos costeños, de 1981, Entre cachacos, de 1983, compendios de artículos publicados en la prensa escrita, o Noticias para un secuestro, amplio reportaje novelado editado en 1996 que trata de la dramática peripecia de nueve periodistas secuestrados por orden del narcotraficante Pablo Escobar. Relato de un náufrago, reportaje sobre un caso real publicado en forma de novela en 1968, constituye un brillante ejemplo de “nuevo realismo” y refleja su capacidad para cambiar de registro.

En cine ha intervenido en la redacción de numerosos guiones, a veces adaptaciones de sus propias obras, y desde 1985 comparte, con el cineasta argentino Fernando Birri, la dirección de la Escuela Internacional de Cine de La Habana.

3. MÁRQUEZ Y SUS CUENTOS: EL ARTE DE NARRAR.
La obra cuentística de Márquez trazó huellas indelebles en la narrativa breve hispanoamericana. Desde su primer cuento, “La tercera resignación" (1947), escrito con 20 años, hasta los últimos, reunidos en Doce cuentos peregrinos, publicados en 1992, transcurrieron cuarenta y cinco años.
Una característica esencial de su obra es la presencia de lo fabuloso y místico fundido con la realidad. No considera que su obra esté incluida dentro de lo puramente fantástico, sino que la realidad sirve como justificación a sus invenciones, es decir, que la imaginación funge como herramienta para confeccionar lo real, pero la realidad seguirá siendo siempre la fuente de creación.

Por eso su obra se inserta dentro del llamado realismo mágico. Su narrativa breve continúa por derroteros similares a los de sus otros géneros literarios. El aliento de la muerte, que vertebra toda su producción, delata su presencia en la interrelación del mundo de los vivos y el de los muertos. La coexistencia de estos dos entes opuestos produce la divergencia realidad/irrealidad a través de las creencias de las supersticiones de los personajes que retrata.

A veces los narradores describen desde la muerte lo que ocurre en la vida, a veces se narra la muerte desde la vida, a veces se muere varias veces en la muerte. La mayoría de los cuentos quieren situarse fuera del espacio y del tiempo, en una realidad abstracta .

Para delinear a sus personajes, prevalecen las escaramuzas extravagantes, la fábula, la exageración, el humor ácido que nos hace sonreír ante situaciones de máxima crueldad —tal vez para que no nos olvidemos de ese entorno mordaz que se respira en América Latina—; mecanismos éstos que sirven para plasmar su “conciencia artística”. La trama nos es transmitida a través del mito, lo religioso, la historia o la tradición oral; por la riqueza imaginativa y sensual que nos sugiere, “[...] lo imaginario cobra una personalidad invasora y se perfila como algo autónomo, en pugna con la realidad objetiva”.

Su primer libro de cuentos- escritos entre 1947 y 1952- fue publicado en 1974 bajo el nombre de Ojos de perro azul, cuando ya el escritor había publicado otros dos libros de relatos y cuatro novelas, de las que la última, Cien años de soledad, le proporcionaría su primer gran éxito internacional.
En este conjunto de textos se incluye su primer relato célebre, incluido en gran parte de las antologías latinoamericanas: “Isabel viendo llover en Macondo”, que ya apareció en la revista Mito en 1955 bajo el título “Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo” y en donde emerge ya el gran espacio mítico de sus posteriores obras, su obsesión por la muerte y el manejo del monólogo interior.

Son cuentos experimentales donde se retratan emociones, estados anímicos con marcado influjo kafkiano. En toda la colección se hace patente “la persistencia de una temporalidad inmutable, virtualmente impenetrable a los desplazamientos de los personajes y al acaecer de las situaciones invade la narratividad de la colección...”

4. NABO Y SU HISTORIA: ¿LA AGUJA EN EL PAJAR?
“No tenemos otro mundo al que podernos mudar.”
Gabriel García Márquez.

Nabo, el negro que hizo esperar a los ángeles, se encuentra en el libro Ojos de perro azul, el cual conforma junto a Los funerales de Mamá Grande y La increíble y triste historia de la Cándida Eréndida y de su abuela desalmada el libro Todos los cuentos de Gabriel García Márquez.

