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La profesionalización docente en la universidad contemporanea

Resumen: La sociedad actual, exige un estudiante con adecuados niveles intelectuales, conocimientos, habilidades, destrezas, actitudes y valores que deben manejarse dentro una unidad curricular flexible en cuanto al contenido, modalidad de atención, tiempo, secuencia y espacio que asuma procesos educativos actualizados, donde el proceso de enseñanza se maneje dentro de la coparticipación, el acompañamiento y la mediación, con énfasis en el proceso de aprendizaje asumiendo lo significativo, la autogestión, lo integral y la aplicación de la metacognición a través de la elaboración y uso de recursos y materiales de aprendizaje que respondan a la exigencias de la universidad contemporánea...

Publicación enviada por Profa. Margot Rojas




 


Resumen
La sociedad actual, exige un estudiante con adecuados niveles intelectuales, conocimientos, habilidades, destrezas, actitudes y valores que deben manejarse dentro una unidad curricular flexible en cuanto al contenido, modalidad de atención, tiempo, secuencia y espacio que asuma procesos educativos actualizados, donde el proceso de enseñanza se maneje dentro de la coparticipación, el acompañamiento y la mediación, con énfasis en el proceso de aprendizaje asumiendo lo significativo, la autogestión, lo integral y la aplicación de la metacognición a través de la elaboración y uso de recursos y materiales de aprendizaje que respondan a la exigencias de la universidad contemporánea. Las universidades contemporáneas han de implementar programas de Profesionalización Docente que den respuesta a las innovaciones curriculares. Implica asumir el reto de la continuidad articulando las políticas y programas de estado en función de las demandas sociales a fin de garantizar criterios de calidad, pertinencia y relevancia de las acciones.

Palabras claves: profesionalización, coparticipación, acompañamiento, mediación

Introducción
Inicio del siglo XXI, tiempo de postmodernidad y reformas educativas, se habla de la necesidad de una educación de calidad, de universidades de calidad. El clima de desarrollo tecnológico que se vive en la actualidad, unido al creciente interés por la eficacia y la efectividad de los servicios y los altos costos de la educación superior, tiene mucho que ver con esa preocupación creciente por la calidad de las universidades.

Dentro de ellas, hay un elemento indispensable que, como parte integrante del sistema, contribuye al logro de sus objetivos finales y, por ende, a la calidad de la misma. Este elemento no es uno más entre los que participan, sino que es, a modo personal, uno de los principales que interviene influyendo decisivamente en el producto. Este elemento es sin duda: el docente.

Se ha hablado mucho acerca de sus funciones, de sus responsabilidades, de su papel como formador de profesionales, como profesor universitario, quien aprende a desempeñarlo mediante un proceso de socialización en parte intuitivo, autodidacta o siguiendo la rutina de "los mayores". En realidad, se ha hablado poco de su desarrollo profesional y personal, cuyos efectos repercuten directamente en la calidad de la universidad en la que desempeña sus actividades.

El desempeño docente sigue siendo concebido por relaciones domésticas y familiares; se resiste a las lógicas científicas que le ofrecen mayor profesionalismo. Es necesario crear una nueva identidad y profesionalidad para dar respuesta a los cambios sociales, políticos, económicos y culturales del mundo de hoy, sumado a ello el incremento constante de las demandas que la sociedad civil exige a las instituciones educativas lo que obliga a redefinir el ejercicio docente.

Una auténtica reforma educativa en Educación Superior debe llevar consigo el propósito primordial de abordar los principales modelos de formación de profesores y las posibilidades que ofrece la tecnología y los medios audiovisuales para la actualización docente. Siendo la enseñanza una profesión determinante para el efectivo desarrollo del proceso educativo, como tal es necesario asegurar que las personas que la ejercen posean un dominio adecuado de la ciencia, la técnica y el arte de la misma, es decir que tengan competencia profesional.

El desarrollo profesional del profesor universitario puede definirse como cualquier intento sistemático de mejorar la práctica, creencias y conocimientos del docente universitario, con el propósito de aumentar la calidad docente, investigadora y de gestión. Este concepto incluye el diagnóstico de las necesidades actuales y futuras de una institución y sus miembros, del desarrollo de programas y actividades para la satisfacción de estas necesidades.

La formación pedagógica del profesorado universitario y la profesionalización docente van de la mano, ambas buscan una mayor atención a la función docente del profesorado de este nivel educativo:

Si una de las condiciones para considerar una actividad como profesión es la especialización en el ejercicio, para lo que se requiere una preparación, en el caso del profesor universitario dicha especialización no se da porque si bien hay un dominio de un campo de la ciencia, no lo hay en el de la docencia. La formación docente no es valorada ya que es considerada por los profesores como una actividad rutinaria que no rentabiliza la dedicación de tiempo, especialmente si se compara con los resultados de la dedicación a la investigación. (Arbizu, 1994).

