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Los por qué del vegetarianismo

Resumen: Los por qué del vegetarianismo: no sólo se trata de rechazar las carnes para cuidar la salud.

Publicación enviada por LatinSalud




 


Una buena razón

El vegetarianismo toma para la base de su alimentación los nutrientes que provienen del reino vegetal, agregando algunos productos derivados de animales (como los huevos o la leche y sus derivados) siempre que esto no implique tener que matarlos. El vegetalismo, en cambio, sólo toma productos vegetales, rechazando los animales. Ambas formas incluyen nutrientes del reino mineral. 

Muchos son los que han argumentado a favor de una dieta que deje de lado las carnes animales. Muchos otros lo han hecho en detrimento de este tipo de alimentación. Y es que en realidad -y desde el punto de vista de la nutrición y la salud- existen argumentos tanto a favor como en contra de ambas posturas. 

Para resolver el dilema, otros proponen hacer un examen de la anatomía y fisiología humanas, en comparación con otros seres cercanos en la escala evolutiva, tanto carnívoros como vegetarianos. En ese sentido se ha descubierto que por sus condiciones masticatorias y digestivas el humano es más parecido a los animales herbívoros. No poseemos dientes preparados para desgarrar la carne, y nuestro intestino es mucho más largo que el de los animales que se alimentan de ella. Así y todo, podríamos recordar que las conductas humanas no sólo se basan en su naturaleza, sino en cuestiones culturales, y la mayoría de las culturas han comido carne y todo lo demás: el hombre es en general un omnívoro.

Tal parece que quienes abrazan el ideal del vegetarianismo deben basarse en argumentos menos equívocos para sostener su postura. ¿Cuáles son?

Más allá del cuerpo físico

Pensar en la alimentación sólo desde el punto de vista de la salud del cuerpo nos revela como seres fragmentarios. La persona no está compuesta sólo de materia visible y palpable. Somos además la mente y el espíritu. Y lo somos en un conjunto inseparable, que nos propone una visión holística de nosotros mismos. Por lo tanto, no somos sólo el cuerpo cuando estamos comiendo, o sólo la mente cuando estamos estudiando: somos todo y en todo momento.

Mientras que el animal está determinado a alimentarse por ciegas reglas instintivas, los humanos tenemos otras herramientas: 
• la inteligencia para conocer la realidad más allá de los instintos y descubrir nuevos modos de proveernos bienes; 
• la libertad para elegir lo que es lo mejor para sí; 
• la voluntad para sostener esas decisiones por haberlas tomado a conciencia.

Un vegetariano planea su dieta mucho más con su conciencia que con su estómago. Se sirve de la naturaleza para saciar sus necesidades tanto materiales como espirituales, tomando sólo aquello que lo eleva a planos de conciencia más evolucionados. Elige comer vegetales y algunos derivados animales que no impliquen violencia ni agresión, por una decisión de base moral, no sanitaria. Alimenta con esta dieta tanto su cuerpo como su mente y su espíritu. Aún más, muchos vegetarianos ayunan, es decir, suspenden la ingesta de alimentos, como una manera de ser más humanos todavía. ¿Difícil de digerir? Sólo para la mente: en general el ayuno programado y controlado es excelente para la depuración de un sistema digestivo, sobrecargado la mayor parte de las veces.

La no agresión


La base moral del vegetarianismo supone la decisión de no agredir a seres vivos que se encuentran en una etapa evolutiva muy cercana a la del hombre: los animales. Para comprender este principio pacificador, primero hay que haber adoptado una cosmovisión que incluya dos leyes cósmicas fundamentales: la ley de la evolución y su contracara, la ley de la reencarnación. De acuerdo a estas, todo ser va evolucionando, vida tras vida, pasando de especies inferiores como los vegetales a otras más adelantadas, como los diferentes tipos de animales, hasta llegar a la forma humana. Aun cuando accedemos a esta privilegiada especie, tenemos que perfeccionarnos, vida tras vida, en cuestiones que tienen más que ver con la conciencia y la moral.

Así, un ser que ha llegado al estadio humano puede mirar a sus compañeros de evolución menos avanzados con dos tipos de actitud: 
• el dominio, la agresión y la servidumbre, actitud por la cual no se duda en matar a los animales aún para servirse de ellos una pequeña porción; 
• la no-agresión o compasión del verdadero ser superior, desde la cual se respeta ese estado evolutivo y se decide no cercenar esas vidas para beneficio propio.

Muchos opinan que aun el matar vidas vegetales va en contra de los principios morales del verdadero vegetarianismo. Por ello proponen un método de alimentación frugívoro, es decir, aquella dieta que sólo toma frutos y semillas, sin destruir las plantas que les dan origen.

Un campeón de la paz

Es tal vez el vegetariano más famoso de toda la historia: Mohandas Karamchand, conocido universalmente como el Mahatma Gandhi. El principio de la no-violencia impregnó toda su vida y acción cívica y enseñanza espiritual. La paz y el ayuno fueron sus armas para liberar al pueblo de la India del yugo británico. Desde la inconmovible firmeza de su conducta y su moral, Gandhi fundamenta el ser vegetariano con una simple sentencia, como un deber moral: “el no vivir por la muerte de nuestros amigos los animales”. (*)

Al hablar sobre sus razones para sostener un vegetarianismo que heredó por cultura, pero que adoptó por convicción, Gandhi ha dicho: 

“Los vegetarianos tenían el hábito de hablar nada más que sobre la alimentación y las enfermedades. Yo considero que esa es la peor manera de ocuparse de este asunto... También veo que aquellas personas que se vuelven vegetarianas porque están padeciendo alguna enfermedad o algo parecido -es decir, solamente desde el punto de vista de la salud-, son las que se retiran en mayor medida. Descubrí que para permanecer firme en el vegetarianismo, un hombre requiere una base moral... Me di cuenta que una base egoísta no serviría para conducir a un hombre hacia lo más alto en los caminos de la evolución. Lo que se requería era un propósito altruista.”

Ghandi mismo llegó a pensar en algún momento que la carne da fortaleza a las personas que la comen. Pero el tiempo y el respeto a sus tradiciones lo hizo recapacitar, y dejar este mensaje para aquellos que queremos un mundo menos violento:

“Un vegetariano se hace de un material más fuerte. ¿Por qué? Porque es para la edificación del espíritu y no del cuerpo. El hombre es más que carne. El espíritu del hombre es lo que nos interesa. Por lo tanto, los vegetarianos deberían tener esa base moral, porque un hombre no nació como un animal carnívoro, sino que nació para vivir de las frutas y las hierbas que la tierra produce.”


(*) Tomado del discurso de Mohandas Karamchand Gandhi para la Sociedad Vegetariana de Londres en 1931, publicado en el European Vegetarian Union News, Número 1;1998.



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