Este relato es de estructura compleja precisamente por carecer de un orden lineal. Si se examina hondamente, podrá cualquiera percatarse que no es uno de los tantos cuentos que hoy pueblan el universo literario hispanoamericano. Desde que se le profieren las primeras lecturas de sus líneas, resaltan la riqueza de su contenido y el despliegue del estilo armónico y sumamente impactante de su autor.

A pesar de no ser uno de sus cuentos más célebres y reconocidos, quizás por pertenecer a sus primeras tentativas literarias, debe ser merecedor de una mayor atención por parte de la crítica, de una mayor difusión e incluso de análisis tan profundos y exhaustivos como los de Cien años de soledad, El coronel no tiene quien le escriba o Crónica de una muerte anunciada (mundialmente conocidas). Su originalidad, estilo exquisito y atrayente madeja de acontecimientos, impiden que “Nabo...” sea una aguja de las que jamás se encuentran en el pajar del olvido. Además, constituye una creación insólita, poseedora en su esencia de un grupo de características aunadoras, que evidencian el sello personal de su pródigo creador:

[…] el estilo, el modo aprehensivo de la realidad, la apreciación estética de las circunstancias, la concepción misma del relato...Todo coopera para que consideremos creíble, fidedigno hasta los relatos más imaginativos, y sobre todo los transcritos a partir de la circunstancia del propio autor.
Mediante un análisis epidérmico de las dimensiones del texto narrativo, se alcanzará un conocimiento mucho mayor de aquellas cuestiones narratológicas indispensables para comprenderlo a fondo. Podremos dilucidar la causa de que este relato seduzca al lector, y de que constituya sin lugar a dudas un peldaño importante dentro de la obra cuentística de Márquez, y de la narrativa hispanoamericana en general.

4.1 DIMENSIÓN IDEOTEMÁTICA.

El texto en cuestión constituye una historia muy dinámica, con una trama que atrapa al lector por su singularidad y por la historia en sí. Extensa y atrayente, el autor va imbricando acontecimientos de manera magistral, transportando al lector de un escenario a otro sin casi percibir la transición. Su estructura dispersa y compleja, la carencia de linealidad, la forma de tratar la psicología de los personajes y en especial la del protagonista, tornan al cuento muy singular.

La trama gira esencialmente alrededor del anhelo de un hombre de continuar atado a la vida. Para lograrlo, Márquez escoge un individuo común, sin grandes aspiraciones, de baja escala social, con aptitudes para el canto y una gran simpatía por los caballos como únicas cualidades resaltables. Este individuo es expuesto a situaciones en las que normalmente cualquiera se sentiría desesperanzado, sin ánimos de seguir viviendo; y aún así, el final del cuento lo muestra aferrado tenazmente a su existencia, añorando lo que quedó en el pasado y no ha de regresar. Por tanto, el tema principal es el apego a la vida.

Esta idea primaria es secundada por un conjunto de subtemas que la enriquecen, entre ellos se encuentran la ya mencionada locura, el maltrato, la inclinación hacia el canto, la vida después de la muerte, entre otros.

La trama se resume en los siguientes acontecimientos: el joven Nabo se encarga en cierta en casa de atender a los caballos y hacer sonar la ortofónica para que se entretenga una niña incapaz de caminar, carente de habla y condenada al silencio. El único placer del joven consistía en acudir los sábados a la plaza para ver a un negro tocar el saxófono en los conciertos del pueblo; pero al no regresar este a su puesto debido a su muerte, Nabo deja de asistir. Semanas después, es pateado por uno de los caballos en la frente, y los de la casa lo encierran en una habitación a causa de la locura que lo consume. Durante los 15 años que permanece enclaustrado, el negro del saxófono se le aparece para invitarlo incesantemente a cantar en un coro de ángeles, pero Nabo pierde el sentido del tiempo y se aferra al pasado, a sus caballos y su antigua vida, negándose a morir.