La profesionalización del docente requiere la planificación de una serie de actividades con propósito formativo que favorezca en el profesor un desempeño eficaz de sus tareas y los prepare para otras nuevas. Por tal razón, el docente necesita obtener principios teóricos específicos, y a la vez asumir una conducta exploratoria que le permita renovar y actualizar conocimientos en este campo.

En primer lugar, necesita vivenciar experiencias de aprendizaje con estrategias de formación y perfeccionamiento docente mediante la aplicación de la técnica de microenseñanza y el video como recurso válido para desarrollar actividades de reflexión, auto-observación y hetero - observación. El profesor requiere conocimientos, destrezas y actitudes determinadas que no todos tienen y que tendría que adquirir mediante la preparación para la profesión. El profesional que ejerce la docencia no debería limitarse a repetir formas de actuación, intentando imitar a sus buenos profesores. La enseñanza universitaria exige al profesor el conocimiento de las estrategias metodológicas adecuadas para el logro de procesos de enseñanza-aprendizaje productivos que favorezcan la motivación, el esfuerzo y crecimiento intelectual del estudiante.

En segundo lugar, realizar el análisis de los medios audiovisuales, informáticos y tecnológicos de la información y de la comunicación que tienen presencia en el escenario educativo: las proyecciones multimedia, las diapositivas, los medios sonoros, el vídeo, la televisión educativa, la informática, los hipertextos, las redes de comunicación didáctica (Enseñanza Virtual) y las páginas Web. Además incursionar en las características de la sociedad del conocimiento, génesis de las nuevas tecnologías.

La obtención de destrezas y pautas para el uso didáctico, selección, evaluación e investigación de los medios informáticos audiovisuales adecuados no debe quedarse en el simple conocer, se hace necesario asumirlas con miras a la ampliación de perspectivas desde las que se puedan iniciar una reflexión teórica y práctica que garantice su aplicación en procesos de formación. No basta con tener a la disposición una diversidad de medios para incorporarlos a la praxis educativa, hace falta que el docente posea las bases y principios que garanticen la incorporación reflexiva, critica de esos medios en pro de favorecer un proceso de enseñanza – aprendizaje altamente efectivo.

En tal sentido, se debe asumir que los aprendizajes, conocimientos, destrezas, comportamientos y valores que se logren en la interacción con los medios, indudablemente dependen menos de estos, de sus características técnicas y aspecto externo, y dependan más de la estrategia instruccional desarrollada en torno a ellos, así como de una serie de elementos que determinan su aplicación: los objetivos de aprendizaje, los contenidos a transmitir, las características del grupo de estudiantes y el contexto de la comunicación en que se presentan.

Desarrollo
La investigación surge como una necesidad del hombre de generar conocimiento y de esta manera responder a las exigencias de la sociedad, debe hacerse antes, durante y después de lo que se busca responder o innovar, ello implica planear e instrumentar planes y evaluar los resultados. Implica una innovación, pero toda innovación exige una investigación, donde estos procesos innovadores implican, a su vez, la instrumentación e institucionalización de las llamadas practicas innovadoras. Así dice Moreno (1995) citado por Agüera Ordaz y otros (2006) “puede afirmarse que la innovación es un proceso que se sustenta en la investigación; pero que no todo proceso de investigación culmina necesariamente en una innovación educativa”. (pp. 5-6 )

Hoy día la Educación Superior debe responder al desafío de la eficiencia social a través de una educación masiva y de calidad ante una eminente modernización académica, tal como lo afirma Brovetto (1998) citado por Agüera Ordaz y otros (2006) “…entendiendo por tal la capacidad de satisfacer, sin limitaciones ni discriminaciones de tipo alguno, la creciente demanda con una educación masiva de calidad altamente pertinente ante los requerimientos de la sociedad…” (pp. 5-6).
La realidad del mundo laboral actual: desempleo, desarrollo tecnológico acelerado, auge de la globalización y por ende de la regionalización, demanda del proceso educativo el desarrollo de talentos en un mundo cambiante, adiestrar en la moderna tecnología y el desarrollo de planes de educación permanente que le permitan enfrentar lo que Morín (1999) citado por Agüera Ordaz y otros (2006) llama la incertidumbre, quien decía “…hay que aprender a enfrentar la incertidumbre, puesto que vivimos una época cambiante donde los valores son ambivalentes” (p.46) a través de los 7 saberes fundamentales para la educación del futuro:
* Aprender a contextualizar el conocimiento pertinente y la información
* Aprender a enfrentar las incertidumbres
* La ética del género humano.
* Enseñar la comprensión.
* Conocer las raíces, modalidades, efectos y obstáculos de la incomprensión intelectual e intersubjetiva.
* Conocer las Humanidades para comprender la condición humana.
* Aprender la Historia Universal para comprender nuestra condición terrenal.

