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La autoestima en los escolares con trastornos de conducta. Análisis para la reflexión

Resumen: La autoestima es un problema importante para los educandos, sus maestros y familiares. Sentirse dignos, confiados, respetados, aceptarse y amarse incondicionalmente son cualidades de gran significación para el éxito...

Publicación enviada por MsC. Janet Medina Hernández




 


Resumen
La autoestima es un problema importante para los educandos, sus maestros y familiares. Sentirse dignos, confiados, respetados, aceptarse y amarse incondicionalmente son cualidades de gran significación para el éxito.

Introducción
La pedagogía y la psicología tradicionales desconocieron en gran medida, la comprensión cabal del papel de las emociones y las motivaciones en la regulación de la actividad, el comportamiento propositivo del niño, su interrelación con los aspectos cognoscitivos y su repercusión en la conducta del menor.

De igual manera, los estudios personológicos, que con frecuencia se disociaban de la propia realidad pedagógica, se centraban preferencialmente y de forma más o menos absoluta, en los procesos intelectuales o en los emocionales, no así en sus vínculos e interdependencias, en la unidad e interrelación entre lo afectivo y lo cognitivo, que en la actualidad se considera un auténtico principio pedagógico.

Se parte del punto de vista de que la interacción armónica entre lo racional y lo emocional favorece el mejoramiento de la conducta y , por supuesto, esta sería una vía accesible de acción en las estrategias dirigidas a tratar los problemas de conducta, teniendo en cuenta la noción de psicocorrección en los marcos de la institución educativa. Para el trabajo con niños “especiales” no solo se hace necesario atender objetivos de corte educativo e instructivo; se impone además no perder de vista lo psicocorrectivo, en calidad de acciones reestructuradoras de propiedades y características de la psiquis infantil basadas en sus zonas de mayor conservación.

Desarrollo
Obviamente, las dificultades de los escolares que fueron objeto de estudio, se manifiestan en especial en el área de las emociones. Este hecho, apoyado en la noción de psicocorrección, explica la necesidad de sustentar el programa interventivo en la esfera emocional del menor y rectorea el proceso de montaje de la intervención psicoeducativa, tomando como foco de atención principal del mismo las necesidades personalmente vivenciadas por los infantes con miras a su autorrealización y crecimiento personal.

La autoestima es un problema importante para los educandos, sus maestros y familiares. Sentirse dignos, confiados, respetados, aceptarse y amarse incondicionalmente son cualidades de gran significación para el éxito.

Algunos autores han definido la autoestima de varias formas:
1. R. B. Burns: Define que la autoestima es el conjunto de actividades del individuo hacia sí mismo. (3)
2. S. Coopersmith: Define que “la autoestima es la educación que cada individuo hace de sí mismo y que mantiene de forma duradera, la cual expresa una actitud de aprobación o de desaprobación e indica hasta qué punto el individuo se cree capaz, importante, competente y digno”. (4)
3. La Dra.Bettie B. Young en su libro “los seis ingredientes vitales de la autoestima” de 1991 dice lo siguiente: (5)
· Es el sentido de seguridad física (ausencia de temor a ser lastimado, confianza en los demás, seguridad en la postura corporal)
· Es el sentido de seguridad emocional (ausencia de miedo, capacidad de amar y recibir amor, que no va a sentir que vale menos que nadie, o no va a ser ofendido ni lastimado)
· Es el sentido de identidad (responsabilidad de las acciones propias, elogios y reconocimientos a la individualidades)
· Es el sentido de aceptación (que se acepte y acepte a otros, compartir con otros, de sentirse respetado y querido por todos)
· Es el sentido de competencia ( lo que estimula sus deseos de aprender, de lograr nuevas cosas, de vencer obstáculos, no desarrollar conductas de víctimas)
· Es el sentido de misión (reconoce que la vida tiene sentido, sabe dirigirla, procura la felicidad, plantearse metas.)
4. S.Colunga en su tesis de opción al título de master platea que es la fuerza motivadora, en su rol inductor y su posibilidad de inspirar un tipo u otro tipo de comportamiento.¨(6)

Las autoras consideran que la autoestima, por otra parte, es una formación psíquica a la que hay que aludir, pues esta comprende un conjunto de percepciones, evoluciones, sentimientos y tendencias conductuales dirigidas hacia nosotros mismos, hacia nuestra manera de ser y de comportarnos, hacia los rasgos de nuestro cuerpo y nuestro carácter. En general, la autoestima es la percepción evolutiva de uno mismo.