4.2 NARRADOR – NARRATARIO
En el cuento primeramente se evidencia un narrador marcado por la tercera persona del singular, por lo que no deja huella alguna en la historia, está totalmente fuera de ella (narrador implícito).Sin embargo su nivel de conocimientos es supremo, semejante a una deidad que todo lo sabe, que puede contar cualquier suceso y hacer cualquier salto temporal sin justificación alguna. Conoce elementos ocultos para todos los personajes y domina a profundidad los pensamientos y sucesos de sus vidas, características intrínsecas del narrador omnisciente.

Nabo estaba de bruces sobre la hierba muerta. Sentía el olor a establo orinado, estregándose en el cuerpo. Sentía en la piel gris y brillante el rescoldo tibio de los últimos caballos, pero no sentía la piel. Nabo no sentía nada. Era como si se hubiera quedado dormido con el último golpe de la herradura en la frente, y ahora no tuviera más que ese solo sentido. Un doble sentido que le indicaba a la vez el olor a establo húmedo y el innumerable cositeo de los insectos invisibles en la hierba. Abrió los párpados.

En el fragmento anterior el narrador omnisciente se introduce en las propias sensaciones del personaje protagónico, apreciándose de esta forma las cualidades ya explicadas.

No obstante, en el transcurso del relato este narrador en tercera persona muda hacia una primera del plural, indicando la existencia de un personaje que proviene de un colectivo, marcado en la diégesis (al parecer es un miembro de la familia que habita en la casa donde se desarrollan los acontecimientos); por tanto es un narrador explícito. A su vez, constituye un testigo inmediato de lo que le sucede al protagonista, narra hechos a los que asiste como simple espectador. Sin embargo, desconoce numerosos sucesos, sobre todo los que no ha presenciado ni le han contado. Toda mención a ellos es una mera suposición por su parte. Por tanto, es un narrador testigo directo y, de acuerdo al grado de conocimiento de la historia, es también un narrador equisciente.

Si los de la casa hubiéramos sabido qué hacía Nabo en la plaza los sábados en la noche, habríamos pensado que cuando dejó de ir lo hizo porque ya tenía música en la casa. Esto fue cuando llevamos la ortofónica para distraer a la niña. Cuando se necesitaba una persona que le diera cuerda durante todo el día, pareció lo más natural que esa persona fuera Nabo. Podría hacerlo cuando no tuviera que atender a los caballos […] Al principio, cuando llegó a la casa y le preguntamos que sabía hacer, Nabo dijo que sabía cantar. Pero eso no le interesaba a nadie. Lo que se necesitaba era un muchacho que cepillara los caballos. Nabo se quedó, pero siguió cantando, como si lo hubiésemos aceptado para que cantara, y eso de cepillar los caballos no fuera sino una distracción que hacía más liviano el trabajo [...]

Por su parte, para los dos narradores existentes, el narratario es implícito pues no se encuentra marcado de forma alguna en el texto.

4.3 Subsistema de personajes.
En la trama se aprecia el accionar de 4 personajes, cada uno con características propias y bien delimitadas. Nabo, personaje que nuclea los acontecimientos que ocurren y lleva en sí la carga emotiva del cuento, es sin lugar a dudas el protagonista. El autor lo presenta como un empleado joven, de color, con ocupaciones sumamente sencillas y grandes aptitudes para el canto (acción que realiza constantemente).

En su simplona existencia solo aparece una nota discordante: la rara atención que le presta a un individuo ajeno a él. Este constituye un personaje secundario, que posee una gran trascendencia en Nabo y su historia posterior. Descrito como un negro que tocaba el saxófono en un atril de la plaza y con espejuelos de carey amarrados en las orejas, se le aparece a Nabo en sus delirios para invitarlo a cantar en un coro de ángeles.

En cierta forma, esta aparición es la representación de la muerte que acecha a Nabo desde el suceso que le cambió la vida; es la llamada del otro mundo encarnada, amén de su locura, en la única persona a la cual le dedicó sus horas de ocio, el único que despertó su curiosidad. A ambos personajes se hace referencia en el propio título (“Nabo, el negro que hizo esperar a los ángeles”), adelantando de forma muy lograda la evolución ulterior del cuento.