Es evidente y comprobable como el número de aspirantes al Sistema de Educación Superior aumenta vertiginosamente, en su mayoría profesionales que en búsqueda de nuevos caminos y de estabilidad laboral ven en esta opción una posibilidad de conseguir empleo, ejerciendo la carrera docente. Tienen la responsabilidad de formar los profesionales que se esperan para la sociedad cambiante de hoy, es decir un estudiante con adecuados niveles intelectuales, conocimientos, habilidades, destrezas, actitudes y valores que deben manejarse dentro una unidad curricular flexible.

En cuanto al contenido, modalidad de atención, tiempo, secuencia y espacio, que asuma procesos educativos actualizados, donde el proceso de enseñanza se maneje dentro de la coparticipación, el acompañamiento y la mediación, con énfasis en el proceso de aprendizaje asumiendo lo significativo, la autogestión, lo integral y la aplicación de la metacognición; a través de la elaboración y el uso de recursos y materiales de aprendizaje que respondan a la exigencias de la universidad de hoy, lo que por demás les cuesta, en virtud de que fueron formados por parámetros tradicionales y cerrados que ni remotamente veían la posibilidad de interacción y de velar por el crecimiento personal.

Este planteamiento es reafirmado por García, G. (1995), cuando plantea que el profesor universitario aprende a serlo mediante un proceso de socialización que está lejos de ser racional y consciente, el cual va imponiendo un prototipo de actitudes y prácticas docentes intencionadas. Este proceso se asienta sobre los siguientes elementos:
a) la experiencia que el profesor ha tenido como alumno;
b) el modelo presentado por sus profesores;
c) la presión que ejerce el sistema o estructura organizativa (departamento....);
d) las expectativas de los alumnos en el ejercicio profesional. (p. 21)

En la formación permanente del profesor universitario, habría que distinguir entre su actualización constante sobre las novedades de la disciplina que imparte (teorías, métodos de trabajo, productos, técnicas de investigación,...) y su actualización didáctica (teorías de aprendizaje, métodos de enseñanza, estrategias de evaluación,...). Los estudios revisados indican un mayor interés de los docentes por la primera vertiente formativa (formación sobre la disciplina) en lo que respecta a su participación en ambos tipos de actividades, si bien los profesores, en general, manifiestan interés en participar en procesos de formación pedagógica, en la práctica no se hace efectivo.

Los temas sobre los que el perfeccionamiento docente debería versar serían las interrogantes, problemas, lagunas y fallos de más urgente solución entendidos y percibidos como tales por los mismos profesores que reconocen tenerlos y desean corregirlos. Todo ello con los siguientes matices, según manifiesta Fernández Pérez (1988):
a) No es infrecuente que el problema más grave y urgente de un aula o un centro educativo no sea percibido por los profesores implicados.
b) Puede haber una resistencia inicial de los profesores a manifestar sus lagunas, ignorancias y fracasos pedagógicos.

Según investigaciones revisadas, los temas con mayor interés formativo-pedagógico para los profesores universitarios son la motivación y participación del alumnado, los métodos de enseñanza en la Universidad y la didáctica específica de una materia.

Por otra parte, estas investigaciones, a nivel general describen los principios que deben fundamentar la formación del profesorado universitario, los cuales son aceptados por la comunidad de estudiosos del tema. Estos se podrían resumir en:
• centrarse en la práctica profesional para desarrollar actitudes de reflexión y crítica respecto a su propia enseñanza,
• primar las iniciativas formativas surgidas de los propios profesores y
• apostar por una profesión docente no individualista, sino colaboradora.

Es importante relacionar la profesionalización del profesorado con el concepto de innovación, para dar sentido y razón de ser al planteamiento inicial del artículo. Es necesario “superar la realidad actual, caracterizada por el aislamiento de los profesores, un sistema de incentivos poco relacionados con la docencia, una idea de educación más transmisiva que renovadora” (Marcelo, 1996).

La innovación debe ser considerada como un proceso de mejora que afecta a todos los componentes del sistema de enseñanza, desde los contenidos y recursos a los agentes, pasando por el propio proceso de enseñanza-aprendizaje. Proyectar la innovación al ámbito de la formación y desarrollo profesional de los docentes exige partir de cada realidad de actuación y de los aspectos específicos a cambiar o mejorar, pero, en general, debería:
- Contribuir al desarrollo institucional de los centros y al desarrollo de una cultura profesional común.
- Facilitar el que los profesores integren en su práctica la comprensión de los procesos de enseñanza-aprendizaje y mejoren la calidad de la enseñanza.
- Proporcionar guías, fundamentos y procedimientos sobre la práctica profesional, la transformación de la realidad de las aulas, etc., dentro de la concepción del profesor como agente dinámico e investigador (González Soto, 1996).

