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Breve historia de la investigación arqueológica en las Islas Baleares

Resumen: La investigación arqueológica en las Baleares no ha tenido una historia fácil. La falta de interés por parte de las instituciones oficiales ha sido su primera característica. A lo largo de la historia, se ha permitido la destrucción de muchos monumentos, o la salida de piezas importantes fuera de la isla. Ello ha coincidido también con el hecho de que la arqueología haya sido la "cenicienta" de la cultura oficial, arrastrando hasta nuestros días una carencia de medios casi crónica.(V)

Publicación enviada por Beaker Boy




 


La investigación arqueológica en las Baleares no ha tenido una historia fácil. La falta de interés por parte de las instituciones oficiales ha sido su primera característica. A lo largo de la historia, se ha permitido la destrucción de muchos monumentos, o la salida de piezas importantes fuera de la isla. Ello ha coincidido también con el hecho de que la arqueología haya sido la "cenicienta" de la cultura oficial, arrastrando hasta nuestros días una carencia de medios casi crónica.
Una segunda constante, en cierto modo relacionada con la primera, ha consistido en la decisiva aportación de instituciones e investigadores venidos de fuera de la isla. Gracias a ellos, las Islas han podido avanzar en el conocimiento de su pasado.

La primera referencia escrita de la prehistoria mallorquina la encontramos en el historiador Joan Baptista Binimelis. En su "Nueva Historia de la Isla de Mallorca" (1593) el relato está lleno de referencias a gigantes y personajes mitológicos, reflejo de una fascinación por los monumentos prehistóricos.
Joan Dameto, que sucedió a Binimelis en su cargo de cronista del Reino, también se refiere en su "Historia General del Reino Baleárico" (1631) alos grandes montones de piedras o cantos artificiosamente compuestos que en algunas partes de la isla se ven. Algunos creen haber sido lucidos o sepulcros de tiempos antiquísimos.

En el siglo XVIII, se suceden las citas sobre los monumentos prehistóricos de Mallorca y Menorca, que comienzan a atribuirse a los celtas. Buenaventura Serra y ferragut, ilustrado y ejemplo del espíritu enciclopedista, reunió el primer gabinete anticuario de Mallorca. Participó en la obra de José Vargas Ponce "Descripciones de las Islas Pithiusas y Baleares", escribiendo:Las antigüedades de Mallorca que existen, aunque no se encuentra ni conserva ningún rastro de céltica sino algunas medallas de letras desconocidas, como también algunas tapias o paredes formáceas, que se usaban en Francia y España según Flórez y otros, en tiempo de los cartagineses y singularmente lo que llama el vulgo clapers de gegants, piedras enormes superpuestas unas a otras, al modo de las que erigían Jacob y otros antiguos patriarcas.

En el siglo XIX, más concretamente en 1818, el Doctor D. Juan Ramis y Ramis publica el primer libro de prehistoria realizado en España: "Antigüedades Célticas de la Isla de Menorca desde los tiempos más remotos haste el siglo IV de la Era Cristiana".
Los viajeros ilustrados comienzan a resaltar la existencia de los monumentos prehistóricos. Así, Alberto Della Marmora relaciona en 1833-34 los talayots con las nuragas. Y también el Archiduque Luis Salvador, en los tomos de "Die Balearen" dedicados a Mallorca y Menorca, hace referencia a numerosos Talayots y Taulas.
El sentimiento romántico rescata el atractivo de estas viejas ruinas. Como Miquel Costa i Llobera, quien en su poema "A un claper de gegants"(1873) convierte el talayot en sujeto poético. Años más tarde, en 1900, compone el gran poema "La deixa del geni grec", donde utiliza los decorados de las cuevas de Artá y el poblado de Ses Païsses para una historia de amor entre Nuredduna, vidente celta de la tribu de la encina, y Melesigeni, un guerrero griego.
Un acontecimiento fundamental fue la constitución de la Sociedad Arqueológica Luliana en 1880. Presidida por Bartomeu Ferrà, una figura que abarcaba desde la poesía y el teatro hasta el dibujo, el periodismo y la arqueología, se propuso conservar el patrimonio monumental del pasado y formar un museo. A partir de 1885, la Sociedad Arqueológica Luliana comienza a publicar un boletín que constituirá, desde entonces, referencia obligada para cualquier tema arqueológico de la isla.
Al lado de Ferrà, otra figura clave de esa sociedad fue Gabriel Llabrés Quintana, catedrático e historiador, quien al trasladarse a Menorca en 1869 colaboró, juntamente a Francisco Camps y Mercadal, en la fundación de la "Revista de Menorca", otra publicación fundamental en este terreno.