Esta es precisamente una de las peculiaridades de la obra de Márquez: sus títulos, tal y como lo afirma Virgilio López Lemus en García Márquez: una vocación incontenible, funcionan como anuncio o preámbulo propagandístico de las acciones subsiguientes, aspecto que denuncia una influencia marcada del periodismo. Además, tienen la finalidad de volver al cuento interesante desde la primera línea, misión que se cumple en este relato.

Los habitantes de la casa ofician como personajes secundarios. Ellos aparecen indistintamente, redondeando la actuación de Nabo, propiciando algunos acontecimientos- contratación de Nabo-, obstaculizándolos a veces – Nabo es maniatado y recluido por 15 años-. La niña es otro secundario que recibe el influjo del protagonista, pues al comienzo de la narración, vemos a una infante en estado casi vegetativo (no habla, no puede caminar, sino que se arrastra a veces), que permanece sentada en una silla escuchando las canciones de Nabo y la melodía de la ortofónica. Sin embargo, en el transcurso del tiempo evoluciona, pues logra hacer música por sí misma y pronunciar la única palabra de su vida: Nabo.

4.4 CRONOTOPO.
Para lograr el desenvolvimiento de un relato, es indispensable situarlo sobre los ejes temporales y espaciales. Una historia necesariamente debe desarrollarse en el transcurso del tiempo, progresando hacia su fin por medio del encadenamiento de sucesos en un espacio determinado. No puede concebirse la existencia de un aspecto sin el otro.

La historia en cuestión, atendiendo a la posición que ocupa lo narrado respecto del narrar, está relatada siempre en pasado. Estamos en presencia de una narración definida por el lingüista Gérard Genette como ulterior, cuyo uso es el más común.
La acción carece de extensas descripciones pues predomina la narración, lo cual torna al tempo narrativo más veloz.

En algunos casos hay presencia de elipsis, en momentos en que el narrador omite determinados hechos pasados y usa locuciones como “cuatro semanas después”, “así pasaron 14 años”. Como planteara Juan Carlos Retorta en la compilación La Narrratología Hoy, el narrador rellena, de esta forma, lagunas temporales entre segmentos narrativos para retomar la historia donde la había abandonado.

El espacio donde se desarrolla la acción, no merece mucha atención. No se menciona el lugar geográfico (país, ciudad, pueblo específico) donde se sitúa la casa en la cual progresa la historia. La intención del autor no es conferirle demasiada importancia al ambiente, al paisaje o la ubicación real; lo que sí tiene una significación especial para él es resaltar las actuaciones de los personajes, su subjetividad y las consecuencias de sus acciones.

5. DE NABO A LOS ÁNGELES: UNA HISTORIA EN MUCHOS TIEMPOS.

La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio logramos sobrellevar el pasado.
Gabriel García Márquez.

Las mudas constituyen técnicas narrativas utilizadas por los escritores para evidenciar los cambios experimentados en los órdenes: espacio, tiempo y el plano de realidad, dentro de un texto narrativo. Ellas “[…] se diferencian, de un lado por los puntos de vista en que ocurren- espaciales, temporales y de nivel de realidad- y de otro, por su carácter adjetivo o sustantivo (accidental o esencial) […]” .

Según lo planteado por Mario Vargas Llosa en Cartas a un joven novelista, acaso las menos usuales entre ellas son las temporales, esos movimientos del narrador en el tiempo de una historia, logrando que esta se desplace simultáneamente en el pasado, presente y futuro. El buen uso de las mudas temporales presupone una historia con una aparente totalidad cronológica, lo cual obliga al lector a asumir los hechos como si fueran reales por el poder que ellas poseen de transportarlo a un tiempo determinado. El tiempo narrativo no transcurre en todos los casos de manera uniforme e inmutable, sino que fluctúa sin cesar otorgándole vivacidad a la narración. A diferencia del tiempo objetivo del mundo real, el de la ficción se desplaza a su antojo entre el pasado, el presente y el futuro, saltando acontecimientos y volviendo luego a ellos cuando menos se espera. La historia ya no es un conjunto de sucesos que se suceden cronológicamente en un antes, un ahora y un después; más bien “[…] consta de movimientos e inmovilidades, de giros en redondo, de cambios de naturaleza, que hacen que los hechos y personas de la realidad ficticia tengan distintos grados de certidumbre según aparezcan en uno u otro de los planos que integran el sistema temporal de una novela […]”