Por su parte, Escudero (1988) que se ha convertido en uno de los autores más relevantes en la escena española sobre este tema, señala las siguientes características de la innovación educativa:
1) Es un proceso de definición, construcción y participación social.
2) Merece ser pensada como una tensión utópica en el sistema educativo, en las instituciones y en los agentes educativos.
3) Ha de parecerse más a un proceso de capacitación y potenciación de instituciones educativas y sujetos, que a la implantación de nuevos programas, nuevas tecnologías o inculcación de nuevos términos y concepciones.
4) No puede agotarse en meras enunciaciones de principios, en estéticas relaciones de buenas intenciones.
5) Innovar en educación requiere articular debidamente una serie de procesos y establecer con cuidado una estructura de diversos roles de complementación.

Conclusiones
Desde la perspectiva del presente artículo, un programa de formación pedagógica del profesorado debe intentar que el docente posea los conocimientos y destrezas que le permitan llevar a cabo la tarea de forma eficaz, que analice sus propias características personales y cómo éstas pueden repercutir en el proceso de enseñanza, y que adquiera estrategias reflexivas que le permitan analizar su actuación docente y tomar decisiones encaminadas a un continuo perfeccionamiento pedagógico.

Un plan de formación docente a profesores experimentados para tener éxito, debe aprovechar la experiencia que éstos tienen y que, de ningún modo, lleguen a percibir ellos que nada tienen que decir en relación con esta problemática. Los profesores “antiguos” pueden vincularse de un modo muy activo si se sienten protagonistas del cambio que se quiere implementar; para ello es importante que se les consulte y asigne responsabilidades en la formación del profesorado que se inicia. Labores de mentor o asesoría son especialmente útiles a este fin.

Para que esta dinámica de mejora y búsqueda de la calidad no se agote y decaiga pronto, es importante que se generen foros permanentes, abiertos al debate y al intercambio de experiencias. No hay nada que convenza más de la conveniencia y posibilidad de un cambio que ver cómo otros lo han conseguido. Para ello es necesario que la organización del currículo en los departamentos se haga de forma más participativa y debatida; que en cada universidad se establezcan mecanismos de encuentro para el debate y comunicación de experiencias, cada vez más abiertos a las perspectivas transnacionales, y que toda esta actividad tenga la financiación y reconocimiento debidos. Si la mejora como docente no es valorada para la promoción de la carrera docente, el profesorado seguirá pensando en dedicarse a la investigación en sus materias pero no a su actividad nuclear.

En definitiva, tal como se ha puesto de manifiesto, la profesionalización de los profesores universitarios tiene muchos condicionantes, sociales, políticos, organizativos y personales. Entre estos últimos, es necesario subrayar la idea de cambiar las formas competitivas que priman en el trabajo de muchos profesores por las formas colaborativas, más positivas y gratificantes para todos los miembros de la organización. Tal como lo expresa Marcelo (1996) “merece la pena seguir intentando que la innovación surja y se configure en torno a equipos de profesores que trabajan juntos, con más o menos conflictos, pero con claridad de qué quieren conseguir”. (p.71)

Referencias bibliográficas
Arbizu, F. (1994). La función docente del profesor universitario. Bilbao: Universidad del País Vasco.

Escudero, J.M. (1986). El pensamiento del profesor y la innovación educativa. En L.M. Villar (Ed.) El pensamiento de los profesores y la toma de decisiones. Sevilla: Universidad de Sevilla.

Fernández Pérez, M. (1988). La profesionalización del docente. Madrid: Escuela Española.

García Galindo, J.A. (Ed.) (1995). Innovación educativa en la Universidad. Investigaciones y experiencias para mejorar la calidad de la enseñanza. Málaga: ICE de la Universidad de Málaga.

González Soto, A.P. (1996). Acciones formativas para el desarrollo profesional. En XXI Congreso Internacional de Pedagogía. Tomo I: Ponencias. San Sebastián: Sociedad Española de Pedagogía.

Marcelo, C. (1996). La innovación como formación. En XXI Congreso Internacional de Pedagogía. Tomo I: Ponencias. San Sebastián: Sociedad Española de Pedagogía.

Ordaz, Agüero y otros. (2006). Educación Superior e Innovaciones. España: Universidad de Murcia.

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Publicación enviada por Profa. Margot Rojas
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Publicado Wednesday 3 de June de 2009