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El camino hacia el desarrollo de la cultura en Cuba

Resumen: Se exponen diversos criterios de autores sobre el tema de la cultura y la impronta dejada como resultado del proceso de imposición de las políticas coloniales y neocoloniales al respecto. Se consideran algunos juicios de José Martí que el autor considera de total vigencia independientemente de ser emitidos a finales del siglo XIX en un contexto diferente al actual. Por último se presentan algunos elementos de lo que se considera como obra cultural de incuestionable valor para enfrentar los retos de Cuba en las nuevas condiciones del siglo XXI...

Publicación enviada por José Alberto Chang Ramírez




 


Resumen
Se exponen diversos criterios de autores sobre el tema de la cultura y la impronta dejada como resultado del proceso de imposición de las políticas coloniales y neocoloniales al respecto. Se consideran algunos juicios de José Martí que el autor considera de total vigencia independientemente de ser emitidos a finales del siglo XIX en un contexto diferente al actual. Por último se presentan algunos elementos de lo que se considera como obra cultural de incuestionable valor para enfrentar los retos de Cuba en las nuevas condiciones del siglo XXI.

Breves ideas sobre el tema en cuestión.
La historia de la sociedad humana hasta nuestros días, ha sido la imposición de hábitos de vida, costumbres, símbolos, idiomas y religiones a través de la llamada violencia cultural, muestra de ello fue el proceso de conquista y colonización que se llevó a cabo en nuestro continente americano.

De este proceso se han derivado varios modelos de interpretación los cuales han absolutizado, desde sus perspectivas, patrones agresivos a favor o en contra de la asimilación de la cultura impuesta, de ahí que no podemos olvidar, a la hora de cualquier intercambio académico o no, la definición de Fernando Ortiz acerca del vocablo transculturación al determinarlo como las diferentes fases del proceso transitivo de una cultura a otra, porque este no consiste solamente en adquirir una distinta cultura... implica también necesariamente la pérdida o desarraigo de una cultura precedente, lo que pudiera decirse una parcial deculturación y además, significa la creación de nuevos fenómenos culturales que pudieran denominarse de neoculturación.

Existen diversos trabajos que nos sirven de necesaria consulta sobre el tema en cuestión, como los realizados por Francisco López Segrera, Consejero Regional de Ciencias Sociales para América Latina y el Caribe de la UNESCO, en el 2000 y del Dr. Cs. Roberto Hernández Biosca, Profesor Titular del Departamento de Estudios Cubanos del ISA y de los cuales tomamos referencias como son:

“Cuando surge el criollo y toma conciencia de su alteridad, comienza a producir una cultura de la resistencia que es en esencia emancipadora, del individuo y la sociedad, pero que en la mayoría de los casos niega, subvalora o rechaza los aportes de las culturas dominadas, tanto autóctonas o importadas, y pretende construirla sólo a partir de la refuncionalización de los patrones culturales dominantes. Esta cultura de resistencia trascenderá al plano político”.

Esta posición asumida por los criollos constituye un criterio que mediatiza la asimilación necesaria del proceso de formación de las naciones y que el propio autor destaca a través de la interpretación que hace el Apóstol cubano José Martí al plantear que:

“Interrumpida por la conquista la obra natural y majestuosa de la civilización americana, se creó con el advenimiento de los europeos un pueblo extraño, no español, porque la savia nueva rechaza el cuerpo viejo; no indígena, porque se ha sufrido la injerencia de una civilización devastadora, dos palabras que, siendo un antagonismo, constituye un proceso; se creó un pueblo mestizo en la forma, que con la reconquista de su libertad, desenvuelve y restaura su propia alma”