Si el ser humano no es capaz de valorar lo que realmente vale, de reconocer y apreciar las cualidades y talentos que realmente posee, si no acepta con serenidad sus limitaciones, puede ser presa fácil de la inseguridad y la desconfianza en sí mismo; le será más difícil afrontar los problemas de la vida cotidiana; le resultará casi imposible emprender proyectos arriesgados, pero accesibles a sus posibilidades.

Una autoestima suficiente suele ser uno de los componentes de las personas felices. Esto es importante en todos los estudios de la vida, pero muy en especial en la infancia y la adolescencia, tanto en el hogar como en los centros docentes.

Poseer una alta autoestima es sentirse confiadamente apto para la vida: valioso, capaz e importante. Es poseer sentido de propósito, un sentimiento de poder personal al descubrir disímiles alternativos para enfrentar los retos cotidianos, es sentirse orgulloso del sentido de pertenencia, es aprender de los errores, sentirse apoyado y seguro, responsable y digno.

Tener una autoestima baja es sentirse inepto para la vida, irrespetado, sujeto a comparaciones, a ser humillado, ridiculizado. Es sentirse sin importancia, no valorado ni reconocido, inseguro y desconfiado, respeta a sus propias posibilidades y cualidades personales.

Según las investigaciones revisadas por las autoras sobre el tema , los individuos que poseen una alta autoestima están abiertos a:
· Aprender con facilidad.
· Socializarse y establecer comunicación.
· Aceptar cualquier desafío.
· Tener autenticidad: ser consciente de lo que es y actuar en conformidad.
· Actuar sin dejarse parar ni atrasar por miedos y preconceptos.
· Crecer plenamente en la validez de lo que está haciendo.
· Tener respeto.
· Estar abierto a la comunicación mutua y sincera en su interacción con los demás.
· Aprender a escuchar.
· Ser capaz de aceptar los errores propios y de los demás como experiencia y aprendizaje.
· Ser conscientes de que cada uno necesita ayuda en algún momento y de que esta puede ser pedida sin falsos orgullos.

Es muy frecuente que las personas con trastornos en la conducta posean una baja autoestima, ya que presentan dificultades para aprender y comunicarse, por lo que tienen problemas para quererse y aceptarse a sí mismo. La práctica nos ha demostrado que esta categoría, como habilidad social, ejerce influjos determinantes en el comportamiento de las personas y por ende, en su conocimiento con otras.

Una eficaz autoestimación es también condición indispensable que garantiza la eficacia de las relaciones sociales. En este aprendizaje ella juega un papel determinante, donde lo individual y social constituyen una unidad indisoluble y están presentes en el origen, manifestación y desarrollo de la autoestimación.

El aumento de la autoestima hace las cosas diferentes. Al estar elevada, se tendrá una gratificante comunicación y mejor sentido de la vida.
Sin embargo los alumnos con necesidades educativas especiales tienden a atribuir sus fracasos o sus éxitos a razones externas a ellos mismos, como la suerte, lo que pudiera constituir tanto una causa como una consecuencia de la falta de regulación autónoma de su conducta. En relación con lo anterior se aprecia el posible influjo de factores como la expectativa del éxito y fracaso y la autoestima en el comportamiento deliberado de este tipo de educando.

Las autoras de este articulo consideran que comúnmente los alumnos con trastornos en la conducta, tienen como resultante una pobre confianza en sí mismos y una débil motivación para conseguir metas que exijan una planificación previa y una regulación sostenida de la actividad emocional. Estas actitudes, a su vez, agudizan los problemas del rendimiento escolar, lo que contribuye a reforzar la baja estimación, la falta de compromiso y la apatía por las actividades docentes y extradocentes.

Numerosos autores tales como C.M Cera, N.Tousedo, DR.C Silvia.Colunga Santos, DR.C Guillermo Peña, han señalado que las dificultades en la conducta escolar aparecen asociadas con alteraciones emocionales. Estas perturbaciones suelen constituirse en un poderoso obstáculo para lograr un rendimiento superior, incrementando también las dificultades en las relaciones interpersonales de sus portadores.