Ilustración de Ferrà de los objetos hallados en el Santuario de Costitx, en 1895.
Obsérvense las tres cabezas de toro (actualmente en el Museo Arqueológico Nacional).

Se considera Emile Cartailhac, uno de los padres del estudio de la Prehistoria, como el autor del primer trabajo científico sobre dicho período en las Baleares. Este sabio francés visitó las islas en 1887, y aunque no realizó excavación alguna, publicó en 1892 una obra monumental: "Monuments Primitifs des Îles Baléares". Aún hoy, el libro de Cartaihac es una fuente de información imprescindible, al contener tanto mapas y dibujos como fotografías de gran calidad.


Ilustración de la obra de Cartailhac.

Otros arqueólogos extranjeros dejaron también testimonio del patrimonio arqueológico balear a principios del siglo, como: Albert Mayr, Adalbert Bezzenberger, Rudolf Hoernes y L. Ch. Watelin, entre otros.
El siguiente hito histórico se producía en 1915, cuando unas excavaciones del Institut d'Estudis Catalans, dirigidas por Josep Colominas Roca, supusieron que por primera vez se llevaba a cabo una amplia campaña de investigación arqueológica. Se realizaba así una cronología de las fases prehistóricas que, aunque rectificada con posterioridad, se ha mantenido en lo sustancial. Colominas propuso una división en tres etapas: Cultura de las cuevas (Bronce inicial), Cultura de los talayots (Bronce final) y Cultura indígena bajo la ocupación romana. Colominas excavó en lugares como Capocorb, Son Julià (antes de su destrucción), Es Pedregar, Ets antigors, etc. Esta intensa actividad no se vio acompañada, sin embargo, de una publicación completa de las excavaciones. El trabajo de Colominas fue completado en Barcelona por Pere Bosch Gimpera - el verdadero renovador de la arqueología catalana - que sistematizó los materiales. Gracias a este plan de catas y excavaciones, se reunió un importante conjunto de piezas arqueológicas. Sin embargo, todos esos materiales fueron a parar al Museo Arqueológico de Barcelona, donde permanecen expuestos.
Cuando cesó la actividad del Institut d'estudis Catalans, hacia 1925, se constituía el Museu d'Artà, que continuó excavando incluso sin apoyos económicos. Su figura más destacada fue Lluís Amorós, a quien se debe la inclusión por vez primera de una fase cultural influida por los pueblos que introdujeron el hierro en la península, lo que se denomina época postalayótica o talayótico final.

Durante estos años, en Menorca, la actividad es menor, pero no por ello menos importante. destacan dos personalidades: Frederick Chamberlin, quien publicó su obra "The Balearics And Their People" , y la Doctora Margaret A. Murray, con sendas excavaciones de las taulas de Trepucó y Torreta de Tramuntana.

A principios de la década de los treinta, estudiantes del Seminario Diocesano realizan, durante sus vacaciones veraniegas, y con motivo de los certámenes científico-literarios, un trabajo que será fundamental. Catalogan los monumentos antiguos de Mallorca, adjuntando descripciones, planos y croquis, dibujos y fotografías. Este primer recuento será decisivo para sucesivos inventarios, y al mismo tiempo supondrá la única oportunidad de conocer muchos monumentos que fueron destruidos con posterioridad al paso de los seminaristas, entre los cuales se encontraban Gabriel Nadal y Gabriel Pascual.
Durante la República, se funda el Museo Municipal de Bellver, siguiendo esa línea de museos municipales de escasa actividad que caracteriza a la arqueología insular. En Menorca destacan los trabajos de Waldemar Fenn. La Guerra Civil paralizó toda actividad de investigación arqueológica, y durante los años de la postguerra sólo el Museu d'Artà, encabezado por Lluís Amorós, realizó algún tipo de actividad.
Ya en la década de los cuarenta, comienza a trabajar una nueva generación de arqueólogos. Cristóbal Veny comienza un completo estudio sobre las cuevas sepulcrales de Mallorca, y Bartomeu Ensenyat trabaja en los yacimientos de la zona de Sóller.