Queda establecido por tanto, que no podemos realizar un análisis del proceso de desarrollo de la cultura, sin tener presente, la necesaria posición en el sentido ancho de nación, sobre lo cual acotaríamos que “El termino cultura debe convertirse en sinónimo de pluralismo, de respeto a la identidad del otro, de un no uso de la diferencia para legitimar una dominación. La aventura del hombre, en tanto especie, es una aventura cultural; mas, el poder político-económico se ha ocupado de relegar la cultura al triste papel que hoy le reserva”

Sin embargo, no siempre se ha sido lo suficientemente feliz a la hora de realizar una comprensión de este fenómeno, de ahí que Martí no coincidiera con quienes consideraban la cultura cubana y latinoamericana sólo heredera de la hispanoeuropea o desde posiciones contrarias y sobre ello destacó “... el deber urgente de nuestra América es enseñarse como es, una en alma e intento, vencedora veloz de un pasado sofocante, manchada sólo con la sangre de abono que arranca a las manos la pelea con las ruinas, y la de las venas que nos dejaron picadas nuestros dueños!”.

El Dr. Armando Hart Dávalos ha planteado la necesidad a ultranza del respeto a las soluciones y aportes creadores en la actividad material y espiritual de nuestros pueblos, destacando que “Existirán o pueden existir cuantos modelos resulten del enfrentamiento de la diversidad de problemas que tiene nuestra América. La disyuntiva no esta planteada en términos de que existan uno o varios modelos, sino que enfrentamos la diversidad de nuestras situaciones particulares y trabajemos por promover nuestras soluciones y proyectos”.

Otra arista del fenómeno en cuestión, es el de la necesaria unidad de nuestros pueblos y que ya ha comenzado a dar sus primeros pasos con la creación de la llamada Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA). Fidel Castro desde los primeros años de la Revolución Cubana fue preciso sobre el tema y destacó “La suma de todas nuestras culturas sería una enorme cultura y una multiplicación de nuestras culturas. La integración no debe afectar, sino enriquecer la cultura de cada uno de nuestros países” .

Otro criterio autorizado es el emitido por el Dr. Osvaldo Martínez quien puntualiza que “La dimensión cultural del desarrollo es la que resulta capaz de integrar el mayor numero de factores económicos, sociales, éticos, jurídicos y estéticos al desarrollo, concebido este como un proceso multidimensional e integral y la cultura como la síntesis depurada y al mismo tiempo el medidor supremo de la calidad del desarrollo”, esta idea precisa la complejidad de este proceso y la necesidad de establecer una estrategia en estrecha coordinación de factores institucionales hasta llegar a la propia comunidad en función de lograr dicho objetivo.

En Cuba existe todo un acervo cultural que tuvo su génesis desde la época colonial y que hoy constituye la necesaria cimentación de una obra que tiene como centro al hombre, teniendo presente que “No hay posición cultural, política o estética, etc., -en fin cultura nacional- sin raíces y propósitos. Es decir, no hay identidad nacional, al margen de una cultura humana, comprometida con el contexto social en que transcurre el destino del hombre, del pueblo” .

Reflexiones de la impronta martiana sobre la cultura.
Martí prestó exclusiva atención al problema de la identidad nacional cubana, a partir de la relación entre lo común y específico en la conformación del pueblo cubano y de los aportes de grupos etnoculturales que lo iban formando, cuestión que ya había estando presente en la pléyade de pensadores como José Agustín Caballero, Félix Varela y José Antonio Saco, dándose un proceso de continuidad, superación y ruptura en el Maestro, quien discrepaba con las tesis de que solo éramos herederos de la cultura hispano europea y de quienes renunciaban a toda influencia positiva de la misma como respuesta a la discriminación racial de indios y negros, de ahí que “No era para Martí la vuelta al pasado lo que se imponía, sino el avance hacia el porvenir”.

Es sobre esta base que Martí establece su visión totalizadora del hombre en sus nexos práctico-transformadores con la sociedad, planteando la analogía entre la libertad de los pueblos y la emancipación de los individuos que los forman y las relaciones internacionales, precisando la coexistencia de dos universos, marcados entre sí por las desigualdades en cuanto a desarrollo y su condicionante repercusión como instrumentos de dominación y explotación.