Como bien lo expresara Vargas Llosa, no es común encontrar un solo punto de vista temporal, sino que el narrador se traslada entre diversos puntos de vista mediante las mudas. Para lograr que el texto sea más completo e intenso, y que los personajes posean mayor cantidad de matices, las mudas deberán pasar lo más inadvertidas posibles al lector. El universo ficticio debe en gran medida su complejidad a esas continuas y bien logradas mudanzas de un plano temporal a otro.

El relato en cuestión es un digno exponente del uso de estas técnicas. En él se presentan indistintamente los tres tipos de mudas, pero son las temporales las que marcan la historia, concediéndole un carácter móvil y voluble. El narrador se sitúa en el futuro para narrar acontecimientos ya ocurridos; esta es la relación que mantiene lo narrado respecto al narrar. Como ya sabemos, el cuento contiene la vida de Nabo (ocupaciones cotidianas, relaciones con la gente de la casa donde vivía, la locura que le sobreviene, entre otros elementos.) .

La narración, no obstante, carece de una estructuración lineal, no posee un orden cronológico en los acontecimientos que enumera. Más bien, encontramos un narrador que se salta períodos de tiempo y luego, con un soberbio despliegue de las mudas temporales, retoma lo que dejó detrás. Por eso, en ese pasado pueden marcarse distintos “ahoras” que funcionan como puntos de referencia con sus correspondientes “antes” y “después”. Estas correlaciones temporales:

surgen en cuanto se establece un punto de referencia en algún lugar del pasado. Se destaca dentro del pasado, un período o proceso como eje de un antes y un después. Ese período se convierte así en un ahora que está dentro del antes original, un ahora diferente del ahora del narrar.
Usando como base lo anterior, el cuento toma un punto intermedio para iniciar y a partir de este ocurren las mudas, las cuales transportan al lector hacia períodos temporales más lejanos.

El relato comienza mostrando a Nabo yaciendo sobre la hierba, casi insensible a causa de la coz que le propinó el caballo. En todo el párrafo inicial el narrador omnisciente transita por las sensaciones de Nabo después de la patada que le cuesta la lucidez. Apenas un párrafo más adelante aparece la primera muda, cuando se alude a aquel único goce de la existencia del protagonista, situado en un pasado más distante que el del inicio del cuento:
“Nabo iba a la plaza los sábados en la noche; se sentaba en un rincón, callado, pero no para oír la música sino para oír al negro. Todos los sábados lo veía.”

Estos hechos se diferencian de los anteriores por su carácter repetitivo. Se habla de una actividad que Nabo realiza como un hábito, una costumbre, es decir, ocupaciones cotidianas. Luego, se retoma el hilo del cuento desde antes del advenimiento de la primera muda. Precisamente esa será su peculiaridad: ir progresando hacia su fin mientras alterna con esas mudanzas necesarias para revelar al lector eventos que no conoce y son indispensables para la evolución narrativa. De esta forma van a coexistir dos pasados diferentes (recordemos que el cuento esta narrado totalmente en este tiempo).

Si rememoramos el argumento, sabremos que después de perder la razón, Nabo es confinado en una habitación por los de la casa, con el secreto deseo de que muera de encierro, pues no habían tenido el coraje de matarlo de otro modo. En esos 15 años que pasó en la habitación, se le aparece un negro convenciéndolo para que cante en un coro de ángeles. De ahí la importancia de las mudas temporales, pues si no conocemos la trascendencia de este individuo sobre Nabo, no se entenderá el porqué de su aparición a esa altura de la trama.