Dentro de los desórdenes afectivos que presentan estos niños no es frecuente que se aluda a la deficiente autoestima, a pesar de que esta apenas se contempla en los programas interventivos dirigidos a accionar sobre la personalidad infantil de tales educandos. En el presente artículo se identifica la autoestima como una necesidad esencial de los educandos con dificultades en la conducta, la cual se manifiesta en niveles óptimos de desarrollo. Este resultado exige de un análisis teórico sobre la autoestima y de reflexiones en torno a su papel en la regulación de la conducta del niño y su comportamiento escolar.

No obstante, aunque las investigaciones sobre la autoconciencia y sus manifestaciones particulares han progresado en número y proyección, en contraste con otros problemas analizados por la ciencia, aún se les dedica insuficiente espacio y solo alcanzan un lugar modesto en el desarrollo de la Psicología y la Pedagogía contemporáneas. El análisis de la autoestima y sus regularidades ha sido casi patrimonio absoluto de la Psicología, mientras que resulta de valor indiscutible develar las exigencias y especificidades de una pedagogía de la autoestima, dirigida a la potenciación de los recurso y facultades humanas desde las primeras edades de la vida.

Por otra parte, los estudios sobre la autovaloración y la autoestima dedicados a períodos evolutivos que anteceden a la adolescencia, resultan más escasos y aislados aún. Una autoestima alta y positiva no significa un estado de éxito total y permanente y el reconocimiento único de los valores y potencialidades de la persona. Por el contrario, supone también reconocer las propias limitaciones y debilidades y aceptarse a pesar de errores, derrotas y fracasos. Esta aceptación permite a cada individuo ser su propia autoridad y hacerse cargo de su vida de una manera consciente.

El nivel de autoestima que caracteriza a las personas no tiene un carácter estático. La estima se desarrolla y se modifica en la ontogénesis única y peculiar de cada individuo.

La autoestima se adquiere primariamente en el seno de la familia en que cada persona le corresponde crecer. Esta experiencia de aprendizaje de sí va afectando de manera decisiva su existencia, en forma constructiva o destructiva y en los diferentes ámbitos en que se desarrolla el sujeto: familia, escuela y entorno social.

Por tanto, la autoestima es una actitud que se aprende, que fluctúa y que se puede mejorar. Esto fundamenta el papel de las intervenciones educativas y/o programas escolares destinados a incidir en los niños, sus padres y maestros. Sin embargo, consideramos que la creación de los programas o estrategias no pueden dirigirse en la manera única de influir en el aumento de la autoestima de los escolares, para ello se requiere de una concepción diferente del proceso docente-educativo y una nueva mentalidad de los encargados de su conducción. Si los educadores no tienen conocimientos exactos acerca de esta y de cómo formarla en los infantes, no pueden accionar consciente y planificadamente en su desarrollo.

Como se ha corroborado en numerosas investigaciones, la manera equivocada en que padres y maestros asumen las conductas escolares de un niño, lastran aún más el comportamiento de estos. La autoimagen infantil y las vivencias de una inadecuación e incompetencia en la escuela de infantes con trastornos en la conducta, parecen depender estrechamente del clima familiar, las actitudes paternas y las estrategias educativas que utilizan los padres dentro del hogar. Por otra parte, se constata, que el maestro comunica sus actitudes y esperanzas respecto al alumno por vías muy diversas, con lo cual apoya o entorpece su conducta y a la vez su imagen de sí y la visión del mundo que se forja.

J. V. Bonet (7) se refiere a partir de resultados investigativos concretos, a conductas diversas mediante las cuales los maestros comunican sus actitudes hacia aquellos estudiantes de los que esperan poco en términos de conductas: les dan menos tiempo a esos alumnos para responder las preguntas, o les dan ellos mismos las respuestas o los ignoran preguntándole a estudiantes más aventajados; les responden de manera poco informativa, con menos afecto y contacto visual; les critican más sus fallas y alaban menos sus éxitos e interactúan menos con ellos, entre otras. En resumen ,creemos que los educadores tienden a prestar menos interés a los alumnos con dificultades en la conducta, lo que a su vez refuerzan sus conductas inadecuadas, menoscabando así su autoestima.

Según D. Corkille (8), la autoestima puede enseñarse a partir de:
1. Adquirir cada vez más conocimientos de sí mismo, es decir, conocer acerca de nuestro cuerpo, nuestros sentimientos, deseos, pensamientos, aptitudes...
2. Promover la autoaceptación, o lo que es lo mismo, aprender a no rechazar su experiencia y a no rivalizar con uno mismo.
3. Potenciar la autoafirmación, que es igual a decir aprender a expresarse en la acción diaria.