Ejercicio de humanidad que en la obra martiana deviene pivote central en la revelación del ser existencial de nuestra América, de su identidad en tanto tal, así como la revelación de la esencia rapaz del coloso del Norte en acechanza perenne y en relación de antítesis con los propósitos genuinos de nuestros pueblos. En esta obra fundadora de Martí, donde cultura, política e identidad constituyen un todo único indisoluble, la ensayística marinelliana penetra, y extrae sus fundamentos orientadores, tanto en la concepción del problema como en la aprehensión del método capaz, de pensar el objeto y reproducirlo creadoramente en su totalidad trascendente.

Osvaldo Martínez declara la necesaria apertura a lo mejor del acervo cultural de la humanidad y su asimilación crítica como parte de nuestra identidad, idea defendida por Martí y señala sobre este que "Trata de que la incultura no sea un instrumento que favorezca la correlación de fuerzas del agresor; en Nuestra América propone: injértese en nuestras repúblicas el mundo, pero solo que bajo una condición, que el tronco sea de nuestra república. No cierra las puertas a las comunicaciones interculturales, porque jamás habría sido un defensor de la campana de vidrio. Defiende la asimilación crítica de las culturas externas cuando plantea: 'no asumiremos cualquier cosa porque venga de afuera, sino, para incorporar los valores externos que sean más apropiados a nuestras necesidades” .

Su concepción de una Cuba fundamentada sobre las bases de una república con todos y para el bien de todos, que representa una Cuba nueva, la Cuba martiana, establece los rumbos de una cultura “nueva” y de una educación “nueva” también que responden, en esencia a las exigencias, objetivos y la altura de los nuevos tiempos. De ahí que todos los creadores tienen ante sí todas las posibilidades para realizar una obra que, como la de Martí, trasfunda la tradición en novedad.

Martí en la preparación de su proyecto emancipador realiza un profundo análisis de las condiciones histórico concretas en que se han ido creando las premisas para la lucha definitiva y llega a conclusiones sobre las diferencias existentes en la Cuba y Puerto Rico del momento con respecto a las nacientes repúblicas hermanas de nuestra América y de los propios EEUU y al respecto desataca

Otro aspecto fundacional en nuestra política cultural es el relacionado con la necesaria igualdad de condiciones de los hombres a partir de su cultura independientemente del color de la piel (cuestión dejada bien clara por él al refutar el llamado odio de razas) y de género, cuando precisa al comentar los prejuicios de la época “por la diferencia fatal y patente en la cultura, cuya igualdad, de influjo decisivo, es la única condición que iguala a los hombres; y no hay igualdad social posible sin igualdad de cultura”.

Desde la perspectiva de las prácticas educativas en función de asimilación de lo mejor de la cultura universal y la defensa de nuestra identidad nacional Martí emite su criterio acerca de la labor desempeñada por Tomás Estrada Palma en su colegio al destacar,

“Y eso es el colegio de Estrada Palma: una casa de familia donde bajo el cuidado de un padre se adquieren los conocimientos y prácticas útiles del Norte sin perder nuestras virtudes, carácter y naturaleza. Eso es el Colegio de Estrada Palma: la continuación de la patria y el hogar en la educación extranjera. Allí no cambian el corazón por el inglés, y entran en la vida nueva del Norte por las virtudes que lo mantienen, y no, como en tantos otros colegios, por los vicios que lo corroen; allí completan su cultura nativa con nuestra lengua y nuestra historia, a la vez que aprenden lo bueno y aplicable de la cultura del Norte; allí se preparan, con el beneficio de una educación paternal, y de una enseñanza de pensamiento, a estudiar las carreras especiales en los colegios adonde el educando, hecho ya a la libertad trabajadora y decorosa, no cae en la tentación de la libertad descuidada y excesiva; allí es tal vez el noble rincón de monte adonde únicamente pueden nuestros padres mandar en salvo a sus hijos”.