El cuarto párrafo continúa con la progresión del cuento, pero ya en el quinto sucede un fenómeno interesante. En él emergen casi aparejados los dos puntos de vista temporales ya citados:

[…] siguió asistiendo a los conciertos hasta cuando otro hombre, con otro saxófono, vino a ocupar el puesto del negro. Entonces Nabo se convenció de que el negro no volvería más y resolvió no volver él mismo a la plaza. Cuando despertó creía haber dormido mucho tiempo. Todavía le ardía en la nariz el olor a hierba húmeda. Todavía permanecía la oscuridad, delante de sus ojos, rodeándolo.

Como puede apreciarse, la muda en este caso es muy rápida e imprevista, logrando así pasar casi inadvertida; incluso llega a desconcertar al lector. Desde el mismo inicio del cuento, se aprecia también la muda de realidad, pues la aparición de alguien que no pertenece al mundo de los vivos, denota una transformación de la historia, trasladándola desde el mundo objetivo hacia una realidad ficticia. Además, en el sexto párrafo surge el otro ejemplo de mudas: la espacial. Anteriormente un narrador omnisciente que existe fuera de la diégesis ha narrado la ficción desde una tercera persona. Sin embargo, ahora el narrador muda la persona gramatical hacia una primera persona del plural, que representa a los habitantes de la casa. Este narrador cuenta como un testigo vivencial otros acontecimientos de Nabo, ofreciendo así una óptica diferente a las anteriores: el punto de vista de un testigo directo de las acciones que ocurren.

A partir de este punto, la sucesión de mudas es prácticamente incesante. Al comienzo del cuento su aparición es esporádica y espaciada, por lo que el ritmo de la narración se vuelve cadencioso y aparentemente lento. A medida que avanza la trama, las alteraciones en los tres órdenes referidos van a sobrevenir sin previo aviso, en una sucesión vertiginosa y audaz, con lo cual el tempo narrativo aumentará paulatinamente. La velocidad de las mudanzas será mayor, sobre todo las temporales, y adquirirán una aceleración tal que el lector se sentirá literalmente perdido, casi anonadado por la cantidad de traslaciones en el tiempo de la narración. Esa impresión de aturdimiento está dada por lo imprevisto de las mudas, las cuales se vuelven intangibles, inesperadas. Cuando esto sucede:

[…] el narrador disimula (o trata de disimular) estos tránsitos, de manera que el lector sea apenas consciente de la rotación de la materia narrativa; sólo registra las consecuencias de esas mudas: la densidad y ambigüedad que impregnan a las acciones, el personalísimo movimiento que infligen a la historia […].

Lo anterior se evidencia casi al final del relato en otro fragmento bastante confuso:
Al día siguiente, después de que volvieron a asegurar la puerta, fue cuando volvieron a oírse los trabajosos movimientos interiores […] Se oía, adentro, como el jadeo de una bestia acorralada. Finalmente se oyó el chasquido de los goznes oxidados al romperse, cuando Nabo volvió a sacudir la cabeza. 'Mientras no encuentre el peine no iré al coro- dijo-. Debe estar por aquí.' Y escarbó la hierba […]

En el fragmento anterior se exponen dos acontecimientos cronológicamente desordenados. De manera organizada, puede decirse que Nabo se niega a asistir al coro angelical si antes no encuentra el peine de sus caballos, lo cual puede traducirse como el pretexto de que se vale el protagonista para aferrarse a la vida y no afrontar a la muerte que se le hace inminente a través de la figura del negro. Por eso este, con el rostro transfigurado por la altivez y la resignación, le abre la puerta que separaba a Nabo del resto del mundo. El elemento anterior demuestra el carácter subjetivo y fantasioso de la obra, pues es un supuesto fantasma- ente fantástico- quien derriba la puerta que aislaba a Nabo - ente objetivo y real-. Así, ocurre una muda que confunde sobremanera pues la estructura regular del relato se ha obviado, saltando desde un tiempo más próximo al narrador, a otro más remotos (los dos en pasado, por supuesto.)