Los años cincuenta y sesenta suponen un momento importante. Josep Mascaró Pasarius comienza a publicar su "Corpus de Toponimia" (1952-1962), que junto con el "Mapa General de Mallorca" y el "Inventario de los Monumentos Prehistóricos y Protohistóricos" (1967) suponen la primera catalogación de toda la isla de Mallorca, y posteriormente toda Menorca, después de la realizada por los seminaristas de los años treinta. Mascaró Pasarius pone, por lo tanto, la primera piedra para la investigación posterior, recogiendo todos los yacimientos y sus topónimos tradicionales, en un trabajo que sólo podrá considerarse igualado con la conclusión del Inventario Arqueológico actualmente en curso.
A finales de los años cincuenta tiene lugar un estudio a gran escala de la prehistoria mallorquina, bajo el patrocionio de la Fundación March y dirigido por Lluís Pericot García. Se realizaron inventarios de monumentos y varias excavaciones, fruto de los cuales es la obra de Pericot: "Las Islas Baleares en los tiempos prehistóricos". Sin embargo, los resultados de esta campaña nunca fueron dados a conocer por completo.
El equipo que había trabajado en este proyecto pasó al Museu de Mallorca, creado en 1961, y que sería desde entonces dirigido por Guillem Rosselló Bordoy. La labor de este arqueólogo mallorquín ha sido capital para el conocimiento de la prehistoria insular. A él se deben numerosas excavaciones, entre ellas la del desaparecido conjunto de Son Oms, y su tesis doctoral "La Cultura Talayótica de Mallorca" ha sido durante años una obra básica por la visión de conjunto que supone.
En 1959 comenzaba la excavación del poblado de Ses Païsses a cargo de una misión de la universidad sarda de Cagliari, dirigida por el profesor Giovanni Lilliu. Los resultados de la investigación proporcionaron nuevos y decisivos datos para la periodización de la prehistoria mallorquina.


Planta del poblado de Ses Païses (Artá).

Otra misión extranjera, esta vez de la universidad alemana de Marburg encabezada por Otto Herman Frey, comenzó a excavar el poblado de S'Illot a partir de 1964. A pesar de la importancia de los trabajos, las memorias de excavación todavía no han sido traducidas íntegramente por alguna publicación insular.


Imagen de la excavación de S'Illot.

La tercera misión mixta extranjera que desarrolla una actividad importante es la William L. Bryant Foundation. Gracias a ella se comenzaron a excavar las ruinas de Pollentia y de su teatro romano, tareas en las que participaron destacados profesores como Miquel Tarradell, catedrático de la universidad de Valencia, y Antonio Arribas, de la universidad de Granada, quien actualmente continúa los trabajos en este importante yacimiento, sobretodo en el área del foro de la ciudad romana. La Fundación también excavó a principios de los sesenta la Necrópolis de Son Real, en Santa Margalida. Esta excavación ha sido retomada hace unos años, procediéndose a la limpieza y restauración de la necrópolis como de las tumbas de S'Illot des Porros. Esta misión la lleva al cabo un equipo de la Universidad de Barcelona dirigido por Sanmartí Grego y Jordi Hernández.
En los años setenta, en Ibiza y Formentera se produjeron importantes hallazgos, como el de la necrópolis Púnica del Puig dels Molins y la excavación del sepulcro dolménico/megalítico de Ca Na Costa a cargo de J. H. Fernández, C. Topp y L. Plantalamor.

Otro campo, clave en la arqueología insular, ha sido y es la excavación de los numerosos pecios subacuáticos que se hallan en nuestras costas. Una parte de ellos han sido excavados o han contado con la participación de especialistas en la materia: Lamboglia, Vegas o Almagro; pero, el investigador más destacado ha sido Damià Cerdà, destacando sus trabajos sobre el pecio del Sec y de la nave romano-republicana de la Colonia de Sant Jordi.