Sus aspiraciones de creación de la Cuba que lograría el equilibrio del mundo, quedan expuestas al destacar el papel que desempeñaría la cultura en la formación ética de sus ciudadanos señalando “¡Allá, en el bullicio y .tropiezos del acomodo, nacerá por un fin un pueblo de mucha tierra nueva, donde la cultura previa y vigilante no permita el imperio de la injusticia; donde el clima amigo tiene deleite y remedio para el hombre, siempre allí generoso, en los instantes mismos en que más padece de la ambición y plétora de la ciudad; donde nos aguarda, en vez de la tibieza que afuera nos paralice y desfigure, la santa ansiedad y útil empleo del hombre interesado en el bien humano!”.

El legado martiano en la “república” fue acogido por lo mejor de la intelectualidad cubana, muestra de ello es el encadenamiento existente en la ensayística de importantes figura como Juan Marinello quien en Martí encuentra lo que busca en toda su integridad: la realidad a partir del hombre y su actividad que se encarna en la cultura. "Por eso –enfatiza Marinello- el artista no es en él hombre distinto del político, del meditador, del Apóstol. El arte no puede ser para Martí sino ejercicio de humanidad. Su prosa y su verso son los cauces de una energía bienhechora. Su pensamiento es siempre un intento de exaltar lo mejor del hombre."

La cultura en la Revolución Cubana.
Con el triunfo de la Revolución la política cultural ha estado encaminada a rescatar y exaltar los valores de la cultura nacional, trabajándose sobre la base de:

- Eliminar el carácter elitista de determinadas manifestaciones artísticas.
- Crear las bases para el desarrollo de una cultura para todo el pueblo, en defensa de la identidad nacional.
- La base creada en la esfera educacional, tomando como punto de partida, la Campaña de Alfabetización en 1961.

Toda una obra encaminada a la formación integral del cubano donde se conjugaba la riqueza material y espiritual, pareció mutilarse cuando el país se vio frente a una situación de crisis económica con la caída del llamado socialismo real. Las profundas transformaciones en el ámbito económico, necesarias y consideradas por la máxima dirección del país, tuvieron su repercusión en todas las esferas de la vida, entre ellas la cultural, no obstante, a pesar de las grandes limitaciones materiales y financieras, se mantuvo en la mira este aspecto.

La franca recuperación de nuestra economía a partir de 1995 posibilitó el inicio de una tendencia que se revertiría en poner en su verdadero lugar la fe en el mejoramiento humano, la vida futura y la utilidad de la virtud.

Singular importancia revistió la idea de Armando Hart, en el 1996, cuando formuló “La cultura no se refiere solo a la capacidad intelectual del hombre, sino que se trata de un concepto integral que abarca todas las esferas del quehacer y el pensar y el sentir humanos (...) La cultura está comprometida con el destino humano (...) Situada en el sistema nerviosos central de las civilizaciones, sintetiza los elementos necesarios para la acción y el funcionamiento de la sociedad como organismo vivo” , queda claro aquí el concepto de una concepción holística de la cultura como elemento emprendedor y catalizador de la unidad de nuestro pueblo, como conocimiento de causa.

La dirección de la UNEAC asumió en aquel entonces una posición directriz cuando Carlos Martí, su presidente, enfatizó que “la cultura es el alma de la nación: salvando la cultura salvamos nuestra manera de ser y de pensar, salvamos el conjunto de valores e ideales que nos identifica como pueblo (...) La cultura es escudo y espada de la nación”. Quedaba expresada de forma acertada y la necesaria continuidad de los fundamentos martianos acerca de la compatibilidad de la cultura con la conciencia, lo afectivo, lo humano, lo axiológico y la identidad como nación: arma imprescindible en la defensa de nuestros pueblos ante los efectos de la globalización neoliberal.