Grosso modo, podemos afirmar que el uso de las técnicas de las mudas le ha conferido al texto un carácter dinámico. En vez de disociar la lectura, el autor conquista a quien lee el cuento. Las mudas se convierten en un artilugio que engancha al lector, que absorbe su imaginación y lo pone en aprietos. Él se ve obligado a leer más de una vez algún pasaje, e incluso el cuento entero, para aprehender la esencia de la ficción que tiene delante. Es precisamente el manejo de las mudas, esa arma tan sutil y seductora, lo que transforma a la ficción en un misterio a resolver. El genio de Márquez ha sabido convertir su cuento en una obra admirable. Las mudas temporales, por tanto, logran su objetivo: otorgan a la historia esa totalidad cronológica que la vuelve más atractiva y acabada.

6. CONCLUSIONES
“Nabo, el negro que hizo esperar a los ángeles”, es una excelente narración de Gabriel García Márquez. Su lectura se vuelve un dilema precisamente por el magistral uso que de las técnicas narrativas hace su autor, especialmente de las mudas temporales. Con esta investigación, se ha querido profundizar en los aspectos narrativos del cuento para después caer de lleno sobre el análisis, todavía un tanto superficial y escueto, de las mudas citadas.

Este tema aún merece ser explotado pues el estudio realizado en el presente trabajo es sólo un preludio de las potencialidades y aspectos dignos de analizar en este relato. Son apreciables en él los tres tipos de mudanza que pueden aparecer en el texto narrativo, pero a nuestro juicio las temporales le confieren un carácter enrevesado y sumamente atrayente, que engancha sin dudas a quien lo lee.

No obstante, un estudio de la utilización de las mudas del plano de realidad también proporcionaría resultados admirables. De esta forma queda demostrado que esta narración perteneciente a sus primeras incursiones en la narrativa breve, resume las peculiaridades literarias de su autor. En su complejo contenido se hace patente la huella indeleble de un artista de la palabra, de un hijo preclaro de América Latina: Gabriel García Márquez.

BIBLIOGRAFÍA
1. Burgos, Fernando: “Aspectos de la cuentística de Gabriel García Márquez” en El cuento hispanoamericano, Ed. de E. Pupo Walker, Madrid, Castalia, 1995.
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5. López Lemus, Virgilio: García Márquez: una vocación incontenible, Ciudad de La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1982.
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7. Repilado, Ricardo: Metodología de la investigación bibliográfica, Ciudad de La Habana, Editorial Pueblo y Educación, 1982.
8. Vargas Llosa, Mario: García Márquez. Historia de un deicidio, Barcelona, Barral editores, 1971.
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10. : “El tiempo”, en Cartas a un joven novelista, Editorial Planeta Mexicana, S. A., México, 1997.
11. : “Las mudas y el salto cualitativo”, en Cartas a un joven novelista, Editorial Planeta Mexicana S. A., México, 1997.
Webgrafía
1. Aguiar, Raúl: Evolución de las técnicas narrativas en http://Curso de Técnicas Narrativas © 2005 Raúl Aguiar www.ficcioneros.com.5/11/07
2. Microsoft ® Encarta ® 2006. © 1993-2005 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

AUTORES
- Yurisnel Ramón Castellanos Espinosa

Profesión: Licenciado en Letras y Periodista
Dirección particular: Antonio Guiteras no. 21-B, Buey Arriba, Granma.
Centro de trabajo: Departamento Informativo, Radio Bayamo.
Teléfono Particular: 343204
E-mail: rgonzalezg@sbueyarriba.udg.co.cu
· Profesor Instructor Universidad de Granma (Sede Universitaria Municipal de Buey Arriba).

- Yaneyris Isabel Castellanos Espinosa
Profesión: Estudiante de 2do año, Especialidad Letras.
Dirección particular: Antonio Guiteras no. 21-B, Buey Arriba, Granma.
Teléfono particular: 343204
E-mail: yaneyris_castellano4@csh.uo.edu.cu



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