Ya en las últimas décadas, hay que destacar los trabajos de Bartolomé Font Obrador, referentes sobretodo al término de Llucmajor. También Gabriel Llompart elaboró las primeras sistematizaciones sobre las creencias religiosas del hombre talayótico, poco estudiadas hasta entonces.
A finales de los setenta, un equipo de la Universidad Autónoma de Barcelona, apoyándose en métodos modernos de excavación y con equipos multidisciplinares, excavó parte del poblado de Son Fornés.
En Menorca empezaron a efectuarse nuevos trabajos de la mano de Lluis Plantalamor Massanet y María C. Rita, destacando la excavación de la Taula de Binisafullet o de la naveta de Son Mercer de Baix, entre otros yacimientos.

Otra figura clave ha sido el norteamericano William H. Waldren, quien con ayuda de fundaciones extranjeras ha excavado algunos de los yacimientos más importantes de Mallorca y Menorca como Muertos Son Gallard, la cueva de Muleta, el abrigo rocoso de Son matge, Son Ferrandell-Oleza o el santuario de Son Mas, en Mallorca , y la Taula de Torralba d'en Salord en Menorca. Gracias a él se conocen las primeras fechas de presencia humana de la isla, así como del Myotragus Balearicus, además de contar con más de trescientas dataciones por radiocarbono que son un apoyo fundamental a la hora de establecer una cronología para nuestra prehistoria. Fue el creador del Museo Arqueológico de Deià, a través del cual ha logrado mantener un ritmo estable de excavaciones durante los últimos años gracias a la colaboración con el Earthwatch Institute (Son Mas, Son Ferrandell-Oleza).

La decisiva influencia púnica sobre el mundo talayótico fue demostrada por Victor M. Guerrero, a partir de yacimientos como el islote de Na Guardis. Igualmente se debe a este prehistoriador el primer estudio completo sobre el papel de la navegación en los tiempos prehistóricos y protohistóricos de las Baleares.
A partir de 1987, el Govern Balear cortó las subvenciones para llevar a cabo nuevas excavaciones en las islas, destinándose esos fondos a la realización de un inmenso Inventario Arqueológico. la excesiva duración de este período de inactividad, unida a una actitud pasiva de las autoridades hacia el tema arqueológico, llevaron la situación a un lamentable punto muerto.

Actualmente, la situación parece despejarse poco a poco. Así, en Mallorca, a parte de las excavaciones llevadas a cabo por el Doctor Waldren y el equipo de la Universidad de Barcelona en la necrópolis de Son Real, tenemos unos equipos coordinados por el Doctor Guerrero trabajando en la Cova del Moro, un importante yacimiento de Myotragus, y en el poblado del Puig de Sa Morisca (Calvià); igualmente, un equipo dirigido por Jaume Coll y Bartomeu Salvá trabaja en el poblado de navetas de Can Gaià (Felanitx). Además del trabajo que realiza el servicio de Patrimonio del Consell Insular con la delimitación de todos los yacimientos de la isla.
En Menorca, se trabaja en el yacimiento romano del puerto de Sanisera y se excavó la basílica paleocristiana de Fornells. Además esta isla fue noticia por dos hallazgos, excavados por un equipo pluridisciplinar de la Universidad Autónoma de Barcelona, insólitos en la arqueología balear: la Cova des Carritx, con los enterramientos intactos y la Cova des Mussol, en donde se hallaron las tallas en madera, una de ellas antropomorfa, más antiguas de las islas.
En Ibiza y Formentera hay que destacar los trabajos y excavaciones llevados a cabo por J.H. Fernández y Juan Ramón, arqueólogo del Consell Insular.

La situación actual es un poco mejor que la pasada pero, cabría hacer un esfuerzo y unir todos los frentes de batalla, descentralizar los museos (creando pequeños museos municipales que se encargasen de la excavación, conservación y almacenaje de los hallazgos; evitando la centralización actual (en Mallorca) en el Museo de Mallorca), coordinar los métodos, realizar más seminarios, cursos, exposiciones de cara al público en general y, sobretodo, apoyar a una nueva de generación de arqueólogos con ganas de renovar y mejorar las cosas. Esperemos que dentro de unos años conozcamos mucho más de nuestro oscuro pasado.