La vía a continuar quedó enmarcada en el Primer Encuentro Nacional de Directores Municipales de Cultura, celebrado entre el 14 y el 16 de septiembre de 1999 en La Habana, donde el Comandante en Jefe plasmó las bases fundamentales para materializar el proyecto cubano de hacer de la cultura un fenómeno verdaderamente social, de las cuales extraemos las siguientes ideas:

- Al hombre hay que apartarlo del materialismo vulgar y grosero (refiriéndose a la absolutización del factor material).
- Meditar acerca de las frases martianas “Ser culto es el único modo de ser libre”.
- La cultura es imprescindible en una época en que se intenta hacer desaparecer las identidades nacionales.
- La defensa de los valores patrimoniales de la nación. La defensa y desarrollo de nuestra identidad a partir de nuestros valores históricos y culturales.
Velar por las personalidades de la cultura.
- La riqueza infinita de la cultura debe llegar a todos los rincones, masificarse.
- Promover otra concepción del mundo, en la que sea mucho más importante los valores espirituales y culturales que el despilfarro material.

Aquí quedaron modelados los principios de la llamada cultura general integral.

La relación inequívoca entre cultura y libertad queda declarada en la máxima “ser culto es el único modo de ser libre”. Cuando Martí planteaba este apotegma asumía la cultura como un derecho del ser humano, como lo principal que nos diferencia del resto de los animales, como expresión de la razón humana y por tanto, como camino de la libertad plena.

Dándole continuidad a la idea anterior, insistimos que es de capital importancia la fundamentación martiana en cuanto al papel de la libertad, como el ingrediente esencial para la verdadera emancipación del pueblo y en su ejercicio está la clave de las realizaciones genuinas y ascendentes y es al pueblo, como organismo liberado y creador que Martí fía la tarea de una cultura de poder inmedible. Predicando con el ejemplo, Martí nos deja la prueba de su obra hondamente cubana, en cuanto concentra todas las afluencias legítimas, cuaja formas propias y singulares y anuncia nuevas formas y sustancias paradigmáticas para su época.

La sistematización de esta fórmula queda registrada en la frase de Fidel al subrayar “Si cultura no hay libertad posible, sin cultura no es posible la libertad (...) Tengamos un pueblo con el máximo de cultura y tendremos un pueblo con el máximo de libertad”

Hoy la relación en Cuba entre crecimiento económico y desarrollo y su expresión en la dimensión cultural, queda formulada en este concepto de cultura general integral, donde los esfuerzos por incrementar la participación del pueblo en la vida cultural, incentivar la creatividad personal y comunitaria, y, conservar y poner en valor el patrimonio cultural y nacional.

Con relación a ello la máxima dirección del país decidido convertir a Cuba, en 10 años, en el país más culto del mundo, bajo la premisa de que el desarrollo cultural es la única alternativa posible para garantizar el futuro de la humanidad.

Dadas las nuevas condiciones es que se ha podido potenciar este proceso, se diseñaron los Programas Especiales Priorizados de la Batalla de Ideas que tributan al desarrollo de la cultura general integral de nuestro pueblo, como muestra de ello se destacan:

* Escuelas de Instructores de Arte (una en cada provincia y en el municipio especial de la Isla de la Juventud).
* Escuela Nacional de Ballet (capacidad de 300 alumnos de todas las provincias).
* Extensión a todo el país de la Feria Internacional del Libro (en las cabeceras provinciales y otras ciudades).
* Colección Biblioteca Familiar (para fomentar y promover el hábito de la lectura de la literatura cubana y universal).
* Programa Editorial Libertad (proporcionando a 6 789 bibliotecas públicas y escolares una bibliografía de consulta especializada).
* Creación de los dos canales de Televisión “Educativo” y “Educativo 2”.
* La Escuela de Ballet y Artes Plásticas de Camagüey y la creación de nuevas escuelas de artes plásticas de nivel medio profesional (Guantánamo, Manzanillo, Bayamo, Ciego de Ávila, Morón, La Habana y Matanzas) y la reparación de la escuela de Trinidad y San Alejandro).
* Escuela de nivel elemental y medio de Música, Danza y Artes Escénicas de Bayamo (matrícula de 500 alumnos).
* Obras del Complejo de escuelas de Cubanacán (reconstrucción capital de las Escuelas Nacionales y del Instituto Superior de Arte).