Este punto de vista es compartido por las autoras y tomado en consideración en el programa interventivo que se pondrá en práctica. Quiere decir entonces que cuando en la práctica educativa se promueven acciones encaminadas al autoconocimiento, la autoaceptación y la autoafirmación, puede contribuirse a educar la autoestima de las personas.

La autoestima, importante en todos los estadios de vida, lo es de manera especial en la infancia y la adolescencia, tanto en el hogar como en las instituciones docentes, donde se ejercen influjos educativos determinantes para su conformación y ulterior desarrollo. La psicopedagogía adjudica a este componente personológico un papel fundamental en el crecimiento del niño como un ser individual y con actitudes diferenciadas.

Muchos teóricos mantienen que el autoconcepto y la autoestima desempeñan un papel relevante en el proceso educativo. Así se han estudiado los efectos de estas formaciones psíquicas en el rendimiento escolar, la creatividad infantil y el cociente emocional, entre otras variables pedagógicas.

Se ha corroborado en diferentes investigaciones tales como ¨ la autoestima es labor de toda la vida¨(N.Tousedo,1994),¨autoconcepto en adolescentes varones con problemas de aprendizaje: un estudio longitudinal´´.(D.Feinholz,1994),y del proyecto de investigación sobre la calidad del tránsito y el egreso de escuelas de conductas(colectivo de autores 2005) que el éxito de la conducta escolar depende en alto grado del desarrollo de la autoestima, el autoconcepto y otros factores de carácter emocional. Por tanto, puede concluirse que el dominio afectivo puede ser un importante predictor del desarrollo emocional del individuo.

La práctica empírica demuestra, por otra parte, que con gran frecuencia los individuos con necesidades educativas especiales en el área motriz y/o intelectual y afectivo-conductual, poseen una baja autoestima, lo cual suele asociarse a estados emocionales negativos y dañar el crecimiento armónico y feliz de sus personalidades. En alumnos con trastornos en la conducta se han detectado manifestaciones afectivas y conductuales como la depresión, la angustia, la ansiedad, la timidez, el retraimiento, el llanto, los trastornos del sueño, hiperactividad e inestabilidad emocional.

Particularmente la práctica escolar y los resultados de investigaciones precedentes ejecutadas o dirigidas por las autoras evidencian que los niños y adolescentes con problemas de la conducta tienden a exhibir una limitada apreciación de sí, lo que no solo frena el despliegue de sus potencialidades intelectuales y su adaptación creadora al medio, sino también el desarrollo pleno y sano del menor y su propia realización personal.

Sin embargo si las autoras de este material crean un programa psicopedagógico dirigido a elevar la autoestima de educandos con trastornos en la conducta no puede obviar un conjunto de acciones educativas dirigidas al contexto escolar(maestros y educadores) y a los familiares más cercanos de los menores, lo que se ha tomado en cuenta en las futuras tareas de la investigación. Autores como S.Coopersmith, J. Machargo, H. Clemes y R. Bean destacan que la autoestima de los niños tiene mucho que ver con el nivel de autoestima de los padres y maestros, por lo cual deben interesarse en función de fortalecer su autoestima propia como personas y en su rol de educadores.

Criterio al cual nos afiliamos pues consideramos que en la medida en que los resultados del comportamiento de los escolares empeoran, comúnmente padres y maestros buscan diferentes apoyos académicos. Sin embargo, a menudo se desconoce la imperiosa necesidad de accionar sobre las peculiaridades de su autoestima como importante factor del éxito escolar, mientras el menor se sumerge en fracasos y autoinculpaciones repetidas a la vez la ansiedad que provoca el mal desempeño escolar acentúa problemas en la conducta. En cambio, si se consigue elevar la autoestima infantil la ansiedad disminuye y ello permite que el niño participe en las tareas de aprendizaje más desinhibidamente y con mejores conductas.

El análisis de la autoestima es y continuará siendo uno de los objetivos principales de los investigadores interesados en la autopercepción valorativa de las personas. En tal sentido, las investigaciones se han centrado en sujetos adultos y en alumnos en edades superiores, mientras escasean aquellos estudios dirigidos a escolares de edades tempranas, debido a la dificultad que implica aplicar técnicas diagnósticas a sujetos que todavía no saben leer y escribir, o que lo hacen aún con dificultades. Por otra parte, las intervenciones educativas exigen de la participación activa del educando, de sus reflexiones y análisis críticos, demandas que resultan de elevada complejidad para niños de los primeros grados escolares, lo que explica el limitado número de estrategias aplicadas con los mismos.