La investigación arqueológica en las Baleares no ha tenido una historia fácil. La falta de interés por parte de las instituciones oficiales ha sido su primera característica. A lo largo de la historia, se ha permitido la destrucción de muchos monumentos, o la salida de piezas importantes fuera de la isla. Ello ha coincidido también con el hecho de que la arqueología haya sido la "cenicienta" de la cultura oficial, arrastrando hasta nuestros días una carencia de medios casi crónica.
Una segunda constante, en cierto modo relacionada con la primera, ha consistido en la decisiva aportación de instituciones e investigadores venidos de fuera de la isla. Gracias a ellos, las Islas han podido avanzar en el conocimiento de su pasado.

La primera referencia escrita de la prehistoria mallorquina la encontramos en el historiador Joan Baptista Binimelis. En su "Nueva Historia de la Isla de Mallorca" (1593) el relato está lleno de referencias a gigantes y personajes mitológicos, reflejo de una fascinación por los monumentos prehistóricos.
Joan Dameto, que sucedió a Binimelis en su cargo de cronista del Reino, también se refiere en su "Historia General del Reino Baleárico" (1631) alos grandes montones de piedras o cantos artificiosamente compuestos que en algunas partes de la isla se ven. Algunos creen haber sido lucidos o sepulcros de tiempos antiquísimos.

En el siglo XVIII, se suceden las citas sobre los monumentos prehistóricos de Mallorca y Menorca, que comienzan a atribuirse a los celtas. Buenaventura Serra y ferragut, ilustrado y ejemplo del espíritu enciclopedista, reunió el primer gabinete anticuario de Mallorca. Participó en la obra de José Vargas Ponce "Descripciones de las Islas Pithiusas y Baleares", escribiendo:Las antigüedades de Mallorca que existen, aunque no se encuentra ni conserva ningún rastro de céltica sino algunas medallas de letras desconocidas, como también algunas tapias o paredes formáceas, que se usaban en Francia y España según Flórez y otros, en tiempo de los cartagineses y singularmente lo que llama el vulgo clapers de gegants, piedras enormes superpuestas unas a otras, al modo de las que erigían Jacob y otros antiguos patriarcas.

En el siglo XIX, más concretamente en 1818, el Doctor D. Juan Ramis y Ramis publica el primer libro de prehistoria realizado en España: "Antigüedades Célticas de la Isla de Menorca desde los tiempos más remotos haste el siglo IV de la Era Cristiana".
Los viajeros ilustrados comienzan a resaltar la existencia de los monumentos prehistóricos. Así, Alberto Della Marmora relaciona en 1833-34 los talayots con las nuragas. Y también el Archiduque Luis Salvador, en los tomos de "Die Balearen" dedicados a Mallorca y Menorca, hace referencia a numerosos Talayots y Taulas.
El sentimiento romántico rescata el atractivo de estas viejas ruinas. Como Miquel Costa i Llobera, quien en su poema "A un claper de gegants"(1873) convierte el talayot en sujeto poético. Años más tarde, en 1900, compone el gran poema "La deixa del geni grec", donde utiliza los decorados de las cuevas de Artá y el poblado de Ses Païsses para una historia de amor entre Nuredduna, vidente celta de la tribu de la encina, y Melesigeni, un guerrero griego.
Un acontecimiento fundamental fue la constitución de la Sociedad Arqueológica Luliana en 1880. Presidida por Bartomeu Ferrà, una figura que abarcaba desde la poesía y el teatro hasta el dibujo, el periodismo y la arqueología, se propuso conservar el patrimonio monumental del pasado y formar un museo. A partir de 1885, la Sociedad Arqueológica Luliana comienza a publicar un boletín que constituirá, desde entonces, referencia obligada para cualquier tema arqueológico de la isla.
Al lado de Ferrà, otra figura clave de esa sociedad fue Gabriel Llabrés Quintana, catedrático e historiador, quien al trasladarse a Menorca en 1869 colaboró, juntamente a Francisco Camps y Mercadal, en la fundación de la "Revista de Menorca", otra publicación fundamental en este terreno.