Se debe señalar como debilidades en la política cultural cubana cómo a pesar de que se encuentra estatuido como uno de los principios de la Revolución Cubana, en el transcurso de 50 años no se ha logrado revertir totalmente lo heredado de las política coloniales y neocoloniales y que ha tenido su sustento en la marginación, inequidad y desigualdad social, que germinaron bajos las difíciles condiciones de la crisis económica de los años 90 o período especial.

El propio Fidel Castro expresó que “Aún en sociedades como la de Cuba surgida de una Revolución social radical, donde el pueblo alcanzó la plena y total igualdad legal y un nivel de educación revolucionario, que echó por tierra el componente subjetivo de la discriminación, ésta existe todavía de otra forma. La califico como discriminación objetiva un fenómeno asociado a la pobreza y a un monopolio histórico de los conocimientos”.

Otro aspecto a tener presente es el relacionado con la emigración existente en el sector de la cultura que entre otros factores es el resultado de la política aplicada por los centros de poder hacia los países del Sur, de atracción de los profesionales nativos conjuntamente con la prioridad de las diferentes administraciones estadounidenses hacia Cuba para intentar desmantelar las bases de la Revolución Cubana.

Estos son retos que tiene que enfrentar los encargados de establecer las políticas culturales teniendo siempre presente las desventajas de un país sometido a un injusto bloqueo económico, comercial y financiero y el impacto de una crisis económica (período especial) que aún persiste por la existencia de factores objetivos y subjetivos. La esencia está en continuar transformando, de forma consciente, toda una obra material y espiritual.

Conclusiones:
Cuba presenta posiciones favorables en el terreno de la cultura fundamentados en las tradiciones independentistas, la unidad entre cultura y libertad, identidad y universalidad heredadas de José Martí y lo mejor del pensamiento precedente potenciado durante los últimos 50 años de revolución aunque, hay que continuar perfeccionado la alianza estratégica entre la vanguardia política, la intelectual y el talento creado y por crear de nuestra nación.

La estrategia cultural asumida por Cuba se ajusta a la política cultural de resistencia que puede aportar mucho a los pueblos de nuestra América, en su lucha por la necesaria integración, frente a la voracidad del Imperialismo.

Se hace imprescindible analizar y sistematizar con espíritu crítico la función que cada uno de nosotros, intelectuales, escritores, artistas, cuadros de dirección políticos y administrativos, profesores, periodistas, científicos, etc., tenemos ante nosotros, pues no basta con la declaración y formulación de estrategias y discursos desde la máxima dirección del país en declarar el rescate y exaltación de los valores de la cultura nacional. La complejidad del escenario internacional fundamentado en su movilidad y control por los llamados centros de poder y su ineludible influencia en la perisferia impone la necesaria motivación y concientización de todos los sujetos que intervienen en este proceso.

Bibliorafía
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Colombres, Adolfo (2001): En “La Emergencia Civilizatoria de Nuestra América”. Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello. Ciudad de La Habana, Cuba.

Fernández Aquino, Orlando (2003): “Sustentación martiana del proyecto cubano de formación de una cultura general integral”. En Martí: hacia todos los tiempos. Ediciones Luminaria. Sancti Spíritus, Cuba.

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Martí Pérez, José (2001): Obras Completas. Edición Digital Kimera y Centro de Estudios Martianos.

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