En el presente artículo se ha partido de considerar que los alumnos con dificultades en la conducta tienen, como tendencia, una baja estimación personal y que resulta posible, accionando sobre esa estimación, influir de manera positiva sobre la conducta como condición importante para el tránsito y el egreso.

De esta manera se entiende que el camino único para optimizar la conducta no tiene por qué ser el de la incidencia en el rendimiento. Una vía esencialísima consistiría en modificar la imagen negativa que el niño posee sobre sí mismo. Un programa psicopedagógico aplicado con tal finalidad, podría potenciar una mejor conducta del alumno puestas al servicio del aprendizaje escolar.

Para la intervención realizada a los efectos del trabajo, el sistema de influencias incluye la transmisión de información, pero además, la aplicación de métodos y procedimientos dirigidos a promover la reflexión, confrontación y movilización afectiva de los participantes, en torno al problema jerárquicamente principal y alrededor del que gira el programa proyectado.

Una dimensión que da verdadera especificidad a una intervención, es la de proporcionar recursos a los educadores (maestros y padres) para observar y analizar los problemas que se les presentan y la interrelación que existe entre sus acciones educativas y el comportamiento de los alumnos e hijos.

En correspondencia con esto la autora reconoce que la intervención psicopedagógica no puede ser concebida en términos emisor-receptor, sino una interacción en la cual es preciso una retroalimentación (feed-back) permanente y las aportaciones de cada implicado son imprescindibles.

De igual manera considera que la función principal de estas intervenciones es la prevención educativa, entendida esta como un conjunto de actuaciones dirigidas a la institución escolar y a través de ella, a la familia y al entorno social, y encaminadas a modificar las condiciones que generan el fracaso del alumno y por extensión de la propia escuela y la familia que sean necesarias, desde una óptica que asegure sus posibilidades de aplicación.

El trabajo con las familias ha de permitir la orientación a los padres para que estos puedan dar continuidad sistemática a la labor educativa de la escuela y asumir responsablemente la educación de sus hijos, crear las condiciones que le posibiliten un óptimo desarrollo psicológico y 
social. Para el logro de este fin han de promoverse iniciativas de formación de los padres que les faciliten los recursos necesarios para hacer factible lo anterior.

En cuanto al trabajo en la institución escolar pensamos que, este debe consistir en colaborar con el claustro de profesores calificándolo para sumir una función de tutoría respecto al alumnado, proporcionándole recursos que le permitan responder a los requisitos básicos y apremiantes de su labor educativa.

Conclusiones
Lo expuesto atestigua que en este proceso es preciso integrar todos los elementos que influyen en la evolución del niño, con la finalidad de favorecer al máximo su aprendizaje autónomo y óptimo, así como el desarrollo armónico de todos los alumnos en el campo intelectual, social y afectivo.

En el ámbito escolar, uno de los propósitos esenciales de las intervenciones, debiera ser enseñar a los niños a pensar y a aprender, ya que en la actualidad las exigencias laborales y sociales se incrementan cada vez más y la mayoría de los trabajos exigen un compromiso de aprendizaje de por vida. Esto fundamenta, en opinión de las autoras, la importancia de integrar en los programas escolares el fomento de la autoestima como parte del currículo. 

Citas y Referencias.
1) Tesis y Resoluciones del Partido Comunista de Cuba. p2.
2) Ibidem,p.2.
3) B.Burn.R:¨Self.concept development and education¨.p.18.
4) S.Coopersminth:¨El poder de la autoestima¨.p22.
5) Bettee B Young:¨The vital ingredients of self estemhow to develop then¨.p48.
6) Colunga. Santos, Silvia: Tesis para optar por el titulo de master en el trabajo social.Proyecto de intervención psicoeducativa dirigida a escolares con dificultades de aprendizaje.¨p120.
7) J.V Bonet:¨Se amigo de ti mismo:manual de autoestima¨.p10.
8) D.Corkille.apud:Maria Mederos.(1995).Autestima.

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Casaña, Matos Angela. Colectivo laboral y comunicación / Angela Casaña Matos, Lina Domínguez Acosta.—La Habana; Ed. Ciencias Sociales, 1989.
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