Ilustración de Ferrà de los objetos hallados en el Santuario de Costitx, en 1895.
Obsérvense las tres cabezas de toro (actualmente en el Museo Arqueológico Nacional).

Se considera Emile Cartailhac, uno de los padres del estudio de la Prehistoria, como el autor del primer trabajo científico sobre dicho período en las Baleares. Este sabio francés visitó las islas en 1887, y aunque no realizó excavación alguna, publicó en 1892 una obra monumental: "Monuments Primitifs des Îles Baléares". Aún hoy, el libro de Cartaihac es una fuente de información imprescindible, al contener tanto mapas y dibujos como fotografías de gran calidad.


Ilustración de la obra de Cartailhac.

Otros arqueólogos extranjeros dejaron también testimonio del patrimonio arqueológico balear a principios del siglo, como: Albert Mayr, Adalbert Bezzenberger, Rudolf Hoernes y L. Ch. Watelin, entre otros.
El siguiente hito histórico se producía en 1915, cuando unas excavaciones del Institut d'Estudis Catalans, dirigidas por Josep Colominas Roca, supusieron que por primera vez se llevaba a cabo una amplia campaña de investigación arqueológica. Se realizaba así una cronología de las fases prehistóricas que, aunque rectificada con posterioridad, se ha mantenido en lo sustancial. Colominas propuso una división en tres etapas: Cultura de las cuevas (Bronce inicial), Cultura de los talayots (Bronce final) y Cultura indígena bajo la ocupación romana. Colominas excavó en lugares como Capocorb, Son Julià (antes de su destrucción), Es Pedregar, Ets antigors, etc. Esta intensa actividad no se vio acompañada, sin embargo, de una publicación completa de las excavaciones. El trabajo de Colominas fue completado en Barcelona por Pere Bosch Gimpera - el verdadero renovador de la arqueología catalana - que sistematizó los materiales. Gracias a este plan de catas y excavaciones, se reunió un importante conjunto de piezas arqueológicas. Sin embargo, todos esos materiales fueron a parar al Museo Arqueológico de Barcelona, donde permanecen expuestos.
Cuando cesó la actividad del Institut d'estudis Catalans, hacia 1925, se constituía el Museu d'Artà, que continuó excavando incluso sin apoyos económicos. Su figura más destacada fue Lluís Amorós, a quien se debe la inclusión por vez primera de una fase cultural influida por los pueblos que introdujeron el hierro en la península, lo que se denomina época postalayótica o talayótico final.

Durante estos años, en Menorca, la actividad es menor, pero no por ello menos importante. destacan dos personalidades: Frederick Chamberlin, quien publicó su obra "The Balearics And Their People" , y la Doctora Margaret A. Murray, con sendas excavaciones de las taulas de Trepucó y Torreta de Tramuntana.

A principios de la década de los treinta, estudiantes del Seminario Diocesano realizan, durante sus vacaciones veraniegas, y con motivo de los certámenes científico-literarios, un trabajo que será fundamental. Catalogan los monumentos antiguos de Mallorca, adjuntando descripciones, planos y croquis, dibujos y fotografías. Este primer recuento será decisivo para sucesivos inventarios, y al mismo tiempo supondrá la única oportunidad de conocer muchos monumentos que fueron destruidos con posterioridad al paso de los seminaristas, entre los cuales se encontraban Gabriel Nadal y Gabriel Pascual.
Durante la República, se funda el Museo Municipal de Bellver, siguiendo esa línea de museos municipales de escasa actividad que caracteriza a la arqueología insular. En Menorca destacan los trabajos de Waldemar Fenn. La Guerra Civil paralizó toda actividad de investigación arqueológica, y durante los años de la postguerra sólo el Museu d'Artà, encabezado por Lluís Amorós, realizó algún tipo de actividad.
Ya en la década de los cuarenta, comienza a trabajar una nueva generación de arqueólogos. Cristóbal Veny comienza un completo estudio sobre las cuevas sepulcrales de Mallorca, y Bartomeu Ensenyat trabaja en los yacimientos de la zona de Sóller.

Los años cincuenta y sesenta suponen un momento importante. Josep Mascaró Pasarius comienza a publicar su "Corpus de Toponimia" (1952-1962), que junto con el "Mapa General de Mallorca" y el "Inventario de los Monumentos Prehistóricos y Protohistóricos" (1967) suponen la primera catalogación de toda la isla de Mallorca, y posteriormente toda Menorca, después de la realizada por los seminaristas de los años treinta. Mascaró Pasarius pone, por lo tanto, la primera piedra para la investigación posterior, recogiendo todos los yacimientos y sus topónimos tradicionales, en un trabajo que sólo podrá considerarse igualado con la conclusión del Inventario Arqueológico actualmente en curso.
A finales de los años cincuenta tiene lugar un estudio a gran escala de la prehistoria mallorquina, bajo el patrocionio de la Fundación March y dirigido por Lluís Pericot García. Se realizaron inventarios de monumentos y varias excavaciones, fruto de los cuales es la obra de Pericot: "Las Islas Baleares en los tiempos prehistóricos". Sin embargo, los resultados de esta campaña nunca fueron dados a conocer por completo.
El equipo que había trabajado en este proyecto pasó al Museu de Mallorca, creado en 1961, y que sería desde entonces dirigido por Guillem Rosselló Bordoy. La labor de este arqueólogo mallorquín ha sido capital para el conocimiento de la prehistoria insular. A él se deben numerosas excavaciones, entre ellas la del desaparecido conjunto de Son Oms, y su tesis doctoral "La Cultura Talayótica de Mallorca" ha sido durante años una obra básica por la visión de conjunto que supone.
En 1959 comenzaba la excavación del poblado de Ses Païsses a cargo de una misión de la universidad sarda de Cagliari, dirigida por el profesor Giovanni Lilliu. Los resultados de la investigación proporcionaron nuevos y decisivos datos para la periodización de la prehistoria mallorquina.


Planta del poblado de Ses Païses (Artá).

Otra misión extranjera, esta vez de la universidad alemana de Marburg encabezada por Otto Herman Frey, comenzó a excavar el poblado de S'Illot a partir de 1964. A pesar de la importancia de los trabajos, las memorias de excavación todavía no han sido traducidas íntegramente por alguna publicación insular.


Imagen de la excavación de S'Illot.

La tercera misión mixta extranjera que desarrolla una actividad importante es la William L. Bryant Foundation. Gracias a ella se comenzaron a excavar las ruinas de Pollentia y de su teatro romano, tareas en las que participaron destacados profesores como Miquel Tarradell, catedrático de la universidad de Valencia, y Antonio Arribas, de la universidad de Granada, quien actualmente continúa los trabajos en este importante yacimiento, sobretodo en el área del foro de la ciudad romana. La Fundación también excavó a principios de los sesenta la Necrópolis de Son Real, en Santa Margalida. Esta excavación ha sido retomada hace unos años, procediéndose a la limpieza y restauración de la necrópolis como de las tumbas de S'Illot des Porros. Esta misión la lleva al cabo un equipo de la Universidad de Barcelona dirigido por Sanmartí Grego y Jordi Hernández.
En los años setenta, en Ibiza y Formentera se produjeron importantes hallazgos, como el de la necrópolis Púnica del Puig dels Molins y la excavación del sepulcro dolménico/megalítico de Ca Na Costa a cargo de J. H. Fernández, C. Topp y L. Plantalamor.

Otro campo, clave en la arqueología insular, ha sido y es la excavación de los numerosos pecios subacuáticos que se hallan en nuestras costas. Una parte de ellos han sido excavados o han contado con la participación de especialistas en la materia: Lamboglia, Vegas o Almagro; pero, el investigador más destacado ha sido Damià Cerdà, destacando sus trabajos sobre el pecio del Sec y de la nave romano-republicana de la Colonia de Sant Jordi.

Ya en las últimas décadas, hay que destacar los trabajos de Bartolomé Font Obrador, referentes sobretodo al término de Llucmajor. También Gabriel Llompart elaboró las primeras sistematizaciones sobre las creencias religiosas del hombre talayótico, poco estudiadas hasta entonces.
A finales de los setenta, un equipo de la Universidad Autónoma de Barcelona, apoyándose en métodos modernos de excavación y con equipos multidisciplinares, excavó parte del poblado de Son Fornés.
En Menorca empezaron a efectuarse nuevos trabajos de la mano de Lluis Plantalamor Massanet y María C. Rita, destacando la excavación de la Taula de Binisafullet o de la naveta de Son Mercer de Baix, entre otros yacimientos.

Otra figura clave ha sido el norteamericano William H. Waldren, quien con ayuda de fundaciones extranjeras ha excavado algunos de los yacimientos más importantes de Mallorca y Menorca como Muertos Son Gallard, la cueva de Muleta, el abrigo rocoso de Son matge, Son Ferrandell-Oleza o el santuario de Son Mas, en Mallorca , y la Taula de Torralba d'en Salord en Menorca. Gracias a él se conocen las primeras fechas de presencia humana de la isla, así como del Myotragus Balearicus, además de contar con más de trescientas dataciones por radiocarbono que son un apoyo fundamental a la hora de establecer una cronología para nuestra prehistoria. Fue el creador del Museo Arqueológico de Deià, a través del cual ha logrado mantener un ritmo estable de excavaciones durante los últimos años gracias a la colaboración con el Earthwatch Institute (Son Mas, Son Ferrandell-Oleza).

La decisiva influencia púnica sobre el mundo talayótico fue demostrada por Victor M. Guerrero, a partir de yacimientos como el islote de Na Guardis. Igualmente se debe a este prehistoriador el primer estudio completo sobre el papel de la navegación en los tiempos prehistóricos y protohistóricos de las Baleares.
A partir de 1987, el Govern Balear cortó las subvenciones para llevar a cabo nuevas excavaciones en las islas, destinándose esos fondos a la realización de un inmenso Inventario Arqueológico. la excesiva duración de este período de inactividad, unida a una actitud pasiva de las autoridades hacia el tema arqueológico, llevaron la situación a un lamentable punto muerto.

Actualmente, la situación parece despejarse poco a poco. Así, en Mallorca, a parte de las excavaciones llevadas a cabo por el Doctor Waldren y el equipo de la Universidad de Barcelona en la necrópolis de Son Real, tenemos unos equipos coordinados por el Doctor Guerrero trabajando en la Cova del Moro, un importante yacimiento de Myotragus, y en el poblado del Puig de Sa Morisca (Calvià); igualmente, un equipo dirigido por Jaume Coll y Bartomeu Salvá trabaja en el poblado de navetas de Can Gaià (Felanitx). Además del trabajo que realiza el servicio de Patrimonio del Consell Insular con la delimitación de todos los yacimientos de la isla.
En Menorca, se trabaja en el yacimiento romano del puerto de Sanisera y se excavó la basílica paleocristiana de Fornells. Además esta isla fue noticia por dos hallazgos, excavados por un equipo pluridisciplinar de la Universidad Autónoma de Barcelona, insólitos en la arqueología balear: la Cova des Carritx, con los enterramientos intactos y la Cova des Mussol, en donde se hallaron las tallas en madera, una de ellas antropomorfa, más antiguas de las islas.
En Ibiza y Formentera hay que destacar los trabajos y excavaciones llevados a cabo por J.H. Fernández y Juan Ramón, arqueólogo del Consell Insular.

La situación actual es un poco mejor que la pasada pero, cabría hacer un esfuerzo y unir todos los frentes de batalla, descentralizar los museos (creando pequeños museos municipales que se encargasen de la excavación, conservación y almacenaje de los hallazgos; evitando la centralización actual (en Mallorca) en el Museo de Mallorca), coordinar los métodos, realizar más seminarios, cursos, exposiciones de cara al público en general y, sobretodo, apoyar a una nueva de generación de arqueólogos con ganas de renovar y mejorar las cosas. Esperemos que dentro de unos años conozcamos mucho más de nuestro oscuro pasado.



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